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Ronda y sus modélicas residencias de mayores
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José Becerra | 08-08-2019 | 09:18

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Foto_ Ejeprime

Ronda y sus modélicas residencias  de mayores

JOSÉ BECERRA

La esperanza de vida de los hombres españoles  se sitúa ahora, según apreciaciones de sesudos analistas de la demografía, en los 78 años; vamos a la cola del sexo femenino, para quienes esa esperanza puede llegar a los 84. En eso nos aventajan, entre otras cuestiones, que ahora no vienen a cuento. Sin embargo, como ocurre casi siempre, la frialdad de las estadísticas no se corresponde con la realidad y no en pocos casos los términos se invierten: superamos a las mujeres en años de existencia en este mundo de nuestras entretelas.

Se nos ha alargado nuestra estancia  de manera considerable y la pirámide de edad de la población española así lo demuestra de  manera fehaciente. Lo que no dice estos estudios es en qué situación, a tenor de los achaques que nos vienen emparejados con los años, y el que esté libre de alguno de ellos que levante la mano.

Lo cierto es que al compás de esta población envejecida han proliferado las residencias para quienes anhelan que sus días postreros transcurran lo más bonancibles  posible, y Ronda es un claro ejemplo de esta demanda. Hasta cuatro establecimientos de esta índole abren sus puertas, ya de carácter privado, ya religioso, como es el caso de las Hermanitas de los Pobres, muy arraigada en esta ciudad nuestra del Tajo fabuloso, y que viene dando muestras de su buen hacer entre las clases menesterosas; las tres restantes son de índole privado y su antigüedad de mayor a menor figuran tres residencias: Parra Grossi, fundada por la Caja de Ronda, en los años en que era comandada por don Juan de la Rosa, de recuerdo imborrable para los rondeños (ahora en manos de la firma Aura); Geroclinic, desde hace un par de años, que junto a las estancias gratas ofrece un abanico de posibilidades para cuidar la salud de sus moradores;  y Seniors, que abrió  sus puertas un par de año atrás, una edificación con aires de finca campestre haciendo honor a la naturaleza bucólica que la rodea y que ofrece una estancia grata a residentes que buscan un remanso de paz para sus postreros días. Sin pasar por alto la residencia regentada por monjas que dan muestra cada día de su buen hacer en beneficio de los desheredados de la fortuna.

Tienen  donde escoger los que por múltiples razones se ven obligados a dejar atrás el núcleo familiar y adentrarse en un nuevo y común hogar mediante el estipendio correspondiente que le va permitir pasar el resto de su vida en unas condiciones más o menos halagüeñas.

Las administraciones públicas – ayuntamientos y Junta de Andalucía -, esperemos que  conscientes de la problemática de este segmento de la ciudadanía, cumplan con la obligación de prestarles apoyo y llegar allí donde los exiguos medios de nuestros mayores no les permitan satisfacer el costo exigido por las residencias.

Los que paso a paso llegamos a  la edad provecta confiamos en que se nos tienda la mano para que se haga posible iniciarnos en este arte de envejecer, el cual, según   André Maurois “es el que nos hace concebir alguna esperanza en un futuro próximo e incierto”. Las residencias rondeñas, sin excepción, están en ello con admirable dedicación.

Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.