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Categoría: Ronda
Fogones serranos de antaño

 

 

 

Comamos y bebamos, que mañana moriremos” dice un versículo de la Biblia (Isaías XXII 13) en el que se le concede a la comida suma importancia para la subsistencia del hombre y, también, su apego a los sencillos goces terrenales. Pero la comida, con ser imprescindible no parece, la mayoría de las veces, algo llamativo. ¿Puede existir, sin embargo, algo más repetitivo y más sustancial para los humanos que el plato de comida de cada día? ¿Hay algo que entrelace con mayor exactitud y rigor las costumbres del ser pensante desde que abandonando su condición arborícola se prestara a hacer uso de sus miembros inferiores para en vez de trepar a las ramas, caminar por el suelo hasta llegar a la condición racional que hoy mostramos como atributos inseparables y de la que nos sentimos orgulloso?

 

Parece, pues, de rigor que comencemos por el contenido y la distribución de las ingestas en el pasado. Un pasado, sin embargo, que limitaremos a la memoria de las personas vivas, a la dieta de hace cuarenta o cincuenta años; o lo que lo mismo, a la relación de lo que comían quienes ahora cuentan entre cincuenta y ochenta años, puesto que los hábitos de comidas de los más jóvenes pertenecen al presente y sus costumbres alimenticias por la cercanía en el tiempo son de sobras conocidos por todos.

Hay que decir, sin embargo, que los cambios no se verificaron de la noche a la mañana, si bien se contemplan los años de los sesenta – apogeo del fenómeno emigratorio tanto interior como exterior, consolidación del final de la autarquía económica y política – cuando aquellos se mostraron más evidentes. No afecto, por otra parte, a todas las regiones o comarcas, dependiendo del grado de desarrollo y comunicaciones que éstas poseían. Las grandes localidades experimentaron las transformaciones económicas y sociales con mayor intensidad que los pequeños pueblos, entre los que se encontraban los de la Serranía de Ronda.

 

El tramo que se ha escogido para analizar los comportamientos alimenticios del pasado comprende un período, el de la posguerra, década de los 40, bien significativo por las hambrunas que en él se padecieron. En la Serranía, si alguien menciona “los años del hambre” sabe muy bien a los que se refiere, sin exigir mayores explicaciones. Es esto importante si se tiene en cuenta que la escasez de entonces marcó de manera indeleble a los serranos y condicionaron su actitud posterior ante los hábitos alimenticios, como luego veremos.

 

Hay que recalcar como preámbulo ineludible las diferencias que también en aquella época de hambre brutal se establecieron entre las clases sociales pudientes y las trabajadoras o menesterosas. ¿Cómo se comportaban unas y otras a la hora de sentarse a la mesa?, o, lo que es lo mismo: ¿Qué era lo subía a unas u otras mesas a la hora de la ingesta de cada día?

 

Aunque no pueda hablarse en la Serranía de élites, consideradas como grandes latifundistas, una clase social no demasiado frecuente en la época, como tampoco lo era la que agrupaba a la los propietarios industriales, ya que la industria era prácticamente inexistente, de haberlas las hubo. Poseían buena parte de las tierras del término municipal y dependían de ella los pocos asentamientos fabriles. El poder adquisitivo alto les permitía mantener una servidumbre, y entre ellas “amas”, extraída del campesinado, que eran las que se encargaban de las preparaciones culinarias que marcaban un fuerte deslinde con lo que habitualmente ingería el resto de la población. Una anciana, que fue “moza”* ( sirvienta doméstica) en casa acomodada, nos relata las costumbres alimenticias de los “ricos” de entonces: ” Por la mañana tomaban café, pero café del bueno, de Gibraltar, con pan frito o tostá con aceite. No pocas veces tomaban chocolate caliente y yo tenía que llevárselo a la dueña a la cama”. Al almuerzo lo precedía siempre un vaso de buen vino, que luego se seguía degustando junto a la comida. Solía ser un cocido de garbanzos al que no le faltaba la carne de chivo, ni el tocino entreverado de carne, para la “pringá”* (sopear con pan), hábito éste que ha perdurado sin apenas modificación, tanto en las clases pudientes como en las económicamente débiles; éstas que hoy se lo pueden permitir, si bien recurriendo a la carne de pollo, más asequible. “ También se ponían potajes, a los que seguía un plato de carne, que podía ser de ternera, o chuletillas empanadas. Preparaba también pescado, que se compraba fuera, pero pescado del bueno como la aguja palá y el Y para el postre, frutas del tiempo”. La merienda consistía en café o chocolates y se acompañaban con dulces caseros o galletas. En la cena, las clases acomodadas se hacían servir sopas con el caldo del cocido del medio día, acompañadas también de carne y tocino. “ O se echaba manos de los huevos, en tortillas o pasados por agua y los postres eran a base de natilla o arroz con leche”.

   Las carencias de verduras eran evidentes, ya porque las fincas propias no la suministraban o bien porque la costumbre no estaba asentada como había de ocurrir con posterioridad, pero no, desde luego, porque no pudieran permitirse el lujo de adquirirlas en mercados de la ciudad, por ejemplo, el de Ronda.

 

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Reunión infructuosa de la primera teniente de alcalde de Ronda

 

 

 

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No ha sido infructuosa porque Isabel Barriga, segunda de abordo en el Ayuntamiento, no haya expuesto con claridad y empeño los proyectos que duermen el sueño de los (in)justos en los cajones de la Junta con las deficiencias, expuestas negro sobre blanco,  que acusa la ciudad de Ronda en cuestiones de infraestructuras. Tampoco por no haber resaltado la urgencia para que se acometan las propuestas que esperan el plácet para transformarse en realidad. No. Ha sido improductiva la reunión porque la edil volvió sin poder arrancar del delegado del Gobierno de la Junta las fechas en las que  se retomarán los proyectos para su culminación definitiva.

   Urge acabar con el abandono del yacimiento de Acinipo, una joya prehistórica que habla del dominio de Roma en sus tiempos de esplendor en la zona. Es muy posible que en su proscacaenium (proscenio), conservado hoy en parte, se representaran las tragedias de Livio o Séneca y los ditirambos  de Plauto y Terencio, los cuales harían pensar y divertirse a los patricios romanos bien aposentados en la cavea, también parcialmente conservada.

    Tanto esplendor de los borrascosos tiempos de los siglos II y III a.C,  que en su construcción bebía de la influencia helena, merece que se le preste la mayor atención posible y que no esté en manos de desaprensivos expoliadores como viene ocurriendo en la actualidad. Su  puesta en valor sigue estando en el aire pese a la intención del Consistorio de que se le preste la atención debida por la Junta de Andalucía.

  Y si de este tesoro de la antigüedad poco menos que postergado damos el asalto al día de hoy, vemos cómo  planes insoslayables que vengan a sacar a Ronda del marasmo en que se encuentra, caso del Plan General de Ordenación Urbana, siguen esperando su tramitación documental oportuna conditio sine qua non para su resolución final.

   ¿Y qué decir de las obras del Nuevo Hospital, a las que se dan largas sine díe para desencanto de la población rondeña y toda su área de influencia? ¿O de la aspiración de Ronda al título de Patrimonio de la Humanidad que otorga la UNESCO y al se aspira con todo derecho por los méritos de la Ciudad Soñada, pero que como proyecto espera  para ser solventado merced  a las trabas burocráticas impuestas por la Junta? Y de los accesos a la ciudad y del deplorable trazado de las carreteras que la unen  a la Costa y al resto de Andalucía, ¿qué argumentar ante la sistemática respuesta de Sevilla de que no hay dinero?

   Hay voluntad de sortear todos estos escollos que obran en detrimento del desarrollo social y económico de Ronda. Así lo confirmó la teniente de alcalde que defendió con tesón las requisitorias en su reunión de días atrás con el delegado. Los rondeños, no obstante, siguen esperando que la buena voluntad se trueque  por algo más positivo y diligente para sus intereses.

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La Junta sigue discriminando a Ronda

 
 Con displicencia aparente la Junta de Andalucía ha vuelto a echar por tierra un proyecto en el que la ciudad había depositado muchas esperanzas en cuanto lo que podría significar para dar un in gran impulso al turismo de Ronda y de paso a toda la comarca. Se ha quedado en el nimbo del olvido el plan denominado como ´Círculo paisajístico de la Medina Musulmana´  con el que se pretendía participar con éxito en el programa `La ciudad Amable¨, que habría de encarrilar muchos visitantes hacia su perímetro geográfico.

   Se ha trabajado duro, como se encarga de resaltar tras conocer el fracaso la delegada municipal de Obras, Urbanismo y Turismo, Isabel María Barriga, y que por ello no puede ocultar su desencanto: se va al garete la realización de un circuito cuyo recorrido había de mostrar unas vías de carácter medieval que hasta ahora no habían sido sino  caminos descuidados imposibles difíciles o imposibles de transitar.

   Un paseo agradable, evocador y largo (más de tres kilómetros) que pondría en valor, entre otros, lugares tan carismáticos como las Murallas de la ciudad, Los Molinos, la puerta de Almocábar o los Arrabales. Todos de rancio sabor local  y que imprimen indudable carácter a la muy bien llamada `Ciudad Soñada” por poeta Rainer Maria Rilque, que  cantó sus excelencias en el pasado siglo.

 Con un toque final y espectacular: la pasarela      que permitiría el paseo distendido por el fondo del Tajo, algo hasta hoy imposible. Tan impresionante paisaje con vistas espectaculares e insólitas nos las vamos a perder por la arbitraría decisión de la Consejería de Fomento que no ha querido conceder el plácet al proyectos con la concesión de las inversiones necesarias.

  Un despropósito como el de decir que las obras del Nuevo Hospital de Ronda continúan sin detención. Lo afirmó el delegado en Málaga de Consejería de Salud en una reciente visita a Ronda. Quiso hacernos comulgar con ruedas de molino asegurando que las obras se llevaban a cabo en las instalaciones interiores y que por esta razón escapaban a la percepción de los viandantes. Se nos trató como a niños por no decir que como a tontos. No hay tal y es de dominio público.

 

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La Serranía, una editorial de Ronda imprescindible

José Manuel Dorado recibió la pasada semana la medalla de la Real Maestranza de Caballería de manos del Rey

 José Manuel  Dorado, fundador de `La Serrania´

 

Ronda, alta y señorial, no se concibe sin algunos de los aspectos que fueron labrando  su  trayectoria histórica, social, política y económica. Sin sus palacetes linajudos, conventos recatados, vetustas iglesias y edificios solariegos no sería Ronda,  si no otra ciudad ilustre de las muchas que se levantan en el viejo  solar de la Andalucía antigua y moderna, pero no Ronda.

   Tampoco sería la Ciudad del Tajo, ni la del Puente Nuevo, ni la de la Puerta de Almocábar, ni la de los Baños Árabes si algunos de estos monumentos le faltaran o no se hubiese recogidos por panegiristas ilustres  y avezados relatores de tanta belleza encerrada entre sus murallas o en el largo recorrido de  calles y avenidas históricas.

   Y por supuesto sería otra sin el Templete de la Virgen de los Dolores, la Posada de las Ánimas, la Fuente de los Ocho Caños o el Palacio del Rey Moro y la Mina…,  por no mencionar sino de pasada todo aquello que la impregna y da sentido a su genuina apariencia. De toda esta riqueza monumental y entrañable  la editorial La Serranía se hizo eco facilitando la publicación de obras cuyo contenido respondía a ese ideario variopinto y fructífero en sus resultados  de dar a conocer a los cuatro vientos cuanto de magnificente se encerraba en la Ciudad Soñada del poeta Rainer  María Rilque, inmortalizada expresión que de  tan de manera cierta evoca sus encantos imperecederos.

   Otro tanto se podría decir de las verdades y leyendas que se tejieron en torno a sus caminos transitados por avezados contrabandistas y bandoleros célebres, y que hoy componen el caudal mundialmente reconocido que alimenta el  conjuro de la Ronda romántica. De todo ello  se hizo puntualmente  eco la editorial La Serranía dando cabida a los manuscritos de  una pléyade de autores  oriundos de la Serranía o avecindados en ella,  que recalaron en la realidad cambiante e insólita de la ciudad y su entorno.

   Historiografía, pues, y  personajes célebres, gastronomía, costumbres, arte,  tradiciones y, sobre todo la descripción de paisajes, senderos, vericuetos  y caminos laberínticos e imposibles fueron perfilando  el catálogo de una editorial, paradigma de empresa familiar, que trató con la mano de sus autores,  de ahondar- y lo logró con creces – en el meollo dela Rondaeterna impasible al paso de los siglos en estos aspectos, pero cambiante en cuanto lo  imponía el desarrollo vivido  en los últimos tiempos sin anclajes en el pasado.

  Desconozco los motivos que han llevado a José Manuel  e Isabel, fundadores años ha de la editorial, a hacer un alto en el camino de la edición. Desea uno pensar que  la maquinaría de La Serranía sólo se ha detenido momentáneamente, que no se enmohecerá,   y que más pronto que tarde los editores vuelvan a trabajar juntos – como venían haciéndolo desde décadas atrás – o coja el timón uno de ellos y haciéndose cargo de todo el proceso de producción se continúe  la preparación, corrección de originales, diseño, técnicas de impresión y encuadernación, amén de la presentación y distribución de libros a escala nacional, mano sobre mano, que tanto monta, monta tanto… Una labor ímproba que puso a prueba  talento y plena dedicación en tamaña empresa.

   Ronda no puede permitirse el lujo de que pierda fuelle una editorial que alcanzó tan altos vuelos y que fue paradigma en el ámbito de la letra impresa  en Andalucía y el resto del territorio español, y además por sus propios medios y esfuerzos. Se caracterizó por el buen hacer y sin ayudas de las administraciones públicas, algo que aumenta si cabe su mérito.

   Si el freno, que repito, espero que sea circunstancial, es producto de  las adversas condiciones económicas en las que nos movemos, las instituciones rondeñas harían muy bien en arrimar el hombre para que La Serranía continuase su labor con el mismo ímpetu que la animó siempre  en su ya larga y fecunda trayectoria, que tanto redundó en beneficio de Ronda y su comarca.

   Decía más arriba que existen razones en Ronda para diferenciarse de cualesquiera otras de las ciudades andaluzas. Si careciera de alguno de los aspectos que la hacen única habría que hablar de otro espacio distinto. La Serranía,  como editorial pujante,  forma  parte ya de esa tablazón que labró la peculiaridad de la ciudad del Tajo y la catapultó al resto de España y me atrevería a decir que a medio mundo.

   En otras palabras, sin La Serranía  y su colaboración a dar a conocer lo más genuino de la ciudad y su zona de influencia, la ciudad rondeña perdería una de sus señas de identidad más conspicuas. Es imprescindible  y urge el  esfuerzo de todos, incluidas las enconadas posturas  de las partes de la que hasta ahora ha sido una empresa familiar hoy lamentablemente abocada a la ruptura,  que  deberían  llevar a recobrar el denuedo del que siempre hizo gala: redundó  hasta el presente en  el prestigio de la ciudad, de su gente y de las rutas añosas que las circundan. Algo de lo que todos deberíamos estar agradecidos. Este impasse de la editorial perjudica a Ronda y a todos los pueblos de su área de  influencia.

José Manuel Dorado recibe la distinción de manos del Rey. En primer plano, Manuel Chaves, Presidente de la Junta de Andalucía, y Magdalena Álvarez, Ministra de Fomento.

  El Rey premia la labor de José Manuel Dorado

 

 

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Venga a Ronda para probar fortuna

 

Un multimillonario tranquilo. El rondeño de la barriada de San Rafael,  según parece, la lotera ha dado fe de ello, recibió la buena nueva de la lluvia de millones (16, sin contar la parte proporcional que se llevará el ministro Montoro) como si con él no fuera la cosa. Sangre gorda se llama a eso y también perfecto dominio de las emociones. El afortunado ganador del colosal premio de la Primitiva  no pareció que hiciera saltar  de júbilo al comprobar la mareante cifra que le había llegado del cielo.

    En el punto de venta donde lo adquirió fue comprobando sin palidecer ni quedarse mudo por el asombro que los aleatorios números que él fue poniendo en el boleto y que su pensamiento le iba dictando habían sido los que coincidían con los que salieron, uno por uno, en el transcurso del sorteo en cuestión. El mismo, junto a otros, que cuenta cada vez con más adeptos, quizás porque en los juegos de azar como éste hay infinidad de gente que deposita la ilusión de salir de tantas dificultades económicas como las que nos abaten a diario. La lotera, que no sabe en sí de gozo, constató la impasibilidad del afortunado cliente, desde ahora un “solterón de oro” (cuenta poco más de 45 años) al que se lo disputarán las novias.

   Ronda, desde tiempos atrás, ha gozado de dispensadora fecunda de premios en cualquiera de los sistemas de loterías y sorteos que responden a una u otra denominación. La ONCE, el Bonoloto, la Primitiva, o la Lotería Nacional que se  expide en décimos con mucha frecuencia han mostrado su cara benévola en la ciudad. Muchos son los afortunados en los últimos meses. No es raro que se oiga al pie del autobús de turno que desde los pueblos de la Serranía conducen a Ronda –los entrañables Amarillos – que alguno haga el encargo al familiar antes de la salida: “Que me compres un cupón de los ciegos en el quiosco de la estación, ¡que no se te olvide!”.

   Por esta razón, que deberá tener en cuenta, tiente a la suerte en la ciudad del Tajo, que si siempre se mostró generosa, parece que ahora lo hace con mayor intensidad. Ronda, alta y fuerte…y venturosa.

F oto: Pueblos de España

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Beligerancia por los accesos a Ronda

 

 

 

Beligerancia por los accesos a Ronda                                                (serranía,.com)

 JOSÉ BECERRA

La alcaldesa de Ronda, Mari Paz Fernández, como no podía ser de otra manera,  tiene sus defensores y detractores en la ciudad. Hay quien aprueba a la regidora con denuedo y hay quien con ahínco lanza diatribas contra su gestión. Pero esto no puede  sorprender a nadie porque es el pan nuestro de cada día en la vida política a cualquier nivel. Admitamos que hay cosas que hace bien y asuntos que no acaban de suscitar el beneplácito general de la población. Como decimos en los pueblos de la Serranía “quien tiene boca se equivoca “, y de este aserto no se escapa nadie, mucho menos los políticos, los cuales no pocas veces acaparan desafectos de la ciudadanía.

   Hay un adagio  para justificar las acciones de los gobernantes a la hora de enjuiciar su gestión: “La política es como patinar sobre ruedas. Se va en parte a donde se desea, y en parte a donde le llevan a uno esos malditos patines”. Así que se impone ser indulgente con los regidores  que en cada ocasión nos rigen, incluidos los alcaldes de grandes y pequeñas poblaciones, cuando algo no se culmina con la celeridad y la satisfacción de la gente de a pie o de la más encopetada.

  La alcaldesa  de Ronda se ha puesto al frente de una especie de cruzada municipal para recoger firmas con las que urgir a la Junta de Andalucía a que de una vez por todas se ponga punto final a los accesos de la ciudad, los cuales duermen el sueño de, iba a decir de los justos, pero viene mejor al caso el de los injustos: la conclusión del proyecto se difiere en el tiempo pese a las requisitorias formuladas reiteradamente. Ni por esas.

   Así que sin tapujos ha anunciado que  endurecerá la protesta con la voz en grito de los ciudadanos y las acciones de fuerza pertinentes que en estos casos sueles rendir resultados satisfactorios, a saber protestas y manifestaciones, entre otras fuertes medidas de presión.

  Las autoridades rondeñas sueñan tiempo ha con que Ronda reciba de la UNESCO la denominación de Ciudad Patrimonio de la Humanidad, un título merecido por la cantidad ingente de monumentos naturales y debidos a la mano del hombre que encierra dentro de sus antiguas murallas. Vienen pleiteando con ardor por conseguirlo, hasta ahora sin lograrlo, pese al reconocimiento de la valía de la ciudad dentro y fuera de las fronteras del país.  Y  tanto empeño merece el premio del organismo europeo. Pero se han de conjugar muchos elementos, entre ellos que los accesos que llevan hasta el meollo de la ciudad sean los más adecuados y signos, un requisito que nos antoja imprescindible.

  La beligerancia de la alcaldesa, su firmeza,  y las más de las 4.000 firmas que la secundan avalan la demanda formulada a la Junta para que se retomen las obras de los accesos, pero para terminarlos de una vez sin más dilación. ¿Llegará el clamor hasta la presidenta,  Susana Díaz, que en sus discursos tanto insiste en remediar situaciones adversas y contrarrestar la desafección que por lo general infunde la casta política hoy día al común de los mortales? Durante su discurso institucional en el acto conmemorativo del Día de Andalucía, apostó por la práctica de políticas ejemplares, ajusteras y transparentes”, comprometiéndose a renglón seguido a seguir una política  encaminada “arreglar los problemas” de los ciudadanos.

  Ronda y su gente presentan un serio problema con los accesos, y son  merecedores que se les tienda la mano, algo que redundará en beneficio de los rondeños  y de rebote en el conjunto del ámbito andaluz.

 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.