El reprobado Impuesto de sucesiones

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El reprobado Impuesto de sucesiones

El presidente del PP andaluz, Juanma Moreno, vino día atrás a otro menester a Ronda: a dar constancia de los retrasos que en lo que concierne a infraestructuras en  la comarca vienen padeciendo los andaluces, y en concreto de la empantanada situación de la variante de Arriate, a dos pasos de la Ciudad del Tajo. Lo que no fue óbice para que atacara por derecho a un impuesto que está soliviantando a  la población ya que no tiene parangón en el resto del solar hispano. De paso ha recordado el artículo 14, Título I de la Constitución que nos dimos par nuestra prez y honra en 1978, que viene a decir taxativamente que “los españoles son iguales ante la ley sin discriminación alguna”.

Y ante ese aserto indiscutible no podemos por menos que manifestar descontento y exasperación por su arraigado incumplimiento de promesas tales como la bajada o total supresión de un impuesto, el llamado de sucesiones,  que por el empecinamiento de la Junta de Andalucía se ha de hacer frente y en una cuantía que brilla por su ausencia en el resto del país, incluido en  Madrid “rompeolas de todas las Españas”, que dijo con acierto Antonio Machado.

Pero ocurre que nuestros políticos que ya nos producen hartazgos por sus promesas vacías y grandilocuentes frases que sin pudor alguno esgrimen unos y otros solo para contrarrestar lo dicho por el oponente y ponerlo a caldo si mal no viene y dejándonos, como digo,  a los españolitos de calle cada vez más exasperados y aturdidos.

Como las explicaciones que ha venido a exponer recientemente la presidenta de la Junta andaluza, Susana Díaz, como respuesta al parlamentario Juanma Moreno, quien le afeó con agrio tono que Díaz afirmara sin pelillos en la lengua que es éste un impuesto que “solo lo pagan los ricos” o, para rematar su invectiva, diciendo que quienes tributan por este concepto son los “millonarios”. No parece que esta afirmación tenga visos de realidad a juzgar por las quejas de quienes se ven obligados a satisfacerlo y que de millonarios solo tienen las ilusiones de serlo.

La contestación social está servida al respecto y veremos si cuaja la decisión de la Diputación de Málaga de declarar a  la provincia libre del discutido y maléfico impuesto que tanta ojeriza de  está levantando. En Ronda, por ejemplo, han aunado fuerzas los distintos partidos políticos para conseguir que la gabela en la ciudad sea desterrada definitivamente.

Abriendo el texto de la Constitución de 1978, que tantas cuestiones obsoletas venía a desterrar, completamos el susodicho Título constitucional  añadiendo  que “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. No podía ser más explícito y taxativo el susodicho Título. Sin embargo, hay quien se lo salta a la torera o haciendo de su capa un sayo lo manipula y distorsiona a su antojo.

Lo que no deja de ser un trato injusto a los andaluces, a los que nos queda otra que, haciendo de “tripas corazón” (frase por muy hecha que sea, pero que no deja de ser veraz) agachar la cerviz y acatar el abuso que nos viene desde arriba.

La titánica labor de los corcheros

 

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La titánica labor de los corcheros

JOSÉ BECERRA

Como saben, El río que nos lleva es una laureada novela del extinto escritor José Luis Sampedro. Rinde en ella homenaje a los gancheros del río Tajo en su ímproba labor de transportar maderos corriente abajo en un periplo que va desde la Serranía Ibérica, en Guadalajara, hasta Aranjuez. Sortean angosturas y peligrosas corrientes y ponen no pocas veces en duro trance la integridad física de quienes participan en lo que es, más que un trabajo, una aventura con un final que no siempre es venturoso.

Tuvieron su exégeta los corcheros en la persona del escritor y humanista catalán; nos falta alguien de su altura intelectual y descriptiva para que acometa la labor de sacar de las tinieblas para enaltecerla la labor de los corcheros que se dejan la piel bajo el implacable sol de los veranos de la Serranía de Ronda ejerciendo su rudo trabajo.

Suben cada mañana los corcheros de Ronda y Cortes de la Frontera arreando sus animales de carga por senderos imposibles de los montes del término municipal respectivo. Se aprovechan las horas tempranas del  día para la penosa ascensión; la reata serpentea por las trochas a paso lento y medido; dura labor les espera y los corcheros son conscientes de ellos, así como el esfuerzo sobrehumano que han de emplear y que mermarán  sus fuerzas a medida que las candentes horas del día avancen hasta el halagador declive del sol.

Pasan años y siglos y los corcheros de Ronda siguen subiendo al monte  en los primeros días de la canícula, antes que que las  calares se intensifiquen y, sobretodo, que pase el tiempo más propicio  para su labor. Ascienden las reatas de animales de carga por senderos casi imposibles arreados por quienes tienen como misión desnudar el alcornoque de su coraza de corcho, algo que  hacen  con el pundonor y ritual  de quien arrebata su vestimenta a una vestal que gana gracilidad y gentileza expuesta al amor de  airecillo de la sierra.
Oficio antiguo donde los haya, el corchero de Ronda o de los pueblos limítrofes en este quehacer atávico cuya enseñanza se transmite de padres a hijos y se aprende allí donde el monte – destellos  de sol atravesando la floresta creando irisaciones antes de acariciar el erial montuoso – se despuebla de presencia humana y el silencio reinante no se quiebra sino por el trino suave de un estornino atrevido o el graznar bronco de un aguilucho que atraviesa el aire con la rapidez de una flecha, espantado quizás por la intromisión de desconocidos en su predio montaraz y celeste.

Pero el corcho rondeño y el de Cortes de la Frontera, más allá de la sublimación de un oficio  ancestral con toda la carga romántica que conlleva lo antiguo e imperecedero posee una vertiente económica nada despreciable. Que se lo digan si no a los ayuntamientos rondeño y cortesano y el importante arrimo que significa para sus arcas no siempre boyantes. Más de medio millón de euros vendrán a engrosar el Consistorio de Ronda en concreto con la “saca del corcho” de los Montes de  Propio, que en la temporadas actual ha resultado ser de excelente calidad como puede verse en los “patios” donde se exhiben más que se amontonan para que se pueda apreciar lo especial de su textura.

Hachas al hombro, única herramienta empleada hasta hora por mucho que la mecanización trate de imponerse, los corcheros otean en las madrugadas el tajo que les ocupará durante buena parte del día. ¿Serán conscientes de que escriben cada año por estas fechas una de las páginas más sugerentes de la historia de Ronda, la pretérita y la actual, sin que nada haya podido romper ilación entre una y otra?

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No soy autor de la foto.

Piscinas por doquiera en la Serranía

Piscinas por doquiera en la Serranía

JOSÉ BECERRA

Ha sido una solución suscrita por los alcaldes y los miembros de las corporaciones municipales de buena parte de los pueblos que aglutinan el ancho y árido solar de la Serranía de Ronda. Una demanda que no se podía  desatender dada las caracteristicas de la comarca que propiciaba veranos largos y calurosos, circunstancia que forzaba  a  su gente  a soportar soles de justicia sin un remanso de paz y frescura que les aliviara. Los ríos Guadiaro y Genal, ya no son lo que eran: bajan sus aguas pobres y escasas corriente abajo y dejaron de ser factibles para baños  los “charcos” en los que era posible solazarce siquiera fuese por unas horas décadas atrás. ¿Quién no recuerda por estos lares los domingos transcurridos a orillas de esos ríos hoy menguados de caudal pero entonces limpios y caudalosos?  Y aquellas comilonas celebradas en sus orillas bajo la sombra de una chopalea, una higuera o de espesos juncos, ¿a quiénes se les olvidó?

Reliquias de  un pasado  que perdura aún son los baños en la famosa Cueva del Gato asomada al con justicia llamado Charco Frío, a tenor de la temperatura tan gratificante en veranos tórridos como el que atravesamos, y de la que disfrutan los vecinos de Benaoján y, por supuesto, de foráneos que hasta aquí llegan atraidos por el placentero  microclima que las maravillas de la piedra esculpida por la magia de la Naturaleza  y las gélidas aguas aunadas  les ofrecen.

Pero no todos los pueblos de la comarca en los que el bochorno reina en estos días pueden disfrutar de tan  gratificante y natural  paraje, así que se echó a mano a las piscinas que han proliferado como las margaritas en mayo. Montejaque, Pujerra,   Jimera de Líbar, Alpandeire, el propio Benaoján, entre otros municipios serranos encastillados en terrenos irredentos de secano peremne en los estíos agobiantes echaron mano a las piscinas como feliz remedio para alegrar la vida a pequeños y mayores y hoy por hoy forman ya parte del paisaje que circunda a cada uno de ellos. A falta de pan, buenas son tortas, parece que piensan los que que se vieron alejados de las dos vías fluviales que, por su curso sensiblemente aminorado y no todo lo limpio que fuera de desear y las  parquedad en alegres torrenteras que hicieron, como digo,  años atrás  las delicias de la vecindad, recurrieron a  las piscinas que ahora son lugar de encuentro familiar y amistoso para el relax y el buen yantar.

Están a su alcance visitando este territorio serrano paisajes de montaña insólitos, pueblos blancos cobijados, ya en las laderas de las sierras, ya en sus empinadas crestas y cumbres que desafían al cielo con ánsias de horadarlo, por no mencionar lugares que figuran por erecho propio en los anales de la prehistoria, tales las cuevas de la Pileta o del Gato en el término municipal de Benaoján. Ésta última un milagro de la piedra labrada por la naturaleza y la torrentera merced  las aguas impetuosos de río Campobuche o Guadares que a morir viene en las riberas de su hermano mayor el Guadiaro, que le espera aguas abajo. En medio, un charco de frías aguas, limpias como espejos, que propician el más placentero de los baños al lado del sequerral abrupto reinante a su alrededor.

Así que no obvien su excursión al interior de la provincia por su sequeral inmanente porque siempre es posible gozar de paisajes tan intrincados como fascinantes, caso de la Serranía de Ronda,  y al mismo tiempo darse un chapuzón en culquiera de las pìscinas que hoy por hoy abren sus puertas cada día para regocijo de propios y extraños en los pueblos desperdigados por tan emblemático  solar del sur peninsular.

Y para poner la guinda al disfrute de unos días placentero tierras adentros, lejos de playas atiborradas y ciudades tumultuosas, están esas piscinas que los consistorios respectivos han cuidado hasta el último detalle para el deleite de los visitantes.

 

 

Piscinas por doquiera en la Serranía

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Piscinas por doquiera en la Serranía

JOSÉ BECERRA

Ha sido una solución suscrita por los alcaldes y los miembros de las corporaciones municipales de buena parte de los pueblos que aglutinan el ancho y árido solar de la Serranía de Ronda. Una demanda que no se podía  desatender dada las caracteristicas de la comarca que propiciaba veranos largos y calurosos, circunstancia que forzaba  a  su gente  a soportar soles de justicia sin un remanso de paz y frescura que les aliviara. Los ríos Guadiaro y Genal, ya no son lo que eran: bajan sus aguas pobres y escasas corriente abajo y dejaron de ser factibles para baños  los “charcos” en los que era posible solazarce siquiera fuese por unas horas décadas atrás. ¿Quién no recuerda por estos lares los domingos transcurridos a orillas de esos ríos hoy menguados de caudal pero entonces limpios y caudalosos?  Y aquellas comilonas celebradas en sus orillas bajo la sombra de una chopalea, una higuera o de espesos juncos, ¿a quiénes se les olvidó?

Reliquias de  un pasado  que perdura aún son los baños en la famosa Cueva del Gato asomada al con justicia llamado Charco Frío, a tenor de la temperatura tan gratificante en veranos tórridos como el que atravesamos, y de la que disfrutan los vecinos de Benaoján y, por supuesto, de foráneos que hasta aquí llegan atraidos por el placentero  microclima que las maravillas de la piedra esculpida por la magia de la Naturaleza  y las gélidas aguas aunadas  les ofrecen.

 

Pero no todos los pueblos de la comarca en los que el bochorno reina en estos días pueden disfrutar de tan  gratificante y natural  paraje, así que se echó a mano a las piscinas que han proliferado como las margaritas en mayo. Montejaque, Pujerra,   Jimera de Líbar, Alpandeire, el propio Benaoján, entre otros municipios serranos encastillados en terrenos irredentos de secano peremne en los estíos agobiantes echaron mano a las piscinas como feliz remedio para alegrar la vida a pequeños y mayores y hoy por hoy forman ya parte del paisaje que circunda a cada uno de ellos. A falta de pan, buenas son tortas, parece que piensan los que que se vieron alejados de las dos vías fluviales que, por su curso sensiblemente aminorado y no todo lo limpio que fuera de desear y las  parquedad en alegres torrenteras que hicieron, como digo,  años atrás  las delicias de la vecindad, recurrieron a  las piscinas que ahora son lugar de encuentro familiar y amistoso para el relax y el buen yantar.

Están a su alcance visitando este territorio serrano paisajes de montaña insólitos, pueblos blancos cobijados, ya en las laderas de las sierras, ya en sus empinadas crestas y cumbres que desafían al cielo con ánsias de horadarlo, por no mencionar lugares que figuran por erecho propio en los anales de la prehistoria, tales las cuevas de la Pileta o del Gato en el término municipal de Benaoján. Ésta última un milagro de la piedra labrada por la naturaleza y la torrentera merced  las aguas impetuosos de río Campobuche o Guadares que a morir viene en las riberas de su hermano mayor el Guadiaro, que le espera aguas abajo. En medio, un charco de frías aguas, limpias como espejos, que propician el más placentero de los baños al lado del sequerral abrupto reinante a su alrededor.

Así que no obvien su excursión al interior de la provincia por su sequeral inmanente porque siempre es posible gozar de paisajes tan intrincados como fascinantes, caso de la Serranía de Ronda,  y al mismo tiempo darse un chapuzón en culquiera de las pìscinas que hoy por hoy abren sus puertas cada día para regocijo de propios y extraños en los pueblos desperdigados por tan emblemático  solar del sur peninsular.

Y para poner la guinda al disfrute de unos días placentero tierras adentros, lejos de playas atiborradas y ciudades tumultuosas, están esas piscinas que los consistorios respectivos han cuidado hasta el último detalle para el deleite de los visitantes.

 

 

 

Bernardo de Gálvez en el Congreso de los Diputados

Bernardo de Gálvez en el Congreso de los Diputados

JOSÉ BECERRA

 

Naturalmente, me refiero a su retrato. La efigie de este héroe de Macharaviaya es digna que esté presente allí donde se cuecen todos los asuntos de Estado y permanecen para no ser olvidados personajes que de una u otra forma trabajaron para el engrandecimiento de España. No parece descabellado, tal y como acaba de proponer el Presidente de la Diputación de Málaga, Elías Bendodo, que el héroe malagueño de la independencia de Estados Unidos figure en alguna de las dependencias del Congreso. Hizo la propuesta durante la presentación de los actos conmemorativos de la Independencia de los Estados Unidos que se celebran en el pueblo de la comarca de la  Axarquía en estos días.

   Sorprendió meses atrás la descarga en el puerto de Málaga de una veintena de toneladas de roble vivo de Virginia (EEUU) donadas por el pueblo americano para dar forma a una réplica exacta del bergantín “Galveztown”, que tan destacado papel jugó, bajo el mando de su aguerrido capitán Bernardo Gálvez en la guerra de independencia de los Estados Unidos. Una vez finalizada la construcción naval, el velero se hará a la mar y surcando las mismas aguas atlánticas realizará el periplo que le llevará a arribar a las aguas de la península de Pensacola, decisiva para la expulsión de los ingleses y la consecución de los objetivos militares de los americanos sublevados, comandados por Jorge Washington, el primer presidente estadounidense.

   El pueblo axárquico de Macharaviaya, a un tiro de piedra de Rincón de la Victoria y Benajarafe, lo forman calles escalonadas que no pueden renunciar a su origen árabe por trazado y hechuras. Tiene razón de ser desde el siglo XVI y hubiera transcurrido su historia casi desapercibida si no hubiese sido porque en el siglo XVIII gozara de una colosal eclosión económica en la que la menor participación fueron sus viñedos – riqueza que se perdió hacia 1870 con la epidemia de filoxera – y el mayor apogeo merced a los afanes de la aristocrática familia Gálvez, cuya finca era frecuentemente visitada por las más prominentes figuras de la Málaga dieciochesca. Fue en esta época cuando el pueblo mereció la denominación de “Madrid chico”, sobrenombre a todas luces ilustrativo por muy hiperbólico que parezca.

   En los anales históricos de Macharaviaya se escribe con letras de oro un apellido: Gálvez. La saga fecunda de políticos de buen hacer, gobernadores preclaros y aguerridos navegantes que inició José de Gálvez (1721-1701), de quien se dijo y con razón tal fue su influencia en el Nuevo Mundo, que tuvo en sus manos el destino de América, se venera en el acogedor pueblo de la feraz Axarquía malagueña. Lápidas conmemorativas en las calles, enterramientos señoriales (cripta en el subsuelo del templo (bajo la advocación de San Jacinto), que guarda los restos de la familia, y la todavía sobre algunos de sus muros la fábrica de naipes que surtió para este juego de azar a toda la América de su tiempo (finales del siglo XVIII) hablan por si solas de la raigambre de este linaje en el pueblo.

  La prosapia del apellido Gálvez en el siglo dieciochesco, sin hacer distinción de cada uno de los miembros de la familia, la atestigua sus relaciones con personajes de tanto relieve como Carlos III, (quien hizo a José ministro de Indias), Esquilache, Grimaldi o Fray Junípero de Serra. Hablan por sí solo, además, los cargos que unos u otros ocuparon y en cuya ejecución siguieron de cerca los postulados de las reformas borbónicas y que abarcaron los campos de la administración, la economía, la milicia y la hacienda.
Pero quizá sea la figura de Bernardo la que ejerza mayor poder de fascinación en cuanto que encarnó el espíritu de intrepidez, osadía y denuedo que caracterizaron a los conquistadores españoles que le precedieron en el nuevo mundo descubierto por Colón y sus seguidores. Hijo de Matías de Gálvez, virrey de Méjico, a punto de mediar el siglo XVIII, su vida, que no llegó a coronar este siglo (murió en 1786), fue corta pero heroica a más no poder(murió a los 40 años, siendo ya virrey de México.
Abandonó su pueblo natal, Macharaviaya, con edad temprana. Militar a los dieciséis años (Academia de Ávila), se alista como voluntario a la guerra contra Portugal en 1762. Tres años después viaja por primera vez a América, se distingue por sus enfrentamientos con los indios apaches, y vuelva a España diez años transcurridos diez años. Su valor y sus dotes de político son ya justamente reconocidos. Viaja a Francia y lucha en Argel, donde acrisola su temple de soldado al continuar la emisión encomendada, pese a un serio percance de guerra que puso en peligro su vida.

  Volvió a América, en concreto a Luisiana, de donde fue nombrado Gobernador y toma parte desde el primer momento a favor de los independentistas norteamericanos en guerra para sacudir el yugo de la opresión de los ingleses. El mito Gálvez empieza ya a ser realidad entre sus soldados. Golpea a los ingleses, ya en guerra contra España, arrebatándoles los bastiones más importantes a las orillas del Mississipi. Paso siguiente fue la toma de Mobile, la cual sirvió de trampolín para la conquista de Pensacola, acción que cubrió indefinidamente de gloria al navegante de Macharaviaya, al tomar la ciudad con escasos medios y dotación personal a bordo del cañonero bergantín Galveztown. “¡Se puede!”, fue su grito de guerra, cuando contra todo parecer por lo improbable de la victoria, trataron de disuadirle de iniciar el asalto a la bahía..

Y se pudo, efectivamente. Finalizada la guerra, que fue particularmente sangrienta, el ya Conde de Gálvez (título nobiliario que le concedió Carlos III), fue declarado Héroe Nacional por el Congreso de los Estados Unidos.

   Prodigiosa hazaña la de este hijo de Macharaviaya en el Nuevo Continente. El pueblo  malagueño sigue reverenciando la figura del insigne militar y hombre de Estado que lo catapultó a la gloria.  Una personalidad egregia cuya imagen no va a desentonar, ni mucho menos, en el Congreso de los Diputados, tal y como ha propuesto el presidente de la Diputación malagueña.

El Hospital de Ronda continúa ralentizado

 

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El Hospital de Ronda sigue continúa ralentizado

Ya sabemos que a expresión “velocidad de crucero” en el argot marítimo  significa que el navío opera y avanza con máxima eficiencia. Se aplica el término, como saben,  en cualquiera otra faceta de la vida social, económica y de cualquiera otra índole cuando las cosas van bien y como era de esperar en su transcurso después de iniciado el arranque. Algo que a juicio de la parlamentaria andaluza del PP  Esperanza Oña, en su día alcaldesa de Fuengirola, no reconoce en lo que toca al Hospital de Ronda, recién iniciada su andadura,  y así acaba de exponerlo, sin pelillos en la lengua, en un pleno del Parlamento Andaluz. Tildadas de ridículas las carencias del Hospital en cuestión, Oña ha recalcado que “no serán tan ridículas cuando muchos medios de comunicación así lo han reconocido y no han tenido reparos transmitirlos”.

    Es de suponer que  Oña habla con conocimiento de causa y que se habrá previamente cerciorado de que sus críticas responden a la realidad en cuanto acontece respecto al recién inaugurado Hospital que ha costado Dios y ayuda para que abriera sus puertas definitivamente, de otra manera hubiese estado callada y habría que considerar como una pataleta el meollo de sus cuestiones que no es otro que el de poner en evidencia el despropósito de la consejera de la Junta, Marina Álvarez, a quien increpa por tachar de impropias las quejas que afloran entre los usuarios del flamante centro.

   Todo apunta a que se hacen oídos sordos y que desde la Junta se vanaglorian de la salud pública andaluza pero justo es reconocer que en lo que toca al Hospital de Ronda todo apunta a una parálisis, creo que nunca mejor empleada la expresión, que le impide avanzar sin rémoras en el cumplimiento de sus fines. Alude Oña que no son” eslóganes presuntuosos” lo que los rondeños necesitan sino el reconocimiento de los errores y la “presentación de soluciones”. Habla de deficiencias tales como la imposibilidad de que se pueda reconfortar con una bebida tonificante a quienes ingresan después de las 9 de la noche, o que se siga suministrando las comidas a los pacientes cocinadas en el antiguo hospital, o que permanezca la iluminación durante el día y la noche, entre otras deficiencias que hospitalizados y profesionales del centro denuncian y que, por lo visto, se echan en saco roto por parte de la Junta.

     Muchas esperanzas mantuvieron  rondeños y  habitantes de los pueblos de la Serranía en el nuevo Hospital, y es de esperar que se ponga coto a tamañas deficiencias que obran en detrimento de quienes se ven obligados a solicitar atención, cuidos y curas de sus males. Su marcha ralentizada exaspera.

    El barco del Hospital en muchos aspectos sigue sorteando escollos sin llegar felizmente a buen puerto.

Los jamones de la Serranía de Ronda viajan a Hong Kong

Los jamones de la Serranía de Ronda viajan a Hong Kong 

JOSÉ B ECERRA

Había que reinventarse para seguir prosperando y en la Serranía de Ronda son duchos en romper barreras y poner una pica allí donde haga falta para dejar constancia del saber artesanal de la gente de los pueblos que ocupan este solar en la comarca más  sureña de España. Nunca faltó aquí un emprendedor aguerrido para hacer que los productos serranos se conocieran tanto en el interior como en el exterior del país, siempre que se les eche una mano. Que es lo que viene haciendo la Diputación de Málaga por mucho que políticos opositores hablen sin razón  ni conocimiento de causa  de que es un organismo territorial prescindible. No lo es y a las pruebas nos remitimos.

   Ya cruzaron charcos y tierras, entre otros productos serranos e hispanos, los aceites de nuestras almazaras, los esponjosos molletes de Antequera, el genuino aceite de oliva, los higos secos o el queso y las aceitunas con el sabor inconfundible de nuestras tierras del sur. Y ahora le toca viajar para quedarse allí en territorios asiáticos, en concreto en el legendario Hong Kong, el jamón de la Serranía, producto estrella de ese animal tozudo y hozador que es el cerdo nacido y criado en la montanera que responde  a la raza ibérica, del que se entre los nativos de la zona y ratifican los más prestigiosos gourmets que “gustan hasta los andares”, merced a la bellota y la castaña de la comarca que le sirven de sustento básico y engorde hasta llegar a la hora inexorable del sacrificio.

   Ha sido la Diputación malagueña quien hizo posible, meses atrás, que este bocado exquisito cautivara a los sibaritas del buen  comer y beber en las ferias internacionales que potencian los  alimentos y bebidas de calidad, facilitando así que  posteriormente diese el salto hasta Asia, y en concreto hasta Hong Kong, donde es desde entonces un plato favorito de la zona merced a las más de una cincuentena de tiendas que exhiben este producto netamente español.

   Si el jamón ibérico de bellota mantenía desde la antigüedad el distintivo de la Serranía de Ronda, ahora lo hace con aumentada predilección el de castaña, genuino del Valle del Genal. Ganaderos de la zona añadieron al pienso natural de bellotas el de las castañas, como era frecuente entre los lugareños, y la mezcla de ambos frutos no pudo por menos que ofrecer jamones, que suficientemente curados en sombrías salas ad hoc, ofrecieran un bocado exquisito: la conjunción no pudo ser más certera.

    Hoy por hoy, el jamón de bellota y castaña del Genal, inició su periplo por medio mundo y por su paladar genuinamente propio se le augura la más calurosa acogida entre las más empingorotadas mesas que ofrezcan el mejor yantar.

Alzando la copa con los vinos de Ronda

Alzando la copa con los vinos de Ronda

JOSÉ BECERRA

El Centro Integral del Vino de Ronda se ha revestido de galas en estos días para albergar los caldos que las bodegas de la ciudad – más de una veintena – ofrecen para su cata a todos quienes no hacen remilgos a la hora del paladeo de una bebida que alguien, con muy bien criterio, llamó “néctar de los dioses”.

Se trata de promocionar con libaciones ofrecidas a propios y extraños la calidad del vino rondeño, su sabor y bouquet que cada día gana más adeptos. Las catas las disfrutarán doctos en vinos y púbico en general que no hacen melindres  a la ofrenda de una copa ya sea en las comidas ya en los momentos distendidos a los largo del día.

   Los vinateros de Rondan decidido arrimar el hombro a su propia industria y reman todos en la misma dirección. Loable empresa que ha de redundar en el bien del sector. Si se exaltan los vinos rondeños y la denominación de origen propia es cimentar el marchamo de calidad que los caldos rondeños merecen a todas luces.

    Resulta un deleite escribir sobre el vino.  Notamos como las ideas se deslizan en el intelecto  con mayor fluidez y euforia al tratar del  mosto fermentado, esa sustancia nos atreveríamos a decir que  casi divina, si pensamos que forma parte ineludible en el ceremonial religioso cristiano. A narradores, poetas y epigramistas   sirvió  como fuente   constante de inspiración. Mitiga el dolor – el del cuerpo y el alma – traba firmes amistades y sirve como vehículo precursor  de  los juegos amatorios. Y, por si fuera poco, las libaciones moderadas activan nuestras papilas adecuándolas para otro placer, que le pisa los talones: el de la mesa.

   El vino está de moda. Sobre todo el vino que consumido con mesura y como acompañante de manjares, a los cuales enaltece su sabor en grado sumo. “Aviva el ánimo y predispone para la relajada conversación”, como apuntaba  el gastrónomo y sibarita Nestor Luján,   sabedor como  pocos de las placenteras sensaciones que estimula. Del prudente consumo solo lo grato puede esperarse, y de cualquier asunto en el que medie, es presumible que se alcance el éxito, ya sea referido a negocios, a celebraciones familiares, o como, digo, al amor: todo adquiere nuevos tintes cuando se filtra con las tornasoladas transparencias del caldo, colmadas de complicidades.

   Y por si estas virtudes que los enólogos resaltan fuesen pocas resulta que, además, como no se empachan de afirmar profesionales expertos en nutrición y sesudos estudiosos de la medicina, proporciona salud y alarga la vida. Vienen a detallar que tonifica las arterias, despejando sus intrincados circuitos, y regula el colesterol, ese solapado enemigo que acecha en silencio nuestro sistema cardiovascular para proporcionarnos serios disgustos. ¿Se pude pedir más?

  Uno ya lo venía sospechando. Recuerdo cómo en mi pueblo natal, chacinero y floreciente él, inmerso en las fragosidades dela Serranía de Ronda, me preguntaba sobre la sorprende longevidad de algunos vecinos, muy aficionados a este néctar de los dioses de forma comedida. “Esto es sangre de cristo, y da la vida”, venían a decir. Y a fe que parecía verdad por la rebosante salud de la que hacían gala. Que recuerde, nadie de los que se acercaban con asiduidad  al altar de Baco, si, además supo renegar a tiempo del tabaco,  dejó este mundo por patología isquémica  o ictus cerebral, tan de modo hoy por desgracia.

   Me viene a la memoria un honrado posadero benaojano quien presumía de haber llegado a los 95 años de edad merced a su desayuno diario: un mendrugo de pan de leña, un trozo generoso de tocino con vetas carnosas y un buen vaso de vino tinto. En realidad mi longevo y afable vecino secundaba  las recomendaciones de Antonio Machado, el excelso poeta andaluz de la generación del 98: “Con pan y buen vino se hace el camino”.

   Viene a cuento la elucubración sobre los beneficiosos efectos del vino porque observo cómo  en Ronda la enología acopia adeptos cada día. Se ha convertido en objeto de estudios universitarios por los más  jóvenes. Desean hacer de ella una profesión. Que haya gente interesada en ocuparse de que los deliciosos caldos continúen llegando sin menoscabo de sus virtudes – aroma y sabor – hasta nuestras mesas no deja de ser gratificante.

   La conjunción resulta perfecta teniendo en cuenta que la riqueza vitivinícola rondeña se encuentra en pleno apogeo y se recupera en los últimos años un pasado esplendor merced a la mejor preparación de los bodegueros y a la mayor preocupación de la Administración Pública por su regulación.

 

Salvajada en la Cueva del Cantal de la Cala del Moral

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Salvajada en la Cueva del  Cantal de la Cala del Moral

JOSÉ BECERRA

En mis paseos otrora vespertinos  por los alrededores de la Cala del Moral, siguiendo de cerca el tránsito que la proximidad del mar me permite y soslayando  la vista de la carretera y su bullir  constate de vehículos que desentonan en  un paraje que invita a la relajación, todo hay que decirlo, me he parado infinidad de veces  para contemplar la hendidura en la piedra caliza que sirvió de entrada a las cuevas del Cantal. En ella buscaron refugio los aborígenes del lugar se supone que para   resguardarse de las inclemencias del tiempo o para sus quehaceres de supervivencia en el clima hostil que propiciaba el último estadio del Paleolítico que abría la Edad de Piedra.

Me maravillaba tener tan cerca un portento de la andadura del hombre prehistórico  por la zona, sobre todo porque en las grutas que condicionaron su vivir dejaron muestran de un arte incipiente que habría de maravillarnos milenios después. De la misma forma, en un correlato evidente, que los son las grutas de Lascaux o Altamira, pongo por casos, la del Cantal ha sido considerada por investigadores de este portento artístico prehistórico como “una catedral cultural y religiosa”, más allá de servir para resguardarse de las inclemencias del tiempo.

Pero existen otras razones que hablan de la singularidad de este espacio socavado o erosionado en la roca: es la única dentro del Continente europeo cuyo origen es submarino y que formó en la época jurásica emergiendo del mar cual Ulises que engalana la mitología y la leyenda de la Antigua Grecia. Solo que aquí en los Cantales quienes anidaron fueron quienes  se alimentaron en los  concheros o depósitos de moluscos, conchas y peces que les servían de sustento.

Por estos argumentos irrefutables el Cantal se debería considerar como un santuario que merece el cuido y la protección de propios y extraños, y resulta tan incompresible como vejatorio para quien tenemos más de dos dedos de frente que haya sido asaltado por una horda de descerebrados que han emponzoñado con grafitis pinturas rupestres que merecen el respeto y la admiración de todos. Una salvajada que no debe repetirse so pena de recibir el severo castigo de quienes atentan contra  un legado cultural que no puede por menos de sentar las bases de formas de vidas ancestrales cuyo respeto y salvaguarda es tarea de todos, y de las autoridades de las administraciones públicas en primer lugar.

(No soy autor de la foto)

 

 

 

Una guardería infantil encomiable

 

Una guardería infantil  encomiable

JOSE BECERRA

Son signos inequívocos de la vida: nacemos indefensos y así permanecemos durante los primeros años de nuestra existencia. Luego, con la senectud, volvemos inexorablemente a ese indefensión natural creciente que nos obliga a depender otra vez de los demás, se quiera o no. Necesitamos el apoyo de nuestros progenitores al asomarnos al mundo y echamos manos de nuestros hijos cuando la edad avanzada nos retorna a la edad primigenia. Es una ley de supervivencia a la que se nos somete si se quiere afrontar los peligros y acechanzas que nos han de asaltar en el camino indefectiblemente.

Pero lo nuevos tiempos nos allanan al paso por esas dos etapas ineludibles con la aparición de guarderías infantiles y residencias de ancianos. Antes de que llegue la edad escolar, a saber el tiempo que trascurre entre el primer año de vida y el ingreso en un centro estatal, ahora fijado a partir de los tres años del infante, se recurre a las guarderías cuando la padres trabajan y no existen allegados próximos para cuidar del menor.

Las guarderías han venido a facilitar esa etapa preliminar en la vida del menor y a fe que existen centros de esta índole que le acogen con garantías plenas de salvaguarda de su integridad física y necesidades alimentarias y conocimientos preliminares en un entorno agradable en el que nuestros hijos y nietos viven horas placenteras que los familiares no tenemos por menos que agradecer.

En Málaga es obligado reconocer la labor que en este sentido lleva a cabo la guardería “5 Chupetes”, ubicada en las inmediaciones del núcleo residencial Martin Carpena y el Hospital Quirón. Recojo diariamente a mi nieto Mario Ángel en sus instalaciones y puedo dar fe de que las cuidadoras (Yolanda, Nuria, Tamara, Ana y otras supervisadas por la directora Raquel)  se desviven pos prestar la atención requerida a esos chavales de muy corta edad que se ven obligados a permanecer durante algunas horas lejos del cuidado de sus familiares. Y lo hacen con una abierta sonrisa en el rostro, lo que demuestra que se entregan a su labor con dedicación y afecto que es lo que necesitan estos infantes que por un periodo más o menos largo se ven enclaustrados en el recinto.

Como abuelo de uno de los pequeños que esta guardería acoge me ha sorprendido gratamente comprobar cómo, sin perder el carácter tradicional de estos centros, ofrecen mediante medios técnicos avanzados asegurar el control y cuidado de los pequeños que se les confían. Así, al mismo tiempo que la videovigilancia, ofrece otros atractivos nada desdeñables, como el desarrollo de programas de juegos y actividades pedagógicas de perentoria necesidad para quienes se asoman tímidamente a la aventura del vivir cada día.

Una novedad hay que resaltar: 5 Chupetes renunció desde el primer día a los servicios de catering; con cocina propia regida por expertos nutricionistas se  garantiza la preparación y vigilancia de los menús diarios que han de consumir los peques que se les confían. Si  esto  añadimos la labor de quienes tutelan, controlan y adecúan su trabajo a las necesidades de los pequeños que se le confían es para estar satisfecho.

Tengo que decir que no hablo de oídas; sino con conocimiento de causas: Visito cada día esta guardería por la obligación grata que me he impuesto a mí mismo y que no es otra que ir a recoger a mi nieto. Respiro por unos momentos la paz que se respira en su sala de espera, compartida con los que también comparecen  en busca de  sus retoños a la misma hora. Momentos de expectación compartida hasta verlos salir sonrientes de las dependencias interiores.

Rostros visibles de la guardería son los de las `seños´ Nuria y Yolanda: sus tareas son eminentemente administrativas y no es raro contemplarlas tras el ordenador y sumidas en el examen de un montón de papeles. A la directora Raquel,  así como a Tamara y la cocinera Ana se le ve menos; éstas últimas son las que permanecen durante toda la jornada al cuido de los niños que les confían y a cocinar para ellos  el menú de cada día, variado siempre y siguiendo pautas de elaboración tradicionales y apetitosos.

En un plazo de pocos meses “5 Chupetes” se traslada como anexo a las instalaciones del cercano Colegio Público Clara Campoamor. Nueva andadura de la guardería que seguirá ofreciendo de seguro los excelentes servicios que siempre ha venido prestando a quienes hasta ahora han venido confiando en su cotidiano buen hacer.