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Categoría: Andalucía
Ciudadanos ante el dilema

Ciudadanos ante el dilema

Un nuevo escenario  acaba de tomar formar a raíz de las elecciones andaluzas que ya son historia. Se han trastocado los cimientos de la situación política con un resultado de las urnas que dictaba mucho de predecir, descontado el sondeo del CIS y el desbarre de Tezanos, su principal adalid. Muchos son los intríngulis que se han de superar de aquí a muy pocas fechas. Por su importancia, cabe resaltar que el sultado de los comicios  ha colocado a Ciudadanos en una encrucijada que que si no acierta en su disición final puede ocasionarle serios quebrantos. Partimos de su posición, hasta ahora ubicada como el fiel de una balanza entre el PP y el PSOE, sin inclinarse a un lado u otro. Pero he aquí que el resultado electoral, que no ha dejado indiferente a nadie, les obliga a posicionarse de manera y forma harto difícil y es de esperar que no se equivoquen en el intento. Si tiende la mano al PP y VOX no será raro que se alcen voces en su contra. Puede calibrarse    como una entrega a la derecha radical, intrínseca sin paliativos en lo que toca a la formación que lidera Santiago Abascal. Si caso omiso de esta deriva y opta por no facilitar el cambio en Andalucía puede considerarse como favorecedor de unas segundas elecciones  con el riesgo de que siga ostentado el poder un partido, el de Susana Díaz, con alrededor de cuatro  décadas de clientelismo llegado ya al paroxismo de la inconciencia o desatino político. Caerá en un error absoluto  Rivera si se entronca en no propiciar una mutación que Andalucía parece haber reclamado a gritos. Una oportunidad de oro para poner punto final a la consistencia del socialismo andaluz, aquí afincado contra viento y marea. Proclamar y avivar el cambio en la región es una tarea que ahora se le ofrece en bandeja y nadie entendería que lo impidiera, lo que concitaría el descontendo cuando no la animadversión de buena parte del país. Aparte de que, en ese caso, y recordando que el día 2 se votó en  clave nacional, pocos se pondrían de su parte. Se alza la cuestión latente de que una huida hacia ninguna parte en esta cuestión le acarrearía problemas de identidad, algo que ya ocurrió cuando prestó sus votos para encumbrar y mantener  a Susana Díaz durante mas de tres años, para luego disentir y volverle las espaldas. Importa un reforzamiento de las fuerzas constitucionalistas y alejar Andalucía cualquier intento que venga a trastocar un horizonte que ahora parece ofrecerse como nítido y halagüeño, si todos arriman el hombre y se camina con una misma dirección. En el dilema, es de esperar que se escoja la dirección menos nociva para nuestra tierra. Cabe recordar en esta tesitura una declaración de intenciones del líder de Izquierda Unida Julio Anguita en 2015, que ante esta tesitura en la que ahora se abocan nuestros políticos, recobran plena actualidad: “«Lo único que os pido es que midáis a los políticos por lo que hacen, por el ejemplo. Y aunque sea de la extrema derecha, si es un hombre decente y los otros no dan muestro de ello, votad al de la extrema derecha.Eso me lo manda mi mandamiento interior, mi inteligencia de hombre de izquierdas». Convendría tenerlo en cuenta aquí y ahora. Así como también la posición de Íñigo Errejón, que reclama autocrítica en lugar de “culpar a otros del trabajo que no se ha hecho bien”. Palabras que importa traérlas a colación. Más razón que un santo. Es de esperar que no haya que culpar a Rivera de no apoyar o ponerse de lado ante el cambio político en Andalucía. Un trueque éste deseable y que podría ser inminente.

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¡Que viene la derecha!

 

Visita a la asociación Los Girasoles de Ara/FRANCIS SILVAFoto de FRancis Silva.Diario SUR.

 

¡Que viene la derecha!

Es el grito unánime que parece haber lanzado al aire la izquierda española ante el batacazo inesperado y estrepitoso que acaba de sufrir en Andalucía. Y que quede ahí a cosa, que podía extrapolarse al resto de España en las elecciones generales que ahora están al caer. De antemano se daba por hecho –encuesta la de Tezano del CIS,  que muerde el polvo en sus apreciaciones, al vaticinar un aplastante triunfo- que los socialistas se llevarían de calle al resto de contrincantes, a saber, las fuerzas políticas participantes en la confrontación. El tremendo batacazo  echó  por tierra la apreciación. Derrota sin paliativos. Proclamó Esperanza Díaz en sus alocuciones electoralistas que “Andalucía tiene que ser el dique de contención de la derecha”, refiriéndose a Andalucía primero y luego al resto del país. Se equivocaba de medio a medio, por lo pronto en lo que tocaba a esta tierra de Despeñaperros para abajo. Pavor en la Moncloa y en Ferraz. Y no es para menos. El castigo infligido a Esperanza Díaz por fuerza obliga a un sereno estudio en clave nacional, y a lo que puede ocurrir de aquí a nada. Porque el varapalo proporcionado  al PSOE de Susana Díaz se puede extrapolar al de su máximo dirigente, o sea a Pedro Sánchez,  conclusión que se desprende en un voto mayoritario que no  ve con buenos ojos el pacto que éste mantiene con los independentistas y sediciosos catalanes, entre otras concesiones a cual más inapropiadas y que están en la mente de todos, y, por ende, no parece necesario recalcar. El golpe inesperado  propinado a los socialistas presenta otra dimensión a tener en cuenta. Salta por los  aires el consagrado bipartidismo, a saber que solo sean dos partidos consagrados a ostentar el poder: ahora se va a erigir con toda probabilidad, al margen del centro-derecha imperante hasta ahora, un gobierno autonómico en el que entran en juego PP, Ciudadano y Vox. Sangre nueva, por ende, en las arterias andaluzas, poniendo punto final a casi cuatro décadas que este discurrir virtual lo proporcionara el socialismo. No se puede decir, por ende, que en esta reciente confrontación no hayan surgido grandes sorpresas, por lo menos las que disloquen el panorama político en lo que se refiere a los destacados partidos de resonancia nacional. Sin embrago, obligado es considerar el laurel obtenido por la agrupación que lidera Santiago Abascal, cuya entrada en la puja estaba por ver, pero que  ha demostrado su empuje hasta cotas impensables: 12 parlamentarios, cuando no se le pronosticaba sino uno solamente. No muchos, pero decisivos para el gobierno andaluz, como no tardaremos en ver.

El fortín del socialismo en Andalucía comienza a resquebrarse y mucho es de temer que el temblor de sus tierras movedizas alcance el paroxismo de aquí a no demasiadas fechas. Predecible es la hecatombe a escala nacional. Al grito de “¡Viene la derecha!”, muchos habrán seguido el de “¡Cuerpo a tierra!”. Para la mayoría, y esa es la prueba fehaciente del resultado electoral, se trata poco menos que de una bendición. Cosas del sistema democrático que en su día nos dimos y que es de esperar dure mucho, mucho tiempo. Y que ustedes lo vean.

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Andalucía, adelantada cultural del mundo

 

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Andalucía, adelantada cultural del mundo

Si echamos una ojeada, aunque sea en feroz galopada, a la historia de Andalucía se constata la importancia que siempre tuvo y su papel preponderante en no importa qué cuestión o cometido. Si nos remontamos a siglos atrás no podemos sino admirar el papel que siempre jugó en el desarrollo de lo que luego sería la nación española. Es innegable que supuso un foco de civilización en los albores de nuestra historia, y  no sólo de ésta sino de la del resto de Europa. En su suelo se instaló la revolución que en su día significó el Neolítico y fruto de este periodo histórico fue su papel de trampolín de la agricultura, cuyo conocimiento nos vino de África, haciéndola llegar luego a pueblos que constituyeron aldabonazos en el transcurrir de la historia desde latitudes orientales hasta las occidentales. Fenicios, griegos, cartagineses y romanos adoptaron su influencia: la Antigüedad Clásica, acogió sus formas de subsistencia y su arte incipiente  como lo demuestran antiquísimos textos que así lo ratifican.

Aquí tomó cuerpo la que luego sería reconocida como cultura tartésica, que vendría a revolucionar el mundo conocido hasta entonces merced a técnicas entonces novísimas como el arado, procedente de civilizaciones situadas en Oriente Medio. El artilugio de entonces se realizaba en madera, del cual tiraban los hombres hasta que fueron  sustituidos por animales bien entrados los primeros milenios de nuestra era, significó una revolución. Se había dado uno de los primeros pasos para la evolución del hombre que en estos parajes, que en el correr de los siglos fue conocido como Al- Andalus, un foco de civilización que nos vino de manos de los ocho siglos de civilización musulmana, cuyo principal exponente fue el Califato de Córdoba. Jalones del esplendor conseguido fueron la remoza de las actividades económicas que impulsaron, a su vez, un acicate para el florecimiento artístico- la música, por ejemplo- y la puesta en  pie de monumentos artísticos que hoy son admiración de medio mundo: tales la Mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada o el Palacio de Medina Azahara. La ciudad cordobesa se convierte por obra y gracia de la cultura que en ella se amasa como la primera ciudad de Occidente.

Al-Andalus cobró inusitado esplendor, no solo por su reciedumbre económica sino por aglutinar al unísono las más significativas culturas que florecieron a orillas del Mediterráneo. Se dieron la mano la árabe, la cristiana y la judía. Las tres civilizaciones engarzadas entre sí, y obviándose los desencuentros entre ellas por los naturales choques entre sí por motivos religiosos o económicos subyacentes,  obraron el prodigio de convertir ese espacio geográfico que luego sería conocido como Andalucía, en un adalid de la cultura occidental de su tiempo. Luego, en una galopada por la historia comprobamos que desde ella partieron las tres carabelas que descubrieron América. Un hito histórico memorable que cupo a esta Andalucía nuestra.

Con estas mimbres cabe preguntarse cómo es que, con los nuevos tiempos, la Andalucía de ahora languidece a ojos vista. ¿No será que la cuestión que la alejó del esplendor de antaño se deba, más que a estas tierras prodigiosas de siempre, a la incuria de los dirigentes que se sucedieron en el tiempo? La adelantada cultural y económica de antaño está necesitada de alguien que le diga a voz en grito:        “¡Levántate y anda!”. Entendiendo el mandato divino, aquí y ahora, como el apremio para iniciar una senda, una forma de hacer las cosas. Una vuelta a una senda de progreso y avance.

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Andalucía, prueba de fuego

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Andalucía, prueba de fuego

Por mucho que se esfuercen Susana Díaz y sus acólitos de mayor o menor rango en aparentar tranquilidad ante un electorado, cuya parte substancial se le antoja que le dará su confianza, la verdad es que el tablero político español se muestra insondable en lo que concierne con el resultado que se obtenga desde Despeñaperros para abajo el próximo 2 de diciembre. Si bien es cierto que la batalla se va a dirimir aquí, no lo es menos que el final de la contienda ha de tener repercusiones en el ámbito nacional y en la confrontaciones que se han suceder en los próximos meses. Los andaluces  son conscientes de que apoyar a Díaz o darles las espaldas puede tener repercusiones en esos inminentes pugilatos a brazos partidos que se van a suceder de inmediato en el ancho solar hispano.         El sondeo del CIS, que tanta polvareda ha levantado y que muchos no dudan en afirmar que les traen al pairo sus predicciones, choca con buena parte de los llamados a consulta ya que es público y notorio que aquí se suspira por un cambio de gobierno, pero, a la vez, y ésta es la intríngulis de la cuestión, se afirma que su voto irá, indefectiblemente, para Susana. Quizás se piense que entre lo más malo que pueda ocurrir se prefiera seguir con quien hasta ahora dirige el cotarro andaluz.

Se oye en los corrillos callejeros que lo que necesita Andalucía es un cambio de gobierno. Sin embargo, y aquí radica el quid de la cuestión, no  es menos socorrida la expresión de quienes afirman que su voto irá a favor de quien hasta ahora lo preside. Una incongruencia que muestra a la claras el dubitativo sentir de quienes ahora se disponen a ejercer  el sacrosanto deber de ir a depositar la papeleta en la urna que corresponda.

De entrada,  y a tenor de las encuestas publicadas, no solo por parte de aquellos que intentan arrimar el fuego a su sardina, sino de quienes contemplan el panorama político andaluz con ecuanimidad, se pronostica que la actual  presidenta volverá a sentarse en  el pódium como vencedora. Otra cosa es que logre mantenerse en él asistida por una mayoría absoluta, que ese es otro cantar. Por lo pronto, es previsible que esta vez no cuente con el beneplácito de Ciudadanos. Al menos, eso es lo que han querido dejar claro las huestes de Rivera, escarmentado del pacto, del que se rompieron todas las amarras meses atrás. Pero en política nunca se sabe. Cosas más inverosímiles se han visto. Desde luego, con quienes no podrá contar es con Juanma Moreno, quien le tiene declarada la guerra son cuartel en todos los ámbitos. Sí podría optar con la asistencia de Adelante Andalucía, ese revoltillo de partidos de clara tendencia izquierdista, regido por Teresa Rodríguez, que si bien difiere en su ideario con Díaz, no sería descabellado que le tendiera la mano.

Todos los candidatos a regir los destinos de Andalucía de aquí a cuatro años coinciden en afirmar que aquí y ahora lo que se dirimen son cuestiones que atañen al territorio. Pero cabe preguntarse, a fuer de desconfiados, si en la batalla campal que ahora se inicia en nuestro suelo no se tienen en cuenta los asuntos que atañen al conjunto del país y no será eso que los británicos conocen como testing ground  , y que por estos lares conocemos como “campo de prueba”, a saber, lo que dan de sí los acontecimientos vividos en el seno de los diferentes partidos y los cambios producidos en el mapa político auspiciados por los diferentes líderes de quienes dependen. En Andalucía, ahora, una prueba de fuego para la política nacional.

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Susana Díaz aprieta el acelerador

 

Susana Díaz, en una foto reciente./EP

Susana Díaz aprieta el acelerador

JOSÉ BECERRA

No hay que ser un lince en la política actual en el suelo andaluz para calibrar algo que se muestra con toda nitidez. Aun siéndose cauto tras la observancia del acontecer político  se vislumbra que los últimos acontecimientos vividos en Cataluña han colocado a Susana Díaz en el punto de partida para emprender su particular batalla para seguir siendo entronizada en el suelo andaluz como presidenta. Le empujan a velar armas para emprender la batalla que se vaticina campal. No se había  pronunciado al respecto pero es de sobras conocido por los que siguen con imparcialidad el momento político dentro y fuera de la región que habría de tener en mente el momento que considere idóneo para dar el paso de convocatoria de elecciones antes de que venga a enturbiar su decisión la sentencia de los ERE que están al caer. Y ahora, sin tapujos, ha dado el primer paso en esa dirección convocando elecciones para el 2 de diciembre venidero.

Es consciente la  presidenta andaluza que su fuerza se debilitó considerablemente al sufrir la derrota en el seno del partido por Pedro Sánchez meses atrás del 2017. Quizás por esta razón y ante el temor de que este acontecer le reste votos si se simultánea con las generales no ha dudo en convocar el plebiscito en Andalucía poniendo terreno de por medio, invocando, eso sí, que tengas tintes propios, o sea andaluz, sin máculas del  general que ya se otea en un horizonte cercano, y en el que el Gobierno de la nación, podría acusar un desgaste que ya es claro y notorio tras los acontecimientos que diezmaron sus filas y que obligaron a Sánchez a nombrar nuevos ministros tras la defenestración de varios cuando apenas sus nombramientos no iban más allá de un par de meses.

Existen escasas dudas de que se produzca una derrota de Díaz en esos comicios que ya están a la vuelta de la esquina. Los casi 40 años de gobierno socialista en Andalucía todo hace pensar que se prolongarían en el tiempo; eso sí, puede que necesite apoyos para hacerlo, porque no sería descabellado del todo que Partido Popular  y Ciudadanos (éste último rompió amarras con los socialistas recientemente tras años de mutuo consenso ahora frustrados) unan sus fuerzas para desalojarla del poder. En efecto, las huestes de Rivera tienen en mente  descabalgar al PSOE de Andalucía y acarician hasta ahora la quimera de que la jerezana Inés Arrimada repita en el sur su hazaña en Cataluña, invocándose esta vez su ascendencia andaluza, e incluso la del líder  Albert Rivera, cuya raíces familiares de hunden en el andaluz pueblo de Cútar, en pleno corazón de la Axarquía malagueña. De ambos es de suponer que  plantarán batalla a Díaz con toda la fuerza que les presta ser oriundo de estas tierras del sur  y la fortaleza que asiste a un partido político plenamente consolidado en el resto del territorio español.

¿Sacudirán los andaluces la apatía que durante décadas les amilanó para sacudirse el marasmo monocolor político hasta ahora mantenido contra viento y marea? Es lo que ahora toca dilucidar mediante las urnas, una vez que Díaz apretó el acelerador para inminentes comicios.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.