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Categoría: Málaga
¡Chapó, Don Manuel!

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¡Chapó,  Don Manuel!

 

En la tierra de los galos se diría “chapeau”, como saben,  pero por estos lares acostumbramos a desembarazarnos de letras que nos parece superfluas y nos sale el ¡chapó! sin que se cambie un ápice el significado del vocablo con el que acompañamos el gesto  de quitamos el sombrero en señal de respeto y admiración por una personalidad que, en este caso, brilla con luz propia en el firmamento de las letras españolas. Ahora el poeta y articulista Manuel Alcántara, ese cuyo rostro (y lo que sigue) buscamos cada día en la última página de SUR antes de adentrarnos en la barahúnda de noticias consiguientes, acaba de recibir una distinción más, ahora  de la mano de una institución extranjera – «First Amendment Awards»- que desde Nueva York esta vez, trata de hacer brillar en el universo mundo el periodismo “libre y riguroso”, bajo la premisa de la libertad de expresión y el buen hacer de quienes dedican buena parte de  su vida a verter en diarios de manera genuinamente ingeniosa las impresiones que los acontecimientos de toda índole que el día a día de la actualidad  ofrecen a su atención.

Queden para los analistas las referencias a su vida en Madrid y su paso por las redacciones de los diarios Arriba, Pueblo o Ya y la simultánea actividad periodística con maestros columnitas de la talla, por ejemplo, de Cesar Ruano, Camba y otros de parecida alcurnia, o su maestría como poeta siguiendo de cerca los pasos de alguien que muchos consideran como su mentor, a saber Antonio Machado, pese  que a sus versos siguieron distintos derroteros.

Confluyen en Alcántara las dotes del escritor nato en el que  la poesía y el artículo van cogidos de la mano. Para la composición encuentra siempre la palabra exacta y la expresión certera e incisiva revestidas de fina ironía, idóneas para transmitir su pensamiento mostrándonos un compendio  de sutilezas que el lector no tiene por menos que celebrar. La belleza de las palabras y el perfecto dominio de la morfosintaxis les son propios, como así mismo hace gala de perfecta armonía en la composición poética y en la creación y el justo empleo de imágenes literarias y la transmisión de su pensamiento y posición ante el acontecer cotidiano de la vida, a veces de la suya propia, como estos decidores versos suyos: “Manuel, junto a la mar, desentendido; hubo una vez un niño en la bahía…”

Retoma cada día la palabra el maestro del buen decir, de las ocurrencias felices, de los conceptos precisos y de la ironía y la crítica que abjuraron de la acritud y el encono. ”Bastante amargura hay en el mundo para que se incida sobre ella en los escritos”, me dijo un día, la primera vez que mantuve una conversación con él, en un paseo inesperado que me deparó y dispensó en un encuentro fortuito, camino de su casa. (Luego, en otra ocasión, me abrió las puertas de su hogar – un santuario para mí dado mi admiración por el maestro, que no vacilo en confesar -, había ido yo a llevarle tres o cuatro cintas para su Olivetti, resto de una antigua papelería de mi propiedad, sabedor de su necesidad imperiosa de ellas).

Ese es su estilo: lo más grave, lo que puede causar dolor, iracundia o incitar a un agrio ataque se diluye en su lenguaje, y el tono escogido en pirueta que la desposee de acritud. Sin merma en su entendimiento y en la consecución de su último objetivo hace que con sus palabras cambiemos el desabrimiento por una sonrisa. Milagro del buen hacer de un articulista “amanuense de sí mismo”, como alguien dijo de él con justicia.

Más de cincuenta años dando la esencia de su ser a golpe de Olivetti, tras la leve neblina de su sempiterno cigarrillo, y las más de las veces tras las cristaleras de su despacho que da al mar (“Bajamar de la desgana: las olas cerca de mí, yo lejos del agua clara”), y la presencia impávida de sus búhos, mudos, ojiabiertos, enigmáticos.

En mis paseos por las cercanías de los túneles de Rincón de la Victoria, cerca de los cuales tiene su morada el articulista y poeta, cuando veo iluminado su despacho me lo imagino así en su quehacer diario (“a las siete sale cada tarde mi artículo a su destino “, me confesó el día de mi feliz tropiezo con él); y, en ocasiones, me paro para contemplar la difusa luz de su lugar de trabajo. “¿Habrá puesto ya el maestro el punto final en su artículo de cada día? ¿De qué tratará? ¿Con qué ocurrencia nos sorprenderá mañana? ¿Con qué chispa o agudeza nos hará pensar?”, me pregunto.

Mi felicitación, don Manuel, y mi deseo que ver durante muchos años más la luz de su despacho iluminada. Hoy, esta tarde, mientras paseo, me vienen a la memoria otros versos suyos. Los voy musitando mientras me alejo: “NO pensar nunca en la muerte / y dejar irse las tardes / mirando como atardece. / Ver toda la mar enfrente / y no estar triste por nada / mientras el sol se arrepiente. / Y morirme de repente / el día menos pensado. / Ése en el que pienso siempre”.

¡Chapó, Don Manuel! Y que ese día menos pensado le llegue lo más tarde posible, para su bien y el contento de la infinidad de sus lectores.

–Foto_ Absotumálaga)———-

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Ganas de amargarnos el día

 

Ganas de amargarnos el día

Es de suponer que no haya peligro inminente, pero a sabiendas de ello no deja de ser preocupante que la Asociación Española de Ingeniería Sísmica, de la mano de la Diputación Provincial, haya editado un mapa en el que se detalla la peligrosidad sísmica a la que están expuestas buena parte de las comarcas y pueblos de Málaga. Más de una veintena de municipios aparecen en el susodicho mapa y la verdad es que, no es que haya intranquilizado en demasía a sus ocupantes, pero sí que han puesto un punto de preocupación en sus existencias dado los catastróficos resultados que se desprenden de un terremoto sobre todo si es de gran magnitud.

Ya sabemos que un movimiento sísmico obedece por la repentina liberación de energía acumulada durante un largo tiempo. Las placas tectónicas se deslizan y encabritan, por decirlo de forma llana, y como resultado del encontronazo de unas contra otras, originan una eclosión que produce cambios sustanciales en la topografía más próxima. A grandes rasgos este es el mecanismo de los terremotos que serás de mayor o menor envergadura, algo que se mide por la archisabida escala Richter que señala, entre movimientos apenas perceptibles y destrucción total allí donde hace repentino acto de presencia.

Las placas tectónicas se acomodan, según los expertos en sismología- una ciencia desconocida hasta hace pocas décadas-, en un período que abarca millones de años y que fueron dando forma a la superficie de nuestro planeta que hoy conocemos. Dislocadas estas placas por fenómenos naturales, la tensión provocada está en la raíz de los terremotos que sacuden al mundo en cualquiera de sus ámbitos y cuyos efectos contemplados aunque sean distancia no dejan de espeluznarnos.

Siglos atrás se consideraban como un castigo al hombre por rebelarse contra la divinidad. Hoy sabemos que obedecen a movimientos sísmicos imprevisibles. En mi pueblo de la Serranía de Ronda, los más viejos del lugar conocen la sacudida terrestre anómala como “movimiento de la Tierra”. No está lejos su apreciación  de la realidad.

La cuestión es que esta previsión que ahora se nos hace y que recae en más de una veintena de municipios malagueños no puede por menos de ser alarmante, sobre todo, porque nada se puede hacer al respecto y solo toca esperar que cuando estas sacudidas nos lleguen se sitúen en la tabla más baja de la escala de Richter, a saber, las que nos hace sentirla pero sin causar daños importantes al entorno.

Con todo el anuncio que se nos hace no deja, como digo de alarmarnos un tanto. Otra cosa sería que junto a estas predicciones se nos advirtiera con tiempo de cómo esquivar las convulsiones. Pero se nos antoja que esto sería pedirles peras al olmo. Nos amargan un tanto la jornada, pero es lo que hay y habremos de conformarnos más o menos sumidos en la incertidumbre.

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Reformas en “La Manquita”

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Reformas en “La Manquita”

Sean bienvenidas las reformas estructurales que se han de llevar a cabo en la emblemática Catedral de Málaga, comúnmente conocida como “La Manquita”, por no haberse construido en su día la torre sur como saben, que debía emparejarse con la que, airosa y magnificente, se alza al cielo en su fachada norte. Bien está que de esta joya renacentista, orgullo de los malagueños,  se repare su techumbre, y su disposición interior cambie y se acomode a los retos que el tiempo ha venido incidiendo en su colosal imagen tanto interior como exterior. Que se acomoden los espacios a las necesidades del culto y se reparen las filtraciones que obran en detrimento de su cubierta son reformas que no admiten dilación posible. Nadie parece estar en contra de esa determinación.

Otra cosa es la pretendida construcción de la torre sur pergeñada por los arquitectos de la talla de Egas, Diego de Siloé, y el mismo Andrés de Vandelmira, amén de otros grandes maestros renacentistas andaluces que intervinieron en el santo recinto malagueño, y que no llegó a perfilarse jamás, entre otras cosas porque las intervenciones procedentes del Gobierno central, o en su defecto, de la Junta de Andalucía  han brillado por su ausencia, pese a su condición incuestionable de primer templo de la ciudad: en esta cuestión se encuentra a la cola en la lista de los templos andaluces.

El campanario, que por su ausencia imprime carácter propio a “La Manquita”, no es, empero, una necesidad perentoria, como con muy bien criterio se ha venido a afirmar desde el Obispado. Sí lo es, por el contrario, un análisis pormenorizado de las deficiencias del templo en lo que, como digo, toca a su estructura y que  muestran el carácter urgente de la intervención, algo que el cabildo catedralicio, feligreses y visitantes ocasionales agradecerían en grado sumo.

La torre sur puede esperar, entre otras cosas, porque la existente, la cual se eleva hasta los 85 metros de altura, siendo la más alta de España, si obviamos la Giralda de Sevilla, viene imprimiendo personalidad propia al templo y es el referente obligado que no deja de cautivar a quienes la contemplan desde las bases del señero monumento religioso. A nadie se le ocurría, acudiendo a un ejemplo de construcciones que llaman poderosamente la atención, “enderezar” la famosa torre inclinada de Pisa: así se observa desde su construcción hace la friolera de 800 años, constituyendo el santo y seña de la ciudad que se asienta en la región italiana de  la Toscana.

Que siga siendo, pues, “La Manquita” para muchos años como imagen imperecedera de la ciudad a la que otorga particular sello y singularidad.

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Demoras del nuevo Hospital de Ronda y deficiencias en la sanidad malagueña

Demoras en el nuevo Hospital de Ronda y deficiencias en  la  sanidad malagueña

JOSÉ BECERRA

Lo del nombre es lo de menos. Se ha venido discutiendo estos días sobre si hemos de nombrarle como Hospital de la Serranía de Málaga- totalmente impropio – o de la Serranía de Ronda. La disyuntiva tiene su intríngulis pero resulta un mal menor. Ahora lo que importa a los rondeños y los serranos del entorno es que el nuevo Hospital abra sus puertas de una puñetera vez- perdonen el exabrupto – y satisfaga el anhelo de alrededor de 85.000 personas de contar con un centro sanitario capaz de atender sus posibles dolencias.

Ahora se nos dice que no será hasta el primer trimestre de 2017 cuando el Hospital entrará en pleno servicio, una vez finalice el tiempo acordado solo para las consultas externas. “¡Cuan largo me lo fiais, amigo Sancho”!, que dijo el Ingenioso Hidalgo, dando a entender que algo se dilata en el tiempo y no presenta signos de  que se vaya a realizar con premura. Es lo que se barrunta de las declaraciones por parte de responsables de Sanidad de la Junta de Andalucía y que señalan que se avanzará “progresivamente”, de lo que se deduce que están en al aire- ¿hasta cuándo?- el traslado de enfermos.

Elías Bendodo,  ínclito presidente de la Diputación de Málaga, vino a decir días atrás en una visita  a la celebérrima Ciudad del Tajo que el Gobierno  socialista de Susana Díaz” cuando dice que la sanidad (y la educación) son sus prioridades, lo cierto es que desde 2009 se han despedido 7.500  profesionales sanitarios en Andalucía”. No tenemos por qué desmentir al dirigente popular ya que es archisabido que  se han cerrado centenares de camas hospitalarias pese a que la población de la región pese  se ha incrementado de manera exponencial.

Lo que viene sucediendo con el nuevo Hospital rondeño puede ser fiel reflejo del momento que vive la sanidad andaluza en los últimos tiempos. Para desmentir las presuntuosas afirmaciones de la presidenta de la Junta de Andalucía, la socialista Susana Díaz, nos salen al paso críticas severas que atañen a las listas de espera, las cuales sitúan a la región a la cola en el gasto sanitario por habitante. Es lo que ratifica la Memoria hecha pública recientemente por el Consejo Económico y Social (CES, para los amigos), el  cual  sitúa a la comunidad andaluza a la cola del país en gasto sanitario por habitante. Demoledor, ¡vive Dios!, que haya pacientes que esperen medio año para lograr un diagnóstico. Tardanza que no puede por menos de poner en el disparadero la salud del enfermo. Como es el caso flagrante de un enfermo que lleva esperando siete meses para que se le haya una colonoscopia y del que hemos tenido noticias en los últimos días.

Por fortuna, las  denominadas “mareas blancas” están tomando cartas de naturaleza, entre otras provincias de la comunidad autónoma, en Málaga. Ciudadanos y médicos del propio Sistema Andaluz de Salud, a remolque de pacientes que reivindican una más pronta atención en lo tocante a consultas especializadas, pruebas diagnósticas e intervenciones quirúrgicas. No es de recibo, según comentan los facultativos, que se dictamine una dolencia, pero que se tenga que esperar meses para las pruebas precisas que autentifiquen un diagnóstico veraz, o se proceda a la operación pertinente. Y es que lo que se conoce en el argot médico como `alta resolución`, a saber, que al enfermo se le someta a las pruebas precisas para que sea factible un diagnóstico en el  mismo día se ha convertido en pura entelequia. De lo dicho al hecho un gran trecho.

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Afirmaciones arriesgadas sobre la Diputación

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En un editorial de un diario gratuito de Málaga se acusó días atrás a la Diputación de Málaga de sectaria en lo que toca a los municipios de la provincia. Viene a decir que de éstos se lleva siempre la mejor tajada los que pertenecen al Partido Popular. Estamos como siempre en el tira y afloja con el que  un partido acusa al contrario con ánimos de despellejarlo vivo. De estas acusaciones no se salvan ninguno sea del color que sea su signo político.

Abona, al parecer, el PSOE malagueño la afirmación de que los municipios que no superan los 20.000 habitantes con dirigentes municipales que no ostentan las siglas del PSOE no reciben ayuda de la Diputación, o se encuentran en desventaja manifiesta a la hora de repartir prebendas. Se apuntala la  aserción con la invectiva de que los 92 municipios de menor exponente de moradores muchos de ellos no recibieron “ni un solo euro” de ayudas discrecionales en el año que ya ha comenzado imparable su declive.

Contrasta esta afirmación del PSOE con la noticia aireada solo un mes atrás referente a la que el organismo supramunicipal malagueño el cual  va a destinar dos importantes fondos de ayuda a esas entidades locales de escasa población y que se las ven y desean para remontar años de parcos recursos económicos. En concreto se destinarán cuatro millones de euros al Fondo de Liquidez Provincial para anticipo o préstamos sin intereses a los pueblos, y otros millones de  incremento para el Plan Provincial de Asistencia y Cooperación. Ambos planes destinados a solventar apremios endémicos de tesorería de consistorios de localidades de menor extensión geográfica y poblacional.

Sin ser un acérrimo defensor de las diputaciones provinciales a tenor de esos efectos arteros que los socialistas malagueños ahora esgrimen en lo que conciernen a los pueblos de poca monta, considero que  cada partido arrima el ascua a su sardina, por lo que no puedo por menos de aplaudir que subsistan y no se eliminen, como vienen propugnando algunos partidos políticos que las denuncian como un criadero de clientelismo político perdurable, algo que no todos compartimos.

Estas instituciones vienen prestando un inestimable servicio a las poblaciones de poca monta sin el cual  se verían abocados a serios quebrantos que desembocarían indefectiblemente, si no en su desaparición, sí a arrostrar un penoso  hándicap para la supervivencia. No podrían por sí solos subsistir en lo que toca a nuevas instalaciones y mejoras imprescindibles vitales para el desarrollo sin la ayuda de un organismo estatal que les tienda la mano.

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Mis viejas máquinas de escribir

 

 

Mis viejas máquinas de escribir

JOSÉ BECERRA

¿Dónde fueron a parar? ¿En qué obscuro desván o rincón de la casa habitada por familias con miembros que ya sobrepasaron con creces la cincuentena de años duermen el sueño eterno, si éstos no se deshicieron de ellas como un trasto arcaico e inútil? ¡Ah, las viejas máquinas de escribir! Fueron imprescindibles en cualquiera oficina que se preciara y asimismo constituyó  el recurso fácil para pergeñar misivas en infinidad de hogares que podían permitirse el lujo – años ha lo era- de su posesión. Hoy son una pieza de museo, avasalladas por las nuevas tecnologías a las que se recurre para dejar constancia de esa necesidad de comunicación con el resto del mundo.

Las arrinconó el ordenador, novísima herramienta de la que se dispone hoy día con infinidad de opciones con las que la vetusta máquina de escribir, en su parquedad, no puede competir, así que quedó, como digo, arrumbada y sin posibilidad de resurgir olvidada y menospreciada.

Una junto a la otra duermen el sueño de los justos mis tres viejas máquinas de escribir que tanto solaz me dieron para tramar mis escritos desde, mediado el pasado siglo, hasta bien entrado el presente. Ahora, de vez en vez, las miro entre nostálgico y agradecido, que no en balde soportaron el repiqueteo de mis dedos sobre sus teclados, hoy ajados.

Aquí yace la Smith Premier, empleada por mí en los  primeros pasos por el mundo de la escritura más allá del lápiz o la plumilla y el papel. Tiene doble teclado, uno para  las  mayúsculas y otro para las minúsculas, los tipos  desgastados por el uso, lo que habla a las claras de su antigüedad, que calibro en los primeros años del pasado siglo. Resistió mejor los embates del tiempo mi Underwoord, compacta y pesada, ya de un solo teclado para ambos tipos de letras. Y muy cerca de ella yace la Hispano Olivetti, portátil y funcional, cuya existencia enlazó con la fulgurante eclosión de los computadores, los cuales, como digo, acabaron por confinarla sin remisión, junto a sus viejas compañeras de función.

Hay quien todavía no se resigna a la sustitución de estos vetustos artilugios por los de nuevo cuño. Es el caso  de Manuel Alcántara, eximio poeta y no menos relevante articulista que todavía recurre a golpear el teclado de su máquina escribir para plasmar en el papel la palabra escrita en su caso siempre amena y sugerente, quizás seducido por su familiar apariencia, lejos de la del  ordenador, siempre más fría y distante.

Creo que no voy a deshacerme nunca de mis vetustas máquinas de escribir. Tienen un lugar preferente allí donde permanece todo lo que guarda estrecha relación con mi existencia: guardan  recuerdos indelebles en mi memoria. Que sean otros los que se deshagan de ellas, si les parece bien, cuando ya nada pueda disponer por mi cuenta.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.