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Categoría: Serranía de Ronda
Meditaciones desde la Serranía

 
Cuando por la edad columbramos como no muy lejos el final de la  existencia y vemos con pesadumbre la proximidad de un acontecer incierto,no es raro que meditaciones poco halagüeñas nos abatan. En la Serranía de Ronda cuando intentamos repeler los pensamientos siniestros, o nos enfrentamos a situaciones difíciles  que ponen a prueba la re ciedumbre del espíritu se acude a un dicho que, en buena manera habla de nuestra actitud ante la vida: ” El muerto al hoyo yu  y el vivo al bollo”, decimos con la socarronería  que nos es proverbial. De esta manera intentamos alejar el espantajo de la muerte.
Es muy difícil que nos acostumbremos a la muerte, que no la temamos. Dice un dicho antiguo, sin embargo, que no debemos temerla, porque cuando nosotros aún estamos, ella no está, y cuando hace acto de presencia ya no vivimos. También hay quien argumenta,  en un intento de despojar de  trascendencia al hecho ineludible de la partida definitiva, que la “muerte no es sino un sueño sin ensueños”. Y, naturalmente. existe en muchos de nosotros la certidumbre de otra vida, esa que ha de transcurrir en el Reino Celestial que nos impone  las creencias cristianas (En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. (San Juan 14:2).

Y para los que no comparten la creencia cristiana, apunta Lucrecio, poeta y filósofo romano del siglo I a.C. : “Es injustificado el temor a la muerte: ésta es el fin de toda angustia, el más tranquilo sueño, el eterno descanso. El que ha gozado debe retirarse de la vida como huésped satisfecho; el que ha sufrido, recibir gustoso a la que viene a cortar el hilo de sus desventuras. Sabemos todos que es indispensable morir, y no debe la hora del morir preocuparnos. Nada hay para nosotros más allá del sepulcro”.

    Pero, claro, esta actitud, que es aconsejable para no dejarnos llevar por la angustia de la partida hacia no se sabe adónde, la asimilamos cuando se trata de nuestra propia muerte, no de la de un ser querido. En estos casos el soplo silencioso, repentino, muchas veces traicionero, que ciega la vida de quien amamos, la angustia y las dudas nos embarga. Nos sentimos impotentes, abatidos, desolados.    

    Y una certeza se encumbra sobra cualquiera otra: la persona querida se fue, nos abandonó para siempre. Y nos rebelamos, y tratamos de pensar y creer que las cosas en la infinitud del tiempo pueden ocurrir de otra manera. El encuentro con la persona amada y desparecida puede verificarse. Y eso nos consuela y nos anima a proseguir la vida.

   Lo que ocurre, para nuestro pesar es que, como decía Unamuno, “el hombre muere tantas veces como pierde a cada uno de los suyos”. Lo que nos lleva a pensar que no pocas veces un mismo ataúd o una misma vasija funeraria encierra más de un corazón: el del fallecido y el de los que sufrieron el desgarro de su ausencia.

   Bien mirado, somos los humanos los únicos seres de la creación que somos plenamente conscientes de nuestra finitud. Estamos, pues, abocados con toda certeza a nuestra desaparición de la faz de la tierra. Eso, que tiene sus inconvenientes como el de la angustiosa certidumbre del no ser y la pesadumbre de la vida de ultratumba, lleva consigo la ventaja de conmovernos con la belleza que nos rodea –un paisaje insólito, un atardecer glorioso, una lluvia fina azotando el cristal de la ventana –,  o con la lectura de un poema o la audición de una obra musical excelsa.  En eso nos diferenciamos del resto de la Creación.

   Los que han superado una enfermedad de las que se dice son incurables, y cuyo nombre eluden como tabú, pero que lograron superar o luchan por vencerla, reconocen que  después de haber sentido sobre su hombre la fría mano de la muerte, la vida toma otra cariz mucho más luminoso y se descubren cosas que antes te parecían baladíes pero que entonces se te antojan maravillosas.

   La verdad es que,  para nuestro consuelo, aquel ser amado que nos precedió, dejándonos en cruel soledad, no hizo si no adelantarse  en el camino el cual los que aún permanecemos aquí hemos de recorrer indefectiblemente, temprano o tarde.

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Contrabandistas rondeños, la saga continúa

 

 

La noticia saltó días atrás en los medios de comunicación de la provincia.  Una red distribuidora de tabaco de contrabando en Ronda había caído en manos de la Guardia Civil. Se incautaron alrededor de 5.000 cajetillas de tabaco procedente de Gibraltar,  como corolario de un dispositivo que se perfiló a finales del pasado año   y que ahora ha recogido sus frutos al pillarse a los delincuentes con las manos en la masa. Establecimientos públicos y particulares habían participado en las acciones delictivas de las  que ahora habrán de rendir cuentas.

Contrabandistas de nuevo cuño que retrotraen la imaginación a un proceder fuera de la ley que no es nuevo en la comarca de la Serranía. Tan enraizado estuvo este ilícito comercio que hoy se rememora junto al bandolerismo y es motivo de exaltación turística recreándose ámbitos y caminos por los que esta gente aguerrida  transitó y fue perseguida con ensañamiento.

Con la patina de lo antiguo  y ensalzado por los viajeros ingleses – esa pléyade de escritores foráneos encabezados por Carter, Ford, Townsend…- las páginas que nos remontan a una recreación de oficios fuera de la ley, junto al de los arrieros, adquieren hoy día candente actualidad.

Naturalmente, el contrabandista de antaño, el que el romanticismo reivindica, nada tiene que ver con el de hoy, que no obedece sino a un enriquecimiento personal y comercio ilegal  desaforado burlando la acción de la Justicia. El contrabandista del siglo XIX y principios del XX  nada tiene que ver con este de hoy, el que se ha pillado in fraganti en Ronda y del que acaban de dar cuenta los medios.

Nos dice una viajera inglesa Mme de Suberwick (1847): “ Sabes que en España contrabandista era un oficio declarado, reconocido; uno se hacía contrabandista como se hacía labrados o soldado, pasaba de padre a hijo (…), el bandido y el contrabandista españoles, esas dos ramas de un mismo tronco, no se parecen en nada a los bandidos y contrabandistas de las demás naciones: los españoles se hacen contrabandistas, y en caso de fracaso, en bandoleros por amor al arte”. O en otras palabras, se recurría al contrabando como un medio de vida, no para lograr una existencia placentera, sino para escapar del hambre y la miseria.

Existe en Ronda una evidente inclinación en reverdecer leyendas y sucedidos que tuvieron como protagonistas a bandoleros, arrieros y contrabandistas de otras épocas, los cuales anduvieron a sus anchas, cuando no eran perseguidos por la Justicia y tenían que huir a uñas de caballo   por los dilatados y abruptos caminos de la Serranía.

Sendas y costumbres que fueron glosadas por los viajeros románticos ingleses y galos que aludo y que nos visitaron siglos ha, dando pie a páginas cuya fama ha llegado hasta nuestros días transmitiéndonos con maestría el embeleso que a ellos le proporcionaron esta gente de mal vivir, en cuanto era trasunto de una raza indómita que hizo gala de un valor inusitado a remolque de situaciones económicas y sociales extremas en una comarcarenqueante y empobrecida.

Foto_Museo del Bandolero

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Carta abierta a mi nieto Mario Ángel

Carta abierta a mi nieto Mario Ángel                   

 JOSÉ BECERRA  GÓMEZ

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 Permítanme que después de muchos años asomándome a la portada de Sur digital y a las páginas de colaboraciones del periódico de papel, en los  que  perfilé mis trabajos hablando  largo y tendido sobre los más variados temas y  tratar de mostrar a los lectores  impenitentes y amables mis divagaciones, dispensen, digo,   el que trate de hablar hoy de mí mismo.

  Bueno, en realidad no pretendo hablar de mí, Dios me libre, sino de algo que acaba de cambiar mi vida, trastocando los derroteros por los que ahora transitaba. Ocurre que sin pretender hacerlo – el hablar de mí, que estoy seguro que a nadie interesa-  no sé como evitar que mis sentimientos y emociones ante un hecho crucial para mi existencia  no se reflejen en estas líneas.

   La cuestión es que acabo de ser por primera vez abuelo. Y lo que  ansío es hablar de este nuevo  retoño en mi tronco cuando ya el árbol que sustentó  mi vida acusa los avatares del tiempo y muestra cada vez más mustio,  columbrando un  no muy lejano final de su permanencia entre los vivos.

   No obstante,  el nacimiento de mi nieto Mario Ángel acaba de insuflar nuevos ánimos y renovada  savia a mi ya mermada   existencia. Y eso es de agradecer.

   Lo pusieron en mis brazos cuando aún no contaba sino escasos minutos  de su vida y lo consideré como el mejor regalo que podría concederme  el Cielo: su primer llanto me sonó a música celestial, tengo que confesarlo en honor a la verdad.

   Sopesaba su frágil cuerpecillo y no cabía en sí de puro gozo. Y sus ojitos, negros, vivos y profundos, su sonrosado y frágil cuerpecillo que aún conservaba  la tibieza  de su madre de cuyo vientre acababa de salir ¡ y una cabellera insólitamente tan negra como el azabache!:  detalles de su fisonomía de bebé  lo suficientemente impactantes como para dejarme mudo  por la emoción  y lloriqueante. ¡Qué le vamos a hacer si estas vivencias son muy contadas a lo largo de la vida de cualquiera! Y presumo que quedarán indeleblemente arraigadas en mi alma.

   Querido nieto:  Acabas de arribar a un mundo revuelto. Con el tiempo sabrás que llegaste cuando a nuestro país lo sacudía un paro desenfrenado y una desconfianza pertinaz del pueblo hacia la clase política; el cambio climático era una amenaza constante y el hambre  en otras latitudes asentada hacía mella en la población infantil en España y en Andalucía en concreto. Había algaradas sociales  en las calles, lo que no quitaba que la pasión por el fútbol se manifestara en ellas: unos aclamaban al Real Madrid con su delantero centro  Ronaldo y otros al Barça, cuya figura era Messi. Y El Málaga en trance de la permanencia en la primera división.

   Cuando puedas leer esta carta es más que posible que las condiciones económicas habrán cambiado y que el nombre del presidente del Gobierno de ahora será un dato que te resbalará por el entendimiento, como lo hará el de Don Juan Carlos de Borbón, que es el Rey, quien  en estos días en los que apenas tú contabas dos meses de vida, acaba de abdicar del Trono español que se confía desde ahora a su hijo Felipe VI.

   Todos estas referencias cuando tengas pleno uso de razón no te dirán nada, pero quiero que sepas las circunstancias en las que llegaste para formar parte de la humanidad que te acogió cuando el miércoles 9 de abril de 2014 nos alegraste a todos con tu primera llantina en la sala 213 del Hospital El Ángel (también es casualidad que llevara tu nombre) a la 1 y 5 minutos de una tarde primaveral espléndida.

   Quiero recalcar  sepas que yo fui el primero que te tuve en brazos. Me lo dejaron cuando tu madre aún estaba inconsciente después de darte a luz tras el acontecer del parto, al cual cooperó el ginecólogo José Félix García España,  al que tu deberás estar eternamente agradecido porque debido a su buen hacer viste la luz de este mundo del mejor de las maneras posibles.

   Tampoco olvides que desde los primeros momentos de tu existencia fuiste para nosotros el centro del universo a cuyo alrededor giramos toda la familia para hacerte más grata la existencia desde el primer  momento de vida. Tus lloriqueos primeros, la avidez  con la que succionabas los pechos de tu madre, los momentos en los que la naturaleza te exigía expeler los desechos de tu cuerpecito, tus sueños tranquilos o agitados se convirtieron en el eje sobre el que  giraba nuestras vidas. Tu reposo y tus ojitos brillantes  abiertos a cuanto te rodeaban, una dicha inconmensurable; tu desasosiego, una tragedia. Tu primera sonrisa, un acontecimiento sin precedentes, no te digo más

   El siguiente deseo es verte crecer, corretear por los pasillos y escuchar cómo balbuceas tus primeras palabras y emites incipientes  risas. Acabas de transformar  nuestras vidas para bien y te deseamos lo mejor del mundo para lo venidero. Dios te colme de dicha: ese será nuestro contento. ¡ Bien venido a este mundo, Mario Ángel!

 

“Toques leves en la puerta,

murmullos en el dintel,

unas voces que preguntan:

¿Habitación 113? Aquí es.

 

En mis brazos te dejaron

pocos minutos después.

Un cuerpecillo tan frágil

que me temía romper.

 

¡Emoción, lágrimas, contento!

¡Temblor en todo mi ser!

En mi ya longeva vida,

¡Qué  feliz acontecer!

 

Ahora pido más vida

para así  verte crecer.

Y para poder enseñarte

lo poco o mucho que sé.

 

Es lo que anhelo y espero

viendo los años correr,

como se aspira   en  las sombras

la luz de un nuevo  amanecer.

 

Mario Ángel, ansiado nieto,

¡Cuánto te he de agradecer!

 

Hablarte quiero sin prisas

de lo que hay que saber.

De Historia y de regiones,

de  lo divino y lo humano,

¡como tiene que ser!

 

De la Serranía y de ríos,

De  los montes  y el vergel

(En una playa cualquiera

Tu cometa elevaré).

 

Dormido en mis brazos,

¿podré  tener más grato bien?

(En el aire todavía

las nanas que te canté)

 

 

Pasearemos muy  juntos,

Viendo lo que hay que ver.

Y cogidos de la mano,

despacio, te guiaré…

 

 

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¡”Chapeau” por los tintos de la Serranía!

¡”Chapeau” por los tintos de la Serranía!

Bien venidos sean los halagos que nos vengan desde cualquier parte sobre los vinos cosechados en Ronda y su Serranía. Pero que los términos laudatorios provengan de Francia es algo que hay que sopesar en su justa dimensión, ya que la tierra gala puede presumir en grado sumo de sus vinos, como consideran sibaritas del buen comer y beber, amén de famosos sumilleres de aquí y allá, entre los quefiguran los mejores del mundo. Todos acreditan su calidad sin tapujos.

  Si en la tierra del Don Periñogn se alza, pues, la copa, se pone al trasluz y se saborea unvino rondeño para acto seguido alabar su bouquet afrutado, contemplar lastonalidades que recuerdan a la cereza madura y transparencia sin ahorrar calificativos lisonjeros es algo que debe enorgullecer a bodegueros y vinaterosde la alta señorial ciudad del Tajo: el sumun de color, aroma y sabor, que ya es decir.

Exulta satisfacción por este motivo José María Losantos, el dueño de la bodega“Doña Felisa”, allá en un lugar con tantas resonancias históricas como Ronda, la Vieja, que es en la que fermentó los años requeridos para la cabalb apreciación de su gusto y aroma el tinto “Chinchilla Doble Doce”. Y no es para menos: entre 400 caldos en disputa su vino se alzó con la Medalla de Oro en un concurso internacional celebrado en París para exaltación de la uva “Cabernet”, que es la que, combinada con otras, da pie a vinos ágiles da cuerpo y textura,cualidades tan apreciadas en los catadores de medio mundo, entre aquéllas las queestán presentes la austeridad y las que le conceden lustre de longevidad   prestancia.

Pero no queda ahí la cosa: hay un vino rondeño que se asocia con la figura de Bernardo de Gálvez, militar y político español, malagueño de nacimiento(Macharaviaya, 1746). En sus andanzas por tierras americanas, luchando contra los apaches y poniendo a pruebas sus dotes como pacificador llegó a ser gobernador de Luisiana y virrey de Nueva España, ahí es nada, destacando en lascontiendas que llevaron a la independencia de Estados Unidos.

   En su escudo dearmas figura el lema que fue constante en su vida, “Yo solo”, divisa que escogió labodega La Melonera de Ronda para un vino de calidad que hoy se muestra en los anaqueles de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, como se ha aireado en medios de comunicación provinciales, como no podía ser por menos, que la noticia es de enjundia, ya que en el docto edificio se alinean como militares en marcial formación presentado armas los mejores caldos del orbe.

Pero sobre los vinos de Ronda llueven los reconocimientos de no importa qué parte del globo terráqueo, algo en lo que tanto tienen que ver el buen hacer de los bodegueros de los predios serranos y de su dominio de la vitivinicultura, puesto a prueba en los últimos años.Item más: señalemos en este contexto que no deja de ser un timbre de gloria para algunas bodegas- caso del rosado del Cortijo Los Aguilares – cuyos vinos se los rifen las damas a la hora de entreverarlo concualquier bocado exquisito de la profusa y justamente alabada cocina serrana.

A Ronda y la Serranía hay que venir para además de abstraerse en la contemplación de sus singulares monumentos,palacios señoriales y antiguas casas de abolengo, hacer un alto en el camino y paladear a lentos sorbos en sus bodegas,que han proliferado comolas margaritas en mayo, el morapio de la tierra que ahora merece la distinción y unánime aceptación de los en de los entendido buena mesa y en la manducatoria de todas las latitudes.

Viene a cuento hablando de las excelencias del vino, el dicho de Miguel Delibes, escritor fecundo donde los haya, que uno asume sin reservas porlo acertado: “ Cinco cosas me agradan mucho: leña seca para quemar, caballo viejo para cabalgar, amigos ancianos para conversar, linbros antiguos para leer y vino añejo para beber”.

¡ Chapeau por este elixir de los dioses, rondeño por más señas!”

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Ronda y la Serranía, milagro de agua, piedra y luz

 

Los tres elementos,agua, piedra y fuego se conjugaron desde la noche oscura de los tiempos para componer un todo capaz de atraer a parte de los que por primera vez hollaron con sus plantas la faz de la tierra y dieron sus primeros pasos por lugares tan desiertos como inhóspitos.

En lo que hoy es Ronda y la Serranía, completado el proceso orogénico que moduló sus sierras y montes, sometidos a las glaciaciones desde el Pleistoceno hasta el Cuaternario, se necesitaron milenios para que los primeros homínidos se sintieran a gusto en este territorio. Pero lo hicieron. Incluso dieron lugar a una cultura paleolítica, traspasado el umbral de primeros cazadores y recolectores nómadas que fabricaron armas y utensilios echando mano de la piedra, madera, hueso y asta que le proporcionaban el medio al cual habían empezado a dominar hace ya la friolera de 800.000 años. Arte y arqueología conjuntadas certifican la existencia de los primeros poblados de lo que ahora es la Serranía de Ronda.

Tal vez el elemento más importante que encontraron para cimentar su progreso fue la obtención del fuego, un aliado que hizo posible dominar un territorio por naturaleza hostil para sobrevivir sobre todo lo que concernía a la alimentación y ahuyentar las muy abundantes fieras que ponían constantemente en peligro sus vidas. Con el fuego, además, aprendieron a ahumar la carne, lo que les permitía una reserva de viandas en tiempos extremadamente gélidos o de escasa caza.

Es difícil, pero no imposible, sobre todo por el conocimiento que de ello nos hacen ver los enterramientos y construcciones megalíticas encontrados en el territorio rondeño y de los que daremos cumplida cuenta más adelante, que estas incipientes comunidades que rastreaban el lugar con el asombro consiguiente obligado por una mente con un ínfimo desarrollo, mantuviesen unas estructura social básica. Debieron de existir quienes se erigían como jefes (acudiendo a una jerarquización propias de nuestros días) y quienes obedecían sus mandatos, admitiendo que esto redundaba en el bien del grupo.

No se puede llamar religión,pero sí debió existir un espíritu de trascendencia que les llevaba a entrever, si no la conciencia de su existir, sí la de que algo regía el acontecer detrás del reducido mundo que ellos llegaban sospechar. No es aventurado presumir que de este opaco afán de traspasar unos límites físico o simbólicos, nacieron las primeras muestras de arte rupestre. ¿ Se multiplicaría la caza, que no siempre era abundante, contorneando las figuras de los animales codiciados sobre la piedra? Todo hace pensar que así debió ocurrir. Y lo que sorprende es el realismo con el que estos hombres primitivos llegaban a representar las figuras de la fauna más cercana a su hábitat.

Los abrigos rocosos de la Serranía brindan la posibilidad de calibrar el poder de observación de quienes, posiblemente descollando del resto del grupo su habilidad para aprehender el animal en reposo o en movimiento , lograban plasmarlo en las frías losas – a veces en los techos herrumbrosos – con un verismo que para sí quisieran los pintores realistas – y estilistas- de épocas posteriores, sobre todo por la escasez de materiales y técnicas existentes en los albores de la vida en el planeta.

Quiso la Providencia que le cupiera a la comarca rondeña la suerte de ser uno de los primeros lugares en los que el Homo Sapiens deambulara a sus anchas, moviéndose como pez en el agua en la maraña de sus fragosidades y escarpaduras buscando en los valles – luego bautizados como el del Guadiaro o el del Genal – el agua de los ríos sin los cuales la vida primitiva sería hubiese sido imposible.

Son muestras fehacientes de esta ocupación por el hombre primigenio del terreno que

milenios después sería conocido como serrano, la Cueva de Pileta (Benaoján, Serranía de Ronda, Málaga) en primer lugar por su importancia en cuanto a yacimientos y pinturas rupestres; y, luego, la Cueva del Gato, de colosal presencia en una de sus entradas (en el mismo pueblo citado) e inquietante hendidura en la piedra desnuda (Montejaque), en la otra.

Pero no se agota en ellas la relación de cuevas en este ámbito comarcal rondeña. Según las investigaciones de doctos paleontólogos, recogidas en un pormenorizado informe publicado meses atrás,existen en la Serranía de Ronda hasta una veintena de espeluncas que encierran “la mayor concentración de arte rupestre de todo el Sur de Europa, con “más de 4.000 motivos pintados o grabados”, según apuntan estudiosos de la zona, investigadores que han venido realizando un trabajo impagable para conseguir aprehender el sentir de los humanoides y primeros humanos, y que han hecho posible que, describiéndonos sus descubrimientos entendamos la particular manera de enfrentarse al espectáculo y milagro de la vida. Se abría un mundo inexplorado ante los ojos asombrados de quienes supieron plasmarlo, sirviéndose del óxido de hierro y la coloración a base de pigmentos, en las frías paredes de las grutas que les servían de morada y refugio,temerosos de la presencia amenazante de las fieras que merodeaban en su entorno.

¡Ocho mil años os contemplan!”, cabría decir ( emulando a Napoleón Bonaparte señalando a las pirámides egipcias mientras arengaba a su tropa), ante las pinturas del pez, la yegua preñada o la cabra hispánica de la Pileta, que muy bien podrían pertenecer al estilo artístico levantino ( el hispano francés correspondería a las cuevas de Altamira o del Castillo,en Cantabria), o parecido a él puesto que no aparece en las representaciones la figura humana, sí presente en las cuevas del norte peninsular.

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Benaoján y Montejaque: embutidos y aceites de prrestigio

 

Benaoján y Montejaque: embutidos y aceites de prrestigio             

JOSÉ BECERRA    

Los pueblos de la Serranía de Ronda nunca se han conformado con su suerte. Podrían verse anquilosados por mor de la difícil orografía que impidió desde tiempo inmemorial una salida fácil al exterior. Paisajes de belleza innegable los rodean pero las comunicaciones siempre fueron deficientes precisamente por el relieve abrupto que los acoge.

   Lo siguen siendo ahora cuando las exigencias para dar a conocer los productos de sus feraces valles, el del Guadiaro y el Genal,  representan un serio hándicap para una economía netamente rural que encuentra cortapisas para darse a conocer, motivo por el cual la imaginación y el espíritu emprendedor de sus habitantes se despertaron desde épocas remotas de su historia para contrarrestar ese inconveniente dictado irrevocablemente  por la Naturaleza.

  Son dos los casos paradigmáticos que se podrían citar en esta disconformidad de los pueblos serranos por las imposiciones del medio geográfico y el secular atraso de economías supeditadas al agro no siempre floreciente. Se realizaron esfuerzos denodados para establecer puntales que sustentaran medios de vida basados en la industria y se obtuvieron logros alentadores.

    Benaoján, a dos pasos de Ronda, a partir de los años 40 del pasado siglo,

exhibió el empeño de un puñado de empresas familiares obstinadas  en dar a conocer al resto de Andalucía, España y el mundo,  las excelencias de sus fabricados artesanales que tenían como materia prima la carne porcina. La morcilla y el chorizo, elaborada con recetas transmitidas de padres a hijo, en pequeñas fábrica que luego fueron a más, destacando las firmas de los Carrasco, Sánchez y Melgar, entre otras, traspasaron las fronteras de la provincia malagueña y se puso una pica en Flandes allí donde los sibaritas del buen comer sentaban plaza como consumidores de lo más apetecible de la gastronomía hispana.

   De Montejaque, a un corto paseo de Benaoján, habría que recalcar asimismo el carácter de buscavidas de sus  moradores, nunca conforme con cualquier valladar que entorpeciera su empeño en el desarrollo y el progreso ya fuese individual o familiar. Es también un pueblo chacinero desde décadas atrás, pero en los últimos tiempos se exploraron nuevas vías de expansión comercial, basada en productos elaborados o tratados en la localidad. Un buen ejemplo ha sido Al-Jaque, una industria pujante que se abrió con éxito a los mercados de las frutas y las verduras en conserva en buena parte de Andalucía, destacando por su buen hacer y la excelencia de sus productos.

    Hoy, una empresa, “Montexaquez Oliva”  está poniendo una pica en Flandes,  apoyándose en la excelencia del aceite de almazaras de la Serranía de Ronda, que está conquistados mercados tan exóticos como atractivos por su desarrollo económico como Dubai, Emiratos Árabes y la India, amén de otros países emergentes, en los cuales se está poniendo el punto de mira por la capacidad de absorción de productos que, como economías pujantes que son, demandan al exterior.

  Mateo Jackson, quien se encarga de que el aceite montejaqueño llegue a los más recónditos lugares del mundo como valedor insustituible de la dieta mediterránea que tantos beneficios reporta al cuerpo, algo que no se le oculta a nadie y menos a los sibaritas del buen comer y beber, apuesta por el oro líquido que brindan los olivos del Parque Natural Sierra de Grazalema, los cuales responden a un cultivo tradicional para mejorar en lo posible su calidad  y excelente sabor.

   “Aceite de oliva, ajos y todos los males se van al carajo “, dicen de manera rotunda en el Valle del Guadiaro los más viejos, los que saben de estas cosas y acumulan años,  refranes y dichos. Pero no solo el  olivo y su fruto se venera en estas tierras y está a flor de labio popular; también los poetas se ocuparon de él. Como muestra un botón de Antonio Gala: “Sencillo e intrincado/ con su tesoro a cuestas/ el olivar cavila./ En él no son precisos ni rosas ni claveles / sólo estar, siglo a siglo / serenamente en pie.”

   Y de un Antonio a otro – Machado – en unos versos que son canto y oración al cielo: “Olivares, Dios os dé / los eneros de aguaceros / los agostos de agua al pie / los vientos primaverales / vuestras flores racimadas / y las lluvias otoñales / vuestra olivas moradas”.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.