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Autor: PepeBecerraGómez
Sensatas intenciones de Casado
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José Becerra | 29-07-2018 | 11:51| 0

 

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Sensatas intenciones  de Casado

Arguyó con sobrada razón en su discurso como novísimo líder del PP que el éxito del partido en el futuro va a depender y mucho de que “todos remen en la misma dirección”. Una afirmación ésta que era imprescindible ante una posible desunión   en sus filas por mor de  quienes apostaron por él y de los que lo hicieron por Santamaría, un enfrentamiento del que habría que pasar página más pronto que tarde, como dio   entender en su primer discurso tras la investidura. Lo que a su juicio importa ahora es enderezar la dirección del partido hacia una regeneración política como razón de ser de todos y cada uno de los que se aglutinan bajo sus siglas y aceptan sus postulados.

Incidió Pablo  Casado en argumentos dignos de encomio y que es obligado resaltar, por lo menos para que quienes miramos sin encendidos ánimos las diatribas de nuestros políticos sepamos cómo y cuándo habría que reclamar imposturas y escaso cumplimiento de sus compromisos.

Obviamente declaró su lealtad al Rey y a la Constitución, premisa sine cua not  inherente al cargo al que se acaba de acceder. Y a continuación desgranó una serie de propósitos que fueron desde la repulsa a la corrupción       que abate a partidos con la consiguiente desazón que produce en la ciudanía hasta la regeneración del PP, “abriendo ventanas” para evaporar  el tufillo de corrupción que ha sido una rémora para el partido en los últimos tiempos, hasta la supresión de impuestos, haciendo hincapié en algunos que hacen clamar al Cielo. Gravámenes estos últimos a quienes lo soportan se quiera que no, tales los de doble imposición, los de Patrimonio, el de Donaciones, y el de Sucesiones, que tantas controversias vienen suscitando. Desgranó otros como la necesidad de un partido unido, la unidad de España puesta en un brete por los catalanistas a ultranza, u otros como los que atañen de lleno a la vida y la familia.

La renovación del PP ya es un hecho: Santamaría  y Cospedal, las dos mujeres más encumbradas han tenido que dar un paso atrás; ambas fueron figuras significativas dentro de la nomenclatura del partido y con resabios evidentes del marienismo imperante, hoy fenecido.

Con todo hay un pasado muy próximo de Casado que puede ensombrecer su flamante victoria en el partido. La sombra de su máster, legalmente obtenido como el afirma y no habría que poner en duda sin más, podría ser alargada y a buen seguro que lo blandirán con  tesón sus enemigos políticos como un hacha desenterrada de guerra. “Vivir para ver”, que decimos en mi Serranía de Ronda de facundia precoz  y refranes certeros.

 

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La llamada de lo rural
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José Becerra | 25-07-2018 | 12:06| 0

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La llamada de lo rural

Asistimos de un tiempo a esta parte a la consolidación de un fenómeno de índole económico y social que podría resultar sorprendente si no tuviésemos en cuenta los movimientos cíclicos que, a lo largo de la historia, convulsionaron, con mayor o menor intensidad, relaciones humanas y asentados comportamientos. Es un hecho que no tiene vuelta de hoja. El medio rural tan denostado en las décadas anteriores a las que iniciaron a partir de los 90 o poco antes, está adquiriendo indudable protagonismo en nuestros días. Se hace evidente en cualquier parte, pero adquiere particular relieve en el interior de la provincia malagueña. Y reduciendo esta circunscripción geográfica, es en la Serranía de Ronda y la subcomarca del Guadiaro a la que aquella abarca, en donde, quienes han visto transcurrir en ella más de medio siglo – tiempo de sobra para observar los cambios verificados -, pueden dar fe del inesperado suceso. Soplan nuevos vientos que a algunos les ha pillado por sorpresa y que reaccionan las más de las veces, administraciones públicas incluidas, de manera que podría no ser la idónea para propiciar su desarrollo y mantener el apogeo.

Hemos sido testigos, sobre todo los que como yo peinan canas, de cómo la agricultura y, por ende, el campo, durante incontables décadas, se erigía como eje fundamental para el sostenimiento de la mayor parte de las familias. De ella provenían, en forma de jornal o de minúscula renta según el acomodo de cada cual, los ingresos necesarios para subsistir. Las aportaciones de mano de un incipiente proceso industrial, luego consolidado en media docenas escasas de pueblos dentro del ámbito de la Serranía, vendrían después. Hoy día este proceso, alentador como ocurrió en el caso de Benaoján, primer centro productor de elaborados cárnicos de la provincia durante lustros, se ha ralentizado o se paralizó definitivamente. En esa época, todavía sin verificarse la sangría de la emigración en los 60, la ciudad atraía como un imán, tanto por lo que de placentero podía significar para los jóvenes, asfixiados en una situación poco esperanzadora, como para los que no lo eran tanto, anhelando mejoras económicas que el terruño les negaba sin paliativos. La emigración  centroeuropea sirvió de válvula de escape, y algo similar está ocurriendo ahora al compás de la fiebre constructora de las ciudades costeras que está vaciando a los municipios del interior de la clase trabajadora.

Pero en este trasvase social y económico un nuevo elemento acaba de entrar en juego. El interior tan denostado hasta ayer mismo se convierte en irresistible atracción para quienes pueden permitirse abandonar los agobios del asfalto siquiera sea por pocos días o incluso por un número escaso de horas. De cualquier forma se desanda el camino y los polos de atracción se invierten.

Del campo a la ciudad, y ahora de nuevo de la ciudad al campo. El homo urbanus, hastiado de la jungla de cristal, hierro y cemento en la que se desenvuelve cada día, vuelve los ojos a la Naturaleza como si acabara de descubrir las ventajas sin cuento que ella le reporta. De por medio, todo hay que decirlo, una repercusión económica a escala nacional evidente, pese a que persistan enquistadas bolsas de paro, en territorios tradicionalmente marginados como los que se extienden al noroeste de Málaga. Hasta ellos se abre paso la corriente nacida en la periferia que barrunta placenteras sensaciones allí donde antes sólo encontró motivos para desdeñar.

Prima ahora, ya digo, la vuelta a antiguos terruños. Para respirar a pleno pulmón, para otear horizontes que se imaginaban imposibles por perdidos. Para experimentar impresiones primarias. Lo rural se ha convertido casi en una necesidad fisiológica y satisfacerla se muestra perentoria para quienes sienten la avidez de lo primario y natural. Se inició así un  camino que ha muchos interesa sin retorno y que no es otro que el turismo rural, un fenómeno sociocultural que está trastocando sistemas anquilosados y desfasados comportamientos. En la Serranía de Ronda dio de lleno y por él se apuesta sin reservas a la vista de los primeros resultados altamente esperanzadores.

 

Pero para no morir de éxito o, lo que es lo mismo, para mantener de forma irreversible lo que se presentó con los visos de una revolución propiciada por lo peculiar del medio había que ir ya dando los pasos encaminados a potenciar valores intrínsicos y, a la vez, conservar en las mejores condiciones posibles todo por lo que se afanan en gozar del ambiente rural.

¿Qué es lo que hay que ofrecer a quienes muestran esa inclinación? Aparte, claro, de a lo que gratuitamente puede acceder como la contemplación de un paisaje, o de un río, a la feroz escarpadura de una sierra o el regodeo de un atardecer cárdeno de tintes entre aromas de hinojos y tomillo después de solazar el estómago con un delicioso plato de lomo frito o conejo al ajillo. Pues algo menos tangible pero igualmente evocador y apetecible. Me refiero a la vida social de que siempre hizo gala estas tierras más al sur del sur. Recuperar, por ejemplo, antiguos juegos y divertimentos, distintos en cada pueblo, pero que igualmente entusiasmaron a los mayores. Facilitar paseos y excursiones al aire libre rescatando del olvido viejos senderos y apartadas trochas. Remozar arroyos y fuentes que con tanta prodigalidad se muestran en la zona del Guadiaro, merced a las lluvias que los farallones de la sierra de Grazalema provocan cuando interrumpe el paso de las borrascas que entran por el Golfo de Cádiz.¿ Porqué no iniciar a los visitantes en la campestre práctica de recolectar espárragos silvestres, o palmitos, romero, matalahuga o tagarninas? ¿ Y si se promocionaran, aunque fuese de manera testimonial, fenecidos oficios, como el de canastero, talabartero, ceramista o alpargatero? Por muy de espaldas que estemos de ellos hay que admitir que pertenecen a nuestro acervo cultural y forman parte de nuestras raíces más profundas. Contribuyamos al desarrollo armónico de un mundo rural sin echar en saco roto lo que fue parte insustituible del entramado social de antaño.

Resulta lógico pensar que son las corporaciones municipales a quien compete poner en marcha el proceso. De hecho ya lo están haciendo, con mejor o peor resultado. Pero importa seguir en la brecha y apostar con denuedo por la creación y puesta al día de infraestructuras capaces de allanar el camino para soportar un esperanzador desarrollo sostenido.

En la llamada del medio rural no es posible, por el costo que conlleva, defraudar. Así lo entienden quien vislumbra una alternativa clara al turismo de sol y playa. Pero indefectiblemente defraudaremos a quienes escogen los parajes de la Serranía de Ronda para disfrutar de sus días de ocio si lo que encuentran no responde a las expectativas creadas.

 

 

 

 

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Terral, ese implacable azote malagueño
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José Becerra | 21-07-2018 | 10:27| 0

 

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Terral, ese implacable azote malagueño

Nunca falta a su cita con Málaga. En cuanto el verano entra en derechura a su implantación en la ciudad lo sentimos como un flagelo imposible de soslayar. A menos que se renuncie a callejear y nos sumerjamos en la frescura de las frescas aguas de la piscina, sin es que se tiene la suerte de contar con una en la urbanización en la que vivimos. O zambullirse en las de la playa más cercana y allí permaneces hasta que el azote implacable seda en su furor.

Los vientos, el aire en movimiento, como nos enseñaban en la clase de Geografía Descriptiva, se producen por diferencias de presión atmosférica, fenómeno que se atribuye a temperaturas desiguales. También nos enseñaron que los vientos se clasificaban en cuatro clases principales: dominantes (alisios); estacionales (los monzones del mar de la China); ciclónicos ( huracán, tornado), y, por último, locales (vientos de levante y de terral, por ejemplo).

   Las corrientes de aires – y esto es de manual de sicología – influyen en el carácter de las personas, inciden en su ánimo y perturban el normal transcurso de sus vidas en determinados momentos, sobre todo los de índole local.

   La ventisca local que en el interior de la provincia malagueña más se teme, tanto en el invierno como en el verano, es el de levante. Es este un viento que encrespa los ánimos, que solivianta, que pone los nervios a flor de piel. Seco, sofocante aun en días invernales es este un viento, casi siempre racheado, levantisco que perturba y desazona como ningún otro.

Su hermano, en Málaga capital,  es el terral, que sólo sopla en verano pero que nos llega de poniente a lo sumo media docena de veces a lo largo de la estación y con una duración que casi nunca supera a dos jornadas consecutivas. A veces, no dura sino horas. Suficientes, sin embargo, para que se le considere como la “bete noir”, que dirían los gabachos, para el agradable estío que, por lo general, brinda la capital de la Costa del Sol. Sufrimos una muestra de su ardor en estos días y nos ha enseña los dientes, ¡y de qué manera!

   Uno, que no cree ya en el infierno, se acuerda cuando era niño cómo los curas de otros tiempos anatematizaban desde el púlpito a sus fieles flagelándoles con los males del castigo de ir a parar a este lugar si se incurría en pecados mortales. Sintiendo las mordeduras del terral, piensa uno sufriéndolo  como algo muy parecido a aquellas desdichas dantescas con las que nos amenazaban antaño. Vivirlo, si no se cuenta con la tecnología que lo hace más soportable, es como vivir unos días infernales.

   Cuando sopla el terral, arisco y denso, las calles de la capital y las de los pueblos costeros próximos, castigadas implacablemente tienden a quedarse desiertas. Los pocos viandantes que se aventuran a salir de sus viviendas caminan presurosos y maldicen entre dientes. El viento caliente que azota el rostro como una cataplasma impone su ley, pero no es ruidoso como otros vientos, los que hacen crujir las maderas de las ventanas y sacuden sin piedad sus batientes, no, el terral, ni llega ni se hace notar de forma aparatosa. Pero eso no le exime de su felonía: en cuanto hace acto de presencia abofetea la cara sin contemplaciones; al cuerpo lo hace más grávido, a las entendederas más lentas. Estrecha el cerco contra las personas, que se sienten de pronto atrapadas, inmersas en una sensación agobiante, en una desazón que atenaza y de la que se ansía escapar, cada cual recurriendo a los medios que pueda tener a su alcance.

   Al viento de terral no hay quien no le tema. “Seca la mollera”, dicen los más viejos en los pueblos de la costa. Con él anda la gente cabizbaja y caminan como perro apaleado. Duelen las muelas, reaviva las dolencias del cuerpo, saca la tripa de los quebrados, se revuelve inquieta la parturienta, interrumpe el ciclo menstrual femenino y escurre las ubres del ganado. “Mala cosa el terral”, dicen unos y otros, cuando se tropiezan en el camino. “Vaya si lo es”.

   Pero el díscolo viento malagueño cuando de verdad desespera es de noche. Si no se dispone de aire acondicionado es inútil que se abran las ventanas, ni que funcione el ventilador; no se hará con estos pobres recursos sino transportar a mayor velocidad la atmósfera candente que lo envuelve todo. Ahuyenta el sueño, roba el descanso, se empapan las sábanas de sudor; una y otra vez buscamos en la nevera que el frío de un líquido alivie por lo menos con su tránsito el ardor de la garganta, con lo que no logramos sino sentirnos congestionados, ahítos. Rezongos, imprecaciones, mala leche.

Con el terral, el taciturno se hace más huraño, el inquieto más irritable. Los pensamientos  se lentecen y los deseos más  inocentes se enturbian. Suerte que dura poco tiempo. Luego, respiramos aliviados, como si se despertara de un mal sueño en la que nos debatimos cerca de las calderas de Lucifer.

Foto: Diario SUR

 

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Displicencia con España
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José Becerra | 19-07-2018 | 11:10| 0

Displicencia con  España

JOSÉ BECERRA

Es lo que se traduce en el parecer de un Tribunal, que hay que considerar de poca monta, al socaire del enjuiciamiento de Puigdemont solo por el delito de malversación de fondos públicos, poniéndose por  montera los otros delitos que el juez Llarena ha venido manteniendo en justa causa. Displicencia. La pregunta que nos hacemos quienes contemplamos desde lejos los contubernios de un Tribunal regional que considera, sin dar de lado a la Euroorden española, pero que admite solo el delito de Puigdemont de quebrantar fondos públicos malversándolos, es que ocurriría, si ante un caso parecido, el culpable del flagrante delito fuese un político alemán, huido a España y un juzgado, pongamos de Andalucía, los admitiera tan solo por este hecho cuando se evidenciara, como es el caso, de una transgresión de la Ley, como lo es, la rebelión manifiestamente probada contra los poderes legalmente establecidos. El Tribunal Supremo teutón pondría el grito en el cielo, y con razón fundada. Jurídicamente, la actitud mantenida por Alemania se encuentra fuera de toda lógica y roza, cuando no entra de lleno, en el despropósito, o  el esperpento.

La desconsideración de Alemania a la justicia de un país amigo no se entiende, precisamente porque si las cosas hubiesen sido al revés, a saber, la insumisión de uno de sus lander encabezada por alguien con las mismas pretensiones que Puigdemont sobre España, el rigor más extremo acabaría con la intentona del insurgente. La Unión  europea no tomó cartas de naturaleza para que se salten a la torera los testimonios  razonables del Supremo de un país amigo. Una aberración a todas luces.

La aceptación de tamaña anomalía mantenida por el tribunal territorial alemán puede o no ser subsanada por altas instancias de Europa. Si no se lleva a cabo,  nos harán comernos el sapo por muy humillante que sea para el juez Llarena y quienes dimos por certeras y loables su determinación ante tan fragante atropello a nuestras altas instituciones judiciales y, desde luego, a los españoles tratados poco memos de ocupantes de un país tercermundista carente de los más elementales conocimientos para calibrar la importancia de lo ocurrido. No ha sido otra cosa de un atentado contra la integridad del Estado y un desprecio absoluto a la dignidad de quienes habitamos en el país.

La pregunta que nos hacemos ante tamaño atentado contra nuestros inalienables derechos, ultrajados por un Tribunal sin parangón con el Superior de ambos países en litigio, es  cuál será la decisión de Pedro Sánchez al respecto. Lo que se desprende, tras su reciente encuentro con Quim Torra en la Moncloa, pasa por su aquiescencia para normalizar la cuestión catalana, actitud que conlleva la resignación para que en España se juzgue al ex president por el delito de malversación obviándose el de rebelión, como asevera el Tribunal alemán.

Ocurre que enfrente se encuentra el juez Llarena que no comulga con esa idea, generalizada en el sentir de la mayoría de los españoles. Dejó Sánchez  diáfana su postura en Bruselas, ciudad  a la que acudió días atrás, junto a mandamases del entorno europeo en la llamada Cumbre de la OTAN. Se mostró huidizo cuando se requirió su opinión sobre el dictamen germano atentatorio a nuestros intereses en el contencioso, por muchos considerados como un dislate y una afrenta al sentir del pueblo llano, además del que corresponde a altas instancias del Estado. Anhela pasar página del affaire catalán y, lo que se nos antoja peor, hacerlo sin importar el precio a pagar. Es lo que se desprende de su encuentro con Torra en la Moncloa en donde  vimos a ambos pasear en conversación afable por los jardines de la residencia presidencial. Dijo después una obviedad que nadie discute: la decisiones judiciales no se discuten, se respetan”. Faltaría más. Nos preguntamos si la distensión que preconiza no será una agresión a la dignidad del país que ahora discurre bajo su batuta.

No habría que descartar sin más  la petición del portavoz del PP y vicepresidente primero del Partido Popular Europeo, Esteban González Pons, en el Parlamento de Europa de que se dé por finiquitada en España la diligencia de la euroorden y del Acuerdo de Schenguen, poniendo en un  brete su utilidad en este caso y poniendo de relieve el hecho que “ya hicieron otros países de la UE” respecto a su utilidad. Insistió en que “hoy es un día triste para el proceso de integración”, recalcó, para resaltar a renglón seguido que la euroorden “no funciona” y exhorta al Gobierno de Pedro Sánchez a que  suspenda su aplicación. Tuvo su importancia la implantación del compromiso en cuanto suprimía los controles de la libre circulación a través de las fronteras interiores, pero como matiza el eurodiputado popular el Tratado en cuestión más que una ventaja es un riesgo para los países integrados en la Unión. Un razonamiento pertinente que no habría que echar en saco roto dado la displicencia que se ha mostrado con España.

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Loables deseos
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José Becerra | 15-07-2018 | 12:18| 0

Loables deseos

¿Tiene los días contados el copago farmacéutico que ha venido castigando a nuestros mayores y tratándolo como díscolos usuario de la Seguridad Social? A juzgar por las declaraciones recientes de la ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, Carmen Montón, se puede pensar que está ya al doblar la esquina. Hay que admitir que la reforma sanitaria de 2012  nos colocó a los pensionistas, entre los que me cuento, con escasa por no decir misérrimos emolumentos, en la tesitura  de satisfacer una parte del total del medicamento adquirido o eliminarlo con el consiguiente quebranto para la salud ya deteriorada por mor del paso y el peso implacable de los años. Con pensiones mínimas, tener que afrontar este gasto del que se estaba dispensado supuso un hándicap para pensiones exiguas que apenas llegaban para culminar el mes a trancas y barrancas. La ministra acaba de anunciar “la voluntad  de recuperar todos y cada uno de los derechos arrebatados”, impuestos por parte de un PP que ya es historia, por lo menos rigiendo los destinos de los españoles. “Su boca sea meía (medida)”, que dice el vocabulario calé de alguien que intenta con  buenas intenciones poner remedio a sus males enquistados y los lanza  sin cortapisas a quien quiera oírlos. Afirma la ministra que no se trata de una eliminación del copago desde ya, sino que habrá que esperar algún tiempo, aunque deja por sentado que esta mejora en las economías más depauperadas como son las de los pensionistas se efectuará más temprano que tarde. Respiramos aliviados. Por esta cuestión candente y por sus intenciones de no dejar a nadie atrás en la asistencia sanitaria “de manera integral” como un postulado a cumplir en  España más temprano que tarde. Hay razones para pensar que  entra con buen pie el novísimo Gobierno, por lo menes en cuestiones que más preocupaciones entrañan en quienes cuenta con recursos poco menos que de menesterosos.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.