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Categoría: Andalucía
¿Qué fue de nuestras fuentes públicas?

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Fuente Nueva - Montejaque AR

Antigua fuente de Montejaque

¿Qué fue  de nuestras fuentes públicas?

JOSÉ BECERRA

Fue una estampa entrañable tanto en pueblos como en ciudades la del ama de casa talluda  o la mocita casadera  que con el cántaro en el   cuadril  o sobre la cabeza se acercaba a la fuente pública más cercana para proveerse del agua suficiente para beber o guisar en el hogar.  Cántaros de barro moldeados a mano que poseían la singularidad de mantener fresca el agua, y desde luego, con la pureza pertinente para salvaguardar la salud del consumidor. Los alrededores de las fuentes públicas constituyeron lugares de encuentros,  así como  de charlas anodinas pero cargadas de resonancias propias del terruño. Pero también junto a los caños del prístino elemento procedente de fecundos manantiales  de las cercanas alturas  montuosas ¡cuántas  amistades se afirmaron y cuántos noviazgos se iniciaron que no  pocas veces terminaron en casorios! Caños, que en algunas partes de nuestra Andalucía profunda,  reciben el epíteto de santos, quizás por la pureza de las aguas que de ellos manan.

Y si so contados los pueblos pequeños en los que subsisten las  fuentes públicas,  en los ciudades van camino de desaparecer del todo, si ya no son sino un recuerdo que solo queda en rancias fotografías que evocamos como rareza y que formó parte de un cotidiano acontecer que ya solo es historia. Me viene a la memoria una fuente de Montejaque, un pueblo de nuestra abrupta serranía rondeña, que permanece intacta en su calle principal y que casi es objeto de veneración por cuanto retrotrae a un antiguo pasado del que nadie quiere desprenderse. El caso opuesto es Benaoján, un pueblo lindante en  el que se hizo caso omiso de estas reliquias del pasado y, en manos de alcaldes poco atinados, vio  como desaparecían de su única plaza la añosa fuente que se estableciera más de un siglo atrás; así como desapareció el Pozo de San Marcos en sus inmediaciones (aquí era obligado, en fiestas patronales trasladar la imagen del Evangelista  para bendecir los campos de labor de su alrededor) que hablaba a las claras de tiempos pretéritos y labriegos, en los que caballerías eran los únicos medios de locomoción y a la vez de  trabajo en labrantíos, mantenedores del diario sustento. Craso error nos parece prescindir de estas huellas que deberían ser imperecederas de un pasado que muchos evocamos no sin un cierto deje de melancolía.

El agua del grifo, salvo en  muy contadas ocasiones, resulta más saludable que la consumida trasegando la que nos venden en envases de plástico. Un estudio científico reciente habla de  la detección de partículas de esta materia en más de un 90% de las botellas de agua mineral que compramos a diario. Con un problema añadido para la salud general de quienes habitamos este planeta: 400.000 toneladas de plástico vienen a parar al mar.  Una catástrofe biológica que viene a degradarlo  de manera paulatina pero incontrastable, infectando la fauna marina en la que no pocas veces ciframos nuestro alimento los humanos.

Es este un mal ya endémico al que se persigue poner coto antes de que sea demasiado  tarde para restituir la salud del planeta, en tantos flancos atacada. La Comisión Europea va a intervenir  revisando la legislación comunitaria sobre el agua potable.Desde la Asociación  Española de Abastecimientos de Agua, su presidente, Fernando Morcillo, ha denunciado que “se ha perdido la tradición de beber agua del grifo”. Por su parte la Comisión Europea ha incidido con ahínco en que es imprescindible que el ciudadano pueda disfrutar del agua potable en los espacios públicos, al mismo tiempo que incide sobre la calidad  de la misma e invoca a las administraciones a que ofrezcan fácil acceso al agua potable.Pero parece predicar en el desierto porque muy pocos le hacen caso: se considera un anacronismo volver a las fuentes publicas de antaño, al  cántaro de siempre y a la jarra de toda la vida.

Si salimos de nuestras fronteras vemos cómo en Londres acaba de instalarse una red de fuentes callejeras para hacer frente a la invasión del agua embotellada. Mucho más cerca de nosotros, en Málaga, su alcalde, Francisco de la Torre, días atrás, ante la desaladora del Atabal, se pronunció sobre la excelencia del agua de la ciudad e incitó al consumo del agua del grifo, la cual responde “ a una calidad máxima, merced a los controles sanitarios a los que se somete”. Más razón que un santo, oiga. Un ejemplo que deberían seguir los primeros ediles de la provincia, si es que se preocupan de las condiciones higiénicas  y de salubridad de las fuentes naturales de las demarcaciones que rigen. De haberlas, haylas, pero no hay razón que  explique su desaparición  ni conocimiento de qué ha sido de ellas.

 

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Adiós al impuesto de sucesiones

Adiós al impuesto de sucesiones

JOSÉ BECERRA

Tal vez habría que cambiar algo en el encabezado de este escrito y ponerlo entre sendos signos de interrogación. Pero es algo tan esperado por los españoles que preferimos dejarlo tal cual – optimista que es uno – aunque todavía no se pueda afirmar la anulación de la gabela porque su anuncio no va más allá de una proposición de Ley que el Grupo Parlamentario Popular acaba de presentar en el Senado con el ánimo de que se  apruebe más temprano que tarde.

Lo que nos hace abrigar esperanzas es que este malhadado impuesto ya ha sido derogado en Andalucía mostrando el camino al resto de España que aún lo soporta y gime por su desaparición. En algo teníamos que adelantarnos los andaluces, muchas veces en la cola de que nuestros próceres políticos nos dispensen de agravios. Lo que esgrimen los populares para que tal imposición llegue a un feliz  final es que supone una doble imposición para quienes ya han visto grabadas sus rentas  y bienes desde que pudieron presumir de su patrimonio. Venía a desmantelar algo que ha estado pesando como una losa, de manera y forma que movía a los sufridos cotizantes a mudar de residencia y trasladarse a otros lugares más propicios para sus intereses.

Si buena parte de las imposiciones estatales que padecemos no dejan de ser injustas, ésta lo era por partida doble ya que venía a gravar rentas y propiedades que ya gemían sobre la obligada tributación a la que se había de hacer frente de manera ineludible. El fantasma confiscatorio planeaba sobre muchas familias que recurrían para evitarlo renunciar a sus herencias cuando por motivos familiares o laborales les impedían poner pies en polvorosa ante un afán arbitrario y confiscatorio que les era imposible eludir.

El Partido Popular en un gesto que  les honra trata de suprimir esta exigencia del fisco que venía motivando que muchas familias renunciasen a herencias legítimas porque, como decimos los andaluces,  más vale pájaro en mano que ciento volando. Aparte de que como aseguran las mesnadas del partido que ahora lidera Pablo Casado este impuesto no llega ni al 1% de los ingresos tributarios del Estado. ¿Vale la pena exprimir por tan menguada exigencia a la ciudadanía que con más razón que un santo la rechaza de plano si  no supone para las arcas sino un ínfimo perjuicio?

Bienvenida sea la proposición del PP, que con el aliento en el cogote de Cs por tan noble causa, trata de eliminarlo del país, siguiendo las huellas de una Andalucía que en su día optó por arrinconarlo en buena medida.

 

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Cambio

Cambio

JOSÉ BECERRA

 

No creo que se haya repetido cualquier otro vocablo con mayor intensidad en los últimos días. La consigna parece haber sido corearlo  hasta la saciedad en todos y casa uno de los discursos pronunciados por quienes ansiaban que soplasen nuevos vientos sobre esta Andalucía nuestra no pocas veces vejada. Esos que esperaban diferente acontecer en el proceso político imperante hasta hoy  en sus tierras y vecindades. “Cambio” ha sido la palabra insistente y mágica usada una y mil veces por quienes deseaban desalojar al PSOE del poder en el que se instaló más de tres décadas atrás. Expresión que presumimos  alentaba a aquellos que  se acercaron el pasado 2 de diciembre a las urnas y en ella depositaron su voto con ánimo de lograrlo. Y así ocurrió finalmente. “Cambio”, palabra emitida insistentemente y que tomó cuerpo sirviendo para desterrar a quienes tanto tiempo llevaron las riendas de Andalucía dejando un reguero de trapìsondas  e intrigas, que ahora se aspira a que sean historias funestas, cegando propósitos de continuación de desmanes para que éstos no se vuelvan a repetir.

   El mensaje de Moreno Bonilla tras la victoria conseguida,  además de hacer ver la satisfacción de la aspiración cumplida y el reto de poder ofrecer a sus electores el corolario de haber vencido en buena lid, ha venido acompañado de unas explicitas intenciones de gobierno que no deberían echarse en saco roto. Sus buenas intenciones merecen que se le otorgue un voto de confianza. Ha tenido que lidiar para obtener la victoria final ante una situación peliaguda como fue tratar de mediar entre las enconadas posiciones de quienes han acabado por darle la victoria. No habrá sido fácil  aunar voluntades y determinaciones enquistadas, y lo seguirá siendo si no hay voluntad por parte de los protagonistas de este cacareado cambio, si a lo largo de la legislatura no ceden en  sus convicciones enroscadas y siguen despreciando a quienes les dieron la mano para el triunfo final.

   Y cuantos miramos desde la sombra o la distancia la ejecutoria del novísimo gobierno emergido de las urnas parece obligado que demos un tiempo prudencial para calibrar el alcance de sus direcciones y trayectoria. Lo que conlleva no hacer demasiado caso a las incendiarias proposiciones de quienes perdieron el ordeno y mando durante tan dilatado tiempo sin que jamás nadie se haya atrevido a eso que ahora se ha dado en llamar con razón “remover las alfombras” (por mucho repetido no menos concluyente) para extraer y limpiar el polvo acumulado por tan largo período socialista.Los mismos que,  por supuesto, no han de parar de poner impedimentos para que los que ahora toman el mando trastabillen y caigan sin remisión sobre ellas sin obtener su aspiración de limpiar y dar brillo a lo que hasta ahora sido poco menos que un cenagal.

   Hay quienes ya apuestan porque lo que acaba de ocurrir en Andalucía sea una antesala de lo que el futuro próximo nos va a deparar en las consultas electorales municipales y autonómicas, amén de las generales, que están al doblar de la esquina. Ha sonado una melodía que no deja de ser grata. Son sus sones los de reforma, diálogo, distensión, compresión y deferencia a quienes no comulguen sin fisuras ante las propias convicciones. Por lo pronto, esperemos el desarrollo de los acontecimientos cimentados sobre ese cambio que contemplamos con no poco contento y mucha esperanza en lo porvenir.

  

 

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Ciudadanos ante el dilema

Ciudadanos ante el dilema

Un nuevo escenario  acaba de tomar formar a raíz de las elecciones andaluzas que ya son historia. Se han trastocado los cimientos de la situación política con un resultado de las urnas que dictaba mucho de predecir, descontado el sondeo del CIS y el desbarre de Tezanos, su principal adalid. Muchos son los intríngulis que se han de superar de aquí a muy pocas fechas. Por su importancia, cabe resaltar que el sultado de los comicios  ha colocado a Ciudadanos en una encrucijada que que si no acierta en su disición final puede ocasionarle serios quebrantos. Partimos de su posición, hasta ahora ubicada como el fiel de una balanza entre el PP y el PSOE, sin inclinarse a un lado u otro. Pero he aquí que el resultado electoral, que no ha dejado indiferente a nadie, les obliga a posicionarse de manera y forma harto difícil y es de esperar que no se equivoquen en el intento. Si tiende la mano al PP y VOX no será raro que se alcen voces en su contra. Puede calibrarse    como una entrega a la derecha radical, intrínseca sin paliativos en lo que toca a la formación que lidera Santiago Abascal. Si caso omiso de esta deriva y opta por no facilitar el cambio en Andalucía puede considerarse como favorecedor de unas segundas elecciones  con el riesgo de que siga ostentado el poder un partido, el de Susana Díaz, con alrededor de cuatro  décadas de clientelismo llegado ya al paroxismo de la inconciencia o desatino político. Caerá en un error absoluto  Rivera si se entronca en no propiciar una mutación que Andalucía parece haber reclamado a gritos. Una oportunidad de oro para poner punto final a la consistencia del socialismo andaluz, aquí afincado contra viento y marea. Proclamar y avivar el cambio en la región es una tarea que ahora se le ofrece en bandeja y nadie entendería que lo impidiera, lo que concitaría el descontendo cuando no la animadversión de buena parte del país. Aparte de que, en ese caso, y recordando que el día 2 se votó en  clave nacional, pocos se pondrían de su parte. Se alza la cuestión latente de que una huida hacia ninguna parte en esta cuestión le acarrearía problemas de identidad, algo que ya ocurrió cuando prestó sus votos para encumbrar y mantener  a Susana Díaz durante mas de tres años, para luego disentir y volverle las espaldas. Importa un reforzamiento de las fuerzas constitucionalistas y alejar Andalucía cualquier intento que venga a trastocar un horizonte que ahora parece ofrecerse como nítido y halagüeño, si todos arriman el hombre y se camina con una misma dirección. En el dilema, es de esperar que se escoja la dirección menos nociva para nuestra tierra. Cabe recordar en esta tesitura una declaración de intenciones del líder de Izquierda Unida Julio Anguita en 2015, que ante esta tesitura en la que ahora se abocan nuestros políticos, recobran plena actualidad: “«Lo único que os pido es que midáis a los políticos por lo que hacen, por el ejemplo. Y aunque sea de la extrema derecha, si es un hombre decente y los otros no dan muestro de ello, votad al de la extrema derecha.Eso me lo manda mi mandamiento interior, mi inteligencia de hombre de izquierdas». Convendría tenerlo en cuenta aquí y ahora. Así como también la posición de Íñigo Errejón, que reclama autocrítica en lugar de “culpar a otros del trabajo que no se ha hecho bien”. Palabras que importa traérlas a colación. Más razón que un santo. Es de esperar que no haya que culpar a Rivera de no apoyar o ponerse de lado ante el cambio político en Andalucía. Un trueque éste deseable y que podría ser inminente.

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¡Que viene la derecha!

 

Visita a la asociación Los Girasoles de Ara/FRANCIS SILVAFoto de FRancis Silva.Diario SUR.

 

¡Que viene la derecha!

Es el grito unánime que parece haber lanzado al aire la izquierda española ante el batacazo inesperado y estrepitoso que acaba de sufrir en Andalucía. Y que quede ahí a cosa, que podía extrapolarse al resto de España en las elecciones generales que ahora están al caer. De antemano se daba por hecho –encuesta la de Tezano del CIS,  que muerde el polvo en sus apreciaciones, al vaticinar un aplastante triunfo- que los socialistas se llevarían de calle al resto de contrincantes, a saber, las fuerzas políticas participantes en la confrontación. El tremendo batacazo  echó  por tierra la apreciación. Derrota sin paliativos. Proclamó Esperanza Díaz en sus alocuciones electoralistas que “Andalucía tiene que ser el dique de contención de la derecha”, refiriéndose a Andalucía primero y luego al resto del país. Se equivocaba de medio a medio, por lo pronto en lo que tocaba a esta tierra de Despeñaperros para abajo. Pavor en la Moncloa y en Ferraz. Y no es para menos. El castigo infligido a Esperanza Díaz por fuerza obliga a un sereno estudio en clave nacional, y a lo que puede ocurrir de aquí a nada. Porque el varapalo proporcionado  al PSOE de Susana Díaz se puede extrapolar al de su máximo dirigente, o sea a Pedro Sánchez,  conclusión que se desprende en un voto mayoritario que no  ve con buenos ojos el pacto que éste mantiene con los independentistas y sediciosos catalanes, entre otras concesiones a cual más inapropiadas y que están en la mente de todos, y, por ende, no parece necesario recalcar. El golpe inesperado  propinado a los socialistas presenta otra dimensión a tener en cuenta. Salta por los  aires el consagrado bipartidismo, a saber que solo sean dos partidos consagrados a ostentar el poder: ahora se va a erigir con toda probabilidad, al margen del centro-derecha imperante hasta ahora, un gobierno autonómico en el que entran en juego PP, Ciudadano y Vox. Sangre nueva, por ende, en las arterias andaluzas, poniendo punto final a casi cuatro décadas que este discurrir virtual lo proporcionara el socialismo. No se puede decir, por ende, que en esta reciente confrontación no hayan surgido grandes sorpresas, por lo menos las que disloquen el panorama político en lo que se refiere a los destacados partidos de resonancia nacional. Sin embrago, obligado es considerar el laurel obtenido por la agrupación que lidera Santiago Abascal, cuya entrada en la puja estaba por ver, pero que  ha demostrado su empuje hasta cotas impensables: 12 parlamentarios, cuando no se le pronosticaba sino uno solamente. No muchos, pero decisivos para el gobierno andaluz, como no tardaremos en ver.

El fortín del socialismo en Andalucía comienza a resquebrarse y mucho es de temer que el temblor de sus tierras movedizas alcance el paroxismo de aquí a no demasiadas fechas. Predecible es la hecatombe a escala nacional. Al grito de “¡Viene la derecha!”, muchos habrán seguido el de “¡Cuerpo a tierra!”. Para la mayoría, y esa es la prueba fehaciente del resultado electoral, se trata poco menos que de una bendición. Cosas del sistema democrático que en su día nos dimos y que es de esperar dure mucho, mucho tiempo. Y que ustedes lo vean.

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Andalucía, adelantada cultural del mundo

 

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Andalucía, adelantada cultural del mundo

Si echamos una ojeada, aunque sea en feroz galopada, a la historia de Andalucía se constata la importancia que siempre tuvo y su papel preponderante en no importa qué cuestión o cometido. Si nos remontamos a siglos atrás no podemos sino admirar el papel que siempre jugó en el desarrollo de lo que luego sería la nación española. Es innegable que supuso un foco de civilización en los albores de nuestra historia, y  no sólo de ésta sino de la del resto de Europa. En su suelo se instaló la revolución que en su día significó el Neolítico y fruto de este periodo histórico fue su papel de trampolín de la agricultura, cuyo conocimiento nos vino de África, haciéndola llegar luego a pueblos que constituyeron aldabonazos en el transcurrir de la historia desde latitudes orientales hasta las occidentales. Fenicios, griegos, cartagineses y romanos adoptaron su influencia: la Antigüedad Clásica, acogió sus formas de subsistencia y su arte incipiente  como lo demuestran antiquísimos textos que así lo ratifican.

Aquí tomó cuerpo la que luego sería reconocida como cultura tartésica, que vendría a revolucionar el mundo conocido hasta entonces merced a técnicas entonces novísimas como el arado, procedente de civilizaciones situadas en Oriente Medio. El artilugio de entonces se realizaba en madera, del cual tiraban los hombres hasta que fueron  sustituidos por animales bien entrados los primeros milenios de nuestra era, significó una revolución. Se había dado uno de los primeros pasos para la evolución del hombre que en estos parajes, que en el correr de los siglos fue conocido como Al- Andalus, un foco de civilización que nos vino de manos de los ocho siglos de civilización musulmana, cuyo principal exponente fue el Califato de Córdoba. Jalones del esplendor conseguido fueron la remoza de las actividades económicas que impulsaron, a su vez, un acicate para el florecimiento artístico- la música, por ejemplo- y la puesta en  pie de monumentos artísticos que hoy son admiración de medio mundo: tales la Mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada o el Palacio de Medina Azahara. La ciudad cordobesa se convierte por obra y gracia de la cultura que en ella se amasa como la primera ciudad de Occidente.

Al-Andalus cobró inusitado esplendor, no solo por su reciedumbre económica sino por aglutinar al unísono las más significativas culturas que florecieron a orillas del Mediterráneo. Se dieron la mano la árabe, la cristiana y la judía. Las tres civilizaciones engarzadas entre sí, y obviándose los desencuentros entre ellas por los naturales choques entre sí por motivos religiosos o económicos subyacentes,  obraron el prodigio de convertir ese espacio geográfico que luego sería conocido como Andalucía, en un adalid de la cultura occidental de su tiempo. Luego, en una galopada por la historia comprobamos que desde ella partieron las tres carabelas que descubrieron América. Un hito histórico memorable que cupo a esta Andalucía nuestra.

Con estas mimbres cabe preguntarse cómo es que, con los nuevos tiempos, la Andalucía de ahora languidece a ojos vista. ¿No será que la cuestión que la alejó del esplendor de antaño se deba, más que a estas tierras prodigiosas de siempre, a la incuria de los dirigentes que se sucedieron en el tiempo? La adelantada cultural y económica de antaño está necesitada de alguien que le diga a voz en grito:        “¡Levántate y anda!”. Entendiendo el mandato divino, aquí y ahora, como el apremio para iniciar una senda, una forma de hacer las cosas. Una vuelta a una senda de progreso y avance.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.