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Autor: PepeBecerraGómez
Parón al Pacto de Toledo
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José Becerra | 23-02-2019 | 10:41| 0

Parón al Pacto de Toledo

JOSÉ BECERRA

Desde el Gobierno, ahora en funciones, se quiere dar por sentado que el tan traído  y llevado Pacto de Toledo todavía puede llegar a buen puerto. Ha sido la ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio, quien ha afirmado que “antes de las elecciones se puede llegar a un acuerdo que venga a propiciar una solución a la demanda”, esa que mantiene en vilo a los millones  de pensionistas – entre los que me cuento, dicho sea de paso – a satisfacer su necesidad de mejoras en sus escasas retribuciones mensuales. A lo que  cabe objetar que si el acuerdo no llegó a cristalizar hasta ahora, cómo se espera  que se consiga  cuando lo que de verdad les importa a quienes nos gobiernan no es esta  cuestión. Ante la convulsión de los comicios que se avecinan, lo que de verdad les preocupa es la forma de encandilar a la plebe para que procure su permanencia en el poder,  o que se apoye  a quienes, fuera de él, aspiran a gozar de las mieles de ejercerlo.

Pareció que remontaba el anhelado Pacto, pero el gozo en un pozo para los miles de pensionistas  a los que no nos cabe la camisa en el cuello  contemplando cómo los responsables políticos retrasan o eluden ahora atajar el problema, por mucho que la ministra trate de mantenernos en la esperanza de solucionarlo. Habrá que esperar, aunque  no lo digan abiertamente, pero es lo que se presume contemplando sus `dimes y diretes ‘ que  nos hacen presagiar que el problema va para largo.

Se yergue ahora sobre las cabezas de quienes esperan que se legisle sobre las pensiones la decisión de los opositores al PSOE de poner trabas  impuestas sobre una decisión que vendría a serles provechosa     de cara a las elecciones que están al caer:  estas concesiones  a darían  pábulos a sus pretensiones, algo que el resto de partidos, y sobre todo el PP, no están dispuesto a conceder.

Por otra parte y pese a que el PSOE trate de hacer un brindis al sol haciéndonos ver que es posible llevar a buen puerto el Pacto de Toledo, a nadie se le escapa que es solo eso: dejar constancia de que el equipo de Sánchez intenta llevar a buen puerto el famoso pacto toledano, pero que no le dejan, en esta caso; y sobre todo, también por la negativa de Podemos  a secundar sus propósitos al respecto dado que sus apoyos han sido infructuoso:  ahora desea caminar  a solas en vista de que su alianza con los socialistas no les han concedido los resultados halagüeños que esperaban.

Entre  unos y otros andamos los pensionistas cabizbajos porque bien mirado – y esa es otra cuestión que nos exacerba el ánimo –  la hucha de las pensiones que cada mensualidad nos permite un  respiro (cada vez más entrecortado y efímero, todo hay que decirlo, porque el aumento anual de la percepción es extremadamente exangüe) se muestra  a ojos vista raquítico a más no poder. Se suele decir que quien avisa no es traidor y no podemos considerar como tales a quienes desde todos los medios de comunicación – radio, prensa y televisión – sesudos economistas nos advierten de  que el porvenir del susodicho receptáculo se presenta más que sombrío tenebroso del todo. Pedro Sánchez, en sus apariciones públicas antes de acceder a la jefatura del PSOE reclamaba a voz en grito un pacto sobre las pensiones.Aseguró en su día que de no llevarse a cabo y se diesen alternativas a las que aunque fuesen paupérrimas retribuciones el sistema podría saltar por los aires. Ahora, con el paso del tiempo, el temor se hace más patente.

Los pensionistas de aquí y allá, que sufren las imposiciones que vienen de arriba han desenterrado el hacha de guerra, hartos de las incurias a las que se ven sometidos. Razón nos le falta en esta lucha desigual que hasta ahora eran ellos los vencidos e injustamente postergados. Solo nos queda el recurso de la voz en grito para reclamar a los políticos indolentes derechos que nos son  inalienables,  y que el famoso Pacto de Toledo no se quede estancado en el cajón del olvido con respiración asistida como hasta ahora y casi exánime  del todo.

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Interregno
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José Becerra | 19-02-2019 | 11:45| 0

Interregno

JOSÉ BECERRA

Pocas veces, por no decir nunca, por lo menos en la historia reciente de esta España  nuestra, se habían perfilados bloques  tan nítidos de cara a las elecciones que por fin, el ya presidente en funciones, Pedro Sánchez, acaba de anunciar para el 28 de abril. Esta así a la vuelta de la esquina que un nuevo inquilino siente sus reales en la Moncloa, o que lo diga haciéndolo  quien hasta ahora ostentaba ese honor, que cosas más difíciles y peregrinas  se han visto en el seno de la política del país. Se perfilan dos bloques antagónicos enfrentados con nitidez, si es que se mantienen los lazos que a entrambos han venido cohesionando en los últimos tiempos: por un lado se erige el PSOE, a quien las encuestas del  más variado pelaje dan como vencedor de los comicios, si es que cuentan con el beneplácito de Podemos para sumar una mayoría, suma ésta problemática para alzarse  con el triunfo dado el desplome que las huestes de Pablo Iglesias viene ofreciendo a ojos vista, a lo que habría que sumar la desafección  de los separatistas catalanes, todavía sin resarcirse del golpe asestado por  Sánchez, quien les volvió las espaldas despectivamente, como se ha visto al filo de los últimos acontecimientos vividos en  el seno del suelo patrio. Enfrente,  nos encontramos con el dique que a este ya presidente del Gobierno destronado forman PP y Ciudadanos con el apoyo de Vox, que a nadie se le escapa que desean  reeditar  el zarpazo que en Andalucía ocasionaron a Susana  Díaz y el arrinconamiento del PSOE, por mucho que Rivera y los suyos miren de reojo, no muy complacidos con la presencia y el auge indiscutible de VOX, contra el que no ocultan una malquerencia más o menos encubierta. Pero el presidente ahora mismo de un Gobierno en funciones, tras el revés que sufrió en vía  parlamentaria, no se achica: no va con él esta actitud. Las circunstancias adversas  empujan e nuevo a Sánchez   a no tirar la toalla en el pugilato político y partidario que ya en un hecho; es más, su talante personal y político le presta alas para que pueda soñar con una victoria en la desigual y campal  batalla que se aproxima en busca del voto que se diagnostica será el más versátil en los comicios ahora anunciados. No se amilana ni achica y confía en el berrinche de la izquierda por la caída del Gobierno en el que cifraba todas sus esperanzas le suba en volandas a golpe de voto emitido en su favor. Solo que ahora no esgrimen  sufragios quienes les son de antemano adeptos a su causa, sino todos los españoles: en la formación de gobierno va a contar, y de qué manera, la segmentación del panorama llamado a las urnas. La fragmentación de las apetencias hacia uno u otro color político dibuja un mapa bien fragmentado. El interregno en la presidencia del gobierno  al que nos encontramos abocados, por la ambivalencia de quienes son sus protagonistas, no deja de ser inédito en la historia de esta España nuestra que nos va tocar  vivir en los próximos meses. Una refriega electoral que no tiene precedentes por la situación de quienes se aprestan a esa  batalla campal que  ya ha empezado y por la que sus protagonistas velan armas, si no es que ya la desenterraron y las esgrimen sin miramientos.

 

 

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Un editor de vocación en la Serranía de Ronda
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José Becerra | 12-02-2019 | 10:32| 0

 

 

Un editor de vocación en la Serranía de Ronda

JOSÉ BECERRA

Tal vez no se pueda decir que la editorial La Serranía de Ronda, por emplear términos marítimos,  haya navegando siempre “viento en popa y a toda vela”, que en su caminar ha venido encontrando a veces ese mar de los Sargazos ( piélago   que dificulta el avance de las naves, como saben), que ha ralentizado su marcha desde su fundación décadas atrás. Pero los escollos que han venido apareciendo en su andadura, su fundador, José Manuel Dorado, ha sabido sortearlos con consumada maestría. No se amilanó ante tiempos adversos, y si bien con menor intensidad que en otras épocas anteriores, la editora sigue funcionando: la nave, que  nunca se varó, continúa surcando el piélago  empeñada en poner en manos de lectores todo lo que es significativo de la Ronda milenaria y los pueblos  de su entorno. Es mucho lo que pueden ofrecer de entrañable y enigmático, y el editor rondeño ha sabido trasladarlo, merced a su trabajo de impresor a través de  cuidadas ediciones que siempre gozaron de la aceptación de su público.

Ronda y la Serranía que la circunda han dado figuras de relieve para la posteridad: pintores famosos, poetas egregios, escritores de alcurnia… A la relación de célebres  rondeños que lograron, en sus diversos menesteres, poner una pica en Flandes, habría que sumar la figura de alguien que ha sabido granjearse la estima por la calidad de los libros que han venido viendo la luz  desde muchos años atrás, merced  al  buen hacer de  impresor excepcional. Si escribir exige dedicación y  esfuerzos y pone a prueba tanto la imaginación como el docto bagaje del escritor, no menos entrega, sabiduría y buen hacer se requiere para el fiel desempeño del oficio de editor. Son las virtudes estas últimas la que adornan la figura de José Manuel, fundador de la  “La Serranía”, una empresa editora que es un referente indiscutible en el quehacer impresor de la provincia de Málaga. No se tenían noticias de que en la ciudad haya existido una editorial  parecida, y  sobre todo, en el caso de que las hubiese en épocas pretéritas seguro que no alcanzaron nunca la calidad en la edición de libros de que aquí y ahora salen de las linotipia de este editor de oficio y vocación ejemplar. Un trabajo arduo que este editor de vocación ha sabido soslayar con entereza y plena dedicación a su menester, que no ha sido otro que dar a conocer los méritos que de toda índole encierran  la mítica Ronda y su no menos afamada Serranía.

Ronda, alta y señorial, no se concibe sin algunos de los aspectos que fueron labrando  su  trayectoria histórica, social, política y económica. Sin sus palacetes linajudos,  recatados conventos, vetustas iglesias y edificios solariegos no sería Ronda,  si no otra ciudad ilustre de las muchas que se levantan en el viejo  solar de la Andalucía antigua y moderna, pero no Ronda. Tampoco sería la Ciudad del Tajo, ni la del Puente Nuevo, ni la de la Puerta de Almocábar, ni la de los Baños Árabes si algunos de estos monumentos le faltara o no se hubiese recogidos por panegiristas ilustres  y avezados relatores de tanta belleza encerrada entre sus murallas o en el largo recorrido de  calles y avenidas históricas. Y por supuesto sería otra sin el Templete de la Virgen de los Dolores, la Posada de las Ánimas, la Fuente de los Ocho Caños o el Palacio del Rey Moro y la Mina…,  por no mencionar sino de pasada todo aquello que la impregna y da sentido a su genuina apariencia.

   De toda esta riqueza monumental y entrañable  la editorial La Serraníase hizo eco facilitando la publicación de obras cuyo contenido respondía a ese ideario variopinto y fructífero en sus resultados  de dar a conocer a los cuatro vientos cuanto de magnificente se encerraba en la ¨Ciudad Soñada` del poeta Rainer  María Rilque, inmortalizada expresión que de  tan de manera cierta evoca sus imperecederos encantos.

   Otro tanto se podría decir de las verdades y leyendas que se tejieron en torno a sus caminos transitados por avezados contrabandistas y bandoleros célebres, y que hoy componen el caudal mundialmente reconocido que alimenta el  conjuro de la Ronda romántica. De todo ello  se hizo puntualmente  eco la editorial La Serranía dando cabida a los manuscritos de  una pléyade de autores  oriundos de la Serranía o avecindados en ella,  que recalaron en la realidad cambiante e insólita de la ciudad y su entorno.

Historiografía y  personajes célebres, gastronomía, costumbres, arte,  tradiciones y, sobre todo la descripción de paisajes, senderos, vericuetos  y caminos laberínticos e imposibles fueron perfilando  el catálogo de una editorial, paradigma de empresa familiar, que trató con la mano de sus autores,  de ahondar- y lo logró con creces – en el meollo de la Ronda eterna, impasible al paso de los siglos en estos aspectos, pero cambiante en cuanto lo  imponía el desarrollo vivido  en los últimos tiempos sin anclajes en el pasado.

Vencidas las dificultades, que no fueron pocas y que llegaron a paralizar su maquinaria, La Serranía, otrora pujante, volvió por sus fueros. Continúa la actividad computadoras e impresoras y el tufillo a tinta se expande de nuevo por sus instalaciones.  Los avatares adversos no lograron silenciarla. Que no se doblega fácilmente la vocación de un editor de acendrada vocación y entrega al oficio de manera tenaz.

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Barbarie en la Alameda de Ronda
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José Becerra | 08-02-2019 | 1:33| 0

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Barbarie en la Alameda de Ronda

JOSÉ BECERRA

Todos los pasos de los rondeños y de quienes desde pueblos cercanos vienen a Ronda por las más variadas cuestiones, conducen en según qué hora del día al Parque de la Alameda. Aquí se viene en busca de paz y tranquilidad en no importa qué hora del día, apartado de la bulla callejera y para perder la vista en horizontes lejanos que hablan del recoso entorno de la “ciudad soñada” de Rilke. Recuerdo de los años de mi niñez que mi madre, en viajes que desde el próximo Benaoján me llevaba hasta Ronda ya para comprar mis zapatos nuevos o la indumentaria que habría de lucir en las fiestas patronales locales, siempre me llevaba a este parque a la mediación del día para reponer fuerzas con las viandas de rigor tras buscar la sombra más apropiada  a este menester

Luego con el paso del tiempo supe que el nombre del lugar de mis regodeos infantiles originario era el de la Alameda de San Carlos y que su emplazamiento se sitúo junto a la Plaza de Toros y bordeando la imponente cornisa del Tajo con la idea de que estuviese perfectamente incardinada en la ciudad. Después, en el transcurrir de los años, mis visitas a tan singular paraje de belleza y relajación se hicieron tan frecuentes como fueros mis visitas a la villa. Acabados mis asuntos en la vorágine de la ciudad y en espera del regreso a mi pueblo natal allí me solacé disfrutando de su arboleda y las vistas que desde sus balconadas me permitían gozar de horizontes lejanos con el fondo enigmático de la Serranía de Ronda, tan eterna como misteriosa, dicho sea de paso, y que encandila a propios y extraños.

Siempre se me antojó un lugar idílico y de remansada paz. Lugar pintiparado para la relajación y el sosiego interior no pocas veces enturbiado en el devenir diario de una ciudad bulliciosa que aquí siempre tuvo su rincón de remanso. Mi lugar de recreo placentero y calma pintiparada  desafía al tiempo y no menos con sus alturas desmedidas hacia el mismo cielo,  el cedro de Himalaya o  la acacia de tres espinas, un corpulento ejemplar botánico que puede alcanzar los 40 metros y caracterizado por su corteza lisa y agrietada y sus verdosas hojas  filamentosas. Se yergue soberbio junto al viejo estanque de los patos, un lugar en el que siempre gocé de  momentos que ahora en la vejez añoro no pocas veces.

Pero el paseo no se circunscribe a este para mí idílico lugar sino que continúa bordeando la cornisa que desemboca en el hotel Victoria marcando los límites de un paseo, el de “Los Ingleses”, que ofrece panorámicas de bellezas indescriptibles para venir a morir en el “Asa de la Caldera”, caprichoso monumento natural donde los haya en la ciudad.

Este Parque con carismáticas vistas que se me antoja tiene mucho que ver con la fisonomía de nuestra  Ronda milenaria y eterna no siempre ve transcurrir el paso del tiempo en paz y armonía. Ocurre que a veces sufre el ataque de energúmenos incontrolados que lo hacen objeto de vandálicos ataques como los que se denunciaron días atrás y que se cebaron  en su mobiliario, amén de las pintadas que desfiguraron parte de su entorno. Importa y mucho que se se extreme la vigilancia en tan emblemático lugar, paradigma de  belleza natural y lugar en el rondeño y visitantes ocasionales cifran su bienestar en momentos de asueto. La barbarie de algunos debe ser motivo para extremar las medidas de protección que lleven a erradicarla de plano.

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Ronda gélida
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José Becerra | 04-02-2019 | 11:21| 0

Ronda gélida

Puente Nuevo

 No hizo aún acto de presencia la nieve en Ronda. Pero es de esperar que sin continúa la inestabilidad  térmica que ahora embarga a media España, venga a azotar la ciudad y sus pueblos limítrofes como no ha sido raro que ocurra en años anteriores por estas mismas fechas. La ciudad del Tajo se muestra hasta ahora indemne de los azotes de la atmósfera gélida que la sueñe envolver por esta época del  año en forma de los copos blanquecinos, un  tributo  ha de pagar a su emplazamiento arrogante en una alta meseta en torno a la que se alinean las diversas cadenas de montañas que hacen de ella el centro natural de la comarca. Rodeada de un colosal anfiteatro de cumbres, su posición en una altiplanicie, no es raro que la nieve venga a poner albo color en las techumbres de sus edificios.

   El manto níveo que hoy por hoy se extiende por el país desde Despeñaperros para arriba no ha hecho aún acto de presencia. Algo que el intenso frío que nos azota de manera inclemente puede propiciar que esto ocurra y sin mucha dilación.El viento gélido que sí se adueña de la ciudad y filtrea con las altas cúpulas de sus iglesias y edificios civiles de más alto porte no es raro que se tiñan de “blanco armiño”, que diría un poeta ramplón,  más temprano que tarde.

   Todavía no se  muestra con todo su furor, que el frío y las nieves no han hecho sino amenazar, pero continúan sin presentar férrea batalla. Primero serán los picos de las sierras, macizos escarpados que anteceden a Ronda por la carretera que por San Pedro la une a la costa malagueña, los que se vestirán son el blanquecino ropaje. No tardarán en hacerlo, que el invierno envió ya  sus heraldos anunciadores bien provistos de adargas y afiladas lanzas que aguijonean la piel y entrecortan el aliento.

   El `Arunda fortis et fidelis` campea en el escudo de la ciudad de Ronda desde que, mediados el siglo XV, cayera en manos de los Reyes Católicos, que pusieron fin por entonces al reino nazarí. Fuerte y fiel, dice bien en letras de oro. Habría que añadir otros adjetivos menos señoriales, pero igualmente certeros. `Ronda, alta y fría´ también describiría a la ciudad soñada de Rilke. Ronda meseteña, erigida sobre la planicie sin proximidad inmediata de sierras o montes que la cobijen o sirvan de valladar al frío norteño. Cuando se deja sentir, fino y lacerante,  rasga la piel como fino bisturí y hiela el aliento.

    “Ponte la bufanda y abrígate bien que en Ronda hace mucho frío”, solía decirme mi madre solícita. Cuando pensaba dejarme caer por la ciudad, años atrás, en mi edad impúber, ascendiendo hasta ella desde uno de los pueblos que hacina sus casas a la querencia del Guadiaro, el consejo era necesario y bien recibido. Efectivamente, en días crudos de invierno, en Ronda hacía más frío que en cualquiera otro lugar de la comarca. Titiritaba uno en el Puente Nuevo, seguía la tiritera corriendo de arriba abajo la calle de La Bola y castañeaban los dientes en la estación de RENFE cuando se disponía el regreso. ¡Dios, qué frío hacía en la estación! Lejos todavía el despliegue de carreteras y la utilización de los automóviles un destartalado andén y un no menos desabrido tren prolongaban el frío hasta llegar y refocilarse al amor del hogar.

    Me vienen estos recuerdos callejeando por la Ronda de hoy, sumida en el frío que abate a la Península por entero. Como era de esperar, aquí cuando sopla el relente lo sigue haciendo de verdad. Lo confirman los noticiarios que recurren a reporteros que se nos aparecen ateridos, sacudiéndose del gorro los copos de nieve, con un trasfondo blanco y el agobio de quienes tratan de conducir por carreteras cortadas. Belleza y atascos, imprecaciones y jolgorio. Cara y cruz de una situación que en Ronda no es rara pero que no deja por eso de impactar.

   El frío relente ha vaciado la siempre bien concurrida calle de La Bola, en la que hay que recalar cada día, casi por obligación, cuando el tiempo no hostiga. El flagelo del frío arroja a los pocos que se aventuran a salir hacia el calorcillo de los bares. Nadie se para delante de los escaparates, el vendedor de cupones de la Once busca aterido la complicidad de los vanos de las puertas y el vendedor de menudencias vegetales, que ya forma parte, por su asiduidad al mismo sitio, de la imagen de la transitada calle maldice el día y levanta el tenderete con prisas y corriendo. Nadie en el estanco de Marcos Morilla, el fiel referente de la vía desde más de un siglo a esta parte.

    Ronda desafía el frío a pecho descubierto. No tiene muy cerca, ya digo, las sierras que abrigan a los pueblos próximos. Le cogen lejos las escarpaduras de las sierras de Grazalema, el escudo de Tavizna que protege a Montejaque; las de Juan Diego que acunan a Benaoján, o los Alcornocales que mitigan el acoso gélido en el Cortes de la Frontera señorial. Se alza Ronda soberbia en su meseta y paga cara su arrogancia cuando arrecia el temporal y campea el frío sin trabas ni componendas.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.