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Categoría: Serranía de Ronda
La Serranía de Ronda clama por el estado de sus carreteras

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La Serranía de Ronda clama por el estado de sus carreteras

JOSÉ BECERRA

Recuerdo de los años de mi niñez la preocupación constante que existía en torno al peligro que entrañaba circular por la carretera que unía a Ronda con San Pedro de Alcántara, para llegar hasta Málaga. Conductores y viajeros se hacían cruces por riesgo que comportaba transitar por ella y enfrentarse en un tramo de poco menos de 50 kilómetros sortear nada menos que 365 curvas por un calada angosta asomada a precipicios abismales. Ya, peinando canas y severas arrugas en el rostro, compruebo que la dantesca ruta sigue ofreciendo a quienes se ven obligados a transitarla los mismos riesgos de medio siglo atrás. Algo que ratifica la Dirección Provincial de Tráfico la cataloga entre las cinco más inseguras de la provincia, lo que provoca que sean muchos los que, en lo posible, le den de lado para evitar riesgos probables.

Como no podía ser de otra manera se vienen alzando voces de los políticos reclamando solución para este arduo problema de circulación por un vial que entraña extremar la precaución y que, consecuentemente, ralentiza la circulación. En concreto, desde las filas del Partido Popular se han enviado enmiendas a los presupuestos autonómicos para 2018 para que se encare la perentoriedad de remediar las deficientes infraestructuras de la Serranía de Ronda, particularmente perjudicada por la dejadez de la Junta en cuanto prestarse a dar solución a este problema que se acrecienta por días.

De lo que se trata, y este es el empeño del PP, que acaba de poner las cartas sobre la mesa de la Junta, la cual hace nada menos que diez años dio por hecho la construcción de una autovía que viniera a solventar los peligros que entraña el recorrido actual a la vez que permitiría reducir distancias de manera drástica, pero de lo “dicho al hecho, un gran trecho”, que decimos los serranos avezados con las decisiones tardías o inoperantes de las administraciones públicas en lo que a estas tierras del sur, que no pocas veces se abandonan a su suerte para la exasperación de quienes argumentan legítimas reivindicaciones.

Ronda y la Serranía, comarca y pueblos, gozan de prestancia, por sus paisajes únicos y brillante pasado histórico, para atraer infinidad de viajeros a sus tierras; pero esta predisposición se acrecentaría si los medios de comunicación ofrecieran condiciones óptimas. La Junta tiene la palabra para tenderle, en justicia y como se merece, la mano.

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Excelencias del cerdo ibérico y serrano

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Excelencias del cerdo ibérico

JOSÉ BECERRA

Obedeciendo no se sabe bien a qué política de atacar por insalubre a la grasa procedente de las carnes de cerdo y al peligro de consumirla por el riesgo de aumentar los niveles de colesterol y, por consiguiente, de sufrir un percance cardiovascular, existe como una predisposición a darles de lado. Cierto es que hay más grasas saturadas en el tocino que en el lomo de este mamífero hozador del que los sibaritas del buen yantar dicen que “ gustan hasta sus andares” , pero no hay razón para equiparar como dañinas para el organismo tanto las partes magras como las grasas.

Se pueden evitar en nuestros guisos de cada día las últimas (saturadas), o bien concederles una menor frecuencia en los menús diarios, sin que sea una buena idea eliminarlas del todo: en la proporción adecuada reside la virtud. De ninguna manera es recomendable prescindir del todo de la panceta, costillas y resto de trozos grasos que resultan insustituibles a la hora de elaborar embutidos (salchichón, chorizo, morcilla, entre otros bocados exquisitos), que nos sustentan y deleitan el paladar, siempre que se consuman con prudencia y moderación

Quizás los detractores del consumo de este orondo cuadrúpedo no saben que, como se apuntan desde medios científicos autorizados en dietética y nutrición, “una ración de lomo cerdo contiene la misma cantidad de grasa que otra de pechuga de pollo sin piel”. O sea, que no hay subestimar una para sublimar la otra. No digamos el consumo de jamón, que si es ibérico de bellota, aparte de su sabor inigualable contiene solo una proporción de grasas insaturadas, o sea, benéficas, considerable.

¡Ah, el jamón!, que si del vino se dice que es el néctar de los dioses, de éste habría que dejar por sentado que es el alimento por excelencia y producto singular para restaurar estados anímicos y depauperados. A este tenor, recuerdo que un médico de Benaoján, lugar chacinero puntero en Andalucía, solía decir que un jamón colgado de la cabecera de una cama en la que reposara un enfermo diagnosticado de endeblez era el mejor remedio para su pronta mejoría y acabar con su estado mórbido.

Conviene apuntar que el jamón – si es de pata negra, mejor, que mejor- no engorda y que, además protege el sistema cardiovascular. Y hay más: las calorías que proporcionan 100gm de este manjar de dioses no van más allá de las que nos acarrean la misma cantidad de un coscorrón de pan. Si a todo esto añadimos que reduce el colesterol malo y aumenta el bueno, además de proveer a nuestro sistema inmunitario de sustancias benéficas como minerales (hierro, sobre todo) y ácido fólico, amén de un conglomerado de vitaminas, ya me dirán si no es necesario su condumio habitual para mantener músculo y regulación metabólica del organismo.

A todas luces, resulta inadecuado e injusto atacar los productos del cerdo, ya sean conservados o elaborados, por las ventajas que reporta su consumo siempre prudencial al organismo humano y su sistema inmunitario.

¡Larga vida al jamón de cerdo ibérico y serrano, y a quienes lo fabrican y promocionan cada día!

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Benaojan, entre peñas escondidos…

 

Benaojan, entre peñas escondidos…

JOSÉ BECERRA

Días atrás fue noticia el desprendimiento desde la Sierra de Juan Diego- telón de fondo pétreo de Benaoján-  una roca de considerables dimensiones que vino a desembocar, presumiblemente con gran estrepito, en medio de la carretera que une  entre sí a este pueblo de la Serranía de Ronda con Jimera de Líbar, en las cercanías de la famosa cueva de la Pileta, un tesoro prehistórico, por más señas. No es la primera vez que sucesos de estas  características se producen en las inmediaciones de Benaoján, o incluso impactando con las casas de su interior, afortunadamente ahora sin que hayan producido daños a sus habitantes.

Es lo que ocurre en los pueblos en los que peñas, quebraduras y pináculos que al cielo parecen horadar sirven de telón pétreo  de fondo a las casas que a sus cobijos  se acogen no sin temor y recelo de sus moradores, pese a que bajo su imagen ven transcurrir su existencia. Me viene a la memoria una coplilla que en uno de estos pueblos aún se tararea porque los riscos forman sus señas de identidad más conspicuas. “Benaoján, entre peñas escondido, la Pileta es tu nido, monumento nacional…” Efectivamente, la piedra desnuda, las cumbres inaccesibles y brumosas en la lejanía, las agujas que  taladrar el cielo parecen, son una constante en Benaoján desde los más alejados y obscuros tiempos de su historia. Y claro, ocurre lo que ocurre: grandes bloques de piedra, desencajados de su núcleo vienen a parar a las inmediaciones del pueblo cuando no, como digo,  impactan directa y peligrosamente en  las casas.

Ocurrió en 1947, un enorme bloque de granito sobrevoló un par de casas del pueblo, para venir a alojarse en los bajos de una casa, en cuya parte superior dormía tranquilamente Ramón la Estanquera, que así se le conocía en Benaoján y que milagrosamente resultó ileso de la terrible acometida. El suceso ocupó la portada del diario SUR de entonces; como lo hizo años después – 1967 – cuando otro bloque granítico impacto sobre la techumbre de una de las muchas fábricas chacineras de la localidad, milagrosamente en la hora del medio día en la que los operarios aprovechaban para el almuerzo: otro portento que permanece incólume en la memoria de los benaojanos que ya peinan canas.

Quienes visitan el pueblo de manera ocasional se maravillan de la belleza monumental del anfiteatro pétreo que  lo circunda y que son sus señas de identidad más significativas y recelan, al mismo tiempo de la proximidad de las rocas. Algo que a los vecinos del pueblo no les causa el menor temor, quizás acostumbrados a su proximidad: están familiarizados con ellas y con su proximidad conviven sin el menor recelo.

Foto de J. Bullón y Vanesa Melgar

 

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La castaña de la Serranía de Ronda, objeto de deseo

 

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La Serranía de Ronda exalta la castaña

JOSÉ BECERRA

Cada año, cuando el calendario nos anuncia la llegada del Día de los Difuntos, a saber, el 1 de Noviembre, ya comenzó en Pujerra, pueblo que sienta sus reales en la montaraz Serranía de Ronda, la tradicional recogida de la castaña. De ella viven mayoritariamente los pocos más de 300 vecinos que hace posible en buena manera su sustento y que como tal le rinden poco menos que pleitesía por esta época del año.

Se asienta el caserío en el dilatado Valle del Genal, en cuya proximidad fuentes históricas fidedignas estiman o acreditan que nació o vivió el rey godo Wamba, hecho del que los naturales de la comarca hacen alarde. Así como de su lucha contra las tropas invasoras de Napoleón a principios del siglo XIX; tanto es así que todavía los lugareños entonan una coplilla dirigida al Gran Corso y que retrata su valentía: “Napoleón conquistaste a toda España, pero no pudiste entrar la tierra de las castañas”.

Hoy es un puro gozo ver en las faldas de los montes que rodean al pueblo o en el roquedo calizo y desnudo, no pocas veces estratificado, los castaños en flor, para enseguida contemplarlos ofreciendo a la vista sus frutos que lucen su tersura en la cápsula espinosa que le sirve de coraza contra los insectos depredadores. Lástima que a ellas sean inmunes otros saqueadores- los humanos- que poniéndose por montera los esfuerzos y penalidades de los labriegos propietarios del terreno llenan sus morrales de castañas para venderlas al mejor postor. Pero esa es otra cuestión.

En los días que preceden o siguen de aquellos de ir sl encuentro anual con nuestros difuntos, la gente de la Serranía de Ronda convierte a la castaña, ese peculiar fruto de la familia de las fagáceas, un tótem al que se rinde veneración; se suceden los tostones familiares y las fiestas juveniles organizadas con este pretexto.

En la comarca del Guadiaro, que lame con sus aguas varios pueblos serranos, siempre existieron familias vinculadas al modestísimo negocio familiar de la castaña. Se trasladaban a pie hasta los municipios en los que el fruto era abundante, entre ellos Pujerra, y establecían un comercio itinerante y de permuta de escobas, escobones y soplillos de empleita por cuartillos de castañas (“gente de montaña paga con castañas”, se decía entre bromas y veras). Luego, tostadas o cocidas las vendían en esquinas o de puerta en puerta en puerta, “media docena, un real”, a la usanza de los años posteriores a las décadas del hambre, mediado el pasado siglo y transcurrida la Guerra Civil.

Tostar las castañas en viejo latón u olla desportillada y agujereaba en su fondo al fuego vivo era todo un arte para el que se exigían buenas mañas. El olorcillo expendido que acariciaba el olfato era el preludio de la grata sensación de tenerlas en la mano caliente y crujiente antes de llevarla con delectación a la boca. Con frecuencia constituían un motivo de fiesta. Se tostaban las castañas en los patios y se consumían en el interior, acompañadas de anís p de cualquiera otra bebida reconfortante. Lo bailes duraban hasta el amanecer o hasta que las brasas del fuego que había hecho posible el tostón de rigor se consumían convertidas en cenizas.

En Pujerra se ha abierto un museo, cuya estructura y ornamentación exterior en interior gira sobre la castaña. Ofrece información turística sobre el fruto y su significación histórica para el pueblo. Se dice que es único en España, de ahí la curiosidad y el interés que despierta. No se podía contar con otro acicate más apropiado para exaltar el pasado y presente del municipio enclavado en la médula del singular Valle del Genal.

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Alcaldes de la Serranía de Ronda reticentes ante un plan de la Junta

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Alcaldes de la Serranía de Ronda reticentes ante un plan de la Junta

JOSÉ BECERRA

La masificación urbana que se instaló en el litoral malagueño ha hecho que inversores y promotores fijen su atención en la Serranía de Ronda. La intención es extender su dominio sobre este territorio hasta ahora exento de esa malsana deriva de construcciones allá donde todavía impera la tranquilidad y belleza paisajística indemne aún al dominio del avasallador despliegue del ladrillo incontrolado. El espacio en el que prevalece el predominio del desaforado desarrollo urbanístico se hace pequeño y miradas ávidas de nuevos horizontes y lucros desmedidos se han vuelto hacia este lugar privilegiado hasta ahora, como digo, a salvo de edificios colosales que, a buen seguro, vendrían a empañar su apariencia placentera de siglos. Pero, en fin, la otra cara de la moneda es que las inversiones en la zona caerían como un maná allí en donde las carencias económicas sin cuentos vienen siendo proverbiales. Pero he aquí que la Junta de Andalucía, a través de la Consejería de Medio Ambiente, con muy buen criterio, acaba de redactar un Plan del Territorio de la Serranía de Ronda, con vista a frenar una desbocada utilización de su suelo que venga a ser reflejo de las tropelías urbanísticas llevadas a cabo en el litoral y el consiguiente desmadre urbanístico en detrimento de parajes y paisajes rurales que les son propios y que caracterizan tan singular región.

La cuestión es que la irredenta Serranía de Ronda necesita que las administraciones públicas les tiendan la mano para salir del marasmo económico en el que los pueblos que la componen se ven inmersos, muy a pesar de quienes desde los ayuntamientos respectivos que la rigen se las ven y desean para que se invierta en su ámbito. Me refiero a los alcaldes que han recibido la noticia desde las instancias administrativas superiores con cierta sorpresa, con recelo y un no mal disimulado desencanto. Argumentan algunos de estos regidores que las medidas que se pretenden imponer desde la Junta para impedir que el caos que reina en el litoral en lo que concierne a un incontrolado desarrollo constructivo – el desaforado boom del ladrillo – tome cuerpo en zonas del interior, frene de paso las inversiones cuando no la cercenen del todo.

Sea bienvenido el plan que venga a evitar un desarrollo desordenado émulo del que se instaló en el cercano litoral, pero que no impida la recepción de inversiones que propicien la creación de empleo y el resurgir de una zona cuya depauperación es bien visible. Toca consultar a alcaldes de los más de una treintena de pueblos para que expongan sus razones y pretensiones con vistas a que no se den pasos de ciego en una cuestión latente como es la necesidad de inversiones y conjugarla con la preservación metódica de la integridad paisajística de tan singular territorio en cuestión. La reticencia de los primeros ediles parece justa y , desde luego,  razonable.

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Acinipo, un monumento injustamente olvidado

 

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Acinipo, un monumento injustamente olvidado

JOSÉ BECERRA

No es la primera vez que el grupo Ciudadanos de Ronda levanta la voz reclamando para que a este monumento histórico indiscutible las autoridades andaluzas le tiendan la mano. La necesidad de poner en valor el yacimiento de Acinipo, que no hay que olvidarlo, coadyuva a engrandecimiento de las señas de identidad de la Ronda milenaria, ha sido una reivindicación constante de la agrupación naranja, al que la Comunidad Autónoma ha venido haciendo oídos sordos con desfachatez.

   El más claro exponente del asentamiento de Roma en el territorio que hoy responde al nombre de Ronda fuer la ciudad de Arunda, a cuya muy poca distancia se levantó Acinipo, cuyo teatro nos retrotrae a la brillante época de máxima expansión del Imperio nacido en las orillas del Tíber. Antes, en el mismo lugar o en sus cercanías sentaron sus reales los celtíberos y el legendario pueblo de Tartessos, un pueblo a caballo entre la historia y la leyenda que basó su economía en la agricultura del olivo y la vid, de la que Roma obtuvo tanto provecho. El aceite y el vino hispano se los disputaban las familias nobiliarias en la metrópoli, según nos relatan cronicones de la época.

   Roma aprovechó las calzadas que cruzaban la Península Ibérica de norte a sur y se hizo con los poblados que florecían a su paso. Es el caso de Acinipo, al que le cupo el honor de recibir el espaldarazo del emperador Vespasiano, quien le otorgó el derecho latino, emparejándole así con ciudades como las ahora Córdoba y Sevilla. Fue, pues, una floreciente población de cuya importancia habla la construcción del teatro, cuyos restos ha llegado hasta nuestros días. Lo hacen en muy lamentable estado como alta a la vista debido a la desidia de políticos locales que no movieron un dedo para prestarle la atención debida dado su indudable significado histórico.

   Las huestes de Albert Rivera en el Parlamento Andaluz han vuelto con buen criterio a hostigar al Gobierno autonómico para que lleguen a Ronda más pronto que tarde los 150.000 euros que en su día comprometió adjuntándolos en los presupuestos de 2017. Pero si te vi no me acuerdo. Brillas por su ausencia cuando ya lo que se tramitan son los del año siguiente. La voz cantante de la reivindicación la lleva el coordinador del Grupo de Ciudadanos rondeño Francisco Orozco, de la que se ha hecho eco el diputado Carlos Hernández, quien reclama una solución para el conjunto arqueológico largamente abandonado a su suerte.

   La puesta en valor de Acinipo no admite espera, cuanto más que se puso negro sobre blanco la cantidad que en su día se dispuso para ese fin. Se necesita una mayor aportación, como han señalado sus defensores a ultranza, y que atañen “a su conservación y mantenimiento”, pero por algo se empieza. Lo que no parece razonable es la desidia mantenida hasta hora al respecto y que obra en detrimento de la estampa ofrecida al mundo a través de un monumento que en gran manera debería ser uno de los símbolos, cuando no el primero, de un acervo histórico y cultural que adorna a la Ciudad del Tajo desde la antigüedad. El turismo local debería contar con Acinipo como una de sus principales bazas de atracción de cara al turismo que visita Andalucía, y por ende, a Málaga y su provincia. Así, que importa, y mucho, no echar en saco roto las justas reivindicaciones de Ciudadanos, que se apunta un tanto en su papel de sostenedor del PSOE en la Comunidad, pero que exige un trato favorable a sus exigencias; de equidad, por otra parte, como lo es el de substraer Acinipo de un abandono inadmisible.

 

 

 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.