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Promesas, promesas…

Prometiendo, que es gerundio

JOSÉ BECERRA

Dicen quienes siguen de cerca los artificios de los políticos cuando prometen el oro y el moro ante cualquier confrontación electoral con las intenciones legítimas de sobreponerse a  las promesas que otros manifiestan con las mismas dudosas intenciones, que, una vez concluida la trifulca, lo más que puede suceder es que de aquel “puedo prometer y prometo”  solo quede humo volátil, vaporoso  empeño. Nada. La cuestión es que se ponen magníficos a la hora de las promesas para conseguir el voto que les aúpe al poder, y, luego, una vez  obtenido el pedestal sobre el que erigen orgullosos, pocas veces se acuerdan de lo prometido. Dan pie, con esa actitud, a que quienes le auparon con su papeleta se reafirmen en la  certidumbre de  que los compromisos  de los  políticos, las más de las vecen, se hacen para no cumplirse. Vamos, que se disuelven en la nada. Como en el agua, el azucarillo…

   Juanma Moreno se vino a Ronda días atrás en plena campaña electoral andaluza para captar voluntades hacia su causa. Arengó a la concurrencia con ardor, arropado por la candidata popular a la Alcaldía, Mari Paz Fernández, amén de otros componentes del PP aspirantes a sentar sus reales en el Parlamento andaluz. No anduvo el líder popular parco en sus promesas a los rondeños si obtenía el triunfo en la contienda electoral que se avecinaba. Cortó por derecho en su soflama y prometió que se iniciaran de inmediato los  precisos para la conexión de Ronda y la Serranía mediante la autovía que una a la ciudad con Málaga y Sevilla, una cuestión latente y candente, que tanto preocupa a los que aquí viven y que se ven disminuidos  en el disfrute de una conexión viaria que se considera fundamental para el progreso de sus territorios. Igualmente, y sin pelillos en la lengua, dio por seguro que tendería la mano al Hospital de Ronda, dotándolo de personal sanitario suficiente y dotándolo de  recursos específicos para el cumplimiento de sus funciones.

   Así mismo, entre otros buenos propósitos, dio por sentado la puesta en marcha de un Plan de Infraestructuras de la Comunicación para Ronda y la Serranía, y mejoras en la carretera que une a la Ciudad del Tajo con San Pedro de Alcántara: un clamor de quienes se ven a diario obligados a transitar por ella, con nos pocos temores y cautelas por su trazado, entre otras vías comarcales que, así mismo, reclaman urgente asistencia. Y terminó  dando  por sentado la puesta a punta del Gran Corredor Verde de Andalucía, una plataforma ferroviaria que une Antequera con Marchena, que, por dejadez de la Junta de Andalucía, duerme el sueño de los justos desde décadas atrás. Ahí es nada. Un alentador panorama para ¿encandilar? Era su obligación en la tesitura electoralista. Y su boca sea meía, como se dice en el diccionario caló. Otra cosa es la realidad palmaria y cruda que luego acontece.

Promesas y promesas… Como las del PSOE  afirmando apostar por cortar de un tajo la despoblación de la Serranía de Ronda recurriendo a los medios necesarios, hasta ahora brillando por ausencia, para que los pueblos no sigan perdiendo habitantes por la forzosa marcha hacia regiones más prosperas garantes de un trabajo seguro y digno. Para acabar con las promesas de Adelante Andalucía que da por hecho la asistencia económica para hacer realidad una antigua demanda: dotar de depuradoras a ríos como el Guadalhorce, y en lo que toca a los pueblos malagueños y serranos, la que venga a solventar un arduo problema medioambiental que desluce ríos como el Guadiaro o el Genal, antes impolutos y que ofrecían el placer de baños placenteros, pero que ahora arrastran su decaimiento a ojos vista.

   ¿Se cumplirán los alegatos y promesa  una vez sorteados los escollos de la confrontación electoral? “El pez por la boca muere”, dice una sentencia  popular. ¿Habrá que refrescar  la memoria a quienes prometieron el oro y el moro para cosechar adeptos a su causa? Casi siempre resulta obligado hacerlo para desdicha del sufrido elector. Prometiendo, que es gerundio.

 

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“¡Cuan largo me lo fiáis…!”

Vista de archivo de Ronda. /

 

“¡Cuan largo me lo fiáis…!”

JOSÉ BECERRA

Como no podía ser de otra manera, los socialistas afincados en Andalucía más de 40 años, que ya ha llovido, vienen prometiendo un futuro prometedor para la región si vuelven a ganar las elecciones. Hacen lo propio el resto de formaciones políticas ahora en liza, y prometen el oro y el moro para esta tierra que alguien, siglos ha, llamó con propiedad de María Santísima. Importa en esta tesitura en la que el suelo andaluz cobra interés por mor de unas elecciones que lo mantendrá en vilo de aquí al día 2 de Diciembre recalcar su importancia, así de antes como de ahora.

A nadie se le escapa que Andalucía fue en el pasado un foco de civilización y convivencia de culturas que encandiló no solo al resto de la España del momento sino a la propia Europa. Aquí se hizo posible el desarrollo y transmisión al resto del mundo hasta entonces conocido de todo lo que ofreció una extensión de conocimientos que fueron revolucionarios, tales el Neolítico o el  descubrimiento consiguientes de la agricultura. Se  removieron   las bases sobre la que se asentarían las civilizaciones milenarias procedentes de las regiones africanas y cuyos artífices fueron los pueblos que respondían a la identidad de fenicios, griegos, cartagineses y romanos. Desde aquí, el entonces Al-Andalus, siguiendo una impronta civilizadora,  trasladó esta sapiencia  al resto del mundo por entonces conocido.

De la Andalucía de ahora se podría decir aquello de que “una milenaria historia la contempla”, así como que  de un inmenso legado artístico puede hacer alarde, sin que nada  se pueda objetar en su contra. Aquí permanecen como reliquias del pasado y orgullo para la posteridad joyas arquitectónicas como la Alhambra de Granada, la Giralda de Sevilla  o la Mezquita de Córdoba. ¿Y qué decir de los hombres preclaros que la habitaron y que dejaron, a través de los tiempos, muestras de un arte pictórico, que son hoy admiración del mundo? Tales son Velázquez, Murillo o Picasso. Se sembró el suelo andaluz de iglesias, conventos y palacios en los que dejaron su buen hacer arquitectos, imagineros y una pléyade de prohombre que hicieron de esta Andalucía nuestra de ahora un emporio para regocijo de propios y admiración de extraños.

Llegan las elecciones para elegir un partido político que rija nuestro destino para los próximos cuatro años y se abren programas de realizaciones a cual más tentador. Y más embaucadores, habría que decir. Lo que cuenta es encandilar a la plebe prometiendo el oro y el moro, aún a sabiendas que muchas de estas promesas, alegremente enunciadas tienen escasas posibilidades que cuaje.

Cada cual a ver quien promete más. Para Ronda, que cojo el término más cercano dentro de esta Andalucía de nuestras entretelas, prometen quienes ahora ostentan la sartén por el mango, a saber, el PSOE, enmendar la plana a quienes hicieron caso omiso de mejorar las comunicaciones de la ciudad con el exterior. No existe una autovía que facilite en condiciones óptimas sus comunicaciones entre sí y el exterior. Es éste un hándicap para el desarrollo de la Ciudad del Tajo largamente soportado, que ahora se pretende anular anunciándolo a bombo y platillo. Con el mismo ahínco lo acaban de hacer el resto de partidos políticos que concurren a las ya inminente consulta electoral: PP, Ciudadanos y Podemos, para no quedarse atrás en el consabido “puedo prometer y prometo” clásico, que ya sabemos se queda en aguas de borrajas.

Ronda, contando con una población de más de 30.000 habitantes, seguirá siendo huérfana de infraestructuras de comunicación  por carreteras seguras y rápidas que las unen al resto  de Andalucía. Promesas a porrillo, pero realidades nulas.  Al tiempo. A nuestros políticos andaluces que ahora se desgañitan prometiendo sin parar, espetarles con más razón que un santo, el clásico: “Cuán largo me lo fiáis”. Un leimotiv  éste que los andaluces, escarmentados, hemos de contraponer con el  de “pájaro en mano”  tan castizo como autónomo de la tierra, cuando desde aquí se reclama algo que no admite dilación posible. Casi siempre, empero,  los acuciantes deseos  se los  ponen por montera aquellos en quienes residen la potestad de hacerlos realidad.

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Al calorcillo de castañas tostadas

 Resultado de imagen de fotos de castañas asadas, diario sur Foto: Diario SUR

Al calorcillo de tostones de castañas

JOSÉ BECERRA

Cuando el otoño toca a su fin y el invierno asoma su fría  cariz,  en los pueblos de media España surgen en las esquinas como setas los puestos de castañas asadas. Su presencia aflora como un toque que el tiempo imprime en su constante mudanza determinando ahora que con su crudeza se reavivan tradiciones que hablan de nuestra forma de ser y mostrarnos a los demás.

Se expande por las calles el grato  olorcillo del fruto más objeto de deseo en estas fechas y es como si todos nos hiciésemos un poco niños, y la añoranza del calorcillo hogareño y de los momentos felices con los seres queridos nos embarga.

De todo eso es capaz un cucurucho de castañas que el vendedor de turno, a cambio de unas monedas, deposita en nuestras manos. ¡Cuántas confidencias, declaraciones y pensamientos gratos nos proporcionan mientras degustamos este fruto de las familias de las fagáceas! ¡Cuantas reuniones festivas en la que es el protagonista indiscutible!  Y me vienen a la mente los “tostones” que todos y cada uno de los pueblos de la Serranía y el Genal organizan en torno al día de Difuntos y el de Todos los Santos posterior.

En la comarca del Guadiaro, que lame con sus aguas varios pueblos serranos, siempre existieron familias vinculadas al modestísimo negocio familiar de la castaña. Se trasladaban a pie hasta los municipios en los que el fruto era abundante, entre ellos Pujerra, y establecían un comercio itinerante y de permuta de escobas, escobones y soplillos de empleita por cuartillos de castañas (“gente de montaña paga con castañas”, se decía entre bromas y veras). Luego, tostadas o cocidas las vendían en esquinas o de puerta en puerta en puerta, “media docena, un real”, a la usanza de los años posteriores a las décadas del hambre, mediado el pasado siglo y transcurrida la Guerra Civil.

Tostar las castañas en viejo latón u olla desportillada y agujereaba en su fondo al fuego vivo era todo un arte para el que se exigían buenas mañas. El olorcillo expendido que acariciaba el olfato era el preludio de la grata sensación de tenerlas en la mano caliente y crujiente antes de llevarla con delectación a la boca. Con frecuencia constituían un motivo de fiesta. Se tostaban las castañas en los patios y se consumían en el interior, acompañadas de anís o de cualquiera otra bebida reconfortante. Lo bailes duraban hasta el amanecer o hasta que las brasas del fuego que había hecho posible el tostón de rigor se consumían convertidas en cenizas.

Cada año, cuando el calendario nos anuncia la llegada del Día de los Difuntos, a saber, el 1 de Noviembre, ya comenzó en Pujerra, pueblo que sienta sus reales en la montaraz Serranía de Ronda, la tradicional recogida de la castaña. De ella viven mayoritariamente los pocos más de 300 vecinos que hace posible en buena manera su sustento y que como tal le rinden poco menos que pleitesía por esta época del año.

Se asienta el caserío en el dilatado Valle del Genal, en cuya proximidad fuentes históricas fidedignas estiman o acreditan que nació o vivió el rey godo Wamba, hecho del que los naturales de la comarca hacen alarde. Así como de su lucha contra las tropas invasoras de Napoleón Bonaparte a principios del siglo XIX, y que los bravos serranos repelieron con valentía.  Todavía  los lugareños entonan una coplilla dirigida al Gran Corso y que refleja su valentía y arrojo contra el invasor: ”Napoleón, conquistaste a toda España, pero no pudiste entrar la tierra de las castañas”.

Hoy es un puro gozo ver en las faldas de los montes que rodean al pueblo o en el roquedo calizo y desnudo, no pocas veces estratificado, los castaños en flor, para enseguida contemplarlos ofreciendo a la vista sus frutos que lucen su tersura en la cápsula espinosa que le sirve de coraza contra los insectos depredadores. Lástima que a ellas sean inmunes otros saqueadores- los humanos- que poniéndose por montera los esfuerzos y penalidades de los labriegos propietarios del terreno llenan sus morrales de castañas para venderlas al mejor postor. Pero esa es otra cuestión.

La castaña en los pueblos que la Serranía delimita tiene mucho de símbolo, casi se la venera. Caso del pueblo de Pujerra, donde tiempos atrás se abrió un museo, cuya estructura y ornamentación exterior en interior gira sobre la castaña. Ofrece información turística sobre el fruto y su significación histórica para el pueblo. Se dice que es único en España, de ahí la curiosidad y el interés que despierta. No se podía contar con otro acicate más apropiado para exaltar el pasado y presente del municipio enclavado en la médula del singular Valle del Genal.

En el resto de los pueblos serranos, en los días que preceden o  siguen al que se destina para ir al encuentro de nuestros difuntos en el cementerio local, caso  el de Todos los Santos, se suceden, como digo tostones familiares y fiestas juveniles organizadas con este pretexto. Protagonista indiscutible en esas noches de juvenil jarana y cuchipanda: la castaña.

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Decae el turismo

Decae el turismo

 

Turistas, en una imagen de archivo./Salvador Salas

 (Foto de Salas, diario SUR)

Se dice, con más razón que un santo, que “el que avisa no es traidor”. Por esta certeza manifiesta hemos de entender que cuando proliferan las apreciaciones sobre el retraimiento del turismo en España no cabe otra que, haciendo de tripas corazón, admitirla y darla por buena. Sus razones tendrán quienes dan por hecho que en el año presente, y sobre todo, en la temporada alta del sector, a saber, entre junio y septiembre, el turismo ha sufrido una merma considerable. Una certeza que debería preocupar y mucho a quienes viven de una industria puntera en cuanto incide en buen parte de la geografía hispana, y por lo que  nos toca de cerca, en la provincia malagueña y su rutilante Costa del  Sol, meollo, por su tirón, de quienes tienen a bien visitarnos para bien pasar sus días de asueto y cuchipanda.

     Han sido tiempos de esplendor para el turismo en España durante los cinco años que antecedieron a este 2018 en el que nos encontramos, en parte debido a las turbulencias políticas que acusaron  países como Egipto y Turquía, destinos que por su situación geográfica y hábitat tradicionalmente compitieron en este  menester en igualdad de condiciones con el que protagonizó nuestra península y sus ínsulas adyacentes.

   Hasta el año 2017 que ya es historia creció exponencialmente la llegada de turistas a la península ibérica. Se superaron con creces los 80 millones de habitantes que aquí arribaron, algo que catapultó a España a ocupar el segundo puesto (detrás de EE.UU) en la lista escala mundial  de países por el número de turistas que aquí sentaron sus reales para gozar de su sol, playas y monumentos naturales y debidos a la mano del hombre durante siglos. Es lo que acaba de apuntar con pelos y señales la Organización Mundial del Turismo( la OMT para los amigos) conjugando los países del mundo  que rivalizan entre sí  para recibir el mayor número de visitantes cada año, sabedores de la palanca que para estimular  e impeler  sus respectivas economías significan.

   Fue a partir del año 2011 cuando el boom del turismo español cobró inusitado auge. ¿Causas? Países del norte de África, que hasta entonces habían rivalizado con España por ofertar la misma atracción de sol y playas, se debatían en luchas intestinas: dejaron de ser codiciados por turistas de medio mundo que buscaban en ansiado relax y no querían verse inmersos en un clima hostil. Las costas españolas les ofrecían las mismas condiciones para su descanso en un clima de paz y tranquilidad manifiesto. Los visitantes crecieron como la espuma pasando de los 50 millones en el inicio de la década actual hasta los ms de 82 millones que se contabilizaron en 2017.

   Pero ese apogeo manifiesto parece haberse truncado. Se evidencia, y así se constata,  que los países beligerantes del Mediterráneo que antes, muy a su pesar, hicieron que se desviara el turismo hacia nuestras costas, vuelven a ofrecer las mismas ventajas que antaño, algo que puso de relieve recientemente Exeltur (Alianza para la excelencia turística). Nuestros principales clientes – británicos y alemanes-    optaron en buena medida por volver a Turquía, Túnez y Egipto en detrimento de las costas españolas, según apuntan desde el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), que no suele ser desacertado en sus metódicas apreciaciones. Lindando está el cómputo de  500.000 los turistas  que dentro de los seis primeros meses del año se decantaron por esos destinos, mientras se daba de lado al nuestro.

   El turismo, protagonista indiscutible de nuestra economía, sigue siendo floreciente, pero presenta vestigios de desaceleración que importaría mucho atajar más pronto que tarde. Nos jugamos no poco en el empeño.

 

 

Se dice, con más razón que un santo, que “el que avisa no es traidor”. Por esta certeza manifiesta hemos de entender que cuando proliferan las apreciaciones sobre el retraimiento del turismo en España no cabe otra que, haciendo de tripas corazón, admitirla y darla por buena. Sus razones tendrán quienes dan por hecho que en el año presente, y sobre todo, en la temporada alta del sector, a saber, entre junio y septiembre, el turismo ha sufrido una merma considerable. Una certeza que debería preocupar y mucho a quienes viven de una industria puntera en cuanto incide en buen parte de la geografía hispana, y por lo que  nos toca de cerca, en la provincia malagueña y su rutilante Costa del  Sol, meollo, por su tirón, de quienes tienen a bien visitarnos para bien pasar sus días de asueto y cuchipanda.

     Han sido tiempos de esplendor para el turismo en España durante los cinco años que antecedieron a este 2018 en el que nos encontramos, en parte debido a las turbulencias políticas que acusaron  países como Egipto y Turquía, destinos que por su situación geográfica y hábitat tradicionalmente compitieron en este  menester en igualdad de condiciones con el que protagonizó nuestra península y sus ínsulas adyacentes.

   Hasta el año 2017 que ya es historia creció exponencialmente la llegada de turistas a la península ibérica. Se superaron con creces los 80 millones de habitantes que aquí arribaron, algo que catapultó a España a ocupar el segundo puesto (detrás de EE.UU) en la lista escala mundial  de países por el número de turistas que aquí sentaron sus reales para gozar de su sol, playas y monumentos naturales y debidos a la mano del hombre durante siglos. Es lo que acaba de apuntar con pelos y señales la Organización Mundial del Turismo( la OMT para los amigos) conjugando los países del mundo  que rivalizan entre sí  para recibir el mayor número de visitantes cada año, sabedores de la palanca que para estimular  e impeler  sus respectivas economías significan.

   Fue a partir del año 2011 cuando el boom del turismo español cobró inusitado auge. ¿Causas? Países del norte de África, que hasta entonces habían rivalizado con España por ofertar la misma atracción de sol y playas, se debatían en luchas intestinas: dejaron de ser codiciados por turistas de medio mundo que buscaban en ansiado relax y no querían verse inmersos en un clima hostil. Las costas españolas les ofrecían las mismas condiciones para su descanso en un clima de paz y tranquilidad manifiesto. Los visitantes crecieron como la espuma pasando de los 50 millones en el inicio de la década actual hasta los ms de 82 millones que se contabilizaron en 2017.

   Pero ese apogeo manifiesto parece haberse truncado. Se evidencia, y así se constata,  que los países beligerantes del Mediterráneo que antes, muy a su pesar, hicieron que se desviara el turismo hacia nuestras costas, vuelven a ofrecer las mismas ventajas que antaño, algo que puso de relieve recientemente Exeltur (Alianza para la excelencia turística). Nuestros principales clientes – británicos y alemanes-    optaron en buena medida por volver a Turquía, Túnez y Egipto en detrimento de las costas españolas, según apuntan desde el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), que no suele ser desacertado en sus metódicas apreciaciones. Lindando está el cómputo de  500.000 los turistas  que dentro de los seis primeros meses del año se decantaron por esos destinos, mientras se daba de lado al nuestro.

   El turismo, protagonista indiscutible de nuestra economía, sigue siendo floreciente, pero presenta vestigios de desaceleración que importaría mucho atajar más pronto que tarde. Nos jugamos no poco en el empeño.

 

 

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Decae el turismo

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Loables intenciones de Pedro Sánchez

 

Pedro Sánchez, ayer en la asamblea abierta en Granada a la que asistió el alcalde de la ciudad, Francisco Cuenca ./EFEFoto de EFE(DIARIO SUR)

 

Loables  intenciones de Pedro Sánchez

JOSÉ BECERRA

Es algo archisabido que para hacer frentes a candentes problemas y carencias de los gobernados no basta con traer a colación una retahíla de buenos propósitos. Las intenciones de acometer los problemas que azuzan al pueblo, no bastan. Los dichos son unas cosas y los hechos otras, algo palmario que nuestros políticos de vieja y nueva ola no desmienten con sus acciones. Soliviantados andamos quienes seguimos la retahíla de propósitos del adalid del PSOE, hoy aposentando sus reales en la Moncloa. Por manifestar objetivos que no quede; otra cosa es que cobren realidad con la premura que el pueblo ansía.

Sánchez, en sus tareas de gobierno, no parece que haya hecho oídos sordos al clamor que le llega de la calle. Han salido a relucir incluso cifras que muy bien podrían venir a solventar peliagudos problemas que abaten a la ciudadanía; pero el problema surge cuando si se hacen cuentas de lo que acarrearían habría que pararse a pensar si es un objetivo plausible a la hora de cumplir los objetivos de déficit que la Comisión de la UE señala con férrea voluntad de que no se traspasen alegremente, como atinadamente apuntan los expertos ante las circunstancias económicas  que ahora imperan

Una cuestión candente por lo actual es el de la inmigración ilegal, esa que nos llega sin interrupción procedente de los países subdesarrollados del  África menos distante del ámbito europeo. Una multitud hambrienta y desharrapada necesitada de todo lo elemental para sobrevivir se echa cada día al mar en pos de nuevos horizontes en países cuya prosperidad les permita vivir sin hambrunas ni la acuciante necesidad de comer cada día siquiera sea poseyendo lo más elemental para atender este menester. Ante este problema humanitario ¿tiene claro Sánchez y los suyos los pasos a seguir? Cierto es que se trata de un conflicto que no solo atañe a España, pero ¿se tiene claro en el gobierno el paradigma de persistir y obrar en consecuencia? Más bien parece que no. Demuestra, al contrario,  una actitud indeterminada y mudable  para abordar y remediar los problemas en su origen, como ponen de manifiesto y requieren los distintos países europeos  a los que atañe el problema.

¿Y qué decir sobre el conflicto catalán, reverdecido por día? ¿Convencen a los levantiscos de la región la actitud de Sánchez que no es otra que el “ laisser faire, laisser passer” (dejar hacer, dejad pasar”) de nuestros vecinos galos, clave del liberalismo económico en su momento. La contundencia brilla por su ausencia, algo que, por otra parte, es signo inequívoco y secuela  de la nimiedad de un gobierno como consecuencia de su insignificancia parlamentaria a tenor de escaso número que la componen: un valladar a la hora de sacar adelante proyectos que no  los frenen, sobre todo cuando no es menor la tesitura de que los vascos intenten transitar por los mismos derroteros de desafección a cualquier proyecto de unidad con el resto de las comunidades autónomas.

Pese a su ya antigua pretensión de convocar elecciones anticipadas de la que hizo bandera cuando aún no acariciaba el poder en el que hoy se arrellana presumiblemente con placer, nada de nada; y  pese a que las encuestas de diversos medios consultivos le barruntan un éxito sin cortapisas. Alguna borrasca debe presentir en el lontananza cuando se descabalga de aquéllas primigenias intenciones.

Sus intenciones no dejan de ser loables; sólo que a nadie se le escapa que el modus vivendi de la política actual no le permitiría conducir el barco al barlovento que sopla y en pos de una arribada a puerto seguro.

 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.