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Categoría: actualidad
La ambigüedad de Sánchez

 

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La ambigüedad de  Sánchez    Foto: Diario SUR

JOSÉ BECERRA

Nada que objetar a la llegada de Pedro Sánchez a la más alta magistratura del Estado: lo hizo en buena lid y, por recurrir a un símil taurino, como “mandan los cánones”. Otra cosa es que, una vez instalado en él, no asalten al ciudadano de a pie una serie de interrogantes sobre sus primeras actuaciones como presidente del Gobierno, o de las artimañas que se vio obligado a echar mano para lograrlo. Buenas intenciones no le faltaron y así lo explicitó una y mil veces antes, durante, y después de la moción de censura que le valió el destierro del por él y sus huestes denostado partido de Rajoy. Que hubo complicidad con fuerzas políticas que lo auparon al poder parece hoy por hoy una realidad incuestionable. Auspiciado por ellas, ahora se ve en la necesidad de tenderles la mano en cómplice  reciprocidad. Es lo que se puede pensar, sin ir muy descaminado, ante las prisas del novísimo mandatario, tales sus apremios  por decretar medidas que afectan a los presos de ETA en cuanto al acercamiento en prisiones vascas, y las que tocan al procés catalán y a la estancia de sus valedores más conspicuos en prisión. Estas decisiones no parecen resultar halagüeñas para la España del más inmediato futuro. Puede que se resquebraje la consistencia y  concordia reinante. Es de temer que así ocurre al entrar en  juego populismos, pro etarras e independentistas reclamando el favor concedido (“do ut des”) al advenimiento de los socialistas al poder  por su mediación. Si Sánchez tiende su mano en demasía a los elementos discordantes mucho es de temer que lo pague en próximos enfrentamientos electorales, esos que son de prever no tardarán mucho en producirse cuando se evidencie con rotundidad  que el presidente hace comiso a sus requisitorias y acuerdos presumiblemente establecidos, como todo hace pensar que así ha ocurrido. Nubes que presagian tormentas nos sobrevuelan. Arrestos y perseverancias asisten a Sánchez, pero cabe preguntarse si en su arribada a la presidencia no han entrado en juego apoyos de quienes de una manera u otra amenazan con socavar los cimientos del Estado asentados sobre la unidad y el mantenimiento de las directrices que hasta ahora han sido firmes e  irrevocables en su estructura. La ambigüedad de Sánchez propicia cientos de interrogantes. No es la menor, su decisión de contentar a nacionalistas e independentistas, claramente emparentada con el populismo, lo que puede provocar, si es que no lo hace ya, que las minorías impongan su voluntad a las mayorías, que pueden acabar soterradas  sin remisión.

FOTO. DIARIO SUR

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Las mejoras de las pensiones en el alero

Las mejoras de las pensiones en el alero

JOSE BECERRA

El novísimo Gobierno se preocupa, como tiene que ser, por la recuperación y estabilización del sistema de la Seguridad Social; algo que parece problemático en lo que toca a conceder  las mejoras que desde el colectivo de mayores se exigen para las pensiones, sobre todo para las de menor calado económico. Temen desde las instancias del poder hoy asentado (no se sabe si para mucho o corto plazo) que esta medida afecte al cumplimiento de déficit de los presupuestos del Estado, algo que desde Bruselas se exige para que estos no se desborden sin contención aparente. ¿Teme el Gobierno de nuevo cuño que el aumento de las pensiones exija cortapisas a los Presupuestos del Estado lo suficientemente amplias como para desvirtuar los objetivos de déficit? O lo que lo mismo, ¿que alteren el compromiso con Bruselas de embridarlos? Tarea ardua, ¡vive Dios!,  porque la idea de elevar el calado de los impuestos o flagelar a los bancos con nuevos tributos para servir este fin, por mucho que esta decisión sea mucho que desear, no parece que se implante, al menos en tiempos próximos.

Sabemos que las pensiones, y con más razón, las que ahora se doblan en su importe cuando el año alcanza  su primera mitad, ha sido para satisfacerlas  recurrir al endeudamiento con el Tesoro Público para hacerles frente; medida ésta más que necesaria y urgente dado que los ánimos de los pensionistas, en cuyas filas milito, se encuentran más que encrespados exigiendo unas mejoras a tono con la subida  implacable del IPC, como saben, un índice económico que juzga los precios de bienes y servicios que se conocen como “cesta familiar”, esa que cada ama de casa pretende llenar entera o en parte a juzgar del momento que se viva y la variación del precio de los artículos según en el momento de la compra actual y la que se hizo anteriormente.

Consecuencias perentorias y evidentes: la Seguridad Social engorda su deuda a ojos vista y la controversia en el llamado Pacto de Toledo ni avanza ni retrocede en sus decisiones, algo que no tiene por menos que agobiarnos a quienes  no con dificultades manifiestas llegamos a fin de mes. Malos tiempos se presagian para los pensionistas, si es que los gobernantes de turno no se atan bien los machos para transitar con paso firme por tan arduo problema que no ceja en su martilleo en el sentir  de quienes menos tienen. Su suerte en un alero.

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Kioscos en retirada

 

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Kioscos en retirada

Esa costumbre inveterada de acercarnos cada mañana al kiosco de la esquina más próxima para adquirir el periódico de nuestra predilección, es notorio que lleva camino de pertenecer al pasado. Nuevos tiempos impelen distintos hábitos. El gesto de adquirirlo en nuestra primera salida a la calle todavía con el frescor mañanero de cada día y el olorcillo característico de la letra recién impresa en el olfato tiende a desaparecer. Podremos, eso sí, incluirlo en la bolsa de la compra diaria después de adquirirlo en los múltiples puntos de venta mecánica e impersonal instalados ad hoc en estaciones de tren, hospitales, supermercados y lugares de tránsito diario de la multitud para leerlo reposadamente en el bar de la esquina más cercana mientras degustamos el primer café del día, o bien sumergirnos en su lectura a la pata a la llana en el sofá de casa momentos después. Lugares de adquisición aquéllos que han venido a sustituir los kioscos de toda la vida, los cuales han iniciado el camino para batirse en retirada después de sobrevivir añadiendo la venta de golosinas, juguetes y baratijas para los más pequeños. Corren nuevos tiempos y muchos de quienes se acercaban al kiosco cada mañana para adquirirlo apenas después que hayan salido de la prensa optaron por buscarlo en Internet, esa herramienta automatizada pero fría y distante que les acerca a los acontecimientos de toda índole de cada día. Eso sí, es obligado permanecer sentado ante el ordenador prescindiéndose de la comodidad del diván, o mientras consumismo el primer café mañanero si lo hacemos en establecimiento de costumbre entre el vaho de quienes hacen lo propio a su alrededor, no siempre en silencio.

Los familiares kioscos desaparecidos, seguramente para no volver jamás, arrebataron con su ausencia a esquinas y plazuelas una estampa entrañable que muchos echamos de menos. MI vida, ya en franco declive, ha estado de una manera u otra vinculada a ese repertorio escrito e impreso de noticias, reportajes, opiniones y extenso contenido de un diario que ha venido poniéndome al día de cuanto sucedía de interesante alrededor de mí y de mis congéneres, en mi provincia, el país y allende fronteras.

No faltan sombríos agoreros que predicen el fin de la letra impresa, el crepúsculo indubitable del negro sobre blanco, ya sea en las páginas de un libro, ya en las de un periódico. En la meteórica carrera de las tecnologías de la comunicación, el caballo desbocado de Internet nos depara cada día avances impensables. La era digital enseñoreada de editoriales y redacciones trastoca por día conceptos que se creían firmes e inalterables.

Hablar de letra impresa, libro impreso, periódico impreso era hasta ahora redundante por lo obvio. Ahora no, ahora se impone la distinción necesaria, inapelable. ¿Libro impreso o libro digital? ¿Diario impreso o diario digital? ¿Desplegar las páginas del rotativo preferido o irse a la página escogida a golpes de obediente ratón? ¿Caerá la galaxia Gutenberg aplastada por la invasión desbordante de la era virtual? ¿Tendremos que adiestrarnos en aprender de memoria la Divina Comedia o El Quijote como lo hicieron los protagonistas de Fahrenheit 451 porque no habrá otro medio de reproducirlos y que esté más a la mano si no es por el frío e impreciso impulso de un teclado?

Siempre habrá quien se resista al cambio, quien prefiera el regodeo de comprar un libro, eligiendo entre centenares de títulos – hojeándolos todos, sopesándolos, calibrando la perfección de la impresión o sus defectos de premura, sintiendo el tacto limpio o ajado de su cubierta si nos acercamos a una librería de novedades o a otras de viejo, tan sugerente, tan sugestiva… -, aquél que responde a la apetencia del momento. Sentirlo bajo el brazo y empezar su lectura en el momento escogido, abandonarla y volver a ella, subrayar el párrafo que nos llamó la atención, señalar la página a la que será precisa volver… No, no me privarán de este placer, por mucho que se soplen los nuevos vientos.

Tampoco de acercarme cada día al kiosco a comprar el periódico y regocijarme como las cabeceras de disputan el espacio de exhibición, que cada vez es menor y comparar ofertas y promociones que cada vez son mayores. La película, el fascículo, la pieza de colección, que hay que enganchar al lector, que dicen las estadísticas que no andan muy equiparados, tirando a la baja, con los que aparecen en las listas europeas.

Paso ya, para mi pesar, de la edad septuagenaria, pero he tenido la suerte de que un periódico, SUR, cuando lo dirigía Sanz Cagiga(35 años dirigiéndolo, desde 1947), llegase con la regularidad de lo inmarcesible a mi hogar. Y si no llegó, lo busqué – en las bibliotecas, o en el bar de la esquina teniendo que soportar las miradas de inquina de quienes no pudieron adelantarse, cuando no era yo quien las emitía por el contratiempo de llegar tarde– , para leerlo en silencio o con el telón de fondo del humo de los churros y el sonido de las cucharillas impacientes del primer café mañanero.

 

Foto Pepe Nevado

 

 

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Esencias de la sierra en la mesa

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Esencias de la sierra en la mesa

 Nuestras sierras, las de Málaga y su interior que, ariscas, se asoman o no al Mediterráneo – Mijas, Abdalagís, Ronda –, o la que a caballo entre unas y otras, como la Bermeja,  se enseñorea en forma de anfiteatro calizo sobre un mar de pinsapos, ofrecen en los rellanos de sus pliegues y en laderas más expuestas a las   influencias del Sol y los vientos marinos, un sinfín de hierbas y plantas arbustivas   con las que el hombre en cada momento histórico de su deambular por estos parajes ha ido modificando los sabores de su mesa o curándose de estados anémicos y morbosos.

   A la vez que, sin proponérselo, daba pie a la aparición de una cocina que se ha mostrado como uno de los documentos más fidedignos a los que se recurrir para calibrar la particularidad de la etnia mediterránea.

Para conjugar sabor y aroma se echó mano para los caldos y las sopas de la hierbabuena (también para los consomés, del perejil, el ajo y el apio, que son los mismos aditivos que entran en la elaboración de los purés).

   El ajo resultó un elemento indiscutible para el buen cocinar desde el esplendor de al- Andalus, junto con la cebolla y cebolleta en potajes – alubias, garbanzos o lentejas- y en ensaladas y salsas. ¿Y qué decir de la inclusión de esta raíz bulbosa en la preparación de platos que tienen como principal componente a la carne? Sencillamente, que sin su olor y sabor una serie de platos no existirían o en tendrían un paladar que en nada se parecería al que la costumbre de su uso nos tiene acostumbrado.

   Cito, por ejemplo, el cordero asado o en caldereta, el lomo frito y adobado, los estofados, el rabo de toro rondeño, el guisado de cabrito lechal o el del conejo silvestre, entre un sinfín de suculentos platos que se pueden elaborar partiendo de la carne de cerdo – guisada y embutidas – , las aves de corral y la caza en general. Insustituible, ya digo. Lo dice el refranero del campo: “Como ajo y beber vino no es desatino”; “Gran placer es el agasajo y comer migas con ajos”; “Ni adobo sin ajos, ni campana sin badajo, ni viudita sin majo”… Y con el refranero serrano se va a misa.

El pescado, ya sea frito, asado, en salsa, al horno, rebozado o a la parrilla es deudor bien del orégano bien del tomillo que crece sin trabas en serrezuelas y montes. El apio, el laurel, la guindilla y el ajo- ¡siempre el ajo! – resultan imprescindibles para mariscos, crustáceos y moluscos. Díganlo si no la merluza, el rape, el rodaballo, la trucha, las almejas y hasta la propia langosta, cuyo sabor no sería tal sin la contribución de esas especias aromáticas y comestibles.

Para los licores caseros – la mistela de la Serranía de Ronda, por ejemplo, imprescindible en amonestaciones y casorios – se recurre a la hierbaluisa y para los dulces y repostería, a la matalahúga. Al perifollo, el estragón, hierba de canónigos, el mate, la centella o la valeriana y adormidera se echa mano para los más variados usos, incluido el ansiolítico y la consecución de un sueño profundo y reposado.

 

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Interpretando la Prehistoria desde Benaoján

 

Interpretando la Prehistoria desde Benaoján

JOSÉ BECERRA

Si existe un lugar en la comarca  de la Serranía de Ronda en la que el llamado homo sapiens anduvo a sus anchas por él, este es sin duda, Benaoján, del que se dice con razón “entre peñas escondido”. Lo atestigua la existencia de dos cuevas que ofrecen muestras evidentes del paso  por ellas de nuestros ancestros;  allí dejaron  muestras irrefutables de sus modos de vida y de sus incipientes dotes artísticas, reflejos fieles éstas de un espíritu de observación que hoy no deja de maravillarnos. Consciente de ello, dirigentes políticos provinciales, encabezados por el presidente de la Diputación,Elías Bendodo, a instancias del Ayuntamiento regido por Soraya García, en una visita al pueblo en cuestión han retomado la ya añeja cuestión de crear un merecido Centro de Interpretación de la Prehistoria.  Trazas prehistóricas, en efecto, presentan las dos espeluncas existentes en el término municipal – La Pileta y la del Hundidero- Gato, que comparte ésta última sus vericuetos con el pueblo vecino y hermano de Montejaque– ambas con méritos para maravillar a quienes hasta ellas se acercaron para transitarlas.

Hay que decir al respecto  que esta mano tendida que desde la Diputación se brinda a los alcaldes bajo el paraguas de centros de interpretación obedece a las demandas de los pueblos para hacer valer  recursos naturales y culturales que les son propios. Se persigue con ello aumentar la oferta turística como motor dinamizador del entorno. Una gestión ésta del ente provincial que en Benaoján ya se hizo valer mediante la concesión de una importante cifra para la construcción de una pasarela de acceso a la Cueva del Gato, a la vez que potenciaba la conservación del entorno enmarcado en el espectacular paisaje de montaña de su entorno. Hoy una esplendente realidad que facilita el paso a la carretera que une a la población con Ronda.

La puesta en valor de ambas cuevas, facilitando su acceso y el conocimiento por profesionales no pude por menos que repercutir en las condiciones socio-económicas del pueblo, con repercusiones  ciertas en los ámbitos culturales y ambientales. Cuestiones que repercutirán a buen seguro y que, como atracción turística de imponderable valor,  han de provocar seguro impacto en el desarrollo económico de la zona. Un albergue turístico ya sin utilidad en las cercanías de la estación de RENFE  será el cuartel general desde que se impulsará este ambicioso proyecto que dinamiza  la Prehistoria. Larga vida lo asista.

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Ancianos en apuros

Ancianos en apuros

A los que ya se nos conoce como septuagenarios, o sea, que traspasamos la barrera inmisericorde de los 70 abriles, no digo los que traspasaron esa  edad con creces y militan en el grupo de los octogenarios, a los problemas inherentes a ese estado un tanto ya (o un mucho) calamitoso en lo que toca a la salud y al comportamiento personal en todos y cada uno de las acciones que se requiere para seguir el día a día ante innumerables trances por los que nos vemos obligados a transitar,se suman otros  deberían ser exceptuados.  Pero no hay tal, sino que por el contrario, se muestran cada vez más firmes y asentados y que atentan claramente y se ceban en quienes ya, por razones obvias, lo que debería primar era el hacerles la vida más soportable y llevadera.

Veo con frecuencia, la misma que me obliga a acudir a la entidad bancaria más próxima en la que mantengo mis ahorros, cómo hay mucha gente mayor que en estos días a la chita callando vienen protestando porque se les obliga a manejar para ellos el artilugio del cajero automático cuando tienen la urgente necesidad de retirar parte de su peculio para las necesidades surgidas en sus días a días, ¿Saben los mandamases de la sucursal bancaria en cuestión que hay vejetes que en su día han tenido que enfrentarse con un sistema electrónico que no pocas veces les atemoriza e irrita porque su manejo se les escapa y del que desconfían porque desconocen su efectividad?

¿Qué fue de los amables empleados a los que no pocas veces desgranaban  relato de sus cuitas diarias y ellos correspondían a sus deferencias con la misma amabilidad al cliente de turno del que conocían los entresijos de su vida y su situación familiar? Los nuevos tiempos, el avance de los sistemas electrónicos del que mucho de los que ya abundan en canas y arrugas en el rostro no tienen ni remota idea, viene acabando con esta familiaridad en aras de la imposición de máquinas impersonales y frías con las que debemos enfrentarnos sin el menor atisbo de gesto amistoso y cordial con el que se nos recibía que era consustancial con el empleado de turno que luego nos  atendía con presteza y amabilidad.

 

 

 

 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.