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Categoría: Andalucía
Un Mediterráneo decadente

Mar una playa y las montañas de altura Foto de archivo - 38791773

Un  Mediterráneo decadente

Se escogió el 8 de junio para celebrar el Día Mundial de los Océanos. A tenor de esta efemérides que nos lleva a concienciarnos de la salubridad que deben ostentar estos espacios nos preguntamos si se toma conciencia de que arrojamos al mar algo así como 8 millones de toneladas de plásticos al año. Horripila el dato, pero es rigurosamente cierto: maltratamos las aguas que nos concuerdan con absoluta impunidad, y por ende atetamos contra la vida de la fauna que en  los piélagos habita. Los desechos que vienen a buscar acomodo en el mar inciden en la supervivencia de la fauna que en él mora: se exponen a convivir con la ponzoña que  a la larga la quebrantan.

No era necesario que los científicos lo señalaran, que ya se intuía antes de  sus estudios pertinentes. El mar que baña nuestras costas orientales, el piélago que fuera testigo de la aparición y evolución de civilizaciones antiguas, tales las de Egipto, Fenicia, Grecia o Roma, entre otros pueblos ensalzados por los historiadores de todos los tiempos, presenta hoy fondos que son un pudridero con tal acumulación de basuras en aguas profundas que clama al cielo: jamás se había avizorado tal cantidad de inmundicias. Todos los desechos humanos van a parar a sus profundidades en donde son refugio y alimentación de la fauna marina, la que se ve obligada mal que le pese a moverse arrastrando tras de sí los jirones de plásticos que se enredan entre sus aletas y zarpas o convivir con toneladas de desechos. La fauna  marina se resiente y su procreación languidece habida cuenta  que los plásticos perduran en el fondo del mar la friolera de más 500 años. Obscuro se ve su futuro.

Las actividades humanas incrementan de manera notable la salubridad de sus aguas. Destacan en este aspecto, según apunta el estudio científico recientemente realizado, el incremento sin tasa de la pesca en sus aguas, a lo que se une la eclosión del urbanismo sin mesura en sus riberas con la consiguiente degeneración, a lo que pone la guinda el fenómeno del calentamiento global. El turismo nos proporciona grandes dividendos, es cierto, pero conlleva, con la la eclosión de construcciones en su órbita unas exigencia severas  mal que nos pese, por mor de disminuir vertidos sin el tratamiento debido a las aguas, y no es otra como que se limiten   las construcciones en su litoral, esas que sin la menor cortapisa por parte de quienes deberían poner coto al desafuero, florecieron por doquiera en su ámbito. La creciente ponzoña del Mediterráneo por mor  desechos acumulados se agrava a causa de la proliferación de industrias en su torno y un  cambio de corrientes que aminora    o dificulta el estrecho de Gibraltar. Otro enemigo no menos pavoroso para sus aguas radica en el cambio climático que ya resulta incuestionable y que  aumentó de manera exponencial su temperatura. Elemento discordante este último del que está detrás  tanto el aumento de la salinidad, parejo a la disminución de lluvias, como el decreciente aporte  de aguas de los ríos causados por las obras hidráulicas que jalonan sus cauces.

El litoral de Málaga, sin ir más  lejos, está en riesgo. Es lo que apuntan sesudos informes a tenor de la observancia de una concentración desmedida de materias no inocuas en la arena y en sus fondos. Los plásticos arrojados a sus aguas sin contemplación constituyen ya u serio riesgo para la integridad y salubridad  de las aguas ribereñas.

Ecologistas en acción apuntan datos que no dejan de ser impactante: la “urbanización sin trabas de  contención “es un mal que se hace ostensible en  las costas andaluzas. En lo que se refiere al litoral malagueño dan por sentado que se encuentra” completamente urbanizado”, lo que ha incidido negativamente en la salvaguarda de “sus valores naturales”-

A la vista de este mar maltratado me vienen a la mente los versos  que al majestuoso piélago le dedicara Rafael Alberti: El mar. ¡Sólo la mar!/ ¿Porqué me trajiste, padre/, a la ciudad/ ¿Por qué me desterraste/ del mar? Es sueños la marejada/ me tira del corazón;/ se lo quisiera llevar.  No imaginaba el celebrado poeta andaluz que su anhelado mar habría a de ser tan maltratado y, por ende, que entraría en tan penosa decadencia.

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¿Qué fue de nuestras fuentes públicas?

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Fuente Nueva - Montejaque AR

Antigua fuente de Montejaque

¿Qué fue  de nuestras fuentes públicas?

JOSÉ BECERRA

Fue una estampa entrañable tanto en pueblos como en ciudades la del ama de casa talluda  o la mocita casadera  que con el cántaro en el   cuadril  o sobre la cabeza se acercaba a la fuente pública más cercana para proveerse del agua suficiente para beber o guisar en el hogar.  Cántaros de barro moldeados a mano que poseían la singularidad de mantener fresca el agua, y desde luego, con la pureza pertinente para salvaguardar la salud del consumidor. Los alrededores de las fuentes públicas constituyeron lugares de encuentros,  así como  de charlas anodinas pero cargadas de resonancias propias del terruño. Pero también junto a los caños del prístino elemento procedente de fecundos manantiales  de las cercanas alturas  montuosas ¡cuántas  amistades se afirmaron y cuántos noviazgos se iniciaron que no  pocas veces terminaron en casorios! Caños, que en algunas partes de nuestra Andalucía profunda,  reciben el epíteto de santos, quizás por la pureza de las aguas que de ellos manan.

Y si so contados los pueblos pequeños en los que subsisten las  fuentes públicas,  en los ciudades van camino de desaparecer del todo, si ya no son sino un recuerdo que solo queda en rancias fotografías que evocamos como rareza y que formó parte de un cotidiano acontecer que ya solo es historia. Me viene a la memoria una fuente de Montejaque, un pueblo de nuestra abrupta serranía rondeña, que permanece intacta en su calle principal y que casi es objeto de veneración por cuanto retrotrae a un antiguo pasado del que nadie quiere desprenderse. El caso opuesto es Benaoján, un pueblo lindante en  el que se hizo caso omiso de estas reliquias del pasado y, en manos de alcaldes poco atinados, vio  como desaparecían de su única plaza la añosa fuente que se estableciera más de un siglo atrás; así como desapareció el Pozo de San Marcos en sus inmediaciones (aquí era obligado, en fiestas patronales trasladar la imagen del Evangelista  para bendecir los campos de labor de su alrededor) que hablaba a las claras de tiempos pretéritos y labriegos, en los que caballerías eran los únicos medios de locomoción y a la vez de  trabajo en labrantíos, mantenedores del diario sustento. Craso error nos parece prescindir de estas huellas que deberían ser imperecederas de un pasado que muchos evocamos no sin un cierto deje de melancolía.

El agua del grifo, salvo en  muy contadas ocasiones, resulta más saludable que la consumida trasegando la que nos venden en envases de plástico. Un estudio científico reciente habla de  la detección de partículas de esta materia en más de un 90% de las botellas de agua mineral que compramos a diario. Con un problema añadido para la salud general de quienes habitamos este planeta: 400.000 toneladas de plástico vienen a parar al mar.  Una catástrofe biológica que viene a degradarlo  de manera paulatina pero incontrastable, infectando la fauna marina en la que no pocas veces ciframos nuestro alimento los humanos.

Es este un mal ya endémico al que se persigue poner coto antes de que sea demasiado  tarde para restituir la salud del planeta, en tantos flancos atacada. La Comisión Europea va a intervenir  revisando la legislación comunitaria sobre el agua potable.Desde la Asociación  Española de Abastecimientos de Agua, su presidente, Fernando Morcillo, ha denunciado que “se ha perdido la tradición de beber agua del grifo”. Por su parte la Comisión Europea ha incidido con ahínco en que es imprescindible que el ciudadano pueda disfrutar del agua potable en los espacios públicos, al mismo tiempo que incide sobre la calidad  de la misma e invoca a las administraciones a que ofrezcan fácil acceso al agua potable.Pero parece predicar en el desierto porque muy pocos le hacen caso: se considera un anacronismo volver a las fuentes publicas de antaño, al  cántaro de siempre y a la jarra de toda la vida.

Si salimos de nuestras fronteras vemos cómo en Londres acaba de instalarse una red de fuentes callejeras para hacer frente a la invasión del agua embotellada. Mucho más cerca de nosotros, en Málaga, su alcalde, Francisco de la Torre, días atrás, ante la desaladora del Atabal, se pronunció sobre la excelencia del agua de la ciudad e incitó al consumo del agua del grifo, la cual responde “ a una calidad máxima, merced a los controles sanitarios a los que se somete”. Más razón que un santo, oiga. Un ejemplo que deberían seguir los primeros ediles de la provincia, si es que se preocupan de las condiciones higiénicas  y de salubridad de las fuentes naturales de las demarcaciones que rigen. De haberlas, haylas, pero no hay razón que  explique su desaparición  ni conocimiento de qué ha sido de ellas.

 

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Adiós al impuesto de sucesiones

Adiós al impuesto de sucesiones

JOSÉ BECERRA

Tal vez habría que cambiar algo en el encabezado de este escrito y ponerlo entre sendos signos de interrogación. Pero es algo tan esperado por los españoles que preferimos dejarlo tal cual – optimista que es uno – aunque todavía no se pueda afirmar la anulación de la gabela porque su anuncio no va más allá de una proposición de Ley que el Grupo Parlamentario Popular acaba de presentar en el Senado con el ánimo de que se  apruebe más temprano que tarde.

Lo que nos hace abrigar esperanzas es que este malhadado impuesto ya ha sido derogado en Andalucía mostrando el camino al resto de España que aún lo soporta y gime por su desaparición. En algo teníamos que adelantarnos los andaluces, muchas veces en la cola de que nuestros próceres políticos nos dispensen de agravios. Lo que esgrimen los populares para que tal imposición llegue a un feliz  final es que supone una doble imposición para quienes ya han visto grabadas sus rentas  y bienes desde que pudieron presumir de su patrimonio. Venía a desmantelar algo que ha estado pesando como una losa, de manera y forma que movía a los sufridos cotizantes a mudar de residencia y trasladarse a otros lugares más propicios para sus intereses.

Si buena parte de las imposiciones estatales que padecemos no dejan de ser injustas, ésta lo era por partida doble ya que venía a gravar rentas y propiedades que ya gemían sobre la obligada tributación a la que se había de hacer frente de manera ineludible. El fantasma confiscatorio planeaba sobre muchas familias que recurrían para evitarlo renunciar a sus herencias cuando por motivos familiares o laborales les impedían poner pies en polvorosa ante un afán arbitrario y confiscatorio que les era imposible eludir.

El Partido Popular en un gesto que  les honra trata de suprimir esta exigencia del fisco que venía motivando que muchas familias renunciasen a herencias legítimas porque, como decimos los andaluces,  más vale pájaro en mano que ciento volando. Aparte de que como aseguran las mesnadas del partido que ahora lidera Pablo Casado este impuesto no llega ni al 1% de los ingresos tributarios del Estado. ¿Vale la pena exprimir por tan menguada exigencia a la ciudadanía que con más razón que un santo la rechaza de plano si  no supone para las arcas sino un ínfimo perjuicio?

Bienvenida sea la proposición del PP, que con el aliento en el cogote de Cs por tan noble causa, trata de eliminarlo del país, siguiendo las huellas de una Andalucía que en su día optó por arrinconarlo en buena medida.

 

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Cambio

Cambio

JOSÉ BECERRA

 

No creo que se haya repetido cualquier otro vocablo con mayor intensidad en los últimos días. La consigna parece haber sido corearlo  hasta la saciedad en todos y casa uno de los discursos pronunciados por quienes ansiaban que soplasen nuevos vientos sobre esta Andalucía nuestra no pocas veces vejada. Esos que esperaban diferente acontecer en el proceso político imperante hasta hoy  en sus tierras y vecindades. “Cambio” ha sido la palabra insistente y mágica usada una y mil veces por quienes deseaban desalojar al PSOE del poder en el que se instaló más de tres décadas atrás. Expresión que presumimos  alentaba a aquellos que  se acercaron el pasado 2 de diciembre a las urnas y en ella depositaron su voto con ánimo de lograrlo. Y así ocurrió finalmente. “Cambio”, palabra emitida insistentemente y que tomó cuerpo sirviendo para desterrar a quienes tanto tiempo llevaron las riendas de Andalucía dejando un reguero de trapìsondas  e intrigas, que ahora se aspira a que sean historias funestas, cegando propósitos de continuación de desmanes para que éstos no se vuelvan a repetir.

   El mensaje de Moreno Bonilla tras la victoria conseguida,  además de hacer ver la satisfacción de la aspiración cumplida y el reto de poder ofrecer a sus electores el corolario de haber vencido en buena lid, ha venido acompañado de unas explicitas intenciones de gobierno que no deberían echarse en saco roto. Sus buenas intenciones merecen que se le otorgue un voto de confianza. Ha tenido que lidiar para obtener la victoria final ante una situación peliaguda como fue tratar de mediar entre las enconadas posiciones de quienes han acabado por darle la victoria. No habrá sido fácil  aunar voluntades y determinaciones enquistadas, y lo seguirá siendo si no hay voluntad por parte de los protagonistas de este cacareado cambio, si a lo largo de la legislatura no ceden en  sus convicciones enroscadas y siguen despreciando a quienes les dieron la mano para el triunfo final.

   Y cuantos miramos desde la sombra o la distancia la ejecutoria del novísimo gobierno emergido de las urnas parece obligado que demos un tiempo prudencial para calibrar el alcance de sus direcciones y trayectoria. Lo que conlleva no hacer demasiado caso a las incendiarias proposiciones de quienes perdieron el ordeno y mando durante tan dilatado tiempo sin que jamás nadie se haya atrevido a eso que ahora se ha dado en llamar con razón “remover las alfombras” (por mucho repetido no menos concluyente) para extraer y limpiar el polvo acumulado por tan largo período socialista.Los mismos que,  por supuesto, no han de parar de poner impedimentos para que los que ahora toman el mando trastabillen y caigan sin remisión sobre ellas sin obtener su aspiración de limpiar y dar brillo a lo que hasta ahora sido poco menos que un cenagal.

   Hay quienes ya apuestan porque lo que acaba de ocurrir en Andalucía sea una antesala de lo que el futuro próximo nos va a deparar en las consultas electorales municipales y autonómicas, amén de las generales, que están al doblar de la esquina. Ha sonado una melodía que no deja de ser grata. Son sus sones los de reforma, diálogo, distensión, compresión y deferencia a quienes no comulguen sin fisuras ante las propias convicciones. Por lo pronto, esperemos el desarrollo de los acontecimientos cimentados sobre ese cambio que contemplamos con no poco contento y mucha esperanza en lo porvenir.

  

 

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Ciudadanos ante el dilema

Ciudadanos ante el dilema

Un nuevo escenario  acaba de tomar formar a raíz de las elecciones andaluzas que ya son historia. Se han trastocado los cimientos de la situación política con un resultado de las urnas que dictaba mucho de predecir, descontado el sondeo del CIS y el desbarre de Tezanos, su principal adalid. Muchos son los intríngulis que se han de superar de aquí a muy pocas fechas. Por su importancia, cabe resaltar que el sultado de los comicios  ha colocado a Ciudadanos en una encrucijada que que si no acierta en su disición final puede ocasionarle serios quebrantos. Partimos de su posición, hasta ahora ubicada como el fiel de una balanza entre el PP y el PSOE, sin inclinarse a un lado u otro. Pero he aquí que el resultado electoral, que no ha dejado indiferente a nadie, les obliga a posicionarse de manera y forma harto difícil y es de esperar que no se equivoquen en el intento. Si tiende la mano al PP y VOX no será raro que se alcen voces en su contra. Puede calibrarse    como una entrega a la derecha radical, intrínseca sin paliativos en lo que toca a la formación que lidera Santiago Abascal. Si caso omiso de esta deriva y opta por no facilitar el cambio en Andalucía puede considerarse como favorecedor de unas segundas elecciones  con el riesgo de que siga ostentado el poder un partido, el de Susana Díaz, con alrededor de cuatro  décadas de clientelismo llegado ya al paroxismo de la inconciencia o desatino político. Caerá en un error absoluto  Rivera si se entronca en no propiciar una mutación que Andalucía parece haber reclamado a gritos. Una oportunidad de oro para poner punto final a la consistencia del socialismo andaluz, aquí afincado contra viento y marea. Proclamar y avivar el cambio en la región es una tarea que ahora se le ofrece en bandeja y nadie entendería que lo impidiera, lo que concitaría el descontendo cuando no la animadversión de buena parte del país. Aparte de que, en ese caso, y recordando que el día 2 se votó en  clave nacional, pocos se pondrían de su parte. Se alza la cuestión latente de que una huida hacia ninguna parte en esta cuestión le acarrearía problemas de identidad, algo que ya ocurrió cuando prestó sus votos para encumbrar y mantener  a Susana Díaz durante mas de tres años, para luego disentir y volverle las espaldas. Importa un reforzamiento de las fuerzas constitucionalistas y alejar Andalucía cualquier intento que venga a trastocar un horizonte que ahora parece ofrecerse como nítido y halagüeño, si todos arriman el hombre y se camina con una misma dirección. En el dilema, es de esperar que se escoja la dirección menos nociva para nuestra tierra. Cabe recordar en esta tesitura una declaración de intenciones del líder de Izquierda Unida Julio Anguita en 2015, que ante esta tesitura en la que ahora se abocan nuestros políticos, recobran plena actualidad: “«Lo único que os pido es que midáis a los políticos por lo que hacen, por el ejemplo. Y aunque sea de la extrema derecha, si es un hombre decente y los otros no dan muestro de ello, votad al de la extrema derecha.Eso me lo manda mi mandamiento interior, mi inteligencia de hombre de izquierdas». Convendría tenerlo en cuenta aquí y ahora. Así como también la posición de Íñigo Errejón, que reclama autocrítica en lugar de “culpar a otros del trabajo que no se ha hecho bien”. Palabras que importa traérlas a colación. Más razón que un santo. Es de esperar que no haya que culpar a Rivera de no apoyar o ponerse de lado ante el cambio político en Andalucía. Un trueque éste deseable y que podría ser inminente.

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¡Que viene la derecha!

 

Visita a la asociación Los Girasoles de Ara/FRANCIS SILVAFoto de FRancis Silva.Diario SUR.

 

¡Que viene la derecha!

Es el grito unánime que parece haber lanzado al aire la izquierda española ante el batacazo inesperado y estrepitoso que acaba de sufrir en Andalucía. Y que quede ahí a cosa, que podía extrapolarse al resto de España en las elecciones generales que ahora están al caer. De antemano se daba por hecho –encuesta la de Tezano del CIS,  que muerde el polvo en sus apreciaciones, al vaticinar un aplastante triunfo- que los socialistas se llevarían de calle al resto de contrincantes, a saber, las fuerzas políticas participantes en la confrontación. El tremendo batacazo  echó  por tierra la apreciación. Derrota sin paliativos. Proclamó Esperanza Díaz en sus alocuciones electoralistas que “Andalucía tiene que ser el dique de contención de la derecha”, refiriéndose a Andalucía primero y luego al resto del país. Se equivocaba de medio a medio, por lo pronto en lo que tocaba a esta tierra de Despeñaperros para abajo. Pavor en la Moncloa y en Ferraz. Y no es para menos. El castigo infligido a Esperanza Díaz por fuerza obliga a un sereno estudio en clave nacional, y a lo que puede ocurrir de aquí a nada. Porque el varapalo proporcionado  al PSOE de Susana Díaz se puede extrapolar al de su máximo dirigente, o sea a Pedro Sánchez,  conclusión que se desprende en un voto mayoritario que no  ve con buenos ojos el pacto que éste mantiene con los independentistas y sediciosos catalanes, entre otras concesiones a cual más inapropiadas y que están en la mente de todos, y, por ende, no parece necesario recalcar. El golpe inesperado  propinado a los socialistas presenta otra dimensión a tener en cuenta. Salta por los  aires el consagrado bipartidismo, a saber que solo sean dos partidos consagrados a ostentar el poder: ahora se va a erigir con toda probabilidad, al margen del centro-derecha imperante hasta ahora, un gobierno autonómico en el que entran en juego PP, Ciudadano y Vox. Sangre nueva, por ende, en las arterias andaluzas, poniendo punto final a casi cuatro décadas que este discurrir virtual lo proporcionara el socialismo. No se puede decir, por ende, que en esta reciente confrontación no hayan surgido grandes sorpresas, por lo menos las que disloquen el panorama político en lo que se refiere a los destacados partidos de resonancia nacional. Sin embrago, obligado es considerar el laurel obtenido por la agrupación que lidera Santiago Abascal, cuya entrada en la puja estaba por ver, pero que  ha demostrado su empuje hasta cotas impensables: 12 parlamentarios, cuando no se le pronosticaba sino uno solamente. No muchos, pero decisivos para el gobierno andaluz, como no tardaremos en ver.

El fortín del socialismo en Andalucía comienza a resquebrarse y mucho es de temer que el temblor de sus tierras movedizas alcance el paroxismo de aquí a no demasiadas fechas. Predecible es la hecatombe a escala nacional. Al grito de “¡Viene la derecha!”, muchos habrán seguido el de “¡Cuerpo a tierra!”. Para la mayoría, y esa es la prueba fehaciente del resultado electoral, se trata poco menos que de una bendición. Cosas del sistema democrático que en su día nos dimos y que es de esperar dure mucho, mucho tiempo. Y que ustedes lo vean.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.