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Autor: PepeBecerraGómez
Benaoján homenajea a San Marcos
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José Becerra | 24-04-2019 | 11:39| 0

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Benaoján homenajea a su Patrón San Marcos

En la Serranía de Ronda, el Santo del Pozo no puede ser otro que el evangelista San Marcos, desde siglos atrás Patrón de Benaoján,  pueblo que se esponja a place en el Valle del Guadiaro, a un tiro de honda de la Ciudad del Tajo. Este pueblo inmerso de lleno en la Serranía de Ronda,  puso en pie una industria chacinera de alcance en el mercado nacional y en el internacional. Disfrutando  de todos los elementos ambientales que sirvieron para consolidar el prestigio de los embutidos benaojanos – chorizo frito en manteca “colorá”, lomo y morcilla tipo rondeño-   a saber, airecillo fresco y seco para apretar las carnes de los productos elaborados y conceder al jamón serrano un  aroma y  sabor   inconfundible. Productos todos  apreciados por  los sibaritas de hoy  del buen comer  merced   a que la sierras y sus influencias permanecen inalterables y siguen suministrando el entorno salutífero   necesario para su conservación hasta ofrecer platos genuinos de estos lares

¿Y de dónde viene lo “del Pozo? Cualquiera de los vecinos de Benaoján podría explicarlo dando pelos y señales.Corrían los años primeros del pasado siglo… Una sequía feroz castigaba al pueblo, y dueños de pequeñas hazas de labor de cuya producción vivían muchas familias – los embutidos aún no habían alcanzado el prestigio que catapultaría al pueblo al exterior -, labriegos y hortelanos de ocasión, miraban al cielo que se mostraba esquivo: las ansiadas lluvias primaverales no acababan de llegar. Se le ocurrió a la feligresía, aprovechando que se celebraba la fiesta del Patrón San Marcos, llegar en procesión hasta un  pozo ubicado en las cercanías del pueblo, que lo mismo servía para apagar la sed del caminante que de abrevadero para animales. Llegado al pozo en cuestión se alzaron voces en dirección al santo  mecido en su peana por robustos mozos. “¡Mira mis garbanzos, que se mueren de sed!”, o “ ¡Mira mi trigo, que está enclenque y seco!”…. Para acabar con un rotunda admonición que ha llegado hasta nuestros días y que son santo y seña de los benaojanos: “! San Marcos bendito, Patrón soberano, como no nos mandes agua al pozo te echamos!”. Puede variar la letra, pero no el sentido de la entre sagrada e irreverente petición.
El pozo del evangelista fue imprudentemente destruido por una antigua corporación municipal obcecada con un plan de ordenamiento urbano que necesitaba tener el camino expedito para el ensanche del pueblo. Craso error. Tuvieron la infantil ocurrencia de sustituirlo por   otro de obra moderna, que ni por asomo se parece al primigenio. No obstante la súplica se quedó para el recuerdo.
Por lo demás, los días del fin de semana que van del 24 al 26 – el 25 es la procesión, a medio día como es inveterada costumbre, en medio de una impresionante “cohetada “– son de comilonas y cuchipanda. Para los visitantes que suelen serlo por centenares se organizan  degustaciones gratuitas de los productos del lugar. Una ocasión pintiparada para visitar este pueblo hacendoso que ha sabido poner una “pica en Flande” por sus elaborados chacineros que hoy por hoy son apreciados en m

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¡Hasta siempre, maestro!
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José Becerra | 20-04-2019 | 11:09| 0

 
Resultado de imagen de FOTOS DE MANUEL ALCANTARAFoto:Diario SUR

 ¡Hasta siempre, maestro!

 Se nos fue Manuel Alcántara, “tan callando…” Presagiamos su partida definitiva cuando en  la última página de de SUR, su firma dejó de aparecer. Una interrogante lleno de presagios funestos nos asaltaba. A la vez un temor nos embargó  a quienes  cada mañana buscábamos el recuadro de su artículo antes que cualquiera otra información del diario. Cuando contemplamos el vacío de su presencia, esa que  muchos buscábamos inserta en el que el maestro del buen decir dejaba cada día constancia fehaciente de su dominio de la lengua y la  perspicaz manera de encararse con lo que la actualidad deparaba,  no podía por menos que acongojarnos. Luego, supimos la razón de la ausencia de su firma: el maestro de la belleza del escribir  sin acritud pero con sutileza y sublime buen hacer nos había abandonado  para siempre. Se nos fue un altísimo POETA Y ARTICULISTA, con mayúsculas, como quiso que apareciera  en el elogio certero que le dedicara Alfonso Canales, otro adaliz malagueño de las sílabas contadas, esas que son de “gran maestría”. Superó los 90 años, una cifra redonda, contundente, pero sólo si se echa la vista atrás de su biografía y se hace cuenta de su trayectoria.

Se nos fue el maestro del buen decir, de las ocurrencias felices, de los conceptos precisos y de la ironía y la crítica que abjuraron de la acritud y el encono.”Bastante amargura hay en el mundo para que se incida sobre ella en los escritos”, me dijo un día, la primera vez que mantuve una conversación con él, en un paseo inesperado que me deparó y dispensó en un encuentro fortuito, camino de su casa respirando un tranquilo atardecer cerca de esa mar de La Cala, que en estrofas tan bellas como sentidas tuvo a bien exaltar. Luego, en otra ocasión, me abrió las puertas de su hogar – un santuario para mí dado mi admiración por el maestro, que no vacilo en confesar -, había ido yo a llevarle tres o cuatro cintas para su Olivetti, resto de una antigua papelería de mi propiedad, sabedor de su necesidad imperiosa de ellas). Ese era su estilo: lo más grave, lo que puede causar dolor, iracundia o incitar a un acerbo ataque se diluye en su lenguaje, y el tono escogido en pirueta que la desposee de acritud. Sin  merma en su entendimiento y en la consecución de su último objetivo hacía que con sus palabras cambiemos el desabrimiento por una sonrisa. Milagro del buen hacer de un articulista “amanuense de sí mismo”, como alguien dijo de él con justicia.

Más de sesenta años dando la esencia de su ser a golpe de una vieja máquina de escribir, tras la leve neblina de su sempiterno cigarrillo, y las más de las veces tras las cristaleras de su despacho que da al mar (“Bajamar de la desgana: las olas cerca de mí, yo lejos del agua clara…”), y la presencia impávida de sus búhos, mudos, ojiabiertos, enigmáticos. En mis paseos por las cercanías de los túneles de Rincón de la Victoria, cerca de los cuales tiene su morada el articulista y poeta, cuando veo iluminado su despacho me lo imagino así en su quehacer diario (“a las siete sale cada tarde mi artículo a su destino “, me confesó el día de mi feliz tropiezo con él); y, en ocasiones, me paro para contemplar la difusa luz de su lugar de trabajo. “¿Habrá puesto ya el maestro el punto final en su artículo de cada día?¿ De qué tratará? ¿Con qué ocurrencia nos sorprenderá mañana? ¿Con qué chispa o agudeza nos hará discurrir?”, me preguntaba.

Hoy, esta mañana, mientras paseo me vienen a la memoria unos versos suyos, clarividentes de su manera de enfrentarse a la vida: “No pensar nunca en la muerte / y dejar irse las tardes / mirando como atardece. / Ver toda la mar enfrente / y no estar triste por nada / mientras el sol se arrepiente. / Y morirme de repente / el día menos pensado. / Ése en el que pienso siempre”. Sentidos versos exaltando un deseo  que ha visto cumplido el poeta y escritor que siempre nos embelesó con sus artículos y sabio decir rimado. ¡Hasta siempre, maestro!

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Cambio climático, una amenaza latente
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José Becerra | 16-04-2019 | 11:25| 0

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Foto- El Periódico

Cambio climático, una amenaza latente

JOSÉ BECERRA

En la barahúnda de declaraciones políticas provenientes de los diferentes sectores del, como  suele decirse, arco parlamentario, o cuando se les pone un micrófono por delante a unos y otros políticos de distintos pelajes a veces en cualquier ocasión, se oyen a veces afirmaciones que por lo que nos incumbe no se deberían  echar en saco roto, como suele ocurrir, como digo, las más de las veces. No habría que hacer oídos sordos a la perorata cargada de razón de la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, que de este particular se presume que debe saber bastante, cuando afirmó días atrás y dejando clara su postura sin pelillos en la lengua sobre las consecuencias del cambio climático que ya tenemos en puertas y sin posibles paliativos que vengan a frenarlo, ya por ignorancia, ya por dejadez de quienes deberían ponerle coto. Nadie ha osado contradecir su veredicto cargado más de razón de la que podría esgrimir un santo, si es que de estas cuestiones dictaminara.

No se ha perdido la  ministra Ribera en circunloquios baladíes al afirmar algo que por obvio debería ser conocido por todos sea cual fuere su pelaje político y su condición de ciudadano del mundo, y no es otra cosa que el cambio climático se encuentra a la vuelta de la esquina. Nadie en el terreno político o científico ha osado contradecir sus predicciones o conjeturas. Y existen abundantes testimonios que vienen a confirmar sus temores. A bote pronto tomemos los ejemplos que diversas esferas del mundo y que vienen a afirmar que episodios insólitos se vienen registrando y a los que se encuentran explicaciones razonables: Nieva en Las Vegas, un lugar en donde esto no ocurría desde hace décadas; en Suecia se viven veranos con unas altas temperaturas jamás registradas, lo que hizo que la ciudadanía se llevara las manos a la cabeza: no había visto ni sentido jamás en su país tal oleada de calor batiendo sin tregua al país.

Existe una preocupación que atañe a buena parte del planeta sobre cómo se acelera el aumento de la temperatura en el medio ambiente. Una realidad que que debería impulsar a los gobiernos de aquí y acullá a que cumplen los postulados que se establecieron como condición sine qua non en el Acuerdo de París para hacer frente a tamaño desafío  capaz de desestabilizar la vida normal en nuestro planeta. Se halla éste   zaherido de manera flagrante por usos indebidos de materias que conllevan  emisiones virulentas lanzadas por doquiera y que contaminan una   atmósfera que respiran lo quieran o no   sus habitantes, indefensos ante el estropicio medioambiental que han de soportar impunemente.  En el cónclave parisino que tiene su fecha de comienzo inapelable y cuajará definitivamente, si nada se tuerce, en el año próximo persigue los objetivos irrenunciables por lo que nos importa para la salubridad del aire que respiramos en el planeta, algo que se espera lograr consiguiendo que la temperatura estanque su ascenso solo entre 1,5 y 2 grados. Al que se espera conseguir eliminándose los gases de efecto invernadero, o lo que es lo mismo frenar la subida de la temperatura en la atmósfera como resultado de la acumulación de gases que acabaran, si no se frena, que la temperatura de la Tierra ascienda hasta 3º C en 2070, apogeo que se iniciará en el año 2020 que está al caer.

Ante el peligro latente del cambio climático, hidra de múltiples cabezas que nos amenaza de manera inminente se se impone una actitud y unas acciones que son inaplazables. Hacer caso omiso de los manejos y artificios de los diferentes partidos políticos en los que proliferan verdades a medias y cómplices  añagazas coger el toro por los cuernos de las tasas de emisiones  máximas  que los científicos propugnan un día sí y otro también. Porque lejos de ser una conjetura, como advirtió  meses atrás la ministra   Ribera y  tuvo bien recordar a quienes dirigen los cotarros políticos  del país, que los efectos devastadores del cambio climático no son una utopía de científicos exagerados empeñados en amargarnos la vida  sino una realidad que de no ponerle freno y seguir de manera inconsciente en la pasividad está al caer no  más allá de una decena de años. Una verdad tangible que la ministra socialista  no ha tenido pelillos en la lengua para poner   en evidencia  a quienes toman a la ligera tamaño perjuicio para la Humanidad. Un peligro inminente se cierne sobre  nuestras cabezas y descabellado sería no poner en juego los medios necesarios para esquivarlo.Mucho nos jugamos en el empeño.

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La España asolada y abatida
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José Becerra | 08-04-2019 | 10:20| 0

 

 
 La España asolada y abatida

JOSÉ BECERRA

Puestos a enfrentar posiciones en lo que toca al hecho incontestable de la despoblación en el interior de esta España de nuestras entretelas, nos encontramos con dos que chocan de plano. Hay quien la aplaude y hay quien la añora. Forman el grupo primero quienes, una vez emigrados del terruño que los vio nacer, contemplan con satisfacción haberlo hecho por las compensaciones económicas que llevaban pareja una vida más placentera en un marco, la gran ciudad, a la que se aclimataron satisfactoriamente. La otra cara de la moneda la siluetean aquellos que, una vez abandonado el pueblo que los viera nacer, lo echan de menos, y lo evocan con complacencia. “Como en mi aldea, en ningún lugar”, repiten con mal disimulada nostalgia, que se guardan para sus adentros: las imposiciones de la conveniencia les obligan a no regresar a sus lares antiguos.

Si hoy por hoy se pregunta a quienes habitan en ciudades populosas si  les atraen la vivencia en los pueblos muchos no dudarían en afirmar que si, para a renglón seguido afirmar que sólo durante contados días. Luego se impone abandonar el terruño y regresar de nuevo a la ciudad, con su agobiante tránsito de vehículos, ruidos callejeros a cualquiera hora del día o de la noche, la polución reinante, el ajetreo diario, el a veces nauseabundo aire que se respira, sí, pero también para gozar de las posibilidades que brindan para el desarrollo personal las universidades, la más posibilidades de disfrutar de un trabajo que se les niega en los villorrios, la formación de familias sin miedos al futuro propio y de los hijos… La balanza oscila hacia esta opción, con lo que cada vez más los pueblos se debaten, irremediablemente, entre el olvido y la desidia.

Bajo el lema de “La España vaciada”, en Madrid, kilómetro O peninsular, tomó cuerpo días atrás una multitudinaria manifestación en la que se  ondearon las banderas del vacío interior. Alrededor de tres cuartas partes del país padecen esta desertización veraz impuesta por el trasvase humano hacia regiones más propicias, tal Madrid o las que se alinean a lo largo del espacio ribereño peninsular. En la llamada ciudad conocida como la del oso y el madroño se celebró pocos días atrás una gran manifestación enarbolando banderas que reivindicaban  más atención a la España de pueblos que, postrados,   morirán sin remisión si las instituciones públicas no ponen pronto remedio. Languidecen  alrededor de la tercera parte del solar hispano, de esa que postergada por políticos de la nuevas y viejas hornadas sin alturas de mira y que no ven más allá de sus ombligos viene haciendo oídos sordos al clamor de quienes ven como sus municipios se desertizan a ojos vista. En donde décadas atrás había color y vida, hoy no hay sino sombras y silencios. Postrados permanecen sin que haya nadie que, poniendo los medios requeridos, les permita levantarse y caminar.

Piden a voz en grito los manifestantes que las instancias superiores firmen “un Pacto de Estado” para que se repueble la España vaciada ya que son muchos los pueblos desperdigados y sumidos si no en la  miseria sí carentes de los servicios que gozan otros en lo tocante a comunicaciones, educación y recursos sanitarios, entre otras sinecuras, de las que hacen alardes otras zonas del  interior o de  de la periferia que si las disfrutan sin tasas.

El “pacto de Estado” que se reclama a voz en grito para remediar el mal endémico de la despoblación interior no parece que haga mella en los políticos por mucho que se retraten en escenarios bucólicos ahora cuando las elecciones están a la vuelta de la esquina. No existen medidas para lograrlo. Quienes cogieron carreta y manta abandonando los lugares de sus ancestros no va a resultar fácil que vuelvan, entre otras razones porque no existen acicates para la supervivencia.  Quienes acaban de coger el toro por los cuernos para hacer ver a los políticos los males en los  que s debaten, hablan de la inexistencia de un Pacto de Estado para hacer frente a sus requerimientos, se han visto defraudados en sus intenciones altisonantes. No se han visto en la llamada alegremente Estrategia Nacional para el Reto Demográfico sino un conjunto de planteamientos sin contenidos, fruto de esos “viernes milagros” o sociales que no persiguen otro fin que acrecentar en lo posible el número de votos, contra los que han despotricado todos los partidos del arco parlamentario ajenos al PSOE.

Por esta razón, quienes se agrupan en torno a la defensa de la España vaciada han dejado claro que están de más en sus propuestas la presencia de políticos o sindicalistas, que indudablemente arrimarían  el ascua partidaria a su sardina. Para clamar por sus reivindicaciones se bastan por sí solos. Servicios sociales suficientes orientados a la mejora del bienestar general, dinamización económica, comunicaciones, sanidad, empleo y fiscalidad apropiada es lo que se reclama a voz en grito para igualarse con el resto de las comarcas que no sufren de las faltas de estas prebendas. Más razón que a un santo asiste a quienes malviven en zonas de la España abatida

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Acinipo remonta
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José Becerra | 02-04-2019 | 10:45| 0

Resultado de imagen de acinipo ronda, fotos diario surFoto Diario SUR

 

Acinipo remonta

JOSÉ BECERRA

No es la primera vez que se anuncian medidas encaminadas a poner en valor las ruinas de Acinipo en las inmediaciones de Ronda. Claman por ellas los rondeños desde años atrás, pero no obtuvieron de las autoridades de la Comunidad Autónomo sino proyectos que no cumplen otro cometido que parchear sus carencias obviando otras medidas de mayor empeño que vengan a dar definitiva prestancia a este emblemático lugar, testigo de hechos históricos dignos de figurar en los anales que resaltan por su trascendencia cuanto acaeció en el lugar nada menos que la época de la Roma imperial, que ha ha llovido.

   Hasta ahora no se  ha hecho otra cosa que adecentar la entrada, reparar en cerramiento, o, entre otras intervenciones de escaso alcance para salvaguardar en lo posible la cávea  del Teatro Romano, estampa que nos retrotrae, aún en su decadencia, al esplendor de la Roma  Imperial, que lo hizo objeto de  fiestas y representaciones teatrales para regocijo de la plebe.

   La Fundación Unicaja, que no olvida sus antecedentes de implantación en Ronda quinquenios atrás, acaba de elaborar  un documento – Plan Director de Acinipo-  en el que ha mediado  pecuniariamente la Junta de Andalucía y en que se recoge de manera exhaustiva lo pasos que se habrían de dar para de una vez por todas este espacio histórico sea remozado y pueda ofrecer a sus visitantes una idea de su pasado esplendor. Existe un plan para sacar del marasmo y desidia en el que hasta ahora ha estado sumido tan emblemático lugar, y todo apunta a que se están dando pasos decisivos para remediar a dejadez en la que hasta ahora ha estad sumido tan emblemático lugar.

La planificación para su puesta en valor no cuajó nunca de manera efectiva, lo que fue sometido no pocas veces ha las depravadas intenciones de desaprensivos que camparon a sus anchas sometiéndolo a depredaciones y rapiñas sin cuentos. Contra este expolio emerge ahora la intención de establecer acciones encaminadas a evitar el saqueo sistemático, a la vez que propiciar una continuada labor de investigación y excavación amparados por una inversión que sobrepasa  con creces los  5 millones de euros para ejecutar esta labor de aquí a media decena de años. Restaurar y conservar parece ser la consigna establecida desde ahora. Bienvenidas sean esas intenciones que  vienen a remediar una situación que clamaba al cielo en cuanto al abandono en el que se venía sometiendo a tamaño vestigio del pasado histórico de la conocida como Ronda la  Vieja.

El más claro exponente del asentamiento de Roma en el territorio que hoy responde al nombre de Ronda, fue la ciudad de Arunda, y a muy escasa distancia la de Acinipo, cuyo teatro nos retrotrae a la época de máxima expansión del imperio nacido en las orillas del Tiber. 
   Antes, en el mismo lugar o en las cercanías donde la ciudad se abre a la curiosidad de propios y extraños sentaron sus reales los celtíberos, una conjunción de pueblos celtas e íberos. También Tartessos tuvo sus ramificaciones en el lugar, un pueblo a caballo entre la historia y la leyenda que basó su economía en la agricultura del olivo y la vid, por lo que los historiadores que discrepan en cuanto si hollaron o no las tierras rondeñas – su asentimiento principal fueron las actuales provincias de Huelva y Cádiz, pero que extendieron hasta el sur peninsular, llegando hasta en norte de África, por lo que no hay que desdeñar su paso por las que sería el ámbito geográfico rondeño – sí están de acuerdo en que fueron los que impulsaron el desarrollo de este tipo de plantaciones, a las que Roma sacó tanto provecho. El vino y el aceite hispano que las familias nobiliarias se disputaban en la metrópolis.
    Roma aprovechó calzadas que cruzaban la península de norte a sur, y que han servido para el trazado de las carreteras actuales, y lo mismo hizo con los poblados que encontró a su paso. Es el caso de Acinipo, al que le cupo el honor de recibir el espaldarazo de Vespasiano, el cual le otorgó el derecho latino, emparejándola así con poblaciones como Córdoba y Sevilla. Una floreciente población de cuya importancia habla elocuentemente la construcción del teatro, cuyos restos han llegado hasta nuestros días.
   Pero Roma no se contentó con levantar de la nada y para la posteridad a Acinipo, que fue destruida por los vándalos en el siglo V, sino que a escasa distancia, sobre los cimientos de la que luego sería Ronda, se erigieron los muros de otra ciudad de no menor abolengo romano: Arunda. Surgió de los restos arqueológicos de antiguos poblados y tuvo vida propia independiente de Acinipo,coexistiendo ambas ciudades en el tiempo. Es la conclusión a la que llegan autores de la historiografía del lugar: No se fundó Acinipo por los colonos romanos cuando el Imperio daba muestras de su quebranto dando pie a la leyenda de Ronda la Vieja como refugio de los que huían los hacendados de Arunda. Una y otra gozaron del esplendor propio del aura romana y sucumbieron ante los invasores del norte, probablemente al mismo tiempo. Le cupo la suerte a Acinipo,de que se se respetara su teatro, y no fuese arrasado como el resto del poblado por las hordas germánicas.
 Hay historiadores que afirman que Acinipo fue fundado tras la batalla de Munda, hecho bélico que ocurrió en el año 45 a.C. Entre los ejércitos de Julio César y el de los dos hijos de Pompeyo, Gnaus y Sextus.
   Así mismo dan por sentado que Munda es el nombre dado a Ronda, cuando fue fundada tras la batalla bautizada con este nombre. Sin embargo, según Plinio, esta batalla tuvo lugar en el pu como resultado de conflictos creados por las legiones veteranas de Pompeyo. Para César,  Munda supuso una acción guerrera definitiva, después de la derrota de las fuerzas de Pompeyo en Grecia. Pero no se trató de un ejercicio de limpieza del enemigo: Diez mil romanos de ambos ejércitos perecieron. No hubo ni vencedores ni vencidos. Acinipo por su parte, según acuerdo generalizado de los estudiosos de la historia local, fue levantado por los veteranos de la legión de César, mientras que Arunda se fundaría como población anexa, probablemente

Junta de Andalucía y Ayuntamiento de Ronda se dan la mano para que tan preciadas joyas de nuestra historia- Acinipo y el Teatro Romano – fortalezcan sus vestigios y vuelvan a ser admiración de la Humanidad, como lo fueron en tiempos pretéritos.  Que remonte, en suma.

 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.