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Categoría: política
Convulsiones políticas

Convulsiones políticas

JOSÉ BECERRA

Vivimos tiempos convulsos en la política del país. Se observa un  escenario cambiante que no a pocos nos sorprende cuando no produce si no pavor, sí segura conmoción. Se resquebraja la derecha de siempre, hasta ahora un pilar único y firme,  y se fracciona  a ojos vista. No se puede hablar ya de “la derecha” sino de “las derechas”. Cierto es que, sin abrazar abiertamente el ideario de Vox, pero sin hacer ascos a sus votos para obtener el gobierno de Andalucía, se puede hablar de una alianza que tiene como protagonistas indiscutibles  al Partido  Popular y Ciudadanos: la nueva derecha se abre paso y, cambiante en su composición, es predecible que obtenga réditos importantes en las confrontaciones electorales que están al caer, a saber, las municipales,  autonómicas y generales que ya asoman el cariz por el lontananza político de aquí a pocos meses.

Si Vox consigue sentar sus reales en el Parlamento de Andalucía, como parece que va a suceder a tenor del escenario político que ahora toma cuerpo, presenciaremos como tras mostrarse el fraccionamiento de la derecha puede al mismo tiempo posibilitar la fijación de gobiernos conservadores en las elecciones que están al caer. Una cosa no quita la otra. El panorama político que muy bien pudiera contemplarse rompería esquemas anteriores y otro novísimo nos sería dado a conocer.

En los meses últimos del 2018 que ya es historia hemos presenciado una segmentación de la derecha que hasta ahora se había mostrado inédita. Un nuevo escenario político ha tomado cuerpo: el Partido Popular flaquea a ojos vista, pero la corriente de la derecha se muestra arrolladora si a esa formación política se le suma el caudal proveniente de la de Ciudadano y Vox, emergente ésta última merced al logro obtenido en las últimas elecciones andaluzas. Si no se ejerce sobre el partido de Abascal  un  “cordón sanitario”, como es de suponer que no ocurra porque sin su apoyo no es posible que el popular Juanma Moreno se alce con la presidencia de la Junta, es presumible un ascenso fulgurante de conservadores en las consultas electorales que habrán de celebrarse en este año que ahora acaba de iniciar su andadura.

La coalición de los tres partidos que en Andalucía pueden  haber hecho saltar por los aires a un PSOE asentado contra viento en marea no deja de ser un experimento culminado con  éxito, perfectamente transmisible al resto de España, como es presumible que ocurra. Se barrunta una oposición exaltada entre las derechas y las izquierdas tanto en el Parlamento, en el que habrán de medir  a diario sus fuerzas, como en la calle en donde se han de mirar las coaliciones  con suma atención por lo novedoso de un experimento político hasta ahora inédito en el suelo patrio.

Un nuevo sistema de gobierno  se vislumbra si de hecho la coalición que de momento parece tomar cuerpo en el suelo andaluz toma definitivo cuerpo. Cierto es que Vox, que no puede disimular su enfado en cuanto se siente poco menos que ninguneado por los dos aliados, PP y Cs, de ahí que les enseñe los dientes, sin ir más lejos en lo que respecta a su ideario sobre el maltrato femenino. Quiere dejar constancia de su presencia en el tripartito y no renuncia a su  ideario.

Se barruntan días de turbulencia parlamentaria y de no poco encono ya que el pretendido gobierno de la derecha no cuajará si el apoyo de Vox brilla por su ausencia, como desde sus filas lo afirman sin cortapisas y dejando con meridiana meridiana claridad  las pretensiones que reflejan las  palabras del propio Abascal: «Si quieren los votos de Vox, tendrán que sentarse con Vox para escuchar el programa electoral que representan nuestros 12 diputados». Así de tajante se ha mostrado el líder de la nueva fuerza que viene empujando con tesón. Quien tenga oídos que oiga perece ser la conclusión a la que han llegado y que como decimos por estas tierras de la Ronda serrana “ no se bajarán del burro” así como así. Su propuesta no no se queda solo en su ideario sobre la violencia de género, teoría ésta que se enfrenta de manera visceral  con  la que sostienen PP y Cs, sino que van más  allá y atañen  a las empresas públicas de la Junta y la reducción fiscal con cuyo mantenimiento no comulgan.  En resumen,  un galimatías sin resolver que todavía sigue impidiendo un acuerdo entre las tres formaciones políticas capaces de  lograr  el supuesto derrocamiento  de Esperanza Día si  llegasen a  un acuerdo eficaz y definitivo.

 

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Un aniversario para festejar

Un aniversario para festejar

JOSÉ BECERRA

La Constitución que nos dimos los españoles hace la friolera de 40 años sigue, impertérrita, mostrando su vigencia, pese a los agoreros que aluden al desfase de su  vigor y la ningunean  clamando  por una remodelación. Craso error el de quienes tratan de ponerla en cuestión. Es lo que intentan, como no podía  ser de otra manera, aquellos  que conjuran  por  hacerla saltar en pedazos, caso de los antisistemas con resabios independentistas que no la toleran. Dejando a un lado los ya cansinos soniquetes  catalanes en perenne diatriba y considerando los logros obtenidos tanto en lo económico como en lo social durante el transcurso de las últimas cuatro décadas en nuestro país, obligado es reconocer, y así se admite incluso más allá de nuestras fronteras, que el balance no deja de ser inequívocamente positivo.

Irrefutable ha sido el marco de sosiego y paz en el que se han movido tanto la derecha como la izquierda para transmitir sus respectivos postulados en uno u otro momento del derrotero de estos últimos años. España, merced a ese tránsito de progreso en todos los órdenes no le va a la zaga a los más señeros países del mundo en esta cuestión: se puede codear con los más avanzados en no importa que cuestión de concordia o progreso, sin desmerecer un ápice.

A quienes de manera subversiva quieren romper España, la existencia de la Monarquía les estorba, cuando es un  hecho irrefutable que la nuestra no le va a la saga a las existentes en el Reino Unido o en Noruega, entre otros países europeos en donde la aceptan y  abrazan desde tiempo inmemorial y nadie osa  estorbarlas o aniquilarlas. Hoy por hoy, la Monarquía de la que responde Felipe VI responde sin tapujos a las exigencias de ejemplaridad y eficacia que se exigen para la validez plena de la que se conoce como monarquía parlamentaria, una de las formas de gobierno democráticas predominante en los países occidentales actuales, y que responde a las exigencias de que el rey ejerza la función de jefe del Estado dependiendo del control de los poderes legislativos y ejecutivos, por ende, del parlamento y del gobierno de rigor. Parámetros que de manera incontestable personifica nuestro rey, quien de manera ejemplar cumple el papel constitucional exigido por nuestra Carta Magna.

A la pregunta que hoy por hoy se eleva clamando por una reforma constitucional habría que responder que no es absolutamente necesaria: se puede avanzar sin merma en el progreso del país. La clase política actual, por otra parte, es posible que no responda a los retos actuales  exigidos para tamaña  consumación. Ni el consenso ni la clarividencia de ideas parecen responder  a las que coadyuvaron  para su elaboración en el período histórico de la Transición española. En aquel entonces España abordó una serie de transformaciones con el fin último de democratizar “la  vida política, económica y social del país” tras el fallecimiento del dictador Franco. Hoy por hoy se nos antoja que no se dan las mismas circunstancias para llevar a cabo su enmienda urgente. Sí importa, empero, festejar los 40 años de democracia y libertad obtenidos como homenaje a nuestra Constitución y al espíritu de concordia que la asiste.

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¡Que viene la derecha!

 

Visita a la asociación Los Girasoles de Ara/FRANCIS SILVAFoto de FRancis Silva.Diario SUR.

 

¡Que viene la derecha!

Es el grito unánime que parece haber lanzado al aire la izquierda española ante el batacazo inesperado y estrepitoso que acaba de sufrir en Andalucía. Y que quede ahí a cosa, que podía extrapolarse al resto de España en las elecciones generales que ahora están al caer. De antemano se daba por hecho –encuesta la de Tezano del CIS,  que muerde el polvo en sus apreciaciones, al vaticinar un aplastante triunfo- que los socialistas se llevarían de calle al resto de contrincantes, a saber, las fuerzas políticas participantes en la confrontación. El tremendo batacazo  echó  por tierra la apreciación. Derrota sin paliativos. Proclamó Esperanza Díaz en sus alocuciones electoralistas que “Andalucía tiene que ser el dique de contención de la derecha”, refiriéndose a Andalucía primero y luego al resto del país. Se equivocaba de medio a medio, por lo pronto en lo que tocaba a esta tierra de Despeñaperros para abajo. Pavor en la Moncloa y en Ferraz. Y no es para menos. El castigo infligido a Esperanza Díaz por fuerza obliga a un sereno estudio en clave nacional, y a lo que puede ocurrir de aquí a nada. Porque el varapalo proporcionado  al PSOE de Susana Díaz se puede extrapolar al de su máximo dirigente, o sea a Pedro Sánchez,  conclusión que se desprende en un voto mayoritario que no  ve con buenos ojos el pacto que éste mantiene con los independentistas y sediciosos catalanes, entre otras concesiones a cual más inapropiadas y que están en la mente de todos, y, por ende, no parece necesario recalcar. El golpe inesperado  propinado a los socialistas presenta otra dimensión a tener en cuenta. Salta por los  aires el consagrado bipartidismo, a saber que solo sean dos partidos consagrados a ostentar el poder: ahora se va a erigir con toda probabilidad, al margen del centro-derecha imperante hasta ahora, un gobierno autonómico en el que entran en juego PP, Ciudadano y Vox. Sangre nueva, por ende, en las arterias andaluzas, poniendo punto final a casi cuatro décadas que este discurrir virtual lo proporcionara el socialismo. No se puede decir, por ende, que en esta reciente confrontación no hayan surgido grandes sorpresas, por lo menos las que disloquen el panorama político en lo que se refiere a los destacados partidos de resonancia nacional. Sin embrago, obligado es considerar el laurel obtenido por la agrupación que lidera Santiago Abascal, cuya entrada en la puja estaba por ver, pero que  ha demostrado su empuje hasta cotas impensables: 12 parlamentarios, cuando no se le pronosticaba sino uno solamente. No muchos, pero decisivos para el gobierno andaluz, como no tardaremos en ver.

El fortín del socialismo en Andalucía comienza a resquebrarse y mucho es de temer que el temblor de sus tierras movedizas alcance el paroxismo de aquí a no demasiadas fechas. Predecible es la hecatombe a escala nacional. Al grito de “¡Viene la derecha!”, muchos habrán seguido el de “¡Cuerpo a tierra!”. Para la mayoría, y esa es la prueba fehaciente del resultado electoral, se trata poco menos que de una bendición. Cosas del sistema democrático que en su día nos dimos y que es de esperar dure mucho, mucho tiempo. Y que ustedes lo vean.

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Encrespado panorama político

Albert Rivera se pronuncia sobre el 'caso Mijas'Foto: Diario SUR

Encrespado panorama político

Lo que parecía un acuerdo férreo se ha convertido en nada,  algo así como el azucarillo en el café. Se diluye el pacto entre Ciudadanos y el PP y la decisión de mantenerlo atado y bien atado. Algo que se evidenció en el compromiso que ambas formaciones políticas cerraron al respecto en lo que tocaba a la reforma de la Ley de Estabilidad Presupuestaria en el Congreso. Ahora todo parece indicar que tal alianza  ha saltado por los aires. Vista y no vista.

    Como un castillo de naipes se vino abajo la alianza por la decisión de Albert Rivera de permitir  que  se lleve a buen término la tramitación en el Congreso, obviando ese paso preliminar hasta ahora necesario por el Senado y su posibilidad de vetarlo. Queda clara con esta providencia adoptada su posición hasta ahora totalmente refractaria a que la Cámara Alta  tenga algo que decir al  respecto. Se patentiza así que Casado y sus huestes lo que desean, si cabe a voz en grito, es que las funciones y decisiones del Senado hasta ahora por todos aceptadas se modifiquen o desaparezcan pasando por alto un trámite hasta ahora reglamentario. En otras palabras, que prime la Cámara Baja del  Congreso en detrimento de la Alta y  que ésta se anule sin más.  

  Ciudadanos se desdice de sus propósitos preliminares no se sabe bien con qué fines, aunque se conjugan o son frutos de sus intenciones de hacerle el caldo gordo  a la socialista Esperanza Díaz por si fuese necesario recurrir a un nuevo pacto con ella – el anterior claudicó –  tras las elecciones andaluzas que están ya al volver de la esquina. Está por ver esta conjunción de intereses, pero es lo que se apunta por parte de quienes siguen de cerca los movimientos de ambos líderes. Se allana así la formalidad para que se lleve a cabo lo que propugnaban el Gobierno, alentado por Podemos y los separatistas de la ERC. De nada ha servido el (supuesto) cabreo del  PP por la deserción de Rivera presentando una enmienda a la propuesta del PSOE facilitando su tramitación  en el Congreso. Necesitaban su apoyo para obligar a Pedro Sánchez a defender su postura en el Senado, en donde es archisabida la posición dominante que ejercen los populares. Pero he aquí que Rivera ha dicho que nones, consintiendo así un desbloqueo que ha dejado a los populares con el pié  cambiado.

    De cualquier forma, el dirigente de la formación naranja se ha apresurado a afirmar que si de ellos dependiera  los Presupuestos Generales del Estado “no van a salir adelante”. Categórico ha sido. Y también para dejar por sentado que el desbloqueo no puede entenderse como una bajada de pantalones ante los socialistas. Sigue considerando  las cuentas “ilegales”¨; las cuales, a su parecer, fueron acordadas entre rejas entre los separatistas catalanes y Pablo Iglesias.

  Bien mirado,  y en lo que toca a las posturas que cada partido defiende a ultranza, esta decisión inesperada de Rivera de girar sin previo aviso a la izquierda no parece que vaya a causarles mayores males,  según han apresurado a puntualizar destacados miembros del PP. Es más, dirigentes de esta formación política incluso han llegado a darla por buena.   Con esta huída de Ciudadanos se reafirman los populares como única opción para quienes desean votarles como baluartes únicos de la derecha en el país, dado el repliegue repentino pero notorio de Rivera y los suyos hacia la izquierda. Al final, la tocata y fuga de Ciudadanos replegándose a sus linderos socialdemócratas como que vendrá a contentar a Casado de cara a embridar un halagüeño resultado en la  consulta de carácter  general próxima, pese a que hay quien le pronostica un batacazo estrepitoso. Encrespado se nos muestra el panorama político en el futuro más próximo. Aunque bien mirado, ¿cuándo no lo está?

 

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Encrespado panorama político

Encrespado panorama político

JOSÉ BECERRA

Lo que parecía un acuerdo férreo se ha convertido en nada,  algo así como el azucarillo en el café. Se diluye el pacto entre Ciudadanos y el PP y la decisión de mantenerlo atado y bien atado. Algo que se evidenció en el compromiso que ambas formaciones políticas cerraron al respecto en lo que tocaba a la reforma de la Ley de Estabilidad Presupuestaria en el Congreso. Ahora todo parece indicar que tal alianza  ha saltado por los aires. Vista y no vista.

    Como un castillo de naipes se vino abajo la alianza por la decisión de Albert Rivera de permitir  que  se lleve a buen término la tramitación en el Congreso, obviando ese paso preliminar hasta ahora necesario por el Senado y su posibilidad de vetarlo. Queda clara con esta providencia adoptada su posición hasta ahora totalmente refractaria a que la Cámara Alta  tenga algo que decir al  respecto. Se patentiza así que Casado y sus huestes lo que desean, si cabe a voz en grito, es que las funciones y decisiones del Senado hasta ahora por todos aceptadas se modifiquen o desaparezcan pasando por alto un trámite hasta ahora reglamentario. En otras palabras, que prime la Cámara Baja del Congreso en detrimento de la Alta y  que ésta se anule sin más.  

  Ciudadanos se desdice de sus propósitos preliminares no se sabe bien con qué fines, aunque se conjugan o son frutos de sus intenciones de hacerle el caldo gordo  a la socialista Esperanza Díaz por si fuese necesario recurrir a un nuevo pacto con ella – el anterior claudicó –  tras las elecciones andaluzas que están ya al volver de la esquina. Está por ver esta conjunción de intereses, pero es lo que se apunta por parte de quienes siguen de cerca los movimientos de ambos líderes. Se allana así la formalidad para que se lleve a cabo lo que propugnaban el Gobierno, alentado por Podemos y los separatistas de la ERC. De nada ha servido el (supuesto) cabreo del  PP por la deserción de Rivera presentando una enmienda a la propuesta del PSOE facilitando su tramitación en el Congreso. Necesitaban su apoyo para obligar a Pedro Sánchez a defender su postura en el Senado, en donde es archisabida la posición dominante que ejercen los populares. Pero he aquí que Rivera ha dicho que nones, consintiendo así un desbloqueo que ha dejado a los populares con el pié  cambiado.

    De cualquier forma, el dirigente de la formación naranja se ha apresurado a afirmar que si de ellos dependiera  los Presupuestos Generales del Estado “no van a salir adelante”. Categórico ha sido. Y también para dejar por sentado que el desbloqueo no puede entenderse como una bajada de pantalones ante los socialistas. Sigue considerando  las cuentas “ilegales”¨; las cuales, a su parecer, fueron acordadas entre rejas entre los separatistas catalanes y Pablo Iglesias.

  Bien mirado,  y en lo que toca a las posturas que cada partido defiende a ultranza, esta decisión inesperada de Rivera de girar sin previo aviso a la izquierda no parece que vaya a causarles mayores males,  según han apresurado a puntualizar destacados miembros del PP. Es más, dirigentes de esta formación política incluso han llegado a darla por buena.   Con esta huída de Ciudadanos se reafirman los populares como única opción para quienes desean votarles como baluartes únicos de la derecha en el país, dado el repliegue repentino pero notorio de Rivera y los suyos hacia la izquierda. Al final, la tocata y fuga de Ciudadanos replegándose a sus linderos socialdemócratas como que vendrá a contentar a Casado de cara a embridar un halagüeño resultado en la  consulta de carácter  general próxima, pese a que hay quien le pronostica un batacazo estrepitoso. Encrespado se nos muestra el panorama político en el futuro más próximo. Aunque bien mirado, ¿cuándo no lo está?

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Ataque al español en Cataluña

 

Ataque al español en Cataluña

JOSÉ BECERRA

 

La guerra declarada por el nacionalismo excluyente que hoy impera en Cataluña está amenazando seriamente al castellano en su zona de influencia. Recuerdo de los años ya remotos de  mi juventud en los que viví por motivos de trabajo en la Ciudad Condal cómo se miraba con desdén mis expresiones en el idioma patrio, sobre todo cuando algún catalán contumaz me escuchaba cómo me expresaba con el deje andaluz que me era propio. Si esto ocurría en los años 50 del pasado siglo, imaginen lo que ocurriría ahora si me dirigiese al alguien, sobre todo si mi interlocutor es un acérrimo partidario del independentismo hoy imperante en buen parte de la sociedad catalana. Ni me escucharía, si es que no lanza un escupitajo de desprecio.

Hoy en día, las cosas han ido a más, dado los acontecimientos políticos que vienen sucediéndose en el solar catalán. El castellano se está arrinconando de manera drástica en las escuelas. Y no solo eso sino que amenaza con extender su predominio en cualquiera de las funciones normales inherentes a la vida real fuera de las aulas. Se quiere implantar, si no lo ha hecho ya por completo, en todos los ámbitos una vez que ha cuajado la idea de que se trata de erradicar en cualquier ámbito la lengua oficial del Estado, para claramente dar a entender que Cataluña rompió sus lazos con el resto de España, al que se considera poco menos que un país extranjero. Corolario de algo de lo que tendrían que haber rendido cuenta los sucesivos gobiernos del país, que fueron dando de lado al idioma patrio, llegándose a su culmen ahora cuando el separatismo, si no está ya firmemente asentado, amenaza con hacerlo sin mucha tardanza.

Un par de meses atrás alrededor de 1.500 personas salieron a la calle a voz en grito en Barcelona para dejar constancia de su repulsa a la “imposición lingüística”, mostrando con voz en grito su apoyo a la libertad de la lengua en las aulas escolares. Obedecía la marcha a la convocatoria por la “Asociación Hablemos Español”. Se alzaba la voz contra los colectivos independentistas que propugnan erradicar el idioma patrio de los centros escolares como arma para el pretendido adoctrinamiento que desean cuaje como arma crucial en su tenaz pero trasnochado empeño.

Lamentablemente, el Estado en esta candente situación en la que tanto se juega nuestra identidad como personas al hacer valor nuestra querencia por un idioma común como vía de entendimiento dentro las propias fronteras, no actuó con la celeridad debida. Se impuso el parecer del movimiento secesionista como arma oportuna y precisa para el adoctrinamiento a ultranza que se pretende. Las consecuencias aparecerán en la lontananza si no se pone pronto remedio al acoso y derribo que para nuestra lengua española se propugna en  el suelo catalán.

Resulta de sobras conocido que nuestro progreso, ya sea de las ciencias, ya respondiendo al acicate de la modernización, se basa en las relaciones entre hispanos en una lucha común para vencer los obstáculos imperantes. Algo que se sustenta sobre “la unidad y la buena salud del idioma”, como prescriben quienes desde esferas científicas preconizan para conseguir la lealtad de todos los habitantes. Predicen además la muerte de una lengua y su sustitución por otra en un lugar determinado. Mantener la unidad de nuestro idioma es un deber de todos y, a la vez, una insoslayable responsabilidad.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.