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Categoría: política
Encrespado panorama político

Albert Rivera se pronuncia sobre el 'caso Mijas'Foto: Diario SUR

Encrespado panorama político

Lo que parecía un acuerdo férreo se ha convertido en nada,  algo así como el azucarillo en el café. Se diluye el pacto entre Ciudadanos y el PP y la decisión de mantenerlo atado y bien atado. Algo que se evidenció en el compromiso que ambas formaciones políticas cerraron al respecto en lo que tocaba a la reforma de la Ley de Estabilidad Presupuestaria en el Congreso. Ahora todo parece indicar que tal alianza  ha saltado por los aires. Vista y no vista.

    Como un castillo de naipes se vino abajo la alianza por la decisión de Albert Rivera de permitir  que  se lleve a buen término la tramitación en el Congreso, obviando ese paso preliminar hasta ahora necesario por el Senado y su posibilidad de vetarlo. Queda clara con esta providencia adoptada su posición hasta ahora totalmente refractaria a que la Cámara Alta  tenga algo que decir al  respecto. Se patentiza así que Casado y sus huestes lo que desean, si cabe a voz en grito, es que las funciones y decisiones del Senado hasta ahora por todos aceptadas se modifiquen o desaparezcan pasando por alto un trámite hasta ahora reglamentario. En otras palabras, que prime la Cámara Baja del  Congreso en detrimento de la Alta y  que ésta se anule sin más.  

  Ciudadanos se desdice de sus propósitos preliminares no se sabe bien con qué fines, aunque se conjugan o son frutos de sus intenciones de hacerle el caldo gordo  a la socialista Esperanza Díaz por si fuese necesario recurrir a un nuevo pacto con ella – el anterior claudicó –  tras las elecciones andaluzas que están ya al volver de la esquina. Está por ver esta conjunción de intereses, pero es lo que se apunta por parte de quienes siguen de cerca los movimientos de ambos líderes. Se allana así la formalidad para que se lleve a cabo lo que propugnaban el Gobierno, alentado por Podemos y los separatistas de la ERC. De nada ha servido el (supuesto) cabreo del  PP por la deserción de Rivera presentando una enmienda a la propuesta del PSOE facilitando su tramitación  en el Congreso. Necesitaban su apoyo para obligar a Pedro Sánchez a defender su postura en el Senado, en donde es archisabida la posición dominante que ejercen los populares. Pero he aquí que Rivera ha dicho que nones, consintiendo así un desbloqueo que ha dejado a los populares con el pié  cambiado.

    De cualquier forma, el dirigente de la formación naranja se ha apresurado a afirmar que si de ellos dependiera  los Presupuestos Generales del Estado “no van a salir adelante”. Categórico ha sido. Y también para dejar por sentado que el desbloqueo no puede entenderse como una bajada de pantalones ante los socialistas. Sigue considerando  las cuentas “ilegales”¨; las cuales, a su parecer, fueron acordadas entre rejas entre los separatistas catalanes y Pablo Iglesias.

  Bien mirado,  y en lo que toca a las posturas que cada partido defiende a ultranza, esta decisión inesperada de Rivera de girar sin previo aviso a la izquierda no parece que vaya a causarles mayores males,  según han apresurado a puntualizar destacados miembros del PP. Es más, dirigentes de esta formación política incluso han llegado a darla por buena.   Con esta huída de Ciudadanos se reafirman los populares como única opción para quienes desean votarles como baluartes únicos de la derecha en el país, dado el repliegue repentino pero notorio de Rivera y los suyos hacia la izquierda. Al final, la tocata y fuga de Ciudadanos replegándose a sus linderos socialdemócratas como que vendrá a contentar a Casado de cara a embridar un halagüeño resultado en la  consulta de carácter  general próxima, pese a que hay quien le pronostica un batacazo estrepitoso. Encrespado se nos muestra el panorama político en el futuro más próximo. Aunque bien mirado, ¿cuándo no lo está?

 

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Encrespado panorama político

Encrespado panorama político

JOSÉ BECERRA

Lo que parecía un acuerdo férreo se ha convertido en nada,  algo así como el azucarillo en el café. Se diluye el pacto entre Ciudadanos y el PP y la decisión de mantenerlo atado y bien atado. Algo que se evidenció en el compromiso que ambas formaciones políticas cerraron al respecto en lo que tocaba a la reforma de la Ley de Estabilidad Presupuestaria en el Congreso. Ahora todo parece indicar que tal alianza  ha saltado por los aires. Vista y no vista.

    Como un castillo de naipes se vino abajo la alianza por la decisión de Albert Rivera de permitir  que  se lleve a buen término la tramitación en el Congreso, obviando ese paso preliminar hasta ahora necesario por el Senado y su posibilidad de vetarlo. Queda clara con esta providencia adoptada su posición hasta ahora totalmente refractaria a que la Cámara Alta  tenga algo que decir al  respecto. Se patentiza así que Casado y sus huestes lo que desean, si cabe a voz en grito, es que las funciones y decisiones del Senado hasta ahora por todos aceptadas se modifiquen o desaparezcan pasando por alto un trámite hasta ahora reglamentario. En otras palabras, que prime la Cámara Baja del Congreso en detrimento de la Alta y  que ésta se anule sin más.  

  Ciudadanos se desdice de sus propósitos preliminares no se sabe bien con qué fines, aunque se conjugan o son frutos de sus intenciones de hacerle el caldo gordo  a la socialista Esperanza Díaz por si fuese necesario recurrir a un nuevo pacto con ella – el anterior claudicó –  tras las elecciones andaluzas que están ya al volver de la esquina. Está por ver esta conjunción de intereses, pero es lo que se apunta por parte de quienes siguen de cerca los movimientos de ambos líderes. Se allana así la formalidad para que se lleve a cabo lo que propugnaban el Gobierno, alentado por Podemos y los separatistas de la ERC. De nada ha servido el (supuesto) cabreo del  PP por la deserción de Rivera presentando una enmienda a la propuesta del PSOE facilitando su tramitación en el Congreso. Necesitaban su apoyo para obligar a Pedro Sánchez a defender su postura en el Senado, en donde es archisabida la posición dominante que ejercen los populares. Pero he aquí que Rivera ha dicho que nones, consintiendo así un desbloqueo que ha dejado a los populares con el pié  cambiado.

    De cualquier forma, el dirigente de la formación naranja se ha apresurado a afirmar que si de ellos dependiera  los Presupuestos Generales del Estado “no van a salir adelante”. Categórico ha sido. Y también para dejar por sentado que el desbloqueo no puede entenderse como una bajada de pantalones ante los socialistas. Sigue considerando  las cuentas “ilegales”¨; las cuales, a su parecer, fueron acordadas entre rejas entre los separatistas catalanes y Pablo Iglesias.

  Bien mirado,  y en lo que toca a las posturas que cada partido defiende a ultranza, esta decisión inesperada de Rivera de girar sin previo aviso a la izquierda no parece que vaya a causarles mayores males,  según han apresurado a puntualizar destacados miembros del PP. Es más, dirigentes de esta formación política incluso han llegado a darla por buena.   Con esta huída de Ciudadanos se reafirman los populares como única opción para quienes desean votarles como baluartes únicos de la derecha en el país, dado el repliegue repentino pero notorio de Rivera y los suyos hacia la izquierda. Al final, la tocata y fuga de Ciudadanos replegándose a sus linderos socialdemócratas como que vendrá a contentar a Casado de cara a embridar un halagüeño resultado en la  consulta de carácter  general próxima, pese a que hay quien le pronostica un batacazo estrepitoso. Encrespado se nos muestra el panorama político en el futuro más próximo. Aunque bien mirado, ¿cuándo no lo está?

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Ataque al español en Cataluña

 

Ataque al español en Cataluña

JOSÉ BECERRA

 

La guerra declarada por el nacionalismo excluyente que hoy impera en Cataluña está amenazando seriamente al castellano en su zona de influencia. Recuerdo de los años ya remotos de  mi juventud en los que viví por motivos de trabajo en la Ciudad Condal cómo se miraba con desdén mis expresiones en el idioma patrio, sobre todo cuando algún catalán contumaz me escuchaba cómo me expresaba con el deje andaluz que me era propio. Si esto ocurría en los años 50 del pasado siglo, imaginen lo que ocurriría ahora si me dirigiese al alguien, sobre todo si mi interlocutor es un acérrimo partidario del independentismo hoy imperante en buen parte de la sociedad catalana. Ni me escucharía, si es que no lanza un escupitajo de desprecio.

Hoy en día, las cosas han ido a más, dado los acontecimientos políticos que vienen sucediéndose en el solar catalán. El castellano se está arrinconando de manera drástica en las escuelas. Y no solo eso sino que amenaza con extender su predominio en cualquiera de las funciones normales inherentes a la vida real fuera de las aulas. Se quiere implantar, si no lo ha hecho ya por completo, en todos los ámbitos una vez que ha cuajado la idea de que se trata de erradicar en cualquier ámbito la lengua oficial del Estado, para claramente dar a entender que Cataluña rompió sus lazos con el resto de España, al que se considera poco menos que un país extranjero. Corolario de algo de lo que tendrían que haber rendido cuenta los sucesivos gobiernos del país, que fueron dando de lado al idioma patrio, llegándose a su culmen ahora cuando el separatismo, si no está ya firmemente asentado, amenaza con hacerlo sin mucha tardanza.

Un par de meses atrás alrededor de 1.500 personas salieron a la calle a voz en grito en Barcelona para dejar constancia de su repulsa a la “imposición lingüística”, mostrando con voz en grito su apoyo a la libertad de la lengua en las aulas escolares. Obedecía la marcha a la convocatoria por la “Asociación Hablemos Español”. Se alzaba la voz contra los colectivos independentistas que propugnan erradicar el idioma patrio de los centros escolares como arma para el pretendido adoctrinamiento que desean cuaje como arma crucial en su tenaz pero trasnochado empeño.

Lamentablemente, el Estado en esta candente situación en la que tanto se juega nuestra identidad como personas al hacer valor nuestra querencia por un idioma común como vía de entendimiento dentro las propias fronteras, no actuó con la celeridad debida. Se impuso el parecer del movimiento secesionista como arma oportuna y precisa para el adoctrinamiento a ultranza que se pretende. Las consecuencias aparecerán en la lontananza si no se pone pronto remedio al acoso y derribo que para nuestra lengua española se propugna en  el suelo catalán.

Resulta de sobras conocido que nuestro progreso, ya sea de las ciencias, ya respondiendo al acicate de la modernización, se basa en las relaciones entre hispanos en una lucha común para vencer los obstáculos imperantes. Algo que se sustenta sobre “la unidad y la buena salud del idioma”, como prescriben quienes desde esferas científicas preconizan para conseguir la lealtad de todos los habitantes. Predicen además la muerte de una lengua y su sustitución por otra en un lugar determinado. Mantener la unidad de nuestro idioma es un deber de todos y, a la vez, una insoslayable responsabilidad.

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La “rebelión de las batas blancas¨

La “rebelión de  las batas blancas”

JOSÉ BECERRA

Y con más razón que un santo,que se dice. Les asiste en su postura, hasta ahora silenciosa y no pocas veces abnegada, quienes reciben la atención diaria para la cura de los males que les  abaten. Como no podía ser de otra forma, cuando se entiende que son ellos, los galenos, quienes, merced a sus diagnósticos y  prescripciones, caso siempre acertadas, conforman un alivio a quienes en situaciones mórbidas se acercan a su mesa de trabajo para que el bálsamo de Fierabrás quijotesco  en forma de pócima, píldora o recomendación venga a poner alivio a leves o enquistadas dolencias. Contrariados andan  los profesionales de la medicina, ya digo. Y mucho es de temer que el agravio al que se ven sometidos, en este caso por el Gobierno andaluz, revierta sobre quienes acudimos a su buen hacer y diagnosticar para ir tirando más mal que bien en situaciones achacosas, fruto de salud menguada.

Se quejan los médicos de la provincia del trato recibido por el Gobierno de Susana Díaz, traducido en hacer oídos sordos a reivindicaciones formuladas con insistencia desde años atrás. No piden el oro y el moro en el decir popular, no. Lo que exigen a voz en grito es rescatar derechos obtenidos antaño y ahora arrinconados y que, por ende, pueden obrar en detrimento de los servicios prestados a quienes a ellos acuden en petición de alivios para estados mórbidos de los que se resienten.

No dudan los médicos de la provincia en afirmar que el trato recibido por parte de las administraciones públicas no ha sido lo considerado que debiera. En el ejercicio de su profesión en la provincia se sienten injustamente ninguneados ya que reiteradamente no han recibido sino el silencio a sus insistentes demandas, lo que motivado que se pongan en pié de guerra, por lo menos hasta que se convoquen elecciones en Andalucía, que están al caer, según viene manifestando la presidenta Díaz.

La atención primaria en el ancho solar malagueño se resiente, y no precisamente porque quienes ejercen este ministerio no lo hagan merced a su leal saber y entender, sino porque adolecen de recursos sanitarios imprescindibles para ejercer con la debida eficacia su diaria labor. De ahí que sus protestas salgan a la calle en forma de huelga que trasciende más allá de los dispensarios en los que hasta ahora se ha venido larvando (por emplear un vocablo de la medicina) una protesta que ahora se había venido callando. Recortes de salarios, aumentos de horas de servicios, parquedad de plantilla, amén del desprestigio y un largo etcétera de demandas no han podido por menos que impulsarlas a voz en grito por la posibilidad de que redunden  a la larga, si se incumplen como ha venido sucediendo hasta ahora, en la salud de quienes se acercan a los centros de turno para recibir las prescripciones prontas y adecuadas de las que dependen estados, cuando menos, achacosos.

El grito y el reclamo unánime en la calle son presumibles que llegue a la Junta andaluza.” La rebelión de las batas blancas” está en marcha, y con la intención de que perdure hasta conseguirse los fines propuestos, que no son otros que los de conseguir que a nuestros centros de salud se acuda con la certeza de ser atendidos pronto y eficazmente, fruto de una labor digna y de calidad que ahora se reclama por quienes, hoy descontentos, ejercen tan encomiable como necesario ministerio. Honremos a nuestros médicos antes y después de necesitarlos. Mucho nos va en ello. A veces, hasta la propia vida.

 

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Y esto,¿quién lo paga?

Imagen de archivo de billetes de 50 euros./ReutersFoto Diario SUR(Reuter)

 

Y esto, ¿quién lo paga?

 

Vaya por delante que las propuestas del presidente Sánchez y del number-one  de Podemos, Pablo Iglesias, en principio suenan bien.  “A nadie le amarga un dulce”, que decimos por la España del sur, cuando se nos despliega una declaración de intenciones que no puede por menos que entusiasmarnos. Me refiero a la proclama del borrador de los Presupuestos que el Gobierno enviará a Bruselas y que ha originado toda suerte de comentarios, que van desde el ditirambo de la izquierda que los considera  justos, a la repulsa de la derecha que los reprueba tajantemente y sin tapujos. Como tiene que ser: para unos justos y equitativos; para otros emponzoñados de  fragrante populismo y demagogia barata. Nada nuevo bajo el sol.

En principio nadie podría hacer ascos al aumento del salario interprofesional o  destinar más fondos  a quienes sufren flagrantes deterioros de su capacidad de subsistencia como los que, entre otros, inciden en la atención a la discapacidad, las becas o en las pensiones equiparándolas con el IPC, una aspiración ésta última que pone en perenne y justo jaque a los que soportan con mayor o menor pesadumbre el inexorable paso de los años entre otras aspiraciones mantenidas por los más desheredados por la diosa Fortuna. La cuestión es de dónde van a salir los ingresos  que tales medras exigen para su fiel cumplimiento. Como no podía ser de otra forma las voces de quienes critican las cuentas hechas públicas no se han hecho esperar. La primera del novísimo líder del PP, Pablo Casado, quien ha tildado los presupuestos como “imposibles, irresponsables y suicidas”, en lo que toca al futuro de España. Y ha ido más allá, afirmando tajantemente que si la Comisión Europea no los revoca será el país el que lo sufra en sus carnes.

Los versados en estas cuestiones concuerdan en lo peliagudo de que estos presupuestos  cobren realidad, porque esa tesitura pondría en riesgo los parámetros en los que concuerdan el resto de partidas, entre las que no es menor la que se destina, como digo,  a las pensiones, hoy en el candelero por su nimiedad que encrespa por días a quienes la reciben.

La pregunta que enerva a quienes sopesan fríamente estos propósitos, tal vez laudables pero de imposible cumplimiento a juzgar por los versados en este menester,  es ¿y esto quién lo paga? La respuesta no es otra que la de que lo pagaremos todos indefectiblemente, provocando una recesión que ya se barrunta en la lontananza si no hay nada que tuerza los designios de quienes ahora nos rigen: un brindis al sol en toda regla, que de hacerse realidad hará al país más pobre. Situación que padecerán, ya digo, los que menos tienen, que las empresas poderosas  y la banca sortearán el brete y se mostrarán indemnes a las acechanzas, haciéndolo revertir en los que menos tienen.

 

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Susana Díaz aprieta el acelerador

 

Susana Díaz, en una foto reciente./EP

Susana Díaz aprieta el acelerador

JOSÉ BECERRA

No hay que ser un lince en la política actual en el suelo andaluz para calibrar algo que se muestra con toda nitidez. Aun siéndose cauto tras la observancia del acontecer político  se vislumbra que los últimos acontecimientos vividos en Cataluña han colocado a Susana Díaz en el punto de partida para emprender su particular batalla para seguir siendo entronizada en el suelo andaluz como presidenta. Le empujan a velar armas para emprender la batalla que se vaticina campal. No se había  pronunciado al respecto pero es de sobras conocido por los que siguen con imparcialidad el momento político dentro y fuera de la región que habría de tener en mente el momento que considere idóneo para dar el paso de convocatoria de elecciones antes de que venga a enturbiar su decisión la sentencia de los ERE que están al caer. Y ahora, sin tapujos, ha dado el primer paso en esa dirección convocando elecciones para el 2 de diciembre venidero.

Es consciente la  presidenta andaluza que su fuerza se debilitó considerablemente al sufrir la derrota en el seno del partido por Pedro Sánchez meses atrás del 2017. Quizás por esta razón y ante el temor de que este acontecer le reste votos si se simultánea con las generales no ha dudo en convocar el plebiscito en Andalucía poniendo terreno de por medio, invocando, eso sí, que tengas tintes propios, o sea andaluz, sin máculas del  general que ya se otea en un horizonte cercano, y en el que el Gobierno de la nación, podría acusar un desgaste que ya es claro y notorio tras los acontecimientos que diezmaron sus filas y que obligaron a Sánchez a nombrar nuevos ministros tras la defenestración de varios cuando apenas sus nombramientos no iban más allá de un par de meses.

Existen escasas dudas de que se produzca una derrota de Díaz en esos comicios que ya están a la vuelta de la esquina. Los casi 40 años de gobierno socialista en Andalucía todo hace pensar que se prolongarían en el tiempo; eso sí, puede que necesite apoyos para hacerlo, porque no sería descabellado del todo que Partido Popular  y Ciudadanos (éste último rompió amarras con los socialistas recientemente tras años de mutuo consenso ahora frustrados) unan sus fuerzas para desalojarla del poder. En efecto, las huestes de Rivera tienen en mente  descabalgar al PSOE de Andalucía y acarician hasta ahora la quimera de que la jerezana Inés Arrimada repita en el sur su hazaña en Cataluña, invocándose esta vez su ascendencia andaluza, e incluso la del líder  Albert Rivera, cuya raíces familiares de hunden en el andaluz pueblo de Cútar, en pleno corazón de la Axarquía malagueña. De ambos es de suponer que  plantarán batalla a Díaz con toda la fuerza que les presta ser oriundo de estas tierras del sur  y la fortaleza que asiste a un partido político plenamente consolidado en el resto del territorio español.

¿Sacudirán los andaluces la apatía que durante décadas les amilanó para sacudirse el marasmo monocolor político hasta ahora mantenido contra viento y marea? Es lo que ahora toca dilucidar mediante las urnas, una vez que Díaz apretó el acelerador para inminentes comicios.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.