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Categoría: Serranía de Ronda
La Serranía de Ronda relega huellas del pasado

JOSÉ BECERRA

En cualquiera otra zona de la ancha España se sentirían orgullosos de poseer en su término municipal un rico tesoro prehistórico y desde siempre lo habrían puesto en valor. No echan en saco roto lo que Cicerón pensaba al respecto un siglo antes de nuestra Era: “La historia… testigo de los tiempos, luz la verdad, vida de la memoria, testigo de la antigüedad”. Pero ya digo, hay lugares, por ejemplo en la montaraz y legendaria Serranía de Ronda, en la que las administraciones públicas pasan olímpicamente de esta premura y arrastran su existencia en el más completo de los olvidos. Hay una excepción que es obligado relatar: existe un tesoro prehistórico a la que se dedica particular atención, y no es otro que la espelunca de La Pileta, maravilla natural para propios y extraños de la morada de nuestros antepasados desde la noche obscura de los tiempos hasta hoy mismo. Pero este cuido se debe a una familia- los Bullón- que se dedican en cuerpo y alma a su conservación, lo que les honra.

En la Serranía de Ronda existen no menos de 20 dólmenes sumidos en el olvido. Ni instituciones públicas ni privadas se ocupan de su conservación. Ahí permanecen desafiando el paso del tiempo, pero sufriendo la incuria de todos y carcomidos por los agentes naturales que acabarán por hacerlos desaparecer, privándonos de testigos antediluvianos de lo que fueron costumbres y ritos ancestrales de nuestros antepasados. Estas grandes mesas pétreas llevaban emparejadas unos modos de vida y unas creencias que los estudiosos del fenómeno coinciden en que no se purde dilucidar. Pero una cosa es segura: mesas de piedras, menhires y dólmenes son los monumentos megalíticos más antiguos de la humanidad y debería ser un deber insoslayable su conservación.

Colosales mesas, altares o tumbas de indescifrable significación al estar al aire libre y sin la menor vigilancia,como ocurre en la Serranía de Ronda, aunque se alcen propiedades privadas son objetos de expolio de ajuar funerario y reliquias que se puede presuponer habían de existir en sus inmediaciones y que podrían venderse al mejor postor. O sea, una cultura ancestral expuesta al antojo de desaprensivos para lucro personal.

En las proximidades del Genal, hermano de la cuenca del Guadiaro, se erige el dólmen de Encinas Borrachas, un curioso nombre para una formación arbustiva que en épocas pretéritas merced al empuje de los vientos inclinó sus follaje hacia uno de los lados, de ahí lo de “borrachas”, respondiendo al gracejo de los nativos del serrano pueblo Alpandeire, a un tiro de Ronda. Data el dólmen, según los estudiosos del megalitismo en la zona, de la época del calcolítico y las excavaciones en sus cercanías permitió dar a luz un enterramiento de varios individuos cuyos restos óseos daban muestras de irregularidades en la configuración corporal.

La necrópolis de La Planilla, sin salirnos de la comarca rondeña, fue datada a principios de la Edad del Bronce y supone un conjunto de cuatro enterramientos con similitudes de los hallazgos de este tipo en el casco histórico de Ronda, lo que evidenciaría una relación directa con los asentamientos de homínidos, noción ésta con vinculaciones a la evolución del ser humano o primates superiores cercanos al Homo Sapiens.

Sea como fuere, lo cierto es que no es patente una preocupación en la zona por perpetuar sin menoscabo de su integridad estas reliquias que hablan de nuestro pasado y que en otros lugares de la misma provincia son evidentes, tales los Dólmenes de Antequera y su conjunto arqueológico,bien protegido por autoridades y nativos. En Ronda se debiera secundar el ejemplo y no relegar indiscutibles huellas de su pasado.

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Palmitos y espárragos silvestres de la Serranía de Ronda

 

Palmitos y espárragos silvestres de la Serranía de Ronda

JOSÉ BECERRA 

Cuando llueve intensamente en los días primaverales y acaba por salir el sol en un cielo espléndido  no son pocos los que en los pueblos de la Serranía de Ronda aprovechan la tregua para salir al campo  y hacer gratuita provisión de tagarninas, setas, palmitos o espárragos silvestres, vegetales éstos últimos que con prodigalidad ofrece la Madre Naturaleza sin nada a cambio, descontado el esfuerzo en recogerlo, predominantemente en zonas de encinas.

   El palmito, palmera minúscula de tronco comestible, exige extraerlo de raíz después de prenderle fuego y limpiarlo de hojarascas inútiles. Son comestibles las aneas y la parte central de tronco, que tierno y de particular  sabor, se constituyó un postre generalizado en los años 40 del pasado siglo cuando las hambrunas castigaron a la España irredenta de la posguerra. Hoy se consume por puro exotismo y hay quien los recolecta y exponen como soldados en formación en las esquinas y plazuelas de los pueblos serranos. Captan sin duda la atención de los viandantes, los cuales no regatean su precio para ofrecerlo como agasajo en el  entorno familiar destinado al consumo ya como postre, ya como merienda.

     La otra planta cuyo tallo herbáceo es comestible es la esparraguera. Nadie se ocupa de sembrarlo ni labrarla, solo la Madre Naturaleza que es sabia y se muestra espléndida siempre, permite que florezcan y broten en los inicios de la primavera, particularmente a la sombra de espesos encinares. Hablamos del espárrago silvestre, que con las primeras lluvias primaverales, tieso y firme, aparece altanero para proporcionar un plato suculento en la serranía de Ronda, sobre todo si se cocina con huevos fritos o se mezcla con el gazpacho campero de pan duro, aceite, tomates y ajos a discreción. O digamos si con ellos se cocinan y consumen con delectación ya en tortillas, ya en gazpachos calientes de pan troceado, pimientos, tomates, ajos a discreción y el chorreón generoso de aceite de oliva.

   Llegado el tiempo propicio, en los pueblos serranos – Montejaque, Benaoján, Alpandeire, Júzcar…- se organizan rastreos para localizarlos en los alrededores montuosos, navajas afiladas en ristre para cercenarlos casi a la altura de su raíz y completar con ellos  lo que se llama “una maceta”  redonda y maciza.  Sirven bien para el consumo propio, bien para venderla de puerta en puerta al mejor postor. Por lo común son cabreros o grupos de desocupados los que se ocupan de este menester, éstos últimos organizados en lo que responde a su búsqueda y recolección.

   Los espárragos como los palmitos constituyeron un alimento en años de depauperación  como fueron los que siguieron a la Guerra Civil del 36, pero siguen subiendo puntualmente a las mesas pobres y emperifolladas del terruño singular serrano y rondeño.

    Venga a Ronda y su Serranía y deléitese con estos vegetales sanos y  espontáneos de la tierra. Cómase un gazpacho caliente con espárragos y, si tercia, acompáñelos con un plato de ´pescaíto´ frito. Bocato di cardinalle, que dijo el poeta epicúreo.

  

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Manuel Becerra, un enamorado de la Naturaleza

Manuel Becerra, un enamorado fiel de la Naturaleza

Si hay alguien que nacido en la Serranía de Ronda haya dedicado la mayor parte de su vida al estudio exhaustivo del medio natural y a la historia de sus pueblos tendríamos que coincidir en que Manuel Becerra como pocos responde fielmente a esta estimación.

Vio su primera luz en Benaoján y desde las primeras décadas de su existencia,quizás extasiado ante la belleza con la que Naturaleza había dotado a esta comarca y la prodigalidad con la que la dotó – montañas, ríos, vegetación…- se sintió atraído por ella y dedicó sus cinco sentidos a interpretarla y a tratar de transmitir a sus semejantes la peculiaridad de su entorno y la singularidad de su envolvente medio geográfico, vegetal e histórico.

Se podría decir que en honor a la verdad pocos nativos conocen los entresijos, vericuetos, caminos,senderos y trochas de la Serranía de Ronda como este joven benaojano entregado en cuerpo y alma al estudio pormenorizado del medio y en concreto a su vegetación propia floral o arbustiva. Su imagen de caminante pertinaz, mochila a las espaldas y ojo avizor a cuanto de interés botánico ofrece la comarca, es bien conocida entre el paisanaje, el cual es sabedor de sus aficiones a propagar con métodos esencialmente divulgativos cuantas especies la naturaleza más bravía puede ofrecernos sin la intervención de la mano del hombre. Hay un dicho sabio que dice “Todos quieren volver a la naturaleza, sólo que no a pie”. Manuel lo contradice: él sí vuelve a ella a pie. Y lo hace una y otra vez sin desmayos.

Fruto de esta actitud y dedicación acrisolada con el paso del tiempo son los libros que ha ido dando a la luz desde casi sus años impúberes y que han merecido el aplauso de un público fiel y adepto a cuanto fenómenos naturales brindan montes, altozanos, planicies y abruptas sierras capaces de producir especies vegetativas con la espontaneidad natural que exige la mera pero insustituible exposición secular al sol y las lluvias como agentes propulsores por las leyes naturales o el milagro insólito. He aquí algunos títulos que marcados por esa impronta: Las setas de la Serranía de Ronda, Guía botánica, Setas del Parque Natural Sierra de Grazalema y Sierra de las Nieves,Orquídeas silvestres de Andalucía,y otros tratados similares en los que da buena cuenta de su buen hacer a través de los andurriales malagueños y gaditanos.

Pero Manuel como fiel estudioso de su entorno también y de forma brillante y concienzuda se ocupó de la historia de pueblos enmarcados en parajes serranos. Así dio a la imprenta obras como Valle del Guadiaro, Guía del excursionista, Arte rupestre de la Serranía de Ronda o Breve historia de la villa de Benaoján, entre otras del mismo calado e interés historiogáfico relacionados con la zona.

Naturalista nato, tal vez sin saberlo, hizo suya una frase de Charles Darwin: “La Naturaleza es un libro cuyo autor es Dios”, y que explica el misterio de la vida animal y vegetal que viene deslumbrando autores de uno u otro signo desde la noche obscura de los tiempos.

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Pinsapar, una editorial con sabor rondeño y andaluz

Presentacion Libro Prehistoria 4

Pinsapar, una editorial con sabor rondeño y andaluz

JOSÉ BECERRA

Ediciones Pinsapar nació del pueblo y tiene como meta divulgar la historia,y más que ésta la intrahistoria de los pueblos, entendida ésta expresión como la dejó asentada Miguel de Unamuno cuando se refería a la vida tradicional que en reducidas ocasiones ocupa los medios de comunicación de masas modernos. Es el trasfondo de la historia, a saber, lo que no aparece en las obras de divulgación al uso, pero que posee una importancia crucial para conocer exhaustivamente las raíces de pueblos y comunidades humanas perdidas en las noches obscuras de los tiempos que nos dejaron huellas de sus vivencias, arte, modos de superar las trabas naturales de la Naturaleza recurriendo a lo que ésta ofrecía espontáneamente pero que de alguna manera sirvieron para el inicio de la agricultura y los medios de supervivencia posteriores.

  Pero Pinsapar se ocupa además, como su fundador Manuel Becerra Parra aclara del “patrimonio natural y cultural de Andalucía”, un proyecto ambicioso y una inmersión en el pasado de esta tierra en la que residen substratos evidentes de nuestro pasado desde la Prehistoria.

  Autores de esta editorial todavía incipiente se vienen esforzando en desentrañar esos tiempos nebulosos perdidos en las brumas de siglos plasmando sus conocimientos en libros cuidadosamente editados al alcance de lectores ávidos de conocer un pasado de cuya raigambre vivieron las generaciones posteriores hasta llegar al presente.

    En su todavía corta existencia – un par de años atrás – ediciones Pinsapar dio a la imprenta obras que hablan a las claras de su vocación decidida por profundizar en los cimientos de algunos de los pueblos de la provincia de Málaga dentro de sus colecciones Ancestros (Málaga en el origen del arte prehistórico europeo, Cueva de Ardales…), Biblioteca de Estudios de Ronda y la Serranía ( Antigüedades de Ronda), Catastro de Ensenada (El Lugar de Parauta, La villa de Benaoján…), y otros títulos de parecido corte que hablan a las claras del leimotiv que las envuelve, el cual no es otro que las peculiaridades de villas y lugares con sus tradiciones y costumbres inveteradas junto a los sustratos culturales, sociales y económicos aunque fuesen en estados incipientes.

   Los libros de Pinsapar vienen exponiéndose en ferias de libros como es el caso de las de Ronda y Málaga. Y pueden adquirirse a través de su página web. Una oportunidad única para adentrarse en los recovecos históricos del pasado de pueblos malagueños de otra forma abocados al olvido. Es el caso de la obra Sobre el uso del pendón ceremonial de Ronda, cuyo autor es Manuel Garrido, y que ha visto la luz días atrás identificando un antiguo símbolo santo y seña de la ciudad.

 

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Benaoján: “San Marcos Bendito, Patrón Soberano…”

Benaoján: “San Marcos Bendito, Patrón Soberano…”

Jósé Becerra

 

Los  que rinden pleitesía al Santo Evangelista desde siglos atrás lo invocan llegado su día con plegarias pero también con una exhortación que tenía mucho de soez y no poco de irreverencia. Los lugareños luciendo indumentaria de fiesta- camisa nueva, guayabera impecable, zapatos lustrosos…- acompañaban a San Marcos en su trono, después de su itinerario por las calles del pueblo hasta la inmediaciones de un pozo, que por esta razón se conocía por propios y extraños como el Pozo de San  Marcos.

   Una vez la procesión llegaba a la fosa de la que manaba agua limpia y fresca todo el año, quienes poseían sembrados en la vega próxima, compaginando con el rezo de los devotos lanzaban al viento las peticiones. Es lo que nos cuentan los más viejos del pueblo.Encaraban la imagen con los predios, los cuales no siempre gozaban de plenitud por mor de sequías pertinaces, algo que ocurría con frecuencia ya que el mes de abril no siempre es pródigo en lluvias – “las aguas de abril caben en un barril”, reza un dicho local- y vociferaban enfervorecidos: “¡San Marcos Bendito, Patrón Soberano, si no nos traes aguas al pozo te echamos!”, exhortación que podría tener visos de iconoclasia sino fuese porque se proclamaba en tono de respeto y más de labios que de corazón ya que la devoción a San Marcos era generalizada. A ésta exclamación espontánea  seguían otras como: “¡Mira mis garbanzos, San Marcos, asolado del todo!”, o “Echa una mirada a mi trigo, seco y arruinado!”. Curiosamente, no es raro que en este festejo, antes y ahora, no se derramen algunas gotas de lluvia, señal de que no hizo oídos sordos a las encendidas súplicas de la parroquia. ¿Casualidad? Vaya usted a saber.

   Hoy, sigue la imagen del Evangelista  llegando en su procesión multitudinaria al lugar exacto en el que estuvo enclavado el pozo. Pero ya no hay invocaciones porque las parcelas de antes se urbanizaron, y del pozo en cuestión no queda ni rastro sino un remedo del primigenio como resultas de una alcaldada improcedente y que  quienes apegados a antiguas tradiciones juzgan como una medida incalificable.

   Pero  la celebración de las fiestas en honor de San Marcos continúa con el esplendor de siempre en los días que preceden o prosiguen al 25 de abril de cada año. Son jornadas de expansión y divertimento, bailes, actuaciones artísticas y comilonas familiares. Una buena ocasión para dejarse caer por estos lares y disfrutar de un sugestivo paisaje de montaña y degustar in situ las elaboraciones y especialidades chacineras que conforman el santo y seña de una singular gastronomía dentro de un marco soberbio de calles estrechas y serpenteantes, fachadas refulgentes, muchas merced a la cal empleada sin tasa, y rincones floridos que hablan de la pulcritud y buen gusto de sus moradores.

   Si unas costumbres desaparecen a tenor de los nuevos tiempos, otras se reverdecen para continuar intactas. Tales el nombramiento de mayordomos del Patrón (los de una celebración nombran a los siguientes) encargados de recolectar los fondos necesarios para que estos días brillen cada vez con mayor esplendor posible, como que a la procesión la acompañe una ininterrumpida explosión de cohetes  desde que sale de la Iglesia hasta el encierro en ella de la imagen, sin que el ruido atronador no ceje ni un solo momento.

Foto: Pueblos de España

 

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Menos niños en los pueblos malagueños del interior

Los pueblos de la Serranía de Ronda se despueblan a marchas forzadas. Un fenómeno demográfico que no deja de ser preocupante, sobre todo para las familias que aún se resisten a abandonarlos porque en ellos vivieron sus mayores y la vecindad actual le tienen apego al lugar en que nacieron y que les vio crecer con mayor o menor índice de privaciones. Pero no siempre fue así. La situación se hizo angustiosa coronado la primera mitad del siglo pasado y el éxodo hacia otras latitudes se hizo irremediable.

   Con la emigración generalizada de los años 60, sobre todo a Alemania y Suizas,ciudades centro europeas éstas que ejercieron con primacía el punto de destino a la depauperada población de la comarca rondeña; la merma de habitantes se hizo intensiva. Luego siguieron las salidas masivas a diferentes ciudades españolas, sobre todo a Tarragona y Barcelona; Andalucía ofrecía sin tasa mano de obra barata bien acogida en ciudades en pleno auge industrial y esplendor económico. Sin embargo, el recelo de los nativos fue evidente; éstos jamás ahorraron ocasión para tratar aquéllos con tono despectivo como `charnegos´, epíteto que hoy, en pleno auge del celo independentista, que se ha cambiado, con la misma inflexión peyorativa y malquerencia, por el de `españoles´.

   Primero iniciaron la ruta hacia el noroeste peninsular, ávido de mano de obra barata, los hombres sin calificación laboral alguna. A este primer peregrinaje masculino siguió el resto de la familia con el propósito de formar un hogar allí donde se les garantizaba un sueldo diario. Por consiguiente, los pequeños pueblos acusaron una despoblación ostensible, por lo que un llegó un momento en el que se regeneraron y la pobreza generalizada dio paso a una prosperidad evidente merced al regreso y a los envíos de efectivos: se restauraron viviendas y creció el número de las de nueva construcción. Pero fue un espejismo fugaz.

  Fueron muchas las viviendas que se afincaron en otras latitudes allende fronteras o dentro del suelo patrio, algo que acabó por acarrear un fenómeno demográfico desolador. Quienes conocieron unas condiciones de vida más placenteras renunciaron a permanecer en pequeñas poblaciones donde sus descendientes verían ostensiblemente mermadas sus posibilidades de encontrar un trabajo digno y estable. Resultado de este comportamiento generalizado fueron escasos nacimientos y substancial cambio de la pirámide de edad: se estrecha en la base por la escasez de menores de edad y se ensancha en la cúspide merced al aumento de la población longeva.

   Cartajima, un pequeño pueblo blanco de la Serranía de Ronda cuyo caserío se avecina con el alto Genal con una población que apenas roza los 200 moradores acusa de manera evidente un muy deficiente registro de menores de edad. Angustiosa situación de la que han tomado buena nota las autoridades educativas de la población y avisan de un inminente cierre del colegio local al que solo acuden dos niños. El alcalde, Francisco Benítez, con muy buen criterio, ha intentado remediar el problema ofreciendo casa y trabajo a familias obreras con niños de otros lugares de la provincia y de Andalucía para que se afinquen en Cartajima y así evitar que la escuela cierre sus puertas y obligue a los nativos a acudir a otros municipios. La llamada ocasionó una avalancha de demandas que ha obligado al primer edil a recular de sus buenas intenciones: solo es posible albergue y ocupación para un par de familias. El gozo en un pozo para muchas de ellas.

El desmantelamiento de la población infantil no es solo de Cartajima. Otros pueblos de su entorno acusan idéntico problema en mayor o menor intensidad y se aferran a persistir. J.M. Aguilar, jefe de edición del diario SUR, hablaba días atrás en un acertado artículo del silencio que envolvía el atardecer de su pueblo natal. Una calma grata para el espíritu que quizá tenga mucho que ver con esa ausencia acusada de rapaces alborotadores en las calles y plazuelas.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.