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Categoría: política
Benaoján y Montejaque terminan por entenderse

 

 

    

Aumentan los más viejos del lugar que estor dos pueblos ribereños del Guadiaro están condenados a entenderse. Algo que no parece acertado cuando lo normal es que entre dos poblaciones  cercanas entre sí predomine más que el entendimiento el antagonismo y la rivalidad. De hecho, la historia tanto lejana como próxima demuestra que ambos municipios se ensalzaron con harta frecuencia en disputas virulentas; eso sí sin que nunca la sangre llegara al río, que decimos los del lugar, cuando se quiere quitar hierro a un asunto pernicioso.

   Insólitamente ambos han llegado a un acuerdo – a la fuerza ahorcan-, y sin que sirva de precedente,    para conseguir de la Diputación que medie económicamente para la construcción de una depuradora conjunta en terrenos de Benaoján ante el problema acuciante que se desprende del tratamiento de aguas residuales que los sume a ambos municipios en un grave problema: solventar la salubridad del líquido elemento y que éste  llegue sin menoscabo a las casas  apto para el consumo humano. “Pura, simple  y casta agua…”, de la que hablaba San Francisco de Asís, el santo enamorado de todo lo que de bueno produce la Naturaleza.

  Naturalmente, en el ayuntamiento benaojano  ha habido sus más y sus menos antes de que se desembocase en esta alternativa. O sea, que barrió para dentro proclamando que la ubicación de la depuradora en su término – algo que parece ineludible por razones que se nos escapan – no acarrearía sino dificultades a los vecinos de la población, argumento esgrimido con contundencia por el concejal de Obras y Urbanismo, Rafael Carrasco.

   Al final han tenido que claudicar y las  instalaciones se situarán en las cercanías de la Estación de Benaoján, lugar otrora idílico – La Fresnadilla -,  escogido por los habitantes de pueblo para sus excursiones veraniegas cuando el beber las aguas del fontanar era pura delicia. Ceden los benaojanos y abrazan la solución de una obra conjunta; eso sí,  previo pago de los montejaqueños de la mitad del importe que  las obras requieran. Aquí paz y luego gloria…

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Un alcalde con muchos humos

 

 

 

No es la foto ni  noticia que uno querría ver cuando se habla de Benaoján. Pero no todo va a ser describir su paisaje y las excelencias de sus monumentos naturales, amén del repertorio sabroso de sus productos chacineros. Ahora toca hablar, a remolque de informaciones  aparecidas en algunos medios nacionales, de comportamientos cuando menos extemporáneos y fuera de lugar del primer edil de este pueblo señero del Guadiaro. Cigarro en ristre no esperó a que se diese por finalizada un acto en el salón de plenos del Ayuntamiento para  echar volutas de humo al aire ante el asombro de la concurrencia.

El mandato del alcalde, Francisco Gómez, nació de un pacto `in extremis´ entre la Agrupación Independiente (APB) que él dirige y miembros de IU y el PP, en las elecciones municipales de 2011, que vino a derrocar a Soraya García (PSOE), la cual  antes había sufrido una moción de censura (2009) que acabó con su mandato municipal.

   Hasta ahí todo normal, si por normalidad se entiende los rifirrafes que por lo visto vienen siendo habituales y los pareceres encontrados y esgrimidos con enconada tensión para tratar de hacer sucumbir al adversario en lucha denodada y sin cuartel. Pero ya digo, eso es consustancial con la vida parlamentaria ya sea en el Congreso o en las sesiones plenarias de un  pequeño pueblo que no llega  a los 1.500 habitantes mal contados, como es el caso.

    Lo que sí parece preocupante es que un pleno municipal no se guarden las formas debidas y por todos aceptadas. Su articulado viene dada por la Ley Reguladora de las Bases de Régimen Local (7/1985 de 2 de abril, art. 46), y entre otras disposiciones se admite el derecho de los ciudadanos a grabar las decisiones de sus políticos y el desenlace de sus actuaciones. Es lo que, al parecer, acaba de hacer la portavoz socialita  Soraya García, quien tomó instantáneas del primer edil fumando sin que el pleno en cuestión hubiese terminado.

   No parece que sea muy plausible esta actitud, que en sí misma, y sin que medios gestos añadidos, resulta provocativa, sobre todo proviniendo de alguien en quien recae la responsabilidad de que las sesiones se desarrollen dentro del más estricto cumplimiento de las normas establecidas. Se pueden echar humos en un debate enconado que nace de la disparidad de criterios, pero los del cigarro se deben expeler necesariamente en  otros espacios en los que no concurran personas que detestan esta costumbre.

Foto:turismoderonda.es

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Éxodo de ingenieros

 

 

 

 

 

Rajoy augura un 2014 poco menos que venturoso. La economía abandonará paulatinamente el proceloso mar de los sargazos y, en consecuencia, decrecerá el paro, hasta ahora anclado en cotas imposibles de mantenimiento. La oposición no acaba de creérselo, algo que se podía esperar.  Rubalcaba le echa en cara que “no se cuelgue medallas” y Cayo Lara que ser apee de triunfalismos. La cuestión es que se vislumbran para el año que pide paso impetuosamente algunas buenas nuevas que nos hacen otear un futuro próximo un tanto más halagüeño que este pasado reciente oscuro y nefasto del que todavía no hemos logrado desprendernos. Pero habrá que verlo.

    Por lo pronto, nos parece fatuo  cantar victoria mientras que el enemigo del desempleo imbatible por ahora  dé  muestras de vida y siga esgrimiendo su espada demoledora. Fruto de esta situación que comienza a ser desesperante es la huída masiva de profesionales al extranjero en pos de nuevas horizontes para sus vidas. Particularmente intensa esta haciendo la desbandada de ingenieros de caminos, por poner un ejemplo desolador (que hay más), y que está llamando la atención poderosamente en los últimos meses, acuciados por una realidad impensable sólo unos lustros atrás: ya no hay autovías ni puentes que construir.

   Recuerdo en mis años de niñez en la serranía de Ronda que ser ingeniero de caminos era el no va más de las aspiraciones de los padres para sus retoños. No había de faltarles el trabajo bien remunerado y el prestigio social.

El desorbitado tajo perpetrado en obras públicas para cumplir los  objetivos de déficit está detrás  de la decisión tomada por estos profesionales, no solamente de los más jóvenes sino de los ya talluditos en este menester, de coger carretera y manta, como se decía en mi pueblo de la Serranía,  cuando no había más remedio que coger el camino de la emigración  hacia otras latitudes para subsistir.

   Decayeron los fondos europeos para fomentar o reparar las infraestructuras existentes y aquí merced a ese prurito de los políticos de recortar el gasto público tenía que desembocar por fuerza en una corriente emigratoria que ya toma cartas de naturaleza como “la fuga de talentos” o “fuga de cerebros” y que los anglosajones conceptúan como “brain drain”, que también abarca a médicos y científicos por la  carencia de oportunidades en un país que no colma sus aspiraciones de presente ni de futuro.

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El “tarifazo” imposible

 

 

Si se echa la mirada hacía atrás comprobaremos que la subida de esa luz que nos alumbra y nos hace la vida más soportable al común de los mortales ha sobrepasado el 80%, poco a poco, desde el inicio de esta calamitosa crisis que nos agobia. Antes, cuando la tarifa eléctrica estaba sometida al imperio del Gobierno de turno, por lo menos no nos sobrecogía con aumentos a destiempo. Ahora, se nos somete a aumentos desconsiderados e imposibles de asumir por las familias modestas, no digamos de las que apenas tienen para llegar a fin de mes con un sostenimiento que raya en la miseria.

  El último aldabonazo a nuestros bolsillos por este concepto radica en la posibilidad de una subida del 11% del precio que ahora contemplamos en los recibos (perdido en el maremágnum e indescriptible de datos que escapan hasta al más avisado, que esa es otra de las rectificaciones que se deberían ejecutar), cuando el Gobierno, que quiera que no,  ha decido tomar cartas en el asunto de las eléctricas dado el desbarajuste reinante y el arcano de ese “déficit de tarifa” que no entienden ni lo más avezados en la cuestión, aunque no dejan de entrever un tejemaneje de especulación de amplio espectro.

   El Gobierno, ante la oleada de protestas ciudadanas, nunca más razonables, con el ministro de Industria, José Manuel  Soria, a la cabeza,  quien pone en duda la transparencia y competitividad que las eléctricas afirman con contundencia, se ha apresurado a asegurar que la luz no subirá el 11% anunciado “bajo ningún concepto”. Claro, que no niega que no suba nada, que ese es otro cantar. Pero algo es algo, y si se detiene la espiral de alzas desorbitadas algo habremos conseguido.

   Con la subida anunciada se desestabiliza la economía no solo familiar sino empresarial. Un dato: más de millón y medio de hogares sufrieron el corte del suministro eléctrico en este año que ya toca su final. Y otro no menos desalentador: las empresas industriales  afirman tener problemas para mantener la producción por el alto coste del fluido eléctrico erosiona su viabilidad. Algo que ni social ni económicamente nos podemos permitir.  

   El aviso de este “tarifazo” imposible, aunque no cobre visos de realidad, debería servir para un nuevo y más enérgico posicionamiento del Gobierno ante un ámbito  que pensamos necesita nueva regulación.  

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Rajoy, the quiet man

 Rajoy,  the quiet man

 Media España se desazona por el inquietante desafío de Artur Mas de convertir a Cataluña en un Estado independiente. El último aldabonzazo de su órdago,  fijar la fecha del referéndum para la consulta soberanista; sin embargo, no parece que el presidente del Gobierno se desmelene en explicar a la opinión pública lo que realmente va  a ocurrir  si  esta iniciativa que ostenta sin tapujos el término independencia se hace realidad (el Govern ya prepara el correspondiente censo).

Algo que parece que lo hará si antes no hay quien corte el vuelo del radicalismo nacionalista catalán en el  cielo proceloso que lo acoge; o sea, que ponga “pies en pared” como decimos la gente de la Serranía de Ronda cuando se trata de detener alguien o algo de un propósito contraproducente y adverso para el común de los mortales, en este caso para el resto de España.

   Ante la actitud anodina del Presidente del Gobierno que no acaba de coger el toro por los cuernos ante una actitud y un propósito anticonstitucional (art. 155 de la Carta Magna) donde los haya por la escisión que comporta, me hacen recordar la película protagonizada por  el John Wayne  de sus mejores tiempos titulada The Quiet Man, o dicho en román paladino, El Hombre Tranquilo: permanecía con su cachaza ante problemas y sucesos arduos.

   Esperar a que las cosas se solucionen por sí ante una tesitura como la que hacen alarde ERC y CiU puede resultar nefasta si no se ataja a tiempo. Lo que se podía presumir de quienes nos rigen es la firmaza ante tamaño desafío que atenta contra la unidad y salvaguarda  de nuestro Estado de Derecho. Antes de que el Tribunal Constitucional tome cartas en el asunto para cercenar el intento de escisión piensa uno que Rajoy debe mostrar una actitud enérgica poniendo los puntos sobre las íes.

Asiste toda la razón a José María  Aznar. que dicho sea de paso no es santo de mi devoción,  cuando critica duramente a Rajoy por la respuesta timorata que ha dado a las exigencias imposibles de Mas que atentan contra la legalidad. Tengo para mí que es la opinión de muchos españolitos de a pie y de los catalanes que abominan de  la aventura independentista.

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“Madiba” marcó la distancia

 

 

 “Madiba”

 
 

Murió Nelson Mandela y el mundo, como cabía esperar, se conmocionó. No era un líder político radicado sólo en Sudáfrica, lo era de los dos hemisferios dela Tierra, y en ambos su partida definitiva no ha dejado de producir consternación. No pienso entrar en los atributos que como persona y gobernante adornaban su persona, de sobras conocidos y que hoy se ponen en candelero con toda justicia. Ni en el clamor mundial  que su muerte ha provocado,  ni en el gemido unánime de un pueblo que lo ensalza y originó unos actos  funerarios que han asombrado al mundo y que son pruebas evidentes de la entrega total y absoluta a una figura política, y sobre todo humana, irrepetible.

  Sí quería hacer hincapié, con mis torpes palabras,  en el sentido de la democracia que propugnó su persona egregia y la lucha mantenida para erradicar el racismo que corroía  al país que lo vio nacer. En su decisiva acción para liderar una transición modélica de la dictadura infausta- ¿cuál no lo es? – hasta la democracia más esperanzadora.

  Y llegado a este punto no se puede por menos que resaltar las diferencias en cómo se llevó a cabo nuestra propia transición, nacida tras la muerte de Franco y el advenimiento de la democracia a renglón seguido. Y no encuentro punto de comparación: “Madiba” marcó en su día la gran distancia que convirtió su obra en un referente al que pocos países, por no decir ninguno, llegaron al resultado esplendente que él logró, tendiendo la mano a unos y a otros enfrentado entre sí. Ni, por supuesto, España.

   Con la razón por delante, sin el menor desvío y de forma férrea, supo imponer sus criterios, lo que le ocasionó años de cárcel y acendrado y profundo dolor. Pero no dio su mano a torcer. Reconciliación y autoridad, amén de acendrada defensa a la libertad, fueron las armas  esgrimidas ante imposiciones de reformas que rechazó de plano.

   Algo que no ocurrió precisamente en España donde se abrazaron las que, en mayor o menor medida, subyacían y que se sometieron a meros retoques. De aquellos polvos estos lodos. ¿Y qué decir de nuestros líderes y políticos de antes y ahora? ¿Resisten el parangón con el gran “Madiba”? Dado la corrupción imperante en unas y otras filas y el consecuente desafecto que provocan en el ciudadano, pensamos que no.  La distancia marcada es infinita.

Foto: diario SUR

 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.