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Una llamada para ser acogida con presteza
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José Becerra | 12-09-2018 | 08:41| 0

Una llamada para ser acogida con presteza

 

JOSÉ BECERRA

Pasan inadvertidas, no se echan a ver, pero llevan a cabo una labor callada en defensa de quienes menos tienen para subsistir cada día que merece ser exaltada.

Donde ha decir más alto pero no más claro. Las Hermanitas de los Pobres de Ronda, que no suelen levantar la voz para casi nada, que se puede orar bisbiseando,  lo han hecho ahora porque la necesidad de ayuda les agobia, y esperan no clamar en el desierto.

Detrás de ellas un ingente número de ancianos – 80 nada menos-, cuyas aportaciones económicas procedentes de exiguas pensiones (los que disfrutan de ellas, que son los menos) no pueden ni de lejos sostener los cuantiosos gastos que soporta la Congregación. Y no sólo faltan las aportaciones dinerarias, cuya mengua está siendo ostensible en los últimos años, sino que se echa en falta voluntarios que vengan a suplir la falta de personal ocasional, algo que no deja de ser problemático, pese a que la plantilla de trabajadores pasa de la treintena.

El asilo de San José, regentado por las Hermanitas de la Caridad, posee ya una larga trayectoria de hacer el bien a nuestros desamparados mayores. Data menos que desde la última década del siglo XIX, a raíz de la fundación de la Congregación por la hoy Santa Juana Jugan, una referente obligada en el santoral cristiano de quienes lo dieron todo: sacrificio, entrega y caridad para aquellos que menos tienen.

De mis años de mi niñez, tan lejana ya, recuerdo cómo en mi pueblo de la Serranía de Ronda, estas monjas recorrían las calles mendigando limosnas no para ellas sino para los pobres que acogían en su cenobio. Las miraba con la curiosidad viva de la edad temprana. Y en mi mente se quedaros grabadas para siempre su imagen revestida con los ampulosos y negros hábitos y blancas tocas que no ocultaban los canastros con las viandas que conseguían, sobre todo de las fábricas de chacinas, que en Benaoján eran abundantes y sus sueños generosos.

En la súplica que exteriorizan en la confianza de ser escuchada advierten que si las ayudas económicas no llegan y el voluntariado se resiente se verán obligadas a cerrar las puertas del hospicio. Algo que Ronda no puede permitirse de ninguna manera. ¿Adónde irían quienes ahora no disfrutan de pensión o ésta es mínima y precaria?

Recuerdo las palabras de la madre Teresa de Calcuta:” Las cosas con amor traen felicidad y paz. La falta de amor es la mayor pobreza”. Conviene recordarlas para no desoír la llamada angustiosa de quienes consagran su vida al servicio de los más desheredados de la fortuna.

Las religiosas dispensan en todo momento   cuidados y atención a los desheredados de la fortuna y es notorio que  se desviven para que nada les falte. Hicieron la llamada urgente meses atrás, pero las necesidades del centro es presumible que no hayan decrecido, por lo que las ayudas siguen siendo tan urgentes como imprescindibles.

“Dad, y se os dará; medida buena, apretada y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. Es lo que dejó escrito el evangelista Lucas 6:38. Conviene no desoír su prédica.

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Elecciones andaluzas en el horizonte
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José Becerra | 09-09-2018 | 09:12| 0

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Elecciones andaluzas en el horizonte

JOSÉ BECERRA

A esta altura de la política resulta archisabido que los partidos no convocan elecciones si no están persuadidos de que las van a ganar. ¿Para qué correr el riesgo de que las pierdan si el horizonte que vislumbran en lontananza no se les muestra lo suficientemente nítido como para lograrlo? Así que las adelantan o aplazan según sus intereses haciendo caso omiso de lo que le importa al ciudadano de calle.

El otoño que está a la vuelta de la esquina y con él la batalla campal en el campo andaluz que acapara la atención e interesa y mucho tanto a Susana Díaz como a Albert Rivera, tras la escenificación de su desencuentro y ruptura que ya es un hecho evidente, de cara a ese lance.

   Es lo que se otea en el actual panorama político de Andalucía. La Presidenta andaluza le importa y mucho ahora que se adelanten lo comicios para esquivar el tormentoso cielo de la sentencia condenatoria del macro juicio de los ERE que vendrá a poner negro sobre blanco el caso de dos expresidentes andaluces y veinte altos cargos más de la Junta sentados en el banquillo tras siete años de investigación judicial. Así mismo, no es aventurado conjeturar que espera sacar el máximo partido del “efecto Sánchez” a tenor de las encuestas que vaticinan un considerable aumento de votos a favor del PSOE. A lo que cabría sumar  la bajada ostentosa que acusa Podemos tanto en ámbito nacional como el andaluz. No debe parecerle oportuno al partido esperar que recomponga sus fuerzas. Tampoco parece que desestimen los socialistas el resultado adverso  del Congreso del PP que acabó con la culminación de Casado como líder del partido, menguando la fuerza de los seguidores de Juanma Moreno, quien ostentosamente optó por encumbrar a Sáenz de Santamaría, la derrotada en la tesitura.

   Se comprueba así una vez más que en los políticos de hogaño priman sus intereses cuando de convocar elecciones se trata. Lo que ocurre es que a veces se equivocan de medio a medio y acaban pagando caro sus composturas y apremios. Ya veremos lo que nos deparan las que ahora se otean en el horizonte.

  

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Desbandada en la Serranía de Ronda
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José Becerra | 04-09-2018 | 08:30| 0

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Desbandada en la Serranía de Ronda

JOSÉ BECERRA

La huida de la comarca la protagonizan desde un tiempo a esta parte los jóvenes que buscan con ahínco nuevos y más halagüeños horizontes para sus vidas.

   Los índices demográficos de los pueblos de la Serranía de Ronda asustan. Las pirámides de edad de todos y cada uno de ellos mantienen constantes idénticas. La base, que recoge los nacimientos y el crecimiento de la población infantil pierde referentes todos los años, y en cambio, la cúspide que habla de la población anciana aumenta implacablemente. Los entrantes de la pirámide que hablan de la población joven, madura y activa acusan la despoblación incesante. Se abandonan los pueblos para residir en la costa que es donde se encuentra más fácilmente trabajo y la tendencia se hace más pronunciada cada vez. Los núcleos rurales se despueblan a ojos vista y de aquí a la postergación definitiva de la Serranía y al abandono de tradicionales de sistemas de vida seculares y recursos económicos tradicionales tienden a desaparecer.

   Alternativas a la panorámica incierta de la supervivencia de la Serranía amenazada por la sangría demográfica que asola sus pueblos, existen sin duda; una sería la mejora de las comunicaciones con la Costa del Sol. Las ventajas de una vía alternativa a la actual carretera de San Pedro, que en su día supusieron un significativo adelanto para la mejora entre la Ciudad del Tajo y el territorio costasoleño, necesita urgentemente de un nuevo impulso.    La obra no deja de ser compleja y exigiría la construcción de viaductos y túneles, alguno de particular longitud como el que podría atravesar a la Sierra Bermeja. Pero obstáculos más difíciles se han salvado. Y proyectos que parecían productos de la calenturienta imaginación de utopistas o de las ensoñaciones de una noche de verano se contemplaron que adquirían cuerpo y se hacía realidad.

    Vías de comunicación deficientes y despoblación de parte de su territorio son dos elementos que se dan la mano hoy por hoy  en el acontecer de buena parte del ancho solar de la Serranía de Ronda. Ciertamente abrupta, pero que propicia el  asentamiento de paisajes sublimes y costumbres ancestrales que no tienen por menos que causar admiración cuando no embeleso de los sentidos. Elementos estos últimos que significan una cara de la realidad que desde siempre cautivó  a cualesquiera que la anduviera;  el otro cariz, más negativo, es el la de la certidumbre  de las deficiencias en comunicaciones que hasta ella nos aproximan o que desde aquí  nos conduce a territorios limítrofes. Todas estas deficiencias suman como resultado ineludible una despoblación exacerbada por días de quienes la abandonan para recalar en territorios más bonancibles para el sustento de cada día.

  Alternativas a la panorámica incierta de la supervivencia de la Serranía amenazada por la sangría demográfica que asola sus pueblos, existen sin duda. Una sería la mejora de las comunicaciones con la Costa del Sol. Las ventajas de una vía alternativa a la actual carretera de San Pedro, que en su día supusieron un significativo impulso para la mejora entre la Ciudad del Tajo y el territorio costasoleño, necesita urgentemente de un nuevo estímulo.

   La obra no deja de ser compleja y exigiría la construcción de viaductos y túneles, alguno de particular longitud como el que podría atravesar a la Sierra Bermeja. Pero obstáculos más difíciles se han salvado. Y proyectos que parecían productos de la calenturienta imaginación de utopistas o de las ensoñaciones de una noche de verano se contemplaron que adquirían cuerpo y se hacía realidad.

   El hecho es innegable. Los jóvenes abandonan terruños rurales atraídos por el trabajo y los altos sueldos de la construcción o los servicios en la costa. Se instalan en los municipios costeros y aquí ansían echar raíces porque “cada uno es de donde le dan de comer”, que dice el sabio refranero serrano. Antes que ese hecho se haga definitivo e irreversible pongamos “pies en pared” – otro dicho rondeño para dejar sentado que contra algo hay que oponer férrea oposición – y procuremos que nuestros jóvenes trabajen en la costa pero vuelvan cada día a dormir en el interior. Los pueblos rondeños, ¿pueblos dormitorios? Y, ¿por qué no? Peor sería que fuesen pueblos muertos, como puede desdichadamente ocurrir.

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Una feria rondeña deslumbrante
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José Becerra | 01-09-2018 | 08:08| 0

Una feria rondeña deslumbrante

JOSÉ BECERRA

Presumiblemente  cuando aparezcan impresas estas líneas la septembrina feria de Ronda estará tocando su final. Pero aún así toca hablar de este evento porque enredados en las calles de la ciudad aún perdurarán sus ecos. No es tarea fácil que se borren como por ensalmo tanto esplendor mantenido durante la semana o se difumine un embrujo que cautivó en esos días festivos a propios y extraños.

El verano, caluroso y bullanguero, toca a su fin. Se despueblan los pueblos costeros malagueños y las playas vuelven a estar solitarias, hasta ahora atiborradas de gente ansiosa de pasarlo bien junto al mar. Se acabó  respirar su brisa cercana y benéfica al tiempo que el sol inclemente tostaba sus cuerpos indolentemente arrellanados en la arena. Cada mochuelo a su olivo parece significar las carreteras ocupadas por el gentío que se despiden de jornadas de diversiones y cuchipandas sin tasa. Se acaba el verano y su esplendor se trastoca para venir a lucir su apogeo en la Ronda sempiterna que acoge a quienes no acaban de despojarse del marchamo del estío y otean horizontes serranos en donde en estos días lucen su talla mujeres retrecheras, briosos corceles y enjaezados  carruajes que merodean la plaza de toros. Ronda toda, además de presenciar cómo maestros del toreo alardean de su gallardía ante el toro de turno,  es trasunto de un  vivo clamor en una feria septembrina que destila  brillo y color por los cuatro costados.

Viene a morir el verano en el coso taurino sobre el que gravita la magia de la feria  de Ronda. Es como si la costa cercana, que cada año venturosamente acoge  a gente de medio mundo, escogiera a la ciudad del Tajo para poner broche de oro a unas vacaciones, a unos días de  molicie, escarceos, ocio placentero y  se volcara hacia el interior para la apoteosis final.

¿Cómo dilucidar las causas que convierten a la de Pedro Romero como una de las ferias de mayor relieve en Andalucía? ¡Son tantas y tan variadas! Pero habrá que empezar por el principio. Por el mito que alimenta la propia ciudad desde que los viajeros románticos del XIX coincidieron que es una de las pocas ciudades que exacerba las imaginaciones en grado sumo. La Ronda, alta y señorial, con su embrujo al que casi nadie quedó indiferente, díganlo si no, para no remontarnos a épocas muy lejanas, los escritos de Rainer María Rilke, Emingway, o el mismo Orson Welles, levantisco cineasta de los años cuarenta, atrapan de tal forma que es muy difícil, cuando no imposible, apartarla del recuerdo una vez vista y vivida. Envuelve a la “ciudad soñada” un aura intangible pero tan real como la presencia implacable de su Tajo, que, a partes iguales, suscita admiración y temor.

Ronda romana – Acinipo, huellas de un pasado esplendoroso -, Ronda árabe, mudéjar y morisca, evocadora de correrías de moros y cristianos, de sucesos guerreros y amorosos de moros y cristianos, la media luna y la cruz, la espada y el alfanje, el reyezuelo y la hurí…” Viérades moros y moras / todos huir al castillo / las moras llevaban la ropa, los moros harina y trigo / y las moras de quince años /llevaban el oro fino / y los moriscos pequeños / llevaban la pasa y  el higo”. Y la Ronda señorial, la de los palacetes y frescos zaguanes y fachadas en las que lucen nobles blasones y ocultan su intimidad con el hierro artísticamente forjado.

Conventos recatados, iglesias que parecen fortaleza – la del Espíritu Santo – y capillitas urbanas que hablan de la religiosidad popular que, si no es ajena a la que se acoge a los templos, se impregnan de los sentimientos de la gente sencilla que ignora o  no entiende de ornatos y magnificencias. Murallas firmes al paso del tiempo y fuentes evocadoras, la plaza de toro y la Real Maestranza, cuna del fino toreo de raza, la Alameda, fresca y suntuosa…

Es difícil eludir el caudal de sensaciones que todas estas imágenes provocan al visitante – alguien dijo con razón que Ronda es tanto o más para el transeúnte que para el propio rondeño -, y que amalgamadas, subliminalmente, afloran en cualquier momento determinado. Como ahora con la feria de Pedro Romero.

¿Qué hace a esta feria del sur más al sur, única? A lo mejor son sus prolegómenos. La presentación de las damas goyescas, un bello guiño al sol como para atemperar  sus rigores en estas fechas y un cálido homenaje a la galanura de la mujer rondeña. La prestancia de las jóvenes, que lucen sus singulares atavíos como si del suntuoso vestido de presentación en sociedad se tratase. Tal vez sea ese su trasfondo más genuino.

¿O lo será el festival de cante grande, que agrupa a los cantaores más famosos en los días en el que el agosto implacable de la Serranía toca a su fin? El embrujo de la voz y la guitarra en el quejido doloroso que en su esencia es el principio del fandango.  El cante jondo en las voces templadas que hacen vibrar el alma con  la toná, el martinete, la rondeña o la carcelera, el tanguillo y las bulerías.

Y al final, en el septiembre que atempera calores, la goyesca, la corrida por antonomasia de Ronda. Día grande, a fe mía, que diría un clásico, es éste. Calesas y mujerío, caballos enjaezados que ensayan pasos inverosímiles, jinetes retrecheros, famosos jactanciosos que se asoman a las cámaras y a los tendidos, toreros, vino, gentío…

Si me permiten, hasta me atrevería a terminar con unos torpes versos: RONDA toda es un único hervor./ El sol casas notables hermosea;  / por  la calle una beldad se pasea,/ ¡ Sus ojos verdes van pidiendo amor¡ /Vino, toros, mujeres: esplendor. / Un mozo pinturero donjuanea / A lomos de un cuatralbo  al que espolea. /La feria septembrina, todo   color./ En la plaza que un  rey Borbón vio hecha, / Tres famosos diestros se han saludado, / (Ya la muerte en los toriles acecha). / Del tendido un   suspiro  se ha elevado,/  una oración, acongojada  endecha /por el gran maestro jamás olvidado.

 

 

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Pensiones en el alero
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José Becerra | 24-08-2018 | 08:42| 0
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Pensiones en el alero

JOSÉ BECERRA

Asusta la cantidad de millones que son necesarios para que cada mes llegue puntualmente la pensión a quienes las disfrutan, entre los que me cuento.  Disfrutar es un decir, que la exigua cantidad que se obtiene  no permite regocijarnos en demasía, más bien  vivir “a mal tira” que decimos los oriundos de la Serranía de Ronda, cuando llegar a fin de mes es toda una odisea en toda regla por la módica cantidad que el papá Estado tiene a bien  otorgarnos. Supera, empero, con creces la cantidad dedicada a este menester  los 9.000 millones de euros, lo que no es moco de pavo. Un pavoroso problema que posee el agravante de que indefectiblemente esa desorbitada cantidad se agrave con el paso del tiempo, algo que sesudos analistas del momento no dudan en señalar y dar por seguro.

La cuestión es que, si bien los jubilados hasta hora, después de dar por finalizada su vida laboral y disfrutar de una paga exigua vayan, como mandato de vida, desapareciendo, los que accedan a ese derecho, habrán de obtener, por mor de  cotizaciones más elevadas, de unos emolumentos sensiblemente más altos nada más pisar el escalón del sistema y durante la vida que siga a su situación laboral una vez acabada ésta. Algo que vendrá a agudizar el problema  haciendo que la cantidad que ahora nos horripila aumente considerablemente, hasta el punto de dar a pie a una situación poco menos que catastrófica para las arcas del Estado.

Se  tildará de catastrofistas a quienes aventuran este argumento; pero bien mirado no dejan de tener razón quienes barruntan esa situación. Aún sin soslayar la certeza del aumento de empleo y el crecimiento económico que hoy por hoy es presumible y que los panegiristas de el óptimo momento  que se atraviesa no dudan en evidenciar, por fuerza no es aventurado dar cabida a las certezas que pueden sobrevenir, merced a la sobrecarga que tendría que soportar la Seguridad Social de un futuro próximo.

¿Habrá que volver al casi  periclitado Pacto de Toledo, el cual en su día vino a solucionar el problema siempre candente de las pensiones en España? Todo apunta que sería conveniente y que redundaría en beneficio de todos; pero la estructura del panorama político de nuestros días y las intestinas luchas parlamentarias y/o senatoriales, hoy en palpable evidencia, lo impiden.

Una nube obscura y amenazante se cierne sobre nuestras cabezas, fruto de del deseo de quienes nos gobiernan de aumentar la presión fiscal sobre las entidades que mantienen el entramado de la actividad económica. Parece de una lógica apabullante que si esta presión  se ejerce sobre empresas que hasta ahora han permitido el despegue del enquistado desempleo en el país estremecerán sus estructuras financieras, algo que redundará indefectiblemente en la destrucción de puestos de trabajo, en la Seguridad Social tocada del ala y peligro inminente para los pensionistas.

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Festejos por doquiera en Málaga
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José Becerra | 21-08-2018 | 07:55| 0

Resultado de imagen de fotos de la verbena del tren en benaojan Foto: Benaoján.es(diario SUR)

Málaga, festejos por doquiera

JOSÉ BECERRA

 Las fiestas patronales de los pueblos de la  provincia se propagan como el fuego, que siempre es voraz, pero que es este caso no es devastador, aunque sí bullanguero y colorista.

  No todo en los meses tórridos que sumen a la provincia en la parsimonia de la quietud, la somnolencia por el canto monorrimo de la chicharra y la bruma caliginosa, habían de ser fuegos aniquiladores. Provocados o fortuitos los que queman el bosque son siempre temibles y maldecidos.

    Pero hay otros fuegos, a Dios gracias, con la apariencia menos hosca. Son los que prenden con voluptuosidad no en los montes “por el calor execrados”, sino en los pueblos que a los pies o inmersos en ellos se erigen.

    “Arden” en fiestas, como suelen decir cronistas y reporteros recurriendo a un símil fácil, los pueblos de la provincia de Málaga. Desde mediado julio, todo el mes de agosto y parte de septiembre, no hay población, villa, municipio, aldea, villorio o caserío que no honre a su patrón, siempre santo y milagroso, como tiene que ser, y de paso proporcionar a sus habitantes ocasión para darles gusto al cuerpo con calles limpias y enjalbegadas para el evento, bailoteos en las plazas, y degustaciones  de manjares que les son propios.

    ¿De dónde vienen estos festejos que cambian la faz de cada pueblo durante un periodo variable de días? No son necesarias elucubraciones eruditas o antropológicas para establecer la procedencia. La tradición y su transmisión popular los sitúa en el Medievo. Comparten  todos sus orígenes las celebraciones y acontecimientos lúdicos que seguían a la culminación de la cosecha. Con el  trigo en el granero y la paja en el almiar, venían los días de agradecimiento a los Manes que hicieron posible el milagro de asegurar la manutención tribal o familiar. ¡Gracias sean dados al Cielo, y “ comamos, cantemos y bailemos, que otros días ayunaremos!”

    En agosto,  rinde honores a San Agustín, Alcaucín. Verbenea Algarrobo, y Alhurín el Grande presenta pleitesía a la Virgen de Gracia, emparejándose para  ello con Archidona y el lujo de su plaza ochavada. Almogía, la tierra del palmito venera a San Roque y San Sebastián; lo mismo que Cortes de la Frontera, emporio del corcho y del venado en libertad; igual que Alpandeire, el del monje itinerante; y Archez, la de la vid y el olivo ceniciento. Àlora, “la bien cercada” brilla por su coso taurino. Antequera “piedra  e iglesias mil” sorprende este mes con sus fiestas de recolección. Pisan la uva en Cómpeta para el mejor vino del año; en Atajate, Benadalid, Benalahuría – color y sabor medieval con sus fiestas de moros y cristianos_ , y  Benaoján, el de los embutidos selectos que rinde tributo al tren, también escogieron estos días para sus fiestas estivales. Sin olvidar a Montejaque, Jimera de Líbar, Cartajima – la Serranía en pleno incendio festivo -, el Burgo, el Campillos ganadero y claustral, ni a Cañete la Real.

    Carratraca, Gaucín – la bulla del toro “ensogado”,- Moclinejo – en la brillante ruta de la pasa; Monda, Ojén, Parauta, Periana y Pizarra. ¿ Quién da más? Sí, la Sayalonga verdialera; el Tolox del esparto y la “cojetá”;  el Torrox  de las esbeltas torres-vigías;  y el Valle de Abdalajís, recogido a lo pies del Picacho.

    Toda la provincia, desde la sierra al mar, desde la montaña al llano alimentando fogatas que nada tienen de dañinas ni maléficas, sino mucho de jolgorio y júbilo.

    Y como colofón, la feria de Málaga y, enseguida, la de Pedro Romero de Ronda. Toros, toreros valientes, mujerío retrechero y luz y color. Lo dicho, el fuego más inextinguible y benévolo  campeando en toda la provincia malagueña.                              

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Loables intenciones de Pedro Sánchez
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José Becerra | 18-08-2018 | 08:55| 0

 

Pedro Sánchez, ayer en la asamblea abierta en Granada a la que asistió el alcalde de la ciudad, Francisco Cuenca ./EFEFoto de EFE(DIARIO SUR)

 

Loables  intenciones de Pedro Sánchez

JOSÉ BECERRA

Es algo archisabido que para hacer frentes a candentes problemas y carencias de los gobernados no basta con traer a colación una retahíla de buenos propósitos. Las intenciones de acometer los problemas que azuzan al pueblo, no bastan. Los dichos son unas cosas y los hechos otras, algo palmario que nuestros políticos de vieja y nueva ola no desmienten con sus acciones. Soliviantados andamos quienes seguimos la retahíla de propósitos del adalid del PSOE, hoy aposentando sus reales en la Moncloa. Por manifestar objetivos que no quede; otra cosa es que cobren realidad con la premura que el pueblo ansía.

Sánchez, en sus tareas de gobierno, no parece que haya hecho oídos sordos al clamor que le llega de la calle. Han salido a relucir incluso cifras que muy bien podrían venir a solventar peliagudos problemas que abaten a la ciudadanía; pero el problema surge cuando si se hacen cuentas de lo que acarrearían habría que pararse a pensar si es un objetivo plausible a la hora de cumplir los objetivos de déficit que la Comisión de la UE señala con férrea voluntad de que no se traspasen alegremente, como atinadamente apuntan los expertos ante las circunstancias económicas  que ahora imperan

Una cuestión candente por lo actual es el de la inmigración ilegal, esa que nos llega sin interrupción procedente de los países subdesarrollados del  África menos distante del ámbito europeo. Una multitud hambrienta y desharrapada necesitada de todo lo elemental para sobrevivir se echa cada día al mar en pos de nuevos horizontes en países cuya prosperidad les permita vivir sin hambrunas ni la acuciante necesidad de comer cada día siquiera sea poseyendo lo más elemental para atender este menester. Ante este problema humanitario ¿tiene claro Sánchez y los suyos los pasos a seguir? Cierto es que se trata de un conflicto que no solo atañe a España, pero ¿se tiene claro en el gobierno el paradigma de persistir y obrar en consecuencia? Más bien parece que no. Demuestra, al contrario,  una actitud indeterminada y mudable  para abordar y remediar los problemas en su origen, como ponen de manifiesto y requieren los distintos países europeos  a los que atañe el problema.

¿Y qué decir sobre el conflicto catalán, reverdecido por día? ¿Convencen a los levantiscos de la región la actitud de Sánchez que no es otra que el “ laisser faire, laisser passer” (dejar hacer, dejad pasar”) de nuestros vecinos galos, clave del liberalismo económico en su momento. La contundencia brilla por su ausencia, algo que, por otra parte, es signo inequívoco y secuela  de la nimiedad de un gobierno como consecuencia de su insignificancia parlamentaria a tenor de escaso número que la componen: un valladar a la hora de sacar adelante proyectos que no  los frenen, sobre todo cuando no es menor la tesitura de que los vascos intenten transitar por los mismos derroteros de desafección a cualquier proyecto de unidad con el resto de las comunidades autónomas.

Pese a su ya antigua pretensión de convocar elecciones anticipadas de la que hizo bandera cuando aún no acariciaba el poder en el que hoy se arrellana presumiblemente con placer, nada de nada; y  pese a que las encuestas de diversos medios consultivos le barruntan un éxito sin cortapisas. Alguna borrasca debe presentir en el lontananza cuando se descabalga de aquéllas primigenias intenciones.

Sus intenciones no dejan de ser loables; sólo que a nadie se le escapa que el modus vivendi de la política actual no le permitiría conducir el barco al barlovento que sopla y en pos de una arribada a puerto seguro.

 

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José Becerra | 14-08-2018 | 11:57| 0

 

 

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Málaga, feria y fragancias de biznagas

JOSÉ BECERRA

De nuevo, un año más, Málaga, acicalada y esplendente sumergida en  la feria agosteña. Ese evento multicolor y jaranero que despierta la atención de media España (y encandila a quienes allende fronteras nos visitan) por cuanto en ella luce: mujerío galano, alazanes briosos y carrozas engalanadas; mocitos pintureros y bailes a tutiplén  que tientan a pintores coloristas, esos que  a lo largo de la historia aprehendieron tan luminosos  momentos para hacerlos eternos en sus lienzos y fueron admiración del mundo conocido.

   Un conglomerado de sensaciones abiertas como abanico multicolor a la vista del calidoscopio al que dan pie las engalanadas calles de Málaga, además de impregnar agradablemente el olfato merced a esa planta genuina que es la biznaga. Está presente la flor en la Alameda,  se enseñorea  del parque, remolonea en la Alameda y  se constata en la calle Marqués de Larios, a la que impregna de su cálida presencia;  en la Alcazaba, alta y altanera; cerca de la catedral, portento de sillares y entablamentos, arquerías, columnas, cúpula y armonía de proporciones. La fragancia y forma de la flor, esbelta, rutilante, símbolo de la Málaga en feria que cautiva; y se me antoja, esbelta en la pala de chumberas en las que lucen su esplendor, el símbolo por antonomasia de la feria agosteña. Lástima que en su visita a Málaga en 1910, Joaquín Sorolla, el pintor por excelencia de los claroscuros, no nos dejara muestras de su arte captando esos momentos de Málaga y los biznagueros que catapultan la ciudad a los dos hemisferios.

Es sabido que la palabra “biznaga” es oriunda del mundo árabe, que viene a catalogarla como “regalo de Dios”, ahí es nada. De ahí pasó a ser uno de los símbolos más conspicuos  de Málaga, cantado nada menos que por poeta Vicente Aleixandre, premio Nobel de Literatura, en sonoro versos: “Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos. Colgada del imponente monte, apenas detenida en tu vertical caída las ondas azules…”.

La biznaga se forma de manera artesanal  con flores de jazmín – el más utilizado el Real, blanco y que desprende suave fragancia – y un espigado tallo de cardo silvestre – el nerdo- cuando conserva su color verdoso y que adquiere forma de bola. Es el momento de insertar las flores en el bulbo el cual se abre y esponja de noche, perfumando el ambiente que lo rodea. Las paseará el  “biznaguero”, una figura peculiar e intrínseca de la Málaga del verano y, por supuesto, de su singular feria agosteña. No es una flor natural, sino el resultado de la feliz conjunción de jazmines ensartados en la planta espinosa que los acoge y que colocadas en los cactus deslumbran a propios y extraños, además de extasiarlos con su penetrante olor.

No hay para mí recuerdo próximo o lejano de la Málaga que hizo florecer calles y personajes históricos y entrañables, templos y paseos, tiendas y tabernas antiguas, feria agosteña, – “ esplendor y crisol de luz y color”- y procesiones semanasanteras – “ vahído de emoción y exaltación sin límites de los  sentidos”-,  librerías de viejo, posadas y patios de vecinos al que no se anteponga como preámbulo feliz de dicha amistosa, estética y sensual la espigada biznaga, inundando y enseñoreándose de mi ánimo y predisponiéndolo a la evocación más sentida.

Quién me dice que no estaría sumido en la fragancia de la biznaga  Aleixandre cuando en Sombra del paraíso  dio forma a  versos sublimes a Málaga dedicados: “ Calles apenas, leves, musicales, jardines / donde flores tropicales elevan sus juveniles palmas gruesas,/ Palmas de luz que sobre las cabezas, aladas, / mecen el brillo de la brisa y suspenden / por un instante labios celestiales que cruzan / con destino  a las islas remotísimas, mágicas, / que allá en el azul índigo, libertadas, navegan”.

 

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Málaga, feria y fragancias de biznagas
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José Becerra | 14-08-2018 | 12:02| 0

 

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Málaga, feria y fragancias de biznagas

JOSÉ BECERRA

De nuevo, un año más, Málaga, acicalada y esplendente sumergida en  la feria agosteña. Ese evento multicolor y jaranero que despierta la atención de media España (y encandila a quienes allende fronteras nos visitan) por cuanto en ella luce: mujerío galano, alazanes briosos y carrozas engalanadas; mocitos pintureros y bailes a tutiplén  que tientan a pintores coloristas, esos que  a lo largo de la historia aprehendieron tan luminosos  momentos para hacerlos eternos en sus lienzos y fueron admiración del mundo conocido.

   Un conglomerado de sensaciones abiertas como abanico multicolor a la vista del calidoscopio al que dan pie las engalanadas calles de Málaga, además de impregnar agradablemente el olfato merced a esa planta genuina que es la biznaga. Está presente la flor en la Alameda,  se enseñorea  del parque, remolonea en la Alameda y  se constata en la calle Marqués de Larios, a la que impregna de su cálida presencia;  en la Alcazaba, alta y altanera; cerca de la catedral, portento de sillares y entablamentos, arquerías, columnas, cúpula y armonía de proporciones. La fragancia y forma de la flor, esbelta, rutilante, símbolo de la Málaga en feria que cautiva; y se me antoja, esbelta en la pala de chumberas en las que lucen su esplendor, el símbolo por antonomasia de la feria agosteña. Lástima que en su visita a Málaga en 1910, Joaquín Sorolla, el pintor por excelencia de los claroscuros, no nos dejara muestras de su arte captando esos momentos de Málaga y los biznagueros que catapultan la ciudad a los dos hemisferios.

Es sabido que la palabra “biznaga” es oriunda del mundo árabe, que viene a catalogarla como “regalo de Dios”, ahí es nada. De ahí pasó a ser uno de los símbolos más conspicuos  de Málaga, cantado nada menos que por poeta Vicente Aleixandre, premio Nobel de Literatura, en sonoro versos: “Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos. Colgada del imponente monte, apenas detenida en tu vertical caída las ondas azules…”.

La biznaga se forma de manera artesanal  con flores de jazmín – el más utilizado el Real, blanco y que desprende suave fragancia – y un espigado tallo de cardo silvestre – el nerdo- cuando conserva su color verdoso y que adquiere forma de bola. Es el momento de insertar las flores en el bulbo el cual se abre y esponja de noche, perfumando el ambiente que lo rodea. Las paseará el  “biznaguero”, una figura peculiar e intrínseca de la Málaga del verano y, por supuesto, de su singular feria agosteña. No es una flor natural, sino el resultado de la feliz conjunción de jazmines ensartados en la planta espinosa que los acoge y que colocadas en los cactus deslumbran a propios y extraños, además de extasiarlos con su penetrante olor.

No hay para mí recuerdo próximo o lejano de la Málaga que hizo florecer calles y personajes históricos y entrañables, templos y paseos, tiendas y tabernas antiguas, feria agosteña, – “ esplendor y crisol de luz y color”- y procesiones semanasanteras – “ vahído de emoción y exaltación sin límites de los  sentidos”-,  librerías de viejo, posadas y patios de vecinos al que no se anteponga como preámbulo feliz de dicha amistosa, estética y sensual la espigada biznaga, inundando y enseñoreándose de mi ánimo y predisponiéndolo a la evocación más sentida.

Quién me dice que no estaría sumido en la fragancia de la biznaga  Aleixandre cuando en Sombra del paraíso  dio forma a  versos sublimes a Málaga dedicados: “ Calles apenas, leves, musicales, jardines / donde flores tropicales elevan sus juveniles palmas gruesas,/ Palmas de luz que sobre las cabezas, aladas, / mecen el brillo de la brisa y suspenden / por un instante labios celestiales que cruzan / con destino  a las islas remotísimas, mágicas, / que allá en el azul índigo, libertadas, navegan”.

 

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Cueva del Gato: un prodigio con justas y restrictivas medidas
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José Becerra | 06-08-2018 | 09:24| 0

 

Cueva del Gato: un  prodigio con justas y restrictivas medidas

El prodigio natural que conforma la Cueva del Gato, junto con las aguas desatadas que de su interior manan merced al río Gaudares (o Campobuche para los amigos), caudal que desciende desde la circunscripción del vecino pueblo de Montejaque, municipio con el que Benaoján comparte historia, tradiciones y costumbres ancestrales y que lo atraviesa de parte a parte, merecía que se extremaran las medidas para preservarlo. Cuidado que se exige ahora particular y expresamente, cuando se intensifica la afluencia de visitantes a tan paradigmático lugar.

Las visitas aumentan en grado potencial, que son muchos los atractivos que la espelunca y sus alrededores ofrecen en épocas veraniegas. Razonable parece que, por estas circunstancias, el Ayuntamiento de Benaoján, el serrano y chacinero pueblo en cuya circunscripción geográfica figura la gruta y su paradisíaco entorno,  a instancias de su alcaldesa, Soraya García, haya decido cobrar un módico  canon a quienes, buscando la frescura y placidez del lugar en días en los que las calores aprietan de manera  inmisericorde, optan por el disfrute de una  plácida jornada de asueto en tan singular escenario natural. El lugar lo merece en cuanto como por ensalmo se mitigan los ardores del  verano y el sequeral de la naturaleza circundante.

Las ventajas que gozan quienes deciden disfrutar de momentos sumidos en plena Naturaleza (con mayúscula), y además gozar de un lugar en óptimas condiciones de estancia, merced al cuidado de vigilantes que ex profeso cuidan del paraje y vigilan para que nada enturbie el día de asueto –seguridad y atención sanitaria incluidas, en caso de accidente fortuito – merecen el exiguo coste que se exige. Cuanto más que las cantidades obtenidas no engrosan las arcas del Ayuntamiento más allá del importe del estipendio que se otorga a quienes prestan  el servicio ofrecido a los visitantes, según se desprende de las manifestaciones del Consistorio, y se deduce de las declaraciones  que al respecto acaba de hacer la alcaldesa benaojana.

Obligado es reseñar que la Cueva del Gato se encuentra catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC) y que es un enclave capital dentro de los que se agrupan en el Parque Natural de la Sierra de Grazalema, territorio prolijo en vestigios históricos de todos los tiempos, tantos los debido a la mano del hombre  como al ecosistema reinante que lo engloba.

La gruta en cuestión,  a un tiro de piedra de Benaoján y a poco más de Ronda, gana enteros por días en la nómina de las maravillas de Málaga. En la pugna de quienes  la prefieren para que se catalogue como tal dentro de  los variopintos monumentos que se asientan  merced a la naturaleza y sin asomo de la intervención del hombre en la provincia, es notorio su ascenso diario.   Tan famosa gruta, asombro para unos e inquietante fascinación para otros, no puede por menos de llenar de orgullo a quienes tuvimos la suerte de nacer en sus inmediaciones y crecer teniéndola de telón de fondo de excursiones y comilonas campestres. Porque si existe un monumento natural, no digo en la provincia, sino en buena  parte de la Península al que se le pueda sacar mayor provecho, es esta cueva en donde, aparte de su contemplación, se puede permanecer durante todo un día disfrutando de un microclima excelente. Propiciado éste por lo abrigado de su situación entre rocas y dehesillas,  sobre todo en tiempos de farragosa canícula, es un alivio para el cuerpo por la sensación  de las aguas, frías como cuchillos, que dispensa y dispone el  ánimo para el sosiego y la relajación más placentera.

¿De qué potentes cinceles se sirvió la naturaleza para esculpir en la roca viva la colosal efigie desdentada y horripilante de un felino dispuesto a saltar sobre su presa? ¿Qué fenómenos telúricos y qué coincidencias en geomorfología  tuvieron que coincidir para que por las fauces del Gato rocoso escupiera un torrente de forma tal que asemejara el vómito eterno de lo más profundo de sus entrañas? ¿Quién modelaría la inmensidad de una oquedad que hoy maravilla y en la que suceden salas y lagos, fantasmagóricas unas y fascinantes los otros, cuando no peligrosos y mortales para los osados que, sin destreza ni experiencia, se aventuren en su interior? No existe otro adjetivo que el de pasmo, por ser esta la sensación que experimenta  quien por primera vez se enfrenta a la espelunca.

Y a sus pies, sin solución de continuidad, el Charco Azul. Limpias y refrescantes aguas que en cualquier época del año se precipita en vistosa cascada, dando lugar a un escenario idílico con un verde proscenio de adelfas y mimbreras,  que desde siempre hicieron las delicias de quienes sabían de  las excelencias  del remanso. Aquí cuentan los cronicones medievales que acamparon las tropas de Pompeyo  para invernar,  antes de su enfrentamiento con la de César en Munda, el  Monda de hoy. Pero antes anduvieron por sus intrincadas galerías nómadas del Paleolítico y del Calcolítico posterior y allí nos dejaros muestras evidentes de sus inquietudes ante el misterio de la vida.

Monumento natural sin reservas, substrato histórico, sugerente lugar para quienes todavía sueñan con paraísos perdidos, ameno rincón para contrarrestar los calores, no sería descabellado que el Gato figurase en el índice de maravillas malagueñas dignas de disfrutarse en la nomenclatura de espacios – ahora eficazmente protegido éste –  entre los que descuellan en la Península Ibérica y que son causa de admiración y pasmo.

 

 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.