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Categoría: cabras
Las cabras siempre tiran al monte

 

 

Es el dicho que se repite cuando algo ocurre como tiene que ocurrir, aunque se esgriman razones que hagan pensar que se pueden seguir otras sendas. En la provincia de Málaga, con muy mala idea, se dice cuando la mujer sigue un camino pecaminoso o no conforme a la rectitud del obrar y el decir. Las cabras siempre tiran al monte…

   Pero ahora, y dejándonos de comparaciones y soflamas pueblerinas y malintencionadas, a la cabra, uno de  los  rumiantes que tanto han colaborado para infundir salud y vigor a la humanidad por la generosidad de sus ubres, se le va a allanar el camino para que tiren al monte sin trabas y siga prodigando beneficios a los humanos.

   Por ejemplo, arrasar con la maleza y el matorral que los apacibles rumiantes comen a destajo y de paso hacer más eficaces los cortafuegos naturales que en los meses más cálidos propicios a los incendios servirán de valladar para  que el siniestro no llegue a mayores y las lenguas incandescentes no pongan en peligro el paisaje y, lo que es más importante, no ocasione daños en el caserío o atente contra la vida de las personas.

   Es el pastoreo de cabras y ovejas que fuera de sus apriscos el que permite que  las sendas de los montes públicos queden, nunca mejor dicha la expresión, “ limpias de polvo y paja”, muy recurrente en los pueblos de la Serranía de Ronda. La Junta de Andalucía, siquiera sea modestamente, ayuda a los “pitarreros”(por este nombre se conoce a los cabreros de la vasta y escabrosa serranía  rondeña a los cabreros) que no dudan en dirigir sus cabras al monte para que medren y , a la vez, procurar que no se calcine. La Confederación de Organizaciones Agrarias (COAG, para los amigos del ganado caprino) está en ello y así lo dan entender sus miembros.

   Estas inquietas y saltarinas criaturas –que ya  existían algunos milenios a.C.-, de cornamenta corta y arqueada forman parte del paisaje serrano y de la gastronomía de la región. Díganlo si no los venteros y restaurantes que incluyen en sus menús ese plato que no debe perder la oportunidad de degustar el lector que se deje caer por estas sierras del sur: hablamos del cabrito lechal al vino con patata y cebollas: bocatto di cardinale, o sea, el no va más para el paladar de los amantes de la buena mesa.   

Así que sigan las cabras tirando al monte para nuestra seguridad y solaz.

Foto:Diario SUR

 

 

 

 

 

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Cabras

 


En plena calle de Larios, rutilante escaparte de Málaga , se han instalados con todos los honores las cabras, a impulsos del diario SUR. La “Capra aegagrus hircus”, según  bautizaron  los doctos latinos, pasó de los montes al establo allá por el VIII milenio a. C, que ya ha llovido. Desde entonces permanecieron en el redil, quizá porque se habituaron al pienso fácilmente obtenido y sin necesidad de los saltos y cabriolas en lo más arisco de las alturas para conseguir el condumio de cada día. Por muy vistosas que  fuesen sus piruetas sin más testigo que la vastedad de la sierra desierta. Consiguieron una vida tranquila y sin sobresaltos ocasionados por otros feroces ocupantes del páramo empeñados en usurpar su terreno, a cambio, eso sí, de su carne y de su leche para los  cuidadores. Sin embargo, y para hacer verdadero el dicho, pese a estar enclaustrada “siempre tira al monte”, y que es no puede pedirse todo a este simpático rumiante.
La cabra que abunda en la Serranía de Ronda (algunas de sus congéneres me suministraron  el néctar de sus abultadas ubres para subsistir cuando contaba con muy pocos años de vida), pertenece a la raza caprina española, sí, pero la que anda por estos andurriales responde, que puede ser con un berrido característico, al ´gentilicio´popular de Villaluenga del Rosario y Montejaque(municipios éstos que responden de la cuna de la raza): payoya o montejaqueña, respectivamente.
Desde temprana edad me acostumbré a ver pasar por las calles de Benaoján los rebaños de cabras camino de los pastos, dirigidos por el macho que tomaba el nombre altisonante de cabrón, macho cabrío, o simplemente, cabro: todo un espectáculos para los ojos siempre asombrados  de la infancia ante hechos que se le mostraban como insólitos.
El culto a la cabra ha perdurado hasta nuestros días. Y no son pocos los jubilados, de vuelta ya de penosos trabajos como campesinos que se ocupan del mantenimiento de unos de estos dóciles animales, los cuales a la vez le recompensan con su leche; con frecuencia con los calostros, cuando crían, y que sirven para componer se  uno de los postres más exquisitos que se nos puedan ofrecer: con pan rayado y canela,manjar de dioses.
Por estas razones no podía ser más satisfactoria para mí que la exposición “¡Oh,mi goat!” que se exhibe en la principar arteria de Málaga, organizada, entre otras firmas, por la Asociación de  Criadores de Cabras de la provincia. A ellos, mi agradecimiento por retrotraer mi mente a un tiempo pasado y a escenas del terruño en las que las cabras eran protagonistas, al aire libre, brincando  de peña en peña, en manadas, o en apriscos. Por muy momificadas que en la muestraparezcan.

 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.