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Autor: PepeBecerraGómez
Las seculares fiestas patronales de Benaoján y Montejaque
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José Becerra | 06-10-2018 | 11:28| 0

 Las seculares fiestas patronales de Benaoján y Montejaque

JOSÉ BECERRA

De de los cincos pueblos que conforman el territorio del valle del Guadiaro, dos – Benaoján y Montejaque – están condenados, por la escasa distancia que los separa, a entenderse. No siempre ha sido así, sin embargo, ya que existen referencias lejanas y próximas que hablan de los antagonismos entre ambos. Muchas veces tuvo uno la sensación de que se dan la mano, pero con la otra guardan la piedra para lanzársela sin contemplaciones. Recuerdo en los ya lejanos años de mi edad la rivalidad que existía entre los equipos de fútbol de uno y otro pueblo: los partidos las más de las veces terminaban en batalla campal. Y así, siempre se alimentaron discordias y celos entre el uno y el otro, por la forma de ser de sus habitantes, por su forma de hablar y de comportarse ante las situaciones cotidianas, y más que nada, por el aspecto de sus calles y rincones.

    Pero por encima de estas rencillas vecinales no se pueden negar los lazos que los unen, tejidos sobre todo en las tradiciones, historia y leyendas y  usos y oficios compartidos secularmente. Más cercanos a nuestros días habría que citar los numerosos matrimonios celebrados entre vecinos de uno y otro pueblo y la distribución de servidumbres entre ambos, lo que vino a limar asperezas y frenar enfrentamientos.

    Tiene Benaoján una fiesta en honor de la Virgen del Rosario – se celebra durante los días 6 al 8 de octubre – y Montejaque que las organiza en torno a la Virgen de la Asunción, mediado el mes de agosto. Dos advocaciones marianas que se mantienen en ambos pueblos desde el siglo XVI y que en lo que toca a su servicio y mantenimiento recaen sobre una figura compartida: la mayordoma. Para las fiestas abrileñas en honor a San Marcos son los mayordomos los que, con la misma tradición ininterrumpida desde tiempo inmemorial, se hacen cargo de los festejos que cada año refulgen con mayor intensidad si cabe.

Las mayordomas del alto Guadiaro, encargadas de la continuidad de los festejos, son cuatro: dos casadas y dos solteras. Se nombran unas  a otras, o sea, que se pasan el testigo anualmente para que en ningún momento se quiebre el hilo conductor de unas fiestas que por sí solas hablan del apego de las respectivas poblaciones al mantenimiento de un evento entre religioso y profano que las distingue entre otras de provincia. La diferencia radica en que recae en las mayordomas todo el peso de la organización de las fiestas y los respectivos ayuntamientos, aunque presten su colaboración, se inhiben de ellas. Las mayordomas, muchas veces mediante un trabajo ímprobo y no pocas veces descuidando sus ocupaciones domésticas e, incluso laborales, tienen la obligación de recolectar los medios económicos suficientes para el sostenimiento de los tres días de fiestas. Hacen sorteos, piden de puerta en puerta, contratan los puestos de feriantes y las bandas de música; una labor que se ejercita durante todo el año, pero que intensifica a medida que las fechas de las celebraciones se aproximan.

    Llegado el día señalado cobran su recompensa. Esta no es otra que ocupar un lugar de honor en la iglesia el día de la misa mayor en honor de la Patrona y presidir asimismo la procesión posterior con la imagen por las principales calles del pueblo. El atuendo: traje de fiesta, mantilla española y peineta. Durante el recorrido lloverán los piropos, cosa que obtendrá las más amplias sonrisas como reflejo de su satisfacción.

    Bailes en la plaza del Ayuntamiento, actuaciones artísticas para niños y mayores, degustaciones gratuitas de los productos típicos de la zona (el nunca bien ponderado chorizo rondeño), concursos y zarabandas propias de un pueblo en fiesta: Benaoján a rebosar de gente durante todo el fin de semana, ya que el poder de convocatoria de estas fechas siempre ha sido manifiesto en buena parte de la comarca rondeña. Como el tiempo se muestra propicio hasta se podrá dar un paseo por la cueva del Gato, cuyos alrededores son espléndidos en cualquier época del año.

    Las mayordomas nombradas para el próximo año, un día después de que las fiestas toquen a su fin ponen manos a la obra para que las próximas sean las mejores. Un sueño mantenido y un orgullo que garantiza la persistencia del acontecimiento festivo. Es sobre lo que se reafirma la alcaldesa benaojana, Soraya García, que no pocas veces se ha pronunciado sobre este evento, siempre para recalcar el ímprobo trabajo de las mayordomas y su tesón para mantener incólume  la continuidad de los festejos con la ayuda – a veces escasa y efímera – de la corporación que preside. Motivo que siempre aprovecha para resaltar las excelencias de la industria chacinera del pueblo, sin olvidar hacer hincapié en lo genuino del entono del municipio y lo atractivo de su paisaje natural con los broches de oro que le otorgan dos cuevas famosas – Gato y Pileta – que concitan la admiración de cuantos se dejan caer por  estos parajes únicos.

 

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Pensionistas cabizbajos
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José Becerra | 02-10-2018 | 11:09| 0

 

Resultado de imagen de fotos de pensionistas, diariosurFoto: Diario SUR

 

Pensionistas cabizbajos

JOSÉ BECERRA

Y es para estarlo; no solo cabizbajos sino alarmados en extremo. Son las sensaciones que experimentamos los que gozamos de una pensión mínima que apenas nos alcanza a cubrir las necesidades del mes. Lo de gozar no deja de ser una exageración ya que lo que nos permite con ella es malvivir durante ese periodo de tiempo. Sin embargo, y dado las circunstancias actuales que inciden directamente en la bolsa de las pensiones, el futuro se nos pinta más obscuro si cabe tirando a negro. Es lo que dan a entender los estudiosos del PwC, una red de firmas que tiende su influencia en más de 150 países merced a sus más de 200.000 profesionales que aspiran a brindar una información exhaustiva del momento económico por los que atraviesan aquellos a raíz de la petición de auditoría y asesoramiento fiscal . Es lo que ofrecen a quienes solicitan sus servicios discrecionales, y en el caso de España sus conclusiones no dejan de ser alarmantes. Juzgan quienes han sido consultados por esta firma en lo que toca a nuestro país – más de un 80%  de expertos en la cuestión – las pensiones, de seguir la trayectoria actual, difícilmente remontará la tercera década del siglo actual, cuando ya nos encontramos a un par de años del final de la segunda.

El llamado Pacto de Toledo, campo virtual de batalla  en el que se dirime el futuro de las pensiones en esta España nuestra, no parece que haya arribado a un final feliz. Se acordó días atrás revalorizarlas conformes al IPC de cada año. Algo es algo y menos es nada. Miren por donde para llegar a esta conclusión convinieron políticos de uno y otro signo. Con decir que se pusieron de acuerdo hasta Partido Popular y Podemos, por mencionar los dos polos emblemáticos que aglutinan al resto de partidos que concurren en la alianza en pro de un futuro más halagüeño para quienes llegaron al final de su etapa laboral, barruntamos que trabajando codo con codo para lograr un final satisfactorio. Claro que el Pacto solo puede incidir en recomendaciones para una posible legislación al respecto del gobierno de turno, que es el que trata con los llamados agentes sociales, paso necesario para que la cuestión salte al Congreso y desde allí se legisle al respecto.

Existen dígitos que asustan y, por ende, dan que pensar. Diez o doce años atrás el remanente necesario para satisfacer a los mayores que esperaban su estipendio mensual era de 90.000 millones de euros; en este año que transcurre asciende a más de 145.000, euro más, euro menos. Hoy por hoy esperamos los emolumentos  mensuales alrededor de 9,5 millones; diez años atrás éramos poco más de 8 millones los que nos  acercábamos cada primero de  mes a la oficina bancaria  más próxima y esperábamos turno ante la cola pertinente.

Se habla de resultados mínimos para señalar el acuerdo alcanzado en el Pacto de Toledo;  sin embargo admitamos que el Gobierno, conseguido el acuerdo entre las diferentes formaciones políticas que tienen voz y voto en el asunto, ha logrado un tanto a su favor. Bienvenido sea, porque el acuerdo, que no olvidemos se supedita a la decisión del gobierno de turno al respecto, mantiene que las pensiones asciendan al unísono del coste de la vida, ese IPC que nos solivianta y apoca. Porque esta esperanza se resquebraja y se desvanece, es de temer, si se considera que su sostenimiento tiene el hándicap insalvable de momento por parte de  quienes  debieran sustentarlo, los cuales  sufren la lacra de salarios bajos en el mejor de los casos y de un paro pertinaz en segundo lugar que vendrán a lastrar su permanencia.

Es lo que se vaticina en boca de autoridades de la Seguridad Social quienes teorizan sin temor a equivocarse que si no existen otras vías de financiación lograr este objetivo habría de ser poco menos que lograr la  “cuadratura del círculo” a saber, un problema irresoluble, por emplear términos matemáticos que aluden a una solución imposible.

El anhelado Pacto ha sido posible para calmar los ánimos de pensionistas que, sin embargo, oliéndose lo peor no han cesado de tomar la calle. El raquítico ascenso de las pensiones mínimas no ha supuesto precisamente el bálsamo de Fierabrás para calmar sus inquietudes. El compromiso de mantenerlas acordes con el IPC ha sido la solución de quienes ahora nos gobiernan, pero la armas siguen en alto por lo que el porvenir puede deparar. Por fuerza, hemos de permanecer cabizbajos.

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Ahorradores temerosos
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José Becerra | 26-09-2018 | 9:45| 0

Ahorradores temerosos

JOSÉ BECERRA

Ahorradores timoratos siempre han asistido en el ancho solas hispano. No digamos en los pueblos del interior peninsular y, en concreto, en los que configuran la provincia malagueña. Se idearon a través de los tiempos los más insólitos lugares para guardar las ganancias procedentes con frecuencia de modestos trabajos frutos de oficios modestos que apenas llegaban para satisfacer el condumio diario. El colchón fue el lugar pintiparado para ponerlas a buen recaudo.

El Banco de España y la CNMV, que vienen haciendo exhaustivos estudios al respecto, acaban de concluir que alrededor de un  40% de los españoles optan por guardar sus ahorros en un lugar que siempre fue considerado como el más seguro: el colchón. Debajo del jergón en el  que cada noche se acogen a los brazos de Morfeo para descansar del diario acontecer, desde tiempos ignotos porque se pierde en lo obscuro de los tiempos, son muchos los que  guardan los frutos pecuniarios que se obtienen a lo largo de la vida y de los que en contadas ocasiones se echa manos de ellos si no es  para solventar necesidades urgentes e inaplazables de la familia. Podría ser una afirmación exagerada si no fuera porque procede de encuestas realizadas y que ofrecen merced a su alcance y exhaustiva  comprobación todos los visos de realidad.

La costumbre de recurrir al colchón para poner  buen recaudo las ganancias debidas al trabajo personal viene de antiguo. En los pueblos pequeños perdidos en la ancha geografía hispana esta forma de preservar la riqueza monetaria, si se  puede denominar así los menguados beneficios obtenidos mediante el acceso a raquíticos sueldos o ventas de productos del campo que podían aportar pequeñas heredades a sus dueños, se viene practicado desde mucho tiempo atrás. Antes de que las Cajas de Ahorro hiciesen acto de presencia, allá por los años 50 del pasado siglo,  en las clases modestas resultaba  consustancial con ellas poner a buen recaudo los ahorros recurriendo al jergón.

Era esa la costumbre extendida antes de que hiciesen  aparición entidades financieras. La de Ronda extendió sus tentáculos primero por toda la Serranía; luego lo haría por el resto de la provincia. Don Juan de la Rosa, su fundador, figura preclara de la ciudad, inauguró lo que luego sería una costumbre que solo en parte vendría a sustituir el lecho como lugar  más apropiado para poner a buen recaudo los menguados estipendios familiares una vez detraído lo necesario para el sustento.  Hasta hace muy pocos años mencionar a Juan de la Rosa no se entendía sin traer a colación la ciudad de Ronda, o más específicamente la Caja de Ahorros por él fortalecida a partir del “Monte”, nombre que todavía persiste entre los rondeños, pero que inicialmente no era sino una casa de empeños. Merced a esta entidad financiera y la obra social y cultural que a la sombra de aquella creció y fructificó con los espléndidos resultados que hoy son evidentes,  el nombre de Ronda, con ser ya bastante conocido gracias  a sus monumentos naturales e históricos, sus mitos y sus leyendas, se catapultó sobre medio mundo. Se hizo valer con más fuerza si cabe la proclamación que de ella hizo Rilke y que hizo fortuna hasta nuestros días. La “ciudad soñada”, en efecto,  se había de acrecentar con la aportación del esfuerzo de este hombre ejemplar que creó escuela del buen hacer y el mejor obrar en la economía y el apoyo a la cultura andaluza, amén de su ingente obra social. 

    Pero eran otros tiempos, ya digo. La antigua Caja rondeña cambió su nombre (y con él extendió su presencia en otras regiones españolas) por la de Unicaja. Las oficinas de esta entidad desaparecieron de algunos pueblos del interior peninsular, lo que obligó a su gente a dar un nuevo rumbo a sus ahorros, o como había sido habitual volver a salvaguardarlo bajo el colchón. Coadyuvó asimismo la escasa rentabilidad que brinda la banca a los depósitos, descendidos hasta lo inverosímil por mor de la caída del euribor en ámbitos palmariamente negativos.

   Cunde el temor en los pequeños ahorradores y alcanza no solo a  los que ya cobran pensión por su edad sino también a los jóvenes que con notoria asiduidad  se muestran remisos a depositar su dinero en el banco de turno. No es que se desconfíe por norma de las instituciones financieras; es la costumbre lo que impera en este sector de la población que considera sus ahorros de escasa cuantía y recurren al colchón como saben y era notorio en el caso de sus antepasados más próximos.

   La costumbre impera en Andalucía con diferencia en otras regiones españolas. Es aquí, y sobre todos en sus pueblos más remotos, en los que el decir de los más viejos del lugar se toma como un precepto obligado a seguir al pie de la letra: “No ahorres lo que queda después de gastar; gasta lo que quede después de ahorrar”. Viene como anillo al dedo en la cuestión de saber poner a buen recaudo nuestras ganancias a recaudo: bajo el colchón, como lugar pintiparado para ese menester.  

 

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Genal y Guadiaro, dos ríos en desgracia
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José Becerra | 21-09-2018 | 10:03| 0

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Genal y Guadiaro, dos ríos en desgracia

JOSÉ BECERRA

Se han venido alzando voces para que se llegue más pronto que tarde a la regeneración de los ríos Genal y Guadiaro, pero las administraciones públicas provinciales  pasan olímpicamente de ellas. Ambas ramblas fueron abandonadas a su suerte, que no es otra sino recibir la ponzoña de vertidos sin que nadie mueva un dedo para restablecer  la limpieza de sus cauces, otrora no solo abundantes y fríos, y por ende saludables,  sino sin mácula de contaminación alguna. Fueron aptas  para el baño, y el que esto escribe puede dar fe de ello: aprendió en sus aguas cristalinas a nadar durante los años de la niñez, lo que no dejaba de ser un placer, al que se sumaba el de la captura de cangrejos o la pesca del barbo bien conocido como ibérico (luciobarbus), de una abundancia extrema, lo que proporcionaba  el gozo de atraparlo. Algo que ya es imposible, fruto de la contaminación reinante en ambos cursos fluviales, a lo que hay que sumar el consiguiente daño que se les inflige a causa  del degradado ecosistema circundante.

El Partido Popular ha formulado en un pleno celebrado en la sede de la Diputación de Málaga sendas reclamaciones a la Junta de Andalucía  y al Gobierno de Sánchez que se conceda al río Guadiaro la atención que merece de manera y forma que se frenen  los vertidos contaminantes y cesen las tropelías que  arruinan y aniquilan  su cauce.

Fueron ambos ríos limpios y caudalosos en los cuales era un puro placer desfrutar de baños en los veranos que suelen ser tórridos en la Serranía de Ronda. Pero eran otros tiempos. Dejaron de suscitar la atención cuando los torrentes que los alimentaban fenecieron y sus aguas bajaron pobres y no pocas veces contaminadas. En las últimas décadas pasadas las escenas que cada verano se ofrecían  a la vista eran dignas del mejor pintor costumbrista. Ignacio Zuloaga, el maestro indiscutible del costumbrismo español, de pasar por sus riberas, hubiera captado con su maestría el colorido, la agitación y el bullicio de quienes bajaban de los pueblos limítrofes a gozar de un día de asueto y comilona, junto a tan cristalinas aguas. Hoy por hoy, hubiese renunciado a ese menester porque ya no ofrecen el menor atractivo para tan digna paleta.

El saneamiento integral de la provincia estará inconcluso hasta que no se materialicen las depuradoras que en su día- ya ha llovido- se previeron para los ríos Genal y Guadiaro, pero que nunca se llevaron a cabo pese ser declaradas de interés tanto por el Estado como por el ente autonómico andaluz. Si te vi no me acuerdo parecen decir ambas administraciones que  hacen oídos sordos, cada una por su lado, ante legítimas exigencias para que un problema arduo que incide en los pueblos de la Serranía de Ronda, sometidos a la arbitrariedad de responsables políticos que vienen jugando con sus intereses, se solucione de una vez por todas (iba a decir “de una puñetera vez”, que es lo que argumenta la vecindad que viene sufriendo la postergación  desde mucho tiempo atrás.

Los agricultores de la provincia de Málaga han levantado la voz para que las instituciones andaluzas tomen en serio la necesidad de agua de sus pequeñas fincas de regadío que jalonan el curso del río, el cual nace en la Serranía de Ronda, recibe los aportes de su hermano menor, el Genal, hasta desembocar en el Campo de Gibraltar en su búsqueda ávida del mar. Arguyen con razón que se puede aprovechar el excedente de aguas “respetando siempre el caudal ecológico necesario para subsistencia de la biodiversidad  existente”

  Si este río tiene capacidad para colmar las aspiraciones de los regantes de tierras bajas, es algo que nos alegra a quienes vivimos cercanos a sus orillas, pero consideramos que ha sufrido una gran transformación sobre todo en las inmediaciones con pueblos como Benaoján, Montejaque Jimera de Líbar o Cortes de la Frontera, los cuales pueden considerarse lugares altos del curso. Otra cosa son los aportes que reciba en latitudes bajas, que sí alegran, al parecer, el derrotero de sus aguas, que son copiosas y son las que se exigen para su aprovechamiento en zonas de regadíos.

El Guadiaro, otrora de aguas impetuosas incluso en verano, por lo menos entró en franca decadencia años atrás. Escasez de lluvias en el entorno, aportes de arroyos contaminados y la consiguiente transmutación geomorfológica del suelo verificaron su mutación y acabaron con su apogeo de antaño.

   El río a su paso por el término municipal benaojano, lugar donde transcurrieron mis años de niñez y mocedad, ejerció siempre una gran atracción para la vecindad. En sus limpias aguas se deslizaban a placer barbos escurridizos y rubicundos cangrejos. Era apto para la pesca de una y otra especie y en él me cobré mis primeras capturas con el entusiasmo propio de la temprana edad. Se bajaba hasta el río, sobre todo en los meses del estío, para disfrutar de un relajante baño en los múltiples “charcos” que jalonaban su curso; allí se remansaban las aguas, se tornaban profundas y no podían ser más propicias para los chapuzones reconfortantes y el bucear placentero.

  Los “charcos” del Guadiaro a su paso por el término municipal de Benaoján eran numerosos y se adaptaban a la edad del bañista a tenor de su edad. Creo que desde que la mía era muy corta y hasta que pude presumir de mozalbete ascendí río abajo y río arriba empezando por el “charquito de Emilia”, con aguas hasta las rodillas o poco más hasta llegar hasta el Charco del Túnel, profundo y turbulento; detrás quedaban otros en los que la vecindad se solazaba por las arenas de su fondo, lo cristalino de sus aguas o el paraje impresionante de adelfas, junqueras y mimbreras que los envolvía: Azul, Redondo, La Molineta, o La Fresnadilla, nacimiento de agua éste último en la que se podía apagar la sed y en cuyas inmediaciones se organizaban almuerzos y merendolas.

 Por desgracia estos remansos de paz fueron desapareciendo con el tiempo. Ni rastro de ellos quedó. Solo guarda su esplendor de antaño el Charco Azul, a los pies de la efigie de piedra del Gato, que da nombre a una cueva que constituye el más conocido distintivo del pueblo, al que presta vida el cauce del afluente Gaduares o Campobuche, que tanto monta. Sur orillas y aledaños continúan siendo propicios para, además del baño relajante, inverosímilmente frío, lugar propicio para comilonas festivas. 

Los más viejos del lugar ya no tenemos reparos en afirmar que “éste no es mi Guadiaro, que me lo han cambiado”. Nos asiste la razón por la visión decadente que el río ofrece, otrora vistosa y atrayente.” Los ríos son la vida que van a dar al mar, que es el morir”, cantó el poeta Manrique con pesadumbre. Nuestro Guadiaro languidece antes de llegar al piélago que lo acoge.

 ¿Culpables de esta sinrazón? Es posible que las lluvias que no son tan intensas y frecuentes como en la pasada centuria estén detrás, pero no hay que echar en saco roto la desidia de las administraciones locales que se mostraron remisos a tomar el toro por los cuernos de su regeneración.

 No se puede decir, empero, que sea un río del todo contaminado. No lo es hasta el presente. Pero si echamos de menos su imagen de lustros atrás. Solo nos queda el consuelo del Charco Azul a los pies de la Cueva del Gato, en esencia el mismo de siempre. Aguas limpias y frías y un paraje de peñas y vegetación envolvente que le siguen prestando la apariencia de un rincón casi paradisíaco.

 

 

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Másteres inflados y tesis dudosas
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José Becerra | 16-09-2018 | 10:39| 0

De Pepe
JG
Jose Becerra Gomez
  • Másteres inflados  y tesis dudosas

JOSÉ BECERRA

Es una guerra desatada en toda regla. Los másteres y tesis de los políticos encumbrados en  tela de juicio. Por unos y otros se enarbolan la bandera de las discordias y exigen que los oponentes esclarezcan si los que obtuvieron en su día se ajustaban al rigor y las exigencias académicas requeridas en  su momento. Con la dimisión de la ministra de Sanidad Carmen Montón, conocida la cuestión de la ilegitimidad de su Máster por plagiar, al parecer, buena parte lo que en el documento se plasma, han hecho saltar todas las alarmas en lo que se refiere a la realización de estos estudios por diferentes políticos de altos vuelos.

Las dudas se alzan ahora como sombra siniestra y amenazante sobre el presidente Sánchez. O sea, que se pica en lo más alto. El diario ABC afirma que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pudo plagiar en su momento, si no la totalidad de su tesis doctoral, sí buena parte de ella. La acusación tiene su intríngulis, ya que parece poner en evidencia el celo y las exigencias que venía reclamando para sus oponentes políticos en casos parecidos. Los expertos en estas materias, se supone que tras incisivos  estudios y luengos exámenes, hablan sin pelos en la lengua de “falta de integridad académica”. Se apunta por quienes han entrado a saco en la tesis cuestionada que aparecen por doquier corta-pegas, entre otras ausencias de rigor académico, los cuales ponen en solfa el valor que con el documento en cuestión se pretende.

Se está viendo en estos días que se han abierto la caja de los truenos en lo que toca a estos trabajos de los aspirantes al doctorado. Uno que anda como perplejo entre dimes y diretes de unos y otros y no sabe bien a qué carta atenerse en un asunto peliagudo que amenaza con desestabilizar los cimientos de un gobierno que accedió al poder hace cien días o poco más.

Se espera con interés el desenlace de esta cuestión que ha llegado a concitar el máximo interés no solo en España sino que traspasando fronteras ha llegado hasta  países extranjeros.  Quienes no hemos tenido acceso a este documento no poseemos elementos para enjuiciarlo y por tanto a poner en duda su validez ni juzgar el trabajo de sus autores. Sí sería conveniente exigir a los responsables académicos que los analizan y juzgan que extremen su precaución a la hora de estudiarlo y concederle el beneplácito por cuanto que podrían infligir daños irreparables a los examinandos como ahora acaba de ocurrir al ponerse en duda la honradez de alguien que como Pedro Sánchez rige los destinos de España, el cual acaba de refutar los asertos vertidos en su contra. Un gesto de éste que le honra y que dice mucho a su favor.

Sin embargo, dicho eso, habría que contraponer el hecho de que existan concesiones selectivas y que atañen al común de los estudiantes universitarios. Aquellos que tienen la imperiosa necesidad de acudir cada día a  clase, o no poder convalidar asignaturas de las que otros pasan alegremente, por no mencionar la obligación de presentar documentos que acrediten conocimientos adquiridos sin apelación posible, ni excusa o pretexto. Algo está fallando en las estructuras académicas que no dejan de alarmar al ciudadano de a pie, mudo testigo de   acontecimientos que atañen a “rebajas selectivas” que obran en detrimento del alumnado normal y corriente, el cual forma la inmensa mayoría de quienes se aposentan cada día en las aulas de su jurisdicción. Másteres inflados y tesis dudosas son hoy por hoy frecuentes, e importa poner remedio en  beneficio de todos.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.