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Menos temor a la muerte

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Menos temor a la muerte

JOSÉ BECERRA

Quienes columbramos ya la edad longeva, salvo algunos que otros que intentan aferrarse a la vida con las escasas fuerzas que le deparan los años, no tememos en demasía a la muerte. La afrentamos con el valor que nos conceden los años vividos y se acepta como algo irremediable habida cuenta de  que son vanos cualquieras  intentos de  escabullirse de la Parca, esa  que permanece guadaña en ristre dispuesta  a segar la vida en cualquier momento. La gente joven, si no jamás, pocas veces piensan en la muerte. Lo ven como un suceso tan lejano que no solo no la temen sino que se piensa que es algo que no les incumbe; es cosa de otros, se dicen,  y alardean de que tienen mucha vida por delante y se sacuden el espantajo con un manotazo. Por el contrario, como digo, el fantasma de la muerte hace acto de presencia de manera asidua  entre los que peinamos canas en la cabeza y arrugas en la faz. Llegado a la edad postrera no es raro que resuene en nuestro interior como una verdad aplastante el aserto de Shakaspeare: “To be or not to be, t´hats de question”, a saber, “Ser o no ser, esa es la cuestión” ,traducida al castellano simple y prosaico: pasar de lo que somos a la nada, las sombras eternas, un suspiro y todo se acabó.

La idea de la muerte es una seguridad inmanente a la naturaleza del hombre. Esta certeza ineludible ha hecho penar  a los terrícolas, más allá de las interpretaciones al respecto por las lúcidas mente  de los filósofos, que es un hecho que unifica al ser humano; nadie escapa a la hoz que maneja la  muerte para segar las vida de los mortales sin que la detenga ante raza, religión, lugar ni condición económica alguna. Nacer y morir son certezas inherentes al ser humano. Y además son ambos hechos los que nos igualan más allá de que se nazca en buena cuna o se muera  rodeado de riquezas y esplendor en la más absoluta pobreza. La guadaña que siega vidas no perdona ni a unos ni a otros. Algo tendríamos que tener que nos aunara  sin distinción alguna. Es es el papel de la muerte cuando eleva su guadaña sobre pobres o ricos sin pararse en mientes; no se detiene ante nada ni nadie. Dogmas cristianos e iconoclastas  alegorías han tratado de describirnos  el más allá que nos espera. La razón y la fe entran en liza enfrentándose entre sí en desigual batalla. Si fuese posible un diálogo entre la vida y la muerte es presumible que  fuese en estos términos: “¿Por qué a mí todos me odian y a ti todos te aman”, argumentaría la Parca. A lo que la Vida respondería sin  titubeos: “Porque yo soy una bella mentira y tú una triste realidad”. Más razón que un santo cuando se blande último aserto.

Me  inculcaron desde la infancia la certeza de que no hay que temer a la muerte: cuando viene nosotros ya no estamos. Otra cosa es que se crea con firmeza en el más allá y en la existencia de un premio o castigo a tenor de nuestro proceder  mientras fuimos vivos. Al espantajo de la muerte, y esta es otra certeza que me infundieron  desde la más tierna edad, no hay que temerlo: “mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos”. Una frase lapidaria de Antonio Machado que viene como anillo al dedo a cuanto se asevera sobre ese paso ineludible que todos hemos de  dar desde las luces a las eternas tinieblas. Quizás por esa razón tendríamos menos que temer los que ya nos disponemos al paso definitivo por mor de acumular años.

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Estulticias de los políticos

Estulticias  de los políticos

JOSÉ BECERRA

Nos tienen estupefactos nuestros políticos de aquí  y ahora. Nos preguntamos si de veras tiempo, inmersos en sus diatribas y ditirambos diarios, si de verdad se ocupan de nuestros asuntos. Esos que atañen y preocupan a trabajadores que otean un horizonte negro para el futuro más inmediato a resultas de la precariedad de su empleo. ¿Y qué decir de los que lo ansían pero no lo logran? De las parejas a los que les gustaría tener descendencia pero que renuncian porque las exiguas ganancias no se lo permiten, ¿qué se puede objetar? Y de los pensionistas con exiguas pagas que no dan para llegar a fin de mes, qué rebatir?…Cuestiones que los políticos obvian, le dan  de lado para mejor ocasión, o  guardan  negligentemente en el cajón de los recuerdos, son las que de verdad preocupan a los ciudadanos de a pie, esos que engrosan el ejército silencioso y laborioso del país, o los que desearían militar en sus filas, cuando se les niega un trabajo digno para sostener a sus familias.

Es innegable la vertiginosa  y constante metamorfosis de nuestro mundo a rebufo de las novísimas tecnologías. Internet sacude un marasmo de siglos y se imponen nuevas actitudes ante el acontecer diario que trastoca los postulados ya asentados en el discurrir de la historia en nuestros días. Verdades más que conocidas y afincadas que se presumían incuestionables se desmoronan como un castillo de naipes y otras novísimas ocupan su lugar. Los bancos ya no son lo que eran y sus ganancias otrora copiosas se derrumban a ojos vista. Desaparecen las tiendas de toda la vida con su pátina amable y cercana y atiborran pueblos y ciudades rutilantes y fríos supermercados.

El mercado laboral se resiente y una escalofriante cantidad de familias no pueden adquirir lo más vital para llegar a final de mes. La población se retrae aunque  la longevidad crezca a tenor de menores nacimientos. Hospitales saturados y larguísimas listas de espera hablan claramente del resquebrajamiento de la Sanidad. Los mayores de edad sentimos sobre nuestras cabezas revolear el fantasma de pensiones con exiguas subid  y el temor de un futuro incierto en lo que toca a que perduren en el tiempo.

Y así podríamos seguir con una prolongada serie de elementos que se han trastocado en los últimos tiempos cambiando de mal en peor y que no tienen por menos que engendrar serios temores ante la perspectiva que en lugar de ir a mejor empeore de forma drástica. Y se impone una pregunta: ¿Se preocupan los políticos que anhelan gobernarnos  por dar respuestas a estas incertidumbres que nos acosan? Más bien no. Solo hay un pugilato por ocupar el puesto del adversario más encumbrado importándoles una higa nuestro futuro; pero eso sí, desgañitándose por aparentar lo contrario y de que sirven los intereses del pueblo llano.

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Entidades bancarias a trasmano

 

Entidades bancarias  a trasmano

JOSÉ BECERRA

“Tocata y fuga”, si echamos manos al argot de los músicos,  fue un término, como saben, empleado en la época renacentista que reflejaba la destreza del intérprete en la ejecución de una pieza: vivacidad y maestría de pasar de unas notas musicales a otras la caracterizaban.  Viene a cuento la expresión si la aplicamos a la desbandada de las oficinas bancarias en buena parte de nuestro país: con la   misma diligencia y hábiles mañas vienen abandonando a los pueblos de la España rural dejando a sus antiguos clientes con un par de narices. El trato personal que las caracterizaba y que tanto agradecía la clientela lugares como que se esfuma y hunde en la perplejidad cuando no en el encono a quienes de lo gozaban. Se cerraron oficinas a cal y canto y con esta unilateral   determinación vienen dejando a la España rural sin saber a donde acudir para presenciar in situ el desarrollo de sus ahorros, pagar la factura de la luz, o comprobar cada principio de mes la llegada de su pensión y disponer de ella  a pocos metros de su domicilio o del bar próximo para su regusto y satisfacción. Por el contrario tiene que echarse las piernas al hombre y viajar a la ciudad más cercana y preponderante para un servicio que se le había venido brindando desde décadas atrás in el menor esfuerzo por su parte. Esta nueva estrategia no tiene por menos que desconcertar a la clientela de siempre. Hasta hace poco tiempo era el banco en cuestión quien se desmelenaba  para estar cerca del cliente. Se hizo uso y abuso de lo que se consideró “un excelente bis a bis”. La falacia mantenida ha saltado por las aires y como siempre ocurre, son los menos favorecidos por la fortuna quienes pagan las consecuencias. El número de oficinas que han  echado el cierre sobrepasa con creces las 20.000. Desapareció como  por arte de magia lo que fue un paradigma de: el trato amigable de los empleados hacia   la clientela pueblerina conocida de toda la vida. Pagan los  fieles clientes  los posibles quebrantos del sistema bancario. Se acabó el trato amigable con el recorte de personal y la desaparición de empleados con los que se mantuvieron lazos de durable amistad. Un nuevo cariz de los bancos de siempre, cuya frialdad si no sobrecoge apoca a la clientela que se ve obligada a  abandonar su pueblo de residencia para ir a resolver sus asuntos  pecuniarios allí en donde se sienten extraños. Otra cara amarga para los habitantes de pequeños núcleos de población que van quedando, mal que les pase, a trasmano.

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Pensionistas cabizbajos

Pensionistas cabizbajos

JOSÉ BECERRA

¿Son conscientes nuestros políticos, ahora en refriegas poco menos que sangrientas para perpetuarse en el poder adquirido o para lograrlo desbancando a su oponente  de turno, en que están en juego el futuro de nuestras pensiones? ¿Se muestran sabedores de que el sistema  navega el el mar de los sargazos en donde el final de lo que lo transitan son más que propicio  a una naufragio irremediable?¿Son conscientes quienes rigen nuestros destinos  de que el sistema de pensiones está condenando a sufrir serios quebrantos cuando quienes pueden tener acceso a un trabajo están muy por debajo de quienes llegan al final de su vida laboral y por ende aspirar a una ansiada pensión? Son estas  premisas elementales, pero se nos antoja que no siempre quienes nos gobiernan y de rechazo, los sindicatos, se muestran lúcidos que el sistema de pensiones, en la que tanto ciframos nuestras esperanzas, puede sufrir un colapso cuando ese temido receso de trabajo se produzca por mor que la economía que lo sustenta sufra decaimiento y setambalee, Dios no lo quiera, y entre en franca quiebra. Si se llega a una situación de merma en el empleo y se muestra un déficit en los que cotizan, apaga y vámonos, que se dice ante los estropicios de cualquiera naturaleza. Con el postureo latente de nuestros políticos, de los que se nos ha servido una evidente panoplia en sus actuaciones y componendas a raíz de las últimas elecciones municipales y autonómicas, el sistema de pensiones  se desliza por una superficie tan resbaladiza como peligrosa. La “hucha” languidece a ojos vista  y es el crédito el que  permitirá que, una vez más, que la extra del verano que ya está en ciernes se pueda hacer efectiva, a causa de una quiebra técnica de la Seguridad Social por mor de perdidas que ha venido acrecentándose desde casi una década atrás, por lo que el sistema, tan quebradizo, no tienen por menos que resentirse. Es el Tribunal de Cuentas quien lo predice y nefasto será hacer caso omiso a sus reiteradas advertencias. Conviene estar en guardia por el devenir que puede ser no muy halagÜeño, no ya para quienes goza de la pensión ganada a pulso, sino para quienes aspiran a conseguirla en el futuro. El Pacto de Toledo tiene que ponerse las pilas y a remolque del órgano fiscalizador que se ocupa del dinero de todos, actúe más pronto que tarde para solventar la inestabilidad del sistema y llevarla a buen y seguro puerto. Para que los pensionistas de ahora y lo del futuro puedan respirar tranquilo. Porque las perspectivas no son nada optimistas, ya digo. Si los populistas por prestar su apoyo a Sánchez obtienen el mando en la Seguridad Social, en lo que toca a los pensionistas se habrá hecho un pan como unas tortas. Cabizbajos andamos.

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El espeto malagueño reclama ratificación universal

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El espeto malagueño reclama ratificación universal

JOSÉ BECERRA

¿Quién disfrutando de un día de asueto en las innumerable playas de la costa malagueña no se ha sentido atraído y caer en la tentación de degustar un plato de sardinas previamente sometidas a las brasas? El espeto malagueño es todo un arraigado símbolo malagueño de nuestras tradicionales culinarias que ha venido cautivando a quienes investigan todo aquello que resulta medular con una región o comarca de nuestra ancha y prolífica España en las que tantos usos y costumbres arraigaron desde la noche obscura de los tiempos.

La Comisión Cultural del Senado aprobó días atrás una propuesta que no podía ser más bien recibida de cuantos conceden capital importancia a las costumbres y tradiciones inveteradas en el suelo patrio mantenidas a capa y espada por quienes forman parte sustancial de ellas. Es el caso de los espeteros malagueños, que mantienen el oficio contra viento y marea (nunca mejor empleada la expresión ya que su razón de ser es allí donde las aguas tranquilas o revueltas del piélago vienen a morir desde la creación del mundo), y que la susodicha comisión senatorial pretende lanzar a los cuatro vientos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, en espera de que la UNESCO acoja la propuesta como es de esperar por quienes la han promovido.

Bienvenida sea esta propuesta que no hace sino lanzar al mundo algo que puede catalogarse como cultura viva que es necesario preservar contra viento y marea, expresión esta que viene como anillo al dedo ya que se trata de proteger algo que se lleva a cabo precisamente en aquellos lugares en donde vienen a morir olas y mareas, o se la tierra firme más  cercana.

Fue la UNESCO el organismo que en 2003 sentó las bases de lo que sería la Convención para la salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, luego reconocido como organismo erigido como baluarte de la exhibición y puesta en valor de cuantas tradiciones han venido pasando de padres  a hijos en cualquier sociedad humana como legado transmitido a las generaciones que se sucedieron a través de los tiempo sin distinción de ámbitos. Los objetivos de la organización supranacional se muestran evidentes: mantener incólumes las manifestaciones y creaciones inveteradas que tienen sus fundamentos en la tradición salvaguardando las costumbres heredadas  nuestros mayores y mantenerlas incólumes para las generaciones venideras.

Nuestras comunidades, esas que florecieron merced a la proximidad del mar, es necesario que reconozcan el valor de la expresión que exalta el valor de los espeteros. Nos importa a los malagueños en concreto salvaguardar y proteger estas mañas de la gente ribereña para garantizar su existencia en el futuro. El espeto malagueño merece ser ensalzado como una joya culinaria de nuestra tierra, que ahora en los veranos, como el que ahora ha comenzado, se nos ofrecerá por doquiera en  nuestras costas  para alegrarnos la vista y reconfortar nuestro estómago entre chapuzones y momentos placenteros al sol que más calienta.

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Ciudadanos se desdice

 

Ciudadanos se desdice

JOSÉ BECERRA

Nuestros políticos de nuevo o viejo cuño, que tanto monta, no dejan de asombrarnos. Piensan ellos en su limbo abstruso que los demás no tenemos memoria o que han de mostrarse permisivos con sus declaraciones, esas  que vienen a ser las contrarias de las que han sido una constante desde tiempo atrás y con las que ha venido machacando a todo quien  quisiera oír sus peroratas. Se recurrió con una reiterada constancia lo que fue a las claras una constate apelación al “cordón sanitario” al PSOE, y ahora, sin rubor,  ser viene a afirmar su dirigente, Albert Rivera, y en particular uno de sus segundos de abordo, Jose Manuel Villegas,  que era  del “sanchismo” del que se despotricó y negó cualquier alianza para no ofrecerle “ni agua”, lo que podría entenderse como que ahora transige y le tiende la mano allí en donde haga falta.

Del no rotundo y displicente a todas luces se pasa a la aquiescencia más  o menos velada, pero cierta. Cuando todavía no se habían apagado los ecos de las últimas elecciones, el llamado algo así como el Comité de Pactos , al mando de Inés Arrimada, se dejó claro de manera concluyente  que arrimarían el hombro a todas las formaciones políticas, incluidas el PSOE. Ver para creer.Intentó enmendarle la plana Villegas,  cuando puntualizó al respecto,  haciendo hincapié en  que apoyarían a las huestes de Sánchez, sí,  pero solo a las que se nieguen a transigir con populistas y separatistas y además acaten la implantación del tan  traído  y llevado artículo 155. O sea, sí, pero no; o no, pero sí como se prefiera. Incluso no parece que de entrada hagan ascos para apoyarle en su próxima investidura si las cosas se le tuercen a última hora.

Ver para creer. Pasmo para quienes les votaron y ahora ven que todo puede acabar en que se arrime el hombro   quienes hicieron un corte de manga ostensible a los socialistas,  y eligieron sus siglas precisamente haciendo caso a sus diatribas en contra de estos: vieron en Ciudadanos  un adalid de la defensa de los postulados de centro-derecha, de lo que hacían gala. Su gozo en un pozo. Del “no” rotundo se pasó a la solapada aquiescencia  para estupefacción de  propios y extraños. Se pasó de la acerva negación al beneplácito en “horas veinticuatro”, justificando el desafuero a sus votantes acudiendo en boca de algunos de sus primera figuras a la manida excusa  de “ cada espacio tiene sus singularidades” con la que desean exculparse ante los votantes que optaron por sus siglas.

Ver para creer, aunque ya se esté curado de espanto en lo que toca a lo que dicen nuestros políticos y de lo que reniega en breve intervalo de tiempo.  Ciudadanos se pone por montera todo lo que dijo sobre el “sanchismo”, que no fue precisamente poco ni bien intencionado, pero eso quedó atrás. El “cordón sanitario” del que alardeó parece haber quedado en aguas de borrajas, por mucho que su secretario general, quiera desdecirse de sus anteriores invectivas contra los socialistas. Aquí paz y  luego gloria, que dice el dicho. “Cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras”, se lee en el Quijote. Y antes, en el Cantar del Mío Cid, se hace constar la misma frase lapidaria, que viene como anillo al dedo. Se pueden aplicar, sin duda, a buena parte de quienes hoy nos gobiernan, para el estupor y el reconcomio del pueblo llano que ejerció su derecho al voto y los contemplan impávidos en sus diatribas de ahora, al mismo tiempo que manejan a su antojo sus sufragios.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.