img
¡Hasta siempre, maestro!
img
José Becerra | 20-04-2019 | 09:14

 
Resultado de imagen de FOTOS DE MANUEL ALCANTARAFoto:Diario SUR

 ¡Hasta siempre, maestro!

 Se nos fue Manuel Alcántara, “tan callando…” Presagiamos su partida definitiva cuando en  la última página de de SUR, su firma dejó de aparecer. Una interrogante lleno de presagios funestos nos asaltaba. A la vez un temor nos embargó  a quienes  cada mañana buscábamos el recuadro de su artículo antes que cualquiera otra información del diario. Cuando contemplamos el vacío de su presencia, esa que  muchos buscábamos inserta en el que el maestro del buen decir dejaba cada día constancia fehaciente de su dominio de la lengua y la  perspicaz manera de encararse con lo que la actualidad deparaba,  no podía por menos que acongojarnos. Luego, supimos la razón de la ausencia de su firma: el maestro de la belleza del escribir  sin acritud pero con sutileza y sublime buen hacer nos había abandonado  para siempre. Se nos fue un altísimo POETA Y ARTICULISTA, con mayúsculas, como quiso que apareciera  en el elogio certero que le dedicara Alfonso Canales, otro adaliz malagueño de las sílabas contadas, esas que son de “gran maestría”. Superó los 90 años, una cifra redonda, contundente, pero sólo si se echa la vista atrás de su biografía y se hace cuenta de su trayectoria.

Se nos fue el maestro del buen decir, de las ocurrencias felices, de los conceptos precisos y de la ironía y la crítica que abjuraron de la acritud y el encono.”Bastante amargura hay en el mundo para que se incida sobre ella en los escritos”, me dijo un día, la primera vez que mantuve una conversación con él, en un paseo inesperado que me deparó y dispensó en un encuentro fortuito, camino de su casa respirando un tranquilo atardecer cerca de esa mar de La Cala, que en estrofas tan bellas como sentidas tuvo a bien exaltar. Luego, en otra ocasión, me abrió las puertas de su hogar – un santuario para mí dado mi admiración por el maestro, que no vacilo en confesar -, había ido yo a llevarle tres o cuatro cintas para su Olivetti, resto de una antigua papelería de mi propiedad, sabedor de su necesidad imperiosa de ellas). Ese era su estilo: lo más grave, lo que puede causar dolor, iracundia o incitar a un acerbo ataque se diluye en su lenguaje, y el tono escogido en pirueta que la desposee de acritud. Sin  merma en su entendimiento y en la consecución de su último objetivo hacía que con sus palabras cambiemos el desabrimiento por una sonrisa. Milagro del buen hacer de un articulista “amanuense de sí mismo”, como alguien dijo de él con justicia.

Más de sesenta años dando la esencia de su ser a golpe de una vieja máquina de escribir, tras la leve neblina de su sempiterno cigarrillo, y las más de las veces tras las cristaleras de su despacho que da al mar (“Bajamar de la desgana: las olas cerca de mí, yo lejos del agua clara…”), y la presencia impávida de sus búhos, mudos, ojiabiertos, enigmáticos. En mis paseos por las cercanías de los túneles de Rincón de la Victoria, cerca de los cuales tiene su morada el articulista y poeta, cuando veo iluminado su despacho me lo imagino así en su quehacer diario (“a las siete sale cada tarde mi artículo a su destino “, me confesó el día de mi feliz tropiezo con él); y, en ocasiones, me paro para contemplar la difusa luz de su lugar de trabajo. “¿Habrá puesto ya el maestro el punto final en su artículo de cada día?¿ De qué tratará? ¿Con qué ocurrencia nos sorprenderá mañana? ¿Con qué chispa o agudeza nos hará discurrir?”, me preguntaba.

Hoy, esta mañana, mientras paseo me vienen a la memoria unos versos suyos, clarividentes de su manera de enfrentarse a la vida: “No pensar nunca en la muerte / y dejar irse las tardes / mirando como atardece. / Ver toda la mar enfrente / y no estar triste por nada / mientras el sol se arrepiente. / Y morirme de repente / el día menos pensado. / Ése en el que pienso siempre”. Sentidos versos exaltando un deseo  que ha visto cumplido el poeta y escritor que siempre nos embelesó con sus artículos y sabio decir rimado. ¡Hasta siempre, maestro!

Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.