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Autor: PepeBecerraGómez
Coronación sin boato,pero decorosa
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José Becerra | 12-06-2014 | 5:55| 0

 

Independientemente de las controversias originadas tras la abdicación del Rey y del espectáculo lamentable consiguiente que se contempló en el Congreso de los Diputados ( parlamentarios de escasa representación esgrimiendo peregrinas conclusiones e imposibles exigencias – soberanismo catalán y vasco y consulta al pueblo para que decida sobre monarquía o república, o monarquía o democracia, como desiderátum insustancial y vacuo argumentado por el Coordinador federal de IU, Cayo Lara)-, en el acto de ratificación de la ley orgánica que hizo efectiva la abdicación de don Juan Carlos, se produjeron o se van a producir a su rebufo circunstancias que se teme no pasarán desapercibidas para la opinión púbica mayoritaria.

Se aprobó por amplia mayoría la citada ley y se reguló la abdicación sobre todo con los votos del Partido Popular, y, también, como era de esperar del de las bancadas socialistas, las cuales no hicieron sino reafirmar la postura del todavía secretario general,Pérez Rubalcaba, – aunque no le queden más allá de dos telediarios en el poder -, el cual dejó constancia,pese a dejar por descontado su republicanismo innato, la defensa a ultranza de la monarquía parlamentaria, lo que no dejó de ser remarcable en su discurso, el cual ganó muchos enteros- incluso para quienes no habíamos dudado en señalar su trayectoria política, con más sombras que claros –, y que sirvió para significar un perfil de estadista que a no pocos sorprendió. Pero así fue: primaron en su alocución los aciertos y la reciedumbre en reafirmar los lazos que unen en la tesitura política e institucional actual en detrimento de los que pudieran crear desavenencias en las actitudes tanto en los políticos como en el españolito de calle, últimamente en un estado crispado por la situación del país a remolque de adversas circunstancias en la que no cabe incidir por ser de dominio público.

Pero hay otro elemento en el que habría que incidir. Se ha decidido desde instancias superiores del Estado, que no desde los gerifaltes del protocolo palaciego, la supresión de todo signo de ostentación en la ceremonia de coronación de Felipe VI. Tal vez hayan prevalecido en esta decisión las difíciles circunstancias por las que atravesamos. Austeridad ,se proclama sin tapujos; a lo peor como resultado de una perturbación impuesta por las proclamas y parafernalias de movimientos pretendidamente progresistas y radicales que, según los resultados de las elecciones europeas, vienen haciendo mella en el sentir de un pueblo visiblemente en desafecto hacia los políticos y descontento y desbordado por la penuria reinante.

Sin embargo, la coronación de un rey no es un acontecimiento que en un país pueda verse todos los días, cuanto más que en España podemos presumir de una acrisolada monarquía, la segunda del mundo en antigüedad detrás de la de Japón. ¿Es lícito que se nos prive de la contemplación de este rito religioso– no habrá misa de coronación para Felipe VI y, por ende, no se cantará el Te Deum solemne –, no se sabe bien obedeciendo a qué requerimientos o imposiciones contrarias al sentir español desde tiempo inmemorial?

Si se juzga a la gente – y a los países – por su apariencia, ¿que comentarios mereceremos cuando se percaten que no habrá invitados regios a la ceremonia y que las testas coronadas brillarán por su ausencia? Puede pensarse que algo grave no está pasando para pasar por alto la concurrencia de altos dignatarios de medio mundo. No al despilfarro, desde luego. Pero sin incurrir en él, ¿ se nos puede privar del esplendor y máximo decoro de un ceremonial que es consustancial a nuestras tradiciones y que expresa la adhesión a nuestros reyes, como todas las encuestan señalan sin ambages? ¿Qué mejor “marca España” podríamos ambicionar?

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Susana Díaz no hace las maletas
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José Becerra | 11-06-2014 | 12:19| 0

 

Todo parecía indicar que sí, que la presidenta de la Junta lo disponía todo para dar su salto a Madrid: las maletas dispuestas para emprender el viaje que tenía como parada final la sede del PSOE en Ferraz. En el bagaje,  la reciedumbre de haber conseguido mantener el tipo en Andalucía tras conseguir  su partido un resultado meritorio en las elecciones europeas, no lo suficientemente amplio como  para lanzar las campanas en alocado vuelo, pero sí  lo suficientemente contundente como hacer cavilar a su oponente en la eterna liza, el Partido Popular, que resultó claramente perdedor.

  Es curioso lo que viene ocurriendo en el territorio andaluz: se despotrica sobre el estado de corrupción reinante en las instituciones – ese atraco a mano armada  que han supuesto los ERE falsos a los parados arrebatándoles su derecho a la formación y posterior obtención de un puesto de trabajo, fraude tenazmente perseguido por la juez Alaya con una acción que suscita la bendición  de todos -, pero a la hora de depositar el voto para una consulta electoral, se escoge el más favorable para el PSOE, haciéndose caso omiso de las trapisondas de algunos, los que sean, de sus altos componentes. Se pregunta uno si son aciertos del partido en el poder o resultado de esa red de clientelismo que auspicia y que le permite salir a flote cuando la tormenta presagia el hundimiento del barco. “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”, que se dice  jocosamente en las tierras malagueñas y serranas del sur peninsular.

   ¿Qué ha pesado más en la conciencia de Díaz a la hora de decir que no cuando la mayor parte del partido, barones y gerifaltes incluidos, vaticinaban que desde Madrid cogería con acierto el timón de la nave socialista a la deriva? Hay opiniones para todos los gustos. Es sabido que ella esperaba ser candidata y elegida por aclamación. Pero esto es  algo que en estos tiempos los  zancadilleo político están  en el orden del día, sea cual fuere la formación cuyos componentes aspiran a más alta preponderancia en los partidos respectivos. ¿Ha pesado en su decisión la certeza de que pese al valimiento de jerarcas socialistas, incluido Rubalcaba, el perdedor,  podía encontrase con serios contrincantes que asimismo optaban por el cargo y que se dejarían el alma en el intento?

   Ahí tenemos a Pedro Sánchez o Eduardo Madina (bien escorado éste último hacia  la izquierda radical) que ahora, tras la renuncia de la presidenta andaluza, velan armas dispuesto a presentar descomunal batalla para conseguir el liderazgo. No le van muy lejos Carmen Chacón o el mismo Patxi López, quienes si en un primer momento optaron por dejar paso libre a la lideresa  andaluza, ahora se aprestan para dar la batalla en su propio favor.

   Susana Díaz, ha querido dejar claro que en su determinación a renunciar ha pesado el deseo de seguir prestando la máxima atención a Andalucía,  “la columna vertebral del partido” como ha recalcado,y a la necesidad de prestar el mayor empeño en resolver los problemas de su gente, que no son éstos pocos ni graves. Eso la honra, que en política, no pocas veces se anteponen los intereses personales a los de aquellos para los cuales se tiene el deber ineludible de atender, que es en definitiva la misión que se le supone en el ejercicio de sus funciones.  Palabras que creemos sinceras y que no tenemos por qué poner en duda. Y que son de agradecer.

   No se va Díaz, tal vez no tenga que deshacer las maletas porque no llegó a hacerlas. Pero existe la conciencia  de que no renuncia. Sólo que ahora toca esperar para darel salto final: es lo que todo da a entender.

Foto Diario SUR

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¿Monarquía o República? El dilema
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José Becerra | 09-06-2014 | 6:26| 0

 

 

           Príncipe Felipe

 

No es una cuestión que quite el sueño a los españolitos de ahora, esos que se  debaten entre las espinas del paro y las dificultades en llegar a final de mes con escasas o nulas ganancias,  o que se llevan las manos a la cabeza por los casos de corrupción que se  han venido destapando cada día en los últimos tiempos, o por la situación de la educación, la sanidad o los derroteros que transita la justicia y sus representantes, no digamos del comportamiento artero de algunos de nuestros políticos. No es una gran preocupación, como los estudios demoscópicos señalan, pero no se puede negar que está ahí y la pregunta, consecuentemente, ha saltado en todos los ámbitos a raíz de la abdicación del rey  don Juan Carlos.

   Los que reclaman el cambio en la Jefatura del Estado y piden un referéndum a voz en grito habría que decirles que templasen sus ánimos. La cosa no es tan fácil: nos dimos una Constitución para cuyo ordenamiento los grupos políticos existentes tras la muerte de Franco tuvieron que renunciar a partes sustanciales de sus postulados e ideologías. De esta forma se logró el consenso necesario para concluirla y ponerla en vigor.   

  Durante el primer tercio del siglo XX, a España la sacudían sucesos muy conflictivos, hay quien afirma que los de mayor relevancia histórica. La desastrosa situación y la inestabilidad social del momento, dentro y fuera del país, desembocaron en una guerra fratricida que aún perdura en la memoria de todos. El rey Alfonso XIII tuvo que exiliarse y se inició, merced  a la voluntad popular, un nuevo hito histórico (Segunda República), que acabo de la forma cruenta que todos sabemos.

   Hoy los parámetros económicos y sociales y la situación de los países de nuestro entorno se muestran bien diferentes. De por medio una Constitución, la de 1978, que ató los cabos para que cualquier intento con cariz de asamblea pudiera trastocar sus fundamentos orgánicos e institucionales. ¿Que nos asiste el derecho a manifestarnos y exigir un referéndum sobre esta cuestión que hoy se muestra palpitante en la opinión pública?. Sí, sin lugar a dudas; pero siguiendo los canales establecidos, que nadie puede saltarse.

   La Corona ha prestado servicios indudables al país y sería de desagradecidos no apreciarlos en sus justos términos. Pero, y a esto iba, es lícito que quienes lo juzguen necesario aboguen por otro  sistema de jefatura de Estado. Se puede no estar de acuerdo con ese modelo de sucesión de los poderes de padres  a hijos ( varones)  – que a no a las hijas, un fallo que viene desde la Ley Sálica, que viene nada menos que de los  francos salios en el siglo V; ya ha llovido – en los que no se ven sino lo inalterable posición de la Casa Real, que entre otras cosas no parece estar en línea contra el artículo I de nuestra Carta Magna, que no es otro que en  el que se remacha que todos los españoles somos iguales ante la Ley.

   Que las leyes sigan su curso, faltaría más, pero no sería aconsejable hacer oídos sordos a esa marea última y vociferante – también ha llegado a las costas de Málaga con el impulso que se pretende dar a la implantación del movimiento Podemos – que reclama una consulta popular sobre el modelo de Estado con el que no se está de acuerde que se perpetúe tal cual. El dilema monarquía o república, bien vivo o soterrado, parece que está pidiendo respuestas.

  

  

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Abdicación del Rey
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José Becerra | 07-06-2014 | 2:16| 0

 

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Abdicación del Rey

 

Estábamos absortos en los acontecimientos que dejaron tras sí las elecciones europeas con los sorpresivos resultados que nos proporcionaron, cuando un hecho no esperado, por lo menos por el españolito de a pie, aunque los altos dignatarios del Gobierno y la Oposición ya estaban informados convenientemente,según se ha sabido, ha venido a dejar los dimes y diretes de los políticos y sus posicionamientos de cara al futuro en un muy marcado segundo plano. Una sorpresa sobre otra en un corto intervalo de horas. La primera anulada por la que ahora se produce, al filo del medio día 2 de Junio de 2014. Una fecha para fijar desde ahora en los anales del devenir hispano por su indiscutible relevancia.

Don Juan Carlos Carlos acaba de anunciar su abdicación del Trono español a favor de su hijo, el príncipe de Asturias, desde ahora llamado a ser reconocido probablemente en todas las esferas políticas y sociales tanto dentro como fuera del país como Felipe VI de España, nada más culmine el proceso legal marcado por el artículo 57 de la Constitución marcado para la sucesión de la Corona.

 

En España se produce un parón en todo acontecer ajeno a la envergadura del hecho histórico que acaba de producirse. Hoy,el país es noticia y tiene como fundamento el anuncio del relevo que acaba de realizarse en la Casa Real y en muy segundo término queda todo lo demás que desde la pasada semana conmovió a la opinión pública.

   El PSOE y la candidatura a la elección de un nuevo secretario general, los ímpetus de los barones del PP para encarrilar el curso del partido tras la debacle electoral, los esfuerzos de la izquierda radical para conmover los cimientos del Estado y emprender una aventura que a muchos se le antoja incierta y peligrosa; toda esta agitación política barrida por un acontecimiento que va a suscitar en grado superlativo los pareceres de todos los españoles,que no todos los días un Rey dice adiós y se entrevé la pronta llegada de otro.

 

Los partidos contrarios a la monarquía, por su parte, se han apresurado a convocar manifestaciones en la mayoría de las principales ciudades del país y preconizan un referéndum para que sea, según su entender, que no tiene por qué ser compartido por la mayoría de la sociedad, que sea ésta la que determina el futuro de la Monarquía y el devenir político del país. Les ha faltado tiempo para arrimar el ascua a su sardina y cantinela republicana. Otra cosa es que se baile al son que intentan tocar.

 

A la izquierda, en su mayoría, le han sonado baldías las palabras del Rey en su despedida Les resbala su sensata afirmación de “dar paso a una generación más joven que abra nuevas esperanzas”. Lo razonable es que los partidos republicanos se hubiesen dado un tiempo prudencial para salir a la palestra y formular sus intenciones. Su parecer y posicionamiento al respecto son más que sabidos. Sólo que hubiese sido de agradecer, en parte por la gran mayoría que no abrazan su ideario, que no se precipiten para que las opiniones sean contrastadas con el suficiente sosiego, que, como dicen en mi pueblo serrano, “el que más corre, más atrás se haya”.

 

Además, y esto es algo que deberían saber quienes se desgañitan pidiéndolo, no bastaría con un referéndum, que sí se podía llevar a cabo, faltaría más, pero no implicaría el revocar la norma orgánica, que exigiría una reforma radical de la Constitución que nos dimos en 1978, un proceso tan largo y exhaustivo como proceloso.

 

La Tercera República puede esperar.

 

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Abdicación del Rey
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José Becerra | 07-06-2014 | 2:08| 0

 

 

 

Estábamos absortos en los acontecimientos que dejaron tras sí las elecciones europeas con los sorpresivos resultados que nos proporcionaron, cuando un hecho no esperado, por lo menos por el españolito de a pie, aunque los altos dignatarios del Gobierno y la Oposición ya estaban informados convenientemente,según se ha sabido, ha venido a dejar los dimes y diretes de los políticos y sus posicionamientos de cara al futuro en un muy marcado segundo plano. Una sorpresa sobre otra en un corto intervalo de horas. La primera anulada por la que ahora se produce, al filo del medio día 2 de Junio de 2014. Una fecha para fijar desde ahora en los anales del devenir hispano por su indiscutible relevancia.

Don Juan Carlos Carlos acaba de anunciar su abdicación del Trono español a favor de su hijo, el príncipe de Asturias, desde ahora llamado a ser reconocido probablemente en todas las esferas políticas y sociales tanto dentro como fuera del país como Felipe VI de España, nada más culmine el proceso legal marcado por el artículo 57 de la Constitución marcado para la sucesión de la Corona.

 

En España se produce un parón en todo acontecer ajeno a la envergadura del hecho histórico que acaba de producirse. Hoy,el país es noticia y tiene como fundamento el anuncio del relevo que acaba de realizarse en la Casa Real y en muy segundo término queda todo lo demás que desde la pasada semana conmovió a la opinión pública. El PSOE y la candidatura a la elección de un nuevo secretario general, los ímpetus de los barones del PP para encarrilar el curso del partido tras la debacle electoral, los esfuerzos de la izquierda radical para conmover los cimientos del Estado y emprender una aventura que a muchos se le antoja incierta y peligrosa; toda esta agitación política barrida por un acontecimiento que va a suscitar en grado superlativo los pareceres de todos los españoles,que no todos los días un Rey dice adiós y se entrevé la pronta llegada de otro.

 

Los partidos contrarios a la monarquía, por su parte, se han apresurado a convocar manifestaciones en la mayoría de las principales ciudades del país y preconizan un referéndum para que sea, según su entender, que no tiene por qué ser compartido por la mayoría de la sociedad, que sea ésta la que determina el futuro de la Monarquía y el devenir político del país. Les ha faltado tiempo para arrimar el ascua a su sardina y cantinela republicana. Otra cosa es que se baile al son que intentan tocar.

 

A la izquierda, en su mayoría, le han sonado baldías las palabras del Rey en su despedida Les resbala su sensata afirmación de “dar paso a una generación más joven que abra nuevas esperanzas”. Lo razonable es que los partidos republicanos se hubiesen dado un tiempo prudencial para salir a la palestra y formular sus intenciones.

   Su parecer y posicionamiento al respecto son más que sabidos. Sólo que hubiese sido de agradecer, en parte por la gran mayoría que no abrazan su ideario, que no se precipiten para que las opiniones sean contrastadas con el suficiente sosiego, que, como dicen en mi pueblo serrano, “el que más corre, más atrás se haya”. Además, y esto es algo que deberían saber quienes se desgañitan pidiéndolo, no bastaría con un referéndum, que sí se podía llevar a cabo, faltaría más, pero no implicaría el revocar la norma orgánica, que exigiría una reforma radical de la Constitución que nos dimos en 1978, un proceso tan largo y exhaustivo como proceloso.

 

La Tercera República puede esperar.

 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.