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Categoría: Serranía de Ronda
Carreteras maltrechas en la Serranía de Ronda

El desprendimiento de una roca corta la carretera entre San Pedro y Ronda

Un desprendimiento en la carretera de San Pedro meses atrás (Twuitter)

 

Carreteras maltrechas  en la Serranía de Ronda

Es de suponer que será como clamar en el desierto, que hasta ahora maldito caso que se han hecho a las sucesivas reclamaciones sobre el lastimoso estado de las carreteras que cruzan la comarca de Ronda y la que también de manera azarosa la unen con Málaga. Aventurado es transitar por ellas porque pueden convertir en un día aciago a quienes lo osen, caso de ese infortunado joven que  pereció días atrás  en el tramo que une Benaoján con Ronda conduciendo su moto. Circular por ella se ha convertido en los últimos tiempos en una odisea, que algunas veces culmina en un accidente mortal, como ese último que hay que lamentar. Hasta ahora han sido plataformas políticas las que han dirigido quejas sobre las lamentables condiciones de los viales a las administraciones públicas (Diputación y Comunidad Autónoma) que no han logrado sino la callada por respuestas, o en mejor de los casos, dar largas a la pretensión sine díe de llevar a cabo ña realización de proyecto alguno.

Ahora son los ciudadanos quienes cargados de razón reclaman un plan que ponga fin a una situación que se muestra insostenible a todas luces y que, además de luctuosos sucesos como el reseñado, está resultando un serio hándicap para el desarrollo económico de los pueblos de la comarca, muchos debatiéndose en la más absoluta inopia. ¿Sería mucho pedir que las promesas de gobiernos de los más distintos signos cuajasen al fin con la realización de una autovía que una Ronda con la populosa Costa del Sol? Con grandes alharacas se anunció además la posible llegada del AVE a la ciudad, lo que permitiría llegar a Madrid por este medio en poco más de 3 horas, las mismas que se emplean en la actualidad para llegar a Málaga desde la ciudad del Tajo en trenes añosos. De nada ha servido hasta ahora que la población rondeña haya superado los 30.000 habitantes; por lo visto no son suficientes para que desde las altas instancias administrativas nos saquen de la mengua de comunicaciones que, con ese vecindario,   no tiene parangón en el resto de España en donde sí gozan de ese privilegio.

Consternados por el silencio de las administraciones públicas (Diputación y Comunidad Autónoma) a las reiteradas demandas de alcaldes y ciudadanos, acaba de tomar cuerpo una plataforma reivindicativa – una más de las que ya tomaron cuerpo años atrás – para conseguir una regeneración de estos viales que ahora se muestran como un serio hándicap para el desarrollo económico de la zona, aparte de garantizar la seguridad de cuantos con sus vehículos transitan por ella. Apoyan estas reivindicaciones, que ya son históricas, alcaldes de la comarca rondeña, impelidos por la urgencia de acabar con estas irregularidades que coartan o ponen en peligro vidas y haciendas de la ciudadanía del entorno.

 

 

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Arunda, fortis et fidelis…y fría

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Arunda, fortis et fidelis…y fría

JOSÉ BECERRA

Llegaron las nevadas a Ronda con nocturnidad pero sin alevosía, ya que eran esperadas. Los copos de nieve se descolgaron por la Sierra de las Nieves y crestas adyacentes y con las sombras nocturnas dejaron un bello telón de fondo en la ciudad y en los pueblos de su entorno. El frío intenso se adueña de la comarca como ocurre en el resto de la provincia de Málaga. Se sucederán como es previsible los días gélidos que dejarán una estampa atrayente e insólita en la serranía rondeña y los picos de las sierras se revestirán (ya lo están) con ese manto de armiño (por emplear un eufemisno poético) característico que tanto aviva las imaginaciones.

   Tal vez no lo haga con  la saña de otras ocasiones, cuando las sierras se teñían de un espeso y níveo manto   y así permanecían incluso semanas. Ahora, puedo que lo haga con timidez avisando que las nieves pueden ir a más si se lo proponen, fruto del frío intenso que por estas fechas suele aposentarse en la comarca de cara a los iracundos vientos  que soplan desde el norte.

   Primero serán los picos de las sierras, macizos escarpados que anteceden a Ronda por la carretera que por San Pedro la une a la costa; luego revestirán con el blanquecino ropaje el resto del abrupto paisaje; no tardarán en hacerlo, que el invierno envió ya sus heraldos anunciadores bien provistos de adargas y afiladas lanzas que aguijonean la piel y entrecortan el aliento.

   El `Arunda fortis et fidelis` campea en el escudo de la ciudad de Ronda desde que, mediados el siglo XV, cayera en manos de los Reyes Católicos, que pusieron fin por entonces al reino nazarí. Fuerte y fiel, dice bien en letras de oro. Habría que añadir otro adjetivo menos señorial, pero igualmente certero: `Ronda, fuerte y fiel y fría´ que también describiría a la ciudad soñada de Rilke `por estos días. Ronda alta y meseteña, erigida sobre la planicie sin proximidad inmediata de sierras o montes que la cobijen o sirvan de valladar al frío norteño. Cuando se deja sentir, fino y lacerante, rasga la piel como fino bisturí y hiela el aliento.

Ponte la bufanda y abrígate bien que en Ronda hace mucho frío”, solía decirme mi madre, solícita  cuando pensaba dejarme caer por la ciudad, años atrás, ascendiendo hasta ella desde uno de los pueblos que ciñen  sus casas a la querencia del Guadiaro. El consejo era necesario y siempre bien recibido. Efectivamente, en días crudos de invierno, en Ronda hacía más frío que en cualquiera otro lugar de la provincia malagueña. Titiritaba uno en el Puente Nuevo, seguía la tiritera corriendo de arriba abajo la calle de La Bola y castañeaban los dientes en la estación de RENFE cuando se disponía el regreso. ¡Dios, qué frío hacía en la estación! Lejos todavía el despliegue de carreteras y la utilización de los automóviles, un destartalado andén y un no menos vetusto tren, prolongaban el frío hasta llegar y refocilarme con el amor del hogar.

   Me vienen estos recuerdos callejeando por la Ronda de hoy, sumida en el frío que abate a la Península por entero. Como era de esperar, aquí, cuando hace frío, lo sigue haciendo de verdad. Lo confirman los noticiarios que recurren a reporteros que se nos aparecen ateridos, sacudiéndose del gorro los copos de nieve, con un trasfondo blanco y el agobio de quienes tratan de conducir por carreteras cortadas. Belleza y atascos, imprecaciones y jolgorio. Cara y cruz de una situación que en Ronda no es rara pero que no deja por eso de impactar.

   El frío relente vaciará la siempre bien concurrida calle de La Bola, en la que hay que recalar cada día, casi por obligación, cuando el tiempo no hostiga. El flagelo del frío arrojará a los pocos que se aventuran a salir hacia el calorcillo de los bares. Nadie se para delante de los escaparates, el vendedor de cupones de la Once busca aterido la complicidad de los vanos de las puertas, y el  de menudencias vegetales, que ya forma parte, por su asiduidad al mismo sitio, de la imagen de la transitada calle, maldice el día y levanta el tenderete con prisas y corriendo. Nadie en el estanco de Marcos Morilla, el fiel referente de la vía desde más de un siglo a esta parte.

   Ronda desafía a la ventisca a pecho descubierto. No tiene muy cerca, ya digo, las sierras que abrigan a los pueblos próximos. Le cogen lejos las escarpaduras de las sierras de Grazalema; el escudo de Tavizna que protege a Montejaque; las de Juan Diego que acunan a Benaoján, o los Alcornocales que mitigan el acoso gélido en el Cortes de la Frontera señorial. Se alza Ronda soberbia en su meseta y paga cara su arrogancia cuando arrecia el temporal y campea el cierzo sin trabas ni componendas.

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Alivio para el bolsillo en pueblos malagueños

 

Alivio para el bolsillo en pueblos malagueños

Recuerdo como una imagen de humildes pueblos de la España irredenta del pasado siglo la imagen de vecinos que cada año no era raro que a cuenta de atender el recibo de la “contribución” – que así se reconocía por aquellos desolados tiempos – debían de restringir el condumio de alimentos básicos por algunos días. Caminaban ese día nefasto con paso indeciso hacia el Ayuntamiento, lugar en el que el recaudador de turno se aposentaba en espera de los depauperados contribuyentes llegarán para cumplir son Hacienda mal que les pesara; la mayoría de ellos por poseer una vivienda que se caía a pedazos. Afortunadamente, a remolque de los nuevos tiempos estas imágenes de una España decadente pasó a la historia: ahora se atiende a estos recibos contributivos en la caja o banco de turno, pero la malquerencia hacia ellos sigue siendo lo mismo, aunque eso sí, los moradores de algunos municipios malagueños que ostenten la propiedad de una vivienda o un terreno van a comprobar cómo se mitiga parte de esa carga soportada con el mayor estoicismo del mundo. La rebaja impositiva a más de una treintena de pueblos de la provincia se produce merced a factores de corrección aprobados por el último Consejo de Ministros del año que acaba de finiquitar a instancias de responsables municipales de términos afectados por gabelas desmedidas. La presión fiscal que atañe al ámbito inmobiliario de este sector dará un respiro notorio a los contribuyentes. Revisados a la baja el ´catastrazo´ de hace ya una década, que muy bien podría considerarse de oprobiosa, las aguas perecen volver a su cauce, y el IBI, que cada verano venía sobrecogiendo a las familias menos boyante, y con este tributo, otros del mismo jaez, como la plusvalía municipal que es obligado satisfacer por mor de la venta de una casa o cuando se recibe graciosamente un inmueble en herencia, tienden a limar sus fauces siempre abiertas y horripilantes. Otra cosa es que las alcaldías de manera y forma que la medida atañe a la base imponible del tributo en cuestión, decidan alterar, como es de esperar por lo legislado, su importe a la baja. Cuestión ésta que afortunadamente es lo esperable en el solar malagueño. Un alivio para el bolsillo de la vecindad de cada pueblo de Málaga, que no tienen por menos que recibir la buena nueva con alborozo.

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Potenciar los pueblos de la Serranía de Ronda

Los pueblos, nuestros pequeños pueblos de la provincia de Málaga, los más alejados de la costa y su esplendor, no pocas veces se ven agobiados e impotentes para hacer valer la grandeza del marco natural en que se encuentran enclavados de cara a posibles visitantes que anhelen la paz y el sosiego del interior, valores intrínsecos que éstos pueden proporcionarles sin tasa. Se las ven y desean los municipios del interior para hacer valer el incomparable marco en el que se asientan porque esta es una tarea ardua que necesita apoyo y financiación exterior cuando las posibilidades pecuniarias propias son insuficientes o no existen de ninguna manera. En 2017, el año que finiquitó días atrás, para suplir estas agobiantes carencias, el Consejo de Gobierno aprobó el nuevo Decreto de Municipio Turístico que viene ahora si no a rebatir a un nuevo dictamen como fue el del 2002, sí a potenciarlo con una novedad importante: pueden acogerse a esta nueva resolución las poblaciones de menos de 5.000 habitantes, las mismas a las que hasta ahora se les negaba el pan y el agua para acrecentar sus infraestructuras y revitalizar su contorno y facilitar la arribada de turistas a su ámbito local.

Naturalmente, existen unos requisitos que cada municipio deberá acreditar a tenor de las pernoctaciones y visitas que reciba durante el año, algo que no es problemático en los que configuran la Serranía de Ronda dado el tirón de visitantes que durante ese periodo anual se constata. En Jimera de Líbar, Benaoján, Montejaque, Cortes de la Frontera, y así hasta una docena de localidades del paraje serrano podrían justificar fehacientemente las imposiciones que se exigen para optar a los beneficios que se ofrecen: durante el año la media de estancias en alojamientos deberán alcanzar el 10 % de la población habitual durante tres meses al año, condición ésta que cumplen las localidades enumerada, así como el total de visitas que deberán ser superior a la vecindad inscrita en el censo al menos 30 días durante el periodo anual. Exigencias que superan estos territorios con creces dado el favor que les merecen a quienes, por ejemplo, visitan cada año a los pueblos de Benaoján y Montejaque, donde florecieron como margaritas en mayo lugares de alojamientos y restaurantes al socaire de su peculiar paisaje de montaña, debido al tirón de dos elementos substanciales: la Cueva del Gato, remanso de Guadiaro y marco de sosiego y frescura en los meses del estío, y La Pileta, morada prehistórica de homínidos ancestrales y cuya fama trasciende fronteras.

Toca ahora a los consistorios presentar en organismos superiores la idoneidad del municipio en cuestión planes que reflejen los atributos de toda índole capaces de optar al marchamo de calidad turística exigida en su entorno. Está en las manos de los alcaldes respectivos potenciar los recursos de toda índole que puedan resultar atrayentes para que el Gobierno Autonómico y la Consejería de Turismo y Deporte conjuntados apoyen el proyecto en cuestión. Mostrarán así los ediles respectivos su apuesta y dedicación a la tarea de regenerar y remodelar la población y su hábitat. Los habitantes optaron en su día por su buen hacer y disposición para lograr beneficios que redundasen en la asistencia a la comunidad que rigen y tutelan: esperan que obren en consecuencia. Potenciar los pueblos del interior se alza como una tarea ineludible.

 

 

 

 

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Incongruencias de la Junta y alcaldes desinformados

Resultado de imagen de imagenes de la alcaldesa de benaojanSoraya García, alcaldesa de Benaoján

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Incongruencias de la Junta y alcaldes desinformados

José BECERRA

¿Quiénes habrían de ser informados antes que nadie cuando los organismos administrativos superiores traen entre manos actuaciones que inciden directamente en el día a día económico y social de los pueblos de la región que aquellos comandan? La respuesta es obvia, o debería serlo, pero se da la circunstancia pasmosa de que a veces son las corporaciones municipales inferiores en las que presumiblemente van a recaer las decisiones tomadas en las altas instancias, las que se mantienen en la inopia hasta que se decide informarles de lo que se ha fraguado a sus espaldas, venga o no a solucionar sus asuntos o a prolongarlos en el tiempo. Es lo ha venido a ocurrir ahora cuando la Junta de Andalucía proyecta un Plan de Ordenación del Territorio de la Serranía de Ronda (POT, para los amigos), y se encuentra en vías de seleccionar el equipo técnico capaz de encauzar felizmente esta gestión para lo que se barajan media docena de empresas competentes para la tarea requerida. Solivianta, a este tenor, que de la cuestión no ha dicho ni mu a los regidores de los consistorios de los municipios a los que incumben las medidas que finalmente se aprueben al respecto.

La cuestión es que los primeros ediles de la comarca no han recibido el menor informe sobre el proyecto que concierne a cada pueblo por lo que vienen mostrando su descontento por mantenerles obcecadamente olvidados, habida cuenta de que tienen mucho que decir, sobre todo por lo que respecta a las infraestructuras viarias, y que por sus deficiencias manifiestas vienen motivando reiteradas protestas.

Una actitud incongruente de la Junta que rechazan quienes se ven obligados habitualmente a transitar por carreteras que entrañas dificultades extremas cuando no peligros evidentes, caso del trayecto que une Ronda con San Pedro, transcurrido entre hondonadas y curvas interminables e inquietantes a todas luces. Temor del que se viene haciendo eco los alcaldes de la comarca, entre otros los alcaldes de diferentes signos políticos, caso de Pedro Godino (PP) de Gaucín, o Soraya García (PSOE) de Benaoján, veladas o claramente manifiestas. Ésta última no duda en afirmar que el susodicho Plan, del que por lo visto no ha sido informada pertinentemente cuando ya está en vías de resolución, no debería obviar la atención que requieren la regeneración de las comunicaciones, vitales para el desarrollo del territorio rondeño en cualquiera de todas sus manifestaciones. Algo que suscribe sin tapujos la vecindad de las distintas poblaciones afectadas.

 

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Vejez y soledad, ¿dos males de nuestro tiempo?

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José BECERRA

La sociedad en la que nos acomodamos hoy día no contempla con mucha  fruición que digamos  el estado de la vejez propia, no pocas veces relacionada con la soledad. Se sienten solos muchos de los que traspasamos la barrera de los 70 años, entre los que me cuento. Iba a decir para mi pesar, pero rectifico, no me siento ni muchos menos pesaroso por haber escalado esa edad, ni me siento  expulsado de la sociedad, un sentimiento éste connatural con quien traspasa luengas barreras de la vida;  un temor que vislumbramos cuando ya se acerca la edad de la jubilación, pero que luego, no digo que no sea haciendo de tripas corazón, llegamos al momento de dejar el trabajo que nos ocupó media vida con el contento de haber podido llegar sano y salvo del todo, que la edad provecta no viene caso nunca sin el acompañamiento de algún tipo de dolencia, pero sí con ánimos de mantenernos en esta vida pese a quien pese. Y  desde luego, eludiendo en lo posible ese espantajo de la soledad, que no pocas veces ronda a quienes desembocan en una holganza obligada que se muestra insoslayable.    

   También es cierto que la soledad con ser mala consejera hay quien,  por las más diversas circunstancias la abraza sin que se pueda decir que obre en detrimento de su vida diaria, al mismo tiempo que defiende como legítima la decisión de no vivir en compañía de otra persona y rechaza la vida marital en compañía de consorte. En otras palabras, que tan plausible puede ser el celibato como la vida en común con otra persona, eso sí, sin caer en la misoginia, algo que ya toca los linderos de lo netamente psicológico y temperamental.

   Aconsejan quienes de esta cuestión saben bastante que mantenerse activo es un remedio eficaz para sentir de cerca la compañía de alguien, aunque esta presunción sea mera entelequia. Un amigo que siempre tuvo fama de sentencioso (que los hay abundancia) en la comarca rondeña  de donde ambos somos oriundos, pero que por diversas razones nos trasladamos a Málaga, el cual ya presume de no tener que cumplir el septuagésimo cumpleaños porque lo rebasó con creces, me aseguraba que la soledad es asimismo un estado que puede ser buscado y que es  una opción tan legítima como vivir en compañía de alguien del sexo contrario. Comparto su criterio, aunque no lo describa de cabo a rabo.

   En nuestra sociedad de hoy, sin embargo, vivir solo no se mira con buenos ojos. No es raro que se contemple a quien optó por este estado como un bicho raro, un misántropo introvertido que rechaza el contacto de sus congéneres o semejantes, o bien se le tacha como alguien a quien su conciencia le acusa de algún hecho delictivo o deshonroso, de ahí su terquedad en refocilarse en su soledad. Empero,  pueden existir otras razones para que alguien se vea abocado a un  soledad no buscada: la ausencia de un ser querido  con quien se  compartía vida e ilusiones al desaparecer  por muerte fortuita puede provocar un aislamiento no deseado que arrastra tras de sí momentos de pesadumbre y angustia. No se trata entonces de una soledad anhelada, sino impuesta por una fatalidad  fortuita, pero que no hay más remedio que acatar.

   Sesudos investigadores concluyen en que la soledad menoscaba la seguridad emocional y acarrea quebrantos como las apneas del sueño o la depresión, amén de problemas cognitivos; puede ser, pero  discrepo de estas aseveraciones funcionales sean extensibles para toda la sociedad. Comparto la premisa de que no es raro que a los mayores no se les conceda la atención que merecen después 40 o 50 años arrimando el hombro  cooperando para   el progreso del país siquiera sea en el ínfimo aporte de cada uno para este menester, un problema social que importa atajar. Admito esa premisa, pero  tengo que decir renglón seguido que me encuentro a gusto en mi soledad. Tal vez porque, lejos de ambiciones personales ya finiquitadas, encuentro en mis años de retraimiento alivio recurriendo a hábitos que recomiendo, como el de mantenimiento de la amistad o lectura. “Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer”,     es una sentencia de Francis Bacon que, ya en las postrimerías de la vida, suscribo sin reservas y que animo a seguirla a mis congéneres; otra es de  Fray Luis de León: “Que descansada vida la del que huye del mundanal ruido y sigue la apartada senda por la que fueron los pocos sabios que en el mundo  han sido” , un canto al retiro y al estar con uno mismo abominando de  injerencias extrañas. Para terminar con otra igualmente sabia de las muchas que llegan a mis oídos con frecuencia provenientes de paisanos de mi tierra serrana y rondeña cuando el tema sale a colación: “El buey solo bien se relame”, dicen concisa pero certeramente, no sin un deje de socarronería.

  Pueden ser la soledad y la vejez dos males insoslayables, es cierto; pero también lo es que esta certidumbre no la compartimos todos.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.