img
Autor: PepeBecerraGómez
Políticos renuentes con las oposiciones
img
José Becerra | 19-03-2017 | 11:53| 0

 

Políticos renuentes con las oposiciones

 

Si ya de por sí son agotadoras – y caras – para los opositores prepararse para ocupar un puesto en la Administración ya sea del Estado o de la Junta, imaginen lo que serán si ahora se añaden la incertidumbre de que la convocatoria de plazas están al borde  de convertirse en papel mojado. Después de saberse que a cuatro meses de los exámenes para obtener una plaza de maestro (2.300 plazas se anunciaron a bombo y platillo para este colectivo) ahora sale la Junta diciendo que si no hay Presupuestos Generales del Estado  los maestros tendrán que esperar hasta una nueva ocasión. SI para estudiar machaconamente como cualquier oposición libre exige se añade ahora el dilema de no saber para qué, a ver quién se concentra ahora en los libros como es menester en estas circunstancias.

   La Junta advierte y así lo ha hecho saber a los sindicatos que si no hay presupuestos la oferta de empleo será pura entelequia, o sea, que se volatizará como por ensalmo. Así que  no queda otra, para no dar con la puerta a las narices a los opositores en ciernes que el Gobierno de la nación, o en su caso las más altas instancias de Educación desbloqueen esta situación funesta para tantos aspirantes a un puesto de trabajo recabándose, si no hay presupuestos generales de por medio, “un marco legal” para que la convocatoria sea una realidad más pronto que tarde.

   No se pueden poner en en solfa  los intereses y el trabajo desmedido de tanta gente que de buena fe creyeron en la oportunidad que les ofrecen las instituciones.  Los políticos, maestros en este gatuperio de culpar al contrario como tabla de salvación para dirigir la ira y el crujir de dientes a sus contrarios como causantes de, en este caso, crear inseguridad  y que se pongan en tela de juicio el legítimo derecho a lograr un trabajo digno. Una pretensión que para más inri exigió dispendios, tiempo y dedicación plena. Y, por supuesto, permitió alimentar ilusiones, que ahora es posible que se vayan al garete.

   No se puede jugar con las legítimas aspiraciones de quienes aspiran a tener un puesto de trabajo y emplean recursos inimaginables para lograrlo. Que el gobierno central legisle pronto al respecto y que el autonómico obre en consecuencias. Es lo que se espera para solventar este impasse que tantos perjuicios está ocasionando.

 “El éxito no está en vencer siempre sino en desanimarse nuca”. Esta frase lapidaria la dijo, como saben, Napoleón Bonaparte a su ejército en el inicio de una de sus múltiples batallas, una arenga que viene a pelo para animar a los incontables aspirantes a una plaza de la Junta que ahora se debaten entre el desánimo y la adversidad ante unas oposiciones siempre cruentas, pero que se esperan con ilusión. El Ministerio de Educación y la Junta tienen la última palabra para no truncar tantas esperanzas.

   

Ver Post >
Genal y Guadiaro, dos ríos maltratados
img
José Becerra | 15-03-2017 | 7:45| 0

 

Genal y Guadiaro, dos ríos maltratados

JOSÉ BECERRA

Fueron ambos ríos limpios y caudalosos en los cuales era un puro placer desfrutar de baños en los veranos que suelen ser tórridos en la Serranía de Ronda. Pero eran otros tiempos. Dejaron de suscitar la atención cuando los torrentes que los alimentaban fenecieron y sus aguas bajaron pobres y no pocas veces contaminadas. En las últimas décadas pasadas las escenas que cada verano se ofrecían  a la vista eran dignas del mejor pintor costumbrista. Ignacio Zuloaga, el maestro indiscutible del costumbrismo español, de pasar por sus riberas, hubiera captado con su maestría el colorido, la agitación y el bullicio de quienes bajaban de los pueblos limítrofes a gozar de un día de asueto y comilona, junto a tan cristalinas aguas. Hoy por hoy, hubiese renunciado a ese menester porque ya no ofrecen el menor atractivo para tan digna paleta.

El saneamiento integral de la provincia estará inconcluso hasta que no se materialicen las depuradoras que en su día- ya ha llovido- se previeron para los ríos Genal y Guadiaro, pero que nunca se llevaron a cabo pese ser declaradas de interés tanto por el Estado como por el ente autonómico andaluz. Si te vi no me acuerdo parecen decir ambas administraciones que  hacen oídos sordos, cada una por su lado, ante legítimas exigencias para que un problema arduo que incide en los pueblos de la Serranía de Ronda, sometidos a la arbitrariedad de responsables políticos que vienen jugando con sus intereses, se solucione de una vez por todas (iba a decir “de una puñetera vez”, que es lo que argumenta la vecindad que viene sufriendo la postergación  desde mucho tiempo atrás.

Los agricultores de la provincia de Málaga han levantado la voz para que las instituciones andaluzas tomen en serio la necesidad de agua de sus pequeñas fincas de regadío que jalonan el curso del río, el cual nace en la Serranía de Ronda, recibe los aportes de su hermano menor, el Genal, hasta desembocar en el Campo de Gibraltar en su búsqueda ávida del mar. Arguyen con razón que se puede aprovechar el excedente de aguas “respetando siempre el caudal ecológico necesario para subsistencia de la biodiversidad  existente”

Si este río tiene capacidad para colmar las aspiraciones de los regantes de tierras bajas, es algo que nos alegra a quienes vivimos cercanos a sus orillas, pero consideramos que ha sufrido una gran transformación sobre todo en las inmediaciones con pueblos como Benaoján, Jimera de Líbar o Cortes de la Frontera, los cuales pueden considerarse lugares altos del curso. Otra cosa son los aportes que reciba en latitudes bajas, que sí alegran, al parecer, el derrotero de sus aguas, que son copiosas y son las que se exigen para su aprovechamiento en zonas de regadíos.

El Guadiaro, otrora de aguas impetuosas incluso en verano, por lo menos por el municipio malagueño y serrano de Benaoján, entró en franca decadencia años atrás. Escasez de lluvias en el entorno, aportes de arroyos contaminados y la consiguiente transmutación geomorfológica del suelo verificaron su mutación y acabaron con su apogeo de antaño.

El Guadiaro a su paso por el término municipal benaojano, lugar donde transcurrieron mis años de niñez y mocedad, ejerció siempre una gran atracción para la vecindad. En sus limpias aguas se deslizaban a placer barbos escurridizos y rubicundos cangrejos. Era apto para la pesca de una y otra especie y en él me cobré mis primeras capturas con el entusiasmo propio de la temprana edad. Se bajaba hasta el río, sobre todo en los meses del estío, para disfrutar de un relajante baño en los múltiples “charcos” que jalonaban su curso; allí se remansaban las aguas, se tornaban profundas y no podían ser más propicias para los chapuzones reconfortantes y el bucear placentero.

Los “charcos” del Guadiaro a su paso por el término municipal de Benaoján eran numerosos y se adaptaban a la edad del bañista a tenor de su edad. Creo que desde que la mía era muy corta y hasta que pude presumir de mozalbete ascendí río abajo y río arriba empezando por el “charquito de Emilia”, con aguas hasta las rodillas o poco más hasta llegar hasta el Charco del Túnel, profundo y turbulento; detrás quedaban otros en los que la vecindad se solazaba por las arenas de su fondo, lo cristalino de sus aguas o el paraje impresionante de adelfas, junqueras y mimbreras que los envolvía: Azul, Redondo, La Molineta, o La Fresnadilla, nacimiento de agua éste último en la que se podía apagar la sed y en cuyas inmediaciones se organizaban almuerzos y merendolas.

Desgraciadamente estos remansos de paz fueron desapareciendo con el tiempo. Ni rastro de ellos quedó. Solo guarda su esplendor de antaño el Charco Azul, a los pies de la efigie de piedra del Gato, que da nombre a una cueva que constituye el más conocido distintivo del pueblo, al que presta vida el cauce del afluente Gaduares o Campobuche, que tanto monta. Sur orillas y aledaños continúan siendo propicios para, además del baño relajante, inverosímilmente frío, lugar propicio para comilonas festivas.

Los más viejos del lugar ya no tenemos reparos en afirmar que “éste no es mi Guadiaro, que me lo han cambiado”. Nos asiste la razón por la visión decadente que el río ofrece, otrora vistosa y atrayente.” Los ríos son la vida que van a dar al mar, que es el morir”, cantó el poeta Manrique con pesadumbre. Nuestro Guadiaro languidece antes de llegar al piélago que lo acoge.

¿Culpables de esta sinrazón? Es posible que las lluvias que no son tan intensas y frecuentes como en la pasada centuria estén detrás, pero no hay que echar en saco roto la desidia de las administraciones locales que se mostraron remisos a tomar el toro por los cuernos de su regeneración.

No se puede decir, empero, que sea un río contaminado. No lo es hasta el presente. Pero si echamos de menos su imagen de lustros atrás. Solo nos queda el consuelo del Charco Azul a los pies de la Cueva del Gato, en esencia el mismo de siempre. Aguas limpias y frías y un paraje de peñas y vegetación envolvente que le siguen prestando la apariencia de un rincón casi paradisíaco.

Ver Post >
Genal y Guadiaro, dos ríos maltratados
img
José Becerra | 15-03-2017 | 7:41| 0

Genal y Guadiaro, dos ríos maltratados

JOSÉ BECERRA

Fueron ambos ríos limpios y caudalosos en los cuales era un puro placer desfrutar de baños en los veranos que suelen ser tórridos en la Serranía de Ronda. Pero eran otros tiempos. Dejaron de suscitar la atención cuando los torrentes que los alimentaban fenecieron y sus aguas bajaron pobres y no pocas veces contaminadas. En las últimas décadas pasadas las escenas que cada verano se ofrecían  a la vista eran dignas del mejor pintor costumbrista. Ignacio Zuloaga, el maestro indiscutible del costumbrismo español, de pasar por sus riberas, hubiera captado con su maestría el colorido, la agitación y el bullicio de quienes bajaban de los pueblos limítrofes a gozar de un día de asueto y comilona, junto a tan cristalinas aguas. Hoy por hoy, hubiese renunciado a ese menester porque ya no ofrecen el menor atractivo para tan digna paleta.

El saneamiento integral de la provincia estará inconcluso hasta que no se materialicen las depuradoras que en su día- ya ha llovido- se previeron para los ríos Genal y Guadiaro, pero que nunca se llevaron a cabo pese ser declaradas de interés tanto por el Estado como por el ente autonómico andaluz. Si te vi no me acuerdo parecen decir ambas administraciones que  hacen oídos sordos, cada una por su lado, ante legítimas exigencias para que un problema arduo que incide en los pueblos de la Serranía de Ronda, sometidos a la arbitrariedad de responsables políticos que vienen jugando con sus intereses, se solucione de una vez por todas (iba a decir “de una puñetera vez”, que es lo que argumenta la vecindad que viene sufriendo la postergación  desde mucho tiempo atrás.

Los agricultores de la provincia de Málaga han levantado la voz para que las instituciones andaluzas tomen en serio la necesidad de agua de sus pequeñas fincas de regadío que jalonan el curso del río, el cual nace en la Serranía de Ronda, recibe los aportes de su hermano menor, el Genal, hasta desembocar en el Campo de Gibraltar en su búsqueda ávida del mar. Arguyen con razón que se puede aprovechar el excedente de aguas “respetando siempre el caudal ecológico necesario para subsistencia de la biodiversidad  existente”

Si este río tiene capacidad para colmar las aspiraciones de los regantes de tierras bajas, es algo que nos alegra a quienes vivimos cercanos a sus orillas, pero consideramos que ha sufrido una gran transformación sobre todo en las inmediaciones con pueblos como Benaoján, Jimera de Líbar o Cortes de la Frontera, los cuales pueden considerarse lugares altos del curso. Otra cosa son los aportes que reciba en latitudes bajas, que sí alegran, al parecer, el derrotero de sus aguas, que son copiosas y son las que se exigen para su aprovechamiento en zonas de regadíos.

El Guadiaro, otrora de aguas impetuosas incluso en verano, por lo menos por el municipio malagueño y serrano de Benaoján, entró en franca decadencia años atrás. Escasez de lluvias en el entorno, aportes de arroyos contaminados y la consiguiente transmutación geomorfológica del suelo verificaron su mutación y acabaron con su apogeo de antaño.

El Guadiaro a su paso por el término municipal benaojano, lugar donde transcurrieron mis años de niñez y mocedad, ejerció siempre una gran atracción para la vecindad. En sus limpias aguas se deslizaban a placer barbos escurridizos y rubicundos cangrejos. Era apto para la pesca de una y otra especie y en él me cobré mis primeras capturas con el entusiasmo propio de la temprana edad. Se bajaba hasta el río, sobre todo en los meses del estío, para disfrutar de un relajante baño en los múltiples “charcos” que jalonaban su curso; allí se remansaban las aguas, se tornaban profundas y no podían ser más propicias para los chapuzones reconfortantes y el bucear placentero.

Los “charcos” del Guadiaro a su paso por el término municipal de Benaoján eran numerosos y se adaptaban a la edad del bañista a tenor de su edad. Creo que desde que la mía era muy corta y hasta que pude presumir de mozalbete ascendí río abajo y río arriba empezando por el “charquito de Emilia”, con aguas hasta las rodillas o poco más hasta llegar hasta el Charco del Túnel, profundo y turbulento; detrás quedaban otros en los que la vecindad se solazaba por las arenas de su fondo, lo cristalino de sus aguas o el paraje impresionante de adelfas, junqueras y mimbreras que los envolvía: Azul, Redondo, La Molineta, o La Fresnadilla, nacimiento de agua éste último en la que se podía apagar la sed y en cuyas inmediaciones se organizaban almuerzos y merendolas.

Desgraciadamente estos remansos de paz fueron desapareciendo con el tiempo. Ni rastro de ellos quedó. Solo guarda su esplendor de antaño el Charco Azul, a los pies de la efigie de piedra del Gato, que da nombre a una cueva que constituye el más conocido distintivo del pueblo, al que presta vida el cauce del afluente Gaduares o Campobuche, que tanto monta. Sur orillas y aledaños continúan siendo propicios para, además del baño relajante, inverosímilmente frío, lugar propicio para comilonas festivas.

Los más viejos del lugar ya no tenemos reparos en afirmar que “éste no es mi Guadiaro, que me lo han cambiado”. Nos asiste la razón por la visión decadente que el río ofrece, otrora vistosa y atrayente.” Los ríos son la vida que van a dar al mar, que es el morir”, cantó el poeta Manrique con pesadumbre. Nuestro Guadiaro languidece antes de llegar al piélago que lo acoge.

¿Culpables de esta sinrazón? Es posible que las lluvias que no son tan intensas y frecuentes como en la pasada centuria estén detrás, pero no hay que echar en saco roto la desidia de las administraciones locales que se mostraron remisos a tomar el toro por los cuernos de su regeneración.

No se puede decir, empero, que sea un río contaminado. No lo es hasta el presente. Pero si echamos de menos su imagen de lustros atrás. Solo nos queda el consuelo del Charco Azul a los pies de la Cueva del Gato, en esencia el mismo de siempre. Aguas limpias y frías y un paraje de peñas y vegetación envolvente que le siguen prestando la apariencia de un rincón casi paradisíaco.

Ver Post >
Escolares acosados
img
José Becerra | 15-03-2017 | 1:07| 0


Escolares acosados
JOSE BECERRA
Niños que sufren amenazas de sus compañeros de colegio cuando no agresiones son el pan nuestro de cada día, según la frecuencia con que los medios de comunicación vienen denunciando. Lo último, el acoso que venía sufriendo un alumno de un instituto de Fuengirola, al que se le venía sistemáticamente haciéndole la vida imposible con asedios, acosos y humillaciones por parte de los que supuestamente habría que considerar como compañeros de clase. Horroriza saber que incluso se llegó a ponerle presuntamente al infortunado una navaja al cuello. Simultáneo a este suceso que nos horripila  padres y abuelo, otro idéntico en Estepona, protagonizado por chicos que hacen de su colegio un gueto propio donde zaherir a sus compañeros con saña y sin miramiento alguna, quedando sus hazañas en buena medida del todo impune. Meses atrás nos despertamos con la noticia de que otro menor se arrojó al vacío desde una vivienda situada en los altos de un inmueble dejando patente que el mobbing (palabreja que aquí se ha instalado procedente del Reino Unido), había convertido su vida en un infierno. Asedio, acoso, acorralamiento que no tienen por menos que causar terror y desprecio de los hostigadores a quienes hacen blanco de sus afrentas, como digo, no pocas veces impunemente.
    Nos desvivimos los progenitores para que  nuestros descendientes de escasa edad no sufran antes de tiempo los zarpazos que la vida ha de depararles con toda probabilidad y llegan unos inconscientes desalmados que nos lo maltratan cuando apenas se han asomado al mundo.
    Algo habría que hacer para evitar estas acciones. Cierto que existen protocolos en escuelas e institutos para hacer frente a estos acosadores, que casi siempre se resuelven con el cambio de clase o del colegio en cuestión al hostigado y, en cambio, incomprensiblemente los hostigadores se quedan; cuando debería ser todo lo contrario, con lo que no es raro, que después de breves apartamientos vuelvan de nuevo a las andadas.
   Los profesores bastante tienen con impartir sus lecciones y asesorar y dirigir la orientación educativa. Sin embargo, una nueva figura en el  ámbito académico se impone: una persona que vigile de cerca el comportamiento de los chavales, antes, durante y después de las clases correspondientes para evitar que los más desalmados abusen de compañeros que se ven obligados a bajar la cerviz ante sus desmanes.
   Los padres tenemos derecho a que nuestros hijos no sufran maltrato en lugares en los que los dejamos para formarse y no para que en su lugar padezcan afrentas que les marcarán indeleblemente. Mucho nos jugamos en el empeño.
   Que nadie mire para otro lado en un tema tan candente como reprobable. Está en juego la integridad física y psíquica de nuestros hijos ante los ataques de depravados que por no haber cumplido los 14 años obran a su libre albedrío.

Ver Post >
Las bibliotecas, mi biblioteca
img
José Becerra | 10-03-2017 | 9:27| 0

 

Resultado de imagen de imagenes de bibliotecas

Las bibliotecas, mi biblioteca

José Becerra

Puesto a pensar y echando la vista atrás creo que mi vida ha estado siempre  vinculada a una biblioteca. Entiéndaseme: no es que viviese siempre en el interior de ese espacio que se dedica a la difusión de la lectura de libros (aunque en mi existencia, en los años que van de la juventud a la senectud transcurriese entre las paredes de una o varias de ellas, no.) Primero fue la que mis padres poseían en mi pueblo natal y de la que yo tuve con conocimiento apenas dar los primeros pasos en la vida y tuve clara conciencia de ello. Recuerdo que era un mueble no demasiado grande y destartalado  pintado de color marrón obscuro con media docena de baldas y que ocupaba un rincón de la casa junto a una ventana que permitía el paso de la luz proveniente de un olivar vecino que se perdía en la lejanía y venía a morir a los pies de las escabrosidades de una sierras cuyas altas aristas se me antojaba que llegaban hasta el cielo. No creo que pueda olvidar jamás los libros que ocupaban las despintadas repisas de madera.

Conocí así apenas me adentre en el maravilloso mundo de la lectura a escritores de los más variados estilos y obras de las más variopintas temáticas. Julio Verne, Pío Baroja, Valera, Clarín, Pardo Bazán, Galdós… No descubro nada si digo que la lectura es uno de los placeres que más puede contentar al hombre y tengo que decir que afortunadamente llegue a ellos desde muy temprana edad. Ahora, cuando ya peino canas y me asomo al irreversible mundo de la ancianidad vienen a corroborar la atracción que siempre sentí por la letra impresa sabiendo que existe una explicación científica a esta inclinación.

Viene  decir el estudio llevado a cabo por la Universidad de Búfalo (EEUU) y que recogió días atrás la revista Psychological Science, cuando leemos un libro nos adentramos psicológicamente en la comunidad que describe y nos hace experimentar la convicción de  pertenencia a un grupo, con lo que eso conlleva de satisfacción al complementar una necesidad humana innata que redunda en la mejora de nuestro estado de ánimo. No es un secreto por tanto que la lectura produce placer, amén de distracción y proporcionarnos conocimientos y enseñanzas para mejor entender el mundo que nos rodea y potenciar nuestra relación con los demás.

   He vivido en las bibliotecas una buena parte de mi vida, unas veces como lector habitual y otras como bibliotecario de la Universidad de Málaga, así que creo poder hablar de estos templos del saber con conocimiento de causa. Uno de los avispados lectores que era asiduo de la Biblioteca de la Facultad de Ciencias de la Información me dijo un día que “los bibliotecarios sois como los guías turísticos de todo el conocimiento”. No le faltaba razón: ese era el prototipo al  que todos los que ejercíamos el oficio aspirábamos. Otro me espetó un día algo así como que “en el tsunami de la información, los bibliotecarios ofrecen flotadores y enseñan a nadar”. No podía haber recibido mayor alago.

  He comprobado durante años la paz que se respira en una biblioteca pública. En ciertos  momentos por su espesura casi se podría cortar el silencio, aun cuando las bancadas estuvieran ocupadas. En estos momentos de quietud solía pasear la mirada por los lectores que frente a mí hojeaban con fruición sus libros. Un pensamiento me era recurrente en esos momentos: una biblioteca puede ser muchas cosas, entre ellas no está  la de recurrir a ellas en los días de lluvia, pretexto este que puede ser recurrente. Pero sobre todo  es un lugar donde los libros viven, y puedes ponerte en contacto con otra gente, con otros pensamientos y con otras ideas con las que contrastar las tuyas propias.

   Después de mi obligada jubilación vuelvo a las bibliotecas con frecuencia. Nada es comparable a la quietud que en ellas impera. Y si como dijo Cicerón “si cerca tenéis un jardín ya no os faltará de nada”, afirmación que   comparto sin reservas ya que la biblioteca que ahora frecuento en mis ratos de asueto lo tiene. Miel sobre hojuelas.

  

 

Ver Post >
Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.