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Barbarie en la Alameda de Ronda

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Barbarie en la Alameda de Ronda

JOSÉ BECERRA

Todos los pasos de los rondeños y de quienes desde pueblos cercanos vienen a Ronda por las más variadas cuestiones, conducen en según qué hora del día al Parque de la Alameda. Aquí se viene en busca de paz y tranquilidad en no importa qué hora del día, apartado de la bulla callejera y para perder la vista en horizontes lejanos que hablan del recoso entorno de la “ciudad soñada” de Rilke. Recuerdo de los años de mi niñez que mi madre, en viajes que desde el próximo Benaoján me llevaba hasta Ronda ya para comprar mis zapatos nuevos o la indumentaria que habría de lucir en las fiestas patronales locales, siempre me llevaba a este parque a la mediación del día para reponer fuerzas con las viandas de rigor tras buscar la sombra más apropiada  a este menester

Luego con el paso del tiempo supe que el nombre del lugar de mis regodeos infantiles originario era el de la Alameda de San Carlos y que su emplazamiento se sitúo junto a la Plaza de Toros y bordeando la imponente cornisa del Tajo con la idea de que estuviese perfectamente incardinada en la ciudad. Después, en el transcurrir de los años, mis visitas a tan singular paraje de belleza y relajación se hicieron tan frecuentes como fueros mis visitas a la villa. Acabados mis asuntos en la vorágine de la ciudad y en espera del regreso a mi pueblo natal allí me solacé disfrutando de su arboleda y las vistas que desde sus balconadas me permitían gozar de horizontes lejanos con el fondo enigmático de la Serranía de Ronda, tan eterna como misteriosa, dicho sea de paso, y que encandila a propios y extraños.

Siempre se me antojó un lugar idílico y de remansada paz. Lugar pintiparado para la relajación y el sosiego interior no pocas veces enturbiado en el devenir diario de una ciudad bulliciosa que aquí siempre tuvo su rincón de remanso. Mi lugar de recreo placentero y calma pintiparada  desafía al tiempo y no menos con sus alturas desmedidas hacia el mismo cielo,  el cedro de Himalaya o  la acacia de tres espinas, un corpulento ejemplar botánico que puede alcanzar los 40 metros y caracterizado por su corteza lisa y agrietada y sus verdosas hojas  filamentosas. Se yergue soberbio junto al viejo estanque de los patos, un lugar en el que siempre gocé de  momentos que ahora en la vejez añoro no pocas veces.

Pero el paseo no se circunscribe a este para mí idílico lugar sino que continúa bordeando la cornisa que desemboca en el hotel Victoria marcando los límites de un paseo, el de “Los Ingleses”, que ofrece panorámicas de bellezas indescriptibles para venir a morir en el “Asa de la Caldera”, caprichoso monumento natural donde los haya en la ciudad.

Este Parque con carismáticas vistas que se me antoja tiene mucho que ver con la fisonomía de nuestra  Ronda milenaria y eterna no siempre ve transcurrir el paso del tiempo en paz y armonía. Ocurre que a veces sufre el ataque de energúmenos incontrolados que lo hacen objeto de vandálicos ataques como los que se denunciaron días atrás y que se cebaron  en su mobiliario, amén de las pintadas que desfiguraron parte de su entorno. Importa y mucho que se se extreme la vigilancia en tan emblemático lugar, paradigma de  belleza natural y lugar en el rondeño y visitantes ocasionales cifran su bienestar en momentos de asueto. La barbarie de algunos debe ser motivo para extremar las medidas de protección que lleven a erradicarla de plano.

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Julen

Julen

JOSÉ BECERRA

Hay muertes que entendemos y aceptamos sin tapujos. Es el final de un ciclo de la existencia humana. Nacimos y vivimos con la certidumbre de que nuestra vida está condenada a extinguirse con el paso del tiempo. Lo que nos pasma y llena de zozobra e incomprensión es que la muerte venga a cegar la vida de alguien que apenas se había asomado a ella. Y si esto ocurre con las circunstancias que han golpeado al pequeño Julen más nos hace pensar en lo enigmático e incomprensible del hecho de abandonar este mundo de manera y forma que han venido a concurrir para segarle la vida. Hemos asistido para asombro del mundo a la desigual lucha del hombre con armas que la modernidad de las técnicas ponía en sus manos contra la montaña, animal maléfico, que se resistía a soltar su presa. Y si lo hizo al fin fue para dejar constancia de su victoria final   cebándose en la vida de un inocente niño que apenas había hecho sino asomarse al mundo. No lo entenderemos jamás por muchas vueltas que demos en nuestro cerebro. Vivimos días de incertidumbre en el de las horas contemplando la singular batalla de quienes eran avezados en soliviantar las asperezas del risco. Con tenacidad y sin descanso lucharon hasta el final para arrebatarle su inocente presa sana y salva. Merced a sus denodados esfuerzos  consiguieron doblegar su pétrea resistencia, pero desgraciadamente cuando ya era demasiado tarde. Nos estrujamos el  cerebro tratando de encontrar una respuesta a este desgraciado acontecer que se ha cebado con la familia de Juven, que ya pasaron, y en época reciente por el amargo trance de perder otro hijo por una muerte súbita en una playa del litoral malagueño. Y ahora la tragedia de otro hijo que encontró la muerte cuando todavía no se habían rehecho de la otra dolorosa pérdida. Quienes contemplamos estas vicisitudes de la familia nos preguntamos la razón para que ella se cebe el infortunio y la desgracia procurándoles sendos desgarros en el alma. Quienes somos padres y abuelos de niños de la edad de Julen nos ponemos en su piel y no podemos evitar que los ojos se nos nublen. Y de que clamemos al cielo preguntando el porqué de estos sucesos que laceran el alma. No hay respuestas. Y nos comemos las lágrimas ante la impotencia de encontrar una razón racional ante tamaña desgracia que no tiene por menos que acongojarnos a todos.

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Julen: dia D, hora H

Julen: dia D, hora H

Este que campea más arriba es un término usado genéricamente, como saben,  por  militares anglosajones para señalar el día justo y la hora en que se ha iniciar la ofensiva contra el enemigo, en este caso la montaña que se tragó a Julen. Aquí y ahora, la operación no es otra que poder llegar hasta las inmediaciones en que se supone que el pequeño  permanece enterrado, un suceso dramático que ha conmocionado a España por entero y buena parte de países de otras latitudes terrestres, como no podía ser de otra forma. La que ya se conoce como una “obra de ingeniería humanitaria” acaba de dar las últimas acometidas a una mole de tierra y rocas que propició ímprobos trabajos y actuaciones contra reloj que venían impidiendo la aproximación a Julen. Salvadas estas barreras que han mantenido en suspenso a propio y extraños con el entubado o “encamisado”  de los 60 metros del túnel vertical perforado se inicia este jueves el último intento en este caso para llegar hasta el pequeño.

Toca ahora  llevar a cabo su labor los miembros de la Brigada de  Salvamento Minero de Asturias. En ella se han depositado las esperanzas de los padres y de quienes siguen con el corazón encogido desde que el pequeño cayó, el pasado día 13, en un angosto pozo de búsqueda de agua  abandonado. Son ocho los mineros que voluntariamente van a poner en riesgo sus vidas excavando una galería horizontal de 4 metros de largo afrontado dificultades sin cuento, pero animados por el deseo de llegar a un final feliz, que no es otro sino el milagro de encontrar al pequeño con vida. Son conscientes de que se juegan la suya propia en el intento. De ahí su desafío a la adversidad de una arisca montaña que venía impidiendo el proceso de salvamento del menor con la celeridad que exigía el desgraciado suceso que ha puesto en vilo a tantos corazones.

Es seguro que en estos momentos se elevan preces al Cielo para que este fatídico suceso tenga un final feliz, que no es otro que el otero devuelva sano y salvo a Julen.   A ellas nos unimos sin reservas. Que el día D, hora H se haya resuelto felizmente.

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Promesas, promesas…

Prometiendo, que es gerundio

JOSÉ BECERRA

Dicen quienes siguen de cerca los artificios de los políticos cuando prometen el oro y el moro ante cualquier confrontación electoral con las intenciones legítimas de sobreponerse a  las promesas que otros manifiestan con las mismas dudosas intenciones, que, una vez concluida la trifulca, lo más que puede suceder es que de aquel “puedo prometer y prometo”  solo quede humo volátil, vaporoso  empeño. Nada. La cuestión es que se ponen magníficos a la hora de las promesas para conseguir el voto que les aúpe al poder, y, luego, una vez  obtenido el pedestal sobre el que erigen orgullosos, pocas veces se acuerdan de lo prometido. Dan pie, con esa actitud, a que quienes le auparon con su papeleta se reafirmen en la  certidumbre de  que los compromisos  de los  políticos, las más de las vecen, se hacen para no cumplirse. Vamos, que se disuelven en la nada. Como en el agua, el azucarillo…

   Juanma Moreno se vino a Ronda días atrás en plena campaña electoral andaluza para captar voluntades hacia su causa. Arengó a la concurrencia con ardor, arropado por la candidata popular a la Alcaldía, Mari Paz Fernández, amén de otros componentes del PP aspirantes a sentar sus reales en el Parlamento andaluz. No anduvo el líder popular parco en sus promesas a los rondeños si obtenía el triunfo en la contienda electoral que se avecinaba. Cortó por derecho en su soflama y prometió que se iniciaran de inmediato los  precisos para la conexión de Ronda y la Serranía mediante la autovía que una a la ciudad con Málaga y Sevilla, una cuestión latente y candente, que tanto preocupa a los que aquí viven y que se ven disminuidos  en el disfrute de una conexión viaria que se considera fundamental para el progreso de sus territorios. Igualmente, y sin pelillos en la lengua, dio por seguro que tendería la mano al Hospital de Ronda, dotándolo de personal sanitario suficiente y dotándolo de  recursos específicos para el cumplimiento de sus funciones.

   Así mismo, entre otros buenos propósitos, dio por sentado la puesta en marcha de un Plan de Infraestructuras de la Comunicación para Ronda y la Serranía, y mejoras en la carretera que une a la Ciudad del Tajo con San Pedro de Alcántara: un clamor de quienes se ven a diario obligados a transitar por ella, con nos pocos temores y cautelas por su trazado, entre otras vías comarcales que, así mismo, reclaman urgente asistencia. Y terminó  dando  por sentado la puesta a punta del Gran Corredor Verde de Andalucía, una plataforma ferroviaria que une Antequera con Marchena, que, por dejadez de la Junta de Andalucía, duerme el sueño de los justos desde décadas atrás. Ahí es nada. Un alentador panorama para ¿encandilar? Era su obligación en la tesitura electoralista. Y su boca sea meía, como se dice en el diccionario caló. Otra cosa es la realidad palmaria y cruda que luego acontece.

Promesas y promesas… Como las del PSOE  afirmando apostar por cortar de un tajo la despoblación de la Serranía de Ronda recurriendo a los medios necesarios, hasta ahora brillando por ausencia, para que los pueblos no sigan perdiendo habitantes por la forzosa marcha hacia regiones más prosperas garantes de un trabajo seguro y digno. Para acabar con las promesas de Adelante Andalucía que da por hecho la asistencia económica para hacer realidad una antigua demanda: dotar de depuradoras a ríos como el Guadalhorce, y en lo que toca a los pueblos malagueños y serranos, la que venga a solventar un arduo problema medioambiental que desluce ríos como el Guadiaro o el Genal, antes impolutos y que ofrecían el placer de baños placenteros, pero que ahora arrastran su decaimiento a ojos vista.

   ¿Se cumplirán los alegatos y promesa  una vez sorteados los escollos de la confrontación electoral? “El pez por la boca muere”, dice una sentencia  popular. ¿Habrá que refrescar  la memoria a quienes prometieron el oro y el moro para cosechar adeptos a su causa? Casi siempre resulta obligado hacerlo para desdicha del sufrido elector. Prometiendo, que es gerundio.

 

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“¡Cuan largo me lo fiáis…!”

Vista de archivo de Ronda. /

 

“¡Cuan largo me lo fiáis…!”

JOSÉ BECERRA

Como no podía ser de otra manera, los socialistas afincados en Andalucía más de 40 años, que ya ha llovido, vienen prometiendo un futuro prometedor para la región si vuelven a ganar las elecciones. Hacen lo propio el resto de formaciones políticas ahora en liza, y prometen el oro y el moro para esta tierra que alguien, siglos ha, llamó con propiedad de María Santísima. Importa en esta tesitura en la que el suelo andaluz cobra interés por mor de unas elecciones que lo mantendrá en vilo de aquí al día 2 de Diciembre recalcar su importancia, así de antes como de ahora.

A nadie se le escapa que Andalucía fue en el pasado un foco de civilización y convivencia de culturas que encandiló no solo al resto de la España del momento sino a la propia Europa. Aquí se hizo posible el desarrollo y transmisión al resto del mundo hasta entonces conocido de todo lo que ofreció una extensión de conocimientos que fueron revolucionarios, tales el Neolítico o el  descubrimiento consiguientes de la agricultura. Se  removieron   las bases sobre la que se asentarían las civilizaciones milenarias procedentes de las regiones africanas y cuyos artífices fueron los pueblos que respondían a la identidad de fenicios, griegos, cartagineses y romanos. Desde aquí, el entonces Al-Andalus, siguiendo una impronta civilizadora,  trasladó esta sapiencia  al resto del mundo por entonces conocido.

De la Andalucía de ahora se podría decir aquello de que “una milenaria historia la contempla”, así como que  de un inmenso legado artístico puede hacer alarde, sin que nada  se pueda objetar en su contra. Aquí permanecen como reliquias del pasado y orgullo para la posteridad joyas arquitectónicas como la Alhambra de Granada, la Giralda de Sevilla  o la Mezquita de Córdoba. ¿Y qué decir de los hombres preclaros que la habitaron y que dejaron, a través de los tiempos, muestras de un arte pictórico, que son hoy admiración del mundo? Tales son Velázquez, Murillo o Picasso. Se sembró el suelo andaluz de iglesias, conventos y palacios en los que dejaron su buen hacer arquitectos, imagineros y una pléyade de prohombre que hicieron de esta Andalucía nuestra de ahora un emporio para regocijo de propios y admiración de extraños.

Llegan las elecciones para elegir un partido político que rija nuestro destino para los próximos cuatro años y se abren programas de realizaciones a cual más tentador. Y más embaucadores, habría que decir. Lo que cuenta es encandilar a la plebe prometiendo el oro y el moro, aún a sabiendas que muchas de estas promesas, alegremente enunciadas tienen escasas posibilidades que cuaje.

Cada cual a ver quien promete más. Para Ronda, que cojo el término más cercano dentro de esta Andalucía de nuestras entretelas, prometen quienes ahora ostentan la sartén por el mango, a saber, el PSOE, enmendar la plana a quienes hicieron caso omiso de mejorar las comunicaciones de la ciudad con el exterior. No existe una autovía que facilite en condiciones óptimas sus comunicaciones entre sí y el exterior. Es éste un hándicap para el desarrollo de la Ciudad del Tajo largamente soportado, que ahora se pretende anular anunciándolo a bombo y platillo. Con el mismo ahínco lo acaban de hacer el resto de partidos políticos que concurren a las ya inminente consulta electoral: PP, Ciudadanos y Podemos, para no quedarse atrás en el consabido “puedo prometer y prometo” clásico, que ya sabemos se queda en aguas de borrajas.

Ronda, contando con una población de más de 30.000 habitantes, seguirá siendo huérfana de infraestructuras de comunicación  por carreteras seguras y rápidas que las unen al resto  de Andalucía. Promesas a porrillo, pero realidades nulas.  Al tiempo. A nuestros políticos andaluces que ahora se desgañitan prometiendo sin parar, espetarles con más razón que un santo, el clásico: “Cuán largo me lo fiáis”. Un leimotiv  éste que los andaluces, escarmentados, hemos de contraponer con el  de “pájaro en mano”  tan castizo como autónomo de la tierra, cuando desde aquí se reclama algo que no admite dilación posible. Casi siempre, empero,  los acuciantes deseos  se los  ponen por montera aquellos en quienes residen la potestad de hacerlos realidad.

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Al calorcillo de castañas tostadas

 Resultado de imagen de fotos de castañas asadas, diario sur Foto: Diario SUR

Al calorcillo de tostones de castañas

JOSÉ BECERRA

Cuando el otoño toca a su fin y el invierno asoma su fría  cariz,  en los pueblos de media España surgen en las esquinas como setas los puestos de castañas asadas. Su presencia aflora como un toque que el tiempo imprime en su constante mudanza determinando ahora que con su crudeza se reavivan tradiciones que hablan de nuestra forma de ser y mostrarnos a los demás.

Se expande por las calles el grato  olorcillo del fruto más objeto de deseo en estas fechas y es como si todos nos hiciésemos un poco niños, y la añoranza del calorcillo hogareño y de los momentos felices con los seres queridos nos embarga.

De todo eso es capaz un cucurucho de castañas que el vendedor de turno, a cambio de unas monedas, deposita en nuestras manos. ¡Cuántas confidencias, declaraciones y pensamientos gratos nos proporcionan mientras degustamos este fruto de las familias de las fagáceas! ¡Cuantas reuniones festivas en la que es el protagonista indiscutible!  Y me vienen a la mente los “tostones” que todos y cada uno de los pueblos de la Serranía y el Genal organizan en torno al día de Difuntos y el de Todos los Santos posterior.

En la comarca del Guadiaro, que lame con sus aguas varios pueblos serranos, siempre existieron familias vinculadas al modestísimo negocio familiar de la castaña. Se trasladaban a pie hasta los municipios en los que el fruto era abundante, entre ellos Pujerra, y establecían un comercio itinerante y de permuta de escobas, escobones y soplillos de empleita por cuartillos de castañas (“gente de montaña paga con castañas”, se decía entre bromas y veras). Luego, tostadas o cocidas las vendían en esquinas o de puerta en puerta en puerta, “media docena, un real”, a la usanza de los años posteriores a las décadas del hambre, mediado el pasado siglo y transcurrida la Guerra Civil.

Tostar las castañas en viejo latón u olla desportillada y agujereaba en su fondo al fuego vivo era todo un arte para el que se exigían buenas mañas. El olorcillo expendido que acariciaba el olfato era el preludio de la grata sensación de tenerlas en la mano caliente y crujiente antes de llevarla con delectación a la boca. Con frecuencia constituían un motivo de fiesta. Se tostaban las castañas en los patios y se consumían en el interior, acompañadas de anís o de cualquiera otra bebida reconfortante. Lo bailes duraban hasta el amanecer o hasta que las brasas del fuego que había hecho posible el tostón de rigor se consumían convertidas en cenizas.

Cada año, cuando el calendario nos anuncia la llegada del Día de los Difuntos, a saber, el 1 de Noviembre, ya comenzó en Pujerra, pueblo que sienta sus reales en la montaraz Serranía de Ronda, la tradicional recogida de la castaña. De ella viven mayoritariamente los pocos más de 300 vecinos que hace posible en buena manera su sustento y que como tal le rinden poco menos que pleitesía por esta época del año.

Se asienta el caserío en el dilatado Valle del Genal, en cuya proximidad fuentes históricas fidedignas estiman o acreditan que nació o vivió el rey godo Wamba, hecho del que los naturales de la comarca hacen alarde. Así como de su lucha contra las tropas invasoras de Napoleón Bonaparte a principios del siglo XIX, y que los bravos serranos repelieron con valentía.  Todavía  los lugareños entonan una coplilla dirigida al Gran Corso y que refleja su valentía y arrojo contra el invasor: ”Napoleón, conquistaste a toda España, pero no pudiste entrar la tierra de las castañas”.

Hoy es un puro gozo ver en las faldas de los montes que rodean al pueblo o en el roquedo calizo y desnudo, no pocas veces estratificado, los castaños en flor, para enseguida contemplarlos ofreciendo a la vista sus frutos que lucen su tersura en la cápsula espinosa que le sirve de coraza contra los insectos depredadores. Lástima que a ellas sean inmunes otros saqueadores- los humanos- que poniéndose por montera los esfuerzos y penalidades de los labriegos propietarios del terreno llenan sus morrales de castañas para venderlas al mejor postor. Pero esa es otra cuestión.

La castaña en los pueblos que la Serranía delimita tiene mucho de símbolo, casi se la venera. Caso del pueblo de Pujerra, donde tiempos atrás se abrió un museo, cuya estructura y ornamentación exterior en interior gira sobre la castaña. Ofrece información turística sobre el fruto y su significación histórica para el pueblo. Se dice que es único en España, de ahí la curiosidad y el interés que despierta. No se podía contar con otro acicate más apropiado para exaltar el pasado y presente del municipio enclavado en la médula del singular Valle del Genal.

En el resto de los pueblos serranos, en los días que preceden o  siguen al que se destina para ir al encuentro de nuestros difuntos en el cementerio local, caso  el de Todos los Santos, se suceden, como digo tostones familiares y fiestas juveniles organizadas con este pretexto. Protagonista indiscutible en esas noches de juvenil jarana y cuchipanda: la castaña.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.