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Categoría: política
Un primer paso satisfactorio de Albert Rivera

 

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Un primer paso satisfactorio de Albert Rivera

Puede que haciendo de tripas corazón, pero C´s dio un paso adelante y consintió un Gobierno presidido por Rajoy evitándose así, todo lo hace aventurar, una repetición de elecciones que serían catastróficas para el país y, por supuesto, para la pervivencia de algunos partidos políticos enredados ahora en una manifiesta animadversión contra el presidente en funciones y todo lo que exhale olor a podrido dentro del Partido Popular. Va  extender el líder de la formación naranja sus cartas sobre la mesa de negociación, entre ellas, la más significativa, la de que se llegue hasta el final en la cuestión de la financiación irregular de los populares o caso Bárcenas. Esta resulta la más peliaguda, pero se extiende el parecer de que también se soslayará con éxito: el presidente en funciones no podrá poner reparos a la regeneración de la vida democrática exigida.

En Rivera ha primado la cordura y su actuación, hay que reconocerlo, responde a un sentido de la responsabilidad y la generosidad plausible a todas luces. ¿Que teme correr el riesgo de ser vapuleado en unas terceras elecciones? Puede ser, pero está en su derecho obrar también en defensa de los propios intereses de su partido. Algo que otros olvidan haciendo oídos sordos a la marea de sensatas razones que vienen esgrimiéndose un día sí y otro también.

Rivera no ha solicitado sillones a cambio; lo mismo ocurrió cuando prestó apoyos en los gobiernos de Andalucía y Madrid. Eso le honra. Ha optado por tender la mano y facilitar un gobierno que nos aleje a todos de momento de la incertidumbre en la que nos sumíamos de cara al futuro más inmediato. Ha demostrado que sus palabras de exigir `la hora de los estadistas´ emitidas repetidamente cobra visos de realidad. Esperemos que todos las secunden.

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No con mi voto

 

 

No con mi voto

No es que vaya a faltar al ineludible deber de acudir a la cita con las urnas si hay, como parece, terceras elecciones. Asistiré a la ceremonia, sobre en ristre, y me acercaré con beatitud a practicar la liturgia a la que, previsiblemente como digo, se nos convocará en breve tiempo. Eso sí, esta vez, en mi sufragio no aparecerán nombres: limpio y refulgente como una patena. En otras palabras, votaré en blanco, sin el menor escozor: el plantel de políticos y partidos convocantes no suscitan mi atención de ninguna manera, después de asistir al teatrillo  de la confusión que nos ha ofrecido en los últimos meses.

El restablecimiento de la democracia obedeció en España, como fue notorio, por muchas y variadas razones. Detrás estaban cambios económicos y sociales de indudable alcance, y, también, entre otros, la necesidad imperiosa de un comienzo colectivo en el país. Un deseo uniformemente admitido de pasar página a una situación política que lastraba el entendimiento entre sí de todos los españoles. Esas eran las premisas clave: pactos y consenso, algo que brilla por su ausencia entre quienes aspiran a regir ahora nuestro destino. Sus peroratas insustanciales nos abruman y aburren sobremanera, cuando no se pierden en el vacío más absoluto, producto del hartazgo insondable que nos producen.

¿No se han percatado aun de que no nos hacen mella y que se pierden en el vacío más absoluto? ¿No de aperciben de que ya contemplamos con aburrimiento y hastío sus soflamas? Lo último los desplantes de Sánchez y Rivera a los propuestas de quienes de manera ostensible ganaron los últimos comicios. El secretario general del PSOE enrocado en su “no” permanente, aún a sabiendas de que próceres del partido de otros tiempos señalan el camino a seguir, que no es otro que facilitar que Rajoy gobierne, aunque luego le salten a la yugular sin miramientos. Le importa un ardite, al parecer, que se aprueben el techo de gastos y los consiguientes presupuestos del Estado, de los que dependen el mantenimiento de pensiones, aunque sea con raquíticos aumentos, o las asignaciones para las Comunidades Autónomas y ayuntamientos, entre otras providencias urgentes e inaplazables y que repercuten en el bienestar ciudadano.

Siguen firmen en sus convicciones que a más de uno nos parecen descabelladas e insólitas, entre otras cosas porque van a  impedir la formación de un nuevo gobierno que necesitamos como el  estiaje pertinaz ansía las aguas de mayo.  ¿Estaríamos condenados otra vez, en el caso de que le sigamos el juego, a oír, que no escuchar, sus argumentos tan vacíos como anodinos? ¿Creen que se podría soportar por tres veces consecutivas las ensartas de desatinos que hemos tenido que soportar va ya para un año?

Con mi voto, no. Decididamente.

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Desvarío enquistado

Desvarío enquistado

 

Como era de esperar (solo una minoría optimista esperaba un milagro), Pedro Sánchez ha vuelto a decir no de forma categórica y contundente a Rajoy en la entrevista que ambos han mantenido este miércoles. De nada han valido las prédicas de viejas glorias del PSOE aconsejando que le tendiera la mano al presidente en funciones, en aras de esquivar la pesadumbre de unas nuevas elecciones que revolotean sobre las cabezas de los líderes políticos y sobre todo por las de los sufridos votantes que, entre los me cuento, contemplamos una situación tan adversa como irracional no sin rabia y malestar.

   La obcecada obsesión por vetar a Rajoy parece, empero, que se ha diluido un tanto. Afirmó algo así como “hoy por hoy nos opondremos”. Lo que no quita, al parecer, que cambien en el último momento tan radical decisión.

    El PSOE ha servido a España fielmente durante décadas. Siempre ha sido un partido cohesionado en la defensa y los intereses del pueblo. Ahora se encuentra en un dilema: apoyar a su adversario o no hacerlo conduciéndonos a nuevos comicios. ¿Están seguros de que esta segunda actitud no les perjudicará en el futuro? Las cosas han rodado de manera y forma que el electorado, el suyo de siempre, tal vez no vería con malos ojos que diera su brazo a torcer, aunque fuesen unos pocos parlamentarios lo que se abstuvieran. Los suficientes para frenar el carro que ahora avanza y amenaza caer en el despeñadero.

   Albert Rivera ha sido, por el contrario, consecuente con la irracional situación que vivimos. Aunque se ha quedado corto a nuestro modesto entender. Pese a sus enconadas diatribas contra Rajoy y los populares supo soslayarlas, por lo menos por lo pronto, en aras de llegar a un acuerdo satisfactorio. Ha dejado claro que no desea sillones ni prerrogativas, aunque sí llegar a entendimientos con el partido ganador de las elecciones en materias que se reflejan en su programa y que el presidente en funciones haría bien en aceptar.   Lo que no acabamos de entender es su decisión de aplazar hasta la segunda convocatoria la aceptación de la presidencia de Rajoy. Si Ciudadanos decidió al fin abstenerse, ¿por qué no hacerlo patente en la primera votación?  Y yendo un poco más lejos: ¿Si no desea que se repitan las elecciones porque no apoyan decisivamente al presidente en funciones, sabedor que si con su ayuda éste obtendría los 170 escaños? A ver quién le discute al PP su derecho de acceder a la gobernanza del país en esa tesitura, aunque sea a trancas y barrancas, algo que se constaría en el día a día del  Congreso con una oposición tan extensa como implacable. Rivera, bien mirado, tiene la llave, para la gobernabilidad anhelada. Y está bien que se haga rogar, pero que no extreme su postura hasta el infinito. Sería descabellado para él y su partido.

   Rajoy, por su parte, ha deslizado la conjetura de no presentarse  a la investidura de persistir la actitud beligerante de sus oponentes. ¿Una argucia para impelerles a apretar filas a su favor?

   Por el bien de este país que languidece a ojos vista en lo económico y social habría que rogarles a los intervinientes en el desaguisado que se pongan de acuerdo. Tendrán tiempo luego de enrocarse en el Parlamento en arduas batallas dialécticas arrimando cada cual el ascua a su sardina.

    Deberían  saber que estamos hastiados de tanto desvarío de unos y otros. Y que a hemos empezado a poner en entredicho la capacidad de nuestros políticos de ahora en sacarnos las castañas del fuego, afirmándonos en el sentir de que todos nos hacen sino bucear en el mar encrespado de la malhadada situación que atravesamos para su provecho personal.  Desvarío enquistado para nuestra desgracia.

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Que prime la sensatez

Que prime la sensatez


JOSÉ BECERRA

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Felipe González acaba de ser taxativo. En un diario de alcance nacional ha dejado su parecer para esta comedia de la confusión que se está viviendo en las las altas esferas políticas.Antes de que celebre el encuentro en el Comité Federal del PSOE programado para este sábado ha entrado a saco exigiendo que con la abstención se facilite un nuevo Gobierno presidido por Mariano Rajoy, eso sí exigiéndose concesiones  y el compromiso sine qua non, de acatar asuntos que atañen a las pensiones, la educación, el modelo territorial, el empleo y el Brexit, entre otras no menos peliagudas. Apremia tanto a Rajoy para que depongan sus actitudes y sellen un acuerdo para acabar con la situación que amenaza alargarse sine dÍe para asombro y hartazgo de la concurrencia.

La cordura, el entendimiento, la altura de mira y el criterio desapasionado, entre otras virtudes de las cuales no hacen gala precisamente nuestros políticos, que más que mirar por el bien del conjunto de los españoles no perecen sino que miran a sus ombligos respectivos. La política, como muy bien decía un rondeño de pro como lo fue Francisco Giner de los Ríos, que como apuntan sus panegiristas era un hombre incapaz de mentir o callar la verdad “la política es como patinar sobre ruedas, unas veces nos lleva a donde se desea y otras, las más, allí donde nos llevan los malditos patines”. Y ahora, por lo que nos toca, y muy a nuestro pesar, nos están conduciendo hacia un callejón sin salida, por la falta de compromiso en apretar filas en beneficio de la comunidad. Los patines que les mueven conducen a la sinrazón de no posibilitar un gobierno más o menos estable embebidos como están en sus ambiciones personales.

El PSOE, como no se cansan de repetir sus máximos responsables, no parece que vaya  apoyar una candidatura de Rajoy de ningunas de las maneras posibles, lo que no deja de ser un desplante a los casi ocho millones que sí confiaron en su partido, si ustedes quieren tapándose la nariz por el hedor que exhalaban la podredumbre de los corruptos. Pero este tufo no lo exhala únicamente el PP sino a otros partidos en liza, y de eso tenemos sobradas noticias.

Descartados los socialistas, abocados a hilvanar una oposición, a la que ahora apuntan líderes carismáticos del partido, entre otras la andaluza Susana Díaz, quien no suele tener pelillos en la lengua, la pelota está en el tejado de Ciudadanos, del que se espera haga de tripas corazón y apoye al PP, porque nadie entendería que se mantuviera en la repulsa y se nos condenara al disparate de unas nuevas elecciones, con los peligros económicos y sociales que esa situación acarrearía, amén de que seríamos el hazmerreír de Europa. Dislate y chacota que no podemos permitirnos.

Amigos políticos del centro derecha o izquierda, por una vez y sin que sirva de precedentes, entierren sus hachas de guerra. Miren que nos jugamos muchos en el entuerto. Bienvenido sea un gobierno en minoría de Rajoy y que el PSOEn y C´s midan sus fuerzas contra él cada vez que tenga ocasión,que han de ser muchas y de carácter virulento como la práctica del parlamentarismo a ultranza autoriza. Como tiene que ser. Eso mejor a la que se nos condenaría, sin duda con resultados aciagos. Que se imponga la cordura es lo que ahora de verdad importa.

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Una salida plausible: Sánchez, presidente del Congreso de los Diputados

 

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Una salida plausible: Sánchez, presidente del Congreso de los Diputados

No parece descabellada la solución a que algunos politólogos del momento han llegado visto el enrevesado resultado que los últimos comicios han deparado. Cierto es que Rajoy se ha alzado como ganador indiscutible al alcanzar su partido los 137 escaños ante el asombro de muchos tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, pero no lo es menos que mucho tiene que allanar el camino para poder seguir siendo inquilino de la Moncloa. Ahora está obligado, una vez que ha consentido, esta vez sí, someterse al rito de la investidura, a convencer a tirios y troyanos para que le apoyen en la empresa. Tarea que sigue siendo ardua pese a la victoria conseguida.

Contra las voces que ¡todavía! se alzan provenientes del PSOE y C´s oponiéndose a la investidura del hoy presidente en funciones ya sea por acción activa o pasiva está el sentir del pueblo llano que está hasta las narices de esta situación rocambolesca que se creía superada con el resultado exultante de los comicios que otorgaban al PP suficiencia para el intento con éxito de continuar ejerciendo el mandato.

Resulta inaudito que tanto Sánchez como Rivera se mantengan en sus trece, manteniendo una postura de recalcitrante negativa, en contra de argumentos sólidos e irrefutables que son los que esgrimen los populares con toda la razón del mundo y que para los votantes resultan palmarios, sobre todo para los millones de votantes que eligieron que aquéllos rigiesen sus destinos en la próxima legislatura.

Es cosa sabida que Sánchez ambiciona el poder, se le vió incluso a lo lejos, por su actitud abierta hacia Pablo Iglesias y su ánimo de doblegarse a sus disparatadas intenciones. Cierto que luego rectificó tendiendo la mano a Rivera. Ahora, después de la hecatombe electoral de su partido, entre las propuestas que se barajan para satisfacer sus ansias de permanencia como secretario general del PSOE noqueado, hay, como digo, quienes esgrimen la posibilidad que facilite la investidura de Rajoy obteniendo a su vez (si no se contenta con ser jefe de la oposición), la presidencia del Congreso de los Diputados, que no lo olvidamos es un cargo de máxima relevancia institucional después de la jefatura del Estado y presidente del Gobierno. Su prestigio permanecería incólume en su partido y en excelente posición de cara a próximas elecciones.Quien no se contenta in extremis  es porque no quiera,que decimos los malagueños provincianos.

De paso, vendría a poner punto final a este infortunio que vivimos los que no anhelamos sino que los políticos se entiendan de una vez por todas y acabando con sus malquerencias apunten hacia reformas políticas y sociales todos a una resolviendo nuestros problemas de cada día que no son pocos ni intrascendentes.

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Carta de un votante escéptico a un candidato confiado

Carta de un votante escéptico a un candidato confiado

Lo normal es que en vísperas de elecciones, sea del tipo que sean, cuando lo que está en juego es (perodona que te tutue, atrevido que es unio) tu acceso o permanencia a una posición encumbrada, distinta a la del resto de la vecindad de un pueblo, de una comunidad o de una nación, lo normal, digo, es que seas tú quien nos envíe una misiva muy personal que venga a corroborar lo que durante una quincena has venido exteriorizando en tus mítines. Juzgo, oportuno, sin embargo, escribirte a mi vez como respuesta a tus requerimientos.

¿No te has parado a pensar, que creo que sí, aunque no lo manifiestes abiertamente, que ahora, en este día, en este momento en que estoy llamado al colegio electoral más próximo a mi domicilio, me erijo sobre ti y puedo darme el postín de hacerlo como lo hace un señor sobre su vasallo? Poseo mis prerrogativas y las ejerzo sobre quien va a depender de mis decisiones.

Durante el resto del tiempo, ese que va entre el día en que accedes al poder o te mantienes en él merced a mi voto, permaneces como muy alejado de mí y de los que fueron a votar convencidos como de la práctica de un rito religioso. Cierto, te esfuerzas, al menos lo aparentas, en legislar para nosotros, en gobernarnos, en atajar, si estás en la oposición, las arbitrariedades de quienes ostentan el poder; en fin, en proporcionarnos el bien y el bienestar, dando por sentada tu honradez, a los que como ciudadanos teóricamente tenemos derecho. Pero siempre desde la distancia, desde la atalaya que institucionalmente ocupas y nos avizoras. Te contemplamos, desde abajo, como inaccesible y poderoso, en nuestra insignificancia de ciudadano de a pie, perdido entre millones de otros de igual naturaleza.

Ahora, sin embargo, te ves obligado a bajar de tu pedestal y a ras del suelo compartir el mismo plano. No sé si tú lo has dicho, pero da lo mismo, lo habrá hecho otro con iguales aspiraciones que las tuyas. Es eso de que un voto vale un gobierno. Me alegra que lo reconozcas y que concedas a mi voto el valor que merece. Ese que puede influir en tu destino, para bien o para mal. Por eso nos buscas en la calle, en los mercados, en donde quiera que el pueblo se reúne y traba sus amistades y conocimientos. Hay que aprovechar porque no volveremos a verte el pelo, por lo menos hasta la próxima convocatoria electoral.

Con mi voto en la mano me siento importante, qué quieres que te diga. Que en ello radica la grandeza de la democracia. Puede ser valedor de tu nombre o el del tu contrario. Lo puedo dirigir hacia una u otra formación política. O puedo no sustentar a ninguna, haciendo uso del voto en blanco. Incluso, puedo meterlo en la urna o no, absteniéndome de participar en la ceremonia. Para los que no ejercemos la política, este sobre que ahora mismo blando en mis manos nos convierte en poderosos hacedores del acontecer político del futuro más próximo. Es nuestro momento de gloria por muy anónimo que sea.

Buena suerte.

P.D. Los partidos mayoritarios, de los que se espera arramblen con los más altos porcentajes de votos, no han llevado a una campaña electoral,que es muy probable que sea tan visceral como la de de hace poco más de cuatro meses. Van a profilar las zancadillas y los golpes bajos, cuando no la exhibición de las navajas cachicuernas( es un decir truculento) No es eso, no es eso, habría que gritar. Así que mi voto en un brete.

 

fOTO. m.POLÍTICO.COM

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.