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Categoría: Ronda
La Real Feria de Mayo de Ronda y el valor de la palabra

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La Real Feria de Mayo y el valor de la palabra

JOSÉ BECERRA

Bulle Ronda desde sábado día 19 al  lunes 22 de mayo. Esplendor en la Ciudad del Tajo que en estos días es centro de la atención y confluencia de gentío de todos los puntos de la provincia malagueña y no de pocos desde el resto de Andalucía. Los acontecimientos festivos se sucederán sin solución de continuidad en estas jornadas. Que esta feria en el meollo de la primavera tiene mucho que ofrecer, no es una exageración sino una realidad tangible.

   Aquí  la venta de productos genuinamente elaborados en la comarca rondeña, amén de la exposición de artículos artesanales del buen comer y beber- los embutidos y la cerveza artesanal –  que hablan por sí solos de las tradiciones culinarias que proceden de los ancestros de la región y que son celebradas en medio mundo; allí, la muestra de reses pajunas, raza autóctona de las sierras andaluzas, y la cabra payoya, originaría (de la Sierra de Grazalema y de la Serranía de Ronda (Montejaque y Benaoján), pueblos éstos que se consideran  cuna de la raza,  o el cerdo rubio andaluz, que proporciona, previo tratamiento y elaboración de sus carnes en chorizos y  morcillas de acrisolada fama.

     Del resto de los actos  y exhibiciones que se sucederán a lo largo de estas jornadas en las que Ronda se alza con brillo propio – lucimiento de las damas goyescas, doma vaquera, música en directo…- me quedo con la efervescencia  del mercado de ganado, meollo del singular festejo.

   Ni documento alguno ni intervención de escribano. Entre el comprador de un caballo toldo, una yegua de pelaje  rucio o un asno mohíno solo se alza la diligencia del tratante de ganado  que media entre las aspiraciones del vendedor y las pretensiones del comprador. Son los tres protagonistas únicos del `trato´, mediante el cual el animal de carga o montura pasará de unas manos a otras en un pispás. Sobran los escritos,  a excepción de la guía expedida por el veterinario de turno y que recoge las características del cuadrúpedo en venta, la cual  que pasa de unas manos a otras, cuando ya el precio está  ajustado y  los dineros se traspasan al bolsillo del vendedor.

   Con el ronzal en la mano, el comprador  puede disponer a su antojo del rocín o la acémila adquirida. La tradición popular se mantiene después de más de 500 años, nada más recoger sus bártulos la media luna y huir en polvorosa merced a las huestes de los Reyes Católicos que reconquistaron por entonces el lugar serrano. En el mercado renacentista que sucedió al netamente medieval no podía faltar la feria del ganado, un elemento que servía a una economía pobre y trashumante.

    Hoy medida con distintos parámetros, llegado el siglo XXI, Ronda celebra su feria ganadera en los días que van del 20 al 22 de mayo, una feria que en esencia  ha variado bien poco. La compra y venta – aquel caballo cuatralbo, aquella vaca lucera -, se sigue realizando al aire libre, sin más techo que el cielo y sin más escenario que el natural de una explanada en donde no es rara la proliferación vegetal.  En el   convenio, vistoso, con innegables trazos policromos dignos de  Madrazo o  Sorolla, manda el tira y afloja (“esto quiero”,  “esto te cuesta”, “esto te doy”) culmina con el apretón de mano, para muchos de mayor validez y garantía que una real cédula.

   De por medio la palabra. Primero la del tratante, carismática, elogiosa y entendida. Alaba sin reservas las cualidades del cuadrúpedo, su pujanza, la fortaleza de su constitución si se ha de destinar a la carga, la firmeza de los  remos, su mansedumbre, la garantía de sus pocos años – para lo que se hurgará en las  quijadas poderosas- o lo lustroso de sus ancas… Para esta ceremonia, cuando a la compra sólo le faltan algunos flecos adicionales,  casi nunca falta la visita a la taberna más cercana, templo en donde se consuma el negocio, al arrimo de un vinillo peleón y unos tacos de queso rondeño o rodajas de chorizo rondeño.

   Sobraron los “papeles”, que esta es una transacción en la que cuenta la palabra. El verbo que  compromete, la expresión de la que se exigirá cuenta si se ocultó la verdad. Al contrario del dicho popular que la palabra se la lleva el viento, aquí es sinónimo, primero del juego que anima la oferta y la demanda del bien en cuestión, y luego   del compromiso firme que cierra una venta.

   Para acabar con el apretón de mano que rubrica un convenio con más   peso para quienes fueron sus protagonistas que la constancia de un letrado. En Ronda se refugia en estos días esta manera de hacer las cosas en una feria que tiene mucho de rito religioso y magia de la palabra dada.

 

 

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Ronda, alta y fría

 

 

Ronda, alta y fría

 

JOSÉ BECERRA

Llegaron las nevadas a Ronda con nocturnidad, pero sin alevosía ya que eran esperadas. Los copos de nieve se descolgaron por la ciudad con las sombras nocturnas y dejaron su bella impronta en la ciudad y en los pueblos de su entorno. El frío intenso se adueña de la comarca como ocurre en el resto de la provincia de Málaga. Se sucederán como es previsible los días gélidos que dejarán una estampa atrayente e insólita en la serranía rondeña y los picos de las sierras se revestirán (ya lo están) con ese manto de armiño característico que tanto aviva las imaginaciones.

   Tal vez no lo haga con  la saña de otras ocasiones, cuando las sierras se teñían de un espeso y níveo manto   y así permanecían incluso semanas. Ahora, puedo que lo haga con timidez avisando que las nieves pueden ir a más si se lo proponen, fruto del frío intenso que por estas fechas suele aposentarse en la comarca de cara a los iracundos vientos  que soplan desde el norte.

   Primero serán los picos de las sierras, macizos escarpados que anteceden a Ronda por la carretera que por San Pedro la une a la costa, los que se revestirán con el blanquecino ropaje. No tardarán en hacerlo, que el invierno envió ya sus heraldos anunciadores bien provistos de adargas y afiladas lanzas que aguijonean la piel y entrecortan el aliento.

   El `Arunda fortis et fidelis` campea en el escudo de la ciudad de Ronda desde que, mediados el siglo XV, cayera en manos de los Reyes Católicos, que pusieron fin por entonces al reino nazarí. Fuerte y fiel, dice bien en letras de oro. Habría que añadir otros adjetivos menos señoriales, pero igualmente certeros. `Ronda, alta y fría´ también describiría a la ciudad soñada de Rilke. Ronda meseteña, erigida sobre la planicie sin proximidad inmediata de sierras o montes que la cobijen o sirvan de valladar al frío norteño. Cuando se deja sentir, fino y lacerante, rasga la piel como fino bisturí y hiela el aliento.

Ponte la bufanda y abrígate bien que en Ronda hace mucho frío”, solía decirme mi madre, solícita  cuando pensaba dejarme caer por la ciudad, años atrás, ascendiendo hasta ella desde uno de los pueblos que ciñen  sus casas a la querencia del Guadiaro. El consejo era necesario y siempre bien recibido. Efectivamente, en días crudos de invierno, en Ronda hacía más frío que en cualquiera otro lugar de la provincia malagueña. Titiritaba uno en el Puente Nuevo, seguía la tiritera corriendo de arriba abajo la calle de La Bola y castañeaban los dientes en la estación de RENFE cuando se disponía el regreso. ¡Dios, qué frío hacía en la estación! Lejos todavía el despliegue de carreteras y la utilización de los automóviles, un destartalado andén y un no menos vetusto tren, prolongaban el frío hasta llegar y refocilarme con el amor del hogar.

   Me vienen estos recuerdos callejeando por la Ronda de hoy, sumida en el frío que abate a la Península por entero. Como era de esperar, aquí, cuando hace frío, lo sigue haciendo de verdad. Lo confirman los noticiarios que recurren a reporteros que se nos aparecen ateridos, sacudiéndose del gorro los copos de nieve, con un trasfondo blanco y el agobio de quienes tratan de conducir por carreteras cortadas. Belleza y atascos, imprecaciones y jolgorio. Cara y cruz de una situación que en Ronda no es rara pero que no deja por eso de impactar.

   El frío relente vaciará la siempre bien concurrida calle de La Bola, en la que hay que recalar cada día, casi por obligación, cuando el tiempo no hostiga. El flagelo del frío arrojará a los pocos que se aventuran a salir hacia el calorcillo de los bares. Nadie se para delante de los escaparates, el vendedor de cupones de la Once busca aterido la complicidad de los vanos de las puertas y el  de menudencias vegetales, que ya forma parte, por su asiduidad al mismo sitio, de la imagen de la transitada calle, maldice el día y levanta el tenderete con prisas y corriendo. Nadie en el estanco de Marcos Morilla, el fiel referente de la vía desde más de un siglo a esta parte.

   Ronda desafía a la ventisca a pecho descubierto. No tiene muy cerca, ya digo, las sierras que abrigan a los pueblos próximos. Le cogen lejos las escarpaduras de las sierras de Grazalema; el escudo de Tavizna que protege a Montejaque; las de Juan Diego que acunan a Benaoján, o los Alcornocales que mitigan el acoso gélido en el Cortes de la Frontera señorial. Se alza Ronda soberbia en su meseta y paga cara su arrogancia cuando arrecia el temporal y campea el cierzo sin trabas ni componendas.

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El nuevo hospital de Ronda a trancas y barrancas

 

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El  nuevo hospital de Ronda a trancas y barrancas

José Becerra

No acaba de arrancar el nuevo hospital de Ronda. Hace tiempo que escuchó el “levántate y anda”, pero sigue lánguido y postergado. Está en manos de la Junta y en concreto de la Consejería de Salud quien determine la licencia de primera ocupación y, por ende, el plácet para que con instalaciones justifiquen de una vez por todas las necesidades  para las que fueron creadas años atrás. Desde el Consistorio, el delegado de Obras y Urbanismo, Francisco Márquez,  ha señalado algo así como que la pelota está en el tejado de la Consejería de Salud, de quien se espera la última palabra al respecto. “Qué largo me lo fiais”, que dijo el clásico.

Se está, pues, a la espera, una vez que el Ayuntamiento ha dictaminado el final de las obras, incluidas las del acceso- un serio tropiezo, que parece haberse solucionado con su adecuada construcción- y las de las oportuna electrificación y saneamiento, condiciones sine qua non para que el nuevo centro sanitario abriera sus puertas definitivamente, se autorice su traslado al lugar definitivo, lo que va exigir una nueva espera. La Consejería de Salud estima en  12 semanas el plazo para que el funcionamiento pleno se verifique. Cuatro meses, o sea, para que los rondeños y serranos de los pueblos limítrofes puedan ser atendidos debidamente en las flamantes instalaciones hospitalarias.

Con todo, una cuestión candente sigue sin determinarse adecuadamente: el paso de peatones que permita el fácil acceso soterrado al centro en cuestión. Será la Diputación quien deberá aportar la financiación requerida. Algo en lo que  confía el Ayuntamiento rondeño, pero que todavía está en el aire ya que la administración supramunicipal no ha dicho esta boca es mía al respecto. Una nueva espera que habrá que afrontar con la resignación a la que ya  estamos acostumbrados.

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Mano tendida al yacimiento de Acinipo

 

Mano tendida al yacimiento de Acinipo

El pacto entre el Partido Popular y Ciudadanos está arrojando mejoras que los ciudadanos no tenemos por menos que agradecer. Los socios del partido que lidera Albert Rivera no se conforman, empero, con este entendimiento con los populares y van más allá seguros como están que las huestes que comanda Rajoy le echarán una mano cuando ello sea preciso: van por su cuenta en el reclamo de acciones que, por ejemplo, tratan de impulsar antiguas reivindicaciones a las  que el POSE venía haciendo oídos sordos. Po ejemplo, la de la necesidad de poner en valor el yacimiento de Acinipo, que de manera evidente coadyuva al engrandecimiento de las señas de identidad de la Ronda milenaria.

El más claro exponente del asentamiento de Roma en el territorio que hoy responde al nombre de Ronda, fue la ciudad de Arunda, y a muy escasa distancia la de Acinipo, cuyo teatro nos retrotrae a la época de máxima expansión del imperio nacido en las orillas del Tiber.
Antes, en el mismo lugar o en las cercanías donde la ciudad se abre a la curiosidad de propios y extraños sentaron sus reales los celtíberos, una conjunción de pueblos celtas e íberos. También Tartessos tuvo sus ramificaciones en el lugar, un pueblo a caballo entre la historia y la leyenda que basó su economía en la agricultura del olivo y la vid, por lo que los historiadores que discrepan en cuanto si hollaron o no las tierras rondeñas – su asentimiento principal fueron las actuales provincias de Huelva y Cádiz, pero que extendieron hasta el sur peninsular, llegando hasta en norte de África, por lo que no hay que desdeñar su paso por las que sería el ámbito geográfico rondeño – sí están de acuerdo en que fueron los que impulsaron el desarrollo de este tipo de plantaciones, a las que Roma sacó tanto provecho. El vino y el aceite hispano que las familias nobiliarias se disputaban en la metrópolis.
Roma aprovechó calzadas que cruzaban la península de norte a sur, y que han servido para el trazado de las carreteras actuales, y lo mismo hizo con los poblados que encontró a su paso. Es el caso de Acinipo, al que le cupo el honor de recibir el espaldarazo de Vespasiano, el cual le otorgó el derecho latino, emparejándola así con poblaciones como Córdoba y Sevilla. Una floreciente población de cuya importancia habla elocuentemente la construcción del teatro, cuyos restos han llegado hasta nuestros días. En muy lamentable estado, hay que reconocerlo, a causa de la desidia de políticos locales que no movieron un dedo para prestarle la atención debida dado su indudable significado histórico.

Ahora, el parlamentario malagueño de la formación naranja Carlos Hernández, acaba de anunciar una enmienda aprobada por la Junta de Andalucía en sus presupuestos para el año que acaba de asomar sus barbas, mediante la cual se destinarán 150.000 euros para poner en valor tan legendarios restos, de manera y forma que sean accesibles al turismo sin las  trabas que hasta ahora sufrían. Tales medidas “redundarán en bien de Ronda, Málaga y la comunidad autónoma andaluza”.

Llega tarde el reconocimiento, pero como dice el refranero popular, siempre tan sabio, “ más vale tarde que nunca”.

 

 

 

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Actos vandálicos en Ronda

Las manadas de indeseables que atentan contra los elementos arquitectónicos y de recreo y que son objetos de admiración por la gente de conducta normal y honesta vuelven a hacer acto de presencia en Ronda.

Esas fieras abyectas que pululan por las ciudades a su libre albedrío vienen dejando para nuestra rabia y consternación muestras de sus fechorías en parques y jardines. Con nocturnidad y alevosía quizás, pero en cualquier caso aprovechando la ausencia de testigos que podrían evitar sus desmanes o denunciar su proceder ignominioso, vienen dejando en la ciudad su impronta de desalmados con harta frecuencia.

Lo último, el destrozo de la figura escultórica levantada en una de las fuentes que vienen a regocijar el paso y la vista de transeúntes que buscan en la Alameda del Tajo un lugar de remanso y paz. El ángel que se erigía sobre la fontana apareció días atrás a sus pies y demolido. Una inicua acción que viene a demostrar el talante de estos libertinos enemigos a ultranza del mobiliario urbano que no se detienen y hacen objetos de sus fechorías todo aquello cuya presencia puede resultar agradable a ojos de personas de talante correcto y enemigo de fechorías felonas; éstas últimas como santo y seña de desalmados iconoclastas.

Harían muy bien las autoridades municipales en extremar la vigilancia de la Alameda, la cual es admiración de propios y extraños. Un recinto que hace las delicias de unos y otros por ser un retiro carismático para el paseo distendido merced al jardín botánico que encierra, amén de sus vistosas avenidas ajardinadas, y las colosales vistas que ofrece, bien acodado en sus balcones, como  gran atalaya sobre la Hoya del Tajo. En  vemos cómo discurre apaciblemente el río Guadalevín entre farallones imponentes, y en la lejanía la estampa evanescentes y brumosas de las crestas de la  Serranía de Ronda.

Paseando entre acacias y cedros podríamos murmurar entre diente aquello de  “doscientos años os contemplan”, y que resulta improcedente que las autoridades rondeñas no extremen las medidas para salvaguardar tamaña reliquia de los execrables  enemigos de turno que la rondan con impunidad.

 

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Demoras del nuevo Hospital de Ronda y deficiencias en la sanidad malagueña

Demoras en el nuevo Hospital de Ronda y deficiencias en  la  sanidad malagueña

JOSÉ BECERRA

Lo del nombre es lo de menos. Se ha venido discutiendo estos días sobre si hemos de nombrarle como Hospital de la Serranía de Málaga- totalmente impropio – o de la Serranía de Ronda. La disyuntiva tiene su intríngulis pero resulta un mal menor. Ahora lo que importa a los rondeños y los serranos del entorno es que el nuevo Hospital abra sus puertas de una puñetera vez- perdonen el exabrupto – y satisfaga el anhelo de alrededor de 85.000 personas de contar con un centro sanitario capaz de atender sus posibles dolencias.

Ahora se nos dice que no será hasta el primer trimestre de 2017 cuando el Hospital entrará en pleno servicio, una vez finalice el tiempo acordado solo para las consultas externas. “¡Cuan largo me lo fiais, amigo Sancho”!, que dijo el Ingenioso Hidalgo, dando a entender que algo se dilata en el tiempo y no presenta signos de  que se vaya a realizar con premura. Es lo que se barrunta de las declaraciones por parte de responsables de Sanidad de la Junta de Andalucía y que señalan que se avanzará “progresivamente”, de lo que se deduce que están en al aire- ¿hasta cuándo?- el traslado de enfermos.

Elías Bendodo,  ínclito presidente de la Diputación de Málaga, vino a decir días atrás en una visita  a la celebérrima Ciudad del Tajo que el Gobierno  socialista de Susana Díaz” cuando dice que la sanidad (y la educación) son sus prioridades, lo cierto es que desde 2009 se han despedido 7.500  profesionales sanitarios en Andalucía”. No tenemos por qué desmentir al dirigente popular ya que es archisabido que  se han cerrado centenares de camas hospitalarias pese a que la población de la región pese  se ha incrementado de manera exponencial.

Lo que viene sucediendo con el nuevo Hospital rondeño puede ser fiel reflejo del momento que vive la sanidad andaluza en los últimos tiempos. Para desmentir las presuntuosas afirmaciones de la presidenta de la Junta de Andalucía, la socialista Susana Díaz, nos salen al paso críticas severas que atañen a las listas de espera, las cuales sitúan a la región a la cola en el gasto sanitario por habitante. Es lo que ratifica la Memoria hecha pública recientemente por el Consejo Económico y Social (CES, para los amigos), el  cual  sitúa a la comunidad andaluza a la cola del país en gasto sanitario por habitante. Demoledor, ¡vive Dios!, que haya pacientes que esperen medio año para lograr un diagnóstico. Tardanza que no puede por menos de poner en el disparadero la salud del enfermo. Como es el caso flagrante de un enfermo que lleva esperando siete meses para que se le haya una colonoscopia y del que hemos tenido noticias en los últimos días.

Por fortuna, las  denominadas “mareas blancas” están tomando cartas de naturaleza, entre otras provincias de la comunidad autónoma, en Málaga. Ciudadanos y médicos del propio Sistema Andaluz de Salud, a remolque de pacientes que reivindican una más pronta atención en lo tocante a consultas especializadas, pruebas diagnósticas e intervenciones quirúrgicas. No es de recibo, según comentan los facultativos, que se dictamine una dolencia, pero que se tenga que esperar meses para las pruebas precisas que autentifiquen un diagnóstico veraz, o se proceda a la operación pertinente. Y es que lo que se conoce en el argot médico como `alta resolución`, a saber, que al enfermo se le someta a las pruebas precisas para que sea factible un diagnóstico en el  mismo día se ha convertido en pura entelequia. De lo dicho al hecho un gran trecho.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.