Pensionistas cariacontecidos

 

Pensionistas cariacontecidos

En más de una ocasión, por ser un tema candente y que preocupa a millones de pensionistas- entre los me cuento, a mi pesar – hemos sacado a relucir la cuestión de la enflaquecida hucha de la que sale cada mes el subsidio que nos permite soportar, no sin quebrantos, las exigencias monetarias que la vida nos impone para subsistir siquiera sea medianamente bien  en los contados años que nos quedan por transitar en este mundo. Hay ya quien clama al cielo por la desazón producida   porque cualquier día venga a cerciorarse de que la módica cantidad que cobraba cada mes se menguó aún más o desapareció como por ensalmo.

Que no cunda el pavor dicen a su vez los expertos y economistas avezados: se puede aún consolidar el sistema público de pensiones con nuevas y drásticas reformas que vengan  a paliar la cuantiosa merma de ingresos en el sistema a raíz de la destrucción masiva de empleos de la recesión que todos afirman se está superando. Si no hay dinero en la hucha de pensiones seguirán atendiéndose como se hacía años ha acudiéndose a las arcas del Estado que si flaquean siempre se podrá pedir prestado. Eso, y apretar las tuercas a los cotizantes como ya se estudia echándose mano al Pacto de Toledo y poniéndose en planta severas políticas fiscales  confiscatorias, o sea, recurriéndose al lenguaje llano, “crujir” al ciudadano sin contemplaciones mediante exacciones de toda índole.

No le falta razón a Aznar, últimamente mostrándose como el elemento que chirría dentro del Partido Popular y no tiene pelos en la lengua para remover en las arenas movedizas del clan, que “impuestos altos, deuda disparada e incontrolado déficit” se vienen mostrando como un serio hándicap para su remontada.

Lo cierto es que, hoy por hoy, alrededor de cinco millones de pensionistas, entre los que milito, digo, cobran menos del salario mínimo interprofesional, a saber, menos de 700 euros mensuales. Pero los hay que cobran aún  menos: un millón tienen que conformarse, que quiera que no, con 350 euros: poco menos que lo que se necesita para pagar el recibo de la electricidad encarecida hasta el infinito en las últimas semanas severamente invernales, bête noir de los que menos tienen.

Esté o no el riesgo el sistema lo cierto es que andamos los pensionistas con la mosca tras la oreja, cariacontecidos cuando no apesadumbrados.

El despotismo de las eléctricas

El despotismo de las eléctricas

Hay familias en el país que tiritan   a causa de exiguos emolumentos que no les permiten encender la estufa para atajar los zarpazos del frío, que se ceba en los que menos tienen. Algunos hogares les prestan por lo menos cobijo, pero otros, sobre todo en las ciudades, los sin techo, que suman caterva (en los pueblos diminutos siempre se puede echar mano a un brazado de leña en la campiña próxima) se ven obligados a hacer frente a la gélida ventisca cubierto con endebles y miserables cartones.

A fuer que nos tilden de lerdos no llegábamos a entender  que hubiese quien sucumbiera de frío porque se les cortó el suministro eléctrico mientras las eléctricas se embolsan cada año más de 4.000 millones de euros. Cierto que esta triste realidad se ha solventado en parte mediante el Real Decreto aprobado días atrás por el Gobierno en el que se establece el nuevo bono social de electricidad para los consumidores vulnerables que impide la supresión del suministro eléctrico. Loado sea dicho plan. Pero ello no soluciona la raíz del problema que reside en que hay muchas familias que se las ven y desean para llegar a fin de mes y que han de soportar la quita del recibo de la luz, el cual se ha disparado en los últimos días por mor de la cruda temporada invernal que nos acosa, en la que el frío y las neviscas hacen estragos.

Lo que ahora se reclama por diversas asociaciones vecinales mediante manifestaciones con voz en grito es que se impida por el Gobierno las tarifas abusivas del sector eléctrico a las familias que bastante tienen con adquirir con dificultad los alimentos para la subsistencia diaria. Algo que vendría a paliar lo que exige esta necesidad perentoria si se aplicase un IVA reducido (el actual es el del 21%) como sería el de solo el 4%, lo que significaría un respiro para las familias cuyos recursos flaquean ante el agobio económico imperante en el seno de un número incalculable de ellas.

Tamaña aspiración sería como pedir peras al olmo. Sujetan el rábano por las hojas con el beneplácito de quienes nos  mandan, los cuales prefieren recortar  gravámenes en otras materias y dejar a su libre albedrío a las eléctricas para que rijan un servicio mínimo para vivir como es  la luz que nos alumbra y calienta.

 

 

Ronda, alta y fría

 

 

Ronda, alta y fría

 

JOSÉ BECERRA

Llegaron las nevadas a Ronda con nocturnidad, pero sin alevosía ya que eran esperadas. Los copos de nieve se descolgaron por la ciudad con las sombras nocturnas y dejaron su bella impronta en la ciudad y en los pueblos de su entorno. El frío intenso se adueña de la comarca como ocurre en el resto de la provincia de Málaga. Se sucederán como es previsible los días gélidos que dejarán una estampa atrayente e insólita en la serranía rondeña y los picos de las sierras se revestirán (ya lo están) con ese manto de armiño característico que tanto aviva las imaginaciones.

   Tal vez no lo haga con  la saña de otras ocasiones, cuando las sierras se teñían de un espeso y níveo manto   y así permanecían incluso semanas. Ahora, puedo que lo haga con timidez avisando que las nieves pueden ir a más si se lo proponen, fruto del frío intenso que por estas fechas suele aposentarse en la comarca de cara a los iracundos vientos  que soplan desde el norte.

   Primero serán los picos de las sierras, macizos escarpados que anteceden a Ronda por la carretera que por San Pedro la une a la costa, los que se revestirán con el blanquecino ropaje. No tardarán en hacerlo, que el invierno envió ya sus heraldos anunciadores bien provistos de adargas y afiladas lanzas que aguijonean la piel y entrecortan el aliento.

   El `Arunda fortis et fidelis` campea en el escudo de la ciudad de Ronda desde que, mediados el siglo XV, cayera en manos de los Reyes Católicos, que pusieron fin por entonces al reino nazarí. Fuerte y fiel, dice bien en letras de oro. Habría que añadir otros adjetivos menos señoriales, pero igualmente certeros. `Ronda, alta y fría´ también describiría a la ciudad soñada de Rilke. Ronda meseteña, erigida sobre la planicie sin proximidad inmediata de sierras o montes que la cobijen o sirvan de valladar al frío norteño. Cuando se deja sentir, fino y lacerante, rasga la piel como fino bisturí y hiela el aliento.

Ponte la bufanda y abrígate bien que en Ronda hace mucho frío”, solía decirme mi madre, solícita  cuando pensaba dejarme caer por la ciudad, años atrás, ascendiendo hasta ella desde uno de los pueblos que ciñen  sus casas a la querencia del Guadiaro. El consejo era necesario y siempre bien recibido. Efectivamente, en días crudos de invierno, en Ronda hacía más frío que en cualquiera otro lugar de la provincia malagueña. Titiritaba uno en el Puente Nuevo, seguía la tiritera corriendo de arriba abajo la calle de La Bola y castañeaban los dientes en la estación de RENFE cuando se disponía el regreso. ¡Dios, qué frío hacía en la estación! Lejos todavía el despliegue de carreteras y la utilización de los automóviles, un destartalado andén y un no menos vetusto tren, prolongaban el frío hasta llegar y refocilarme con el amor del hogar.

   Me vienen estos recuerdos callejeando por la Ronda de hoy, sumida en el frío que abate a la Península por entero. Como era de esperar, aquí, cuando hace frío, lo sigue haciendo de verdad. Lo confirman los noticiarios que recurren a reporteros que se nos aparecen ateridos, sacudiéndose del gorro los copos de nieve, con un trasfondo blanco y el agobio de quienes tratan de conducir por carreteras cortadas. Belleza y atascos, imprecaciones y jolgorio. Cara y cruz de una situación que en Ronda no es rara pero que no deja por eso de impactar.

   El frío relente vaciará la siempre bien concurrida calle de La Bola, en la que hay que recalar cada día, casi por obligación, cuando el tiempo no hostiga. El flagelo del frío arrojará a los pocos que se aventuran a salir hacia el calorcillo de los bares. Nadie se para delante de los escaparates, el vendedor de cupones de la Once busca aterido la complicidad de los vanos de las puertas y el  de menudencias vegetales, que ya forma parte, por su asiduidad al mismo sitio, de la imagen de la transitada calle, maldice el día y levanta el tenderete con prisas y corriendo. Nadie en el estanco de Marcos Morilla, el fiel referente de la vía desde más de un siglo a esta parte.

   Ronda desafía a la ventisca a pecho descubierto. No tiene muy cerca, ya digo, las sierras que abrigan a los pueblos próximos. Le cogen lejos las escarpaduras de las sierras de Grazalema; el escudo de Tavizna que protege a Montejaque; las de Juan Diego que acunan a Benaoján, o los Alcornocales que mitigan el acoso gélido en el Cortes de la Frontera señorial. Se alza Ronda soberbia en su meseta y paga cara su arrogancia cuando arrecia el temporal y campea el cierzo sin trabas ni componendas.

Reformas en “La Manquita”

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Reformas en “La Manquita”

Sean bienvenidas las reformas estructurales que se han de llevar a cabo en la emblemática Catedral de Málaga, comúnmente conocida como “La Manquita”, por no haberse construido en su día la torre sur como saben, que debía emparejarse con la que, airosa y magnificente, se alza al cielo en su fachada norte. Bien está que de esta joya renacentista, orgullo de los malagueños,  se repare su techumbre, y su disposición interior cambie y se acomode a los retos que el tiempo ha venido incidiendo en su colosal imagen tanto interior como exterior. Que se acomoden los espacios a las necesidades del culto y se reparen las filtraciones que obran en detrimento de su cubierta son reformas que no admiten dilación posible. Nadie parece estar en contra de esa determinación.

Otra cosa es la pretendida construcción de la torre sur pergeñada por los arquitectos de la talla de Egas, Diego de Siloé, y el mismo Andrés de Vandelmira, amén de otros grandes maestros renacentistas andaluces que intervinieron en el santo recinto malagueño, y que no llegó a perfilarse jamás, entre otras cosas porque las intervenciones procedentes del Gobierno central, o en su defecto, de la Junta de Andalucía  han brillado por su ausencia, pese a su condición incuestionable de primer templo de la ciudad: en esta cuestión se encuentra a la cola en la lista de los templos andaluces.

El campanario, que por su ausencia imprime carácter propio a “La Manquita”, no es, empero, una necesidad perentoria, como con muy bien criterio se ha venido a afirmar desde el Obispado. Sí lo es, por el contrario, un análisis pormenorizado de las deficiencias del templo en lo que, como digo, toca a su estructura y que  muestran el carácter urgente de la intervención, algo que el cabildo catedralicio, feligreses y visitantes ocasionales agradecerían en grado sumo.

La torre sur puede esperar, entre otras cosas, porque la existente, la cual se eleva hasta los 85 metros de altura, siendo la más alta de España, si obviamos la Giralda de Sevilla, viene imprimiendo personalidad propia al templo y es el referente obligado que no deja de cautivar a quienes la contemplan desde las bases del señero monumento religioso. A nadie se le ocurría, acudiendo a un ejemplo de construcciones que llaman poderosamente la atención, “enderezar” la famosa torre inclinada de Pisa: así se observa desde su construcción hace la friolera de 800 años, constituyendo el santo y seña de la ciudad que se asienta en la región italiana de  la Toscana.

Que siga siendo, pues, “La Manquita” para muchos años como imagen imperecedera de la ciudad a la que otorga particular sello y singularidad.

Cláusulas suelo: tsunami en los bancos

 

 

Cláusulas suelo: tsunami en los bancos

El anuncio del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE)) hecho público días atrás sobre la retroactividad de indemnizaciones a las que están obligados a satisfacer a los afectados por cláusulas luego ha dejado (con perdón) con el culo al aire a muchos bancos. Se ha comenzado ya a establecer sentencias que aplican la susodicha resolución que viene a hacer posible la devolución a los afectados escorando la del Tribunal Supremo. Una sentencia que ha sido  acogida con alborozo, como no podía ser de otra manera, por los miles de afectados por esta (mala) praxis bancaria que van a ver cómo vuelven a sus bolsillos importantes cantidades a las que creían irremisiblemente perdidas.

El Gobierno, que no ha hecho oídos sordos (como debe ser) a las irregularidades practicadas por las entidades financieras a este respecto aprobará de manera inminente un Código de Buenas Prácticas, auspiciadas por su portavoz, Iñigo Méndez de Vigo, que pondrá negro sobre blanco que “con celeridad” se devuelva a los afectados las cantidades improcedentes que vinieron  a acrecentar con desmesura en su día la deuda contraída con las entidades financieras en cuestión. Un Real Decreto Ley que se ha hecho esperar pero que ya se aprueba y que viene en auxilio de los afectados, tras la sentencia consecuente.

Se estima por los entendidos en la cuestión,  que ahora han salido a la palestra y dictaminan con rigor,  que el impacto sufrido por la banca hasta el punto de hacer trastabillar sus cimientos asciende   a más de 4.000 millones de euros. Y nos preguntamos con  toda la candidez del mundo: ¿no serán culpables de este desaguisado bancario los ejecutivos señeros que gozan de los salarios más elevados en el país? Ahí queda la pregunta en el aire.

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El nuevo hospital de Ronda a trancas y barrancas

 

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El  nuevo hospital de Ronda a trancas y barrancas

José Becerra

No acaba de arrancar el nuevo hospital de Ronda. Hace tiempo que escuchó el “levántate y anda”, pero sigue lánguido y postergado. Está en manos de la Junta y en concreto de la Consejería de Salud quien determine la licencia de primera ocupación y, por ende, el plácet para que con instalaciones justifiquen de una vez por todas las necesidades  para las que fueron creadas años atrás. Desde el Consistorio, el delegado de Obras y Urbanismo, Francisco Márquez,  ha señalado algo así como que la pelota está en el tejado de la Consejería de Salud, de quien se espera la última palabra al respecto. “Qué largo me lo fiais”, que dijo el clásico.

Se está, pues, a la espera, una vez que el Ayuntamiento ha dictaminado el final de las obras, incluidas las del acceso- un serio tropiezo, que parece haberse solucionado con su adecuada construcción- y las de las oportuna electrificación y saneamiento, condiciones sine qua non para que el nuevo centro sanitario abriera sus puertas definitivamente, se autorice su traslado al lugar definitivo, lo que va exigir una nueva espera. La Consejería de Salud estima en  12 semanas el plazo para que el funcionamiento pleno se verifique. Cuatro meses, o sea, para que los rondeños y serranos de los pueblos limítrofes puedan ser atendidos debidamente en las flamantes instalaciones hospitalarias.

Con todo, una cuestión candente sigue sin determinarse adecuadamente: el paso de peatones que permita el fácil acceso soterrado al centro en cuestión. Será la Diputación quien deberá aportar la financiación requerida. Algo en lo que  confía el Ayuntamiento rondeño, pero que todavía está en el aire ya que la administración supramunicipal no ha dicho esta boca es mía al respecto. Una nueva espera que habrá que afrontar con la resignación a la que ya  estamos acostumbrados.

Matanzas caseras en la Serranía de Ronda

Matanzas caseras en la Serranía de Ronda

JOSÉ BECERRA

Siempre sometiéndose a lo legislado al respecto en lo que toca a la salubridad de la tradición, inveterada en la Serranía de Ronda, desde tiempo inmemorial, la matanza de cerdos en el ámbito familiar acaba de ser autorizada por la delegación municipal de Ganadería de Ronda, desde hoy y hasta que apunte en el calendario la época primaveral.

Una sempiterna tradición hizo posible que padres e hijos se dieran la mano para que jamás feneciera esta costumbre que hoy día, quizá con menor auge que en tiempos pasados, pero que todavía resulta  normal contemplarla en los pueblos que se estrechan y acogen a la querencia de la serranía rondeña.

Las escenas de las matanzas caseras son dignas de los pinceles de un pintor costumbrista. La renovación del paisaje a través de la luz, y la caracterización y afanes  del paisanaje campesino, fueron captados con maestría por pintores como Degrain, Sorolla o Regoyos. Dignas de ser captadas por ellos, en tiempos de Navidad y por consiguiente de fríos y nevadas, las matanzas que se llevan a cabo en la Serranía de Ronda  en casas de campos y antiguas cortijadas que difícilmente mantienen sus muros piedra sobre piedra. Se recurre a ellas  para los días festivos que señala el calendario, y para buena parte del resto del año. Una costumbre ancestral, que va perdiendo consistencia por mor de los nuevos tiempos, en los que se prefiere comprar los productos ya elaborados, “pero que no tienen ni por asomo el sabor de los que hacemos en nuestras casas”, asegura Martín Benítez, que del rito de la matanza sabe un rato.

Todavía se empeña la noche en quedarse y se muestra remisa a las claridades del día. Rebotan éstas en las colinas de las sierras reclamando su derecho a alborear. Martín Benítez, agricultor, arriero y matarife si la ocasión se tercia, al rayar el alba, arrecia el paso. Divisa ya envuelta en la bruma de la amanecida que desprende el río Guadiaro en su despertar, la cortijada a la que dirige sus pasos, cuyas aristas de antigua casa labriega ya se columbran en lontananza. Hasta ella dirige sus pasos, la bolsa con los avíos de su trabajo, bamboleándole en las espaldas: dos facas de anguloso y afilado acero y navaja cachicuerna capaz de cortar un pelo en el aire.

Camina de prisa Martín, acostumbrado a trochas y veredas como la que ahora le conduce, pocos pasos más allá a las corralizas del cortijo. Los perros anuncian su llegada con desaforados ladridos. Duran poco, que la figura enjuta, la boina negra con la que se cubre, y los andares del hombre les son familiares.
-“Dios guarde”, saluda. Y los cuatro o cinco hombres, a la puerta del corralón, a pocos metros de la casa – una sonrisa, una mueca amigable – le devuelven el saludo: -“Ven con Dios”.

No hay más conversación, que son los serranos parcos en palabras, cuanto más que ya estaba dicho todo. Uno de ellos abre la portezuela del corral y desde su interior el estruendo del ganado asustado sacude el silencio del día en ciernes. “¿Cuál va a ser?”, pregunta Martín. Le señalan un cochino que a duras penas trata de rehuir de los recién llegados. “En la romana ha dado más de 15 arrobas”, le dicen.

En la Serranía, antes de la matanza anual todavía acostumbran a pesar echando mano a la romana, un artilugio con pesas que inventaron los romanos, de ahí el nombre y que perdura aquí hasta nuestros días. Martín hace las cuentas mentalmente: “Una arroba once kilos y medio, el cochino pesará sus buenos ciento setenta y cinco kilos. Y engordado con bellota de la montanera. Buen tocino para la olla, y mejores jamones para el invierno”.

Cuando Martín hunde el cuchillo en la yugular del puerco, además de los cuatro hombres que lo sujetan, las mujeres y los niños de la cortijada irrumpen en la escena repleta de sangre y gruñidos. Las mujeres recogen en grandes cuencos la sangre – Martín buscó con su cuchillo el punto exacto del corazón del animal – para las morcillas, mientras los niños, ajenos a los últimos estertores de muerte del animal, chillan y ríen alborozados. Puede que para éstos últimos las escenas de degüellos del noble animal hozador sea algo que se debería ocultar a sus ojos porque la crueldad se muestra ostensible. Si todas las muertes causan un silencio respetuoso, no es el caso de la del cerdo, que no va a tardar a ser descuartizado. Madrugaron para no perderse la fiesta y miran sin disimulo con admiración y respeto al matarife. Muerto el animal, lo
colocan en una mesita baja. Empieza la fiesta de la matanza, el ceremonial pantagruélico del “comamos y bebamos, que luego moriremos” que cantaban en el medioevo.

Se desuella el cuerpo inerte, restregándolo con cepillos tupido de púas y agua hirviendo. Es el primer paso. Luego, cuatro hombres, a las órdenes de Martín – severo, circunspecto – van a desmembrar al animal. Un sol tibio se derrama sobre la escena, que sigue animada por los gritos de la chiquillería y las consejas de las mujeres. Maestro y sabedor de su anatomía, a los precisos tajos de Martín y los que le acompañan, el cebón va mostrando sus tesoros escondidos: jamones, paletas, asaduras, tocillo y pella…Unos trinchan, otros amasan; y las mujeres embuten y enristran los chorizos y las morcillas.

En poco más de cuatro horas – el sol dueño absoluto del cielo limpio invernal – la especie humana ha revivido la lucha contra la escasez, garantizando la propia supervivencia. Colgados los jamones y embutidos en oscuras vigas, sólo queda esperar el paso del tiempo para que el airecillo seco de la Serranía, apriete las carnes y acelere su curación.

Mano tendida al yacimiento de Acinipo

 

Mano tendida al yacimiento de Acinipo

El pacto entre el Partido Popular y Ciudadanos está arrojando mejoras que los ciudadanos no tenemos por menos que agradecer. Los socios del partido que lidera Albert Rivera no se conforman, empero, con este entendimiento con los populares y van más allá seguros como están que las huestes que comanda Rajoy le echarán una mano cuando ello sea preciso: van por su cuenta en el reclamo de acciones que, por ejemplo, tratan de impulsar antiguas reivindicaciones a las  que el POSE venía haciendo oídos sordos. Po ejemplo, la de la necesidad de poner en valor el yacimiento de Acinipo, que de manera evidente coadyuva al engrandecimiento de las señas de identidad de la Ronda milenaria.

El más claro exponente del asentamiento de Roma en el territorio que hoy responde al nombre de Ronda, fue la ciudad de Arunda, y a muy escasa distancia la de Acinipo, cuyo teatro nos retrotrae a la época de máxima expansión del imperio nacido en las orillas del Tiber.
Antes, en el mismo lugar o en las cercanías donde la ciudad se abre a la curiosidad de propios y extraños sentaron sus reales los celtíberos, una conjunción de pueblos celtas e íberos. También Tartessos tuvo sus ramificaciones en el lugar, un pueblo a caballo entre la historia y la leyenda que basó su economía en la agricultura del olivo y la vid, por lo que los historiadores que discrepan en cuanto si hollaron o no las tierras rondeñas – su asentimiento principal fueron las actuales provincias de Huelva y Cádiz, pero que extendieron hasta el sur peninsular, llegando hasta en norte de África, por lo que no hay que desdeñar su paso por las que sería el ámbito geográfico rondeño – sí están de acuerdo en que fueron los que impulsaron el desarrollo de este tipo de plantaciones, a las que Roma sacó tanto provecho. El vino y el aceite hispano que las familias nobiliarias se disputaban en la metrópolis.
Roma aprovechó calzadas que cruzaban la península de norte a sur, y que han servido para el trazado de las carreteras actuales, y lo mismo hizo con los poblados que encontró a su paso. Es el caso de Acinipo, al que le cupo el honor de recibir el espaldarazo de Vespasiano, el cual le otorgó el derecho latino, emparejándola así con poblaciones como Córdoba y Sevilla. Una floreciente población de cuya importancia habla elocuentemente la construcción del teatro, cuyos restos han llegado hasta nuestros días. En muy lamentable estado, hay que reconocerlo, a causa de la desidia de políticos locales que no movieron un dedo para prestarle la atención debida dado su indudable significado histórico.

Ahora, el parlamentario malagueño de la formación naranja Carlos Hernández, acaba de anunciar una enmienda aprobada por la Junta de Andalucía en sus presupuestos para el año que acaba de asomar sus barbas, mediante la cual se destinarán 150.000 euros para poner en valor tan legendarios restos, de manera y forma que sean accesibles al turismo sin las  trabas que hasta ahora sufrían. Tales medidas “redundarán en bien de Ronda, Málaga y la comunidad autónoma andaluza”.

Llega tarde el reconocimiento, pero como dice el refranero popular, siempre tan sabio, “ más vale tarde que nunca”.

 

 

 

Autopistas cuestionadas

Autopistas cuestionadas

JOSÉ BECERRA

El caso clama al cielo, que decimos cuando algo nos desborda por lo inimaginable de su intríngulis. Que sea el erario público, o sea el bolsillo de ustedes y el mío, el que tenga que pagar las ansias de grandeza de políticos que no se pararon en mientes en su día para propiciar la construcción de autopistas asegurando y magnificando un uso que jamás llegó a verificarse, es algo que nos desborda como ciudadanos de calle, pasmados ahora en tamaño traspiés.

   El flamante ministro de Fomento acaba de poner el dedo en la llaga: hasta ocho autopistas de peaje que culebrean a lo largo y ancho del país se muestran soberanamente ruinosas y los concesionarios viene dando muestras de que les llega el agua al cuello. Son contados los automóviles que circulan por ellas con lo que la quiebra se muestra evidente. Pero no tienen por qué preocuparse: ahí está el papá Estado, que con su magnanimidad les sacará del atolladero, a resultas de la condición en su día circunscripta de que aquél se haría cargo de la pérdidas ocasionados si las travesías resultaban a la larga ruinosas. Y es lo que ha sucedido: más de 5.000 millones de euros están en juego y en vez de aplicarse a otras necesidades ineludibles, léase educación, sanidad, pensiones y un muy largo etcétera, se destinarán  para satisfacer las deudas de los promotores del que parecía un negocio prometedor y ha resultado un pavoroso fiasco. Otra cuestión sería la de que las autopistas  hubiesen resultados beneficiosas en grado sumo, las ganancias no habrían de revertir no en las arcas estatales sino en las empresas que las promovieron. En definitiva, la ley del embudo, lo ancho para mí y lo estrecho para el otro.

   La determinación del Ministerio de Fomento, en palabras de su más alto dignatario, Iñigo de la Serna, de entrar el trapo para paliar el costo de las autopistas y rescatarlas obedece, pues, a un pacto determinado del Estado para salvaguardar los intereses de quienes tiraban de su capital para desarrollar acciones que correspondían a aquél y del exigían  responsabilidad patrimonial.

  No caben así  las quejas de los ciudadanos ni que se desgarren  las vestiduras los opositores políticos que no tomaron parte de las decisiones estatales en su momento. Se impone cumplir con lo pactado y el crujir de dientes es tan improcedente como inútil.

Apuros económicos del municipio de Cortes de la Frontera

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Apuros económicos del municipio de Cortes de la Frontera

José Becerra

Es este, Cortes de la Frontera, un municipio que siempre gozó de fama por su boyante situación económica, algo que fue envidiado por  los pueblos limítrofes situados como éste en las estribaciones de la Serranía de Ronda y regados por el río Guadiaro. Es el municipio más extenso de la zona merced a las más de 17.000 hectáreas (11.000 de ellas de propiedad municipal) que conforman su territorio, un término extremadamente montuoso y que alberga una muy significativa población de venados y corzos favorecedores de una actividad cinegética de la que presume la vecindad siendo motivo de envidia de las demarcaciones cercanas. Pero aquí no acaban las  notoriedades del pueblo; otra muy significativa es la extracción de corcho, actividad que proporciona una muy beneficiosa situación económica, la cual en épocas de penurias sirvió de sostén al municipio y a las familias en él afincadas.

Esta última actividad, empero, no parece ser suficiente para sacar al municipio  del atasco económico en el que se encuentra y que se hace evidente, según informes de la Central Sindical Independiente en la casi menesterosa situación de buen parte de los trabajadores del Consistorio que se las ven y desean para llegar a final de mes, incluso para adquirir los más elementales recursos de subsistencia a causa de los nóminas pendientes de cobro acumuladas ms tras mes.

La Diputación de Málaga, a la que se acudió en  reiteradas ocasiones para solucionar el arduo problema que no parece sino que da largas al asunto y no concreta llevar a la práctica una moción aprobada de una ayuda extraordinaria y la creación de una urgente mesa de trabajo hasta el presente sin resultados tangibles. Razón por la cual los trabajadores se han puesto  en pie de guerra y anuncian una movilización de protesta para el próximo día 28 de diciembre para denunciar la difícil situación por la que atraviesan ante los oídos sordos de las administraciones que no parecen encarar el problema y darle rápida solución.

Dijo Pedro Calderón de la Barca, eximio dramaturgo del Siglo de Oro, que “la voz del pueblo es la más sonora salva”. Es lo que toca presenciar en Cortes  de la Frontera el 28 de este mes y año que agoniza. ¿Es casualidad que sea ese día  el de los Santos Inocentes?