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Benaoján y Montejaque: relax y buen yantar
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José Becerra | 01-05-2019 | 08:28

 

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Foto: ruraldays.com

Benaoján y Montejaque: relax y buen yantar

JOSE BECERRA

Colindantes entre sí y compartiendo desde tiempo inmemorial costumbres y modos de vida, aparte vivencias  ancestrales, se ha de convenir observando la trayectoria histórica de ambos, que no siempre coincidieron en cuanto a similitudes que, por la proximidad podrían considerarse irrefutables. Existen entre ambos pueblos arrellanados en la agreste Serranía de Ronda  comprobables afinidades, pero también diferencias sin cuentos. Un ejemplo entre otros que atañen a la personalidad de los moradores de entrambos pueblos es lo que se dice en  lo que toca al temperamento y forma de ser de sus habitantes. Los benaojanos, exagerando sin duda, acostumbran  decir de en lo que atañe a los montejaqueños, en esto caso a sus féminas algo así, cuando tienen que mediar una trifulca tabernaria “¡no lo mates, cásalo con una montejaqueña!”, relativo al fuerte temperamento que les atribuyen. En su contra los del pueblo vecino, en lo que toca a la prontitud y su afán en los trabajos que les son propios, no dudan en afirmar algo así como “ ¡duermes más que un benaojano”!, refiriéndose medio en broma , medio en serio, a que se muestran tardos a la hora de meter mano a la faena diaria. Dimes y diretes que pocas veces se ciñen a la realidad, todo hay que decirlo en honor a la verdad.

Montejaque y Benaoján comparten cumbres y picachos calizos  que se elevan y recortan  sobre las  laderas y crestas   de la sierra de Líbar, dibujando en la lejanía  el costillar de un diplodoco jurásico. Ambos pueblos siguen de cerca la margen derecha del Guadiaro, río otrora caudaloso y ahora empobrecido pero que sigue buscando con ahínco el  mar entre recovecos propios de una geografía abrupta como es la de la Serranía de Ronda, esa que a ambos pueblos  envuelve concediéndoles una impronta escabrosa única.

Los dos vecindarios van de la mano desde tiempo inmemorial. De hecho comparten entre sus términos municipales una joya prehistórica que encandila tanto a uno como otro, no digamos a quienes desde otros ámbitos geográficos vienen a contemplarla para su pasmo: la Cueva derl Gato, que abre sus fauces en las escarpadas sierras de Montejaque.  Unas sinuosas galerías – el Hundidero no pocas veces proceloso – en las que están presentes las huellas de homínidos del Paleolítico,  vienen a desembocar en Benaoján, dando pie a un lugar idílico: un torrente de limpias aguas, las del río Campobuche, afluente del Guadiaro,  provocan  un pequeño lago que provoca las delicias de quienes en verano se sumergen en ellas o disfrutan en  sus alrededores de días de relax y cuchipanda. La efigie pétrea del Gato en todo lo alto vomitando  el líquido y limpio elemento, frío como cuchillos, contempla a sus pies un remanso    pintiparado para mermar la inclemencia de los meses de estío. Un soberbio  telón de fondo que el ánimo embelesa.

Orografía, costumbres ancestrales compartidas y modos de vida hermanan ambos pueblos. Tierras de pan llevar, olivares, viñedos, y sobre todo la ganadería delatan el quehacer de sus habitantes: se erigieron fábricas chacineras en el pasado siglo, de las cuales buena parte han ido desapareciendo, pero quedan otras que hoy por hoy muestran signos evidentes de progreso y buen hacer. Los logros son evidentes. Los embutidos benaojanos en mayor medida pero también los montejaqueños ganaron prestigio y se abrieron camino en los mercados andaluces: sabían del buen hacer de esta vecindad serrana en  lo que se refiere a los productos provenientes de ese animal gruñón y tozudo que es el cerdo, pero del que se extraen los platos más apetitosos para la manduca diaria. Lo sibaritas de buen yantar encontrarán aquí el lugar pintiparado para satisfacer sus apetencias. Si esto se añade, como apunto, el paisaje único de montaña que los envuelve y las joyas naturales en forma de cuevas antediluvianas  que aquí se abren a la curiosidad de todos,  miel sobre hojuelas para el relax y la contemplación serena.

Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.