img
Categoría: Málaga
El reprobado Impuesto de sucesiones

 Resultado de imagen de fotos de impuestos

 

El reprobado Impuesto de sucesiones

El presidente del PP andaluz, Juanma Moreno, vino día atrás a otro menester a Ronda: a dar constancia de los retrasos que en lo que concierne a infraestructuras en  la comarca vienen padeciendo los andaluces, y en concreto de la empantanada situación de la variante de Arriate, a dos pasos de la Ciudad del Tajo. Lo que no fue óbice para que atacara por derecho a un impuesto que está soliviantando a  la población ya que no tiene parangón en el resto del solar hispano. De paso ha recordado el artículo 14, Título I de la Constitución que nos dimos par nuestra prez y honra en 1978, que viene a decir taxativamente que “los españoles son iguales ante la ley sin discriminación alguna”.

Y ante ese aserto indiscutible no podemos por menos que manifestar descontento y exasperación por su arraigado incumplimiento de promesas tales como la bajada o total supresión de un impuesto, el llamado de sucesiones,  que por el empecinamiento de la Junta de Andalucía se ha de hacer frente y en una cuantía que brilla por su ausencia en el resto del país, incluido en  Madrid “rompeolas de todas las Españas”, que dijo con acierto Antonio Machado.

Pero ocurre que nuestros políticos que ya nos producen hartazgos por sus promesas vacías y grandilocuentes frases que sin pudor alguno esgrimen unos y otros solo para contrarrestar lo dicho por el oponente y ponerlo a caldo si mal no viene y dejándonos, como digo,  a los españolitos de calle cada vez más exasperados y aturdidos.

Como las explicaciones que ha venido a exponer recientemente la presidenta de la Junta andaluza, Susana Díaz, como respuesta al parlamentario Juanma Moreno, quien le afeó con agrio tono que Díaz afirmara sin pelillos en la lengua que es éste un impuesto que “solo lo pagan los ricos” o, para rematar su invectiva, diciendo que quienes tributan por este concepto son los “millonarios”. No parece que esta afirmación tenga visos de realidad a juzgar por las quejas de quienes se ven obligados a satisfacerlo y que de millonarios solo tienen las ilusiones de serlo.

La contestación social está servida al respecto y veremos si cuaja la decisión de la Diputación de Málaga de declarar a  la provincia libre del discutido y maléfico impuesto que tanta ojeriza de  está levantando. En Ronda, por ejemplo, han aunado fuerzas los distintos partidos políticos para conseguir que la gabela en la ciudad sea desterrada definitivamente.

Abriendo el texto de la Constitución de 1978, que tantas cuestiones obsoletas venía a desterrar, completamos el susodicho Título constitucional  añadiendo  que “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. No podía ser más explícito y taxativo el susodicho Título. Sin embargo, hay quien se lo salta a la torera o haciendo de su capa un sayo lo manipula y distorsiona a su antojo.

Lo que no deja de ser un trato injusto a los andaluces, a los que nos queda otra que, haciendo de “tripas corazón” (frase por muy hecha que sea, pero que no deja de ser veraz) agachar la cerviz y acatar el abuso que nos viene desde arriba.

Ver Post >
Bernardo de Gálvez en el Congreso de los Diputados

Bernardo de Gálvez en el Congreso de los Diputados

JOSÉ BECERRA

 

Naturalmente, me refiero a su retrato. La efigie de este héroe de Macharaviaya es digna que esté presente allí donde se cuecen todos los asuntos de Estado y permanecen para no ser olvidados personajes que de una u otra forma trabajaron para el engrandecimiento de España. No parece descabellado, tal y como acaba de proponer el Presidente de la Diputación de Málaga, Elías Bendodo, que el héroe malagueño de la independencia de Estados Unidos figure en alguna de las dependencias del Congreso. Hizo la propuesta durante la presentación de los actos conmemorativos de la Independencia de los Estados Unidos que se celebran en el pueblo de la comarca de la  Axarquía en estos días.

   Sorprendió meses atrás la descarga en el puerto de Málaga de una veintena de toneladas de roble vivo de Virginia (EEUU) donadas por el pueblo americano para dar forma a una réplica exacta del bergantín “Galveztown”, que tan destacado papel jugó, bajo el mando de su aguerrido capitán Bernardo Gálvez en la guerra de independencia de los Estados Unidos. Una vez finalizada la construcción naval, el velero se hará a la mar y surcando las mismas aguas atlánticas realizará el periplo que le llevará a arribar a las aguas de la península de Pensacola, decisiva para la expulsión de los ingleses y la consecución de los objetivos militares de los americanos sublevados, comandados por Jorge Washington, el primer presidente estadounidense.

   El pueblo axárquico de Macharaviaya, a un tiro de piedra de Rincón de la Victoria y Benajarafe, lo forman calles escalonadas que no pueden renunciar a su origen árabe por trazado y hechuras. Tiene razón de ser desde el siglo XVI y hubiera transcurrido su historia casi desapercibida si no hubiese sido porque en el siglo XVIII gozara de una colosal eclosión económica en la que la menor participación fueron sus viñedos – riqueza que se perdió hacia 1870 con la epidemia de filoxera – y el mayor apogeo merced a los afanes de la aristocrática familia Gálvez, cuya finca era frecuentemente visitada por las más prominentes figuras de la Málaga dieciochesca. Fue en esta época cuando el pueblo mereció la denominación de “Madrid chico”, sobrenombre a todas luces ilustrativo por muy hiperbólico que parezca.

   En los anales históricos de Macharaviaya se escribe con letras de oro un apellido: Gálvez. La saga fecunda de políticos de buen hacer, gobernadores preclaros y aguerridos navegantes que inició José de Gálvez (1721-1701), de quien se dijo y con razón tal fue su influencia en el Nuevo Mundo, que tuvo en sus manos el destino de América, se venera en el acogedor pueblo de la feraz Axarquía malagueña. Lápidas conmemorativas en las calles, enterramientos señoriales (cripta en el subsuelo del templo (bajo la advocación de San Jacinto), que guarda los restos de la familia, y la todavía sobre algunos de sus muros la fábrica de naipes que surtió para este juego de azar a toda la América de su tiempo (finales del siglo XVIII) hablan por si solas de la raigambre de este linaje en el pueblo.

  La prosapia del apellido Gálvez en el siglo dieciochesco, sin hacer distinción de cada uno de los miembros de la familia, la atestigua sus relaciones con personajes de tanto relieve como Carlos III, (quien hizo a José ministro de Indias), Esquilache, Grimaldi o Fray Junípero de Serra. Hablan por sí solo, además, los cargos que unos u otros ocuparon y en cuya ejecución siguieron de cerca los postulados de las reformas borbónicas y que abarcaron los campos de la administración, la economía, la milicia y la hacienda.
Pero quizá sea la figura de Bernardo la que ejerza mayor poder de fascinación en cuanto que encarnó el espíritu de intrepidez, osadía y denuedo que caracterizaron a los conquistadores españoles que le precedieron en el nuevo mundo descubierto por Colón y sus seguidores. Hijo de Matías de Gálvez, virrey de Méjico, a punto de mediar el siglo XVIII, su vida, que no llegó a coronar este siglo (murió en 1786), fue corta pero heroica a más no poder(murió a los 40 años, siendo ya virrey de México.
Abandonó su pueblo natal, Macharaviaya, con edad temprana. Militar a los dieciséis años (Academia de Ávila), se alista como voluntario a la guerra contra Portugal en 1762. Tres años después viaja por primera vez a América, se distingue por sus enfrentamientos con los indios apaches, y vuelva a España diez años transcurridos diez años. Su valor y sus dotes de político son ya justamente reconocidos. Viaja a Francia y lucha en Argel, donde acrisola su temple de soldado al continuar la emisión encomendada, pese a un serio percance de guerra que puso en peligro su vida.

  Volvió a América, en concreto a Luisiana, de donde fue nombrado Gobernador y toma parte desde el primer momento a favor de los independentistas norteamericanos en guerra para sacudir el yugo de la opresión de los ingleses. El mito Gálvez empieza ya a ser realidad entre sus soldados. Golpea a los ingleses, ya en guerra contra España, arrebatándoles los bastiones más importantes a las orillas del Mississipi. Paso siguiente fue la toma de Mobile, la cual sirvió de trampolín para la conquista de Pensacola, acción que cubrió indefinidamente de gloria al navegante de Macharaviaya, al tomar la ciudad con escasos medios y dotación personal a bordo del cañonero bergantín Galveztown. “¡Se puede!”, fue su grito de guerra, cuando contra todo parecer por lo improbable de la victoria, trataron de disuadirle de iniciar el asalto a la bahía..

Y se pudo, efectivamente. Finalizada la guerra, que fue particularmente sangrienta, el ya Conde de Gálvez (título nobiliario que le concedió Carlos III), fue declarado Héroe Nacional por el Congreso de los Estados Unidos.

   Prodigiosa hazaña la de este hijo de Macharaviaya en el Nuevo Continente. El pueblo  malagueño sigue reverenciando la figura del insigne militar y hombre de Estado que lo catapultó a la gloria.  Una personalidad egregia cuya imagen no va a desentonar, ni mucho menos, en el Congreso de los Diputados, tal y como ha propuesto el presidente de la Diputación malagueña.

Ver Post >
Salvajada en la Cueva del Cantal de la Cala del Moral

Resultado de imagen de imagenes de la cueva del cantal

 

Salvajada en la Cueva del  Cantal de la Cala del Moral

JOSÉ BECERRA

En mis paseos otrora vespertinos  por los alrededores de la Cala del Moral, siguiendo de cerca el tránsito que la proximidad del mar me permite y soslayando  la vista de la carretera y su bullir  constate de vehículos que desentonan en  un paraje que invita a la relajación, todo hay que decirlo, me he parado infinidad de veces  para contemplar la hendidura en la piedra caliza que sirvió de entrada a las cuevas del Cantal. En ella buscaron refugio los aborígenes del lugar se supone que para   resguardarse de las inclemencias del tiempo o para sus quehaceres de supervivencia en el clima hostil que propiciaba el último estadio del Paleolítico que abría la Edad de Piedra.

Me maravillaba tener tan cerca un portento de la andadura del hombre prehistórico  por la zona, sobre todo porque en las grutas que condicionaron su vivir dejaron muestran de un arte incipiente que habría de maravillarnos milenios después. De la misma forma, en un correlato evidente, que los son las grutas de Lascaux o Altamira, pongo por casos, la del Cantal ha sido considerada por investigadores de este portento artístico prehistórico como “una catedral cultural y religiosa”, más allá de servir para resguardarse de las inclemencias del tiempo.

Pero existen otras razones que hablan de la singularidad de este espacio socavado o erosionado en la roca: es la única dentro del Continente europeo cuyo origen es submarino y que formó en la época jurásica emergiendo del mar cual Ulises que engalana la mitología y la leyenda de la Antigua Grecia. Solo que aquí en los Cantales quienes anidaron fueron quienes  se alimentaron en los  concheros o depósitos de moluscos, conchas y peces que les servían de sustento.

Por estos argumentos irrefutables el Cantal se debería considerar como un santuario que merece el cuido y la protección de propios y extraños, y resulta tan incompresible como vejatorio para quien tenemos más de dos dedos de frente que haya sido asaltado por una horda de descerebrados que han emponzoñado con grafitis pinturas rupestres que merecen el respeto y la admiración de todos. Una salvajada que no debe repetirse so pena de recibir el severo castigo de quienes atentan contra  un legado cultural que no puede por menos de sentar las bases de formas de vidas ancestrales cuyo respeto y salvaguarda es tarea de todos, y de las autoridades de las administraciones públicas en primer lugar.

(No soy autor de la foto)

 

 

 

Ver Post >
Una guardería infantil encomiable

 

Una guardería infantil  encomiable

JOSE BECERRA

Son signos inequívocos de la vida: nacemos indefensos y así permanecemos durante los primeros años de nuestra existencia. Luego, con la senectud, volvemos inexorablemente a ese indefensión natural creciente que nos obliga a depender otra vez de los demás, se quiera o no. Necesitamos el apoyo de nuestros progenitores al asomarnos al mundo y echamos manos de nuestros hijos cuando la edad avanzada nos retorna a la edad primigenia. Es una ley de supervivencia a la que se nos somete si se quiere afrontar los peligros y acechanzas que nos han de asaltar en el camino indefectiblemente.

Pero lo nuevos tiempos nos allanan al paso por esas dos etapas ineludibles con la aparición de guarderías infantiles y residencias de ancianos. Antes de que llegue la edad escolar, a saber el tiempo que trascurre entre el primer año de vida y el ingreso en un centro estatal, ahora fijado a partir de los tres años del infante, se recurre a las guarderías cuando la padres trabajan y no existen allegados próximos para cuidar del menor.

Las guarderías han venido a facilitar esa etapa preliminar en la vida del menor y a fe que existen centros de esta índole que le acogen con garantías plenas de salvaguarda de su integridad física y necesidades alimentarias y conocimientos preliminares en un entorno agradable en el que nuestros hijos y nietos viven horas placenteras que los familiares no tenemos por menos que agradecer.

En Málaga es obligado reconocer la labor que en este sentido lleva a cabo la guardería “5 Chupetes”, ubicada en las inmediaciones del núcleo residencial Martin Carpena y el Hospital Quirón. Recojo diariamente a mi nieto Mario Ángel en sus instalaciones y puedo dar fe de que las cuidadoras (Yolanda, Nuria, Tamara, Ana y otras supervisadas por la directora Raquel)  se desviven pos prestar la atención requerida a esos chavales de muy corta edad que se ven obligados a permanecer durante algunas horas lejos del cuidado de sus familiares. Y lo hacen con una abierta sonrisa en el rostro, lo que demuestra que se entregan a su labor con dedicación y afecto que es lo que necesitan estos infantes que por un periodo más o menos largo se ven enclaustrados en el recinto.

Como abuelo de uno de los pequeños que esta guardería acoge me ha sorprendido gratamente comprobar cómo, sin perder el carácter tradicional de estos centros, ofrecen mediante medios técnicos avanzados asegurar el control y cuidado de los pequeños que se les confían. Así, al mismo tiempo que la videovigilancia, ofrece otros atractivos nada desdeñables, como el desarrollo de programas de juegos y actividades pedagógicas de perentoria necesidad para quienes se asoman tímidamente a la aventura del vivir cada día.

Una novedad hay que resaltar: 5 Chupetes renunció desde el primer día a los servicios de catering; con cocina propia regida por expertos nutricionistas se  garantiza la preparación y vigilancia de los menús diarios que han de consumir los peques que se les confían. Si  esto  añadimos la labor de quienes tutelan, controlan y adecúan su trabajo a las necesidades de los pequeños que se le confían es para estar satisfecho.

Tengo que decir que no hablo de oídas; sino con conocimiento de causas: Visito cada día esta guardería por la obligación grata que me he impuesto a mí mismo y que no es otra que ir a recoger a mi nieto. Respiro por unos momentos la paz que se respira en su sala de espera, compartida con los que también comparecen  en busca de  sus retoños a la misma hora. Momentos de expectación compartida hasta verlos salir sonrientes de las dependencias interiores.

Rostros visibles de la guardería son los de las `seños´ Nuria y Yolanda: sus tareas son eminentemente administrativas y no es raro contemplarlas tras el ordenador y sumidas en el examen de un montón de papeles. A la directora Raquel,  así como a Tamara y la cocinera Ana se le ve menos; éstas últimas son las que permanecen durante toda la jornada al cuido de los niños que les confían y a cocinar para ellos  el menú de cada día, variado siempre y siguiendo pautas de elaboración tradicionales y apetitosos.

En un plazo de pocos meses “5 Chupetes” se traslada como anexo a las instalaciones del cercano Colegio Público Clara Campoamor. Nueva andadura de la guardería que seguirá ofreciendo de seguro los excelentes servicios que siempre ha venido prestando a quienes hasta ahora han venido confiando en su cotidiano buen hacer.

 

 

 

Ver Post >
El estigma de la corrupción

Resultado de imagen de imagenes de  antonio Bandera, diario sur

 

Consecuencias del  estigma de la corrupción 

José Becerra

La corrupción que es un   plato  que se nos ha servido, ya caliente, ya frío, en los últimos tiempos, además de su inequívoca maldad, está haciendo florecer otras consecuencias que obran en detrimento del sentir del ciudadano de a pie que venía confiando en el buen hacer de sus políticos elegidos para desempeñar cargos en la Administración del Estado en cualesquiera de los  distintos escalafones que la componen. Que está bien que se luche con denuedo contra esa lacra que ha venido socavando el entramado que componen las diversas ramificaciones que desde lo más alto de las instituciones estatales llegaron hasta las menos descollantes, caso de ayuntamientos de escasa significación, pongo por caso. Que es necesario y perentorio que se luche contra la putrefacción que se ha venido dando en los diversos estamentos públicos cuyos altos responsables se pusieron por montera la honradez y la decencia necesarias para ejercer el cargo que le fue concedido por decisión de la ciudadanía a la que debe su elección. Está bien que se vele por la decencia y el buen hacer en sus funciones.

   Pero ocurre que a raíz de esta cruzada de diferentes partidos políticos, que puede ser bien intencionada, se están cercenando en su raíz proyectos ofertados  en favor  del desarrollo económico, social y cultural de ciudades y sus entornos; con lo que esta exagerada persecución de posibles casos delictivos puede significar una sinrazón, ya que ni por asomo persiguen objetivos fraudulentos, con lo se está obteniendo consecuencias adversas a su desarrollo.

    Se están bloqueando cantidades exorbitantes de euros – se habla de más de 14.000 millones- en inversión en obras que, por este motivo, las empresas promotoras se las ven y desean para  iniciar su cometido. Los casos de oposición a proyectos fallidos se han venido sucediendo en un paroxismo infundado contra los propios intereses de ciudades como Madrid – caso del magnate chino Wang Jianlin – Zaragoza, La Coruña o Cádiz, entre otras, en las que las inversiones en ladrillo se volatizaron en un prurito de salvaguarda no se sabe bien qué  tipo de intereses.

   Para ver un caso flagrante en esta cruzada exageradamente engendrada con fines que se nos escapan, no tenemos que irnos demasiado lejos. En Málaga saltó por los aires  un  proyecto cultural del celebérrimo actor Antonio Bandera, quien hastiado de que se le pusieran trabas insalvables, lo suficientemente adversas como  para que desistiera de sus encomiables intenciones de apadrinar un centro destinado a la formación de intérpretes y artes escénicas, amén de otros elementos de carácter instructivos, optó por la renuncia. Un loable empeño tirado por la borda para desgracia de la ciudad.

   Un sinsentido tras otros  que prejuzga de antemano y  lleva a extremos inconcebibles de negación a  propósitos honrados que habrían de reportar bienes culturales y beneficios sin cuento, al mismo tiempo de  propulsar, por ejemplo,  la creación de puestos de trabajo.

   Es un sano anhelo  luchar contra la corrupción, pero también debe serlo discernir si ésta hace o no  acto de presencia en proyectos que nos benefician a todos. Su estigma no campea para nuestra suerte por doquier.

Foto:Diario SUR

 

 

Ver Post >
¡Chapó, Don Manuel!

Resultado de imagen de imagenes de manuel alcantara, diariosur

 

¡Chapó,  Don Manuel!

 

En la tierra de los galos se diría “chapeau”, como saben,  pero por estos lares acostumbramos a desembarazarnos de letras que nos parece superfluas y nos sale el ¡chapó! sin que se cambie un ápice el significado del vocablo con el que acompañamos el gesto  de quitamos el sombrero en señal de respeto y admiración por una personalidad que, en este caso, brilla con luz propia en el firmamento de las letras españolas. Ahora el poeta y articulista Manuel Alcántara, ese cuyo rostro (y lo que sigue) buscamos cada día en la última página de SUR antes de adentrarnos en la barahúnda de noticias consiguientes, acaba de recibir una distinción más, ahora  de la mano de una institución extranjera – «First Amendment Awards»- que desde Nueva York esta vez, trata de hacer brillar en el universo mundo el periodismo “libre y riguroso”, bajo la premisa de la libertad de expresión y el buen hacer de quienes dedican buena parte de  su vida a verter en diarios de manera genuinamente ingeniosa las impresiones que los acontecimientos de toda índole que el día a día de la actualidad  ofrecen a su atención.

Queden para los analistas las referencias a su vida en Madrid y su paso por las redacciones de los diarios Arriba, Pueblo o Ya y la simultánea actividad periodística con maestros columnitas de la talla, por ejemplo, de Cesar Ruano, Camba y otros de parecida alcurnia, o su maestría como poeta siguiendo de cerca los pasos de alguien que muchos consideran como su mentor, a saber Antonio Machado, pese  que a sus versos siguieron distintos derroteros.

Confluyen en Alcántara las dotes del escritor nato en el que  la poesía y el artículo van cogidos de la mano. Para la composición encuentra siempre la palabra exacta y la expresión certera e incisiva revestidas de fina ironía, idóneas para transmitir su pensamiento mostrándonos un compendio  de sutilezas que el lector no tiene por menos que celebrar. La belleza de las palabras y el perfecto dominio de la morfosintaxis les son propios, como así mismo hace gala de perfecta armonía en la composición poética y en la creación y el justo empleo de imágenes literarias y la transmisión de su pensamiento y posición ante el acontecer cotidiano de la vida, a veces de la suya propia, como estos decidores versos suyos: “Manuel, junto a la mar, desentendido; hubo una vez un niño en la bahía…”

Retoma cada día la palabra el maestro del buen decir, de las ocurrencias felices, de los conceptos precisos y de la ironía y la crítica que abjuraron de la acritud y el encono. ”Bastante amargura hay en el mundo para que se incida sobre ella en los escritos”, me dijo un día, la primera vez que mantuve una conversación con él, en un paseo inesperado que me deparó y dispensó en un encuentro fortuito, camino de su casa. (Luego, en otra ocasión, me abrió las puertas de su hogar – un santuario para mí dado mi admiración por el maestro, que no vacilo en confesar -, había ido yo a llevarle tres o cuatro cintas para su Olivetti, resto de una antigua papelería de mi propiedad, sabedor de su necesidad imperiosa de ellas).

Ese es su estilo: lo más grave, lo que puede causar dolor, iracundia o incitar a un agrio ataque se diluye en su lenguaje, y el tono escogido en pirueta que la desposee de acritud. Sin merma en su entendimiento y en la consecución de su último objetivo hace que con sus palabras cambiemos el desabrimiento por una sonrisa. Milagro del buen hacer de un articulista “amanuense de sí mismo”, como alguien dijo de él con justicia.

Más de cincuenta años dando la esencia de su ser a golpe de Olivetti, tras la leve neblina de su sempiterno cigarrillo, y las más de las veces tras las cristaleras de su despacho que da al mar (“Bajamar de la desgana: las olas cerca de mí, yo lejos del agua clara”), y la presencia impávida de sus búhos, mudos, ojiabiertos, enigmáticos.

En mis paseos por las cercanías de los túneles de Rincón de la Victoria, cerca de los cuales tiene su morada el articulista y poeta, cuando veo iluminado su despacho me lo imagino así en su quehacer diario (“a las siete sale cada tarde mi artículo a su destino “, me confesó el día de mi feliz tropiezo con él); y, en ocasiones, me paro para contemplar la difusa luz de su lugar de trabajo. “¿Habrá puesto ya el maestro el punto final en su artículo de cada día? ¿De qué tratará? ¿Con qué ocurrencia nos sorprenderá mañana? ¿Con qué chispa o agudeza nos hará pensar?”, me pregunto.

Mi felicitación, don Manuel, y mi deseo que ver durante muchos años más la luz de su despacho iluminada. Hoy, esta tarde, mientras paseo, me vienen a la memoria otros versos suyos. Los voy musitando mientras me alejo: “NO pensar nunca en la muerte / y dejar irse las tardes / mirando como atardece. / Ver toda la mar enfrente / y no estar triste por nada / mientras el sol se arrepiente. / Y morirme de repente / el día menos pensado. / Ése en el que pienso siempre”.

¡Chapó, Don Manuel! Y que ese día menos pensado le llegue lo más tarde posible, para su bien y el contento de la infinidad de sus lectores.

–Foto_ Absotumálaga)———-

Ver Post >
Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.