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Categoría: actualidad
Terral, antesala del infierno

Terral, antesala del infierno

El terral, ese implacable azote nunca falta a la cita con Málaga cuando la canícula se instala en su ámbito. El sofoco hace su aparición en cuanto el verano entra en derechura en la ciudad. Su espantajo domina  en la ciudad y  lo padecemos como un flagelo que nos abate y que  imposible soslayar. A menos que se renuncie a callejear y nos sumerjamos en las frescas aguas de la piscina, si es que se tiene la suerte de contar con una en la urbanización en la que vivimos. O que nos zambullamos  en las aguas  de la playa más cercana,  y allí permanecer hasta que el azote implacable y caliginoso seda en su furor.

Los vientos, el aire en movimiento, como nos enseñaban en la clase de Geografía Descriptiva, se producen por diferencias de presión atmosférica, fenómeno que se atribuye a temperaturas desiguales. También nos enseñaron que los vientos se clasificaban en cuatro clases principales: dominantes (alisios); estacionales (los monzones del mar de la China); ciclónicos (huracán, tornado), y, por último, locales (vientos de levante y de terral, por ejemplo).

   Las corrientes de aires – y esto es de manual de sicología – influyen en el carácter de las personas, inciden en su ánimo y perturban el normal transcurso de sus vidas en determinados momentos, sobre todo los de índole local.

   La ventisca local que en el interior de la provincia malagueña más se teme, tanto en el invierno como en el verano, es el de levante. Es este un viento que encrespa los ánimos, que solivianta, que pone los nervios a flor de piel. Seco, sofocante aun en días invernales es este un viento, casi siempre racheado, levantisco que perturba y desazona como ningún otro.

Su hermano, en Málaga capital,  es el terral, que sólo sopla en verano pero que nos llega de poniente a lo sumo media docena de veces a lo largo de la estación y con una duración que casi nunca supera a dos jornadas consecutivas. A veces, no dura sino horas. Suficientes, sin embargo, para que se le considere como la “bete noir”, que dirían los gabachos, para el agradable estío que, por lo general, brinda la capital de la Costa del Sol. Sufrimos una muestra de su ardor en estos días y nos ha enseña los dientes, ¡y de qué manera!

   Uno, que no cree ya en el infierno, se acuerda cuando era niño cómo los curas de otros tiempos anatematizaban desde el púlpito a sus fieles flagelándoles con los males del castigo de ir a parar a este lugar si se incurría en pecados mortales. Sintiendo las mordeduras del terral, piensa uno sufriéndolo  como algo muy parecido a aquellas desdichas dantescas con las que nos amenazaban antaño. Vivirlo, si no se cuenta con la tecnología que lo hace más soportable, es como vivir unos días infernales.

   Cuando sopla el terral, arisco y denso, las calles de la capital y las de los pueblos costeros próximos, castigadas implacablemente tienden a quedarse desiertas. Los pocos viandantes que se aventuran a salir de sus viviendas caminan presurosos y maldicen entre dientes. El viento caliente que azota el rostro como una cataplasma impone su ley, pero no es ruidoso como otros vientos, los que hacen crujir las maderas de las ventanas y sacuden sin piedad sus batientes, no, el terral, ni llega ni se hace notar de forma aparatosa. Pero eso no le exime de su felonía: en cuanto hace acto de presencia abofetea la cara sin contemplaciones; al cuerpo lo hace más grávido, a las entendederas más lentas. Estrecha el cerco contra las personas, que se sienten de pronto atrapadas, inmersas en una sensación agobiante, en una desazón que atenaza y de la que se ansía escapar, cada cual recurriendo a los medios que pueda tener a su alcance.

   Al viento de terral no hay quien no le tema. “Seca la mollera”, dicen los más viejos en los pueblos de la costa. Con él anda la gente cabizbaja y caminan como perro apaleado. Duelen las muelas, reaviva las dolencias del cuerpo, saca la tripa de los quebrados, se revuelve inquieta la parturienta, interrumpe el ciclo menstrual femenino y escurre las ubres del ganado. “Mala cosa el terral”, dicen unos y otros, cuando se tropiezan en el camino. “Vaya si lo es”.

   Pero el díscolo viento malagueño cuando de verdad desespera es de noche. Si no se dispone de aire acondicionado es inútil que se abran las ventanas, ni que funcione el ventilador; no se hará con estos pobres recursos sino transportar a mayor velocidad la atmósfera candente que lo envuelve todo. Ahuyenta el sueño, roba el descanso, se empapan las sábanas de sudor; una y otra vez buscamos en la nevera que el frío de un líquido alivie por lo menos con su tránsito el ardor de la garganta, con lo que no logramos sino sentirnos congestionados, ahítos. Rezongos, imprecaciones, mala leche.

Con el terral, el taciturno se hace más huraño, el inquieto más irritable. Los pensamientos  se lentecen y los deseos más  inocentes se enturbian. Suerte que dura poco tiempo. Luego, respiramos aliviados, como si se despertara de un mal sueño en la que nos debatimos cerca de las calderas de Lucifer.

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Una alcaldesa que marca el camino

 

Una alcaldesa que marca el camino

JOSÉ BECERRA

Debe figurar en el frontispicio del Ayuntamiento que rige en un pequeño pueblo (Oia) de Pontevedra.  Y si aún no figura, debería hacerlo porque es el santo y seña de su labor como alcaldesa. Su interés por procurar la felicidad de sus convecinos es notaria. Ha hecho suyo el derecho legendario que figura en la ya consagrada Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Y lo hizo de manera solemne, obedeciendo a sus promesas electorales que le valieron la mayoría absoluta  en la pasada contienda municipal de meses atrás. La principal tarea que la alcaldesa del Partido Popular  se ha impuesto así misma es lograr un estado feliz para sus conciudadanos.

Llama la atención esta promesa que no podía ser mejor recibida en su pueblo y que contrasta vivamente con las intenciones, cortapisas y subterfugios que esgrimen buena parte de nuestros políticos en el resto del solar patrio. “Concejalía de la Felicidad”, ahí es nada, lo que la regidora ha puesto en planta. Que levanten la mano los alcaldes tanto de conurbaciones como aldeas de ínfima categoría que puedan presumir que en los Consistorios que rigen exista esta providencia de la que ella alardea con rigor.

En la contienda que precedió al día que cada parroquiano formalizó su derecho al voto dejó por sentado que su principal premisa era la de no hacer jamás oídos sordos  a los deseos de su pueblo. Hizo hincapié en sus peroratas que “la búsqueda de la felicidad es uno de los tres derechos fundamentales del ser humano, después de los de la vida y  la libertad”. Categórica se mostró la regidora en los momentos de hacer valer sus deseos al pueblo. Y la decisión se tradujo en la instalación de un buzón, abierto noche y día, para que la vecindad le haga saber sus cuitas para ponerles remedio más temprano que tarde.

Es sabedora la presidenta municipal  de la soledad que abate a buena parte de los mayores de su pueblo. Y para ponerle coto, condoliéndose  de su situación,  anima a sus convecinos que tiendan la mano y proporcionen momentos de satisfacción y compañía a quienes en el ocaso de sus vidas, por los más diversos motivos, se ven solos y no dudan en depositar sus cuitas en ese buzón de la esperanza novedoso en el país. Y no para ahí la atención que esta alcaldesa va a dispensar  a los mayores de su pueblo. En atención a ellos, que no pocas veces viven en la más completa soledad – un mal enquistado en muchos lugares de la España del interior y en concreto de las provincia de Málaga, caso de la Serranía de Ronda-  la primera edil de ese remoto pueblo norteño organiza un encuentro con jubilados para tratar de sus necesidades y apetencias.Vayan tomando ejemplo muchos de los ayuntamientos del país que hasta ahora han venido haciendo caso de esa perentoriedad que muchos de quienes arrastran años sin cuento reclaman con ahínco. Pero sería como predicar en el desierto. Es lo que se teme para no engañarnos con falsas expectativas.

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Cueva de Gato, un lugar para relajarse

 Resultado de imagen de fotos de la cueva del Gato

Cueva de Gato, un lugar para relajarse

JOSE BECERRA

Inmersos en las bullas de la ciudad y las playas, abarrotadas a vece suspiramos por un lugar placentero menos agobientes para olvidarnos del ajetreo de cada dia. Se puede disfrutar sin trabas de los placeres baratos que nos brinda la Natureza en muchos  rincones de la provincia malagueña. En este caso,  al socaire de ls estribaciones de, pongo por caso, la escabrosa Serranía de Ronda. Paisajes bucólicos (de haberlos háylos) desde los que se otean pintorescos e idílicos rincones que son remanzos de paz y sosiego en los ardorosos días veraniegos.

Playa, sol, sarao, discoteca…Ritmo trepidante que puede llegar a ser cansino si no agobiante por lo repetitivo. ¿Qué si se hace una escapadita al interior? ¿Es que no  lo pide el cuerpo? Solo se trata de una muy corta incursión tierras adentro que no ocupará más de una hora tanto para ir como para volver. Si se encuentra en Málaga capital solo tendrá que enfilar la carretera de Campillos y Ardales, si en el corazón de la Costa del Sol,  la de San Pedro de Alcántara hasta Ronda y luego, sin más, hasta la cueva del Gato, en Benaoján.

No pocas veces se ve uno tentado de apartarse del “mundanal ruido” que dijo el poeta y dejar atrás preocupaciones y pequeñas y grandes turbulencias del vivir diario para sumergirse de lleno en lugares todavía sin sufrir el zarpazo de las edificaciones y milagrosamente indemnes a la huella destructora del hombre. Respirar a pleno pulmón en paisajes sin mancillar por el ladrillo e incólumes en su bravía naturaleza. La cueva del Gato  compartida en su recorrido por Montejaque en donde se abre por el Hundidero y termina en  Benaoján, configurando entrambos uno de    estos lugares en donde el tiempo parece haberse detenido conservando la apariencia que tuvieron en la noche obscura de los tiempos.

El Gato, de colosal apariencia, ofrece dos posibilidades de disfrute: Adentrarse en su interior, lo que sería una aventura tan apasionante como cautivadora – sus laberínticas galerías rozan lo sobrenatural, pero se requiere tiempo y se exige, además de excelente preparación física la ayuda de un experimentado guía – , o quedarse en la entrada y contemplar la maravilla natural del gato de piedra de eternas fauces amenazantes. Para la fugaz escapada aconsejamos lo último.

Un profundo charco – los del lugar lo conocen por el color y la transparencia de sus aguas siempre limpias como el charco Azul – invita al baño más relajante y placentero. Habría que decir, remedando a García Lorca, que sus aguas son frías como cuchillos. Por eso son altamente aconsejables para las afecciones del aparato circulatorio. Pero de cualquier forma, en meses calurosos altamente gratificantes. Sin duda, se puede afirmar que nos encontramos en uno de los pocos lugares de la provincia en donde disfrutar de chapuzones en un río que por su peculiaridad – en el charco Azul vierte sus aguas el  Campobuche justo al irrumpir en la superficie después de atravesar más de 6 kilómetros de curso subterráneo – no permite ningún tipo de contaminación. Todo un lujo para los sentidos y un privilegio local al alcance de todos. Sabedores de ello los munícipes con su alcaldesa a la cabeza se esfuerzan en mantener en óptimas condiciones tanto el acceso como sus inmediaciones. No es gratuito que la cueva del Gato sea una de las señas- si no la primera – de identidad del pueblo en donde viene a aflorar después de atravesar lagos y recovecos rocosos que suspenden el  ánimo.

Y después del reconfortante baño, el necesario refrigerio. Hasta tres restaurantes abren sus puertas en las proximidades  permitiendo la degustación de especialidades de la gastronomía local en una justa relación calidad-precio. Concédase  un dia de asueto y venga a la Cueva del Gato para gozar de auténticos  ratos de relajación y excelente yantar. Un auténtico oasis de paz propicio para el relax al alcance de la mano.

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Cueva de Gato, un lugar para relajarse

JOSÉ BECERRA

Inmersos en las bullas de la ciudad y las playas, abarrotadas a vece suspiramos por un lugar placentero menos agobiantes para olvidarnos del ajetreo de cada día. Se puede disfrutar sin trabas de los placeres baratos que nos brinda la Naturaleza en muchos  rincones de la provincia malagueña. En este caso,  al socaire de ls estribaciones de, pongo por caso, la escabrosa Serranía de Ronda. Paisajes bucólicos  desde los que se otean pintorescos e idílicos rincones que son remansos de paz y sosiego en los ardorosos días veraniegos.

Playa, sol, sarao, discoteca…Ritmo trepidante que puede llegar a ser cansino si no agobiante por lo repetitivo. ¿Qué si se hace una escapadita al interior? ¿Es que no  lo pide el cuerpo? Solo se trata de una muy corta incursión tierras adentro que no ocupará más de una hora tanto para ir como para volver. Si se encuentra en Málaga capital solo tendrá que enfilar la carretera de Campillos y Ardales, si en el corazón de la Costa del Sol, la de San Pedro de Alcántara hasta Ronda y luego, sin más, hasta la cueva del Gato, en Benaoján.

No pocas veces se ve uno tentado de apartarse del “mundanal ruido” que dijo el poeta y dejar atrás preocupaciones y pequeñas y grandes turbulencias del vivir diario para sumergirse de lleno en lugares todavía sin sufrir el zarpazo de las edificaciones y milagrosamente indemnes a la huella destructora del hombre. Respirar a pleno pulmón en paisajes sin mancillar por el ladrillo e incólumes en su bravía naturaleza. La cueva del Gato  compartida en su recorrido por Montejaque en donde se abre por el Hundidero y termina en  Benaoján, configurando entrambos uno de    estos lugares en donde el tiempo parece haberse detenido conservando la apariencia que tuvieron en la noche obscura de los tiempos.

El Gato, de colosal apariencia, ofrece dos posibilidades de disfrute: Adentrarse en su interior, lo que sería una aventura tan apasionante como cautivadora – sus laberínticas galerías rozan lo sobrenatural, pero se requiere tiempo y se exige, además de excelente preparación física la ayuda de un experimentado guía – , o quedarse en la entrada y contemplar la maravilla natural del gato de piedra de eternas fauces amenazantes. Para la fugaz escapada aconsejamos lo último.

Un profundo charco – los del lugar lo conocen por el color y la transparencia de sus aguas siempre limpias como el charco Azul – invita al baño más relajante y placentero. Habría que decir, remedando a García Lorca, que sus aguas son frías como cuchillos. Por eso son altamente aconsejables para las afecciones del aparato circulatorio. Pero de cualquier forma, en meses calurosos altamente gratificantes. Sin duda, se puede afirmar que nos encontramos en uno de los pocos lugares de la provincia en donde disfrutar de chapuzones en un río que por su peculiaridad – en el charco Azul vierte sus aguas el  Campobuche justo al irrumpir en la superficie después de atravesar más de 6 kilómetros de curso subterráneo – no permite ningún tipo de contaminación. Todo un lujo para los sentidos y un privilegio local al alcance de todos. Sabedores de ello los benaojanos con su alcaldesa a la cabeza se esfuerzan en mantener en óptimas condiciones tanto el acceso como sus inmediaciones. No es gratuito que la cueva del Gato sea una de las señas- si no la primera – de identidad del pueblo en donde viene a aflorar después de atravesar lagos y recovecos rocosos que suspenden el  ánimo.

Y después del reconfortante baño, el necesario refrigerio. Hasta tres restaurantes abren sus puertas en las proximidades  permitiendo la degustación de especialidades de la gastronomía local- jamón  y chorizos serranos –  en una justa relación calidad-precio. Concédase  un día de asueto y venga a la Cueva del Gato para gozar de auténticos  ratos de relajación y excelente yantar. Un auténtico oasis de paz propicio para el relax al alcance de la mano.

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Trenes obsoletos para la Serranía de Ronda

 
Trenes obsoletos para   la Serranía de RondaJOSÉ BECERRA

Se esperaba con ahínco que los trenes que circulaban por la línea Algeciras – Bobadilla volvieran hacerlo tras las mejoras en la vía férrea,  toda vez que  los quebrantos ocasionados   por mor de adversas borrascas que la desmantelaron  meses atrás  parecían subsanados. Los convoyes volvieron a circular por estos parajes pero no para satisfacción de todos. Estas tierras del sur más al sur siguen soportando la indiferencia de quienes  tienen en sus manos dar cumplida cuenta y solución para  sus comunicaciones maltrechas, facilitando  medios adecuados para sortear los obstáculos que se presentan para la movilidad de los moradores. Vinieron los trenes, sí, pero no lo los esperados.

La rehabilitación de la línea tras los destrozos ocasionados por el adverso  temporal han concluido. Así lo anuncia Adif, una vez solucionados los daños causados. Obra ya en poder de la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria la documentación pertinente que así  lo ratifica. El costo de las obras ejecutadas se eleva a más de  25 millones de euros, que no es moco de pavo. Circularán los trenes una vez que la autorización  lo autorice de manera preceptiva.

Pero nuestro gozo en un pozo. Se elevan ahora las denuncias a causa de la precariedad de la línea, remozada sí, pero que se verá transitada por vetustos trenes procedentes de otras regiones, que al parecer presenten serios inconvenientes a poco que transiten continuamente sobre sus raíles. Algo que provoca que se sigue recurriéndose a la carretera para mediante autobuses cubrir las distancias que desde Ronda separan a Ronda de Bobadila y Málaga.

Siguen estado los pueblos de la Serranía de Ronda catalogados como de inferior categoría, algo que se deduce de esta dejadez para la movilidad de la gente de la zona tiene mismos derechos a trasladarse a donde necesite o les plazca, pero  gozando de las mismas ventajas de seguridad y comodidad que el resto de ciudadanos de otras latitudes del país. Tendrán que ponerse las pilas los ayuntamientos de la zona afectada por esta desconsideración para reclamar allí en donde sea necesario para gozar de trenes de proximidad que sean  garantes de este derecho inherente a los ciudadanos que comandan.

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 Pensionistas cabizbajos

JOSÉ BECERRA

¿Son conscientes nuestros políticos, ahora en refriegas poco menos que sangrientas para perpetuarse en el poder adquirido o para lograrlo desbancando a su oponente  de turno, en que están en juego el futuro de nuestras pensiones? ¿Se muestran sabedores de que el sistema  navega el el mar de los sargazos en donde el final de lo que lo transitan son más que propicio  a una naufragio irremediable?¿Son conscientes quienes rigen nuestros destinos  de que el sistema de pensiones está condenando a sufrir serios quebrantos cuando quienes pueden tener acceso a un trabajo están muy por debajo de quienes llegan al final de su vida laboral y por ende aspirar a una ansiada pensión? Son estas  premisas elementales, pero se nos antoja que no siempre quienes nos gobiernan y de rechazo, los sindicatos, se muestran lúcidos que el sistema de pensiones, en la que tanto ciframos nuestras esperanzas, puede sufrir un colapso cuando ese temido receso de trabajo se produzca por mor que la economía que lo sustenta sufra decaimiento y se tambalee, Dios no lo quiera, y entre en franca quiebra. Si se llega a una situación de merma en el empleo y se muestra un déficit en los que cotizan, apaga y vámonos, que se dice ante los estropicios de cualquiera naturaleza. Con el postureo latente de nuestros políticos, de los que se nos ha servido una evidente panoplia en sus actuaciones y componendas a raíz de las últimas elecciones municipales y autonómicas, el sistema de pensiones  se desliza por una superficie tan resbaladiza como peligrosa. La “hucha” languidece a ojos vista y es el  crédito el que  permitirá que, una vez más, que la extra del verano que ya está en ciernes se pueda hacer efectiva, a causa de una quiebra técnica de la Seguridad Social por mor de  perdidas que ha venido acrecentándose desde casi una década atrás, por lo que el sistema, tan quebradizo, no tienen por menos que resentirse. Es el Tribunal de Cuentas quien lo predice y nefasto será hacer caso omiso a sus reiteradas advertencias. Conviene estar en guardia por el devenir que puede ser no muy halagÜeño, no ya para quienes goza de la pensión ganada a pulso, sino para quienes aspiran a conseguirla en el futuro. El Pacto de Toledo tiene que ponerse las pilas y a remolque del órgano fiscalizador que se ocupa del dinero de todos, actúe más pronto que tarde para solventar la inestabilidad del sistema y llevarla a buen y seguro puerto. Para que los pensionistas de ahora y lo del futuro puedan respirar tranquilo. Porque las perspectivas no son nada optimistas, ya digo. Si los populistas por prestar su apoyo a Sánchez obtienen el mando en la Seguridad Social, en lo que toca a los pensionistas se habrá hecho un pan como unas tortas. Cabizbajos andamos.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.