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Categoría: actualidad
Elecciones andaluzas en el horizonte

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Elecciones andaluzas en el horizonte

JOSÉ BECERRA

A esta altura de la política resulta archisabido que los partidos no convocan elecciones si no están persuadidos de que las van a ganar. ¿Para qué correr el riesgo de que las pierdan si el horizonte que vislumbran en lontananza no se les muestra lo suficientemente nítido como para lograrlo? Así que las adelantan o aplazan según sus intereses haciendo caso omiso de lo que le importa al ciudadano de calle.

El otoño que está a la vuelta de la esquina y con él la batalla campal en el campo andaluz que acapara la atención e interesa y mucho tanto a Susana Díaz como a Albert Rivera, tras la escenificación de su desencuentro y ruptura que ya es un hecho evidente, de cara a ese lance.

   Es lo que se otea en el actual panorama político de Andalucía. La Presidenta andaluza le importa y mucho ahora que se adelanten lo comicios para esquivar el tormentoso cielo de la sentencia condenatoria del macro juicio de los ERE que vendrá a poner negro sobre blanco el caso de dos expresidentes andaluces y veinte altos cargos más de la Junta sentados en el banquillo tras siete años de investigación judicial. Así mismo, no es aventurado conjeturar que espera sacar el máximo partido del “efecto Sánchez” a tenor de las encuestas que vaticinan un considerable aumento de votos a favor del PSOE. A lo que cabría sumar  la bajada ostentosa que acusa Podemos tanto en ámbito nacional como el andaluz. No debe parecerle oportuno al partido esperar que recomponga sus fuerzas. Tampoco parece que desestimen los socialistas el resultado adverso  del Congreso del PP que acabó con la culminación de Casado como líder del partido, menguando la fuerza de los seguidores de Juanma Moreno, quien ostentosamente optó por encumbrar a Sáenz de Santamaría, la derrotada en la tesitura.

   Se comprueba así una vez más que en los políticos de hogaño priman sus intereses cuando de convocar elecciones se trata. Lo que ocurre es que a veces se equivocan de medio a medio y acaban pagando caro sus composturas y apremios. Ya veremos lo que nos deparan las que ahora se otean en el horizonte.

  

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Desbandada en la Serranía de Ronda

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Desbandada en la Serranía de Ronda

JOSÉ BECERRA

La huida de la comarca la protagonizan desde un tiempo a esta parte los jóvenes que buscan con ahínco nuevos y más halagüeños horizontes para sus vidas.

   Los índices demográficos de los pueblos de la Serranía de Ronda asustan. Las pirámides de edad de todos y cada uno de ellos mantienen constantes idénticas. La base, que recoge los nacimientos y el crecimiento de la población infantil pierde referentes todos los años, y en cambio, la cúspide que habla de la población anciana aumenta implacablemente. Los entrantes de la pirámide que hablan de la población joven, madura y activa acusan la despoblación incesante. Se abandonan los pueblos para residir en la costa que es donde se encuentra más fácilmente trabajo y la tendencia se hace más pronunciada cada vez. Los núcleos rurales se despueblan a ojos vista y de aquí a la postergación definitiva de la Serranía y al abandono de tradicionales de sistemas de vida seculares y recursos económicos tradicionales tienden a desaparecer.

   Alternativas a la panorámica incierta de la supervivencia de la Serranía amenazada por la sangría demográfica que asola sus pueblos, existen sin duda; una sería la mejora de las comunicaciones con la Costa del Sol. Las ventajas de una vía alternativa a la actual carretera de San Pedro, que en su día supusieron un significativo adelanto para la mejora entre la Ciudad del Tajo y el territorio costasoleño, necesita urgentemente de un nuevo impulso.    La obra no deja de ser compleja y exigiría la construcción de viaductos y túneles, alguno de particular longitud como el que podría atravesar a la Sierra Bermeja. Pero obstáculos más difíciles se han salvado. Y proyectos que parecían productos de la calenturienta imaginación de utopistas o de las ensoñaciones de una noche de verano se contemplaron que adquirían cuerpo y se hacía realidad.

    Vías de comunicación deficientes y despoblación de parte de su territorio son dos elementos que se dan la mano hoy por hoy  en el acontecer de buena parte del ancho solar de la Serranía de Ronda. Ciertamente abrupta, pero que propicia el  asentamiento de paisajes sublimes y costumbres ancestrales que no tienen por menos que causar admiración cuando no embeleso de los sentidos. Elementos estos últimos que significan una cara de la realidad que desde siempre cautivó  a cualesquiera que la anduviera;  el otro cariz, más negativo, es el la de la certidumbre  de las deficiencias en comunicaciones que hasta ella nos aproximan o que desde aquí  nos conduce a territorios limítrofes. Todas estas deficiencias suman como resultado ineludible una despoblación exacerbada por días de quienes la abandonan para recalar en territorios más bonancibles para el sustento de cada día.

  Alternativas a la panorámica incierta de la supervivencia de la Serranía amenazada por la sangría demográfica que asola sus pueblos, existen sin duda. Una sería la mejora de las comunicaciones con la Costa del Sol. Las ventajas de una vía alternativa a la actual carretera de San Pedro, que en su día supusieron un significativo impulso para la mejora entre la Ciudad del Tajo y el territorio costasoleño, necesita urgentemente de un nuevo estímulo.

   La obra no deja de ser compleja y exigiría la construcción de viaductos y túneles, alguno de particular longitud como el que podría atravesar a la Sierra Bermeja. Pero obstáculos más difíciles se han salvado. Y proyectos que parecían productos de la calenturienta imaginación de utopistas o de las ensoñaciones de una noche de verano se contemplaron que adquirían cuerpo y se hacía realidad.

   El hecho es innegable. Los jóvenes abandonan terruños rurales atraídos por el trabajo y los altos sueldos de la construcción o los servicios en la costa. Se instalan en los municipios costeros y aquí ansían echar raíces porque “cada uno es de donde le dan de comer”, que dice el sabio refranero serrano. Antes que ese hecho se haga definitivo e irreversible pongamos “pies en pared” – otro dicho rondeño para dejar sentado que contra algo hay que oponer férrea oposición – y procuremos que nuestros jóvenes trabajen en la costa pero vuelvan cada día a dormir en el interior. Los pueblos rondeños, ¿pueblos dormitorios? Y, ¿por qué no? Peor sería que fuesen pueblos muertos, como puede desdichadamente ocurrir.

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Una feria rondeña deslumbrante

Una feria rondeña deslumbrante

JOSÉ BECERRA

Presumiblemente  cuando aparezcan impresas estas líneas la septembrina feria de Ronda estará tocando su final. Pero aún así toca hablar de este evento porque enredados en las calles de la ciudad aún perdurarán sus ecos. No es tarea fácil que se borren como por ensalmo tanto esplendor mantenido durante la semana o se difumine un embrujo que cautivó en esos días festivos a propios y extraños.

El verano, caluroso y bullanguero, toca a su fin. Se despueblan los pueblos costeros malagueños y las playas vuelven a estar solitarias, hasta ahora atiborradas de gente ansiosa de pasarlo bien junto al mar. Se acabó  respirar su brisa cercana y benéfica al tiempo que el sol inclemente tostaba sus cuerpos indolentemente arrellanados en la arena. Cada mochuelo a su olivo parece significar las carreteras ocupadas por el gentío que se despiden de jornadas de diversiones y cuchipandas sin tasa. Se acaba el verano y su esplendor se trastoca para venir a lucir su apogeo en la Ronda sempiterna que acoge a quienes no acaban de despojarse del marchamo del estío y otean horizontes serranos en donde en estos días lucen su talla mujeres retrecheras, briosos corceles y enjaezados  carruajes que merodean la plaza de toros. Ronda toda, además de presenciar cómo maestros del toreo alardean de su gallardía ante el toro de turno,  es trasunto de un  vivo clamor en una feria septembrina que destila  brillo y color por los cuatro costados.

Viene a morir el verano en el coso taurino sobre el que gravita la magia de la feria  de Ronda. Es como si la costa cercana, que cada año venturosamente acoge  a gente de medio mundo, escogiera a la ciudad del Tajo para poner broche de oro a unas vacaciones, a unos días de  molicie, escarceos, ocio placentero y  se volcara hacia el interior para la apoteosis final.

¿Cómo dilucidar las causas que convierten a la de Pedro Romero como una de las ferias de mayor relieve en Andalucía? ¡Son tantas y tan variadas! Pero habrá que empezar por el principio. Por el mito que alimenta la propia ciudad desde que los viajeros románticos del XIX coincidieron que es una de las pocas ciudades que exacerba las imaginaciones en grado sumo. La Ronda, alta y señorial, con su embrujo al que casi nadie quedó indiferente, díganlo si no, para no remontarnos a épocas muy lejanas, los escritos de Rainer María Rilke, Emingway, o el mismo Orson Welles, levantisco cineasta de los años cuarenta, atrapan de tal forma que es muy difícil, cuando no imposible, apartarla del recuerdo una vez vista y vivida. Envuelve a la “ciudad soñada” un aura intangible pero tan real como la presencia implacable de su Tajo, que, a partes iguales, suscita admiración y temor.

Ronda romana – Acinipo, huellas de un pasado esplendoroso -, Ronda árabe, mudéjar y morisca, evocadora de correrías de moros y cristianos, de sucesos guerreros y amorosos de moros y cristianos, la media luna y la cruz, la espada y el alfanje, el reyezuelo y la hurí…” Viérades moros y moras / todos huir al castillo / las moras llevaban la ropa, los moros harina y trigo / y las moras de quince años /llevaban el oro fino / y los moriscos pequeños / llevaban la pasa y  el higo”. Y la Ronda señorial, la de los palacetes y frescos zaguanes y fachadas en las que lucen nobles blasones y ocultan su intimidad con el hierro artísticamente forjado.

Conventos recatados, iglesias que parecen fortaleza – la del Espíritu Santo – y capillitas urbanas que hablan de la religiosidad popular que, si no es ajena a la que se acoge a los templos, se impregnan de los sentimientos de la gente sencilla que ignora o  no entiende de ornatos y magnificencias. Murallas firmes al paso del tiempo y fuentes evocadoras, la plaza de toro y la Real Maestranza, cuna del fino toreo de raza, la Alameda, fresca y suntuosa…

Es difícil eludir el caudal de sensaciones que todas estas imágenes provocan al visitante – alguien dijo con razón que Ronda es tanto o más para el transeúnte que para el propio rondeño -, y que amalgamadas, subliminalmente, afloran en cualquier momento determinado. Como ahora con la feria de Pedro Romero.

¿Qué hace a esta feria del sur más al sur, única? A lo mejor son sus prolegómenos. La presentación de las damas goyescas, un bello guiño al sol como para atemperar  sus rigores en estas fechas y un cálido homenaje a la galanura de la mujer rondeña. La prestancia de las jóvenes, que lucen sus singulares atavíos como si del suntuoso vestido de presentación en sociedad se tratase. Tal vez sea ese su trasfondo más genuino.

¿O lo será el festival de cante grande, que agrupa a los cantaores más famosos en los días en el que el agosto implacable de la Serranía toca a su fin? El embrujo de la voz y la guitarra en el quejido doloroso que en su esencia es el principio del fandango.  El cante jondo en las voces templadas que hacen vibrar el alma con  la toná, el martinete, la rondeña o la carcelera, el tanguillo y las bulerías.

Y al final, en el septiembre que atempera calores, la goyesca, la corrida por antonomasia de Ronda. Día grande, a fe mía, que diría un clásico, es éste. Calesas y mujerío, caballos enjaezados que ensayan pasos inverosímiles, jinetes retrecheros, famosos jactanciosos que se asoman a las cámaras y a los tendidos, toreros, vino, gentío…

Si me permiten, hasta me atrevería a terminar con unos torpes versos: RONDA toda es un único hervor./ El sol casas notables hermosea;  / por  la calle una beldad se pasea,/ ¡ Sus ojos verdes van pidiendo amor¡ /Vino, toros, mujeres: esplendor. / Un mozo pinturero donjuanea / A lomos de un cuatralbo  al que espolea. /La feria septembrina, todo   color./ En la plaza que un  rey Borbón vio hecha, / Tres famosos diestros se han saludado, / (Ya la muerte en los toriles acecha). / Del tendido un   suspiro  se ha elevado,/  una oración, acongojada  endecha /por el gran maestro jamás olvidado.

 

 

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Pensiones en el alero

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Pensiones en el alero

JOSÉ BECERRA

Asusta la cantidad de millones que son necesarios para que cada mes llegue puntualmente la pensión a quienes las disfrutan, entre los que me cuento.  Disfrutar es un decir, que la exigua cantidad que se obtiene  no permite regocijarnos en demasía, más bien  vivir “a mal tira” que decimos los oriundos de la Serranía de Ronda, cuando llegar a fin de mes es toda una odisea en toda regla por la módica cantidad que el papá Estado tiene a bien  otorgarnos. Supera, empero, con creces la cantidad dedicada a este menester  los 9.000 millones de euros, lo que no es moco de pavo. Un pavoroso problema que posee el agravante de que indefectiblemente esa desorbitada cantidad se agrave con el paso del tiempo, algo que sesudos analistas del momento no dudan en señalar y dar por seguro.

La cuestión es que, si bien los jubilados hasta hora, después de dar por finalizada su vida laboral y disfrutar de una paga exigua vayan, como mandato de vida, desapareciendo, los que accedan a ese derecho, habrán de obtener, por mor de  cotizaciones más elevadas, de unos emolumentos sensiblemente más altos nada más pisar el escalón del sistema y durante la vida que siga a su situación laboral una vez acabada ésta. Algo que vendrá a agudizar el problema  haciendo que la cantidad que ahora nos horripila aumente considerablemente, hasta el punto de dar a pie a una situación poco menos que catastrófica para las arcas del Estado.

Se  tildará de catastrofistas a quienes aventuran este argumento; pero bien mirado no dejan de tener razón quienes barruntan esa situación. Aún sin soslayar la certeza del aumento de empleo y el crecimiento económico que hoy por hoy es presumible y que los panegiristas de el óptimo momento  que se atraviesa no dudan en evidenciar, por fuerza no es aventurado dar cabida a las certezas que pueden sobrevenir, merced a la sobrecarga que tendría que soportar la Seguridad Social de un futuro próximo.

¿Habrá que volver al casi  periclitado Pacto de Toledo, el cual en su día vino a solucionar el problema siempre candente de las pensiones en España? Todo apunta que sería conveniente y que redundaría en beneficio de todos; pero la estructura del panorama político de nuestros días y las intestinas luchas parlamentarias y/o senatoriales, hoy en palpable evidencia, lo impiden.

Una nube obscura y amenazante se cierne sobre nuestras cabezas, fruto de del deseo de quienes nos gobiernan de aumentar la presión fiscal sobre las entidades que mantienen el entramado de la actividad económica. Parece de una lógica apabullante que si esta presión  se ejerce sobre empresas que hasta ahora han permitido el despegue del enquistado desempleo en el país estremecerán sus estructuras financieras, algo que redundará indefectiblemente en la destrucción de puestos de trabajo, en la Seguridad Social tocada del ala y peligro inminente para los pensionistas.

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Festejos por doquiera en Málaga

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Málaga, festejos por doquiera

JOSÉ BECERRA

 Las fiestas patronales de los pueblos de la  provincia se propagan como el fuego, que siempre es voraz, pero que es este caso no es devastador, aunque sí bullanguero y colorista.

  No todo en los meses tórridos que sumen a la provincia en la parsimonia de la quietud, la somnolencia por el canto monorrimo de la chicharra y la bruma caliginosa, habían de ser fuegos aniquiladores. Provocados o fortuitos los que queman el bosque son siempre temibles y maldecidos.

    Pero hay otros fuegos, a Dios gracias, con la apariencia menos hosca. Son los que prenden con voluptuosidad no en los montes “por el calor execrados”, sino en los pueblos que a los pies o inmersos en ellos se erigen.

    “Arden” en fiestas, como suelen decir cronistas y reporteros recurriendo a un símil fácil, los pueblos de la provincia de Málaga. Desde mediado julio, todo el mes de agosto y parte de septiembre, no hay población, villa, municipio, aldea, villorio o caserío que no honre a su patrón, siempre santo y milagroso, como tiene que ser, y de paso proporcionar a sus habitantes ocasión para darles gusto al cuerpo con calles limpias y enjalbegadas para el evento, bailoteos en las plazas, y degustaciones  de manjares que les son propios.

    ¿De dónde vienen estos festejos que cambian la faz de cada pueblo durante un periodo variable de días? No son necesarias elucubraciones eruditas o antropológicas para establecer la procedencia. La tradición y su transmisión popular los sitúa en el Medievo. Comparten  todos sus orígenes las celebraciones y acontecimientos lúdicos que seguían a la culminación de la cosecha. Con el  trigo en el granero y la paja en el almiar, venían los días de agradecimiento a los Manes que hicieron posible el milagro de asegurar la manutención tribal o familiar. ¡Gracias sean dados al Cielo, y “ comamos, cantemos y bailemos, que otros días ayunaremos!”

    En agosto,  rinde honores a San Agustín, Alcaucín. Verbenea Algarrobo, y Alhurín el Grande presenta pleitesía a la Virgen de Gracia, emparejándose para  ello con Archidona y el lujo de su plaza ochavada. Almogía, la tierra del palmito venera a San Roque y San Sebastián; lo mismo que Cortes de la Frontera, emporio del corcho y del venado en libertad; igual que Alpandeire, el del monje itinerante; y Archez, la de la vid y el olivo ceniciento. Àlora, “la bien cercada” brilla por su coso taurino. Antequera “piedra  e iglesias mil” sorprende este mes con sus fiestas de recolección. Pisan la uva en Cómpeta para el mejor vino del año; en Atajate, Benadalid, Benalahuría – color y sabor medieval con sus fiestas de moros y cristianos_ , y  Benaoján, el de los embutidos selectos que rinde tributo al tren, también escogieron estos días para sus fiestas estivales. Sin olvidar a Montejaque, Jimera de Líbar, Cartajima – la Serranía en pleno incendio festivo -, el Burgo, el Campillos ganadero y claustral, ni a Cañete la Real.

    Carratraca, Gaucín – la bulla del toro “ensogado”,- Moclinejo – en la brillante ruta de la pasa; Monda, Ojén, Parauta, Periana y Pizarra. ¿ Quién da más? Sí, la Sayalonga verdialera; el Tolox del esparto y la “cojetá”;  el Torrox  de las esbeltas torres-vigías;  y el Valle de Abdalajís, recogido a lo pies del Picacho.

    Toda la provincia, desde la sierra al mar, desde la montaña al llano alimentando fogatas que nada tienen de dañinas ni maléficas, sino mucho de jolgorio y júbilo.

    Y como colofón, la feria de Málaga y, enseguida, la de Pedro Romero de Ronda. Toros, toreros valientes, mujerío retrechero y luz y color. Lo dicho, el fuego más inextinguible y benévolo  campeando en toda la provincia malagueña.                              

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Málaga, feria y fragancias de biznagas

JOSÉ BECERRA

De nuevo, un año más, Málaga, acicalada y esplendente sumergida en  la feria agosteña. Ese evento multicolor y jaranero que despierta la atención de media España (y encandila a quienes allende fronteras nos visitan) por cuanto en ella luce: mujerío galano, alazanes briosos y carrozas engalanadas; mocitos pintureros y bailes a tutiplén  que tientan a pintores coloristas, esos que  a lo largo de la historia aprehendieron tan luminosos  momentos para hacerlos eternos en sus lienzos y fueron admiración del mundo conocido.

   Un conglomerado de sensaciones abiertas como abanico multicolor a la vista del calidoscopio al que dan pie las engalanadas calles de Málaga, además de impregnar agradablemente el olfato merced a esa planta genuina que es la biznaga. Está presente la flor en la Alameda,  se enseñorea  del parque, remolonea en la Alameda y  se constata en la calle Marqués de Larios, a la que impregna de su cálida presencia;  en la Alcazaba, alta y altanera; cerca de la catedral, portento de sillares y entablamentos, arquerías, columnas, cúpula y armonía de proporciones. La fragancia y forma de la flor, esbelta, rutilante, símbolo de la Málaga en feria que cautiva; y se me antoja, esbelta en la pala de chumberas en las que lucen su esplendor, el símbolo por antonomasia de la feria agosteña. Lástima que en su visita a Málaga en 1910, Joaquín Sorolla, el pintor por excelencia de los claroscuros, no nos dejara muestras de su arte captando esos momentos de Málaga y los biznagueros que catapultan la ciudad a los dos hemisferios.

Es sabido que la palabra “biznaga” es oriunda del mundo árabe, que viene a catalogarla como “regalo de Dios”, ahí es nada. De ahí pasó a ser uno de los símbolos más conspicuos  de Málaga, cantado nada menos que por poeta Vicente Aleixandre, premio Nobel de Literatura, en sonoro versos: “Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos. Colgada del imponente monte, apenas detenida en tu vertical caída las ondas azules…”.

La biznaga se forma de manera artesanal  con flores de jazmín – el más utilizado el Real, blanco y que desprende suave fragancia – y un espigado tallo de cardo silvestre – el nerdo- cuando conserva su color verdoso y que adquiere forma de bola. Es el momento de insertar las flores en el bulbo el cual se abre y esponja de noche, perfumando el ambiente que lo rodea. Las paseará el  “biznaguero”, una figura peculiar e intrínseca de la Málaga del verano y, por supuesto, de su singular feria agosteña. No es una flor natural, sino el resultado de la feliz conjunción de jazmines ensartados en la planta espinosa que los acoge y que colocadas en los cactus deslumbran a propios y extraños, además de extasiarlos con su penetrante olor.

No hay para mí recuerdo próximo o lejano de la Málaga que hizo florecer calles y personajes históricos y entrañables, templos y paseos, tiendas y tabernas antiguas, feria agosteña, – “ esplendor y crisol de luz y color”- y procesiones semanasanteras – “ vahído de emoción y exaltación sin límites de los  sentidos”-,  librerías de viejo, posadas y patios de vecinos al que no se anteponga como preámbulo feliz de dicha amistosa, estética y sensual la espigada biznaga, inundando y enseñoreándose de mi ánimo y predisponiéndolo a la evocación más sentida.

Quién me dice que no estaría sumido en la fragancia de la biznaga  Aleixandre cuando en Sombra del paraíso  dio forma a  versos sublimes a Málaga dedicados: “ Calles apenas, leves, musicales, jardines / donde flores tropicales elevan sus juveniles palmas gruesas,/ Palmas de luz que sobre las cabezas, aladas, / mecen el brillo de la brisa y suspenden / por un instante labios celestiales que cruzan / con destino  a las islas remotísimas, mágicas, / que allá en el azul índigo, libertadas, navegan”.

 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.