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Autor: PepeBecerraGómez
Pobreza
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José Becerra | 12-11-2011 | 12:51| 0

 

“La alimentación es una condición que toca el fundamental derecho a la vida”. Es la percepción que el Papa Benedicto XVI tiene sobre la cuestión. Los ricos comen, los pobres se alimentan, decimos nosotros.

   ¿A  quién no le ocurrido en los últimos tiempos? En la parada del autobús alguien, en un susurro, que casi es un sollozo en el que se ahoga la dignidad reprimida, nos pide algo de dinero. Son quienes se estrenan en el menester de pedir cuando nunca lo habían ejercido antes. Se les nota. La diferencia  con los que piden habitualmente son abismales. Ensayan pretextos inverosímiles: “He perdido el monedero” o “Pensaba que no tenia la cartera vacía” o “¿Podría dejarme 50 céntimos que me faltan para el ticket ¿Quienes tienen valor – cabeza gacha, mirada huidiza – hablan directamente al hambre que padecen. No hay duda de que la necesidad mas perentoria que es la de llevarse algo a la boca para subsistir está golpeando al primer mundo, ahora como novedad.

   El hambre se esta mostrando como un azote en pueblos y ciudades españolas, incluida la provincia de Málaga, según advierte  Cáritas.

 La crisis viene golpeando con más virulencia que nunca a un mayor numero de gente. Cáritas ha recibido en 2010 más de 6,5 millones de peticiones. La cifra de solicitudes de atención básica de contingencia de materia de alimentos, sanidad o vivienda ha superado los dos millones. El secretario general de la organización, Sebastián Mora, habla ante este desolador incremento del hambre que cada vez adquiere tintes de crónica “contribuyendo a un  nuevo mundo en el que los pobres son cada vez más pobres”.  Pobreza y vulnerabilidad se acrecientan alarmantemente, mientras las ayudas publicas disminuyen; no así  las donaciones de particulares que toman conciencia del mal que nos aqueja y extiende. Quizás hayan entendido que como, sentenció Orwell “lo característico de la vida actual no son la inseguridad y la crueldad, sino el desasosiego y la pobreza”.

 

 

 

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El culebrón del agua en el Valle del Guadiaro
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José Becerra | 11-11-2011 | 10:33| 0

 

Camino de la veintena de días después que la delegación provincial de Salud y, por ende, la Junta de Andalucía, decretase la contaminación del agua de Benaoján y Montejaque, los vecinos de ambos pueblos siguen sumidos en un mar de confusiones y de dimes y diretes y teniendo que recurrir al agua embotellada, a antiguas fuentes que en su día dejaron de ser necesarias o a los camiones cisternas de tercio de la Legíón de Ronda para satisfacer sus necesidades vitales de cada día, como beber y cocinar para subsistir. La cuestión, aparte de los rifirrafes entre el alcalde, Paco Gómez, y la principal opositora en el Ayuntamiento, la socialista Soraya García, es que la situación empeora por día y no se ve la salida del túnel en el que más de 2.500 vecinos se ven sumidos.

   Benaojano de nacimiento, mis retornos al pueblo, lo alegraban la certeza de que durante mi estancia en él podía prescindir de la obligación que me impone la ciudad en donde habitualmente resido: consumir agua de la que ignoraba en que fecha fue embotellada. Beber agua del grifo en mi pueblo era un placer que me familiarizaba con mis raíces, como disfrutar de los desayunos con mollete, o almorzar con una olla y la “pringá” que obligadamente le sigue. He comprobado ahora, en un esporádico retorno que nada de eso es posible, al menos haciéndolo con la satisfacción de otras veces.

  El primer edil de Benaoján piensa querellarse con la Junta por este asunto. No se conocen las razones que esgrimirá. Pero si la Junta se equivocó y alarmó sin fundamentos a la población tendrá que rectificar mas pronto que tarde. Porque hasta que esto no ocurra no volverá la tranquilidad a los afectados. Unos afectados, que como les he oído decir a algunos, exigen que responsables de la Junta, o, por qué no, el mismo presidente de la Junta, José Griñán,  tendrían que visitarnos para fotografiarse

bebiendo agua del grifo de estos dos pueblos serranos que están sufriendo perjuicios económicos y molestias sin cuento, exactamente como se hizo cuando en la crisis del pepino  se comprobó que esta cucurbitácea era inofensiva del todo.

 

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Bromas y veras sobre el cipote(con perdón) de Archidona
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José Becerra | 09-11-2011 | 7:14| 0

 

Una exposición de más de 80 documentos  de contenido judicial acaban de ser expuestos en el Archivo Histórico Provincial, donde estarán a la vista de los curiosos que lo deseen hasta el próximo mes de enero. La muestra que fue inaugurada por el consejero Paulino Plata reúne documentos del pasado siglo que atañen a la sociedad, la cultura y la historia de Málaga. Se exponen una gran variedad de documentos sumarios que van desde el que recoge la corrupción en Jimera de Líbar en 1936 hasta los lances delictivos de Eleuterio Rodríguez “El Lute”, pasando por el célebre caso del “Cipote de Archidona”.

   Archidona se esponja a los pies dela Peñade los Enamorados  – que lo separa de Antequera – con tantas resonancias moriscas y románticas. La plaza de la localidad, según relatan las crónicas locales fue construida  ¡oh, casualiadad! en un antiguo muladar que proporcionaba a la juventud “ocasión próxima para darse al fatal vicio”, excuso decir cuál sea este. Digo esto, porque por asociación de ideas, me viene a la menta el jocoso sucedido en la noble ciudad en la década de los 70  y que salió a la luz merced al cruce de cartas que mantuvieron nuestro ínclito poeta Alfonso Canales y el novelista Camilo José Cela, en aquellas fechas todavía en espera de ser laureado con el Nóbel. El revuelo organizado dio pie a la propagación del chusco suceso que desde entonces se conoce como “lo del cipote de Archidona”.

  Los hechos, que no eran nada raros en los cines de antaño, único lugar en donde las parejas, sirviéndose de la complicidad de la sala podían dar rienda suelta a sus escarceos amorosos, exacerbados por la proximidad de los cuerpos y a la vista de películas provocativas, dio ocasión a que una fémina se viera tentada a masturbar al novio, de manera que, según des cribe la sentencia  dictada el día 31 de marzo de 1972 “teniendo ésta su  miembro viril fuera del pantalón,  motivó que salpicara a dos espectadores próximos causando desperfectos en sus trajes  pericialmente valorados en 3.500 y 1.600 pesetas respectivamente”.  La sentencia en cuestión llevaba implícita, “como escarmiento ejemplar” el sambenito de escándalo público, pena de arresto  mayor y la suspensión de cargo público u oficio.

 Dieron lugar el suceso y la posterior proclama del delito de ambos jóvenes pillados in fraganti en tan placentera como “poco edificante acción en un establecimiento público” al envío cruzado de misivas entre Canales y el autor deLa Colmena, no exentas de gracia y socarronería, dado el gracejo literario del malagueño y el apego a la rechifla del asturiano. Describe el primero con pelos y señales el escabroso asunto, abundando en detalles como éste: “le dio – a ella –  el volunto de asirle a él por la parte más sensible de su físico”, dejándose éste hacer “ sin previsión de las consecuencias que habría de reportarle su regalada conducta”. Luego pormenoriza: “Arribando el trance de la meneanza, vomitó por aquel caño tal cantidad de su hombría , y con tanta fuerza , que más parecía botella de champan, si no géiser de Irlanda”.

Si jocunda fue la carta de uno no le fue a la zaga en festiva ocurrencia la del otro. Instaba el  destinatario del pliego ala DiputaciónProvincialde Málaga “a que se le tributase un homenaje de ámbito nacional al dueño de la herramienta, honra y prez dela Patria… Podría levantarse en su honor un monolito granítico, con una farola en la punta del haba (el faro-falo de Archidona) “, entre otras sugerencias  a cual más burlona y retrechera.

Sentado bajo los soportales de la plaza a cuya belleza me rindo, me vinieron al magín los hechos jocundos  sobre el cipote archidonense tratado por dos maestros de la literatura hispana, rivalizando ambos en donaire y gracejo. Otro motivo para hacer atractiva esta ciudad siempre acogedora y  sugerente.

 

 

 

 

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Aguas de Benaoján en entredicho
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José Becerra | 08-11-2011 | 7:00| 0

Avanzan los días y el problema de la presumible contaminación de las aguas en Benaoján y Montejaque no se soluciona. Ni autoridades municipales ni provinciales  se han pronunciado con rotundidad  al respecto, aparte de la prohibición del consumo, y la vecindad sigue confusa y sin saber a qué atenerse. Resulta paradójico que un pueblo como Benaoján cuyas aguas siempre tuvieron fama por su abundancia y salubridad se vea abocado ahora a un impasse de confusionismo que  pone en entredicho sobre todo su calidad.

  La pregunta que está en boca de todos es cómo esta infección no pudo detectarse a tiempo evitándose perjuicios en la salud de los consumidores y dando alas a especulaciones que obran en detrimento de unos recursos hídricos de una población que siempre tuvo como carácter específico de su fisonomía paisajística la proliferación de fuentes y manantiales potables.

   Mucho se juega el pueblo por esta desagradable cuestión. Bastante tiene ya con la penosa apariencia que ofrece el río Guadiaro que por desidia de quienes estaban obligados a evitarla  perdió su antiguo esplendor, perjudicando el auge de un turismo rural que se acrecienta por días. Esperemos que, nunca mejor dicho, las aguas vuelvan a su cauce, y  en estos dos pueblos del alto Guadiaro pueda beberse sin miedos ni reparos, como se ha venido haciendo desde tiempos de los que tienen memoria los del lugar.

   El alcalde de Benaoján, Franscisco Gómez , líder dela Agrupación Progresistas(APB), quien no ha dudado en reconocer como “ruinosa” para el pueblo  la prolongación en el tiempo de la situación,  ha alzado la voz contrala Juntade Andalucía a la que acusa de haber sembrado “alarma social” sobre esta cuestión. No le falta razón porque ya se han dado las primeras quejas de la industria chacinera – puntal económico del pueblo – así como de las pequeñas empresas de turismo rural que temen, la primera la disminución de pedidos, y la segunda la merma sustancial  de la clientela. 

Fruto de la llamada crisis del agua es el enfrentamiento entre el alcalde y la exregidora Soraya Domínguez (PSOE). La cuestión del agua está sirviendo como arma arrojadiza entre el primer edil y la concejala oponente en el Ayuntamiento, cuando la vecindad aboga para que todos los esfuerzos se aúnen, sin distinción de partidos, para solucionar el arduo problema que les aqueja.

 

 

 

 

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José Becerra | 08-11-2011 | 6:55| 0

Aguas de Benaoján en entredicho

Avanzan los días y el problema de la presumible contaminación de las aguas en Benaoján y Montejaque no se soluciona. Ni autoridades municipales ni provinciales  se han pronunciado con rotundidad  al respecto, aparte de la prohibición del consumo, y la vecindad sigue confusa y sin saber a qué atenerse. Resulta paradójico que un pueblo como Benaoján cuyas aguas siempre tuvieron fama por su abundancia y salubridad se vea abocado ahora a un impasse de confusionismo que  pone en entredicho sobre todo su calidad.

  La pregunta que está en boca de todos es cómo esta infección no pudo detectarse a tiempo evitándose perjuicios en la salud de los consumidores y dando alas a especulaciones que obran en detrimento de unos recursos hídricos de una población que siempre tuvo como carácter específico de su fisonomía paisajística la proliferación de fuentes y manantiales potables.

   Mucho se juega el pueblo por esta desagradable cuestión. Bastante tiene ya con la penosa apariencia que ofrece el río Guadiaro que por desidia de quienes estaban obligados a evitarla  perdió su antiguo esplendor, perjudicando el auge de un turismo rural que se acrecienta por días. Esperemos que, nunca mejor dicho, las aguas vuelvan a su cauce, y  en estos dos pueblos del alto Guadiaro pueda beberse sin miedos ni reparos, como se ha venido haciendo desde tiempos de los que tienen memoria los del lugar.

   El alcalde de Benaoján, Franscisco Gómez , líder de la AgrupaciónProgresistas (APB), quien no ha dudado en reconocer como “ruinosa” para el pueblo  la prolongación en el tiempo de la situación,  ha alzado la voz contra la Juntade Andalucía a la que acusa de haber sembrado “alarma social” sobre esta cuestión. No le falta razón porque ya se han dado las primeras quejas de la industria chacinera – puntal económico del pueblo – así como de las pequeñas empresas de turismo rural que temen, la primera la disminución de pedidos, y la segunda la merma sustancial  de la clientela.

 

 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.