Hospital de la Serranía de Ronda, una realidad espléndida

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Hospital de la Serranía de Ronda, una realidad espléndida

La actividad del nuevo Hospital de Ronda ya es un hecho comprobable tras la apertura la semana pasada de las urgencias y el traslado de pacientes de uno a otro dispensario. No hay por menos que congratularse de las novedades que ofrece, entre otras la del incremento de la capacidad quirúrgica y asistencial urgente, y la de que los enfermos puedan contar con habitaciones individuales con lo que la intimidad queda asegurada, además del confort que ello supone, amén del aumento considerable de las consultas de especialidades.
Ya está en marcha el nuevo y flamante Hospital de Ronda. Ha costado Dios y ayuda que abriera sus puertas al fin. Pero lo hizo, y los rondeños y serranos de la comarca estamos de enhorabuena por este motivo. Respiramos tranquilos porque ya existen unas flamantes instalaciones y no menos modernos equipos médicos, por otra parte de obligada existencia, en un hospital que no tiene por menos que presumir de sus innovaciones entre otros de Andalucía, capaz de solucionar el estado más o menos calamitoso de nuestra salud.
No dudamos de que en esta institución hospitalaria de nuevo cuño ya estén dispuestos para su utilización instrumentos y equipos para atender las necesidades de los pacientes que llegan hasta sus puertas buscando pronta solución a sus males. Monitores, camas, aparatos para anestesiología, desfibriladores y un largo etcétera de toca cuanto una unidad médica de este tipo se hace imprescindible, seguro que ya responden a una realidad que no admite dudas.
Pero hay un pero y no es otro que el de la necesidad urgente de un paso peatonal subterráneo que no convierta el centro en un lugar de difícil cuando no peligroso acceso. En este sentido, ya se han levantado voces tanto de formaciones políticas como las del común de los ciudadanos que tengan la necesidad urgente de requerir la atención y cuidados del flamante dispensario puedan hacerlo sin poner en serio riesgo su integridad física.
La Diputación de Málaga, como acaban de denunciar voces de políticos en el seno del ente supramunicipal, han requerido a su presidente, Elías Bendodo, del Partido Popular, como saben, para que, junto al Ayuntamiento rondeño que no quiere escurrir el bulto en esta cuestión, se den la mano para que este requerido paso subterráneo sea una realidad más temprano que tarde. Parece ser que se hacen oídos sordos al respecto, lo que no deja de ser una dejadez de funciones en una cuestión que no es baladí para quienes cada día se acercan a las inmediaciones del hospital de nueva planta, ya iniciada su andadura.
En el ínterin, Bendodo se ha venido a Ronda y cuando se trae a colación la cuestión de la ansiada pasarela peatonal o, en su caso, el paso subterráneo de la discordia afirma que es esa una infraestructura que compete a la Junta de Andalucía y que ignora porqué ésta no sabe o no contesta a los reiterados requerimientos de los rondeños. Y que si la obstinación prosigue “se estudiarán desde la Diputación todas las posibilidades” para su construcción. Unos por otros y la casa sin barrer que decimos los rondeños y los pueblos de la comarca con más razón que un santo.
Es uno de los últimos flecos de la puesta en marcha de esta unidad hospitalaria que debería quedar atado y bien atado. Seguro que unos y otros pondrán de su parte para que el nuevo Hospital no presenta ninguna anomalía y la espléndida realidad de su conjunto no sufra menoscabo alguno.

Un Rajoy magnánimo

Rajoy magnánimo

El presidente del Gobierno no deja de sorprendernos cada día con alguna de las múltiples facetas de su personalidad. Se nos muestra en sus alocuciones ya sea en el Congreso, ya a su salida del hemiciclo, o en cualquiera de sus apariciones públicas ante los medios informativos, haciendo gala unas veces de su ironía y otras de su retranca que no pocas veces desarma  a sus adversarios más acérrimos. Es esa una virtud suya que no deja de ser loable y que no tiene por menos que ratificar su talante de  político de raza. Ahora lo que ha venido a decir de manera más circunspecta es que se van destinar 4.200 millones de euros a paliar y promover infraestructuras viales en Cataluña. Pero esta vez la afirmación ha sido concisa y sin rasgos de la menor reticencia. O sea que va en serio y se ha quedado tan pancho, eso sí sin hacer  gala de su flema característica, con la que ha pillado con el pie cambiado a los principales responsables de los partidos catalanes desde Convergencia i Unió hasta Ciutadans pasando por  el PSA y Esquerra Republicana …, y de paso a los ciudadanos catalanes que enarbolan cada día la bandera del independentismo y la ruptura brusca y sin paliativos con España. No podía ser mejor respuesta a los escraches que el independentismo catalán ha venido organizando como protesta ante la sede de los populares en Ciudad Condal.

¿Amortiguará esta decisión dadivosa del presidente del Gobierno las diatribas que se suceden cada día en el suelo catalán reclamando un Estado independiente? No lo creemos: continuarán las protestas y las afirmaciones de los dirigentes políticos en pos de la celebración de ese ansiado referendo que propugnan a voz en grito. Los empresarios catalanes, con la mosca tras la oreja por el anuncio de Rajoy de inversiones millonarias en la región, asintieron en la necesidad pero con la condición de que éstas fuesen más temprano que tarde y con la salvedad de que los compromisos “hay que cumplirlos”. Presumen, y así lo afirman, de conocer a Rajoy y sus compromisos que no llegan a cumplirse con la celeridad requerida o que se posponen en el tiempo sine die.

Sea como fuere, esta lluvia de millones que el presidente de los populares anuncia para Cataluña, no tenía por menos que incomodar a los mandamases del resto de las regiones españolas y, por ende, a la ciudadanía de cada lugar. Que levante el dedo cada presidente de Comunidad Autónoma que esté satisfecho con la situación de sus infraestructuras. Seguramente nadie lo hará porque en buena medida son insuficientes u obsoletas. Para muestra un botón en lo que toca a Andalucía: en la provincia  de Granada no es que las vías ferroviarias sean deficientes es que a la capital no llega ni un solo tren. Y más cercano al territorio en el que me muevo habitualmente, el tendido ferroviario que une Algeciras con Bobadilla y Málaga adolece lleva años esperando mejoras y éstas no acaban de llegar de ninguna manera.

Quedan las regiones que adolecen de la magnanimidad del papá Estado en espera de que se acuerden de ellas. Con un palmo de narices.

Cuando el ocaso se acerca

Cuando el ocaso se acerca
JOSÉ BECERRA
Pasado la barrera de los 70 años, que se quiera que no, hondas preocupaciones nos asaltan. Antes de edad nos decíamos a sí mismo aquello de “Tan largo me lo fiais” de nuestro teatro clásico; espantábamos los negros nubarrones que nos torturaban con la facilidad de quien espanta moscas molestas. Todavía no es mi hora, nos decíamos cuando apenas peinábamos canas y podíamos presumir de rostro terso y ágil andar. Pero columbrada la edad septuagenaria, aunque la enfermedad no haya hecho acto de presencia agresivamente como que experimentamos unos cambios en nuestra vida que por fuerza nos hacen pensar que ya somos remedo quebradizo de nuestra antigua juventud.
Sin embargo, no es, no debe ser, la cuarta edad un pretexto para abandonar nuestras querencias y costumbres de antaño, cuando disfrutábamos de una existencia vigorosa física y mentalmente. Cada cosa a su tiempo y ahora, cuando ya vislumbramos el final más pronto que tarde hay otros alicientes que pueden brindarnos si no plena felicidad sí reciedumbre y contento.
Los que nacimos y vivimos tierras adentro de la Málaga del mar y el bullicio o de otra cualquiera ciudad populosa siempre podremos volver a gozar del lugar que siempre nos agradó porque en aquellas vivimos buena parte de la existencia. De Fray Luis de León, uno de mis poetas preferidos, juglar por excelencia de los espacios retirados y los remansos de paz son estos versos reconfortantes: “ ¡Qué descansada vida/ la del que huye del mundanal ruïdo/ y sigue la escondida/ senda por donde han ido/ los pocos sabios que en el mundo han sido!” Los he recitado muchas veces, casi siempre en un susurro por no querer que en el tumulto de la ciudad y el ajetreo de sus calles me tomasen por loco. Y luego, con la cabeza apoyada en los cristales del autobús de turno, contemplando la hirviente riada de coches sobre el asfalto, no tenía reparos en continuar, siempre para mis adentros, recordando cuando en mi pueblo natal me dio por convertirme en hortelano en mis ratos de asueto: “Del monte en la ladera/por mi nano plantado tengo un huerto,/ que con la primavera/de bella flor cubierto/ ya nuestra en esperanza el fruto cierto!” Y sentía como que mi alma y sentir se tranquilizaba e invitaba al dulce sopor.
No renuncio a acabar mi vida allí donde ésta empezó. No poseo ya mi huerto pero sí mi casa en el lugar nací. Añoro el escenario montuoso de mi Benaoján natal, sumido en la agreste y siempre legendaria Serranía de Ronda. Cierto que aires nuevos le infunden apariencias de modernidad evidentes en las viviendas y chalets de sus afueras. Pero nada podrá distorsionar sus tortuosas y estrechas calles del interior siempre bajo las enigmáticas Cruces Blancas que coronando riscos abruptos la vigilan eternamente. Aquí el Tajo del Zuque, agresivo y solemne, allá el majestuoso Conio siempre sumido en la neblina vaporosa que le concede la lejanía o la iridiscencia del sol. Y el peñascal del Castillejo o el Puerto de Ronda, reino del olivo y el almendro ahora en flor…
No debe ser   la vejez tiempo de inquietudes sino de serena complacencia merced a lo que nos rodea. Dicen los rondeños serranos que envejecer es como escalar una gran montaña: mientras ascendemos las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más ancha y serena. Les asiste toda la razón del mundo. No importa que el ocaso se aproxime.

El recurrente plato de garbanzos en la Serranía de Ronda

 

 

El recurrente plato de garbanzos en la Serranía de Ronda
JOSÉ BECERRA
Nadie prestó atención a la decisión de Naciones Unidas de calificar el ya finiquitado año 2016 como el de las legumbres. Inútil pretensión: nadie hizo el menor caso. Piensa uno, empero, que había que reivindicarlas como un sustento de los humanos tan conveniente para su desarrollo físico como mental. Las clases adineradas y, por ende, afortunadas las borraron de su dieta con olímpico desprecio; eso se están perdiendo, allá ellos. La olla de garbanzo o el potaje de alubias (habichuelas, que es como se bautiza a este guiso en la comarca rondeña) sucumbieron ante el avance imparable de las comidas rápidas y menús precocinados elaborados a contrarreloj y con aditamentos más que dudosos para la salud.
Heredera directa de la “olla podrida”(un nombre sospechoso que se esfumaba cuando humeante se ofrecía a los comensales, ya que lo de podrida como señalan los recetarios antiguos “no es corrupción de la olla sino del lenguaje, ya que debe decirse podrida, que viene a significar poderosa”) se mantuvo durante pasados siglos – XVI y XVII – y era el plato obligado a diario tanto por familias pudientes como menesterosas hasta hace muy pocos años con la distinción de los aditamentos que unas y otras podían aportar a la hora de colocar la vasija sobre las brasas.
Las familias acomodadas añadían a los garbanzos, que eran insustituibles, muslos y pechugas de gallina vieja o pollo picantón o tomatero, amén de morcillo de vaca, tocino veteado, hueso de jamón, papada, rabo y oreja de cerdo y las verduras sin las cuales el cocido dejaba de ser apetecible: calabaza, chícharos (judías verdes), zanahorias, puerros, repollo y un diente de ajo.
A este tenor hay que señalar que Balzac, el escritor francés de tendencia realista (siglo XIX) la estimaba como “un plato obligado de un Grande de España, especialmente de Castilla, y formaba parte de los banquetes oficiales de la representación diplomática de España”. Ahí es nada. Las clases humildes debían contentarse con las legumbres remojadas previamente, recurriéndose al tocino, que las más de las veces era amarillento y añejo y las verduras que tenían más a mano.
En los años de nuestra Guerra Civil e inmediatamente posteriores, tiempos de escasez y penurias sin cuento, cuando alguna familia podía añadir carne a la olla, siempre en muy escasa cantidad, se procedía a su reparto: el cabeza de familia guardaba en su mano tantos palillos como miembros se sentaban alrededor de la mesa y disfrutaba de la “pringá” con tocino y carne aquél que sacaba el palillo más largo, el resto tenía que contentarse con el primero, que amarillento y amojamado no debería ser muy apetecible. Esto me lo refería un viejo conocido del lugar, el cual se congratulaba de “haber comido la olla durante todos los días de su vida”, que ya era luenga y habría que decir muy saludable según se desprendía de su aspecto físico y anímico.

Políticos renuentes con las oposiciones

 

Políticos renuentes con las oposiciones

 

Si ya de por sí son agotadoras – y caras – para los opositores prepararse para ocupar un puesto en la Administración ya sea del Estado o de la Junta, imaginen lo que serán si ahora se añaden la incertidumbre de que la convocatoria de plazas están al borde  de convertirse en papel mojado. Después de saberse que a cuatro meses de los exámenes para obtener una plaza de maestro (2.300 plazas se anunciaron a bombo y platillo para este colectivo) ahora sale la Junta diciendo que si no hay Presupuestos Generales del Estado  los maestros tendrán que esperar hasta una nueva ocasión. SI para estudiar machaconamente como cualquier oposición libre exige se añade ahora el dilema de no saber para qué, a ver quién se concentra ahora en los libros como es menester en estas circunstancias.

   La Junta advierte y así lo ha hecho saber a los sindicatos que si no hay presupuestos la oferta de empleo será pura entelequia, o sea, que se volatizará como por ensalmo. Así que  no queda otra, para no dar con la puerta a las narices a los opositores en ciernes que el Gobierno de la nación, o en su caso las más altas instancias de Educación desbloqueen esta situación funesta para tantos aspirantes a un puesto de trabajo recabándose, si no hay presupuestos generales de por medio, “un marco legal” para que la convocatoria sea una realidad más pronto que tarde.

   No se pueden poner en en solfa  los intereses y el trabajo desmedido de tanta gente que de buena fe creyeron en la oportunidad que les ofrecen las instituciones.  Los políticos, maestros en este gatuperio de culpar al contrario como tabla de salvación para dirigir la ira y el crujir de dientes a sus contrarios como causantes de, en este caso, crear inseguridad  y que se pongan en tela de juicio el legítimo derecho a lograr un trabajo digno. Una pretensión que para más inri exigió dispendios, tiempo y dedicación plena. Y, por supuesto, permitió alimentar ilusiones, que ahora es posible que se vayan al garete.

   No se puede jugar con las legítimas aspiraciones de quienes aspiran a tener un puesto de trabajo y emplean recursos inimaginables para lograrlo. Que el gobierno central legisle pronto al respecto y que el autonómico obre en consecuencias. Es lo que se espera para solventar este impasse que tantos perjuicios está ocasionando.

 “El éxito no está en vencer siempre sino en desanimarse nuca”. Esta frase lapidaria la dijo, como saben, Napoleón Bonaparte a su ejército en el inicio de una de sus múltiples batallas, una arenga que viene a pelo para animar a los incontables aspirantes a una plaza de la Junta que ahora se debaten entre el desánimo y la adversidad ante unas oposiciones siempre cruentas, pero que se esperan con ilusión. El Ministerio de Educación y la Junta tienen la última palabra para no truncar tantas esperanzas.

   

Genal y Guadiaro, dos ríos maltratados

 

Genal y Guadiaro, dos ríos maltratados

JOSÉ BECERRA

Fueron ambos ríos limpios y caudalosos en los cuales era un puro placer desfrutar de baños en los veranos que suelen ser tórridos en la Serranía de Ronda. Pero eran otros tiempos. Dejaron de suscitar la atención cuando los torrentes que los alimentaban fenecieron y sus aguas bajaron pobres y no pocas veces contaminadas. En las últimas décadas pasadas las escenas que cada verano se ofrecían  a la vista eran dignas del mejor pintor costumbrista. Ignacio Zuloaga, el maestro indiscutible del costumbrismo español, de pasar por sus riberas, hubiera captado con su maestría el colorido, la agitación y el bullicio de quienes bajaban de los pueblos limítrofes a gozar de un día de asueto y comilona, junto a tan cristalinas aguas. Hoy por hoy, hubiese renunciado a ese menester porque ya no ofrecen el menor atractivo para tan digna paleta.

El saneamiento integral de la provincia estará inconcluso hasta que no se materialicen las depuradoras que en su día- ya ha llovido- se previeron para los ríos Genal y Guadiaro, pero que nunca se llevaron a cabo pese ser declaradas de interés tanto por el Estado como por el ente autonómico andaluz. Si te vi no me acuerdo parecen decir ambas administraciones que  hacen oídos sordos, cada una por su lado, ante legítimas exigencias para que un problema arduo que incide en los pueblos de la Serranía de Ronda, sometidos a la arbitrariedad de responsables políticos que vienen jugando con sus intereses, se solucione de una vez por todas (iba a decir “de una puñetera vez”, que es lo que argumenta la vecindad que viene sufriendo la postergación  desde mucho tiempo atrás.

Los agricultores de la provincia de Málaga han levantado la voz para que las instituciones andaluzas tomen en serio la necesidad de agua de sus pequeñas fincas de regadío que jalonan el curso del río, el cual nace en la Serranía de Ronda, recibe los aportes de su hermano menor, el Genal, hasta desembocar en el Campo de Gibraltar en su búsqueda ávida del mar. Arguyen con razón que se puede aprovechar el excedente de aguas “respetando siempre el caudal ecológico necesario para subsistencia de la biodiversidad  existente”

Si este río tiene capacidad para colmar las aspiraciones de los regantes de tierras bajas, es algo que nos alegra a quienes vivimos cercanos a sus orillas, pero consideramos que ha sufrido una gran transformación sobre todo en las inmediaciones con pueblos como Benaoján, Jimera de Líbar o Cortes de la Frontera, los cuales pueden considerarse lugares altos del curso. Otra cosa son los aportes que reciba en latitudes bajas, que sí alegran, al parecer, el derrotero de sus aguas, que son copiosas y son las que se exigen para su aprovechamiento en zonas de regadíos.

El Guadiaro, otrora de aguas impetuosas incluso en verano, por lo menos por el municipio malagueño y serrano de Benaoján, entró en franca decadencia años atrás. Escasez de lluvias en el entorno, aportes de arroyos contaminados y la consiguiente transmutación geomorfológica del suelo verificaron su mutación y acabaron con su apogeo de antaño.

El Guadiaro a su paso por el término municipal benaojano, lugar donde transcurrieron mis años de niñez y mocedad, ejerció siempre una gran atracción para la vecindad. En sus limpias aguas se deslizaban a placer barbos escurridizos y rubicundos cangrejos. Era apto para la pesca de una y otra especie y en él me cobré mis primeras capturas con el entusiasmo propio de la temprana edad. Se bajaba hasta el río, sobre todo en los meses del estío, para disfrutar de un relajante baño en los múltiples “charcos” que jalonaban su curso; allí se remansaban las aguas, se tornaban profundas y no podían ser más propicias para los chapuzones reconfortantes y el bucear placentero.

Los “charcos” del Guadiaro a su paso por el término municipal de Benaoján eran numerosos y se adaptaban a la edad del bañista a tenor de su edad. Creo que desde que la mía era muy corta y hasta que pude presumir de mozalbete ascendí río abajo y río arriba empezando por el “charquito de Emilia”, con aguas hasta las rodillas o poco más hasta llegar hasta el Charco del Túnel, profundo y turbulento; detrás quedaban otros en los que la vecindad se solazaba por las arenas de su fondo, lo cristalino de sus aguas o el paraje impresionante de adelfas, junqueras y mimbreras que los envolvía: Azul, Redondo, La Molineta, o La Fresnadilla, nacimiento de agua éste último en la que se podía apagar la sed y en cuyas inmediaciones se organizaban almuerzos y merendolas.

Desgraciadamente estos remansos de paz fueron desapareciendo con el tiempo. Ni rastro de ellos quedó. Solo guarda su esplendor de antaño el Charco Azul, a los pies de la efigie de piedra del Gato, que da nombre a una cueva que constituye el más conocido distintivo del pueblo, al que presta vida el cauce del afluente Gaduares o Campobuche, que tanto monta. Sur orillas y aledaños continúan siendo propicios para, además del baño relajante, inverosímilmente frío, lugar propicio para comilonas festivas.

Los más viejos del lugar ya no tenemos reparos en afirmar que “éste no es mi Guadiaro, que me lo han cambiado”. Nos asiste la razón por la visión decadente que el río ofrece, otrora vistosa y atrayente.” Los ríos son la vida que van a dar al mar, que es el morir”, cantó el poeta Manrique con pesadumbre. Nuestro Guadiaro languidece antes de llegar al piélago que lo acoge.

¿Culpables de esta sinrazón? Es posible que las lluvias que no son tan intensas y frecuentes como en la pasada centuria estén detrás, pero no hay que echar en saco roto la desidia de las administraciones locales que se mostraron remisos a tomar el toro por los cuernos de su regeneración.

No se puede decir, empero, que sea un río contaminado. No lo es hasta el presente. Pero si echamos de menos su imagen de lustros atrás. Solo nos queda el consuelo del Charco Azul a los pies de la Cueva del Gato, en esencia el mismo de siempre. Aguas limpias y frías y un paraje de peñas y vegetación envolvente que le siguen prestando la apariencia de un rincón casi paradisíaco.

Genal y Guadiaro, dos ríos maltratados

Genal y Guadiaro, dos ríos maltratados

JOSÉ BECERRA

Fueron ambos ríos limpios y caudalosos en los cuales era un puro placer desfrutar de baños en los veranos que suelen ser tórridos en la Serranía de Ronda. Pero eran otros tiempos. Dejaron de suscitar la atención cuando los torrentes que los alimentaban fenecieron y sus aguas bajaron pobres y no pocas veces contaminadas. En las últimas décadas pasadas las escenas que cada verano se ofrecían  a la vista eran dignas del mejor pintor costumbrista. Ignacio Zuloaga, el maestro indiscutible del costumbrismo español, de pasar por sus riberas, hubiera captado con su maestría el colorido, la agitación y el bullicio de quienes bajaban de los pueblos limítrofes a gozar de un día de asueto y comilona, junto a tan cristalinas aguas. Hoy por hoy, hubiese renunciado a ese menester porque ya no ofrecen el menor atractivo para tan digna paleta.

El saneamiento integral de la provincia estará inconcluso hasta que no se materialicen las depuradoras que en su día- ya ha llovido- se previeron para los ríos Genal y Guadiaro, pero que nunca se llevaron a cabo pese ser declaradas de interés tanto por el Estado como por el ente autonómico andaluz. Si te vi no me acuerdo parecen decir ambas administraciones que  hacen oídos sordos, cada una por su lado, ante legítimas exigencias para que un problema arduo que incide en los pueblos de la Serranía de Ronda, sometidos a la arbitrariedad de responsables políticos que vienen jugando con sus intereses, se solucione de una vez por todas (iba a decir “de una puñetera vez”, que es lo que argumenta la vecindad que viene sufriendo la postergación  desde mucho tiempo atrás.

Los agricultores de la provincia de Málaga han levantado la voz para que las instituciones andaluzas tomen en serio la necesidad de agua de sus pequeñas fincas de regadío que jalonan el curso del río, el cual nace en la Serranía de Ronda, recibe los aportes de su hermano menor, el Genal, hasta desembocar en el Campo de Gibraltar en su búsqueda ávida del mar. Arguyen con razón que se puede aprovechar el excedente de aguas “respetando siempre el caudal ecológico necesario para subsistencia de la biodiversidad  existente”

Si este río tiene capacidad para colmar las aspiraciones de los regantes de tierras bajas, es algo que nos alegra a quienes vivimos cercanos a sus orillas, pero consideramos que ha sufrido una gran transformación sobre todo en las inmediaciones con pueblos como Benaoján, Jimera de Líbar o Cortes de la Frontera, los cuales pueden considerarse lugares altos del curso. Otra cosa son los aportes que reciba en latitudes bajas, que sí alegran, al parecer, el derrotero de sus aguas, que son copiosas y son las que se exigen para su aprovechamiento en zonas de regadíos.

El Guadiaro, otrora de aguas impetuosas incluso en verano, por lo menos por el municipio malagueño y serrano de Benaoján, entró en franca decadencia años atrás. Escasez de lluvias en el entorno, aportes de arroyos contaminados y la consiguiente transmutación geomorfológica del suelo verificaron su mutación y acabaron con su apogeo de antaño.

El Guadiaro a su paso por el término municipal benaojano, lugar donde transcurrieron mis años de niñez y mocedad, ejerció siempre una gran atracción para la vecindad. En sus limpias aguas se deslizaban a placer barbos escurridizos y rubicundos cangrejos. Era apto para la pesca de una y otra especie y en él me cobré mis primeras capturas con el entusiasmo propio de la temprana edad. Se bajaba hasta el río, sobre todo en los meses del estío, para disfrutar de un relajante baño en los múltiples “charcos” que jalonaban su curso; allí se remansaban las aguas, se tornaban profundas y no podían ser más propicias para los chapuzones reconfortantes y el bucear placentero.

Los “charcos” del Guadiaro a su paso por el término municipal de Benaoján eran numerosos y se adaptaban a la edad del bañista a tenor de su edad. Creo que desde que la mía era muy corta y hasta que pude presumir de mozalbete ascendí río abajo y río arriba empezando por el “charquito de Emilia”, con aguas hasta las rodillas o poco más hasta llegar hasta el Charco del Túnel, profundo y turbulento; detrás quedaban otros en los que la vecindad se solazaba por las arenas de su fondo, lo cristalino de sus aguas o el paraje impresionante de adelfas, junqueras y mimbreras que los envolvía: Azul, Redondo, La Molineta, o La Fresnadilla, nacimiento de agua éste último en la que se podía apagar la sed y en cuyas inmediaciones se organizaban almuerzos y merendolas.

Desgraciadamente estos remansos de paz fueron desapareciendo con el tiempo. Ni rastro de ellos quedó. Solo guarda su esplendor de antaño el Charco Azul, a los pies de la efigie de piedra del Gato, que da nombre a una cueva que constituye el más conocido distintivo del pueblo, al que presta vida el cauce del afluente Gaduares o Campobuche, que tanto monta. Sur orillas y aledaños continúan siendo propicios para, además del baño relajante, inverosímilmente frío, lugar propicio para comilonas festivas.

Los más viejos del lugar ya no tenemos reparos en afirmar que “éste no es mi Guadiaro, que me lo han cambiado”. Nos asiste la razón por la visión decadente que el río ofrece, otrora vistosa y atrayente.” Los ríos son la vida que van a dar al mar, que es el morir”, cantó el poeta Manrique con pesadumbre. Nuestro Guadiaro languidece antes de llegar al piélago que lo acoge.

¿Culpables de esta sinrazón? Es posible que las lluvias que no son tan intensas y frecuentes como en la pasada centuria estén detrás, pero no hay que echar en saco roto la desidia de las administraciones locales que se mostraron remisos a tomar el toro por los cuernos de su regeneración.

No se puede decir, empero, que sea un río contaminado. No lo es hasta el presente. Pero si echamos de menos su imagen de lustros atrás. Solo nos queda el consuelo del Charco Azul a los pies de la Cueva del Gato, en esencia el mismo de siempre. Aguas limpias y frías y un paraje de peñas y vegetación envolvente que le siguen prestando la apariencia de un rincón casi paradisíaco.

Escolares acosados


Escolares acosados
JOSE BECERRA
Niños que sufren amenazas de sus compañeros de colegio cuando no agresiones son el pan nuestro de cada día, según la frecuencia con que los medios de comunicación vienen denunciando. Lo último, el acoso que venía sufriendo un alumno de un instituto de Fuengirola, al que se le venía sistemáticamente haciéndole la vida imposible con asedios, acosos y humillaciones por parte de los que supuestamente habría que considerar como compañeros de clase. Horroriza saber que incluso se llegó a ponerle presuntamente al infortunado una navaja al cuello. Simultáneo a este suceso que nos horripila  padres y abuelo, otro idéntico en Estepona, protagonizado por chicos que hacen de su colegio un gueto propio donde zaherir a sus compañeros con saña y sin miramiento alguna, quedando sus hazañas en buena medida del todo impune. Meses atrás nos despertamos con la noticia de que otro menor se arrojó al vacío desde una vivienda situada en los altos de un inmueble dejando patente que el mobbing (palabreja que aquí se ha instalado procedente del Reino Unido), había convertido su vida en un infierno. Asedio, acoso, acorralamiento que no tienen por menos que causar terror y desprecio de los hostigadores a quienes hacen blanco de sus afrentas, como digo, no pocas veces impunemente.
    Nos desvivimos los progenitores para que  nuestros descendientes de escasa edad no sufran antes de tiempo los zarpazos que la vida ha de depararles con toda probabilidad y llegan unos inconscientes desalmados que nos lo maltratan cuando apenas se han asomado al mundo.
    Algo habría que hacer para evitar estas acciones. Cierto que existen protocolos en escuelas e institutos para hacer frente a estos acosadores, que casi siempre se resuelven con el cambio de clase o del colegio en cuestión al hostigado y, en cambio, incomprensiblemente los hostigadores se quedan; cuando debería ser todo lo contrario, con lo que no es raro, que después de breves apartamientos vuelvan de nuevo a las andadas.
   Los profesores bastante tienen con impartir sus lecciones y asesorar y dirigir la orientación educativa. Sin embargo, una nueva figura en el  ámbito académico se impone: una persona que vigile de cerca el comportamiento de los chavales, antes, durante y después de las clases correspondientes para evitar que los más desalmados abusen de compañeros que se ven obligados a bajar la cerviz ante sus desmanes.
   Los padres tenemos derecho a que nuestros hijos no sufran maltrato en lugares en los que los dejamos para formarse y no para que en su lugar padezcan afrentas que les marcarán indeleblemente. Mucho nos jugamos en el empeño.
   Que nadie mire para otro lado en un tema tan candente como reprobable. Está en juego la integridad física y psíquica de nuestros hijos ante los ataques de depravados que por no haber cumplido los 14 años obran a su libre albedrío.

Las bibliotecas, mi biblioteca

 

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Las bibliotecas, mi biblioteca

José Becerra

Puesto a pensar y echando la vista atrás creo que mi vida ha estado siempre  vinculada a una biblioteca. Entiéndaseme: no es que viviese siempre en el interior de ese espacio que se dedica a la difusión de la lectura de libros (aunque en mi existencia, en los años que van de la juventud a la senectud transcurriese entre las paredes de una o varias de ellas, no.) Primero fue la que mis padres poseían en mi pueblo natal y de la que yo tuve con conocimiento apenas dar los primeros pasos en la vida y tuve clara conciencia de ello. Recuerdo que era un mueble no demasiado grande y destartalado  pintado de color marrón obscuro con media docena de baldas y que ocupaba un rincón de la casa junto a una ventana que permitía el paso de la luz proveniente de un olivar vecino que se perdía en la lejanía y venía a morir a los pies de las escabrosidades de una sierras cuyas altas aristas se me antojaba que llegaban hasta el cielo. No creo que pueda olvidar jamás los libros que ocupaban las despintadas repisas de madera.

Conocí así apenas me adentre en el maravilloso mundo de la lectura a escritores de los más variados estilos y obras de las más variopintas temáticas. Julio Verne, Pío Baroja, Valera, Clarín, Pardo Bazán, Galdós… No descubro nada si digo que la lectura es uno de los placeres que más puede contentar al hombre y tengo que decir que afortunadamente llegue a ellos desde muy temprana edad. Ahora, cuando ya peino canas y me asomo al irreversible mundo de la ancianidad vienen a corroborar la atracción que siempre sentí por la letra impresa sabiendo que existe una explicación científica a esta inclinación.

Viene  decir el estudio llevado a cabo por la Universidad de Búfalo (EEUU) y que recogió días atrás la revista Psychological Science, cuando leemos un libro nos adentramos psicológicamente en la comunidad que describe y nos hace experimentar la convicción de  pertenencia a un grupo, con lo que eso conlleva de satisfacción al complementar una necesidad humana innata que redunda en la mejora de nuestro estado de ánimo. No es un secreto por tanto que la lectura produce placer, amén de distracción y proporcionarnos conocimientos y enseñanzas para mejor entender el mundo que nos rodea y potenciar nuestra relación con los demás.

   He vivido en las bibliotecas una buena parte de mi vida, unas veces como lector habitual y otras como bibliotecario de la Universidad de Málaga, así que creo poder hablar de estos templos del saber con conocimiento de causa. Uno de los avispados lectores que era asiduo de la Biblioteca de la Facultad de Ciencias de la Información me dijo un día que “los bibliotecarios sois como los guías turísticos de todo el conocimiento”. No le faltaba razón: ese era el prototipo al  que todos los que ejercíamos el oficio aspirábamos. Otro me espetó un día algo así como que “en el tsunami de la información, los bibliotecarios ofrecen flotadores y enseñan a nadar”. No podía haber recibido mayor alago.

  He comprobado durante años la paz que se respira en una biblioteca pública. En ciertos  momentos por su espesura casi se podría cortar el silencio, aun cuando las bancadas estuvieran ocupadas. En estos momentos de quietud solía pasear la mirada por los lectores que frente a mí hojeaban con fruición sus libros. Un pensamiento me era recurrente en esos momentos: una biblioteca puede ser muchas cosas, entre ellas no está  la de recurrir a ellas en los días de lluvia, pretexto este que puede ser recurrente. Pero sobre todo  es un lugar donde los libros viven, y puedes ponerte en contacto con otra gente, con otros pensamientos y con otras ideas con las que contrastar las tuyas propias.

   Después de mi obligada jubilación vuelvo a las bibliotecas con frecuencia. Nada es comparable a la quietud que en ellas impera. Y si como dijo Cicerón “si cerca tenéis un jardín ya no os faltará de nada”, afirmación que   comparto sin reservas ya que la biblioteca que ahora frecuento en mis ratos de asueto lo tiene. Miel sobre hojuelas.

  

 

Puerta a la esperanza

Puerta  a la esperanza

JOSE BECERRA

La historia refrenda que siempre existieron enfermedades endémicas que asolaron a los mortales habitantes de este mundo. Algo tan cierto como que costando Dios y ayuda existieron médicos y científicos preclaros que consiguieron  paliar sus efectos o desterrarlas para contento de la humanidad sufriente. Se consiguió batir al  tétano, la lepra, la malaria, el cólera y el sida, entre otras lacras que diezmaron la población allí donde hacían actos de presencia. El cáncer en sus diversas manifestaciones orgánicas viene siendo la bête noir, que dicen  los franceses, o la bestia negra que decimos los hispanos parlantes, que se resiste a ser extirpada cuando extiende sus tentáculos en cualquiera de las partes de la anatomía humana.

    Sabemos ahora que experimentados oncólogos del Hospital Marañón de Madrid, junto con los de la Clínica Universitaria de Navarra,  mantienen abiertos estudios relevantes sobre una de las líneas actuales de investigación más firmes y esperanzadoras para el tratamiento de tumores con metástasis, o sea, como se sabe,  la diseminación del cáncer desde el sitio primario del lugar donde empezó hasta otras partes del cuerpo.  El paso siguiente es probar en enfermos el primer fármaco de inmunoterapia contra el cáncer, algo de lo que se puede presumir que se ha diseñado y desarrollado  íntegramente en España,  lo que no tiene por menos que llenarnos de orgullo.

   Por lo pronto el fármaco en cuestión, tras unas pruebas metódicas en animales, se constató sus efectos antitumorales, con lo que se está llegando dentro de los servicios hospitalarios oncológicos a la fase final, esto es a efectuarse un ensayo clínico en humanos. Algo que de resultar plenamente satisfactorio podría llevar a su comercialización más temprano que tarde.

   Se abre así una puerta a la esperanza para hacer frente a esta terrible enfermedad que no pocas veces ha venido siendo mortal de necesidad. Un avance científico que hace abrigar fundadas esperanzas.

Que ustedes y yo lo veamos.