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El espeto malagueño reclama reconocimiento universal

El espeto malagueño reclama reconocimiento universal

¿Quién disfrutando de un día de asueto en las innumerable playas de la costa malagueña no se ha sentido atraído y caído en la tentación de degustar un plato de sardinas previamente sometidas a las brasas? El espeto malagueño es todo un arraigado símbolo malagueño de nuestras tradicionales culinarias que ha venido cautivando a quienes investigan todo aquello que resulta sustancial con una región o comarca de nuestra ancha y prolífica España en las que tantos usos y costumbres arraigaron desde la noche obscura de los tiempos.

La Comisión Cultural del Senado aprobó días atrás una propuesta que no podía ser más bien recibida de cuantos conceden capital importancia a las costumbres y tradiciones inveteradas en el suelo patrio mantenidas a capa y espada por quienes forman parte sustancial de ellas.

Una tradicional manera de preparar las sardinas cuando todavía conservan el hálito de las profundidades marinas, y que se pretende le abra sus páginas el libro que acoge a cuantas realidades y hechos son dignos de figurar en unas páginas en las se refleja todo lo insólito que sobre cultura popular florece y se populariza en el ancho mundo. Compendio que lleva el membrete de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, ahí es nada, que custodia y ratifica la Unesco y que acogerá, por iniciativa de miembros de la Cámara Alta, un plato netamente playero y español, el espeto de sardina, que merece figurar con todos los honores en ese privilegiado catálogo de rarezas de todo tipo mantenidas en el mundo para asombro de quienes lo inspeccionan con fruición.

La noble faena de los espeteros malagueños figurará con todos los honores en el sumario al lado de otros elementos españoles como El Misterio de Elche, El Silbo Gomero, El Consejo de Hombres Buenos de la Huerta de Murcia, El Tribunal de las Aguas de la Huerta de Valencia, o el Cante Flamenco, entre otras particularidades sin parangón en el conjunto de países del mundo mundial. Una vez afirmada la pretensión lo que importa es que llegue hasta el Gobierno y éste la reafirme en os foros internacionales.

No será fácil el proceso, pero lo que importa es que ya se ha puesto en el camino adecuado para conseguir un final feliz. Espeteros y chiringuitos, alineados en nuestras costas malagueñas de norte a sur, están de enhorabuena por esta iniciativa: sus imágenes tan representativas de lo nuestro se expandirán por doquiera en cuanto sean acogidas como Patrimonio de la Humanidad. Un atributo único e intransferible éste de los muchos que ofrece nuestra variopinta región costera malagueña. La reclamación efectuada no lleva visos sino de prosperar.

Foto: blogs fuerte, hoteles,

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Francisco de la Torre, un alcalde septuagenario en plenitud de facultades para gobernar

 

Imagen de archivo de Francisco de la Torre. /

 

Francisco de la Torre, un alcalde septuagenario en plenitud de facultades

Llegar a los 70 años y superarlos con creces era algo que a mediados del pasado siglo constituía una excepción. En los pueblos de la Andalucía profunda, en la que se ubica la Serranía de Ronda, sede de mis antepasados, llegar a esa edad en condiciones óptimas de salud y facultades mentales se veía como una rareza, y si se lograba sobrevivir hasta superarla, los pocos que lo lograban ofrecían una estampa de decadencia plena, poco menos que de muertos vivientes. Pero luego vinieron otros tiempos y las mejoras en la alimentación y la sanidad imperante hicieron aflorar una calidad de vida que en la actualidad se asienta como paradigma de gente pletórica ofreciendo una fisonomía que nada tiene que ver con la de antaño: exultan de salud y de ganas de vivir, nada que ver con los setentones de antes que arrastraban decadencia y decrepitud manifiesta.

Superados o sensiblemente disminuidos con la edad achacosa fenómenos naturales en la persona que fueron indelebles cuando se disponía de las facultades físicas y mentales plenas como era el instinto o la lucidez, nos queda ahora otra aptitud que, con frecuencia, perdura de forma indeleble. Me refiero a la facultad de los sentimientos que llevan aparejados la sensibilidad – que no la sensiblería vacua -, que nos conduce a mantener recuerdos gratos de momentos pasados, no pocas veces impregnados de nostalgias que son ineludibles, pero que también nos retrotraen a momentos felices que en el magín nos reconforta y no tienen por menos que conducirnos a una vida interior que en el recuerdo nos retrotraen a momentos de contento y paz.

Llegada a la edad longeva, que no provecta ni mucho menos decrépita, como lo demuestra cada día en el ejercicio y buen hacer de sus funciones al frente del Ayuntamiento de Málaga, se había extendido el rumor de que Francisco de la Torre se encontraba entre un sí y un no de presentar su candidatura como primer edil en las elecciones municipales próximas. Pero he aquí, que unos días atrás, el PP de Málaga, sabedor de la valía de este hombre al frente de la Corporación, ha manifestado de manera oficial su petición de que sea candidato a las elecciones municipales del año venidero. Sabía decisión.

Hace bien el partido, que De la Torre es un valor en alza reconocido por todos los malagueños y nada parece haber en contra de su continuidad, y menos que nada su condición de septuagenario. Es un ejemplo vivo y concluyente de que, aún superada esa edad, se pueden llevar a cabo todo lo que se podría exigir a un regidor en sus funciones. “Salud, proyectos y cariño de la gente”, han sido las realidades incuestionables que le adornan al calibrar la propuesta de su continuidad en la Alcaldía de la capital. Así lo acaba de afirmar y es lo que deseamos, esperamos y manifestamos quienes hemos seguidos su trayectoria política, animándole para que siga con el bastón de mando en sus manos para provecho de todos los malagueños.

En palabras de Juanma Moreno, líder andaluz del PP andaluz, “De la Torre es uno de nuestros buques insignia de la política andaluza, malagueña y española”. Le sobra razón, y la damos por buenas quienes hemos seguido su trayectoria, sobre todos lo que como él ya somos setentones y no nos postergamos ante la edad por muchas que fueren las primaveras (e inviernos gélidos) vividas. Su servicio al bien común de los malagueños, y del que tantas pruebas hemos tenido, deseamos que se prolongue sine die, o como decimos los castizo” hasta que el cuerpo aguante”.

“Dejad a los gobiernos central y regional que administren la política abstracta de las grandes palabras, y dejad a los Ayuntamientos que nos ocupemos de la vida diaria y concreta de las personas, porque jamás aspiramos a más alto honor”, es argumento de un pensador argentino, Horacio Amezúa, que se adecua a la trayectoria de nuestro regidor malagueño y que no tenemos por menos hacerlo nuestro en lo que a él se refiere.

 

 

 

 

 

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Urgencias colapsadas

Urgencias colapsadas

JOSÉ BECERRA

Si durante el transcurso de la vida nos preocupa el caer inopinadamente enfermo, este temor se acrecienta considerablemente una vez llegada le edad provecta. Cuando nos consideramos pletóricos de salud obviamos estas aprensiones, pero hacen acto de presencia sin remisión cuando oteamos en el horizonte el descenso  más o menos próximo de nuestras constantes vitales, antes exultantes. Cuando estos momentos llegan no pueden por menos de alarmarnos noticias como la que en estos días de este desapacible invierno, que inopinadamente nos está mostrando un cariz insólito en media España, pero que también hace acto de presencia en Málaga y su provincia, nos enteramos de que en los hospitales de la capital ven sus urgencias colapsadas y proporcionan imágenes poco menos que de países tercermundistas. Si bien desde el Servicio Andaluz de Salud se apresuran a decir que se trata de una situación coyuntural, lo cierto es que nos desazona bastante, como no podía ser de otra manera. El CSIF ha puesto la voz en grito y denuncia que las medidas adoptadas por la  Junta de Andalucía para paliar el candente problema no atajan ni mucho menos la acrimonia que provoca en buena parte de la ciudadanía malagueña, entre ellos los que, como digo, nos encontramos más vulnerables por nuestro estado avejentado por la edad. Las protestas tienden a multiplicarse por el “problema estructural”, según las voces alzadas,  al que no se le concede la solución oportuna y se ralentiza su solución en espera de que en los próximos meses, naturalmente más cálidos, vengan a resolver el acuciante problema de ahora. Se esperan movilizaciones sindicales  y se activa la Mesa de Urgencias para que las reivindicaciones, a todas luces oportunas y justas, encuentren vías de solución y las mejoras se hagan efectivas cuanto antes, sin esperar a que caliente el sol y las salas de urgencias dejen de aparecer totalmente atiborradas.

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Tendiendo la mano a los pueblos de la Serranía de Ronda

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Potenciar los pueblos del interior de Málaga

Los pueblos, nuestros pequeños pueblos de la provincia de Málaga, los más alejados de la costa y su esplendor, no pocas veces se ven agobiados e impotentes para hacer valer la grandeza del marco natural en que se encuentran enclavados de cara a posibles visitantes que anhelen la paz y el sosiego del interior, valores intrínsecos que éstos pueden proporcionarles sin tasa. Se las ven y desean los municipios del interior para hacer valer el incomparable marco en el que se asientan porque esta es una tarea ardua que necesita apoyo y financiación exterior cuando las posibilidades pecuniarias propias son insuficientes o no existen de ninguna manera. En 2017, el año que finiquitó días atrás, para suplir estas agobiantes carencias, el Consejo de Gobierno aprobó el nuevo Decreto de Municipio Turístico que viene ahora si no a rebatir a un nuevo dictamen como fue el del 2002, sí a potenciarlo con una novedad importante: pueden acogerse a esta nueva resolución las poblaciones de menos de 5.000 habitantes, las mismas a las que hasta ahora se les negaba el pan y el agua para acrecentar sus infraestructuras y revitalizar su contorno y facilitar la arribada de turistas a su ámbito local.

Naturalmente, existen unos requisitos que cada municipio deberá acreditar a tenor de las pernoctaciones y visitas que reciba durante el año, algo que no es problemático en los que configuran la Serranía de Ronda dado el tirón de visitantes que durante ese periodo anual se constata. En Jimera de Líbar, Benaoján, Montejaque, Cortes de la Frontera, y así hasta una docena de localidades del paraje serrano podrían justificar fehacientemente las imposiciones que se exigen para optar a los beneficios que se ofrecen: durante el año la media de estancias en alojamientos deberán alcanzar el 10 % de la población habitual durante tres meses al año, condición ésta que cumplen las localidades enumerada, así como el total de visitas que deberán ser superior a la vecindad inscrita en el censo al menos 30 días durante el periodo anual. Exigencias que superan estos territorios con creces dado el favor que les merecen a quienes, por ejemplo, visitan cada año a los pueblos de Benaoján y Montejaque, donde florecieron como margaritas en mayo lugares de alojamientos y restaurantes al socaire de su peculiar paisaje de montaña, debido al tirón de dos elementos substanciales: la Cueva del Gato, remanso de Guadiaro y marco de sosiego y frescura en los meses del estío, y La Pileta, morada prehistórica de homínidos ancestrales y cuya fama trasciende fronteras.

Toca ahora a los consistorios presentar en organismos superiores la idoneidad del municipio en cuestión planes que reflejen los atributos de toda índole capaces de optar al marchamo de calidad turística exigida en su entorno. Está en las manos de los alcaldes respectivos potenciar los recursos de toda índole que puedan resultar atrayentes para que el Gobierno Autonómico y la Consejería de Turismo y Deporte conjuntados apoyen el proyecto en cuestión. Mostrarán así los ediles respectivos su apuesta y dedicación a la tarea de regenerar y remodelar la población y su hábitat. Los habitantes optaron en su día por su buen hacer y disposición para lograr beneficios que redundasen en la asistencia a la comunidad que rigen y tutelan: esperan que obren en consecuencia. Potenciar y tender la mano  a los pueblos del interior se alza como una tarea ineludible.

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Penurias y exclusión social

 

Penurias y exclusión social

Son dos vocablos los de arriba que nos retrotraen a épocas pasadas en las que esta situación de depauperación era generalizada en tierras andaluzas. Nuevos tiempos y distintas situaciones, en las que tuvieron un principalísimo papel las masivas emigraciones hacia otras latitudes de Europa, acabaron en muchos pueblos andaluces con una enquistada penuria que pudo trastocarse en situaciones significativamente más halagüeñas. Nuevos tiempos son los que hoy por hoy atravesamos; sin embargo, y pese al canto victorioso de quienes ostentan cargos económicos en las más altas magistraturas del Estado relativas a nuestro auge económico, lo cierto es que la pobreza y la exclusión social juegan un inequívoco papel adverso en el solar andaluz. Algo que acaba de ponerse en relieve la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, haciendo hincapié en un dato desolador: se mantienen al margen de la tan cacareada recuperación económica más del 40% de los andaluces.

Es así que no es oro todo lo que reluce, y hay un dato tristemente esclarecedor al respecto: cuatro de cada diez andaluces se las ven y desean para adquirir los alimentos básicos para el condumio diario, atender los recibos del consumo eléctrico o hacer frente a imprevistos que nunca faltan en hogares si no menesterosos, sí faltos de lo más indispensable. La recuperación económica de la que se alardea en los medios políticos es algo que no se constata en muchos hogares andaluces en los que llegar a fin de mes es toda una odisea. Predomina la penuria y desde la Asociación se pide al Gobierno andaluz “un compromiso formal para contrarrestar la situación de pobreza enquistada”. Al Gobierno central se pide que “incremente la inversión con miras a potenciar el empleo”, un mal endémico que atenaza a muchos hogares andaluces.

Son días estos días envueltos en la pátina vistosa de la Navidad y Reyes para el jolgorio y la cuchipanda de muchos, pero no para todos, y sin ánimo de amargar la existencia a quienes holgadamente celebran la fiesta con todo el derecho del mundo, quizás habría que tener en cuenta al indubitable hecho de que la pobreza atenaza a cuatro de cada diez andaluces y que son necesarias políticas que vengan a paliar el problema dándose la mano ambos Ejecutivos, el autónomo y el central, para paliar en lo posible esta necesidad perentoria.

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¡Llueve!

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¡Llueve!
Se hizo esperar, pero llegó. El chisporroteo de la lluvia sacude los cristales de mi ventana, con todo lo deleitable que eso puede ser después de un largo y terco verano que ni por asomo daba muestras de perecer. A muchos este ruidillo pertinaz les sonará a salmodia gloriosa. No es para menos. Dijo adiós el verano y deseamos que se vaya con viento fresco y no muestre su cariz agotador por mucho tiempo.
Dicen sapientes meteorólogos que este invierno que acaba de pintar trazos ciertos de llegada – la lluvia en Málaga y provincia está siendo copiosa y benéfica pese a contratiempos ocasionado a viandantes por calles anegadas y tráfago difícil – merced esta estación invernal que se inicia, va ser pródigo en lluvias. Pero estos vaticinios, como tales, no siempre se cumplen a rajatabla; y aunque acierten, no podemos obviar una cuestión que hoy por hoy aletea sobre este planeta nuestro y que no es otra que la amenaza latente de un aumento de la temperatura. A nivel global el clima sufre trastornos evidentes y hora es ya de que se establezcan soluciones para hacer frente a una sequía que poco a poco está tendiendo sus tentáculos con prolongados períodos sobre la sufrida corteza terráquea.
Lo que importa ahora es que el agua, que a veces es una bendición del Cielo, si no que se lo digan a los agricultores que sembraron cultivos de invierno y languidecían a ojos vista por el sequeral imperante; lo que conviene ahora, digo, es que se preserve esa agua para cuando regresen los tiempos secos o de tormentas impetuosas con el líquido elemento imposible de detener en su discurrir hasta el mar. O sea, que urge una nueva política del agua, para que este bien convenientemente domeñado se trasvase a pantanos construidos ad off, que posibiliten una reserva para cuando vuelvan los meses áridos, que volverán y de nueve nos cogerán desprevenidos si no hay quienes le remedien.
Los políticos que sientan sus reales en Gobierno y Parlamento deberían preocuparse por el clima en España y sentar las bases para solucionar un problema decisivo, el del agua, que venga a poner coto a situaciones críticas del campo y la ciudad condenados al baldío, los incendios y la polución más desaforada.
Llueve, sí, pero que esa agua nos beneficie a la larga si han sabido ser consecuentes y precavidos quienes nos rigen desde las altas instituciones políticas ya sean las del Estado o de la Comunidad Autónoma correspondiente.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.