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Esplendor de la feria de Málaga

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Esplendor  de la feria de Málaga

JOSÉ BECERRA

La ciudad  toda es un hervor. Se vive con pasión y entrega a la feria por excelencia de Málaga. Y luce en todo su esplendor una flor – el jazmín – con el que sabiamente se compone un ramillete y que, si bien se pasea por Málaga en manos de sandungueros vendedores durante todos los días del verano, es ahora en los días de la feria agosteña, cuando brilla con singular esplendor entre el bullicioso paso de los viandantes. Hablamos de la biznaga, que como el boquerón o el Cenachero,  son las señas de identidad más    conspicuas  de la Ciudad del Paraíso, como magistralmente la catalogó  el poeta andaluz Vicente Aleixandre, apenas escaló la cúspide de su carrera que le llevó a encumbrarse con el Premio Nobel de Literatura, ahí es nada.

La relación de los sentidos y la experiencia, el despertar de la memoria, que adormecida y oculta se incorpora súbitamente a nuestro sentir espoleada por algún suceso seguramente  banal e intrascendente pero que rompe las ataduras de lo cotidiano  aherrojándonos y suprimiendo en nosotros cualquiera otra sensación y realidad fue tratada con la misma profundidad psicológica que supo imprimir al resto de su obra Marcel Proust en la primera parte de La búsqueda del tiempo perdido. 

  Proust, a su antojo, volvía una y otra vez a los momentos de la infancia felizmente vivida en su París natal de los años 20, rememorando el aspecto agradable, el tacto rugoso pero placentero, el sabor inconfundible de las magdalenas que con asiduidad compraba en una humilde panadería de la rive gauche del Sena. Evocaba las magdalenas consumidas con delectación y el mundo de su barrio se abría de par en par ante sus ojos, no importaba que hubiesen transcurrido los años, era igual que la remembranza se hiciese desde un lugar lejano sin similitud alguna con el ambiente y la situación vivida.

El poder de la mente, la analogía de los sentidos yuxtapuestos a la experimentado, obraba el milagro. Aprehendía el tiempo, siempre fugitivo, lo domesticaba a placer y volvía a los momentos pasados y felices utilizando el resorte del gusto y las imágenes asociadas a este sentido.

No es el sentido del gusto sino el del olfato el que a mí me devuelve cada vez que lo evoco la imagen de Málaga (ahora sumida en la esplendente feria agosteña), el calidoscopio de las sugerentes perspectivas de sus calles, del puerto que se enseñorea  del parque, remolonea en la Alameda y casi se hace presente en la calle Marqués de Larios a la que impregna de su cálida presencia; dela Alcazaba, alta y altanera; de la catedral, portento de sillares y entablamentos, arquerías, columnas y cúpula y armonía de proporciones. No me evoca toda esta magnificencia el regusto de un dulce exquisito sino la fragancia y forma de una flor, esbelta, restallante: la de la biznaga.

La biznaga, no es una flor natural, sino el resultado de la feliz conjunción de jazmines ensartados en una planta espinosa (la chumbera que jalona los caminos y veredas de Málaga) que los acogen y que se abren al atardecer para ser colocados en la pala del cacto  para que bien alineadas expandan su penetrante olor y pasen a ser el símbolo por antonomasia de la feria agosteña.

Percibí su aroma, me encandiló su prestancia cuando, en mis años de la infancia – ya ha llovido – paseaba por Larios de la mano de mis progenitores y un vendedor ambulante la ofreció a mi madre. La fragancia impregnó toda  la corta estancia de  los tres miembros que componíamos aquella familia provinciana ocasionalmente trasladada, por  motivo que ya no consigo recordar, a la para mí ya populosa capital. La que yo entonces, con ojos impúberes y atónitos comenzaba a descubrir. Regresé luego por motivos de estudios, y más tarde me afinqué en uno de los pueblos que le dan la mano por su proximidad y que como ella se asoma, recreándose, al esplendente mar Mediterráneo cada mañana compartiendo en complicidad  tamaño milagro natural.

No hay para mí recuerdo próximo o lejano dela Málaga que parió calles y personajes históricos y entrañables, templos y paseos, tiendas y tabernas antiguas, feria agosteña, – “ esplendor y crisol de luz y color”- y procesiones semana santeras – “ vahído de emoción y exaltación sin límites de los  sentidos”-,  librerías de viejo, posadas y patios de vecinos al que no se anteponga como preámbulo feliz de dicha amistosa, estética y sensual la espigada biznaga, inundando y enseñoreándose de mi ánimo y predisponiéndolo a la evocación más sentida.

Connivencia de sentidos y experiencia que constató el  asmático pero celebrado escritor parisino pero a la que se puede llegar a  través de los más variados caminos. Quién me dice que no estaría sumido en la fragancia de la biznaga Vicente Aleixandre cuando en Sombra del paraíso dio forma a  versos sublimes a Málaga dedicados: “ Calles apenas, leves, musicales, jardines / donde flores tropicales elevan sus juveniles palmas gruesas,/ Palmas de luz que sobre las cabezas, aladas, / mecen el brillo de la brisa y suspenden / por un instante labios celestiales que cruzan / con destino  a las islas remotísimas, mágicas, / que allá en el azul índigo, libertadas, navegan”.

 

 

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Consecuencias del estigma de las corrupciones

Consecuencias del  estigma de las corrupciones

José Becerra

Las corrupciones, que son el plato  que se nos ha servido, ya caliente, ya frío, en los últimos tiempos, además de su inequívoca maldad, está haciendo florecer otras consecuencias que obran en detrimento del sentir del ciudadano de a pie que venía confiando en el buen hacer de sus políticos elegidos para desempeñar cargos en la Administración del Estado en cualesquiera de los  distintos escalafones que la componen. Que está bien que se luche con denuedo contra esa lacra que ha venido socavando el entramado que componen las diversas ramificaciones que desde lo más alto de las instituciones estatales llegaron hasta las menos descollantes, caso de ayuntamientos de escasa significación, pongo por caso. Que es necesario y perentorio que se luche contra la putrefacción que se ha venido dando en los diversos estamentos públicos cuyos altos responsables se pusieron por montera la honradez y la decencia necesarias para ejercer el cargo que le fue concedido por decisión de la ciudadanía a la que debe su elección. Está bien que se vele por la decencia y el buen hacer en sus funciones.

   Pero ocurre que a raíz de esta cruzada de diferentes partidos políticos, que puede ser bien intencionada, se están cercenando en su raíz proyectos ofertados  en favor  del desarrollo económico, social y cultural de ciudades y sus entornos; con lo que esta exagerada persecución de posibles casos delictivos puede significar una sinrazón, ya que ni por asomo persiguen objetivos fraudulentos, con lo se está obteniendo consecuencias adversas a su desarrollo.

    Se están bloqueando cantidades exorbitantes de euros – se habla de más de 14.000 millones- en inversión en obras que, por este motivo, las empresas promotoras se las ven y desean para  iniciar su cometido. Los casos de oposición a proyectos fallidos se han venido sucediendo en un paroxismo infundado contra los propios intereses de ciudades como Madrid – caso del magnate chino Wang Jianlin – Zaragoza, La Coruña o Cádiz, entre otras, en las que las inversiones en ladrillo se volatizaron en un prurito de salvaguarda no se sabe bien qué  tipo de intereses.

   Para ver un caso flagrante en esta cruzada exageradamente engendrada con fines que se nos escapan, no tenemos que irnos demasiado lejos. En Málaga acaba de saltar por los aires un  proyecto cultural del celebérrimo actor Antonio Bandera, quien hastiado de que se le pusieran trabas insalvables, lo suficientemente adversas como  para que desistiera de sus encomiables intenciones de apadrinar un centro destinado a la formación de intérpretes y artes escénicas, amén de otros elementos de carácter instructivos, optó por la renuncia. Un loable empeño tirado por la borda para desgracia de la ciudad. Un propósito honrado y loable del que Málaga se beneficiaría y que se ha ido al garete por un prurito de transparencia totalmente infundado. Seguro que otras capitales españoles acogerán la plausible oferta del actor, seguros de los bienes que le aportaría.

   Un sinsentido tras otros  que prejuzga de antemano y  lleva a extremos inconcebibles de negación a  propósitos honrados que habrían de reportar bienes culturales y beneficios sin cuento, al mismo tiempo de  propulsar, por ejemplo,  la creación de puestos de trabajo.

   Es un sano anhelo  luchar contra la corrupción, pero también debe serlo discernir si ésta hace o no  acto de presencia en proyectos que nos benefician a todos. Su estigma no campea para nuestra suerte por doquier.

 

 

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El Ayuntamiento de Benaoján apuesta por la calidad de vida

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El Ayuntamiento de Benaoján apuesta por la calidad de vida

Benaoján, del que la coplilla local  dice con razón que “está entre piedras escondido” es pese a ello el primer pueblo de la Serranía de Ronda cuyo Ayuntamiento- sin contar el de la Ciudad del Tajo y los de  media docena de municipios de la provincia- , en firmar un convenio para propiciar la mejora de la calidad de vida de sus habitantes impulsada por la Consejería de Salud de la Junta, lo que no deja de ser es una novedad en cuanto al tratamiento de la sanidad local se refiere.  Así lo ha dispuesto la alcaldesa, Soraya García, quien estampando su firma en el documento de colaboración entre el ente autonómico y el Consistorio local, prevé la intervención de la ciudadanía en las políticas que tienen como fin promocionar y alentar esfuerzos e innovaciones entre sus habitantes encaminadas a potenciar su salud y mejorar la calidad de vida. Loable pretensión a todas luces.

De Juvenal, el satírico poeta latino del siglo II de nuestra Era (ya ha llovido desde entonces) aprendimos que no hay nada como una mente sana en  un cuerpo sano – “mens sana in corpore sano”, según el satírico latino Juvenal”. Comulgan, al parecer, con esta idea nuestros políticos locales que intentan imbuir de sanos hábitos a los moradores de los diferentes pueblos malagueños. Para conseguirlo se fomenta la interacción entre el paisanaje y los centros sanitarios respectivos, junto al Área Sanitaria de la Serranía para llevar buen puerto el propósito, que no es otro que afrontar los problemas inherentes a las contingencias que para la salud pueden surgir en un medio rural y que abarcan desde los estilos de vida hasta los índices de morbilidad, y por ende, de mortalidad. ¿Inciden y de qué manera las costumbres, alimentación y formas de vida en la salud de los habitantes? ¿Se vive más o mejor en un pueblo que una ciudad? That is the questión, que dijo el clásico. O sea, esa es la cuestión que decimos el común de los mortales.

Dilucidar esta cuestión que lleva emparejada la observancia y puesta en valor de hábitos saludables más allá de los centros sanitarios y metodologías circunscriptas a la mejora de la salud pública dirigidas por el Ayuntamiento  es una novedosa iniciativa que la alcaldesa benaojana no ha dudado en  hacer suya y potenciarla en cuanto lo que esté a su mano.

Una apuesta municipal indiscutible para el bienestar común que no se tiene por menos que aplaudir.

 

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Aceite de palma, un enemigo latente

Aceite de palma, un enemigo latente

Es un enemigo para nuestra salud, el aceite de palma, que permanece solapado en alimentos de consumo diario y que a la larga puede perjudicarla en grado sumo. Pero es barato, nada comparable en precio con los aceites de toda la vida, sobre todo el de oliva, con beneficios indudables para el cuerpo, o  el de girasol, sensiblemente más asequible que el que procede de nuestros olivos, esos a los que cantó Antonio Machado: “¡Viejos olivos sedientos/bajo el claro sol del día/olivares polvorientos/del campo de Andalucía!”. Lástima que este aceite benefactor haya adquirido un precio en los últimos años imposible de satisfacer para quienes malviven con salarios misérrimos.

Para la elaboración de bollería, dulcería industrial, galletas, margarinas y helados, entre otras viandas a las que recurrimos  de cada día se viene recurriendo a ese aceite de palma procedente del sudeste asiático y que ha sentado sus reales en medio mundo, entre ellos España. Casi siempre se hurta a la mirada normal del confiado cliente del ´super´ de turno con letras minúsculas en el envasado del producto que no sabe a ciencia cierta qué es lo que ingiere, impunemente intricado  en la etiqueta como ´aceite vegetal´.

Si hemos de creer a investigadores del Centro Superior de Investigaciones Científicas (SCIC, para los amigos), que es más que fiable, “se trata de una grasa oculta no saludable ya que sube los niveles de colesterol malo y baja los buenos”, o sea, un enemigo en potencia al que invitamos diariamente a nuestra mesa y que es más que probable que se erija como exterminador de nuestras reservas físicas saludables.

Consciente de este perjuicio generalizado las principales cadenas de distribución alimentaria, con buen criterio, han comenzado a exigir a los proveedores que erradiquen esta grasa y la sustituyan por otro elemento activo en el transcurso del tiempo pro sin deterioro sustancial. Que no nos mate a larga, vamos. Mercadona,  Día y Lidt se vienen mostrando tenaces en conseguirlo, algo que es de agradecer y que no nos duelen prendas elogiar. Sin embargo, no lo tienen fácil porque las industrias alimentarias mantienen que no siempre el cambio es posible sin que el producto sufra merma en su composición.

Mientras tanto no nos queda otra que extremar la precaución y tratar de desentrañar agudizando la vista la presencia en el etiquetado de la sustancia nociva que obra en contra de nuestra integridad física para desdeñarlo sin más.

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Una vacuna imposible

 

Una vacuna imposible

Jose Becerra

No hay padres que no confiesen en estos días la imposibilidad de lograr la vacuna Bexero, tras la que andan a caza y captura, para inocularla  a sus hijos menores de edad  con el fin de  contrarrestar los efectos de una enfermedad que puede ser letal.

Se está jugando impunemente con la salud de nuestros hijos. A los políticos más señeros que tenemos en suerte que  dirijan los senderos por los que cruzamos el suelo patrio se les llena la boca elogiando la sanidad española, pero ésta deja en ocasiones mucho que desear. Es el caso de la vacuna Bexero indicada para contrarrestar la meningitis en menores, una enfermedad que en muchas ocasiones pueden ser letal. Se nos dice mediante los medios informativos que está en vías de resolverse el acuciante problema que venía preocupando a los padres que aspiraban a inocular a sus vástagos de una vacuna que se venía solicitando desde muchos meses atrás.

Afirman fuentes del Ministerio de Sanidad que se han puesto a la venta 230.000 dosis contra la meningitis B, lo que vendría a solucionar el problema del desabastecimiento atroz  en las farmacias  debido al retraso de la fabricación de la vacuna destinada a inmunizar a la grey infantil de esta posible lacra. Tampoco se muestran pacatos a la hora de señalar que ante la carencia de la vacuna se podía administrar en hospitales  en casos puntuales como grupos de riesgo por problemas en su sistema inmunológico. Ahora mismo ni esto último  es posible porque tanto los dispensarios como las farmacias se encuentran del todo desabastecidos y en ellos existen larguísimas listas de espera que no tienen por menos que exasperar a los padres  que saben el peligro que entraña para la vida de sus hijos la demora en administrarles la vacuna en cuestión, que puede provocarles la muerte en tan sólo  24 horas.

La cuestión es que el Bexero  se puede conseguir sin dificultad en el vecino         Portugal o Andorra amén de países como Alemania, Francia, Reino Unido, Italia o Grecia, entre otros países europeos. Esto para mayor inri de los padres que son sabedores de que pediatras españoles, con un buen criterio, pidieron meses atrás  la inclusión de la vacuna en el calendario infantil. Pero fue como predicar en el desierto. Nadie les hizo el menor caso. De ahí la importancia de que los padres sepamos a ciencia cierta las virtudes o complicaciones asociadas a esta vacunación porque ya hay quien practica el “turismo de medicamento” en pos de este inyectable del que hay que saber a este respecto que no puede sufrir la cadena del frío en su traslado de uno a otro lugar y que avala sus más óptimas condiciones para ser administrada con garantía de efectividad.

Con todo tenemos que confiar, no nos queda otra, que esperar en que el ansiado Bexero esté disponible en España  más pronto que tarde evitándose un desesperado peregrinar de una a otra botica con el afán de encontrarlo, peregrinaje hoy por hoy del todo infructuoso.

 

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Hospital de la Serranía de Ronda, una realidad espléndida

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Hospital de la Serranía de Ronda, una realidad espléndida

La actividad del nuevo Hospital de Ronda ya es un hecho comprobable tras la apertura la semana pasada de las urgencias y el traslado de pacientes de uno a otro dispensario. No hay por menos que congratularse de las novedades que ofrece, entre otras la del incremento de la capacidad quirúrgica y asistencial urgente, y la de que los enfermos puedan contar con habitaciones individuales con lo que la intimidad queda asegurada, además del confort que ello supone, amén del aumento considerable de las consultas de especialidades.
Ya está en marcha el nuevo y flamante Hospital de Ronda. Ha costado Dios y ayuda que abriera sus puertas al fin. Pero lo hizo, y los rondeños y serranos de la comarca estamos de enhorabuena por este motivo. Respiramos tranquilos porque ya existen unas flamantes instalaciones y no menos modernos equipos médicos, por otra parte de obligada existencia, en un hospital que no tiene por menos que presumir de sus innovaciones entre otros de Andalucía, capaz de solucionar el estado más o menos calamitoso de nuestra salud.
No dudamos de que en esta institución hospitalaria de nuevo cuño ya estén dispuestos para su utilización instrumentos y equipos para atender las necesidades de los pacientes que llegan hasta sus puertas buscando pronta solución a sus males. Monitores, camas, aparatos para anestesiología, desfibriladores y un largo etcétera de toca cuanto una unidad médica de este tipo se hace imprescindible, seguro que ya responden a una realidad que no admite dudas.
Pero hay un pero y no es otro que el de la necesidad urgente de un paso peatonal subterráneo que no convierta el centro en un lugar de difícil cuando no peligroso acceso. En este sentido, ya se han levantado voces tanto de formaciones políticas como las del común de los ciudadanos que tengan la necesidad urgente de requerir la atención y cuidados del flamante dispensario puedan hacerlo sin poner en serio riesgo su integridad física.
La Diputación de Málaga, como acaban de denunciar voces de políticos en el seno del ente supramunicipal, han requerido a su presidente, Elías Bendodo, del Partido Popular, como saben, para que, junto al Ayuntamiento rondeño que no quiere escurrir el bulto en esta cuestión, se den la mano para que este requerido paso subterráneo sea una realidad más temprano que tarde. Parece ser que se hacen oídos sordos al respecto, lo que no deja de ser una dejadez de funciones en una cuestión que no es baladí para quienes cada día se acercan a las inmediaciones del hospital de nueva planta, ya iniciada su andadura.
En el ínterin, Bendodo se ha venido a Ronda y cuando se trae a colación la cuestión de la ansiada pasarela peatonal o, en su caso, el paso subterráneo de la discordia afirma que es esa una infraestructura que compete a la Junta de Andalucía y que ignora porqué ésta no sabe o no contesta a los reiterados requerimientos de los rondeños. Y que si la obstinación prosigue “se estudiarán desde la Diputación todas las posibilidades” para su construcción. Unos por otros y la casa sin barrer que decimos los rondeños y los pueblos de la comarca con más razón que un santo.
Es uno de los últimos flecos de la puesta en marcha de esta unidad hospitalaria que debería quedar atado y bien atado. Seguro que unos y otros pondrán de su parte para que el nuevo Hospital no presenta ninguna anomalía y la espléndida realidad de su conjunto no sufra menoscabo alguno.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.