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Categoría: PENSIONES
Parón al Pacto de Toledo

Parón al Pacto de Toledo

JOSÉ BECERRA

Desde el Gobierno, ahora en funciones, se quiere dar por sentado que el tan traído  y llevado Pacto de Toledo todavía puede llegar a buen puerto. Ha sido la ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio, quien ha afirmado que “antes de las elecciones se puede llegar a un acuerdo que venga a propiciar una solución a la demanda”, esa que mantiene en vilo a los millones  de pensionistas – entre los que me cuento, dicho sea de paso – a satisfacer su necesidad de mejoras en sus escasas retribuciones mensuales. A lo que  cabe objetar que si el acuerdo no llegó a cristalizar hasta ahora, cómo se espera  que se consiga  cuando lo que de verdad les importa a quienes nos gobiernan no es esta  cuestión. Ante la convulsión de los comicios que se avecinan, lo que de verdad les preocupa es la forma de encandilar a la plebe para que procure su permanencia en el poder,  o que se apoye  a quienes, fuera de él, aspiran a gozar de las mieles de ejercerlo.

Pareció que remontaba el anhelado Pacto, pero el gozo en un pozo para los miles de pensionistas  a los que no nos cabe la camisa en el cuello  contemplando cómo los responsables políticos retrasan o eluden ahora atajar el problema, por mucho que la ministra trate de mantenernos en la esperanza de solucionarlo. Habrá que esperar, aunque  no lo digan abiertamente, pero es lo que se presume contemplando sus `dimes y diretes ‘ que  nos hacen presagiar que el problema va para largo.

Se yergue ahora sobre las cabezas de quienes esperan que se legisle sobre las pensiones la decisión de los opositores al PSOE de poner trabas  impuestas sobre una decisión que vendría a serles provechosa     de cara a las elecciones que están al caer:  estas concesiones  a darían  pábulos a sus pretensiones, algo que el resto de partidos, y sobre todo el PP, no están dispuesto a conceder.

Por otra parte y pese a que el PSOE trate de hacer un brindis al sol haciéndonos ver que es posible llevar a buen puerto el Pacto de Toledo, a nadie se le escapa que es solo eso: dejar constancia de que el equipo de Sánchez intenta llevar a buen puerto el famoso pacto toledano, pero que no le dejan, en esta caso; y sobre todo, también por la negativa de Podemos  a secundar sus propósitos al respecto dado que sus apoyos han sido infructuoso:  ahora desea caminar  a solas en vista de que su alianza con los socialistas no les han concedido los resultados halagüeños que esperaban.

Entre  unos y otros andamos los pensionistas cabizbajos porque bien mirado – y esa es otra cuestión que nos exacerba el ánimo –  la hucha de las pensiones que cada mensualidad nos permite un  respiro (cada vez más entrecortado y efímero, todo hay que decirlo, porque el aumento anual de la percepción es extremadamente exangüe) se muestra  a ojos vista raquítico a más no poder. Se suele decir que quien avisa no es traidor y no podemos considerar como tales a quienes desde todos los medios de comunicación – radio, prensa y televisión – sesudos economistas nos advierten de  que el porvenir del susodicho receptáculo se presenta más que sombrío tenebroso del todo. Pedro Sánchez, en sus apariciones públicas antes de acceder a la jefatura del PSOE reclamaba a voz en grito un pacto sobre las pensiones.Aseguró en su día que de no llevarse a cabo y se diesen alternativas a las que aunque fuesen paupérrimas retribuciones el sistema podría saltar por los aires. Ahora, con el paso del tiempo, el temor se hace más patente.

Los pensionistas de aquí y allá, que sufren las imposiciones que vienen de arriba han desenterrado el hacha de guerra, hartos de las incurias a las que se ven sometidos. Razón nos le falta en esta lucha desigual que hasta ahora eran ellos los vencidos e injustamente postergados. Solo nos queda el recurso de la voz en grito para reclamar a los políticos indolentes derechos que nos son  inalienables,  y que el famoso Pacto de Toledo no se quede estancado en el cajón del olvido con respiración asistida como hasta ahora y casi exánime  del todo.

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Pensionistas cabizbajos

 

Resultado de imagen de fotos de pensionistas, diariosurFoto: Diario SUR

 

Pensionistas cabizbajos

JOSÉ BECERRA

Y es para estarlo; no solo cabizbajos sino alarmados en extremo. Son las sensaciones que experimentamos los que gozamos de una pensión mínima que apenas nos alcanza a cubrir las necesidades del mes. Lo de gozar no deja de ser una exageración ya que lo que nos permite con ella es malvivir durante ese periodo de tiempo. Sin embargo, y dado las circunstancias actuales que inciden directamente en la bolsa de las pensiones, el futuro se nos pinta más obscuro si cabe tirando a negro. Es lo que dan a entender los estudiosos del PwC, una red de firmas que tiende su influencia en más de 150 países merced a sus más de 200.000 profesionales que aspiran a brindar una información exhaustiva del momento económico por los que atraviesan aquellos a raíz de la petición de auditoría y asesoramiento fiscal . Es lo que ofrecen a quienes solicitan sus servicios discrecionales, y en el caso de España sus conclusiones no dejan de ser alarmantes. Juzgan quienes han sido consultados por esta firma en lo que toca a nuestro país – más de un 80%  de expertos en la cuestión – las pensiones, de seguir la trayectoria actual, difícilmente remontará la tercera década del siglo actual, cuando ya nos encontramos a un par de años del final de la segunda.

El llamado Pacto de Toledo, campo virtual de batalla  en el que se dirime el futuro de las pensiones en esta España nuestra, no parece que haya arribado a un final feliz. Se acordó días atrás revalorizarlas conformes al IPC de cada año. Algo es algo y menos es nada. Miren por donde para llegar a esta conclusión convinieron políticos de uno y otro signo. Con decir que se pusieron de acuerdo hasta Partido Popular y Podemos, por mencionar los dos polos emblemáticos que aglutinan al resto de partidos que concurren en la alianza en pro de un futuro más halagüeño para quienes llegaron al final de su etapa laboral, barruntamos que trabajando codo con codo para lograr un final satisfactorio. Claro que el Pacto solo puede incidir en recomendaciones para una posible legislación al respecto del gobierno de turno, que es el que trata con los llamados agentes sociales, paso necesario para que la cuestión salte al Congreso y desde allí se legisle al respecto.

Existen dígitos que asustan y, por ende, dan que pensar. Diez o doce años atrás el remanente necesario para satisfacer a los mayores que esperaban su estipendio mensual era de 90.000 millones de euros; en este año que transcurre asciende a más de 145.000, euro más, euro menos. Hoy por hoy esperamos los emolumentos  mensuales alrededor de 9,5 millones; diez años atrás éramos poco más de 8 millones los que nos  acercábamos cada primero de  mes a la oficina bancaria  más próxima y esperábamos turno ante la cola pertinente.

Se habla de resultados mínimos para señalar el acuerdo alcanzado en el Pacto de Toledo;  sin embargo admitamos que el Gobierno, conseguido el acuerdo entre las diferentes formaciones políticas que tienen voz y voto en el asunto, ha logrado un tanto a su favor. Bienvenido sea, porque el acuerdo, que no olvidemos se supedita a la decisión del gobierno de turno al respecto, mantiene que las pensiones asciendan al unísono del coste de la vida, ese IPC que nos solivianta y apoca. Porque esta esperanza se resquebraja y se desvanece, es de temer, si se considera que su sostenimiento tiene el hándicap insalvable de momento por parte de  quienes  debieran sustentarlo, los cuales  sufren la lacra de salarios bajos en el mejor de los casos y de un paro pertinaz en segundo lugar que vendrán a lastrar su permanencia.

Es lo que se vaticina en boca de autoridades de la Seguridad Social quienes teorizan sin temor a equivocarse que si no existen otras vías de financiación lograr este objetivo habría de ser poco menos que lograr la  “cuadratura del círculo” a saber, un problema irresoluble, por emplear términos matemáticos que aluden a una solución imposible.

El anhelado Pacto ha sido posible para calmar los ánimos de pensionistas que, sin embargo, oliéndose lo peor no han cesado de tomar la calle. El raquítico ascenso de las pensiones mínimas no ha supuesto precisamente el bálsamo de Fierabrás para calmar sus inquietudes. El compromiso de mantenerlas acordes con el IPC ha sido la solución de quienes ahora nos gobiernan, pero la armas siguen en alto por lo que el porvenir puede deparar. Por fuerza, hemos de permanecer cabizbajos.

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Pensiones en el alero

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Pensiones en el alero

JOSÉ BECERRA

Asusta la cantidad de millones que son necesarios para que cada mes llegue puntualmente la pensión a quienes las disfrutan, entre los que me cuento.  Disfrutar es un decir, que la exigua cantidad que se obtiene  no permite regocijarnos en demasía, más bien  vivir “a mal tira” que decimos los oriundos de la Serranía de Ronda, cuando llegar a fin de mes es toda una odisea en toda regla por la módica cantidad que el papá Estado tiene a bien  otorgarnos. Supera, empero, con creces la cantidad dedicada a este menester  los 9.000 millones de euros, lo que no es moco de pavo. Un pavoroso problema que posee el agravante de que indefectiblemente esa desorbitada cantidad se agrave con el paso del tiempo, algo que sesudos analistas del momento no dudan en señalar y dar por seguro.

La cuestión es que, si bien los jubilados hasta hora, después de dar por finalizada su vida laboral y disfrutar de una paga exigua vayan, como mandato de vida, desapareciendo, los que accedan a ese derecho, habrán de obtener, por mor de  cotizaciones más elevadas, de unos emolumentos sensiblemente más altos nada más pisar el escalón del sistema y durante la vida que siga a su situación laboral una vez acabada ésta. Algo que vendrá a agudizar el problema  haciendo que la cantidad que ahora nos horripila aumente considerablemente, hasta el punto de dar a pie a una situación poco menos que catastrófica para las arcas del Estado.

Se  tildará de catastrofistas a quienes aventuran este argumento; pero bien mirado no dejan de tener razón quienes barruntan esa situación. Aún sin soslayar la certeza del aumento de empleo y el crecimiento económico que hoy por hoy es presumible y que los panegiristas de el óptimo momento  que se atraviesa no dudan en evidenciar, por fuerza no es aventurado dar cabida a las certezas que pueden sobrevenir, merced a la sobrecarga que tendría que soportar la Seguridad Social de un futuro próximo.

¿Habrá que volver al casi  periclitado Pacto de Toledo, el cual en su día vino a solucionar el problema siempre candente de las pensiones en España? Todo apunta que sería conveniente y que redundaría en beneficio de todos; pero la estructura del panorama político de nuestros días y las intestinas luchas parlamentarias y/o senatoriales, hoy en palpable evidencia, lo impiden.

Una nube obscura y amenazante se cierne sobre nuestras cabezas, fruto de del deseo de quienes nos gobiernan de aumentar la presión fiscal sobre las entidades que mantienen el entramado de la actividad económica. Parece de una lógica apabullante que si esta presión  se ejerce sobre empresas que hasta ahora han permitido el despegue del enquistado desempleo en el país estremecerán sus estructuras financieras, algo que redundará indefectiblemente en la destrucción de puestos de trabajo, en la Seguridad Social tocada del ala y peligro inminente para los pensionistas.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.