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Ganó el PSOE, pero…
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José Becerra | 27-05-2019 | 10:48| 0
 Ganó el PSOE, pero…
 JOSÉ BECERRA

Porque “peros” háylos y es algo que hoy por hoy, tras el tráfago de los recuentos y la sonrisas veladas de unos y las confiadas de otros a la vista de los resultados que ya son una realidad y no meras  conjeturas, se imponen merced a  la consideración fría de lo acontecido. Justo es reconocer el triunfo en buena lid del PSOE; sin embargo algo puede haber trocado su júbilo inicial por un acontecer inesperado. De las sonrisas satisfechas iniciales en los momentos de los sondeos se pasó  un cierto rictus de desencanto en quienes veían con gozo la más que posible reafirmación de sus siglas en el tablero político español. Lo que llevaba todo el camino de ser un paseo victorioso sobre un enemigo abatido solo en parte se verificó. La victoria de os socialistas se detuvo a las puertas de Madrid, capital de las Españas, cuyo Ayuntamiento volverá a ser  regentado por alguien del Partido Popular.  Una sonrisa placentera que se tornó en un rictus amargo victoria no había sido épica ni rotunda. Los populares mandarán  desde ahora en el Ayuntamiento y la Comunidad. Un amargo trago, ¡qué se le va hacer! Con este resultado, Pablo Casado, que veía negro su futuro se da de lleno con una situación esplendente para continuar  su porfía en el porvenir más inmediato. Por lo pronto Carmena  y Palau han de volver  a sus puntos de partida. Por otra parte sucumbieron Ciudadanos y Podemos: unos y otros perdieron gas y sus aspiraciones quedaron en un fiasco. Un revés notorio que tendrá que hacer meditar a sus dirigentes sobre el porvenir de sus partidos y el de ellos mismos.  Ganó  el PSOE pero las incertidumbres no se difuminaron del todo para su futuro más inmediato. Días apasionantes nos esperan.

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Real Feria de Mayo en Ronda: la palabra es lo que vale
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José Becerra | 24-05-2019 | 09:41| 0
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Foto Diario SUR

Real Feria de Mayo en Ronda: la palabra es lo que vale
Abre sus puertas en Ronda la Real Feria de  Mayo, una de los acontecimientos  ganaderos que brilla con  luz propia y que cuenta con una antigüedad que data nada menos que de los primeros años del siglo XVI , que  ya ha llovido. Ganaderos de casta y labriegos  de facundia se dan la mano. Y junto a ellos visitantes de todo jaez atraídos por el buen comer de estos días, las exposiciones de muestras de artesanía, y los concursos de doma que tan  pintorescos y vivos cuadros proporcionan.

   Bulle Ronda en estos días en los que declina el mes de Mayo. Esplendor en la Ciudad del Tajo, hoy por hoy centro de la atención y confluencia de gentío de todos los puntos de la provincia malagueña y no de pocos desde el resto de Andalucía. Los acontecimientos festivos se sucederán sin solución de continuidad en estas jornadas. Que esta feria en el meollo de la primavera, cundo ya asoma el testuz el verano, tiene mucho que ofrecer: no es una exageración sino una realidad tangible.

   Se exhiben   productos elaborados en la comarca rondeña, amén de la exposición de artículos artesanales del buen comer y beber- los embutidos y la cerveza artesanal –  que hablan por sí solos de las tradiciones culinarias que proceden de los ancestros de la región y que son celebradas en medio mundo. Al unísono, se muestran   reses pajunas, raza autóctona de las sierras andaluzas, y la cabra payoya, originaría de la Sierra de Grazalema y de la Serranía de Ronda (Montejaque y Benaoján), pueblos éstos que se consideran  cuna de la raza,  o el cerdo rubio andaluz, que proporciona, previo tratamiento y elaboración de sus carnes en chorizos y  morcillas de acrisolada fama.

     Del resto de los actos  y exhibiciones que se sucederán a lo largo de estas jornadas en las que Ronda se alza con brillo propio – lucimiento de las damas goyescas, doma vaquera, música en directo…- me quedo con la efervescencia  del mercado de ganado, meollo del singular festejo.

   Ni documento alguno ni intervención de escribano. Entre el comprador de un caballo toldo, una yegua de pelaje  rucio o un asno mohíno solo se alza la diligencia del tratante de ganado  que media entre las aspiraciones del vendedor y las pretensiones del comprador. Son los tres protagonistas únicos del `trato´, mediante el cual el animal de carga o montura pasará de unas manos a otras en un pispás. Sobran los escritos,  a excepción de la guía expedida por el veterinario de turno y que recoge las características del cuadrúpedo en venta, la cual  que pasa de unas manos a otras, cuando ya el precio está  ajustado y  los dineros se traspasan al bolsillo del vendedor.

   Con el ronzal en la mano, el comprador  puede disponer a su antojo del rocín o la acémila adquirida. La tradición popular se mantiene después de más de 500 años, nada más recoger sus bártulos la media luna y huir en polvorosa merced a las huestes de los Reyes Católicos que reconquistaron por entonces el lugar serrano. En el mercado renacentista que sucedió al netamente medieval no podía faltar la feria del ganado, un elemento que servía a una economía pobre y trashumante.

   La compra y venta – aquel caballo cuatralbo, aquella vaca lucera -, se sigue realizando al aire libre, sin más techo que el cielo y sin más escenario que el natural de una explanada en donde no es rara la proliferación vegetal.  En el   convenio, vistoso, con innegables trazos policromos dignos de  Madrazo o  Sorolla, manda el tira y afloja (“esto quiero”,  “esto te cuesta”, “esto te doy”) prima y  culmina  el apretón de mano, para muchos de mayor validez y garantía que una real cédula.

   De por medio la palabra. Primero la del tratante, carismática, elogiosa y entendida. Alaba sin reservas las cualidades del cuadrúpedo, su pujanza, la fortaleza de su constitución si se ha de destinar a la carga, la firmeza de los  remos, su mansedumbre, la garantía de sus pocos años – para lo que se hurgará en las  quijadas poderosas- o lo lustroso de sus ancas… Para esta ceremonia, cuando a la compra sólo le faltan algunos flecos adicionales,  casi nunca falta la visita a la taberna más cercana, templo en donde se consuma el negocio, al arrimo de un vinillo peleón y unos tacos de queso rondeño o rodajas de chorizo serrano.

   Sobraron los “papeles”, que esta es una transacción en la que cuenta la palabra. El verbo que  compromete, la expresión de la que se exigirá cuenta si se ocultó la verdad. Al contrario del dicho popular que la palabra se la lleva el viento, aquí es sinónimo, primero del juego que anima la oferta y la demanda del bien en cuestión, y luego   del compromiso firme que cierra una venta.

   Para acabar con el apretón de mano que rubrica un convenio con más   peso para quienes fueron sus protagonistas que la constancia que un letrado puede dejar en documentos escritos. En Ronda se refugia en estos días esta manera de hacer las cosas en una feria que tiene mucho de rito religioso y magia de la palabra dada: su valor es lo que cuenta.

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Tretas de Podemos
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José Becerra | 23-05-2019 | 17:11| 0

 Tretas  de Podemos

Era de esperar, que no es la primera ver que la formación morada se pronuncia con virulencia contra Amancio Ortega y sus donaciones, esas que con tanto gozo son recibidas por quienes que sufren el desamparo de la fortuna, tan veleidosa ella.  Pablo Iglesias ha puesto otra vez la voz en grito para despotricar con furor contra Amancio Ortega por haber ése insuflado nada menos que 320 millones de euros a la sanidad pública, no siempre boyante en recursos.Ha despotricado contra el filántropo que no es la primera vez que dedica buen parte de sus ganancias  para socorrer las necesidades de los desheredados de la fortuna, eso  que se debaten, ya  en pobreza, ya en la enfermedad. Es proverbial el apego de este mago de les finanzas españolas y fundador de Inditex en volcarse a favor de los desheredados de la fortuna. ¿Puede ser criticable alguien que tiende la mano a quienes menos tiene para sortear la enfermedad que les abaten? Quien sufre los embates y estigmas de la enfermedad muchas veces irreversible a buen seguro que va aceptar de buen grado el tratamiento y el instrumento, de altísimo coste, que va a  salvar su   vida, merced a que con tanta prodigalidad este mago de las finanzas hace posible que figure entre los equipos de buena parte de nuestros hospitales.Hacer frente y luchar contra la lacra del cáncer, ese mal que sobrevuela por encima de buen parte de la población, parece ser uno de sus postulados. Vendrán a dar   solución de sus males vengan de donde vengan, en muchos casos para luchar con esa terrible enfermedad que nos sobrevuela, sin distinciones  de edad. Naturalmente que la sanidad pública no debe mantenerse mediante las dádivas  ocasionales y sus espontáneas donaciones, sino sobre todo con recursos de los impuestos, esos que en buena medida son obligatorios a las grandes fortunas; pero si también hay quien aporte parte de sus ganancias en beneficio de la humanidad enferma y doliente del país, bienvenidas sean. Están fuera de lugar tan intempestivas críticas a esa determinación de ayuda al prójimo que tantos reciben con los brazos abiertos para abrazar a quienes las hacen tangibles.

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Políticos ofuscados
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José Becerra | 20-05-2019 | 08:50| 0

Políticos ofuscados

JOSÉ BECERRA

Por mucho que se esfuercen y retuerzan argumentos buena parte de nuestros políticos de aquí y ahora forzado es reconocer que no nos merecen mucha credibilidad. Más bien, poca. Existe tal confusión en lo que dicen y pregonan a los cuatro vientos los líderes de las distintas formaciones políticas que no sabe uno bien  a qué atenerse. No son creíbles, me temo. Líderes que dicen y desdicen de lo dicho en breve espacio de tiempo es con lo que nos encontramos cada cada día a poco que nos detengamos a oír sus peroratas, casi siempre incandescentes, no pocas veces incendiarias, contra sus oponentes.

Se multiplican afirmaciones y dimes y diretes entre unos y otros que no sabe uno, en la barahúnda, con que cartas quedarse. Entre Ciudadanos y el PP las relaciones cambian por días, por no decir de la noche a la mañana. Pablo Casado dirige ahora sus diatribas contra Ciudadanos, y no dudan en afirmar que su rival, como cabría pensar, a tenor de sus relaciones antes de la pasada contienda general, que se tendían la mano amigablemente, ahora se nos antoja que sigue tendiéndoselas sí, pero para retorcérselas. Algo que podría atribuirse  al líder de las huestes que comanda Albert Rivera y que no dudan en afirmar que Casado “se equivoca de enemigo”. Tachan al PP de un partido “que hace aguas” y no tituban al afirmar que buena parte de sus votantes les tenderán la mano el 26 de Mayo no confiando en que el PP remonte el vuelo por más que Casado mantenga lo contrario.

Ya no disimula Ciudadanos sus intenciones, que no son otras que erigir a su partido como baluarte de la oposición, oponiéndose a  Casado que esgrime la misma pretensión ante un PSOE presumiendo de músculo merced a los resultados electorales que apuntan las distintas consultas, esas que vienen saliendo a la luz, no solo la de Tezanos,  sino otras que ningún marcado apego tienen con los socialistas.

Mucho es de temer que los desencuentros en el candelero  y los degüellos  entre sí se deslizan por una senda azarosa. Es patente que buen parte de los votantes  no saben a ciencia cierta con qué carta quedarse, o lo que es más preciso, qué papeleta va a introducir en la urna de aquí a pocos días. Es muy posible que lo haga por pura inercia. La ofuscación es evidente y votar al azar se impone mal  que nos pese.

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Carteros rurales
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José Becerra | 17-05-2019 | 10:54| 0

Cartero rural, una figura indeleble

Una estampa familiar en los pueblos de escasa densidad  de población fue siempre  la que conforma el cartero rural callejeando por sus calles, cartera en ristre hasta hacer llegar la misiva a mano de su destinatario. En los pueblos de la Serranía de Ronda, esos que se esponjan a los pies  de imponentes cumbres que desafían al cielo o los que buscaron en su día la proximidad de suaves collados, el cartero es un elemento más e insustituible del paisaje aldeano. El cartero, por lo que comporta su oficio de repartir misivas con infinitud de informaciones, ha suscitado siempre estimación y respeto entre la gente sencilla.

Al cartero   se le espera  cada día con impaciencia y anhelo; es la persona que, de una forma u otra, une a cada uno con el resto del mundo, entendido éste como esa parte minúscula pero  que nos atañe decisivamente en cuanto se cifra  en relaciones de trabajo, amistad, amor y comunicación, entre otras cuestiones, que solo al receptor de la información  compete. De ahí la deferencia que se le dispensa y la grata acogida que se le concede.

El cartero, pundonoroso y prudente, conoce todos los nombres y apellidos de los habitantes del pueblo, como no podía ser de otra manera. Entregaba la correspondencia en mano sin el menor comentario, quizás respondiendo con una sonrisa abierta cuando leía en el rostro del destinatario el júbilo que le provocaba la carta que depositaba en sus manos.

Participa silenciosamente  del gozo que a la madre del hijo emigrante en tierras extrañas le producía el sobre en el que  reconocía  la letra inconfundible del ser querido y lejano, o del alborozo de la joven que se estrenaba en amores y que le transmitía desde otras latitudes  noticias del amante que no podían ser más que halagüeñas para la receptora del escrito, la cual difícilmente podía ocultar su regocijo, aún sin abrir el sobre que ostensiblemente temblaba entre sus manos por la emoción. El cartero, sin mediar palabra, continuaba su callejear en silencio, en pos de otras manos en la que depositar comunicados y notificaciones de administraciones públicas, de comerciantes, de bancos,  en fin de quienes buscaban el contacto con la más variopinta población. Para sus adentros se regocijaba con las buenas noticias o se entristece si había sido portador de infaustas nuevas.

De los carteros de pueblos se exigen y alaban la honradez e integridad, conductas de las que hacen gala. Cualidades que adornan a un oficio que, por estas razones, no puede recaer en cualquiera, sino en personas de probada rectitud. Tengo que decir que miembros de mi familia ejercieron y siguen ejerciendo este oficio en Benaoján, el pueblo blanco y acogedor que se acomodó, desde siglos atrás en los márgenes del río Guadiaro. Son ejemplo vivo de la probidad que rigió su conducta, transmitida de padres a hijos. Vaya para ellos mi admiración y afecto más sincero.

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El añorado pan de puño y leña
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José Becerra | 11-05-2019 | 08:06| 0

El añorado pan de puño y leña

“Por su olorcillo lo conoceréis”. Es lo que nos dice un panadero de antaño, ya jubilado, pero que recuerda con añoranza el modo en el que se elaboraba el pan en una tahona del pueblo “antes y después de la guerra”. Es esta una expresión que hasta hace poco tiempo se utilizaba para situar un sucedido, una costumbre o un modo de vida respecto a nuestra guerra fratricida de los años 30. Entonces, en esas fechas, el pan de los pueblos cobijados a lo largo y ancho de la Serranía de Ronda, no conocía otra hechura que no fuera mediante su cocción echando mano de la leña seca, sobre todo de encina, que de quienes esto saben catalogan como Quercux ilex,  de la familia de las fagáceas, y que los por entornos serranos bautizamos como carrasca o chaparra o más toscamente como “bellotero”.

Los hornos tradicionales  que elaboraban pan con masa madre al amor del calor de la leña han ido desapareciendo de manera paulatina de los pueblos. Adiós a los panes suculentos y crujientes para acompañar en las dos comidas diarias o en el desayuno mañanero; para este primer refrigerio embadurnando   tostadas con abundante aceite de oliva. La industrialización vino para acabar con esta forma primigenia de elaborar opíparas hogazas al amor de los leños. Nos horripila ver cómo ahora en un hecho incontestable los hornos de toda la vida van desapareciendo a marchas forzadas. Incluso en pequeños pueblos que fueron reductos de  esta forma primigenia de elaborar el pan, que no conocían otro método  que recurrir a los leños y a los puños, cambiaron  a los combustibles de los nuevos tiempos y a la ventaja de tiempo y  economía que les proporcionaba la electricidad. Y los panes de toda la vida cambiaron de sustancia proverbial y, por ende, del sabor   de antaño.

Las manos del panadero de siempre, sabio en  su oficio de siglos, se ha trocó por la automatización que atañe al tiempo de cochura y a los elementos que componen la masa. Entra la maquina que sustituye a las hábiles manos que la trabajaban  antaño dándoles variada forma, color y sabor único. El pan casero tradicional no tiene otros componentes que harina, levadura,agua y sal, sin otros aditivos que, persiguiendo rentabilidad, desvirtúan su sabor de siempre. Ese que buscamos inútilmente en pueblos y que en muy contadas ocasiones se puede encontrar, a no ser de familias panaderas de toda la vida apegadas al terruño y que primaron sus manos y dieron de lado a la maquinaria importada. Caso de la panadería “Pan Piña” que abre sus puestas al amanecer de cada día en el caserío de Algatocín, en los aledaños de  Ronda y que figura con todos los honores en la Ruta Española del Buen Pan, que aglutina alrededor de una cincuentena  de las más prestigiosas panaderías de España. Esas que exhortan y guardaban de padres a hijos el secreto de conseguir el mejor pan, desde el inicio de la hechura hasta depositarlo  con mimo en los anaqueles de la tahona. De por medio cortar la masa de trozos y darle  forma con sus manos hasta dejarlo en limpias madera cubriéndolos para que el aire ni modifique hechuras ni sabor. Lo siguiente y último de la faena diaria  introducir  el pan con la pala en el horno (que ha de ser de madera de pino) y dejarlo en el sitio adecuado para que, al amor de las brasas,  en tiempo meticulosamente calculado alcance la cochura necesaria y el paladar deseado.

Lamentablemente son contados los hornos y los operarios que hoy por hoy  se ajusten a estos ritos  de antaño. Pero de haberlos haylos para contento y regusto de quienes se dejan caer por algunos de los municipios de la feraz Serranía de Ronda, en donde el pan a puño y leña sigue primando para regodeo de sus moradores.

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Insoslayables quebrantos en la vejez
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José Becerra | 06-05-2019 | 09:29| 0

Insoslayables quebrantos en la vejez

JOSÉ BECERRA

Quienes ya nos adentramos mal que nos pese  en la edad septuagenaria un temor nos sobrecoge, cuando no nos abate. Nos ronda  en la cabeza la idea de caer en ese profundo pozo que anula la memoria convirtiéndonos poco menos que un vegetal sin capacidad para recordar ni poder echar la vista atrás hacia nuestra vida reciente y  no digamos lejana. Nos sobrecoge el temor de vernos sumidos en las más obscuras tinieblas por mor de esa terrible enfermedad que es el Alzheimer: anulados por completo, convertidos en bulto inutilizado sin conciencia ni voluntad.

Abundan los casos de personajes egregios que en el ocaso de sus vidas solo la vaporosa niebla de la nada inundaron sus cerebros. Falleció Adolfo Suárez apenas cumplidos los 80 años cuando ya el recuerdo de que había sido el primer presidente democrático después de pasar a mejor vida Franco, no era si no una obscura nebulosa en un cerebro vacío sin el menor  rastro del pasado. Si nos remontamos a otras latitudes pero haciendo hincapié en personajes egregios como el anterior nos encontramos con Ronald Reagan: con  más de 90 años no existía en su cerebro ni el  más leve recuerdo de que había sido ocupante de la Casa Blanca de la mayor potencia del mundo. A menor escala podríamos encontrar vestigios de esta enfermedad  a poco que echamos la vista a nuestro alrededor.

La soledad no deseada y la pérdida de memoria son dos enemigos solapados que nos vigilan para descargar su furor sobre quienes llegaron a la edad longeva. Es el tributo que se ha de pagar por aquellos que remontan edades que en tiempos pasados eran inalcanzables.

Ancianos los ha habido siempre, pero es innegable que décadas atrás la llegada a la edad provecta se erigía como un fantasma en edades en las que se presentaba como un espantajo una vez traspasado el umbral de la cincuentena de años. Hoy no ocurre así, vivimos más años, aunque sea a mal tira, pero sorteando las acechanzas de la vida hasta edades antes consideradas como aledaños de una muerte inminente.

Está tan extendido el aislamiento en la edad longeva que estudiosos de esta situación y lo que conlleva en los postreros días de la vida han bautizado como “la epidemia silenciosa”. Calladamente se viven los años cuando por las más variadas razones nos vemos obligados a transitar y vivir en la más absoluta soledad. El Instituto Nacional de Estadística en lo que atañe al estudio de los hogares españoles  contabilizaba en España alrededor de 2 millones de personas que viven en la soledad más absoluta   una vez traspasada la barrera de los 65 años. Un dato significativo es que las mujeres triplican en número a los hombres según la tesis irrefutable  que vio la luz meses atrás. El estudio en cuestión evidenciaba un hecho incontestable: hay más viudas que viudos. Una realidad que estriba en que las féminas contraen matrimonio con menos edad que su consorte y en que, por naturaleza, viven más años que los varones.

Negro nubarrones se ciernen sobre quienes a trancas y barracas o venturosamente llegamos a una edad provecta, esa que conlleva el sentimiento de que ya no se forma parte del contorno. Cómo sortear estos quebrantos es  nuestro  indisoluble problema, cuya solución no pasa por la medicación sino por la creación de un ensamblaje que venga a sostener el tejido asociativo para que nadie se sienta por la edad fuera de este mundo, aún en vida.

 

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Benaoján y Montejaque: relax y buen yantar
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José Becerra | 01-05-2019 | 08:28| 0

 

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Foto: ruraldays.com

Benaoján y Montejaque: relax y buen yantar

JOSE BECERRA

Colindantes entre sí y compartiendo desde tiempo inmemorial costumbres y modos de vida, aparte vivencias  ancestrales, se ha de convenir observando la trayectoria histórica de ambos, que no siempre coincidieron en cuanto a similitudes que, por la proximidad podrían considerarse irrefutables. Existen entre ambos pueblos arrellanados en la agreste Serranía de Ronda  comprobables afinidades, pero también diferencias sin cuentos. Un ejemplo entre otros que atañen a la personalidad de los moradores de entrambos pueblos es lo que se dice en  lo que toca al temperamento y forma de ser de sus habitantes. Los benaojanos, exagerando sin duda, acostumbran  decir de en lo que atañe a los montejaqueños, en esto caso a sus féminas algo así, cuando tienen que mediar una trifulca tabernaria “¡no lo mates, cásalo con una montejaqueña!”, relativo al fuerte temperamento que les atribuyen. En su contra los del pueblo vecino, en lo que toca a la prontitud y su afán en los trabajos que les son propios, no dudan en afirmar algo así como “ ¡duermes más que un benaojano”!, refiriéndose medio en broma , medio en serio, a que se muestran tardos a la hora de meter mano a la faena diaria. Dimes y diretes que pocas veces se ciñen a la realidad, todo hay que decirlo en honor a la verdad.

Montejaque y Benaoján comparten cumbres y picachos calizos  que se elevan y recortan  sobre las  laderas y crestas   de la sierra de Líbar, dibujando en la lejanía  el costillar de un diplodoco jurásico. Ambos pueblos siguen de cerca la margen derecha del Guadiaro, río otrora caudaloso y ahora empobrecido pero que sigue buscando con ahínco el  mar entre recovecos propios de una geografía abrupta como es la de la Serranía de Ronda, esa que a ambos pueblos  envuelve concediéndoles una impronta escabrosa única.

Los dos vecindarios van de la mano desde tiempo inmemorial. De hecho comparten entre sus términos municipales una joya prehistórica que encandila tanto a uno como otro, no digamos a quienes desde otros ámbitos geográficos vienen a contemplarla para su pasmo: la Cueva derl Gato, que abre sus fauces en las escarpadas sierras de Montejaque.  Unas sinuosas galerías – el Hundidero no pocas veces proceloso – en las que están presentes las huellas de homínidos del Paleolítico,  vienen a desembocar en Benaoján, dando pie a un lugar idílico: un torrente de limpias aguas, las del río Campobuche, afluente del Guadiaro,  provocan  un pequeño lago que provoca las delicias de quienes en verano se sumergen en ellas o disfrutan en  sus alrededores de días de relax y cuchipanda. La efigie pétrea del Gato en todo lo alto vomitando  el líquido y limpio elemento, frío como cuchillos, contempla a sus pies un remanso    pintiparado para mermar la inclemencia de los meses de estío. Un soberbio  telón de fondo que el ánimo embelesa.

Orografía, costumbres ancestrales compartidas y modos de vida hermanan ambos pueblos. Tierras de pan llevar, olivares, viñedos, y sobre todo la ganadería delatan el quehacer de sus habitantes: se erigieron fábricas chacineras en el pasado siglo, de las cuales buena parte han ido desapareciendo, pero quedan otras que hoy por hoy muestran signos evidentes de progreso y buen hacer. Los logros son evidentes. Los embutidos benaojanos en mayor medida pero también los montejaqueños ganaron prestigio y se abrieron camino en los mercados andaluces: sabían del buen hacer de esta vecindad serrana en  lo que se refiere a los productos provenientes de ese animal gruñón y tozudo que es el cerdo, pero del que se extraen los platos más apetitosos para la manduca diaria. Lo sibaritas de buen yantar encontrarán aquí el lugar pintiparado para satisfacer sus apetencias. Si esto se añade, como apunto, el paisaje único de montaña que los envuelve y las joyas naturales en forma de cuevas antediluvianas  que aquí se abren a la curiosidad de todos,  miel sobre hojuelas para el relax y la contemplación serena.

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Benaoján homenajea a San Marcos
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José Becerra | 24-04-2019 | 09:41| 0
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Benaoján homenajea a su Patrón San Marcos

En la Serranía de Ronda, el Santo del Pozo no puede ser otro que el evangelista San Marcos, desde siglos atrás Patrón de Benaoján,  pueblo que se esponja a place en el Valle del Guadiaro, a un tiro de honda de la Ciudad del Tajo. Este pueblo inmerso de lleno en la Serranía de Ronda,  puso en pie una industria chacinera de alcance en el mercado nacional y en el internacional. Disfrutando  de todos los elementos ambientales que sirvieron para consolidar el prestigio de los embutidos benaojanos – chorizo frito en manteca “colorá”, lomo y morcilla tipo rondeño-   a saber, airecillo fresco y seco para apretar las carnes de los productos elaborados y conceder al jamón serrano un  aroma y  sabor   inconfundible. Productos todos  apreciados por  los sibaritas de hoy  del buen comer  merced   a que la sierras y sus influencias permanecen inalterables y siguen suministrando el entorno salutífero   necesario para su conservación hasta ofrecer platos genuinos de estos lares

¿Y de dónde viene lo “del Pozo? Cualquiera de los vecinos de Benaoján podría explicarlo dando pelos y señales.Corrían los años primeros del pasado siglo… Una sequía feroz castigaba al pueblo, y dueños de pequeñas hazas de labor de cuya producción vivían muchas familias – los embutidos aún no habían alcanzado el prestigio que catapultaría al pueblo al exterior -, labriegos y hortelanos de ocasión, miraban al cielo que se mostraba esquivo: las ansiadas lluvias primaverales no acababan de llegar. Se le ocurrió a la feligresía, aprovechando que se celebraba la fiesta del Patrón San Marcos, llegar en procesión hasta un  pozo ubicado en las cercanías del pueblo, que lo mismo servía para apagar la sed del caminante que de abrevadero para animales. Llegado al pozo en cuestión se alzaron voces en dirección al santo  mecido en su peana por robustos mozos. “¡Mira mis garbanzos, que se mueren de sed!”, o “ ¡Mira mi trigo, que está enclenque y seco!”…. Para acabar con un rotunda admonición que ha llegado hasta nuestros días y que son santo y seña de los benaojanos: “! San Marcos bendito, Patrón soberano, como no nos mandes agua al pozo te echamos!”. Puede variar la letra, pero no el sentido de la entre sagrada e irreverente petición.
El pozo del evangelista fue imprudentemente destruido por una antigua corporación municipal obcecada con un plan de ordenamiento urbano que necesitaba tener el camino expedito para el ensanche del pueblo. Craso error. Tuvieron la infantil ocurrencia de sustituirlo por   otro de obra moderna, que ni por asomo se parece al primigenio. No obstante la súplica se quedó para el recuerdo.
Por lo demás, los días del fin de semana que van del 24 al 26 – el 25 es la procesión, a medio día como es inveterada costumbre, en medio de una impresionante “cohetada “– son de comilonas y cuchipanda. Para los visitantes que suelen serlo por centenares se organizan  degustaciones gratuitas de los productos del lugar. Una ocasión pintiparada para visitar este pueblo hacendoso que ha sabido poner una “pica en Flande” por sus elaborados chacineros que hoy por hoy son apreciados en m

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¡Hasta siempre, maestro!
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José Becerra | 20-04-2019 | 09:14| 0
 
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 ¡Hasta siempre, maestro!

 Se nos fue Manuel Alcántara, “tan callando…” Presagiamos su partida definitiva cuando en  la última página de de SUR, su firma dejó de aparecer. Una interrogante lleno de presagios funestos nos asaltaba. A la vez un temor nos embargó  a quienes  cada mañana buscábamos el recuadro de su artículo antes que cualquiera otra información del diario. Cuando contemplamos el vacío de su presencia, esa que  muchos buscábamos inserta en el que el maestro del buen decir dejaba cada día constancia fehaciente de su dominio de la lengua y la  perspicaz manera de encararse con lo que la actualidad deparaba,  no podía por menos que acongojarnos. Luego, supimos la razón de la ausencia de su firma: el maestro de la belleza del escribir  sin acritud pero con sutileza y sublime buen hacer nos había abandonado  para siempre. Se nos fue un altísimo POETA Y ARTICULISTA, con mayúsculas, como quiso que apareciera  en el elogio certero que le dedicara Alfonso Canales, otro adaliz malagueño de las sílabas contadas, esas que son de “gran maestría”. Superó los 90 años, una cifra redonda, contundente, pero sólo si se echa la vista atrás de su biografía y se hace cuenta de su trayectoria.

Se nos fue el maestro del buen decir, de las ocurrencias felices, de los conceptos precisos y de la ironía y la crítica que abjuraron de la acritud y el encono.”Bastante amargura hay en el mundo para que se incida sobre ella en los escritos”, me dijo un día, la primera vez que mantuve una conversación con él, en un paseo inesperado que me deparó y dispensó en un encuentro fortuito, camino de su casa respirando un tranquilo atardecer cerca de esa mar de La Cala, que en estrofas tan bellas como sentidas tuvo a bien exaltar. Luego, en otra ocasión, me abrió las puertas de su hogar – un santuario para mí dado mi admiración por el maestro, que no vacilo en confesar -, había ido yo a llevarle tres o cuatro cintas para su Olivetti, resto de una antigua papelería de mi propiedad, sabedor de su necesidad imperiosa de ellas). Ese era su estilo: lo más grave, lo que puede causar dolor, iracundia o incitar a un acerbo ataque se diluye en su lenguaje, y el tono escogido en pirueta que la desposee de acritud. Sin  merma en su entendimiento y en la consecución de su último objetivo hacía que con sus palabras cambiemos el desabrimiento por una sonrisa. Milagro del buen hacer de un articulista “amanuense de sí mismo”, como alguien dijo de él con justicia.

Más de sesenta años dando la esencia de su ser a golpe de una vieja máquina de escribir, tras la leve neblina de su sempiterno cigarrillo, y las más de las veces tras las cristaleras de su despacho que da al mar (“Bajamar de la desgana: las olas cerca de mí, yo lejos del agua clara…”), y la presencia impávida de sus búhos, mudos, ojiabiertos, enigmáticos. En mis paseos por las cercanías de los túneles de Rincón de la Victoria, cerca de los cuales tiene su morada el articulista y poeta, cuando veo iluminado su despacho me lo imagino así en su quehacer diario (“a las siete sale cada tarde mi artículo a su destino “, me confesó el día de mi feliz tropiezo con él); y, en ocasiones, me paro para contemplar la difusa luz de su lugar de trabajo. “¿Habrá puesto ya el maestro el punto final en su artículo de cada día?¿ De qué tratará? ¿Con qué ocurrencia nos sorprenderá mañana? ¿Con qué chispa o agudeza nos hará discurrir?”, me preguntaba.

Hoy, esta mañana, mientras paseo me vienen a la memoria unos versos suyos, clarividentes de su manera de enfrentarse a la vida: “No pensar nunca en la muerte / y dejar irse las tardes / mirando como atardece. / Ver toda la mar enfrente / y no estar triste por nada / mientras el sol se arrepiente. / Y morirme de repente / el día menos pensado. / Ése en el que pienso siempre”. Sentidos versos exaltando un deseo  que ha visto cumplido el poeta y escritor que siempre nos embelesó con sus artículos y sabio decir rimado. ¡Hasta siempre, maestro!

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.