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Festejos por doquiera en Málaga
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José Becerra | 21-08-2018 | 07:55| 0

Resultado de imagen de fotos de la verbena del tren en benaojan Foto: Benaoján.es(diario SUR)

Málaga, festejos por doquiera

JOSÉ BECERRA

 Las fiestas patronales de los pueblos de la  provincia se propagan como el fuego, que siempre es voraz, pero que es este caso no es devastador, aunque sí bullanguero y colorista.

  No todo en los meses tórridos que sumen a la provincia en la parsimonia de la quietud, la somnolencia por el canto monorrimo de la chicharra y la bruma caliginosa, habían de ser fuegos aniquiladores. Provocados o fortuitos los que queman el bosque son siempre temibles y maldecidos.

    Pero hay otros fuegos, a Dios gracias, con la apariencia menos hosca. Son los que prenden con voluptuosidad no en los montes “por el calor execrados”, sino en los pueblos que a los pies o inmersos en ellos se erigen.

    “Arden” en fiestas, como suelen decir cronistas y reporteros recurriendo a un símil fácil, los pueblos de la provincia de Málaga. Desde mediado julio, todo el mes de agosto y parte de septiembre, no hay población, villa, municipio, aldea, villorio o caserío que no honre a su patrón, siempre santo y milagroso, como tiene que ser, y de paso proporcionar a sus habitantes ocasión para darles gusto al cuerpo con calles limpias y enjalbegadas para el evento, bailoteos en las plazas, y degustaciones  de manjares que les son propios.

    ¿De dónde vienen estos festejos que cambian la faz de cada pueblo durante un periodo variable de días? No son necesarias elucubraciones eruditas o antropológicas para establecer la procedencia. La tradición y su transmisión popular los sitúa en el Medievo. Comparten  todos sus orígenes las celebraciones y acontecimientos lúdicos que seguían a la culminación de la cosecha. Con el  trigo en el granero y la paja en el almiar, venían los días de agradecimiento a los Manes que hicieron posible el milagro de asegurar la manutención tribal o familiar. ¡Gracias sean dados al Cielo, y “ comamos, cantemos y bailemos, que otros días ayunaremos!”

    En agosto,  rinde honores a San Agustín, Alcaucín. Verbenea Algarrobo, y Alhurín el Grande presenta pleitesía a la Virgen de Gracia, emparejándose para  ello con Archidona y el lujo de su plaza ochavada. Almogía, la tierra del palmito venera a San Roque y San Sebastián; lo mismo que Cortes de la Frontera, emporio del corcho y del venado en libertad; igual que Alpandeire, el del monje itinerante; y Archez, la de la vid y el olivo ceniciento. Àlora, “la bien cercada” brilla por su coso taurino. Antequera “piedra  e iglesias mil” sorprende este mes con sus fiestas de recolección. Pisan la uva en Cómpeta para el mejor vino del año; en Atajate, Benadalid, Benalahuría – color y sabor medieval con sus fiestas de moros y cristianos_ , y  Benaoján, el de los embutidos selectos que rinde tributo al tren, también escogieron estos días para sus fiestas estivales. Sin olvidar a Montejaque, Jimera de Líbar, Cartajima – la Serranía en pleno incendio festivo -, el Burgo, el Campillos ganadero y claustral, ni a Cañete la Real.

    Carratraca, Gaucín – la bulla del toro “ensogado”,- Moclinejo – en la brillante ruta de la pasa; Monda, Ojén, Parauta, Periana y Pizarra. ¿ Quién da más? Sí, la Sayalonga verdialera; el Tolox del esparto y la “cojetá”;  el Torrox  de las esbeltas torres-vigías;  y el Valle de Abdalajís, recogido a lo pies del Picacho.

    Toda la provincia, desde la sierra al mar, desde la montaña al llano alimentando fogatas que nada tienen de dañinas ni maléficas, sino mucho de jolgorio y júbilo.

    Y como colofón, la feria de Málaga y, enseguida, la de Pedro Romero de Ronda. Toros, toreros valientes, mujerío retrechero y luz y color. Lo dicho, el fuego más inextinguible y benévolo  campeando en toda la provincia malagueña.                              

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Loables intenciones de Pedro Sánchez
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José Becerra | 18-08-2018 | 08:55| 0

 

Pedro Sánchez, ayer en la asamblea abierta en Granada a la que asistió el alcalde de la ciudad, Francisco Cuenca ./EFEFoto de EFE(DIARIO SUR)

 

Loables  intenciones de Pedro Sánchez

JOSÉ BECERRA

Es algo archisabido que para hacer frentes a candentes problemas y carencias de los gobernados no basta con traer a colación una retahíla de buenos propósitos. Las intenciones de acometer los problemas que azuzan al pueblo, no bastan. Los dichos son unas cosas y los hechos otras, algo palmario que nuestros políticos de vieja y nueva ola no desmienten con sus acciones. Soliviantados andamos quienes seguimos la retahíla de propósitos del adalid del PSOE, hoy aposentando sus reales en la Moncloa. Por manifestar objetivos que no quede; otra cosa es que cobren realidad con la premura que el pueblo ansía.

Sánchez, en sus tareas de gobierno, no parece que haya hecho oídos sordos al clamor que le llega de la calle. Han salido a relucir incluso cifras que muy bien podrían venir a solventar peliagudos problemas que abaten a la ciudadanía; pero el problema surge cuando si se hacen cuentas de lo que acarrearían habría que pararse a pensar si es un objetivo plausible a la hora de cumplir los objetivos de déficit que la Comisión de la UE señala con férrea voluntad de que no se traspasen alegremente, como atinadamente apuntan los expertos ante las circunstancias económicas  que ahora imperan

Una cuestión candente por lo actual es el de la inmigración ilegal, esa que nos llega sin interrupción procedente de los países subdesarrollados del  África menos distante del ámbito europeo. Una multitud hambrienta y desharrapada necesitada de todo lo elemental para sobrevivir se echa cada día al mar en pos de nuevos horizontes en países cuya prosperidad les permita vivir sin hambrunas ni la acuciante necesidad de comer cada día siquiera sea poseyendo lo más elemental para atender este menester. Ante este problema humanitario ¿tiene claro Sánchez y los suyos los pasos a seguir? Cierto es que se trata de un conflicto que no solo atañe a España, pero ¿se tiene claro en el gobierno el paradigma de persistir y obrar en consecuencia? Más bien parece que no. Demuestra, al contrario,  una actitud indeterminada y mudable  para abordar y remediar los problemas en su origen, como ponen de manifiesto y requieren los distintos países europeos  a los que atañe el problema.

¿Y qué decir sobre el conflicto catalán, reverdecido por día? ¿Convencen a los levantiscos de la región la actitud de Sánchez que no es otra que el “ laisser faire, laisser passer” (dejar hacer, dejad pasar”) de nuestros vecinos galos, clave del liberalismo económico en su momento. La contundencia brilla por su ausencia, algo que, por otra parte, es signo inequívoco y secuela  de la nimiedad de un gobierno como consecuencia de su insignificancia parlamentaria a tenor de escaso número que la componen: un valladar a la hora de sacar adelante proyectos que no  los frenen, sobre todo cuando no es menor la tesitura de que los vascos intenten transitar por los mismos derroteros de desafección a cualquier proyecto de unidad con el resto de las comunidades autónomas.

Pese a su ya antigua pretensión de convocar elecciones anticipadas de la que hizo bandera cuando aún no acariciaba el poder en el que hoy se arrellana presumiblemente con placer, nada de nada; y  pese a que las encuestas de diversos medios consultivos le barruntan un éxito sin cortapisas. Alguna borrasca debe presentir en el lontananza cuando se descabalga de aquéllas primigenias intenciones.

Sus intenciones no dejan de ser loables; sólo que a nadie se le escapa que el modus vivendi de la política actual no le permitiría conducir el barco al barlovento que sopla y en pos de una arribada a puerto seguro.

 

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José Becerra | 14-08-2018 | 11:57| 0

 

 

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Málaga, feria y fragancias de biznagas

JOSÉ BECERRA

De nuevo, un año más, Málaga, acicalada y esplendente sumergida en  la feria agosteña. Ese evento multicolor y jaranero que despierta la atención de media España (y encandila a quienes allende fronteras nos visitan) por cuanto en ella luce: mujerío galano, alazanes briosos y carrozas engalanadas; mocitos pintureros y bailes a tutiplén  que tientan a pintores coloristas, esos que  a lo largo de la historia aprehendieron tan luminosos  momentos para hacerlos eternos en sus lienzos y fueron admiración del mundo conocido.

   Un conglomerado de sensaciones abiertas como abanico multicolor a la vista del calidoscopio al que dan pie las engalanadas calles de Málaga, además de impregnar agradablemente el olfato merced a esa planta genuina que es la biznaga. Está presente la flor en la Alameda,  se enseñorea  del parque, remolonea en la Alameda y  se constata en la calle Marqués de Larios, a la que impregna de su cálida presencia;  en la Alcazaba, alta y altanera; cerca de la catedral, portento de sillares y entablamentos, arquerías, columnas, cúpula y armonía de proporciones. La fragancia y forma de la flor, esbelta, rutilante, símbolo de la Málaga en feria que cautiva; y se me antoja, esbelta en la pala de chumberas en las que lucen su esplendor, el símbolo por antonomasia de la feria agosteña. Lástima que en su visita a Málaga en 1910, Joaquín Sorolla, el pintor por excelencia de los claroscuros, no nos dejara muestras de su arte captando esos momentos de Málaga y los biznagueros que catapultan la ciudad a los dos hemisferios.

Es sabido que la palabra “biznaga” es oriunda del mundo árabe, que viene a catalogarla como “regalo de Dios”, ahí es nada. De ahí pasó a ser uno de los símbolos más conspicuos  de Málaga, cantado nada menos que por poeta Vicente Aleixandre, premio Nobel de Literatura, en sonoro versos: “Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos. Colgada del imponente monte, apenas detenida en tu vertical caída las ondas azules…”.

La biznaga se forma de manera artesanal  con flores de jazmín – el más utilizado el Real, blanco y que desprende suave fragancia – y un espigado tallo de cardo silvestre – el nerdo- cuando conserva su color verdoso y que adquiere forma de bola. Es el momento de insertar las flores en el bulbo el cual se abre y esponja de noche, perfumando el ambiente que lo rodea. Las paseará el  “biznaguero”, una figura peculiar e intrínseca de la Málaga del verano y, por supuesto, de su singular feria agosteña. No es una flor natural, sino el resultado de la feliz conjunción de jazmines ensartados en la planta espinosa que los acoge y que colocadas en los cactus deslumbran a propios y extraños, además de extasiarlos con su penetrante olor.

No hay para mí recuerdo próximo o lejano de la Málaga que hizo florecer calles y personajes históricos y entrañables, templos y paseos, tiendas y tabernas antiguas, feria agosteña, – “ esplendor y crisol de luz y color”- y procesiones semanasanteras – “ vahído de emoción y exaltación sin límites de los  sentidos”-,  librerías de viejo, posadas y patios de vecinos al que no se anteponga como preámbulo feliz de dicha amistosa, estética y sensual la espigada biznaga, inundando y enseñoreándose de mi ánimo y predisponiéndolo a la evocación más sentida.

Quién me dice que no estaría sumido en la fragancia de la biznaga  Aleixandre cuando en Sombra del paraíso  dio forma a  versos sublimes a Málaga dedicados: “ Calles apenas, leves, musicales, jardines / donde flores tropicales elevan sus juveniles palmas gruesas,/ Palmas de luz que sobre las cabezas, aladas, / mecen el brillo de la brisa y suspenden / por un instante labios celestiales que cruzan / con destino  a las islas remotísimas, mágicas, / que allá en el azul índigo, libertadas, navegan”.

 

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Málaga, feria y fragancias de biznagas
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José Becerra | 14-08-2018 | 12:02| 0

 

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Málaga, feria y fragancias de biznagas

JOSÉ BECERRA

De nuevo, un año más, Málaga, acicalada y esplendente sumergida en  la feria agosteña. Ese evento multicolor y jaranero que despierta la atención de media España (y encandila a quienes allende fronteras nos visitan) por cuanto en ella luce: mujerío galano, alazanes briosos y carrozas engalanadas; mocitos pintureros y bailes a tutiplén  que tientan a pintores coloristas, esos que  a lo largo de la historia aprehendieron tan luminosos  momentos para hacerlos eternos en sus lienzos y fueron admiración del mundo conocido.

   Un conglomerado de sensaciones abiertas como abanico multicolor a la vista del calidoscopio al que dan pie las engalanadas calles de Málaga, además de impregnar agradablemente el olfato merced a esa planta genuina que es la biznaga. Está presente la flor en la Alameda,  se enseñorea  del parque, remolonea en la Alameda y  se constata en la calle Marqués de Larios, a la que impregna de su cálida presencia;  en la Alcazaba, alta y altanera; cerca de la catedral, portento de sillares y entablamentos, arquerías, columnas, cúpula y armonía de proporciones. La fragancia y forma de la flor, esbelta, rutilante, símbolo de la Málaga en feria que cautiva; y se me antoja, esbelta en la pala de chumberas en las que lucen su esplendor, el símbolo por antonomasia de la feria agosteña. Lástima que en su visita a Málaga en 1910, Joaquín Sorolla, el pintor por excelencia de los claroscuros, no nos dejara muestras de su arte captando esos momentos de Málaga y los biznagueros que catapultan la ciudad a los dos hemisferios.

Es sabido que la palabra “biznaga” es oriunda del mundo árabe, que viene a catalogarla como “regalo de Dios”, ahí es nada. De ahí pasó a ser uno de los símbolos más conspicuos  de Málaga, cantado nada menos que por poeta Vicente Aleixandre, premio Nobel de Literatura, en sonoro versos: “Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos. Colgada del imponente monte, apenas detenida en tu vertical caída las ondas azules…”.

La biznaga se forma de manera artesanal  con flores de jazmín – el más utilizado el Real, blanco y que desprende suave fragancia – y un espigado tallo de cardo silvestre – el nerdo- cuando conserva su color verdoso y que adquiere forma de bola. Es el momento de insertar las flores en el bulbo el cual se abre y esponja de noche, perfumando el ambiente que lo rodea. Las paseará el  “biznaguero”, una figura peculiar e intrínseca de la Málaga del verano y, por supuesto, de su singular feria agosteña. No es una flor natural, sino el resultado de la feliz conjunción de jazmines ensartados en la planta espinosa que los acoge y que colocadas en los cactus deslumbran a propios y extraños, además de extasiarlos con su penetrante olor.

No hay para mí recuerdo próximo o lejano de la Málaga que hizo florecer calles y personajes históricos y entrañables, templos y paseos, tiendas y tabernas antiguas, feria agosteña, – “ esplendor y crisol de luz y color”- y procesiones semanasanteras – “ vahído de emoción y exaltación sin límites de los  sentidos”-,  librerías de viejo, posadas y patios de vecinos al que no se anteponga como preámbulo feliz de dicha amistosa, estética y sensual la espigada biznaga, inundando y enseñoreándose de mi ánimo y predisponiéndolo a la evocación más sentida.

Quién me dice que no estaría sumido en la fragancia de la biznaga  Aleixandre cuando en Sombra del paraíso  dio forma a  versos sublimes a Málaga dedicados: “ Calles apenas, leves, musicales, jardines / donde flores tropicales elevan sus juveniles palmas gruesas,/ Palmas de luz que sobre las cabezas, aladas, / mecen el brillo de la brisa y suspenden / por un instante labios celestiales que cruzan / con destino  a las islas remotísimas, mágicas, / que allá en el azul índigo, libertadas, navegan”.

 

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Cueva del Gato: un prodigio con justas y restrictivas medidas
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José Becerra | 06-08-2018 | 09:24| 0

 

Cueva del Gato: un  prodigio con justas y restrictivas medidas

El prodigio natural que conforma la Cueva del Gato, junto con las aguas desatadas que de su interior manan merced al río Gaudares (o Campobuche para los amigos), caudal que desciende desde la circunscripción del vecino pueblo de Montejaque, municipio con el que Benaoján comparte historia, tradiciones y costumbres ancestrales y que lo atraviesa de parte a parte, merecía que se extremaran las medidas para preservarlo. Cuidado que se exige ahora particular y expresamente, cuando se intensifica la afluencia de visitantes a tan paradigmático lugar.

Las visitas aumentan en grado potencial, que son muchos los atractivos que la espelunca y sus alrededores ofrecen en épocas veraniegas. Razonable parece que, por estas circunstancias, el Ayuntamiento de Benaoján, el serrano y chacinero pueblo en cuya circunscripción geográfica figura la gruta y su paradisíaco entorno,  a instancias de su alcaldesa, Soraya García, haya decido cobrar un módico  canon a quienes, buscando la frescura y placidez del lugar en días en los que las calores aprietan de manera  inmisericorde, optan por el disfrute de una  plácida jornada de asueto en tan singular escenario natural. El lugar lo merece en cuanto como por ensalmo se mitigan los ardores del  verano y el sequeral de la naturaleza circundante.

Las ventajas que gozan quienes deciden disfrutar de momentos sumidos en plena Naturaleza (con mayúscula), y además gozar de un lugar en óptimas condiciones de estancia, merced al cuidado de vigilantes que ex profeso cuidan del paraje y vigilan para que nada enturbie el día de asueto –seguridad y atención sanitaria incluidas, en caso de accidente fortuito – merecen el exiguo coste que se exige. Cuanto más que las cantidades obtenidas no engrosan las arcas del Ayuntamiento más allá del importe del estipendio que se otorga a quienes prestan  el servicio ofrecido a los visitantes, según se desprende de las manifestaciones del Consistorio, y se deduce de las declaraciones  que al respecto acaba de hacer la alcaldesa benaojana.

Obligado es reseñar que la Cueva del Gato se encuentra catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC) y que es un enclave capital dentro de los que se agrupan en el Parque Natural de la Sierra de Grazalema, territorio prolijo en vestigios históricos de todos los tiempos, tantos los debido a la mano del hombre  como al ecosistema reinante que lo engloba.

La gruta en cuestión,  a un tiro de piedra de Benaoján y a poco más de Ronda, gana enteros por días en la nómina de las maravillas de Málaga. En la pugna de quienes  la prefieren para que se catalogue como tal dentro de  los variopintos monumentos que se asientan  merced a la naturaleza y sin asomo de la intervención del hombre en la provincia, es notorio su ascenso diario.   Tan famosa gruta, asombro para unos e inquietante fascinación para otros, no puede por menos de llenar de orgullo a quienes tuvimos la suerte de nacer en sus inmediaciones y crecer teniéndola de telón de fondo de excursiones y comilonas campestres. Porque si existe un monumento natural, no digo en la provincia, sino en buena  parte de la Península al que se le pueda sacar mayor provecho, es esta cueva en donde, aparte de su contemplación, se puede permanecer durante todo un día disfrutando de un microclima excelente. Propiciado éste por lo abrigado de su situación entre rocas y dehesillas,  sobre todo en tiempos de farragosa canícula, es un alivio para el cuerpo por la sensación  de las aguas, frías como cuchillos, que dispensa y dispone el  ánimo para el sosiego y la relajación más placentera.

¿De qué potentes cinceles se sirvió la naturaleza para esculpir en la roca viva la colosal efigie desdentada y horripilante de un felino dispuesto a saltar sobre su presa? ¿Qué fenómenos telúricos y qué coincidencias en geomorfología  tuvieron que coincidir para que por las fauces del Gato rocoso escupiera un torrente de forma tal que asemejara el vómito eterno de lo más profundo de sus entrañas? ¿Quién modelaría la inmensidad de una oquedad que hoy maravilla y en la que suceden salas y lagos, fantasmagóricas unas y fascinantes los otros, cuando no peligrosos y mortales para los osados que, sin destreza ni experiencia, se aventuren en su interior? No existe otro adjetivo que el de pasmo, por ser esta la sensación que experimenta  quien por primera vez se enfrenta a la espelunca.

Y a sus pies, sin solución de continuidad, el Charco Azul. Limpias y refrescantes aguas que en cualquier época del año se precipita en vistosa cascada, dando lugar a un escenario idílico con un verde proscenio de adelfas y mimbreras,  que desde siempre hicieron las delicias de quienes sabían de  las excelencias  del remanso. Aquí cuentan los cronicones medievales que acamparon las tropas de Pompeyo  para invernar,  antes de su enfrentamiento con la de César en Munda, el  Monda de hoy. Pero antes anduvieron por sus intrincadas galerías nómadas del Paleolítico y del Calcolítico posterior y allí nos dejaros muestras evidentes de sus inquietudes ante el misterio de la vida.

Monumento natural sin reservas, substrato histórico, sugerente lugar para quienes todavía sueñan con paraísos perdidos, ameno rincón para contrarrestar los calores, no sería descabellado que el Gato figurase en el índice de maravillas malagueñas dignas de disfrutarse en la nomenclatura de espacios – ahora eficazmente protegido éste –  entre los que descuellan en la Península Ibérica y que son causa de admiración y pasmo.

 

 

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¿De verdad se eliminará el copago farmacéutico?
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José Becerra | 02-08-2018 | 11:56| 0

 

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¿De verdad se eliminará el copago farmacéutico?

JOSE BECERRA

Se escuchó por el Gobierno que hoy por hoy nos rige el aumento de las pensiones. Poca cosa ha sido, bien es verdad, pero menos da un piedra. Cumplieron desde las más altas instituciones gobernativas con la clamorosa petición que llenó calles y plazas del país de abolir el abominable 0,25 % que anunciaron Rajoy y los suyos antes de que Sánchez escalara hacia arriba los peldaños del poder. Vieron – vemos – los pensionistas que nos llega el atraso acumulado desde principios de años, que junto al leve incremento de la retribución calmó los ánimos y los con razón iracundos pensionistas volvieron a sus casas abandonando la justa reivindicación. No es que se den – nos demos – por contentos, pero es lo que hay, y habrá que resignarse a que vengan tiempos más bonancibles para nuestros raídos bolsillos.

La cuestión es que existe otro resquemor entre los setentones. Es el de que el Gobierno de Pedro Sánchez se las ve y desea para contentarnos anunciando por boca de la ministra de Sanidad, Carmen Montón, algo que esperamos que cuaje más pronto que tarde. Afirma que se trata de “un objetivo en  la hoja de ruta”, y que viene a colmar los deseos de quienes se ven  obligados a atender el importe de sus medicamentos siquiera sea por una ínfima cantidad. Es el copago farmacéutico, gabela que soportamos estoicamente desde 2012, que ya ha llovido. Apostilló Montón que la idea es volver al punto de origen de la cuestión y volver al camino que el Partido Popular cercenó de un tajo. O sea, que no tengamos rasgarnos los bolsillos a la hora de adquirir el medicamento prescrito para toda la vida como podría serlo el que nos preserva que la tensión arterial se nos desboque y nos dé un sobresalto, siendo éste el menor riesgo que  nos puede sobrevenir en una anatomía ya ostentosamente desvencijada. Si el Consejo de Ministros último estuvo enfocado en su mayor parte a  los problemas económicos de la sociedad española y se materializó en su curso el eliminar este copago afrentoso, hay razones parta que los jubilados más vulnerables abriguen la esperanza de ir a la farmacia más próxima sin el monedero que hasta ahora ha venido siendo imprescindible.

Sin embargo, los jubilados como que  no acabamos de creerlo. Los mismos farmacéuticos se sonríen escépticos ante la cuestión, cuando la dejamos caer en su presencia. “No es lo mismo predicar que dar trigo” nos advierten. Una obviedad que asumimos cariacontecidos. Y habría que recordar a quienes ahora nos mandan que lo que importa son los hechos y no promesas, que tantas veces se las lleva el viento. “Largo me lo fiais, amigo Sancho”, que dijo nuestro excelso Quijote ante la fragilidad y volatilidad de las promesas de los humanos, no digamos ya de los políticos.

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¿De verdad se eliminará el copago farmacéutico?
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José Becerra | 02-08-2018 | 11:50| 0

¿De verdad se eliminará el copago farmacéutico?

JOSE BECERRA

Se escuchó por el Gobierno que hoy por hoy nos rige el aumento de las pensiones. Poca cosa ha sido, bien es verdad, pero menos da un piedra. Cumplieron desde las más altas instituciones gobernativas con la clamorosa petición que llenó calles y plazas del país de abolir el abominable 0,25 % que anunciaron Rajoy y los suyos antes de que Sánchez escalara hacia arriba los peldaños del poder. Vieron – vemos – los pensionistas que nos llega el atraso acumulado desde principios de años, que junto al leve incremento de la retribución calmó los ánimos y los con razón iracundos pensionistas volvieron a sus casas abandonando la justa reivindicación. No es que se den – nos demos – por contentos, pero es lo que hay, y habrá que resignarse a que vengan tiempos más bonancibles para nuestros raídos bolsillos.

La cuestión es que existe otro resquemor entre los setentones. Es el de que el Gobierno de Pedro Sánchez se las ve y desea para contentarnos anunciando por boca de la ministra de Sanidad, Carmen Montón, algo que esperamos que cuaje más pronto que tarde. Afirma que se trata de “un objetivo en  la hoja de ruta”, y que viene a colmar los deseos de quienes se ven  obligados a atender el importe de sus medicamentos siquiera sea por una ínfima cantidad. Es el copago farmacéutico, gabela que soportamos estoicamente desde 2012, que ya ha llovido. Apostilló Montón que la idea es volver al punto de origen de la cuestión y volver al camino que el Partido Popular cercenó de un tajo. O sea, que no tengamos rasgarnos los bolsillos a la hora de adquirir el medicamento prescrito para toda la vida como podría serlo el que nos preserva que la tensión arterial se nos desboque y nos dé un sobresalto, siendo éste el menor riesgo que  nos puede sobrevenir en una anatomía ya ostentosamente desvencijada. Si el Consejo de Ministros último estuvo enfocado en su mayor parte a  los problemas económicos de la sociedad española y se materializó en su curso el eliminar este copago afrentoso, hay razones parta que los jubilados más vulnerables abriguen la esperanza de ir a la farmacia más próxima sin el monedero que hasta ahora ha venido siendo imprescindible.

Sin embargo, los jubilados como que  no acabamos de creerlo. Los mismos farmacéuticos se sonríen escépticos ante la cuestión, cuando la dejamos caer en su presencia. “No es lo mismo predicar que dar trigo” nos advierten. Una obviedad que asumimos cariacontecidos. Y habría que recordar a quienes ahora nos mandan que lo que importa son los hechos y no promesas, que tantas veces se las lleva el viento. “Largo me lo fiais, amigo Sancho”, que dijo nuestro excelso Quijote ante la fragilidad y volatilidad de las promesas de los humanos, no digamos ya de los políticos.

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Sensatas intenciones de Casado
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José Becerra | 29-07-2018 | 09:53| 0

 

Resultado de imagen de fotos de pablo casado del pp, diario surFoto Diario SUR

Sensatas intenciones  de Casado

Arguyó con sobrada razón en su discurso como novísimo líder del PP que el éxito del partido en el futuro va a depender y mucho de que “todos remen en la misma dirección”. Una afirmación ésta que era imprescindible ante una posible desunión   en sus filas por mor de  quienes apostaron por él y de los que lo hicieron por Santamaría, un enfrentamiento del que habría que pasar página más pronto que tarde, como dio   entender en su primer discurso tras la investidura. Lo que a su juicio importa ahora es enderezar la dirección del partido hacia una regeneración política como razón de ser de todos y cada uno de los que se aglutinan bajo sus siglas y aceptan sus postulados.

Incidió Pablo  Casado en argumentos dignos de encomio y que es obligado resaltar, por lo menos para que quienes miramos sin encendidos ánimos las diatribas de nuestros políticos sepamos cómo y cuándo habría que reclamar imposturas y escaso cumplimiento de sus compromisos.

Obviamente declaró su lealtad al Rey y a la Constitución, premisa sine cua not  inherente al cargo al que se acaba de acceder. Y a continuación desgranó una serie de propósitos que fueron desde la repulsa a la corrupción       que abate a partidos con la consiguiente desazón que produce en la ciudanía hasta la regeneración del PP, “abriendo ventanas” para evaporar  el tufillo de corrupción que ha sido una rémora para el partido en los últimos tiempos, hasta la supresión de impuestos, haciendo hincapié en algunos que hacen clamar al Cielo. Gravámenes estos últimos a quienes lo soportan se quiera que no, tales los de doble imposición, los de Patrimonio, el de Donaciones, y el de Sucesiones, que tantas controversias vienen suscitando. Desgranó otros como la necesidad de un partido unido, la unidad de España puesta en un brete por los catalanistas a ultranza, u otros como los que atañen de lleno a la vida y la familia.

La renovación del PP ya es un hecho: Santamaría  y Cospedal, las dos mujeres más encumbradas han tenido que dar un paso atrás; ambas fueron figuras significativas dentro de la nomenclatura del partido y con resabios evidentes del marienismo imperante, hoy fenecido.

Con todo hay un pasado muy próximo de Casado que puede ensombrecer su flamante victoria en el partido. La sombra de su máster, legalmente obtenido como el afirma y no habría que poner en duda sin más, podría ser alargada y a buen seguro que lo blandirán con  tesón sus enemigos políticos como un hacha desenterrada de guerra. “Vivir para ver”, que decimos en mi Serranía de Ronda de facundia precoz  y refranes certeros.

 

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La llamada de lo rural
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José Becerra | 25-07-2018 | 10:19| 0

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La llamada de lo rural

Asistimos de un tiempo a esta parte a la consolidación de un fenómeno de índole económico y social que podría resultar sorprendente si no tuviésemos en cuenta los movimientos cíclicos que, a lo largo de la historia, convulsionaron, con mayor o menor intensidad, relaciones humanas y asentados comportamientos. Es un hecho que no tiene vuelta de hoja. El medio rural tan denostado en las décadas anteriores a las que iniciaron a partir de los 90 o poco antes, está adquiriendo indudable protagonismo en nuestros días. Se hace evidente en cualquier parte, pero adquiere particular relieve en el interior de la provincia malagueña. Y reduciendo esta circunscripción geográfica, es en la Serranía de Ronda y la subcomarca del Guadiaro a la que aquella abarca, en donde, quienes han visto transcurrir en ella más de medio siglo – tiempo de sobra para observar los cambios verificados -, pueden dar fe del inesperado suceso. Soplan nuevos vientos que a algunos les ha pillado por sorpresa y que reaccionan las más de las veces, administraciones públicas incluidas, de manera que podría no ser la idónea para propiciar su desarrollo y mantener el apogeo.

Hemos sido testigos, sobre todo los que como yo peinan canas, de cómo la agricultura y, por ende, el campo, durante incontables décadas, se erigía como eje fundamental para el sostenimiento de la mayor parte de las familias. De ella provenían, en forma de jornal o de minúscula renta según el acomodo de cada cual, los ingresos necesarios para subsistir. Las aportaciones de mano de un incipiente proceso industrial, luego consolidado en media docenas escasas de pueblos dentro del ámbito de la Serranía, vendrían después. Hoy día este proceso, alentador como ocurrió en el caso de Benaoján, primer centro productor de elaborados cárnicos de la provincia durante lustros, se ha ralentizado o se paralizó definitivamente. En esa época, todavía sin verificarse la sangría de la emigración en los 60, la ciudad atraía como un imán, tanto por lo que de placentero podía significar para los jóvenes, asfixiados en una situación poco esperanzadora, como para los que no lo eran tanto, anhelando mejoras económicas que el terruño les negaba sin paliativos. La emigración  centroeuropea sirvió de válvula de escape, y algo similar está ocurriendo ahora al compás de la fiebre constructora de las ciudades costeras que está vaciando a los municipios del interior de la clase trabajadora.

Pero en este trasvase social y económico un nuevo elemento acaba de entrar en juego. El interior tan denostado hasta ayer mismo se convierte en irresistible atracción para quienes pueden permitirse abandonar los agobios del asfalto siquiera sea por pocos días o incluso por un número escaso de horas. De cualquier forma se desanda el camino y los polos de atracción se invierten.

Del campo a la ciudad, y ahora de nuevo de la ciudad al campo. El homo urbanus, hastiado de la jungla de cristal, hierro y cemento en la que se desenvuelve cada día, vuelve los ojos a la Naturaleza como si acabara de descubrir las ventajas sin cuento que ella le reporta. De por medio, todo hay que decirlo, una repercusión económica a escala nacional evidente, pese a que persistan enquistadas bolsas de paro, en territorios tradicionalmente marginados como los que se extienden al noroeste de Málaga. Hasta ellos se abre paso la corriente nacida en la periferia que barrunta placenteras sensaciones allí donde antes sólo encontró motivos para desdeñar.

Prima ahora, ya digo, la vuelta a antiguos terruños. Para respirar a pleno pulmón, para otear horizontes que se imaginaban imposibles por perdidos. Para experimentar impresiones primarias. Lo rural se ha convertido casi en una necesidad fisiológica y satisfacerla se muestra perentoria para quienes sienten la avidez de lo primario y natural. Se inició así un  camino que ha muchos interesa sin retorno y que no es otro que el turismo rural, un fenómeno sociocultural que está trastocando sistemas anquilosados y desfasados comportamientos. En la Serranía de Ronda dio de lleno y por él se apuesta sin reservas a la vista de los primeros resultados altamente esperanzadores.

 

Pero para no morir de éxito o, lo que es lo mismo, para mantener de forma irreversible lo que se presentó con los visos de una revolución propiciada por lo peculiar del medio había que ir ya dando los pasos encaminados a potenciar valores intrínsicos y, a la vez, conservar en las mejores condiciones posibles todo por lo que se afanan en gozar del ambiente rural.

¿Qué es lo que hay que ofrecer a quienes muestran esa inclinación? Aparte, claro, de a lo que gratuitamente puede acceder como la contemplación de un paisaje, o de un río, a la feroz escarpadura de una sierra o el regodeo de un atardecer cárdeno de tintes entre aromas de hinojos y tomillo después de solazar el estómago con un delicioso plato de lomo frito o conejo al ajillo. Pues algo menos tangible pero igualmente evocador y apetecible. Me refiero a la vida social de que siempre hizo gala estas tierras más al sur del sur. Recuperar, por ejemplo, antiguos juegos y divertimentos, distintos en cada pueblo, pero que igualmente entusiasmaron a los mayores. Facilitar paseos y excursiones al aire libre rescatando del olvido viejos senderos y apartadas trochas. Remozar arroyos y fuentes que con tanta prodigalidad se muestran en la zona del Guadiaro, merced a las lluvias que los farallones de la sierra de Grazalema provocan cuando interrumpe el paso de las borrascas que entran por el Golfo de Cádiz.¿ Porqué no iniciar a los visitantes en la campestre práctica de recolectar espárragos silvestres, o palmitos, romero, matalahuga o tagarninas? ¿ Y si se promocionaran, aunque fuese de manera testimonial, fenecidos oficios, como el de canastero, talabartero, ceramista o alpargatero? Por muy de espaldas que estemos de ellos hay que admitir que pertenecen a nuestro acervo cultural y forman parte de nuestras raíces más profundas. Contribuyamos al desarrollo armónico de un mundo rural sin echar en saco roto lo que fue parte insustituible del entramado social de antaño.

Resulta lógico pensar que son las corporaciones municipales a quien compete poner en marcha el proceso. De hecho ya lo están haciendo, con mejor o peor resultado. Pero importa seguir en la brecha y apostar con denuedo por la creación y puesta al día de infraestructuras capaces de allanar el camino para soportar un esperanzador desarrollo sostenido.

En la llamada del medio rural no es posible, por el costo que conlleva, defraudar. Así lo entienden quien vislumbra una alternativa clara al turismo de sol y playa. Pero indefectiblemente defraudaremos a quienes escogen los parajes de la Serranía de Ronda para disfrutar de sus días de ocio si lo que encuentran no responde a las expectativas creadas.

 

 

 

 

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Terral, ese implacable azote malagueño
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José Becerra | 21-07-2018 | 08:48| 0

 

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Terral, ese implacable azote malagueño

Nunca falta a su cita con Málaga. En cuanto el verano entra en derechura a su implantación en la ciudad lo sentimos como un flagelo imposible de soslayar. A menos que se renuncie a callejear y nos sumerjamos en la frescura de las frescas aguas de la piscina, sin es que se tiene la suerte de contar con una en la urbanización en la que vivimos. O zambullirse en las de la playa más cercana y allí permaneces hasta que el azote implacable seda en su furor.

Los vientos, el aire en movimiento, como nos enseñaban en la clase de Geografía Descriptiva, se producen por diferencias de presión atmosférica, fenómeno que se atribuye a temperaturas desiguales. También nos enseñaron que los vientos se clasificaban en cuatro clases principales: dominantes (alisios); estacionales (los monzones del mar de la China); ciclónicos ( huracán, tornado), y, por último, locales (vientos de levante y de terral, por ejemplo).

   Las corrientes de aires – y esto es de manual de sicología – influyen en el carácter de las personas, inciden en su ánimo y perturban el normal transcurso de sus vidas en determinados momentos, sobre todo los de índole local.

   La ventisca local que en el interior de la provincia malagueña más se teme, tanto en el invierno como en el verano, es el de levante. Es este un viento que encrespa los ánimos, que solivianta, que pone los nervios a flor de piel. Seco, sofocante aun en días invernales es este un viento, casi siempre racheado, levantisco que perturba y desazona como ningún otro.

Su hermano, en Málaga capital,  es el terral, que sólo sopla en verano pero que nos llega de poniente a lo sumo media docena de veces a lo largo de la estación y con una duración que casi nunca supera a dos jornadas consecutivas. A veces, no dura sino horas. Suficientes, sin embargo, para que se le considere como la “bete noir”, que dirían los gabachos, para el agradable estío que, por lo general, brinda la capital de la Costa del Sol. Sufrimos una muestra de su ardor en estos días y nos ha enseña los dientes, ¡y de qué manera!

   Uno, que no cree ya en el infierno, se acuerda cuando era niño cómo los curas de otros tiempos anatematizaban desde el púlpito a sus fieles flagelándoles con los males del castigo de ir a parar a este lugar si se incurría en pecados mortales. Sintiendo las mordeduras del terral, piensa uno sufriéndolo  como algo muy parecido a aquellas desdichas dantescas con las que nos amenazaban antaño. Vivirlo, si no se cuenta con la tecnología que lo hace más soportable, es como vivir unos días infernales.

   Cuando sopla el terral, arisco y denso, las calles de la capital y las de los pueblos costeros próximos, castigadas implacablemente tienden a quedarse desiertas. Los pocos viandantes que se aventuran a salir de sus viviendas caminan presurosos y maldicen entre dientes. El viento caliente que azota el rostro como una cataplasma impone su ley, pero no es ruidoso como otros vientos, los que hacen crujir las maderas de las ventanas y sacuden sin piedad sus batientes, no, el terral, ni llega ni se hace notar de forma aparatosa. Pero eso no le exime de su felonía: en cuanto hace acto de presencia abofetea la cara sin contemplaciones; al cuerpo lo hace más grávido, a las entendederas más lentas. Estrecha el cerco contra las personas, que se sienten de pronto atrapadas, inmersas en una sensación agobiante, en una desazón que atenaza y de la que se ansía escapar, cada cual recurriendo a los medios que pueda tener a su alcance.

   Al viento de terral no hay quien no le tema. “Seca la mollera”, dicen los más viejos en los pueblos de la costa. Con él anda la gente cabizbaja y caminan como perro apaleado. Duelen las muelas, reaviva las dolencias del cuerpo, saca la tripa de los quebrados, se revuelve inquieta la parturienta, interrumpe el ciclo menstrual femenino y escurre las ubres del ganado. “Mala cosa el terral”, dicen unos y otros, cuando se tropiezan en el camino. “Vaya si lo es”.

   Pero el díscolo viento malagueño cuando de verdad desespera es de noche. Si no se dispone de aire acondicionado es inútil que se abran las ventanas, ni que funcione el ventilador; no se hará con estos pobres recursos sino transportar a mayor velocidad la atmósfera candente que lo envuelve todo. Ahuyenta el sueño, roba el descanso, se empapan las sábanas de sudor; una y otra vez buscamos en la nevera que el frío de un líquido alivie por lo menos con su tránsito el ardor de la garganta, con lo que no logramos sino sentirnos congestionados, ahítos. Rezongos, imprecaciones, mala leche.

Con el terral, el taciturno se hace más huraño, el inquieto más irritable. Los pensamientos  se lentecen y los deseos más  inocentes se enturbian. Suerte que dura poco tiempo. Luego, respiramos aliviados, como si se despertara de un mal sueño en la que nos debatimos cerca de las calderas de Lucifer.

Foto: Diario SUR

 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.