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Al-Jaque, el dulce sabor de Montejaque
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José Becerra | 12-12-2018 | 10:13

 

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Al-Jaque, el dulce sabor de Montejaque

JOSÉ BECERRA

A Montejaque es obligado venir por numerosas razones. El pueblo, enclavado en pleno corazón de la montaraz Serranía de Ronda,  exhibe, como  pocos, fundados atributos para visitarlo en cualquier época del año. Cautiva de entrada por su posición entre las breñas. Se yergue mansamente como acunado y feliz de soportar el dominio de altas crestas calizas que se elevan orgullosas, pero que parecen acunar a calles y casas con querencia maternal.  Alguien, con fundamentos poéticos, dijo de Montejaque que “es un fulgor de fachadas blancos y reverbero de obscuras techumbres moriscas”, afirmación que compartimos sin reservas, a poco que nos aproximemos a su contorno  o deambulemos por sus calles.

   Vive el pueblo de sus olivares, de pequeños viñedos  y de campos dedicados al cultivo del cereal y el girasol. Antaño gozó de una industria chacinera que alcanzó relieve en el mercado provincial: los jamones de la chacinería “Jiménez” alcanzaron nombradía. Hoy la antigua fábrica se remodeló en un coquetón hotel con resabios históricos del siglo XIX, y que mantiene remembranzas señoriales de personajes ilustres afincados en la villa, como la de don Miguel de Mañara, el condestable que inspiró a Zorrilla su universal mito de  Don Juan.

  Pero, para asombro del visitante o estudiosos de su peculiar entorno, otras realidades atesora a cual más notoria. Entre ellas, la arquitectura venerable del templo del apóstol Santiago, recoleto testigo de cuanto acontece en la plaza del pueblo; o el embrujo de empinadas calles que buscan la querencia del monte Hacho (en la lejanía, las cúspides del Tavizna, piramidal y eterno, testigo y pétreo testigo del pueblo); o el asombro de la cueva del Hundidero, cuyas tenebrosidades subterráneas le une con el pueblo hermano de Benaoján y el prodigio de la Cueva del Gato. Trasunto de creencias religiosas desde siglos atrás confluyen en la Virgen milagrosa de las Escarigüelas y la romería que cada año la recuerda. La trascendencia de la emigración a Alemania en las décadas de los 60 cuajó en el bautizo de su principal avenida de acceso con el nombre de un pueblo alemán, en el que todavía permanecen muchos de los que vieron obligados a emigrar en épocas tenebrosas: Knittlinger.

   Imperioso es hablar  de la creación de una industria de confituras que hoy por hoy le concede brillo y prestigio a golpe de reconocimientos y distinciones: Al-Jaque, una firma local empeñada en endulzarnos la vida como fabricante de mermeladas y conservas vegetales, que muy recientemente ha recibido los plácemes del secretario general del PSOE malagueño en una visita protocolaria al pueblo. Recalcó en su argumentación  la importancia que merece “el carácter emprendedor” del pueblo, ahora concluyente en  las féminas de la localidad y que, a todas luces, reside en quienes sustentan tan puntera industria como  ejemplo de creación propia de empleo.

   Consiguió años atrás la cooperativa el Galardón al Desarrollo del Parque Natural de la Sierra de Grazalema, dentro de cuyos límites se ubica.  Más de una veintena de productos diferentes se alinean en sus anaqueles como testimonios de los productos que se fabrican cada día en sus instalaciones, dispuestos a conquistar los paladares más exigentes en repostería artesanal. La insólita empresa, regida por mujeres, que hacen gala de su menester se sustenta merced “al empleo de materias primas ecológicas” y siguen las recetas tradicionales por sus abuelas. Aparte de las mermeladas tradicionales a bese de frutas agridulces, han sabido elaborar otras que llaman poderosamente la atención y que sorprenden por su rareza, tales las de cebolla, o las de tomate y berenjenas, de las que muy probablemente no existe parangón en el territorio nacional, amén de las de frambuesa, melocotón o mango.

    El reto de estas mujeres decididas a romper  moldes e irrumpir en el mercado de la alimentación con sus novedosos productos parece que se ha visto ya coronado por el éxito. Montejaque, que siempre tuvo a gala el fuerte carácter de sus mujeres – no en vano es una figura prototipo de su firmeza y entereza  la imagen de las “cantareras”, acarreando agua en voluminosos cántaros tanto en el cuadril como en la cabeza – tiene un motivo más para enorgullecerse. Al – Jaque, es todo un símbolo de la superación personal y la consolidación de una empresa nacida del entusiasmo y del axioma impuesto a sí misma de “si quiero, puedo”. Larga vida  para esta empresa femenina que viene pisando firme y con tesón.

  

Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.