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Categoría: Empresas
Larga vida al libro en Málaga

 

 

Larga vida al libro en Málaga

JOSÉ BECERRA

Se celebran con periodicidad  con la pompa que el evento se merece el Día de las Librerías por cuanto son cenáculos vivos y lugar de exposición del libro, ese compendio de páginas aunadas que como soldados en formación nos aguardan en las estanterías en espera de que el lector lo acoja entre sus manos, ávido de adentrarse en el montón de hojas que invitan a adentrarse en el maravilloso mundo del conocimiento, o en el no menos prodigioso de la imaginación fluida y siempre versada de su autor en una materia determinada. En el Egipto milenario a las bibliotecas, precursoras de nuestras librerías de ahora, se les conocía como el ”tesoro de los remedios del alma”; curaban el peor y más radical de los males: la ignorancia.

No está exenta la ciudad de Málaga de editoriales de prestigio que en nada tienen que envidiar a las de otras regiones como la madrileña o barcelonesa. Naturalmente, en estas dos últimas el número de editoriales es significativamente mayor, acorde con la importancia económica y poblacional de los territorios; pero Málaga no les va mucho a la zaga: la presencia de editoriales en Andalucía tienen primer y más importante acomodo en esta ciudad nuestra. Destacan por su implantación en el mercado librero firmas ya acrisoladas, entre las que cabe destacar sellos como Arguval, bajo la batuta ésta de su regente, Francisco Argüelles, que vino a poner una pica en Flandes en 1982 y que a partir de entonces viene imprimiendo anualmente más de medio centenar de títulos.

Conviene resaltar la importancia del editor a la hora de analizar la obra que hasta él llega para su publicación, algo que suele pasar inadvertido cuando el ejemplar impreso de rutilante portada por lo general se coloca en los estantes de las librerías para su venta, después  del perentorio paso por la linotipia.  De por medio una labor callada de examen exhaustivo de la obra que hasta él llega y de la que debe calibrar y sopesar los pros y los contras para su publicación. No es sencilla la labor del editor que se precie: su trabajo no tienen parangón con cualquier otro. Exige, además de vocación, un sinfín de habilidades y conocimientos a la vez que de un demonio de dos materias aparentemente desvinculadas entre sí: empresa y arte. Conjugando sabiamente ambos elementos,  el editor de raza y artífice de la letra impresa saldrá airoso de su primer examen de la obra que se le confía y que tiene entre sus manos expertas, a ellas confiada por  quien  pergeñó la obra en cuestión y en las que cifró sus esperanzas de verla salir a la luz, o sea, el autor.

El trabajo de editor no se parece a ningún otro. Obra ímproba es la suya. Pocos oficios requieren un abanico mayor de habilidades y conocimientos, pocos exigen a la vez, un dominio pleno del mundo de la empresa y del arte que para este menester se aúnan y complementan. La forma más sencilla de comprender lo que implica ser editor es conocer una editorial desde dentro y aprender de la mano de editores que estén al frente de sus respectivas entidades.

A Arguval le acompañan otras empresas editoras  malagueñas capaces de satisfacer las exigencias de lectores con un abanico extenso de  publicaciones, como ICI editorial, Exlibric, Sallybooks y La Calle, entre otras, aptas para cubrir necesidades de lectores y ofrecer soporte a autores de las más diversas temáticas con un objetivo común, promover la difusión de la cultura, las letras y la formación profesional: Exlibric, Sallybooks y Editorial La Calle.

No puede quedar en saco roto una editorial que viene pegando fuerte en el sector editorial en los últimos años y que tiene su sede en Ronda. Se trata de la editorial La Serranía, la cual de la mano de su fundador, José Manuel Dorado, imprime libros con las más variadas temáticas, pero con predominio, como no podía ser de otra forma, en los que atañen a la historia, las costumbres, la gastronomía y el paisajes siempre evocador de la comarca rondeña. Dorado ha sabido poner una pica en Flandes, como se dice comúnmente, cuando en un terreno dificultoso y multiforme alguien sobresale merced a su empeño, dedicación y buen hacer.

Larga vida, pues, al libro en Málaga, merced a editoriales de prestigio que lo hacen posible para satisfacción y gozo de lectores por la edición concienzuda que  se lleva a cabo cada día en sus empresas.

Decía un literato y autor dramático inglés (Josepb Adisson) que “un buen libro es un regalo precioso que hace el autor a la humanidad”. Habría que añadir que este obsequio no sería posible sin la mediación de editoriales que lo hacen posible cada día.

 

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El despotismo de las eléctricas

El despotismo de las eléctricas

Hay familias en el país que tiritan   a causa de exiguos emolumentos que no les permiten encender la estufa para atajar los zarpazos del frío, que se ceba en los que menos tienen. Algunos hogares les prestan por lo menos cobijo, pero otros, sobre todo en las ciudades, los sin techo, que suman caterva (en los pueblos diminutos siempre se puede echar mano a un brazado de leña en la campiña próxima) se ven obligados a hacer frente a la gélida ventisca cubierto con endebles y miserables cartones.

A fuer que nos tilden de lerdos no llegábamos a entender  que hubiese quien sucumbiera de frío porque se les cortó el suministro eléctrico mientras las eléctricas se embolsan cada año más de 4.000 millones de euros. Cierto que esta triste realidad se ha solventado en parte mediante el Real Decreto aprobado días atrás por el Gobierno en el que se establece el nuevo bono social de electricidad para los consumidores vulnerables que impide la supresión del suministro eléctrico. Loado sea dicho plan. Pero ello no soluciona la raíz del problema que reside en que hay muchas familias que se las ven y desean para llegar a fin de mes y que han de soportar la quita del recibo de la luz, el cual se ha disparado en los últimos días por mor de la cruda temporada invernal que nos acosa, en la que el frío y las neviscas hacen estragos.

Lo que ahora se reclama por diversas asociaciones vecinales mediante manifestaciones con voz en grito es que se impida por el Gobierno las tarifas abusivas del sector eléctrico a las familias que bastante tienen con adquirir con dificultad los alimentos para la subsistencia diaria. Algo que vendría a paliar lo que exige esta necesidad perentoria si se aplicase un IVA reducido (el actual es el del 21%) como sería el de solo el 4%, lo que significaría un respiro para las familias cuyos recursos flaquean ante el agobio económico imperante en el seno de un número incalculable de ellas.

Tamaña aspiración sería como pedir peras al olmo. Sujetan el rábano por las hojas con el beneplácito de quienes nos  mandan, los cuales prefieren recortar  gravámenes en otras materias y dejar a su libre albedrío a las eléctricas para que rijan un servicio mínimo para vivir como es  la luz que nos alumbra y calienta.

 

 

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La “espantá” de Unicaja

La “espantá” de Unicaja

Unicaja ha echado el cierre a numerosas oficinas de la provincia para poner a continuación tierra de por medio y dejar en la estacada a más de una decena de pueblos, entre ellos los de los valles del Guadiario y el Genal, que hasta el presente se habían beneficiado de su proximidad. Una “espantá” en toda regla que ha dejado a varios miles de lugareños en la tesitura de no saber donde depositar sus escasos ahorros o ultimar diligencias de la más variada índole. También tendrán que ingeniárselas para cobrar las prestaciones sociales o atender los lagos requeridos por la hacienda local o provincial. Los bancos, que huyen de las bolsas de pobreza que por mor de la crisis imperante se han adueñado de buena parte del territorio serrano, siempre marginado e injustamente olvidado por las administraciones públicas. Llueve, pues, sobre mojado.

Hubo un tiempo que este entidad financiera, antes respondiendo al nombre de Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Ronda, bajo el pulso firme de Juan de la Rosa, se expandió por todos los pueblos de la provincias, y naturalmente por los de la Serranía de Ronda, a los cuales pillaba más a mano. Estrenaron edificios, casi siempre en la calle principal de cada población, los cuales con modernas trazas y vistosas fachadas, llenaron de orgullo a la vecindad.”¡ Ya tenemos banco!”, fue una exclamación jubilosa y generalizada de quienes por fin podían gestionar sus asuntos monetarios sin tener que trasladarse a Ronda para este menester. Algo que ahora, casi medio siglo después, con todos los adelantos técnicos, “que avanzan una barbaridad”,como me dijo como puya hiriente uno de los vecinos afectados por la medida, se ha tenido que volver a prácticas que se creían del todo periclitadas. El banco de toda la vida les dio con las puertas en las narices.

    Fueron los años 60 y 70 del pasado siglo los del pleno apogeo del hoy ya banco que nos ocupa y contra el que se levantan las críticas más acerbas. Entonces, merced a las divisas que enviaban los emigrados a países centroeuropeos, a lo que se unió enseguida el regreso de los jubilados por la edad o por que se consideraba que ya se disponía del suficiente remanente para levantar una nueva casa o agenciarse algún terrenillo, el cual alimentó sus sueños durante lustros, la Caja de Ronda afincada en los pueblos vivió su época dorada: “Le llegaba el dinero a espuertas”, admiten los vecinos que ahora padecen los efectos de su abandono y que no ocultan un deje de resentimiento por el desplante. Y para más inri y por mor de los ajustes de plantilla hay que soportar colas interminables antes de llegar a la caja de turno para tramitar el asunto que cada uno lleva entre manos.

   Y es que Unicaja, en los pueblos de escasa identidad por su población, situación que creció en los últimos años a remolque de tiempos económicamente adversos, no acató, por su conveniencia,el dicho de la sabiduría popular serrana: “ Hay que estar paras las verdes y para las maduras”.

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La “espantá” de Unicaja

Unicaja ha echado el cierre a numerosas oficinas de la provincia para poner a continuación tierra de por medio y dejar en la estacada a más de una decena de pueblos, entre ellos los de los valles del Guadiario y el Genal, que hasta el presente se habían beneficiado de su proximidad. Una “espantá” en toda regla que ha dejado a varios miles de lugareños en la tesitura de no saber donde depositar sus escasos ahorros o ultimar diligencias de la más variada índole. También tendrán que ingeniárselas para cobrar las prestaciones sociales o atender los lagos requeridos por la hacienda local o provincial. Los bancos, que huyen de las bolsas de pobreza que por mor de la crisis imperante se han adueñado de buena parte del territorio serrano, siempre marginado e injustamente olvidado por las administraciones públicas. Llueve, pues, sobre mojado.

Hubo un tiempo que este entidad financiera, antes respondiendo al nombre de Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Ronda, bajo el pulso firme de Juan de la Rosa, se expandió por todos los pueblos de la provincias, y naturalmente por los de la Serranía de Ronda, a los cuales pillaba más a mano.

Estrenaron edificios, casi siempre en la calle principal de cada población, los cuales con modernas trazas y vistosas fachadas, llenaron de orgullo a la vecindad.”¡ Ya tenemos banco!”, fue una exclamación jubilosa y generalizada de quienes por fin podían gestionar sus asuntos monetarios sin tener que trasladarse a Ronda para este menester. Algo que ahora, casi medio siglo después, con todos los adelantos técnicos, “que avanzan una barbaridad”,como me dijo como puya hiriente uno de los vecinos afectados por la medida, se ha tenido que volver a prácticas que se creían del todo periclitadas. El banco de toda la vida les dio con las puertas en las narices.

Fueron los años 60 y 70 del pasado siglo los del pleno apogeo del hoy ya banco que nos ocupa y contra el que se levantan las críticas más acerbas. Entonces, merced a las divisas que enviaban los emigrados a países centroeuropeos, a lo que se unió enseguida el regreso de los jubilados por la edad o por que se consideraba que ya se disponía del suficiente remanente para levantar una nueva casa o agenciarse algún terrenillo, el cual alimentó sus sueños durante lustros, la Caja de Ronda afincada en los pueblos vivió su época dorada: “Le llegaba el dinero a espuertas”, admiten los vecinos que ahora padecen los efectos de su abandono y que no ocultan un deje de resentimiento por el desplante.

Y para más inri y por mor de los ajustes de plantilla hay que soportar colas interminables antes de llegar a la caja de turno para tramitar el asunto que cada uno lleva entre manos.

Y es que Unicaja, en los pueblos de escasa identidad por su población, situación que creció en los últimos años a remolque de tiempos económicamente adversos, no acató, por su conveniencia,el dicho de la sabiduría popular serrana: “ Hay que estar paras las verdes y para las maduras”.

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Con Mercadona da gusto: somos los “jefes”

 

Nada más  lejos de mi ánimo hacer cualquier tipo de propaganda de Mercadona. Sin embargo, teniendo en cuenta los difíciles momentos por los que atraviesan las empresas españolas y los recortes salariales concomitantes a los que han sido sometidas, piensa uno que no desbarra si hace hincapié en que esta cadena comercial no solo va a subir los sueldos a sus empleados sino que va a contratar muchos centenares más en el transcurso de un período  corto de tiempo.

  El presidente de Mercadona acaba de dar el visto bueno para que se haga realidad el convenio con los sindicatos más representativos de España  en el que se marcan  las directrices para el  sueldo de los empleados. Dobla el salario mínimo interprofesional, ahí es nada: cobrarán 1.200 euros de vellón. Juan Roig  ha sabido levantar un imperio comercial que posiblemente le ha servido para conseguir figurar en el ranking de las mayores fortunas del país (según  la revista Forbes ocupa  el segundo lugar, a escasa distancia del fundador de Inditex, Amancio  Ortega), pero esa es otra cuestión.

O la  misma, ya que esa posición no puede ser debida sino a la sagacidad, el tino y la honestidad al dirigir la gigantesca empresa  que tiene como lema la calidad y el precio. Pero al mismo tiempo de la subida salarial se anunciaba la creación de 1.000 puestos de trabajo en los próximos cinco años.

   Premio Príncipe Felipe a la Excelencia Empresarial   no se escatiman elogios a la figura de este valenciano ejemplar que descuella en el mundo empresarial por su sagacidad para los negocios y  por sus valores humanos cuando toca a la  relación con el  personal subordinado  más directo:  el que presta sus servicios  en las más de 1.400 tiendas esparcidas por todo el ámbito nacional, que dan de comer a más de 70.000 familias de trabajadores que atienden a una clientela fiel ganada a pulso.

    Clientes que, siguiendo las exhortaciones de Juan Roig han de ser atendidos como los “jefes”, un calificativo que está detrás de un modo de entender y poner en ejecución una táctica empresarial coronada por el éxito.

  

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.