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José Becerra

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Aguas desatadas en Benaoján y Montejaque

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Foto: Conoce tus fuentes

Aguas desatadas en Benaoján y Montejaque

José Becerra

Las últimas lluvias que azotaron días  atrás con tenaz persistencia buena parte de la provincia de Málaga, revistieron con su presencia parajes que venían mostrando  tenaz aridez a ojos vista. En episodios particularmente lluviosos, pueblos que se asoman a cauces de ríos que transcurren con aguas pobres a lo largo del año, repentinamente adquieren una vistosidad extrema en su entorno. Caso del llamado “Nacimiento de Benaoján”, un espectacular salto de agua, en las inmediaciones del pueblo, que viene a sorprender a propios y extraños por la fuerza y vistosidad que ofrecen las aguas desatadas procedentes de las rocosas altitudes.   Antes de desembocar en  el río Guadiaro (salto de Lo Cascajales), escasos metros más abajo, imprimen al paisaje una espectacular estampa de aguas desmadradas batiendo con estruendo los riscos por los que pon furor se deslizan. Alcanzan, raudas, el cauce del río que las acoge, pero dejen tras sí un imponente espectáculo natural que suscita la admiración de propios y extraños.

Cuando arrecian las lluvias sobre los parajes de Benaoján y Montejaque, pueblos hermanos que comparten orografía accidentada, entre otras otras muchas similitudes, sus habitantes respectivos se asoman a los lugares en los que las aguas desmadradas ofrecen  espectacular panorama. Los montejaqueños se dejan caer por los alrededores del antiguo pantano para extasiarse con la vista que ofrece el liquido elemento capaz de transformar el árido suelo que  le es propio a lo largo del año en  un río caudaloso que transforma y vivifica el paisaje que lo envuelve; los benaojanos hacen lo propio asomándose a  las chorreras del Nacimiento o los  Cascajales que ante de desembocar en el Guadiaro revisten los alrededores  con los ropajes esplendentes que solo la Naturaleza y sus fenómenos desatados son capaces de recrear: cambian de manera bien visible el cariz de los rincones que el liquido elemento, sin nada que lo retenga, transforma y vivifica. El acopio de agua de los Cascajales suspende el ánimo y son fruto del retén que las  aguas encuentra a su paso en terrenos permeables: El Nacimiento hace acopio de las aguas desatadas del  polje   y de las cumbres  que  circundan al pueblo: las rocas calizas facilitan el paso del agua desenfrenada que al no encontrar materiales geológicos que lo impidan hacen  que se precipiten al exterior de manera tan ruidosa como  espectacular.

Existen pocos suelos en Andalucía que se muestren más agradecidos en cuanto las lluvias  generosas hacen acto de presencia. Nada más aparecen  en forma copiosa, el término de Benaoján, en el corazón de la mítica Serranía de Ronda, se convierte como diría el poeta en “prolífica, alentadora fontana”.`Aguas mil´ debería ser la coletilla que siguiera al nombre del pueblo, desde siempre imperio del chorizo y las morcillas serranas. Las benefactoras lluvias propiciadas por el zócalo montuoso de la Sierra de Grazalema, en donde chocan las borrascas atlánticas creando el fenómeno orográfico de la convección, convierten el solar benaojano en un lugar en donde bastaría levantar la primera piedra que nos topásemos en sus múltiples senderos para encontrar agua bajo ella.

El periodista y novelista Torcuato Luca de Tena ambientó su novela “Hijos de la Lluvia” en este lugar, sorprendido primero por los lagos del interior de la cueva de la Pileta, y luego por la abundancia de las fuentes a cielo abierto. Los antepasados humanoides supieron bien el sitio en el que podían asentarse para sobrevivir. Entendieron, pese a su exigua inteligencia, la relación milagrosa del agua y la vida.

¿Pero cuántas fuentes, arroyos, pilones, veneros, manantiales o azancas borbollan en Benaoján en cuanto las lluvias se muestran pródigas? Incontables. Enumeremos unas cuantas, siquiera sea como información para senderistas que en estos días otoñales se internan en el interior en busca de los paisajes más placenteros y gratificantes.

El `Nacimiento´ es el manantial emblemático y el más cercano a la población, colindante con el Molino del Santo. Basta con bajarse del coche en sus aledaños – carretera de Ronda – en las inmediaciones del Tajo del Zuque para contemplarlo en todo su esplendor. Si las lluvias han sido abundantes seguro que habrá “reventado”, vocablo este utilizado en el pueblo cuando además de irrumpir salvajemente el río subterráneo de la sierra de Juan Diego, escupen agua decenas de oquedades próximas. El resultado es una inmensa laguna, y a sus pies,  una prodigiosa cascada de espumosas aguas que alimentan el afluente Cascajales; en precipitada caída irán a alimentar las del río Guadiaro que ya bajará crecido por los aportes del Campobuche, el otro río bajo tierra que concede espectacular estampa a la cueva del Gato.

El Charco Azul, a los pies del Gato de piedra, se reviste con sus mejores galas en los días de copiosas lluvias. La aventura de explorar su interior es imposible cuando concurren especiales circunstancias meteorológicas, pero al excursionista le bastará con contemplar el impresionante marco de rocas modeladas y la garganta de felino escupiendo las aguas desatadas del interior, el río subterráneo que horada la sierra y en limpia cascada provoca el asombro de todos cuanto pasan por su alrededor.

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Sobre el autor

Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.


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