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Autor: PepeBecerraGómez
Trágico final de Gabriel
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José Becerra | 16-03-2018 | 10:07| 0

Trágico final de Gabriel

 

España entera ha vivido con desazón y angustia la desaparición del pequeño Gabriel y luego la rabia y el dolor ante su muerte violenta presuntamente a manos de una despiadada y cruel homicida que en todo momento, en la exhaustiva búsqueda de las fuerzas del orden y vecinos, se mostró tranquila pese haber cometido tan horrendo crimen. Acabó la vida, presumiblemente con la frialdad que en todo momento ha mantenido ante los medios, de un inocente con pocos años de existencia en este mundo. Si todos los crímenes nos parecen execrables, este último a todo buen nacido nos ha parecido horrendo en grado sumo. Ha sido este día en el que se supo el trágico final del muchacho uno de los más negros de cuantos pueden sacudir la conciencia de un país, que en este caso por su horripilante acaecer ha removido la conciencia y la rabia de todo bien nacido. Ante este hecho luctuoso que ha ensombrecido amargamente al país, el cual ha seguido con la conmiseración consiguiente la pesadumbre y el dolor incontenible de los padres del muchacho asesinado, cabe preguntarse si esa pretendida iniciativa de desterrar la prisión permanente revisable que abanderan PSOE, Podemos y PNV, con el beneplácito soterrado de Ciudadanos, tiene razón de ser en contra de los deseos del Partido Popular que opta por mantenerla e incluso agudizar el alcance de sus prescripciones. Se pretende hacer oídos sordos a la ingente cantidad de firmas – 2 millones- recogidas por los padres de Diana Quert y Marta del Castillo, quienes persiguen el mismo fin de no ceder ante la presión de los partidos que se oponen a su derogación. Acabar de manera violenta con la vida de un semejante no puede sino exigirse para quien ejecuta el criminal acto la máxima pena sin cortapisas para llevarse a la práctica, obedeciendo solo las normas hasta ahora establecidas en tiempo y forma tendentes a una reinserción en la sociedad con plenas garantías en el futuro de la salvaguarda de sus congéneres.

  

 

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Imperecedera artesanía rondeña
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José Becerra | 11-03-2018 | 9:46| 0

Imperecedera artesanía rondeña

 Que nadie  se llame a engaño: la artesanía rondeña no ha muerto. Cierto es que los artesanos de la Ciudad del Tajo se puedan contar con los dedos de la mano, pero ahí están, dando muestras de su saber ancestral heredado en buena hora de sus padres y abuelos para dar testimonio de un arte que tuvo sus orígenes en las familias y que se desarrolló dentro de las paredes de sus modestas  moradas.

  Las tradiciones del pueblo enquistadas en el devenir de los siglos llegan hasta nuestros días guardando fielmente las esencias de un hacer y  modelar que sientan sus bases en unas manos expertas capaces de infundir a sus obras ese hálito de lo tradicional capaz de transportarnos a otros tiempos y a distintas circunstancias históricas. Todo  sin renunciar a la esencia del sentir de los artífices de este arte – que lo es sin la menor duda – capaces de hacernos retrotraernos a momentos y espacios finiquitados con trabajos que fueron imprescindibles en la vida cotidiana de la gente pero que adquirieron la valía de todo lo que es producto de la imaginación creadora y el afán de superación personal.

Los canales comerciales sólo en parte acogen la producción artesanal, si bien en Ronda existen tiendas especializadas donde se exhibe y están al alcance de quienes se sienten interesados por objetos creados  a mano por estos artífices.  Contra viento y marea mantienen su quehacer despreciando las técnicas modernas de producción en serie que tanto desvirtúan lo que es intrínsico al sentir popular serrano en cualquiera de sus múltiples manifestaciones. Tampoco faltan quienes en ratos libros se entregan en cuerpo y alma a dar rienda suelta a su espíritu creativo dando forma a pequeñas obras de arte, sea cualquiera la materia prima utilizada, con el único fin de satisfacer sus inclinaciones artísticas ya sea para adorno del hogar,  ya para que sirvan como  presente a sus amistades y allegados.

   El recurso a la madera, particularmente a la de olivo al que se le tributa poco menos que veneración en la comarca,  es proverbial entre los artesanos rondeños. Recurriendo a ella se fabrican muebles con la pátina de lo antiguo respondiendo a la demanda de quienes desean adornar sus hogares con los elementos que hablan de prosapia y de una alta consideración social.

   El mueble rondeño le disputa preeminencia a cualquiera otro fabricado en las distintas regiones andaluzas y españolas. El mueble rondeño ofrece hechuras que les son propias a los artesanos de la comarca. La madera artísticamente labrada brinda, además de muebles, útiles y objetos de adornos, además de instrumentos de cuerda codiciados por músicos de los más distintos pelajes. No es casual en este contexto que fuera el m rondeño Vicente Espinel,  eximio autor de la novela picaresca Vida del escudero  Marcos de Obregón, quien añadiera la quinta cuerda a la guitarra; instrumento musical éste de reconocido prestigio por su equilibrado sonido  y viveza. Marquetería y taracea, procedimiento éste basado en insertar particularmente en la madera pequeñas piezas de un material cualquiera – incrustación – con fines decorativos.

   Más abundante si cabe que la madera merece especial mención la alfarería. Expertos anónimos que conocieron todos los secretos de la modelación de la arcilla previo endurecimiento por cocción de este material terroso  nos legaron artísticas piezas de cerámica primitiva o de  carácter popular hoy exhibidas en museos arqueológicos, o dedicadas a la decoración de interiores.

  ¿Y qué decir de la orfebrería rondeña, una  categoría artesanal que traspasó fronteras por su originalidad y remoto  abolengo? ¿Qué constructor o decorador  que se precie a la hora de diseñar una vivienda, una fachada o un interior  de los que se esperan responda a  cánones añosos o de noble raigambre prescindiría de la forja de rejería rondeña? Maestros especializados – herreros, fundidores y forjadores-  mantienen la tradición de tiempos finiquitados que beben la influencia de los trabajos comunitarios que se iniciaron en los tiempos de la conquista de la Península durante la etapa  la Roma Imperial y que han perdurado con altibajos hasta nuestros días. No hay más que darse un paseo por la variopinta calle de la Bola para admirar estos trabajos de forja en   las ventanas de algunos de sus edificios emblemáticos. Rejas, faroles,

   Tampoco se queda atrás Ronda y su comarca aledaña en la artesanía que se elabora con filamentos vegetales. En la ciudad y en los pueblos que la circundan y bajo su influencia permanecen se sigue echando mano a la palma, el mimbre, la pita o las varetas de los olivos, entre otras fibras para confeccionar infinidad de útiles, enseres y objetos de uso diario para uso propio o la venta callejera.   

    Canastos, cestas, serones para las bestias de carga, capachos para el transporte de los productos de la huerta, abarcas, soplillos para los braseros de carbón, esportillas para albañilería, talegos, soportes para macetas, apliques… Un sinfín de enseres que siguen los cánones de las labores tradicionales y que sirven las necesidades más perentorias del hogar y  el trabajo en el campo o la ciudad, además de satisfacer el gusto y el apego por las cosas hechas a mano que proporcionan todo el placer de la recurrencia a objetos alejados de la producción en serie y la mercadería habitual y omnipresente.

   Igualeja, a dos pasos de ronda, sobresalió en la fabricación de artículos de cuero, los cuales pasaban a ser comercializados en Ubrique, el de las Petacas (Cádiz). Hasta la Ciudad del Tajo llegan desde los pueblos limítrofes las labores de talabarteros como las sillas de montar o los arneses que lucen corceles  en la feria septembrina. Alazanes que arrastran  calesas en las que lucen sus encantos las Damas Goyescas o dibujan alegres cabriolas,  obedientes  al   bocado que dirige sus pasos merced al antojo de  jinetes  ataviados a la antigua usanza vaquera.

   Es cierto, buena parte de las labores artesanas rondeñas abandonaron los hogares en las que permanecieron durante siglos y fueron a parar a salas de museos o las vitrinas de coleccionistas donde ahora se guardan celosamente. Pero todavía existen tiendas de antigüedades  de Ronda donde pueden sorprendernos con objetos hechos a mano  que salieron de hornacinas  polvorientas muchos años atrás y que hoy suponen  un regalo para la vista y un tesoro para quienes andan en pos de rarezas para su propia satisfacción y lucimiento personal. Imperecedera   artesanía rondeña que los siglos legitiman como única en el ancho mundo.

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Pensionistas en pie de guerra
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José Becerra | 07-03-2018 | 10:00| 0

Los pensionistas toman la calle

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Andamos los pensionistas cabizbajos porque bien mirado la hucha de las pensiones que cada mensualidad nos permite un  respiro (cada vez más entrecortado y efímero, todo hay que decirlo, porque el aumento anual de la percepción es extremadamente exangüe) se muestra  a ojos vista raquítico a más no poder. Se suele decir que quien avisa no es traidor y no podemos considerar como tales a quienes desde todos los medios de comunicación – radio, prensa y televisión – sesudos economistas nos advierten de  que el porvenir del susodicho receptáculo se presenta más que sombrío tenebroso del todo. Pedro Sánchez, en sus más recientes apariciones públicas – pocas, hay que decirlo, que el líder socialista parece estar perdiendo comba tras el fracaso de la formación en Cataluña- viene reclamando un serio pacto sobre las pensiones. Asegura que si no se lleva a cabo serán pura entelequia para nuestros hijos y nietos. “Que deje de engañar a las personas mayores” ha dicho poco menos que a voz en grito en un claro alegato en defensa de los pensionistas paupérrimos merced a los designios del Ejecutivo de Rajoy.

Y es que ahora, coincidiendo con el inicio de año, el Gobierno central estableció por decreto que las pensiones aumentaran un 0,25 por cierto. O sea, una cantidad irrisoria a todas luces que a los sumo sirve para comprar una bolsita de pipas en el quiosco de la esquina. Si cotejamos el salario mínimo interprofesional que asciende a poco más de 735 euros al mes nos encontramos para aflicción de los pensionistas de poca monta, entre los que me cuento para mi pesar, que lo se nos concede nada graciosamente el papá Estado es inferior a esa cantidad calificada por nuestros sesudos político como “imprescindible” para vivir con decoro. Alrededor de 150.000 pensionistas malagueños tenemos que conformarnos sin rechistar a recibir una cantidad inferior a ese salario interprofesional señalado de por sí considerablemente menguado para afrontar las necesidades de cada día, que no son pocas en familias poco menos que menesterosas.

Los pensionistas de las principales ciudades españolas se han echado a la calle para reivindicar a voz en grito una subida honrosa de sus desmedradas pensiones más allá de ese misérrima subida que es lo acordada por el gobierno central. En Madrid, ciudad de la que se dice es rompeolas de todas las Españas, sin enfrentamientos con los agentes del orden público, pero sin arredrarse por la presencia de éstos en las inmediaciones del Congreso, quisieron dejar claro sus justas reivindicaciones. El colectivo agrupado ante la sede en la que asientan sus reales quienes nos gobiernan dejó bien claro que la pérdida del poder adquisitivo de sus mermadas pensiones les obliga a llevar una vida poco menos que miserable ante el hecho indubitable del aumento del coste de los elementos vitales para la subsistencia.

Tampoco los pensionistas malagueños extorsionados por la sensible pérdida de esa facultad que les permite afrontar las necesidades diarias se quedaron en sus  casas: hicieron acto de presencia en la calle para sustentar una reivindicación que sacude  estratos sociales que en estos días demuestran su poder de convocatoria en la vieja ‘piel de toro’ esa de la que hablaban los clásicos autores de la España pretérita que no se doblegaba ante injustas imposiciones.

Los pensionistas de aquí y allá, que sufren las imposiciones que vienen de arriba han desenterrado el hacha de guerra, hartos de las incurias a las que se ven sometidos. Razón nos le falta en esta lucha desigual que hasta ahora eran ellos los vencidos y postergados injustamente.

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El espeto malagueño reclama reconocimiento universal
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José Becerra | 02-03-2018 | 2:06| 0

El espeto malagueño reclama reconocimiento universal

¿Quién disfrutando de un día de asueto en las innumerable playas de la costa malagueña no se ha sentido atraído y caído en la tentación de degustar un plato de sardinas previamente sometidas a las brasas? El espeto malagueño es todo un arraigado símbolo malagueño de nuestras tradicionales culinarias que ha venido cautivando a quienes investigan todo aquello que resulta sustancial con una región o comarca de nuestra ancha y prolífica España en las que tantos usos y costumbres arraigaron desde la noche obscura de los tiempos.

La Comisión Cultural del Senado aprobó días atrás una propuesta que no podía ser más bien recibida de cuantos conceden capital importancia a las costumbres y tradiciones inveteradas en el suelo patrio mantenidas a capa y espada por quienes forman parte sustancial de ellas.

Una tradicional manera de preparar las sardinas cuando todavía conservan el hálito de las profundidades marinas, y que se pretende le abra sus páginas el libro que acoge a cuantas realidades y hechos son dignos de figurar en unas páginas en las se refleja todo lo insólito que sobre cultura popular florece y se populariza en el ancho mundo. Compendio que lleva el membrete de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, ahí es nada, que custodia y ratifica la Unesco y que acogerá, por iniciativa de miembros de la Cámara Alta, un plato netamente playero y español, el espeto de sardina, que merece figurar con todos los honores en ese privilegiado catálogo de rarezas de todo tipo mantenidas en el mundo para asombro de quienes lo inspeccionan con fruición.

La noble faena de los espeteros malagueños figurará con todos los honores en el sumario al lado de otros elementos españoles como El Misterio de Elche, El Silbo Gomero, El Consejo de Hombres Buenos de la Huerta de Murcia, El Tribunal de las Aguas de la Huerta de Valencia, o el Cante Flamenco, entre otras particularidades sin parangón en el conjunto de países del mundo mundial. Una vez afirmada la pretensión lo que importa es que llegue hasta el Gobierno y éste la reafirme en os foros internacionales.

No será fácil el proceso, pero lo que importa es que ya se ha puesto en el camino adecuado para conseguir un final feliz. Espeteros y chiringuitos, alineados en nuestras costas malagueñas de norte a sur, están de enhorabuena por esta iniciativa: sus imágenes tan representativas de lo nuestro se expandirán por doquiera en cuanto sean acogidas como Patrimonio de la Humanidad. Un atributo único e intransferible éste de los muchos que ofrece nuestra variopinta región costera malagueña. La reclamación efectuada no lleva visos sino de prosperar.

Foto: blogs fuerte, hoteles,

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El periódico de cada día
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José Becerra | 25-02-2018 | 12:02| 0

 

El periódico de cada día

JOSÉ BECERRA

No faltan sombríos agoreros que predicen el fin no muy lejano de la letra impresa, el crepúsculo indubitable del negro sobre blanco, ya sea en las páginas de un libro, ya en las de un periódico. En la meteórica carrera de las tecnologías de la comunicación, el caballo desbocado de Internet nos depara cada día avances impensables. La era digital enseñoreada de editoriales y redacciones trastoca por día conceptos que se creían firmes e inalterables.

Hablar de letra impresa, libro impreso, periódico impreso era hasta ahora redundante por lo obvio.  Ahora no, ahora se impone la distinción necesaria, inapelable. ¿Libro o diario impreso o libro digital?  ¿Desplegar las páginas del rotativo preferido o irse a la página escogida a golpes de obediente ratón? ¿Caerá la galaxia  Gutenberg aplastada por la invasión desbordante de la era virtual?  ¿Tendremos que adiestrarnos en aprender de memoria la Divina Comedia o El Quijote como lo hicieron los protagonistas de Fahrenheit 451 porque no habrá otro medio de reproducirlos y que esté más a la mano si no es por el frío e impreciso impulso de un teclado?

Siempre habrá quien se resista al cambio, quien prefiera el regodeo de comprar un libro, eligiendo entre centenares de títulos – hojeándolos todos, sopesándolos, calibrando la perfección de la impresión o sus defectos  de premura, sintiendo el tacto limpio o ajado de su cubierta si nos acercamos a una librería de novedades o a otras de viejo, tan sugerente, tan sugestiva… -, aquél que responde a la apetencia del momento. Sentirlo bajo el brazo y empezar su lectura en el momento escogido, abandonarla y volver a ella, subrayar el párrafo que nos llamó la atención, señalar la página a la que será precisa volver… No, no me privarán de este placer, por mucho que se soplen los  nuevos vientos.

Tampoco de acercarme cada día al quiosco a comprar el periódico y regocijarme como las cabeceras de disputan el espacio de exhibición, que cada vez es menor y comparar ofertas y promociones que cada vez son mayores. La película, el fascículo, la pieza de colección, que hay que agarrar al lector, que dicen las estadísticas que no andan muy equiparados, tirando a la baja, con los que aparecen en las listas europeas.

Llegué para mi pesar a la edad longeva,  pero he tenido la suerte de que un periódico, que no siempre fue el mismo, llegase con la regularidad de lo inmarcesible a mi hogar. Y si no llegó, lo busqué – en las bibliotecas, al grito de homosexual el último, en el bar de la esquina teniendo que soportar las miradas de inquina de quienes no pudieron adelantarse, cuando  no era yo quien las emitía por el contratiempo de llegar tarde– para leerlo en silencio o con el telón de fondo del humo de los churros y el sonido de las cucharillas impacientes del primer desayuno.

Foto autor:  Periodista digital

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.