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Categoría: Ronda
El Puente Nuevo de Ronda en el punto de mira

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El Puente Nuevo de Ronda en el punto de mira

Vienen levántandose voces encrespadas contra los cortes que está sufriendo tan emblemático monumento rondeño por parte de quienes se quedan a uno de sus laterales sin posibiidad de llegar al núcleo de la población por la prohibición de circulacióm rodada a efectos de preservar las obras realizadas en su colosal estructura. La última manifestación en contra de la decision del tripartito de llevar a cabo actuaciones tanto en el Casco Histórico de la ciudad y en el Puente Nuevo reunió a varios miles de rondeños clamando por su derogación. Miembros ejecutivos de partidos politicos de la oposición en el Consistorio- APR, PP y Ciudadanos- participaron en la protesta sumándose el sentir ciudadano que de manera generalizada se opone a las providencias adoptadas por parte de la corporación municipal.

No entramos en la decisión de prohibirse el paso de vehículos por el Puente a tenor de lo dispuesto por mandatarios del Ayuntamiento: tendrán sus razones que responden, es de suponer, a la idea de preservar en lo posible tan singular monumento. Tampoco suscribimos en su integridad los motivos de quienes se oponen a que se les aisle del resto de la ciudad, pero si es justo reconocer que se impone un entendimiento entre ambas partes en litigio para que la decision final no suponga un quebranto ni para la integridad de tamaña obra arquitectónica ni para el regular transcurso del día a día de la ciudadanía.

Pero toca hablar del Tajo y su construcción ahora que está de plena actualidad. Hay que resaltar su profundidad (alrededor de 100 metros) como resultado de la acción erosiva del río Guadalevín, patente desde épocas pretéritas, posiblemente antediluvianas, sin olvidar la avifauna que nidifica en la angostura aprovechando las escabrosidades sinuosas, sobre todo (y son certezas de ornitólogos de prestigio), como cernícalos, halcones peregrinos, búhos reales y otras especies que se encuentran a gusto y seguros en las oquedades profusas que el singular espacio les ofrece.

 El Tajo, colosal hendidura que labró el río en la roca viva durante el transcurso de siglos, quizás de milenios, como digo,es el distintivo que con mayor propiedad refleja la imagen que de Ronda se tiene aquí y allende fronteras. Y sobre él, silueteando el zigzagueante cauce del río, que busca ansioso el caudal del Guadiaro,el Puente Nuevo, cabalgando con soltura y despreciando la levedad del espacio.

Tajo y Puente, postal fiel que refleja la cara de una ciudad que resulta ser una de las cuatro más reputadas en el panorama variopinto de las ciudades de Andalucía.

Han transcurrido más de dos siglos, años más años menos, desde que el Puente Nuevo de Ronda se abriera al público. Un colosal monumento fruto de la conjunción entre lo natural y la ingeniería del siglo XVIII, que ha sido  desde entonces la estampa  más reproducida en folletos y libros que centran sus páginas en la “Ciudad Soñada” de Rilke, en cualquiera de sus manifestaciones artísticas, culturales o históricas. Es el buque insignia de la ciudad, como asimismo dela Serraníaque de cerca la acompaña y la  corteja.

El  Puente Nuevo, de tan magníficas trazas,  además de dividir el caserío rondeño sirve de referente a las sierras que desde él se otean como  contrapeso a las moles de caliza  y espesa vegetación que las componen.  La piedra trabajada con esmero hasta dar forma a una grandiosa obra del hombre,  y como equivalencia,  las lajas, el roquedo, tal como se configuraron tras los  movimientos  telúricos y la erosión  de milenios en la noche oscura de los tiempos.  Profundidad casi insondable y elevaciones pétreas igualmente recónditas, amalgama que sirve a Ronda y su Serranía mítica como abanderados de su fisonomía en medio mundo.

No es casual que los grandes sillares, armónicamente dispuestos que se elevan y soportan el perfil del puente y su atrevida arquería sobre el impresionante vacío, que como todo lo abismal, sobrecoge y suspende el ánimo, haya sido escogido como la estampa que mejor define a la ciudad y una región. La obra del arquitecto turolense, afincado en Málaga, Martín de Aldehuela, brinda el mismo poder evocador que espolea las imaginaciones cuando desde otras fronteras o límites geográficos añoramos o revivimos encuentros con otros lugares. El Puente Nuevo nos retrotrae a Ronda, como igual lo hacen a sus ciudades en las que se erigen el Cañón del Colorado, el Machu Pichu de Cuzco,  el Coliseo de Roma, el Acueducto de Segovia o la Mezquita de Córdoba.

Y por añadidura, permítanme copiar una exclamación un tanto procaz que es proverbial entre quienes por primera vez se adoman al impresionante tajo natural: “ ¡Coño, que alto está esto”. Con perdón por mi parte.

 

 

 

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Arrieros rondeños (un pasado sugestivo)

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Arrieros rondeños (un pasado sugestivo)

José BECERRA

Desaparecieron los arrieros de los senderos y trochas aptas solo para cascos de acémilas en la Serranía de Ronda. Años ha, arreados por sus dueños a través de caminos imposibles fueron aquéllos artífices de estampas bucólicas ahora desaparecidas. Resultan ineludibles las imágenes ya trasnochadas para recrear escenas adscritas con propiedad al movimiento romántico, que como tal nos transporta a épocas pasadas capaces de remover sentimientos y emociones pretéritas. Se reverdecen fragmentos históricos de una época rondeña y serrana que no conviene olvidar, por cuento habla de un pasado y unos usos que fueron, si no decisivos, sí substanciales para el desarrollo de la comarca hasta mediado el pasado siglo.

Se celebró días atrás la V edición de la Ruta Arriera “Serranía Romántica” en Ronda, la cual nos dejó ese regusto por lo que antaño fueron caminos transitados por reatas de burros cargados con las más heterogéneas mercancías –trigo, garbanzos, mosto, harina… -, conducidos por muleros – que también así se les conoció- habituados a caminos imposibles. Un oficio éste que data de tiempos tan remotos como la Edad Media, época en la que el oficio era cultivado por moriscos, y que luego, fueron reconocidos, según apuntan los cronicones antiguos, por las reglamentaciones de los Reyes Católicos, como servidores de la intendencia en las campañas bélicas del momento.

¿De dónde procede el nombre de arriero? Si ojeamos el diccionario de la Real Academia comprobamos que el término se acuñó a partir de la interjección “¡arre!” que fue el empleado hasta nuestros días para estimular el paso del cuadrúpedo cuando se muestra cansino. Ya en pleno tránsito por senderos enriscados de montañas la reata de bestias marcha en cordón, siguiendo dócilmente a la que va en cabeza, la más avezada en caminos.

El arriero que se precie de tal ha de ser entendido en albardas (manta que cubre el lomo del jumento), atajarres (correa para uncir la cola), cinchas, jáquimas o boqueras, entre otros arreos que facilitan el soporte de la carga y aligeran su paso. Hasta incluso puede ser un acicate para alegrar la marcha que el arriero de turno entone alguna cancioncilla alegre que haga despabilar de momentáneos letargos a la caballería y retome su andar gozoso.

Los arrieros rondeños reverdecen ahora, cada año, un trozo de la historia de Ronda, que fue sustancial y que nos devuelve escenas finiquitadas para alborozo de quienes las vivieron y contento de quienes ahora la contemplan como retazos de escenas añejas pero que hablan de un pasado altamente sugestivo y evocador.

(No soy autor de la foto. Es de “moriscos”

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Piscinas por doquiera en la Serranía

Piscinas por doquiera en la Serranía

JOSÉ BECERRA

Ha sido una solución suscrita por los alcaldes y los miembros de las corporaciones municipales de buena parte de los pueblos que aglutinan el ancho y árido solar de la Serranía de Ronda. Una demanda que no se podía  desatender dada las caracteristicas de la comarca que propiciaba veranos largos y calurosos, circunstancia que forzaba  a  su gente  a soportar soles de justicia sin un remanso de paz y frescura que les aliviara. Los ríos Guadiaro y Genal, ya no son lo que eran: bajan sus aguas pobres y escasas corriente abajo y dejaron de ser factibles para baños  los “charcos” en los que era posible solazarce siquiera fuese por unas horas décadas atrás. ¿Quién no recuerda por estos lares los domingos transcurridos a orillas de esos ríos hoy menguados de caudal pero entonces limpios y caudalosos?  Y aquellas comilonas celebradas en sus orillas bajo la sombra de una chopalea, una higuera o de espesos juncos, ¿a quiénes se les olvidó?

Reliquias de  un pasado  que perdura aún son los baños en la famosa Cueva del Gato asomada al con justicia llamado Charco Frío, a tenor de la temperatura tan gratificante en veranos tórridos como el que atravesamos, y de la que disfrutan los vecinos de Benaoján y, por supuesto, de foráneos que hasta aquí llegan atraidos por el placentero  microclima que las maravillas de la piedra esculpida por la magia de la Naturaleza  y las gélidas aguas aunadas  les ofrecen.

Pero no todos los pueblos de la comarca en los que el bochorno reina en estos días pueden disfrutar de tan  gratificante y natural  paraje, así que se echó a mano a las piscinas que han proliferado como las margaritas en mayo. Montejaque, Pujerra,   Jimera de Líbar, Alpandeire, el propio Benaoján, entre otros municipios serranos encastillados en terrenos irredentos de secano peremne en los estíos agobiantes echaron mano a las piscinas como feliz remedio para alegrar la vida a pequeños y mayores y hoy por hoy forman ya parte del paisaje que circunda a cada uno de ellos. A falta de pan, buenas son tortas, parece que piensan los que que se vieron alejados de las dos vías fluviales que, por su curso sensiblemente aminorado y no todo lo limpio que fuera de desear y las  parquedad en alegres torrenteras que hicieron, como digo,  años atrás  las delicias de la vecindad, recurrieron a  las piscinas que ahora son lugar de encuentro familiar y amistoso para el relax y el buen yantar.

Están a su alcance visitando este territorio serrano paisajes de montaña insólitos, pueblos blancos cobijados, ya en las laderas de las sierras, ya en sus empinadas crestas y cumbres que desafían al cielo con ánsias de horadarlo, por no mencionar lugares que figuran por erecho propio en los anales de la prehistoria, tales las cuevas de la Pileta o del Gato en el término municipal de Benaoján. Ésta última un milagro de la piedra labrada por la naturaleza y la torrentera merced  las aguas impetuosos de río Campobuche o Guadares que a morir viene en las riberas de su hermano mayor el Guadiaro, que le espera aguas abajo. En medio, un charco de frías aguas, limpias como espejos, que propician el más placentero de los baños al lado del sequerral abrupto reinante a su alrededor.

Así que no obvien su excursión al interior de la provincia por su sequeral inmanente porque siempre es posible gozar de paisajes tan intrincados como fascinantes, caso de la Serranía de Ronda,  y al mismo tiempo darse un chapuzón en culquiera de las pìscinas que hoy por hoy abren sus puertas cada día para regocijo de propios y extraños en los pueblos desperdigados por tan emblemático  solar del sur peninsular.

Y para poner la guinda al disfrute de unos días placentero tierras adentros, lejos de playas atiborradas y ciudades tumultuosas, están esas piscinas que los consistorios respectivos han cuidado hasta el último detalle para el deleite de los visitantes.

 

 

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El Hospital de Ronda continúa ralentizado

 

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El Hospital de Ronda sigue continúa ralentizado

Ya sabemos que a expresión “velocidad de crucero” en el argot marítimo  significa que el navío opera y avanza con máxima eficiencia. Se aplica el término, como saben,  en cualquiera otra faceta de la vida social, económica y de cualquiera otra índole cuando las cosas van bien y como era de esperar en su transcurso después de iniciado el arranque. Algo que a juicio de la parlamentaria andaluza del PP  Esperanza Oña, en su día alcaldesa de Fuengirola, no reconoce en lo que toca al Hospital de Ronda, recién iniciada su andadura,  y así acaba de exponerlo, sin pelillos en la lengua, en un pleno del Parlamento Andaluz. Tildadas de ridículas las carencias del Hospital en cuestión, Oña ha recalcado que “no serán tan ridículas cuando muchos medios de comunicación así lo han reconocido y no han tenido reparos transmitirlos”.

    Es de suponer que  Oña habla con conocimiento de causa y que se habrá previamente cerciorado de que sus críticas responden a la realidad en cuanto acontece respecto al recién inaugurado Hospital que ha costado Dios y ayuda para que abriera sus puertas definitivamente, de otra manera hubiese estado callada y habría que considerar como una pataleta el meollo de sus cuestiones que no es otro que el de poner en evidencia el despropósito de la consejera de la Junta, Marina Álvarez, a quien increpa por tachar de impropias las quejas que afloran entre los usuarios del flamante centro.

   Todo apunta a que se hacen oídos sordos y que desde la Junta se vanaglorian de la salud pública andaluza pero justo es reconocer que en lo que toca al Hospital de Ronda todo apunta a una parálisis, creo que nunca mejor empleada la expresión, que le impide avanzar sin rémoras en el cumplimiento de sus fines. Alude Oña que no son” eslóganes presuntuosos” lo que los rondeños necesitan sino el reconocimiento de los errores y la “presentación de soluciones”. Habla de deficiencias tales como la imposibilidad de que se pueda reconfortar con una bebida tonificante a quienes ingresan después de las 9 de la noche, o que se siga suministrando las comidas a los pacientes cocinadas en el antiguo hospital, o que permanezca la iluminación durante el día y la noche, entre otras deficiencias que hospitalizados y profesionales del centro denuncian y que, por lo visto, se echan en saco roto por parte de la Junta.

     Muchas esperanzas mantuvieron  rondeños y  habitantes de los pueblos de la Serranía en el nuevo Hospital, y es de esperar que se ponga coto a tamañas deficiencias que obran en detrimento de quienes se ven obligados a solicitar atención, cuidos y curas de sus males. Su marcha ralentizada exaspera.

    El barco del Hospital en muchos aspectos sigue sorteando escollos sin llegar felizmente a buen puerto.

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Alzando la copa con los vinos de Ronda

Alzando la copa con los vinos de Ronda

JOSÉ BECERRA

El Centro Integral del Vino de Ronda se ha revestido de galas en estos días para albergar los caldos que las bodegas de la ciudad – más de una veintena – ofrecen para su cata a todos quienes no hacen remilgos a la hora del paladeo de una bebida que alguien, con muy bien criterio, llamó “néctar de los dioses”.

Se trata de promocionar con libaciones ofrecidas a propios y extraños la calidad del vino rondeño, su sabor y bouquet que cada día gana más adeptos. Las catas las disfrutarán doctos en vinos y púbico en general que no hacen melindres  a la ofrenda de una copa ya sea en las comidas ya en los momentos distendidos a los largo del día.

   Los vinateros de Rondan decidido arrimar el hombro a su propia industria y reman todos en la misma dirección. Loable empresa que ha de redundar en el bien del sector. Si se exaltan los vinos rondeños y la denominación de origen propia es cimentar el marchamo de calidad que los caldos rondeños merecen a todas luces.

    Resulta un deleite escribir sobre el vino.  Notamos como las ideas se deslizan en el intelecto  con mayor fluidez y euforia al tratar del  mosto fermentado, esa sustancia nos atreveríamos a decir que  casi divina, si pensamos que forma parte ineludible en el ceremonial religioso cristiano. A narradores, poetas y epigramistas   sirvió  como fuente   constante de inspiración. Mitiga el dolor – el del cuerpo y el alma – traba firmes amistades y sirve como vehículo precursor  de  los juegos amatorios. Y, por si fuera poco, las libaciones moderadas activan nuestras papilas adecuándolas para otro placer, que le pisa los talones: el de la mesa.

   El vino está de moda. Sobre todo el vino que consumido con mesura y como acompañante de manjares, a los cuales enaltece su sabor en grado sumo. “Aviva el ánimo y predispone para la relajada conversación”, como apuntaba  el gastrónomo y sibarita Nestor Luján,   sabedor como  pocos de las placenteras sensaciones que estimula. Del prudente consumo solo lo grato puede esperarse, y de cualquier asunto en el que medie, es presumible que se alcance el éxito, ya sea referido a negocios, a celebraciones familiares, o como, digo, al amor: todo adquiere nuevos tintes cuando se filtra con las tornasoladas transparencias del caldo, colmadas de complicidades.

   Y por si estas virtudes que los enólogos resaltan fuesen pocas resulta que, además, como no se empachan de afirmar profesionales expertos en nutrición y sesudos estudiosos de la medicina, proporciona salud y alarga la vida. Vienen a detallar que tonifica las arterias, despejando sus intrincados circuitos, y regula el colesterol, ese solapado enemigo que acecha en silencio nuestro sistema cardiovascular para proporcionarnos serios disgustos. ¿Se pude pedir más?

  Uno ya lo venía sospechando. Recuerdo cómo en mi pueblo natal, chacinero y floreciente él, inmerso en las fragosidades dela Serranía de Ronda, me preguntaba sobre la sorprende longevidad de algunos vecinos, muy aficionados a este néctar de los dioses de forma comedida. “Esto es sangre de cristo, y da la vida”, venían a decir. Y a fe que parecía verdad por la rebosante salud de la que hacían gala. Que recuerde, nadie de los que se acercaban con asiduidad  al altar de Baco, si, además supo renegar a tiempo del tabaco,  dejó este mundo por patología isquémica  o ictus cerebral, tan de modo hoy por desgracia.

   Me viene a la memoria un honrado posadero benaojano quien presumía de haber llegado a los 95 años de edad merced a su desayuno diario: un mendrugo de pan de leña, un trozo generoso de tocino con vetas carnosas y un buen vaso de vino tinto. En realidad mi longevo y afable vecino secundaba  las recomendaciones de Antonio Machado, el excelso poeta andaluz de la generación del 98: “Con pan y buen vino se hace el camino”.

   Viene a cuento la elucubración sobre los beneficiosos efectos del vino porque observo cómo  en Ronda la enología acopia adeptos cada día. Se ha convertido en objeto de estudios universitarios por los más  jóvenes. Desean hacer de ella una profesión. Que haya gente interesada en ocuparse de que los deliciosos caldos continúen llegando sin menoscabo de sus virtudes – aroma y sabor – hasta nuestras mesas no deja de ser gratificante.

   La conjunción resulta perfecta teniendo en cuenta que la riqueza vitivinícola rondeña se encuentra en pleno apogeo y se recupera en los últimos años un pasado esplendor merced a la mejor preparación de los bodegueros y a la mayor preocupación de la Administración Pública por su regulación.

 

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Ronda Romántica, hechizo de la vuelta al pasado

 

 

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 Foto:Diario SUR

Ronda Romántica, hechizo de la vuelta al pasado

JOSÉ BECERRA

 Se abrió la V edición de Ronda Romántica y para ello se tuvo la suerte de contar con el actor Manuel Bandera para pronunciar el pregón de apertura ataviado a la usanza que requería el caso: a la bandolera, como el resto de los que se reunieron en el Convento de Santo Domingo para dar el pistoletazo de salida al evento.

   Si la Real Feria de Ganado de Mayo es la de la exposición intensiva de ganados y las transacciones consiguientes con el tira y afloja consiguiente entre el que compra y vende dando pie a unas imágenes que hablan por sí solas de la reciedumbre de estas transacciones a plein air,  o sea en mitad del campo, cuando no a la sombra de un tabuco en los que paladear un vinillo serrano que alegra y aligera el habla contumaz tanto del que vende como el del que compra, la que conmemora la Ronda Romántica persigue otros fines e intervienen otros personajes no menos interesantes y que vienen dando lustre a la historiografía local  de los dos últimos siglos. Se celebra sin solución de continuidad a la ganadera, cuando no se entremezcla con aquélla y los actos de una y otra tienen lugar al  unísono para regocijo de quienes se aproximan a  la ciudad del Tajo durante los finales días de mayo. Este año desde el día 25 al 28, para más señas.

   Bandoleros y  arrieros, ataviados a la antigua usanza, recordarán a los   que animaron los inextricables caminos de la Serranía de Ronda de antaño. Vestidos a la antigua usanza, prestarán color y prestancia  a una feria, que junto a la ganadera coloca a la ciudad con preferencia en el candelero de las festividades que en el mes de mayo afloran   a lo largo y ancho de la geografía española. Se exalta la figura del Majo Rondeño que recupera la vestimenta del siglo XVIII en un alarde de reverdecer lo genuinamente español y la indiferencia de las modas que nos venían del exterior. Una reacción casticista a las indumentarias ajenas y de exaltación de las propias, la cuales se extendieron por todo el solar andaluz como una eclosión que tuvo como epicentro la Serranía de Ronda y el Campo de Gibraltar.

   En las  señas de identidad de la Serranía de Ronda, tan extensas ellas como determinantes de la idiosincrasia de sus pueblos, figuran con preeminencia la figura del bandolero decimonónico. La particular orografía de la región, abrupta y poco transitable, facilitó la existencia de quienes perseguidos por la justicia buscaron en sus recovecos protección para sus borrascosas vidas.  Por aquí deambularon figuras tan tristemente célebres como José Ulloa “Tragabuches”, Juan Mingolla “Pasos Largos”, o José María “El Tempranillo”, que aquí comenzó sus andanzas antes de dar el salto a Sierra Morena para formar parte de la célebre banda  “Los Siete Niños de Écija” que  camparon a sus anchas por toda Andalucía.

   Los escritores románticos quedaron anonadados con la contemplación de “estas tierras grandiosas”. Coinciden en afirmar, trasladando a los lectores esta apreciación, su atractivo peculiar y les invitan a que vengan a visitarla no importa desde qué rincón de Europa. Fue el suyo un regalo descriptivo que nunca agradeceremos bastante. Desfiladeros imponentes y majestuosas sierras no les asustaban, sino que como afirma la viajera Madame de Suberwick (que también hubo damas viajeras que se dejaron ganar por el bravío paisaje que contemplaban), afirmó que “parajes más que asustarle le cautivaban”. De la misma opinión es Richard Ford, posiblemente el viajero más conocido por sus antiguas guías de viaje por España.      

    Ronda, que tiene mucho que ofrecer, ahí están los monumentos naturales – el Tajo, símbolo que la catapulta tanto al interior del país como allende fronteras – como debido a la mano del hombre- Puente Nuevo, vetustos conventos, suntuosas iglesias, palacios y casas solariegas cargadas de años e historia… – solo tendrá que poner en juego sus encantos para que lleguen a todas las latitudes.

  Con un valor añadido, el del interior comarcal – pueblos blancos alineados a lo largo y ancho de la Serranía- cuyo mérito se está poniendo merecidamente en valor y que obran como acicate a las miradas tanto del interior como exterior de nuestro suelo patrio. Tradiciones y hechizo no le faltan.

  

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.