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Fecha: October, 2018
Y esto,¿quién lo paga?
José Becerra 17-10-2018 | 10:46 | 0

Imagen de archivo de billetes de 50 euros./ReutersFoto Diario SUR(Reuter)

 

Y esto, ¿quién lo paga?

 

Vaya por delante que las propuestas del presidente Sánchez y del number-one  de Podemos, Pablo Iglesias, en principio suenan bien.  “A nadie le amarga un dulce”, que decimos por la España del sur, cuando se nos despliega una declaración de intenciones que no puede por menos que entusiasmarnos. Me refiero a la proclama del borrador de los Presupuestos que el Gobierno enviará a Bruselas y que ha originado toda suerte de comentarios, que van desde el ditirambo de la izquierda que los considera  justos, a la repulsa de la derecha que los reprueba tajantemente y sin tapujos. Como tiene que ser: para unos justos y equitativos; para otros emponzoñados de  fragrante populismo y demagogia barata. Nada nuevo bajo el sol.

En principio nadie podría hacer ascos al aumento del salario interprofesional o  destinar más fondos  a quienes sufren flagrantes deterioros de su capacidad de subsistencia como los que, entre otros, inciden en la atención a la discapacidad, las becas o en las pensiones equiparándolas con el IPC, una aspiración ésta última que pone en perenne y justo jaque a los que soportan con mayor o menor pesadumbre el inexorable paso de los años entre otras aspiraciones mantenidas por los más desheredados por la diosa Fortuna. La cuestión es de dónde van a salir los ingresos  que tales medras exigen para su fiel cumplimiento. Como no podía ser de otra forma las voces de quienes critican las cuentas hechas públicas no se han hecho esperar. La primera del novísimo líder del PP, Pablo Casado, quien ha tildado los presupuestos como “imposibles, irresponsables y suicidas”, en lo que toca al futuro de España. Y ha ido más allá, afirmando tajantemente que si la Comisión Europea no los revoca será el país el que lo sufra en sus carnes.

Los versados en estas cuestiones concuerdan en lo peliagudo de que estos presupuestos  cobren realidad, porque esa tesitura pondría en riesgo los parámetros en los que concuerdan el resto de partidas, entre las que no es menor la que se destina, como digo,  a las pensiones, hoy en el candelero por su nimiedad que encrespa por días a quienes la reciben.

La pregunta que enerva a quienes sopesan fríamente estos propósitos, tal vez laudables pero de imposible cumplimiento a juzgar por los versados en este menester,  es ¿y esto quién lo paga? La respuesta no es otra que la de que lo pagaremos todos indefectiblemente, provocando una recesión que ya se barrunta en la lontananza si no hay nada que tuerza los designios de quienes ahora nos rigen: un brindis al sol en toda regla, que de hacerse realidad hará al país más pobre. Situación que padecerán, ya digo, los que menos tienen, que las empresas poderosas  y la banca sortearán el brete y se mostrarán indemnes a las acechanzas, haciéndolo revertir en los que menos tienen.

 

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Susana Díaz aprieta el acelerador
José Becerra 12-10-2018 | 10:41 | 0

 

Susana Díaz, en una foto reciente./EP

Susana Díaz aprieta el acelerador

JOSÉ BECERRA

No hay que ser un lince en la política actual en el suelo andaluz para calibrar algo que se muestra con toda nitidez. Aun siéndose cauto tras la observancia del acontecer político  se vislumbra que los últimos acontecimientos vividos en Cataluña han colocado a Susana Díaz en el punto de partida para emprender su particular batalla para seguir siendo entronizada en el suelo andaluz como presidenta. Le empujan a velar armas para emprender la batalla que se vaticina campal. No se había  pronunciado al respecto pero es de sobras conocido por los que siguen con imparcialidad el momento político dentro y fuera de la región que habría de tener en mente el momento que considere idóneo para dar el paso de convocatoria de elecciones antes de que venga a enturbiar su decisión la sentencia de los ERE que están al caer. Y ahora, sin tapujos, ha dado el primer paso en esa dirección convocando elecciones para el 2 de diciembre venidero.

Es consciente la  presidenta andaluza que su fuerza se debilitó considerablemente al sufrir la derrota en el seno del partido por Pedro Sánchez meses atrás del 2017. Quizás por esta razón y ante el temor de que este acontecer le reste votos si se simultánea con las generales no ha dudo en convocar el plebiscito en Andalucía poniendo terreno de por medio, invocando, eso sí, que tengas tintes propios, o sea andaluz, sin máculas del  general que ya se otea en un horizonte cercano, y en el que el Gobierno de la nación, podría acusar un desgaste que ya es claro y notorio tras los acontecimientos que diezmaron sus filas y que obligaron a Sánchez a nombrar nuevos ministros tras la defenestración de varios cuando apenas sus nombramientos no iban más allá de un par de meses.

Existen escasas dudas de que se produzca una derrota de Díaz en esos comicios que ya están a la vuelta de la esquina. Los casi 40 años de gobierno socialista en Andalucía todo hace pensar que se prolongarían en el tiempo; eso sí, puede que necesite apoyos para hacerlo, porque no sería descabellado del todo que Partido Popular  y Ciudadanos (éste último rompió amarras con los socialistas recientemente tras años de mutuo consenso ahora frustrados) unan sus fuerzas para desalojarla del poder. En efecto, las huestes de Rivera tienen en mente  descabalgar al PSOE de Andalucía y acarician hasta ahora la quimera de que la jerezana Inés Arrimada repita en el sur su hazaña en Cataluña, invocándose esta vez su ascendencia andaluza, e incluso la del líder  Albert Rivera, cuya raíces familiares de hunden en el andaluz pueblo de Cútar, en pleno corazón de la Axarquía malagueña. De ambos es de suponer que  plantarán batalla a Díaz con toda la fuerza que les presta ser oriundo de estas tierras del sur  y la fortaleza que asiste a un partido político plenamente consolidado en el resto del territorio español.

¿Sacudirán los andaluces la apatía que durante décadas les amilanó para sacudirse el marasmo monocolor político hasta ahora mantenido contra viento y marea? Es lo que ahora toca dilucidar mediante las urnas, una vez que Díaz apretó el acelerador para inminentes comicios.

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Decae el turismo
José Becerra 09-10-2018 | 12:27 | 0

Decae el turismo

 

Turistas, en una imagen de archivo./Salvador Salas

 (Foto de Salas, diario SUR)

Se dice, con más razón que un santo, que “el que avisa no es traidor”. Por esta certeza manifiesta hemos de entender que cuando proliferan las apreciaciones sobre el retraimiento del turismo en España no cabe otra que, haciendo de tripas corazón, admitirla y darla por buena. Sus razones tendrán quienes dan por hecho que en el año presente, y sobre todo, en la temporada alta del sector, a saber, entre junio y septiembre, el turismo ha sufrido una merma considerable. Una certeza que debería preocupar y mucho a quienes viven de una industria puntera en cuanto incide en buen parte de la geografía hispana, y por lo que  nos toca de cerca, en la provincia malagueña y su rutilante Costa del  Sol, meollo, por su tirón, de quienes tienen a bien visitarnos para bien pasar sus días de asueto y cuchipanda.

     Han sido tiempos de esplendor para el turismo en España durante los cinco años que antecedieron a este 2018 en el que nos encontramos, en parte debido a las turbulencias políticas que acusaron  países como Egipto y Turquía, destinos que por su situación geográfica y hábitat tradicionalmente compitieron en este  menester en igualdad de condiciones con el que protagonizó nuestra península y sus ínsulas adyacentes.

   Hasta el año 2017 que ya es historia creció exponencialmente la llegada de turistas a la península ibérica. Se superaron con creces los 80 millones de habitantes que aquí arribaron, algo que catapultó a España a ocupar el segundo puesto (detrás de EE.UU) en la lista escala mundial  de países por el número de turistas que aquí sentaron sus reales para gozar de su sol, playas y monumentos naturales y debidos a la mano del hombre durante siglos. Es lo que acaba de apuntar con pelos y señales la Organización Mundial del Turismo( la OMT para los amigos) conjugando los países del mundo  que rivalizan entre sí  para recibir el mayor número de visitantes cada año, sabedores de la palanca que para estimular  e impeler  sus respectivas economías significan.

   Fue a partir del año 2011 cuando el boom del turismo español cobró inusitado auge. ¿Causas? Países del norte de África, que hasta entonces habían rivalizado con España por ofertar la misma atracción de sol y playas, se debatían en luchas intestinas: dejaron de ser codiciados por turistas de medio mundo que buscaban en ansiado relax y no querían verse inmersos en un clima hostil. Las costas españolas les ofrecían las mismas condiciones para su descanso en un clima de paz y tranquilidad manifiesto. Los visitantes crecieron como la espuma pasando de los 50 millones en el inicio de la década actual hasta los ms de 82 millones que se contabilizaron en 2017.

   Pero ese apogeo manifiesto parece haberse truncado. Se evidencia, y así se constata,  que los países beligerantes del Mediterráneo que antes, muy a su pesar, hicieron que se desviara el turismo hacia nuestras costas, vuelven a ofrecer las mismas ventajas que antaño, algo que puso de relieve recientemente Exeltur (Alianza para la excelencia turística). Nuestros principales clientes – británicos y alemanes-    optaron en buena medida por volver a Turquía, Túnez y Egipto en detrimento de las costas españolas, según apuntan desde el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), que no suele ser desacertado en sus metódicas apreciaciones. Lindando está el cómputo de  500.000 los turistas  que dentro de los seis primeros meses del año se decantaron por esos destinos, mientras se daba de lado al nuestro.

   El turismo, protagonista indiscutible de nuestra economía, sigue siendo floreciente, pero presenta vestigios de desaceleración que importaría mucho atajar más pronto que tarde. Nos jugamos no poco en el empeño.

 

 

Se dice, con más razón que un santo, que “el que avisa no es traidor”. Por esta certeza manifiesta hemos de entender que cuando proliferan las apreciaciones sobre el retraimiento del turismo en España no cabe otra que, haciendo de tripas corazón, admitirla y darla por buena. Sus razones tendrán quienes dan por hecho que en el año presente, y sobre todo, en la temporada alta del sector, a saber, entre junio y septiembre, el turismo ha sufrido una merma considerable. Una certeza que debería preocupar y mucho a quienes viven de una industria puntera en cuanto incide en buen parte de la geografía hispana, y por lo que  nos toca de cerca, en la provincia malagueña y su rutilante Costa del  Sol, meollo, por su tirón, de quienes tienen a bien visitarnos para bien pasar sus días de asueto y cuchipanda.

     Han sido tiempos de esplendor para el turismo en España durante los cinco años que antecedieron a este 2018 en el que nos encontramos, en parte debido a las turbulencias políticas que acusaron  países como Egipto y Turquía, destinos que por su situación geográfica y hábitat tradicionalmente compitieron en este  menester en igualdad de condiciones con el que protagonizó nuestra península y sus ínsulas adyacentes.

   Hasta el año 2017 que ya es historia creció exponencialmente la llegada de turistas a la península ibérica. Se superaron con creces los 80 millones de habitantes que aquí arribaron, algo que catapultó a España a ocupar el segundo puesto (detrás de EE.UU) en la lista escala mundial  de países por el número de turistas que aquí sentaron sus reales para gozar de su sol, playas y monumentos naturales y debidos a la mano del hombre durante siglos. Es lo que acaba de apuntar con pelos y señales la Organización Mundial del Turismo( la OMT para los amigos) conjugando los países del mundo  que rivalizan entre sí  para recibir el mayor número de visitantes cada año, sabedores de la palanca que para estimular  e impeler  sus respectivas economías significan.

   Fue a partir del año 2011 cuando el boom del turismo español cobró inusitado auge. ¿Causas? Países del norte de África, que hasta entonces habían rivalizado con España por ofertar la misma atracción de sol y playas, se debatían en luchas intestinas: dejaron de ser codiciados por turistas de medio mundo que buscaban en ansiado relax y no querían verse inmersos en un clima hostil. Las costas españolas les ofrecían las mismas condiciones para su descanso en un clima de paz y tranquilidad manifiesto. Los visitantes crecieron como la espuma pasando de los 50 millones en el inicio de la década actual hasta los ms de 82 millones que se contabilizaron en 2017.

   Pero ese apogeo manifiesto parece haberse truncado. Se evidencia, y así se constata,  que los países beligerantes del Mediterráneo que antes, muy a su pesar, hicieron que se desviara el turismo hacia nuestras costas, vuelven a ofrecer las mismas ventajas que antaño, algo que puso de relieve recientemente Exeltur (Alianza para la excelencia turística). Nuestros principales clientes – británicos y alemanes-    optaron en buena medida por volver a Turquía, Túnez y Egipto en detrimento de las costas españolas, según apuntan desde el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), que no suele ser desacertado en sus metódicas apreciaciones. Lindando está el cómputo de  500.000 los turistas  que dentro de los seis primeros meses del año se decantaron por esos destinos, mientras se daba de lado al nuestro.

   El turismo, protagonista indiscutible de nuestra economía, sigue siendo floreciente, pero presenta vestigios de desaceleración que importaría mucho atajar más pronto que tarde. Nos jugamos no poco en el empeño.

 

 

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Decae el turismo
José Becerra 09-10-2018 | 12:22 | 0

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José Becerra 09-10-2018 | 12:14 | 0

 

Decae el turismo

 

Se dice, con más razón que un santo, que “el que avisa no es traidor”. Por esta certeza manifiesta hemos de entender que cuando proliferan las apreciaciones sobre el retraimiento del turismo en España no cabe otra que, haciendo de tripas corazón, admitirla y darla por buena. Sus razones tendrán quienes dan por hecho que en el año presente, y sobre todo, en la temporada alta del sector, a saber, entre junio y septiembre, el turismo ha sufrido una merma considerable. Una certeza que debería preocupar y mucho a quienes viven de una industria puntera en cuanto incide en buen parte de la geografía hispana, y por lo que  nos toca de cerca, en la provincia malagueña y su rutilante Costa del  Sol, meollo, por su tirón, de quienes tienen a bien visitarnos para bien pasar sus días de asueto y cuchipanda.

     Han sido tiempos de esplendor para el turismo en España durante los cinco años que antecedieron a este 2018 en el que nos encontramos, en parte debido a las turbulencias políticas que acusaron  países como Egipto y Turquía, destinos que por su situación geográfica y hábitat tradicionalmente compitieron en este  menester en igualdad de condiciones con el que protagonizó nuestra península y sus ínsulas adyacentes.

   Hasta el año 2017 que ya es historia creció exponencialmente la llegada de turistas a la península ibérica. Se superaron con creces los 80 millones de habitantes que aquí arribaron, algo que catapultó a España a ocupar el segundo puesto (detrás de EE.UU) en la lista escala mundial  de países por el número de turistas que aquí sentaron sus reales para gozar de su sol, playas y monumentos naturales y debidos a la mano del hombre durante siglos. Es lo que acaba de apuntar con pelos y señales la Organización Mundial del Turismo( la OMT para los amigos) conjugando los países del mundo  que rivalizan entre sí  para recibir el mayor número de visitantes cada año, sabedores de la palanca que para estimular  e impeler  sus respectivas economías significan.

   Fue a partir del año 2011 cuando el boom del turismo español cobró inusitado auge. ¿Causas? Países del norte de África, que hasta entonces habían rivalizado con España por ofertar la misma atracción de sol y playas, se debatían en luchas intestinas: dejaron de ser codiciados por turistas de medio mundo que buscaban en ansiado relax y no querían verse inmersos en un clima hostil. Las costas españolas les ofrecían las mismas condiciones para su descanso en un clima de paz y tranquilidad manifiesto. Los visitantes crecieron como la espuma pasando de los 50 millones en el inicio de la década actual hasta los ms de 82 millones que se contabilizaron en 2017.

   Pero ese apogeo manifiesto parece haberse truncado. Se evidencia, y así se constata,  que los países beligerantes del Mediterráneo que antes, muy a su pesar, hicieron que se desviara el turismo hacia nuestras costas, vuelven a ofrecer las mismas ventajas que antaño, algo que puso de relieve recientemente Exeltur (Alianza para la excelencia turística). Nuestros principales clientes – británicos y alemanes-    optaron en buena medida por volver a Turquía, Túnez y Egipto en detrimento de las costas españolas, según apuntan desde el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), que no suele ser desacertado en sus metódicas apreciaciones. Lindando está el cómputo de  500.000 los turistas  que dentro de los seis primeros meses del año se decantaron por esos destinos, mientras se daba de lado al nuestro.

   El turismo, protagonista indiscutible de nuestra economía, sigue siendo floreciente, pero presenta vestigios de desaceleración que importaría mucho atajar más pronto que tarde. Nos jugamos no poco en el empeño.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.