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Cambio climático, una amenaza latente

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Cambio climático, una amenaza latente

JOSÉ BECERRA

En la barahúnda de declaraciones políticas provenientes de los diferentes sectores del, como  suele decirse, arco parlamentario, o cuando se les pone un micrófono por delante a unos y otros políticos de distintos pelajes a veces en cualquier ocasión, se oyen a veces afirmaciones que por lo que nos incumbe no se deberían  echar en saco roto, como suele ocurrir, como digo, las más de las veces. No habría que hacer oídos sordos a la perorata cargada de razón de la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, que de este particular se presume que debe saber bastante, cuando afirmó días atrás y dejando clara su postura sin pelillos en la lengua sobre las consecuencias del cambio climático que ya tenemos en puertas y sin posibles paliativos que vengan a frenarlo, ya por ignorancia, ya por dejadez de quienes deberían ponerle coto. Nadie ha osado contradecir su veredicto cargado más de razón de la que podría esgrimir un santo, si es que de estas cuestiones dictaminara.

No se ha perdido la  ministra Ribera en circunloquios baladíes al afirmar algo que por obvio debería ser conocido por todos sea cual fuere su pelaje político y su condición de ciudadano del mundo, y no es otra cosa que el cambio climático se encuentra a la vuelta de la esquina. Nadie en el terreno político o científico ha osado contradecir sus predicciones o conjeturas. Y existen abundantes testimonios que vienen a confirmar sus temores. A bote pronto tomemos los ejemplos que diversas esferas del mundo y que vienen a afirmar que episodios insólitos se vienen registrando y a los que se encuentran explicaciones razonables: Nieva en Las Vegas, un lugar en donde esto no ocurría desde hace décadas; en Suecia se viven veranos con unas altas temperaturas jamás registradas, lo que hizo que la ciudadanía se llevara las manos a la cabeza: no había visto ni sentido jamás en su país tal oleada de calor batiendo sin tregua al país.

Existe una preocupación que atañe a buena parte del planeta sobre cómo se acelera el aumento de la temperatura en el medio ambiente. Una realidad que que debería impulsar a los gobiernos de aquí y acullá a que cumplen los postulados que se establecieron como condición sine qua non en el Acuerdo de París para hacer frente a tamaño desafío  capaz de desestabilizar la vida normal en nuestro planeta. Se halla éste   zaherido de manera flagrante por usos indebidos de materias que conllevan  emisiones virulentas lanzadas por doquiera y que contaminan una   atmósfera que respiran lo quieran o no   sus habitantes, indefensos ante el estropicio medioambiental que han de soportar impunemente.  En el cónclave parisino que tiene su fecha de comienzo inapelable y cuajará definitivamente, si nada se tuerce, en el año próximo persigue los objetivos irrenunciables por lo que nos importa para la salubridad del aire que respiramos en el planeta, algo que se espera lograr consiguiendo que la temperatura estanque su ascenso solo entre 1,5 y 2 grados. Al que se espera conseguir eliminándose los gases de efecto invernadero, o lo que es lo mismo frenar la subida de la temperatura en la atmósfera como resultado de la acumulación de gases que acabaran, si no se frena, que la temperatura de la Tierra ascienda hasta 3º C en 2070, apogeo que se iniciará en el año 2020 que está al caer.

Ante el peligro latente del cambio climático, hidra de múltiples cabezas que nos amenaza de manera inminente se se impone una actitud y unas acciones que son inaplazables. Hacer caso omiso de los manejos y artificios de los diferentes partidos políticos en los que proliferan verdades a medias y cómplices  añagazas coger el toro por los cuernos de las tasas de emisiones  máximas  que los científicos propugnan un día sí y otro también. Porque lejos de ser una conjetura, como advirtió  meses atrás la ministra   Ribera y  tuvo bien recordar a quienes dirigen los cotarros políticos  del país, que los efectos devastadores del cambio climático no son una utopía de científicos exagerados empeñados en amargarnos la vida  sino una realidad que de no ponerle freno y seguir de manera inconsciente en la pasividad está al caer no  más allá de una decena de años. Una verdad tangible que la ministra socialista  no ha tenido pelillos en la lengua para poner   en evidencia  a quienes toman a la ligera tamaño perjuicio para la Humanidad. Un peligro inminente se cierne sobre  nuestras cabezas y descabellado sería no poner en juego los medios necesarios para esquivarlo.Mucho nos jugamos en el empeño.

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Sobre el autor

Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.


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