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Categoría: Málaga
Alivio para el bolsillo en pueblos malagueños

 

Alivio para el bolsillo en pueblos malagueños

Recuerdo como una imagen de humildes pueblos de la España irredenta del pasado siglo la imagen de vecinos que cada año no era raro que a cuenta de atender el recibo de la “contribución” – que así se reconocía por aquellos desolados tiempos – debían de restringir el condumio de alimentos básicos por algunos días. Caminaban ese día nefasto con paso indeciso hacia el Ayuntamiento, lugar en el que el recaudador de turno se aposentaba en espera de los depauperados contribuyentes llegarán para cumplir son Hacienda mal que les pesara; la mayoría de ellos por poseer una vivienda que se caía a pedazos. Afortunadamente, a remolque de los nuevos tiempos estas imágenes de una España decadente pasó a la historia: ahora se atiende a estos recibos contributivos en la caja o banco de turno, pero la malquerencia hacia ellos sigue siendo lo mismo, aunque eso sí, los moradores de algunos municipios malagueños que ostenten la propiedad de una vivienda o un terreno van a comprobar cómo se mitiga parte de esa carga soportada con el mayor estoicismo del mundo. La rebaja impositiva a más de una treintena de pueblos de la provincia se produce merced a factores de corrección aprobados por el último Consejo de Ministros del año que acaba de finiquitar a instancias de responsables municipales de términos afectados por gabelas desmedidas. La presión fiscal que atañe al ámbito inmobiliario de este sector dará un respiro notorio a los contribuyentes. Revisados a la baja el ´catastrazo´ de hace ya una década, que muy bien podría considerarse de oprobiosa, las aguas perecen volver a su cauce, y el IBI, que cada verano venía sobrecogiendo a las familias menos boyante, y con este tributo, otros del mismo jaez, como la plusvalía municipal que es obligado satisfacer por mor de la venta de una casa o cuando se recibe graciosamente un inmueble en herencia, tienden a limar sus fauces siempre abiertas y horripilantes. Otra cosa es que las alcaldías de manera y forma que la medida atañe a la base imponible del tributo en cuestión, decidan alterar, como es de esperar por lo legislado, su importe a la baja. Cuestión ésta que afortunadamente es lo esperable en el solar malagueño. Un alivio para el bolsillo de la vecindad de cada pueblo de Málaga, que no tienen por menos que recibir la buena nueva con alborozo.

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¡Llueve!

¡Llueve!
José BECERRA
Se hizo esperar, pero llegó. El chisporroteo de la lluvia sacude los cristales de mi ventana, con todo lo deleitable que eso puede ser después de un largo y terco verano  que ni por asomo daba muestras de perecer.   A muchos este ruidillo pertinaz  les sonará a salmodia gloriosa. No es para menos. Dijo adiós el verano y deseamos que se vaya con viento fresco y no muestre su cariz agotador por mucho tiempo.
   Dicen sapientes meteorólogos que este invierno que acaba de pintar  trazos ciertos de llegada – la lluvia en Málaga y provincia está siendo copiosa y benéfica pese a contratiempos ocasionado a viandantes por calles anegadas y tráfago difícil  – merced esta estación invernal que se inicia, va ser pródigo en lluvias. Pero estos vaticinios, como tales, no siempre se cumplen a rajatabla; y aunque acierten, no podemos obviar una cuestión que hoy por hoy aletea sobre este planeta  nuestro y que no es otra que la amenaza latente de un aumento de la temperatura. A nivel global el clima sufre trastornos evidentes y hora es ya de que se establezcan soluciones para hacer frente a una sequía que poco a poco está tendiendo sus tentáculos con prolongados períodos sobre la sufrida corteza terráquea.
   Lo que importa ahora es que el agua, que a veces es una bendición del Cielo, si no que se lo digan a los agricultores que sembraron cultivos de invierno y languidecían a ojos vista por el sequeral imperante; lo que conviene ahora, digo, es que se preserve esa agua para cuando regresen los tiempos secos o de tormentas impetuosas con el líquido elemento imposible de detener en su discurrir hasta el mar. O sea, que urge una nueva política del agua, para que este bien convenientemente domeñado se trasvase a pantanos construidos ad hoc, que posibiliten una reserva para cuando vuelvan los meses áridos, que volverán  y de nueve nos cogerán desprevenidos si no hay quienes le remedien. 
  Los políticos que  sientan sus reales en Gobierno y Parlamento deberían preocuparse por el clima en España y sentar las bases para solucionar un problema decisivo, el del agua, que venga a poner coto a situaciones críticas del campo y la ciudad condenados al baldío, los incendios y la polución más desaforada.
     Llueve, sí, pero que esa agua nos beneficie a la larga si  han sabido ser consecuentes y  precavidos quienes nos rigen desde las altas instituciones políticas ya sean las  del Estado o de la Comunidad Autónoma correspondiente.

 

 

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Parque Litoral, un refugio para el verano

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Parque Litoral, un refugio para el verano

José Becerra

La zona de Málaga conocida como Martín Carpena por el magnífico Palacio de Deportes que alberga,  en honor a quien fuera inhumanamente enclaustrado por la banda terrorista ETA años atrás, ofrece una visión pletórica de edificaciones modernas, reflejo fiel de un ensanche de la capital que dibuja un paisaje urbano moderno y dinámico, fruto de la preferencia de muchos para  vivir o instalar sus comercios allí donde barruntan un acogedor o brillante futuro. Sirve de preámbulo a la populosa Costa del Sol pero no participa aún de su bullanguera fisonomía y no tiene nada que envidiar a otros hábitats  de rutilantes ciudades españolas o europeas.

   Como todo conglomerado minuciosamente concebido de viviendas que se precie ofrece a la populosa vecindad un parque para su esparcimiento y recreo. Madrid tiene el Retiro, Barcelona Montjuic, París Los Campos Elíseos, Londres Hyde Park… En Málaga tenemos para regocijo y expansión ciudadana, además de los jardines rayanos a la Alameda en el centro capitalino, el Parque Litoral un pulmón verde y florido, meollo de la expansión constructiva en su contorno, que por su proximidad tiende la mano al Palacio de Deportes bautizado con los apellidos del concejal secuestrado.

    Prácticamente rodeado de edificios el amplio perímetro se encierra por una gran verja que el Ayuntamiento decidió colocar para frenar los ataques de vándalos urbanitas que en más de una ocasión atentaron con nocturnidad y alevosía contra el mobiliario y los elementos de distracción y juegos de los menores. Sus cuatros amplias puertas colocadas en dirección a los puntos cardinales se cierran de noche para disuadir a los desalmados que venían atentando contra la  integridad del conjunto.

    Visito cada día este remanso de paz y en diferentes horas. Su apariencia cambiante a tenor de la luminosidad que recibe del astro rey en el transcurso de las horas me cautiva. Me encandila así mismo cuando su aspecto resulta grisáceo por mor del atardecer o a causa de nubarrones que presagian lluvia. Sigo el camino que los parterres me señalan bien delineados por verdes setos que en las primeras horas de la mañana despiden un fragante aroma de verdolaga. Parecen despertar arrojando lejos de sí las brumas nocturnas de las que eran prisioneros. Respiro profundamente y me siento henchido de la paz que seducen mis sentidos al no sentir la presencia humana por mor de la temprana hora, lo que  me hace  imaginar que  estoy solo en la inmensidad de la creación y que los edificios circundantes no son sino meros y mudos  atrezos del gran espectáculo del mundo que me rodea.

    El parque, a cualquier hora, es un universo viviente por la diversidad de población volátil que la ocupa. Avecillas gráciles como los jilgueros, etéreos chamarines, ruidosas urracas que con el verdor suave de su plumaje reavivan el desvaído color de la arboleda cuando el invierno la desnuda de hojuelas, obscuros y taciturnos mirlos que   visten de luto las brozas…Y sobrevolando el recinto las evoluciones pausadas de las gaviotas que hablan a las claras de la proximidad del mar que más que verse se presiente en la lejanía haciéndonos llegar sus reconfortantes efluvios.

    Como todo vergel que se precie, a cualquiera  hora del día, pero sobre todo cuando éste declina y las sombras se muestran como fieles aliadas para prácticas más o menos libidinosas  no es raro que nos encontremos parejas de enamorados amartelados en  conversaciones apagadas y furtivas caricias ajenos a todo lo que pueda estar ocurriendo a su alrededor. Uno, que ya peina canas, hace como que nada ve y sigue impertérrito su deambular no sin recordar con nostalgia otros tiempos y otras circunstancias de su existencia más vital.

   Con frecuencia me recluyo en el parque para embeberme en la lectura. Siempre hay un rincón propicio para este menester lejos “del mundanal ruido” del que despotricaba el poeta. Siempre hay un banco propicio, a la sombra si es verano, en otra época para recibir la caricia del sol otoñal. Como acostumbran las aves al acercarse a la fontana más cercana –saciar la sed sin abandonar sus piruetas –  leo y levanto la cabeza, más absorto en la naturaleza viva que me rodea que en las páginas del libro en cuestión.

    El Parque Litoral es un remanso  de paz, sobre todo en las horas en las que la  grey infantil se encuentra ausente aposentada en los colegios. Solo se oye el apagado rumor de la fronda o el quejoso piar de las aves, ya buscando sustento, ya el lugar de descanso nocturno para su ajetreo diario.

   Hay un pero, sin embargo, en este panegírico de tan emblemático lugar, y no es otro que a invasión de mosquitos, procedentes de las marismas del próximo río Guadalhorce que se dejan caer según que época del año haciendo la estancia imposible a los tranquilos viandantes. El Ayuntamiento de la ciudad se las ve y desea para extirpar el azote, sin lograrlo definitivamente. Un hándicap que cada cual resuelve a manotazos y que disturba el paseo en tan emblemático lugar de recreo de la Málaga del extrarradio, que no por eso pierde su estampa de exuberante pulmón verde ciudadano, hoy por hoy un delicioso refugio para las atosigantes calores del verano.

 

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Galopante cambio de clima

Grazalema

 

Galopante cambio de clima

JOSÉ BECERRA

Las imágenes que nos ofrecieron días atrás los medios de comunicación sobre el pavoroso incendio de Portugal, al que ha seguido el no menos voraz de Doñana, ya en nuestro suelo hispano, ha propiciado que suenen las alarmas sobre el peligro que en este verano se cierne  sobre el suelo patrio dado la penuria de lluvias que soportamos y las carencias que esta escasez, más acusada cada día, padecen  nuestros ríos, exangües y sin vida. Las deseadas lluvias cuando nos visitan obedecen a tormentas que nos traen el líquido elemento, sí, pero de manera borrascosa tal que se pierden sin apenas provecho.

    Se habla entre los entendidos de cambio de ciclos, es lo que dicen algunos; otros van más allá y apuntan a un calentamiento del Planeta con imprevisibles consecuencias. El deshielo de los Polos es,  por ejemplo, un hecho incontrovertible y claro aviso a navegantes, nunca mejor empleada la expresión.

   A nadie con dos dedos de frente se le escapa que España carece de pantanos suficientes y que los acuíferos existentes se cuiden como un don precioso y evitar que las aguas graciosamente recibidas cuando la atmósfera se muestra pródiga en lluvias vayan a parar al mar, que maldita la falta que le hace o se pierdan por caminos insondables en la profundidad de la tierra. ¿Por qué nuestros políticos, a ratos si mal no viene, no se ocupan de este problema candente en vez de enfrentarse   en peleas que nada nos reportan a la mayoría de los mortales? Urge un Plan Hidrológico Nacional en la que participen además de las Administraciones públicas, que también, la sociedad civil incidiendo en la necesidad urgente del desarrollo de Planes Hidrológicos de cuenca que hasta ahora brillan por su ausencia o son insuficientes.

    Las sierras de Grazalema, arriscadas  y multiformes a tenor de un historial geológico convulso, cabalgan sobre las provincias de Málaga y Cádiz y nos dejaron para asombro de la posteridad, además de sus desafiantes alturas que horadan el cielo,  simas, angusturas y grutas como la espectacular Cueva del Gato benaojana, que destaca por su extensión lóbrega, la de mayor de  Andalucía, por la inmensa  población de murciélagos que la escogieron desde la noche obscura de los tiempos para hibernar en ella.

    El cambio de clima que ha perece haber sentado sus reales en el ancho solar andaluz se retrasa en las sierras de Grazalema a tenor de las lluvias que recibe a lo largo del año. Desde aquí, contemplándolas en la lejanía, agradeciendo sus lluvias que nunca nos abandonaron del todo me vienen a la mente los versos de García Lorca sobre el líquido elemento que se nos muestra remiso por mor de un clima que parece cambiar de forma galopante:

Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!

 

 

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La Diputación tiende la mano a la Cueva del Gato

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La Diputación tiende la mano a la Cueva del Gato

JOSÉ BECERRA

En contra de las opiniones vertidas por los políticos malagueños opositores al Partido Popular y en concreto hacia la persona del Presidente de la Diputación, Elías Bendodo, en las que le ponen a caldo, que decimos por estos lares de la Serranía de Ronda, y le acusan de atender más a su soterrada batalla de sustituir a Francisco de la Torre  en la Alcaldía de Málaga que a los problemas que atañen a la provincia, obligado es decir que en lo que toca a Ronda y su comarca en contadas ocasiones hizo oídos sordos a sus demandas urgentes.          

   Como muestra un botón: la entidad supramunicipal malagueña acaba de redactar el proyecto de la nueva pasarela que hará posible un acceso más seguro y vistoso a esa joya paisajística y natural que adorna uno de los parajes más característicos de Benaoján, el pueblo chacinero por excelencia de la provincia. Nada menos que 200.000 euros vendrán a parar al Consistorio benaojano para poner en pie el nuevo puente sobre el río Guadiaro que vendrá a sustituir al antiguo que ya se resentía por su antigüedad y que permitirá un más apropiado acercamiento a tan emblemático lugar. Desde la carretera de Ronda la nueva estructura de madera laminada sobre cuatro zapatas de hormigón armado y pilares correspondientes garantizarán la seguridad del obligado paso.

   El objetivo no es otro que tan peculiar rincón – un oasis en el sequeral que le rodea – recupere en su forma prístina los atributos que le hicieron merecer la admiración de propios y extraños. Para ello se limpiará a conciencia el fondo del cauce sin olvidar la remodelación del entorno paisajístico que lo envuelve. En suma, tratar como se merece un lugar idílico, regalo magnánimo de la Naturaleza que en sus inescrutables designios decidió volcarse en favor de este rincón, milagro de la piedra tallada Dios sabe porque manos ocultas a través de los siglos y las limpias aguas vomitadas por la espelunca a sus pies.

   Como no podía ser de otra forma, la alcaldesa de Benaoján, Soraya García, ha mostrado su contento por esta actuación inminente de la Diputación en la demarcación cuyo Consistorio comanda. Satisfacción que no es sino reflejo del sentir ciudadano al cuajar el proyecto, rubricado por la Delegación del Gobierno de la Junta de Andalucía en Málaga, lo que habla de su pronta realización.

    

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La insólita Verbena del Tren en Benaoján

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La insólita Verbena del Tren en Benaoján

 

JOSÉ BECERRA

 

Que se sepa, en ningún lugar  de la Península ibérica, ancha y variopinta, se celebra un festejo de este cariz. Porque en este municipio, emporio del chorizo y la morcilla, amén de otros bocados deliciosos provenientes del cerdo, ese animal tozudo y hozador del que se dice que gustan hasta los andares, decidió va ya para una treintena de años atrás, homenajear al tren.

El pueblo está unido como si de un apéndice umbilical se tratase a la estación de Renfe, a la que se llega, ya por carretera, ya por una senda que serpentea entre rocas y olivares, y que recoge una antigua cancioncilla que habla de la idiosincrasia del pueblo (“Por el caminito del Río va la moza, con pasitos cortos, pero ligera…”) en un tiempo que no va más allá del cuarto de hora.

La línea férrea que une Algeciras con Bobadilla y Málaga que data de los inicios del pasado siglo va desde entonces hilvanando entre sí pequeños pueblos con escasa densidad de población que vivió como un milagro que el tren transcurriese entre sus términos municipales con lo que ello comportaba para la movilidad de sus habitantes y menguadas economías.

El municipio de Benaoján quiso agradecer su paso por el territorio que vino a solventar una necesidad de transportar la mercancía de sus incipientes fábricas de embutidos a lejanos destinos cuando los medios de transportes por carreteras comarcales no lo facilitaban por su ausencia o imposibles trazados. Y surgió la Verbena del Tren, siempre bien acogida por propios y extraños.

Son dos días de jolgorio y cuchipanda, bailes y atracciones verbeneras continuadas los que ocuparán el sábado 29 y domingo 30, junto a un lugar insólito: los raíles del tren en cuyo honor se monta cada año el festejo. Orquestas y atracciones a tutiplén amenizarán la verbena hasta que “el cuerpo aguante”, que dicen los del lugar.

Y si el calor le atosiga mediado el día  siempre tiene la oportunidad de arribar paso a paso (o en coche si lo prefiere) por un camino poblado de adelfas y vetustos  encinares hasta la Cueva del Gato, ese lugar idílico enclavado a muy poca distancia del lugar del festejo, prodigio de la piedra festoneada por la Naturaleza y el paso incesante de las aguas desatadas del río Gaudares o Campobuche que al hermano mayor, el Guadiaro,  vienen a morir en fraternal abrazo, sellando  amistad indeleble con el pueblo de Montejaque (Cueva del Hudidero), que desde este singular pueblo serrano proceden atravesando subterráneos y parajes de sombras reinantes en laberíntico recovecos y fosas que sobrecogen el ánimo.   Aquí, en la desembocadura de las frías aguas podrá mitigar el calor reinante con un baño prolongado en el llamado “Charco Azul”, cuyas losas  del fondo se observan a simple vista dado lo cristalino y turgente del fondo del líquido elemento allí remansado.

Los trenes, todos y cada uno de los que en estos dos días de bulla y agitación se vive junto a su paso,  no tienen por menos que saludar y agradecer con prolongados pitidos tan singular festejo en su honor.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.