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Categoría: política
Líderes agotados

 

El plantel de primeros espadas de la política española actual- permítase el símil taurino- no da más de sí, y no precisamente porque suden la camiseta atendiendo a nuestras necesidades más perentorias, las de los que ilusionadamente los votamos en su día. Han llegado a una situación que por las enconadas relaciones entre ellos y la falta de entendimiento que despliegan mucho se duda que lleguen a entusiasmar a quienes desapasionadamente les contemplan, a saber los que no pertenecemos a ningún partido pero que en su día, mediante el oportuno voto, les entregamos las riendas del país con la esperanza puesta en que salvaguardaran nuestros intereses, el de los españolitos de calle, los que ahora andamos más que desorientados, cabreados y sumidos en un desaliento opresivo.

   Urge un cambio drástico en la nomenclatura – Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias – e impera el deseo de que vengan otros a sustituirlos ya que más que una solución para los males de toda índole que nos aquejan – sociales, económicos e institucionales, y pare usted de contar – se están erigiendo como un escollo insalvable.

   El presidente en funciones, de cuyas buenas intenciones no cabe dudar, no acierta a conseguir el pláceme de sus oponentes, pero a la vez se muestra inconmovible escudado en la mayoría de escaños obtenidos en las elecciones de junio y no hay dios que le haga su brazo a torcer (tan poco creemos que ceda ahora, después de destaparse el caso del exministro Soria que está suponiendo un severo varapalo para las filas del PP).  Rajoy y su “genio y figura hasta la sepultura”, que dice el sabio refranero castellano y del que hace constante gala. Férrea voluntad de consenso que se ha estrellado en la coraza hermética que blande su oponente, el adalid del PSOE, Pedro Sánchez, como acabamos de ver y que ha forzado el fiasco de su candidatura. No ha esgrimido éste razones poderosas para su determinación, aparte de su ofuscación y empecinamiento en negarle el pan y el agua a su oponente, al que no ve sino como un enemigo irreconciliable a batir sin remisión.

   Rivera, por su parte, basculando entre dos fuegos, a nuestro entender dando palos de ciego y una veces tiende la mano a socialistas y otras a populares y viceversa. Nada más se supo fallida la investidura de Rajoy vuelve al parecer sobre sus pasos y no hace ascos  a otro entendimiento con Sánchez: Borro el digo y digo Diego.

¿Y qué decir de iglesias, empeñado en una salida imposible? Sigue hablando de cambio, pero dejó atrás lo de progreso. Sus disparatas propuestas sigue siendo un órdago para hacer ganar al líder socialista y desterrar a su principal oponente.

Hace guiños a Sánchez, quien por lo pronto se muestra displicente, pero  buen a buen seguro que abrazaría su causa si le dejaran; eso le da fuerzas para seguir en su obcecada pretensión. “¡Mi reino por un caballo…!”, como clamaba el rey inglés Ricardo III, cuando veía las de perder, en el pasaje inmortalizado por Shakespeare.

Líderes amortizados y agotados a todas luces. Nos están llevando a un pozo sin fondo con consecuencias imprevisibles. Urgen varas nuevas en el plantel de las primeras figuras de la política. Los de hoy se muestran agotados y sin posibilidad de resurgimiento, al menos con bríos para sacarnos las castañas del fuego a la sufrida ciudanía y por lo clamamos inútilmente. i

 

 

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Terceras y navideñas elecciones

Terceras y navideñas elecciones

Fracasó la investidura de Rajoy como era de esperar dado el empecinamiento de Sánchez que no parece tener otra aspiración que ver cómo su contrincante muerde el polvo como lo hizo él sin tener en cuenta que la situación es bien distinta. El número de votos  a favor del presidente en funciones ha sido mucho más elevado que los conseguidos por el líder socialista en su momento. Pero los socialistas pasan por alto esta circunstancia y continúan contra viento y marea en su negativa. Están n su derecho, que eso nadie osa discutirles, pero cree uno, en su parquedad en los conocimientos  de los intríngulis de la cuestión, y viendo el panorama que sirve de fondo   la situación del país que viene cobrando tintes cada vez más sombríos, que se debería hacerse un esfuerzo  por parte de todos los políticos que nos dirigen – más mal que bien si se oye el clamor de la calle -para llegar a un punto de entendimiento. No se da un paso en la dirección correcta y la anómala situación nos abate hoy más que ayer y menos que mañana, según van transcurriendo los acontecimientos.

Confirmada la adhesión de Ciudadanos al Partido Popular, por muy a  regañadientes que haya sido, queda el escollo hasta ahora insalvable de arrancar el “sí, quiero” al PSOE para  la anhelada por sus acólitos investidura de Rajoy, para la cual también valdría   la mera abstención. Un objetivo final para  de que una puñetera vez tengamos un nuevo Gobierno en España, y perdonen el exabrupto suave, que mucho me temo que será más contundente y agresivo en buena parte de la población harta de las veleidades de nuestros políticos del momento.

Si como parece no queda más remedio que acudir de nuevo a la cita con las urnas (quien lo haga, que no serán pocos quienes, escarmentados y cabreados hasta el paroxismo,  pasarán por alto esa, hasta ahora inexcusable compromiso ciudadano), deberán calibrar más que nunca a quienes apoyarán con su voto, porque el peligro de que todo siga igual como hasta ahora nos acecha. Y si así ocurriera, porque insisto los resultados no podrían variar un ápice de los que hoy conocemos, se habría hecho un pan como unas tortas, que decimos campanudamente.

Y lo que hoy está en el candelero es que se va a volver a solicitar al Jefe del Estado la investidura para la formación  de un Gobierno sin contar con los apoyos necesarios del Congreso de los Diputados, ya que aún contado con la aquiescencia de Ciudadanos, que está por ver, Rajoy necesitaría, como es público y notorio, la abstención del PSOE, cuando éste bascula entre ella y  la negativa categórica, como también es archiconocido por la ciudadanía.

Sánchez se aferró a su candidatura como a un clavo ardiendo y salió mal parado; ahora desea hacerle tragar la amarga medicina a Rajoy, que mucho es de temer que siga sus pasos (craso error), y sin los apoyos necesarios sucumba sin lograr su objetivo. Con lo que se pondrá de nuevo  al Rey  en un brete, confiando en los políticos que dieron a entender una situación bastante alejada de la realidad.

Perspicaces críticos de la situación política actual culpan al líder socialista de mirar más por sus intereses personales que por los de España. No se entiende bien su obstinación en cercenar toda posibilidad de entendimiento para la consecución de un Gobierno que venga a poner fin a una situación económica, social e institucional que no puede sino aportarnos males para todos.

Cariacontecidos por mor de esta tesitura irreductible no queda otra que acudir a votar, quién así lo juzgue conveniente, por tercera vez y esta vez al finalizar el Adviento, para mayor inri. Navidad, turrones, champán   y papeleta en ristre. Fun, fun, fun.

 

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Nuevo elenco de políticos

 

Si como es de suponer y en vista de lo que venimos presenciando en el obscuro e hiriente panorama político con el que nos levantamos y acostamos, en el que parece irremediable que se hayan de soportar las terceras elecciones para oprobio de la democracia que nos dimos años ha, muchos pensamos que no sería descabellada una protesta ciudadana  reclamándose  la presencia de nuevos políticos y envío a sus casas de los más representativos del momento que no han sabido o no han querido – no se sabe que es peor – solucionar el atolladero en el que se encuentra España.

La multitudinaria asistencia a este pataleo público estaría garantizada porque la rabia ciudadana habría llegado a su culmen y no parece que fuese descabellada exteriorizarla a voz en grito, que la voz del pueblo es justo que se eleve en situaciones  como en las que vivimos en las que la clase política del momento hace caso omiso a las exigencias del pueblo llano harto de tantas imposturas y dimes y diretes que a nada conducen. Se ciernen sobre nuestras cabezas amenazas sin cuentos como podrían ser las derivadas de la confluencia con Europa y sus exigencias inaplazables, la asfixia económica de las Comunidades y Corporaciones Locales, el atolladero de los pensionistas que verían sus mensualidades ostensiblemente esquilmadas, entre otros males que vendrían a poner en la picota los avances que en lo económico, social e institucional se han logrado cimentándolos para en bienestar general.

Sin acordar el Techo de Gastos y, consecuentemente, aprobar los Presupuestos Generales, nos moveremos todos en la cuerda floja por mor de la incapacidad, el desvarío o la insensatez de quienes se les llena la boca de decir que obran en el bien de España pero no hacen nada, y nada es nada (¿les suena esta iteración?), para aliviar los males que la aquejan.

En el horizonte las terceras elecciones para el bochorno y la rabia del país y la burla de quienes nos contemplan allende fronteras. Lo dicho, se impone una nuevo elenco  de políticos con más altas miras y menos mirarse la propia región umbilical, o sea, el ombligo.

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Un primer paso satisfactorio de Albert Rivera

 

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Un primer paso satisfactorio de Albert Rivera

Puede que haciendo de tripas corazón, pero C´s dio un paso adelante y consintió un Gobierno presidido por Rajoy evitándose así, todo lo hace aventurar, una repetición de elecciones que serían catastróficas para el país y, por supuesto, para la pervivencia de algunos partidos políticos enredados ahora en una manifiesta animadversión contra el presidente en funciones y todo lo que exhale olor a podrido dentro del Partido Popular. Va  extender el líder de la formación naranja sus cartas sobre la mesa de negociación, entre ellas, la más significativa, la de que se llegue hasta el final en la cuestión de la financiación irregular de los populares o caso Bárcenas. Esta resulta la más peliaguda, pero se extiende el parecer de que también se soslayará con éxito: el presidente en funciones no podrá poner reparos a la regeneración de la vida democrática exigida.

En Rivera ha primado la cordura y su actuación, hay que reconocerlo, responde a un sentido de la responsabilidad y la generosidad plausible a todas luces. ¿Que teme correr el riesgo de ser vapuleado en unas terceras elecciones? Puede ser, pero está en su derecho obrar también en defensa de los propios intereses de su partido. Algo que otros olvidan haciendo oídos sordos a la marea de sensatas razones que vienen esgrimiéndose un día sí y otro también.

Rivera no ha solicitado sillones a cambio; lo mismo ocurrió cuando prestó apoyos en los gobiernos de Andalucía y Madrid. Eso le honra. Ha optado por tender la mano y facilitar un gobierno que nos aleje a todos de momento de la incertidumbre en la que nos sumíamos de cara al futuro más inmediato. Ha demostrado que sus palabras de exigir `la hora de los estadistas´ emitidas repetidamente cobra visos de realidad. Esperemos que todos las secunden.

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No con mi voto

 

 

No con mi voto

No es que vaya a faltar al ineludible deber de acudir a la cita con las urnas si hay, como parece, terceras elecciones. Asistiré a la ceremonia, sobre en ristre, y me acercaré con beatitud a practicar la liturgia a la que, previsiblemente como digo, se nos convocará en breve tiempo. Eso sí, esta vez, en mi sufragio no aparecerán nombres: limpio y refulgente como una patena. En otras palabras, votaré en blanco, sin el menor escozor: el plantel de políticos y partidos convocantes no suscitan mi atención de ninguna manera, después de asistir al teatrillo  de la confusión que nos ha ofrecido en los últimos meses.

El restablecimiento de la democracia obedeció en España, como fue notorio, por muchas y variadas razones. Detrás estaban cambios económicos y sociales de indudable alcance, y, también, entre otros, la necesidad imperiosa de un comienzo colectivo en el país. Un deseo uniformemente admitido de pasar página a una situación política que lastraba el entendimiento entre sí de todos los españoles. Esas eran las premisas clave: pactos y consenso, algo que brilla por su ausencia entre quienes aspiran a regir ahora nuestro destino. Sus peroratas insustanciales nos abruman y aburren sobremanera, cuando no se pierden en el vacío más absoluto, producto del hartazgo insondable que nos producen.

¿No se han percatado aun de que no nos hacen mella y que se pierden en el vacío más absoluto? ¿No de aperciben de que ya contemplamos con aburrimiento y hastío sus soflamas? Lo último los desplantes de Sánchez y Rivera a los propuestas de quienes de manera ostensible ganaron los últimos comicios. El secretario general del PSOE enrocado en su “no” permanente, aún a sabiendas de que próceres del partido de otros tiempos señalan el camino a seguir, que no es otro que facilitar que Rajoy gobierne, aunque luego le salten a la yugular sin miramientos. Le importa un ardite, al parecer, que se aprueben el techo de gastos y los consiguientes presupuestos del Estado, de los que dependen el mantenimiento de pensiones, aunque sea con raquíticos aumentos, o las asignaciones para las Comunidades Autónomas y ayuntamientos, entre otras providencias urgentes e inaplazables y que repercuten en el bienestar ciudadano.

Siguen firmen en sus convicciones que a más de uno nos parecen descabelladas e insólitas, entre otras cosas porque van a  impedir la formación de un nuevo gobierno que necesitamos como el  estiaje pertinaz ansía las aguas de mayo.  ¿Estaríamos condenados otra vez, en el caso de que le sigamos el juego, a oír, que no escuchar, sus argumentos tan vacíos como anodinos? ¿Creen que se podría soportar por tres veces consecutivas las ensartas de desatinos que hemos tenido que soportar va ya para un año?

Con mi voto, no. Decididamente.

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Desvarío enquistado

Desvarío enquistado

 

Como era de esperar (solo una minoría optimista esperaba un milagro), Pedro Sánchez ha vuelto a decir no de forma categórica y contundente a Rajoy en la entrevista que ambos han mantenido este miércoles. De nada han valido las prédicas de viejas glorias del PSOE aconsejando que le tendiera la mano al presidente en funciones, en aras de esquivar la pesadumbre de unas nuevas elecciones que revolotean sobre las cabezas de los líderes políticos y sobre todo por las de los sufridos votantes que, entre los me cuento, contemplamos una situación tan adversa como irracional no sin rabia y malestar.

   La obcecada obsesión por vetar a Rajoy parece, empero, que se ha diluido un tanto. Afirmó algo así como “hoy por hoy nos opondremos”. Lo que no quita, al parecer, que cambien en el último momento tan radical decisión.

    El PSOE ha servido a España fielmente durante décadas. Siempre ha sido un partido cohesionado en la defensa y los intereses del pueblo. Ahora se encuentra en un dilema: apoyar a su adversario o no hacerlo conduciéndonos a nuevos comicios. ¿Están seguros de que esta segunda actitud no les perjudicará en el futuro? Las cosas han rodado de manera y forma que el electorado, el suyo de siempre, tal vez no vería con malos ojos que diera su brazo a torcer, aunque fuesen unos pocos parlamentarios lo que se abstuvieran. Los suficientes para frenar el carro que ahora avanza y amenaza caer en el despeñadero.

   Albert Rivera ha sido, por el contrario, consecuente con la irracional situación que vivimos. Aunque se ha quedado corto a nuestro modesto entender. Pese a sus enconadas diatribas contra Rajoy y los populares supo soslayarlas, por lo menos por lo pronto, en aras de llegar a un acuerdo satisfactorio. Ha dejado claro que no desea sillones ni prerrogativas, aunque sí llegar a entendimientos con el partido ganador de las elecciones en materias que se reflejan en su programa y que el presidente en funciones haría bien en aceptar.   Lo que no acabamos de entender es su decisión de aplazar hasta la segunda convocatoria la aceptación de la presidencia de Rajoy. Si Ciudadanos decidió al fin abstenerse, ¿por qué no hacerlo patente en la primera votación?  Y yendo un poco más lejos: ¿Si no desea que se repitan las elecciones porque no apoyan decisivamente al presidente en funciones, sabedor que si con su ayuda éste obtendría los 170 escaños? A ver quién le discute al PP su derecho de acceder a la gobernanza del país en esa tesitura, aunque sea a trancas y barrancas, algo que se constaría en el día a día del  Congreso con una oposición tan extensa como implacable. Rivera, bien mirado, tiene la llave, para la gobernabilidad anhelada. Y está bien que se haga rogar, pero que no extreme su postura hasta el infinito. Sería descabellado para él y su partido.

   Rajoy, por su parte, ha deslizado la conjetura de no presentarse  a la investidura de persistir la actitud beligerante de sus oponentes. ¿Una argucia para impelerles a apretar filas a su favor?

   Por el bien de este país que languidece a ojos vista en lo económico y social habría que rogarles a los intervinientes en el desaguisado que se pongan de acuerdo. Tendrán tiempo luego de enrocarse en el Parlamento en arduas batallas dialécticas arrimando cada cual el ascua a su sardina.

    Deberían  saber que estamos hastiados de tanto desvarío de unos y otros. Y que a hemos empezado a poner en entredicho la capacidad de nuestros políticos de ahora en sacarnos las castañas del fuego, afirmándonos en el sentir de que todos nos hacen sino bucear en el mar encrespado de la malhadada situación que atravesamos para su provecho personal.  Desvarío enquistado para nuestra desgracia.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.