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Autor: PepeBecerraGómez
Una llamada para ser acogida con presteza
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José Becerra | 12-09-2018 | 10:41| 0

Una llamada para ser acogida con presteza

 

JOSÉ BECERRA

Pasan inadvertidas, no se echan a ver, pero llevan a cabo una labor callada en defensa de quienes menos tienen para subsistir cada día que merece ser exaltada.

Donde ha decir más alto pero no más claro. Las Hermanitas de los Pobres de Ronda, que no suelen levantar la voz para casi nada, que se puede orar bisbiseando,  lo han hecho ahora porque la necesidad de ayuda les agobia, y esperan no clamar en el desierto.

Detrás de ellas un ingente número de ancianos – 80 nada menos-, cuyas aportaciones económicas procedentes de exiguas pensiones (los que disfrutan de ellas, que son los menos) no pueden ni de lejos sostener los cuantiosos gastos que soporta la Congregación. Y no sólo faltan las aportaciones dinerarias, cuya mengua está siendo ostensible en los últimos años, sino que se echa en falta voluntarios que vengan a suplir la falta de personal ocasional, algo que no deja de ser problemático, pese a que la plantilla de trabajadores pasa de la treintena.

El asilo de San José, regentado por las Hermanitas de la Caridad, posee ya una larga trayectoria de hacer el bien a nuestros desamparados mayores. Data menos que desde la última década del siglo XIX, a raíz de la fundación de la Congregación por la hoy Santa Juana Jugan, una referente obligada en el santoral cristiano de quienes lo dieron todo: sacrificio, entrega y caridad para aquellos que menos tienen.

De mis años de mi niñez, tan lejana ya, recuerdo cómo en mi pueblo de la Serranía de Ronda, estas monjas recorrían las calles mendigando limosnas no para ellas sino para los pobres que acogían en su cenobio. Las miraba con la curiosidad viva de la edad temprana. Y en mi mente se quedaros grabadas para siempre su imagen revestida con los ampulosos y negros hábitos y blancas tocas que no ocultaban los canastros con las viandas que conseguían, sobre todo de las fábricas de chacinas, que en Benaoján eran abundantes y sus sueños generosos.

En la súplica que exteriorizan en la confianza de ser escuchada advierten que si las ayudas económicas no llegan y el voluntariado se resiente se verán obligadas a cerrar las puertas del hospicio. Algo que Ronda no puede permitirse de ninguna manera. ¿Adónde irían quienes ahora no disfrutan de pensión o ésta es mínima y precaria?

Recuerdo las palabras de la madre Teresa de Calcuta:” Las cosas con amor traen felicidad y paz. La falta de amor es la mayor pobreza”. Conviene recordarlas para no desoír la llamada angustiosa de quienes consagran su vida al servicio de los más desheredados de la fortuna.

Las religiosas dispensan en todo momento   cuidados y atención a los desheredados de la fortuna y es notorio que  se desviven para que nada les falte. Hicieron la llamada urgente meses atrás, pero las necesidades del centro es presumible que no hayan decrecido, por lo que las ayudas siguen siendo tan urgentes como imprescindibles.

“Dad, y se os dará; medida buena, apretada y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. Es lo que dejó escrito el evangelista Lucas 6:38. Conviene no desoír su prédica.

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Elecciones andaluzas en el horizonte
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José Becerra | 09-09-2018 | 10:57| 0

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Elecciones andaluzas en el horizonte

JOSÉ BECERRA

A esta altura de la política resulta archisabido que los partidos no convocan elecciones si no están persuadidos de que las van a ganar. ¿Para qué correr el riesgo de que las pierdan si el horizonte que vislumbran en lontananza no se les muestra lo suficientemente nítido como para lograrlo? Así que las adelantan o aplazan según sus intereses haciendo caso omiso de lo que le importa al ciudadano de calle.

El otoño que está a la vuelta de la esquina y con él la batalla campal en el campo andaluz que acapara la atención e interesa y mucho tanto a Susana Díaz como a Albert Rivera, tras la escenificación de su desencuentro y ruptura que ya es un hecho evidente, de cara a ese lance.

   Es lo que se otea en el actual panorama político de Andalucía. La Presidenta andaluza le importa y mucho ahora que se adelanten lo comicios para esquivar el tormentoso cielo de la sentencia condenatoria del macro juicio de los ERE que vendrá a poner negro sobre blanco el caso de dos expresidentes andaluces y veinte altos cargos más de la Junta sentados en el banquillo tras siete años de investigación judicial. Así mismo, no es aventurado conjeturar que espera sacar el máximo partido del “efecto Sánchez” a tenor de las encuestas que vaticinan un considerable aumento de votos a favor del PSOE. A lo que cabría sumar  la bajada ostentosa que acusa Podemos tanto en ámbito nacional como el andaluz. No debe parecerle oportuno al partido esperar que recomponga sus fuerzas. Tampoco parece que desestimen los socialistas el resultado adverso  del Congreso del PP que acabó con la culminación de Casado como líder del partido, menguando la fuerza de los seguidores de Juanma Moreno, quien ostentosamente optó por encumbrar a Sáenz de Santamaría, la derrotada en la tesitura.

   Se comprueba así una vez más que en los políticos de hogaño priman sus intereses cuando de convocar elecciones se trata. Lo que ocurre es que a veces se equivocan de medio a medio y acaban pagando caro sus composturas y apremios. Ya veremos lo que nos deparan las que ahora se otean en el horizonte.

  

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Desbandada en la Serranía de Ronda
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José Becerra | 04-09-2018 | 10:24| 0

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Desbandada en la Serranía de Ronda

JOSÉ BECERRA

La huida de la comarca la protagonizan desde un tiempo a esta parte los jóvenes que buscan con ahínco nuevos y más halagüeños horizontes para sus vidas.

   Los índices demográficos de los pueblos de la Serranía de Ronda asustan. Las pirámides de edad de todos y cada uno de ellos mantienen constantes idénticas. La base, que recoge los nacimientos y el crecimiento de la población infantil pierde referentes todos los años, y en cambio, la cúspide que habla de la población anciana aumenta implacablemente. Los entrantes de la pirámide que hablan de la población joven, madura y activa acusan la despoblación incesante. Se abandonan los pueblos para residir en la costa que es donde se encuentra más fácilmente trabajo y la tendencia se hace más pronunciada cada vez. Los núcleos rurales se despueblan a ojos vista y de aquí a la postergación definitiva de la Serranía y al abandono de tradicionales de sistemas de vida seculares y recursos económicos tradicionales tienden a desaparecer.

   Alternativas a la panorámica incierta de la supervivencia de la Serranía amenazada por la sangría demográfica que asola sus pueblos, existen sin duda; una sería la mejora de las comunicaciones con la Costa del Sol. Las ventajas de una vía alternativa a la actual carretera de San Pedro, que en su día supusieron un significativo adelanto para la mejora entre la Ciudad del Tajo y el territorio costasoleño, necesita urgentemente de un nuevo impulso.    La obra no deja de ser compleja y exigiría la construcción de viaductos y túneles, alguno de particular longitud como el que podría atravesar a la Sierra Bermeja. Pero obstáculos más difíciles se han salvado. Y proyectos que parecían productos de la calenturienta imaginación de utopistas o de las ensoñaciones de una noche de verano se contemplaron que adquirían cuerpo y se hacía realidad.

    Vías de comunicación deficientes y despoblación de parte de su territorio son dos elementos que se dan la mano hoy por hoy  en el acontecer de buena parte del ancho solar de la Serranía de Ronda. Ciertamente abrupta, pero que propicia el  asentamiento de paisajes sublimes y costumbres ancestrales que no tienen por menos que causar admiración cuando no embeleso de los sentidos. Elementos estos últimos que significan una cara de la realidad que desde siempre cautivó  a cualesquiera que la anduviera;  el otro cariz, más negativo, es el la de la certidumbre  de las deficiencias en comunicaciones que hasta ella nos aproximan o que desde aquí  nos conduce a territorios limítrofes. Todas estas deficiencias suman como resultado ineludible una despoblación exacerbada por días de quienes la abandonan para recalar en territorios más bonancibles para el sustento de cada día.

  Alternativas a la panorámica incierta de la supervivencia de la Serranía amenazada por la sangría demográfica que asola sus pueblos, existen sin duda. Una sería la mejora de las comunicaciones con la Costa del Sol. Las ventajas de una vía alternativa a la actual carretera de San Pedro, que en su día supusieron un significativo impulso para la mejora entre la Ciudad del Tajo y el territorio costasoleño, necesita urgentemente de un nuevo estímulo.

   La obra no deja de ser compleja y exigiría la construcción de viaductos y túneles, alguno de particular longitud como el que podría atravesar a la Sierra Bermeja. Pero obstáculos más difíciles se han salvado. Y proyectos que parecían productos de la calenturienta imaginación de utopistas o de las ensoñaciones de una noche de verano se contemplaron que adquirían cuerpo y se hacía realidad.

   El hecho es innegable. Los jóvenes abandonan terruños rurales atraídos por el trabajo y los altos sueldos de la construcción o los servicios en la costa. Se instalan en los municipios costeros y aquí ansían echar raíces porque “cada uno es de donde le dan de comer”, que dice el sabio refranero serrano. Antes que ese hecho se haga definitivo e irreversible pongamos “pies en pared” – otro dicho rondeño para dejar sentado que contra algo hay que oponer férrea oposición – y procuremos que nuestros jóvenes trabajen en la costa pero vuelvan cada día a dormir en el interior. Los pueblos rondeños, ¿pueblos dormitorios? Y, ¿por qué no? Peor sería que fuesen pueblos muertos, como puede desdichadamente ocurrir.

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Una feria rondeña deslumbrante
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José Becerra | 01-09-2018 | 10:08| 0

Una feria rondeña deslumbrante

JOSÉ BECERRA

Presumiblemente  cuando aparezcan impresas estas líneas la septembrina feria de Ronda estará tocando su final. Pero aún así toca hablar de este evento porque enredados en las calles de la ciudad aún perdurarán sus ecos. No es tarea fácil que se borren como por ensalmo tanto esplendor mantenido durante la semana o se difumine un embrujo que cautivó en esos días festivos a propios y extraños.

El verano, caluroso y bullanguero, toca a su fin. Se despueblan los pueblos costeros malagueños y las playas vuelven a estar solitarias, hasta ahora atiborradas de gente ansiosa de pasarlo bien junto al mar. Se acabó  respirar su brisa cercana y benéfica al tiempo que el sol inclemente tostaba sus cuerpos indolentemente arrellanados en la arena. Cada mochuelo a su olivo parece significar las carreteras ocupadas por el gentío que se despiden de jornadas de diversiones y cuchipandas sin tasa. Se acaba el verano y su esplendor se trastoca para venir a lucir su apogeo en la Ronda sempiterna que acoge a quienes no acaban de despojarse del marchamo del estío y otean horizontes serranos en donde en estos días lucen su talla mujeres retrecheras, briosos corceles y enjaezados  carruajes que merodean la plaza de toros. Ronda toda, además de presenciar cómo maestros del toreo alardean de su gallardía ante el toro de turno,  es trasunto de un  vivo clamor en una feria septembrina que destila  brillo y color por los cuatro costados.

Viene a morir el verano en el coso taurino sobre el que gravita la magia de la feria  de Ronda. Es como si la costa cercana, que cada año venturosamente acoge  a gente de medio mundo, escogiera a la ciudad del Tajo para poner broche de oro a unas vacaciones, a unos días de  molicie, escarceos, ocio placentero y  se volcara hacia el interior para la apoteosis final.

¿Cómo dilucidar las causas que convierten a la de Pedro Romero como una de las ferias de mayor relieve en Andalucía? ¡Son tantas y tan variadas! Pero habrá que empezar por el principio. Por el mito que alimenta la propia ciudad desde que los viajeros románticos del XIX coincidieron que es una de las pocas ciudades que exacerba las imaginaciones en grado sumo. La Ronda, alta y señorial, con su embrujo al que casi nadie quedó indiferente, díganlo si no, para no remontarnos a épocas muy lejanas, los escritos de Rainer María Rilke, Emingway, o el mismo Orson Welles, levantisco cineasta de los años cuarenta, atrapan de tal forma que es muy difícil, cuando no imposible, apartarla del recuerdo una vez vista y vivida. Envuelve a la “ciudad soñada” un aura intangible pero tan real como la presencia implacable de su Tajo, que, a partes iguales, suscita admiración y temor.

Ronda romana – Acinipo, huellas de un pasado esplendoroso -, Ronda árabe, mudéjar y morisca, evocadora de correrías de moros y cristianos, de sucesos guerreros y amorosos de moros y cristianos, la media luna y la cruz, la espada y el alfanje, el reyezuelo y la hurí…” Viérades moros y moras / todos huir al castillo / las moras llevaban la ropa, los moros harina y trigo / y las moras de quince años /llevaban el oro fino / y los moriscos pequeños / llevaban la pasa y  el higo”. Y la Ronda señorial, la de los palacetes y frescos zaguanes y fachadas en las que lucen nobles blasones y ocultan su intimidad con el hierro artísticamente forjado.

Conventos recatados, iglesias que parecen fortaleza – la del Espíritu Santo – y capillitas urbanas que hablan de la religiosidad popular que, si no es ajena a la que se acoge a los templos, se impregnan de los sentimientos de la gente sencilla que ignora o  no entiende de ornatos y magnificencias. Murallas firmes al paso del tiempo y fuentes evocadoras, la plaza de toro y la Real Maestranza, cuna del fino toreo de raza, la Alameda, fresca y suntuosa…

Es difícil eludir el caudal de sensaciones que todas estas imágenes provocan al visitante – alguien dijo con razón que Ronda es tanto o más para el transeúnte que para el propio rondeño -, y que amalgamadas, subliminalmente, afloran en cualquier momento determinado. Como ahora con la feria de Pedro Romero.

¿Qué hace a esta feria del sur más al sur, única? A lo mejor son sus prolegómenos. La presentación de las damas goyescas, un bello guiño al sol como para atemperar  sus rigores en estas fechas y un cálido homenaje a la galanura de la mujer rondeña. La prestancia de las jóvenes, que lucen sus singulares atavíos como si del suntuoso vestido de presentación en sociedad se tratase. Tal vez sea ese su trasfondo más genuino.

¿O lo será el festival de cante grande, que agrupa a los cantaores más famosos en los días en el que el agosto implacable de la Serranía toca a su fin? El embrujo de la voz y la guitarra en el quejido doloroso que en su esencia es el principio del fandango.  El cante jondo en las voces templadas que hacen vibrar el alma con  la toná, el martinete, la rondeña o la carcelera, el tanguillo y las bulerías.

Y al final, en el septiembre que atempera calores, la goyesca, la corrida por antonomasia de Ronda. Día grande, a fe mía, que diría un clásico, es éste. Calesas y mujerío, caballos enjaezados que ensayan pasos inverosímiles, jinetes retrecheros, famosos jactanciosos que se asoman a las cámaras y a los tendidos, toreros, vino, gentío…

Si me permiten, hasta me atrevería a terminar con unos torpes versos: RONDA toda es un único hervor./ El sol casas notables hermosea;  / por  la calle una beldad se pasea,/ ¡ Sus ojos verdes van pidiendo amor¡ /Vino, toros, mujeres: esplendor. / Un mozo pinturero donjuanea / A lomos de un cuatralbo  al que espolea. /La feria septembrina, todo   color./ En la plaza que un  rey Borbón vio hecha, / Tres famosos diestros se han saludado, / (Ya la muerte en los toriles acecha). / Del tendido un   suspiro  se ha elevado,/  una oración, acongojada  endecha /por el gran maestro jamás olvidado.

 

 

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Pensiones en el alero
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José Becerra | 24-08-2018 | 10:35| 0

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Pensiones en el alero

JOSÉ BECERRA

Asusta la cantidad de millones que son necesarios para que cada mes llegue puntualmente la pensión a quienes las disfrutan, entre los que me cuento.  Disfrutar es un decir, que la exigua cantidad que se obtiene  no permite regocijarnos en demasía, más bien  vivir “a mal tira” que decimos los oriundos de la Serranía de Ronda, cuando llegar a fin de mes es toda una odisea en toda regla por la módica cantidad que el papá Estado tiene a bien  otorgarnos. Supera, empero, con creces la cantidad dedicada a este menester  los 9.000 millones de euros, lo que no es moco de pavo. Un pavoroso problema que posee el agravante de que indefectiblemente esa desorbitada cantidad se agrave con el paso del tiempo, algo que sesudos analistas del momento no dudan en señalar y dar por seguro.

La cuestión es que, si bien los jubilados hasta hora, después de dar por finalizada su vida laboral y disfrutar de una paga exigua vayan, como mandato de vida, desapareciendo, los que accedan a ese derecho, habrán de obtener, por mor de  cotizaciones más elevadas, de unos emolumentos sensiblemente más altos nada más pisar el escalón del sistema y durante la vida que siga a su situación laboral una vez acabada ésta. Algo que vendrá a agudizar el problema  haciendo que la cantidad que ahora nos horripila aumente considerablemente, hasta el punto de dar a pie a una situación poco menos que catastrófica para las arcas del Estado.

Se  tildará de catastrofistas a quienes aventuran este argumento; pero bien mirado no dejan de tener razón quienes barruntan esa situación. Aún sin soslayar la certeza del aumento de empleo y el crecimiento económico que hoy por hoy es presumible y que los panegiristas de el óptimo momento  que se atraviesa no dudan en evidenciar, por fuerza no es aventurado dar cabida a las certezas que pueden sobrevenir, merced a la sobrecarga que tendría que soportar la Seguridad Social de un futuro próximo.

¿Habrá que volver al casi  periclitado Pacto de Toledo, el cual en su día vino a solucionar el problema siempre candente de las pensiones en España? Todo apunta que sería conveniente y que redundaría en beneficio de todos; pero la estructura del panorama político de nuestros días y las intestinas luchas parlamentarias y/o senatoriales, hoy en palpable evidencia, lo impiden.

Una nube obscura y amenazante se cierne sobre nuestras cabezas, fruto de del deseo de quienes nos gobiernan de aumentar la presión fiscal sobre las entidades que mantienen el entramado de la actividad económica. Parece de una lógica apabullante que si esta presión  se ejerce sobre empresas que hasta ahora han permitido el despegue del enquistado desempleo en el país estremecerán sus estructuras financieras, algo que redundará indefectiblemente en la destrucción de puestos de trabajo, en la Seguridad Social tocada del ala y peligro inminente para los pensionistas.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.