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El Partido Popular de Ronda contra un tributo abusivo
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José Becerra | 23-04-2016 | 09:45| 0

Ayuntamiento de Ronda

El Partido Popular de Ronda contra un tributo abusivo

 José Becerra

El PP rondeño ha recogido con prontitud la bandera esgrimida semanas atrás por el líder andaluz de su formación política, Juanma Moreno, quien reclamaba al gobierno de Susana Díaz la eliminación de una gabela improcedente y que viene castigando a los andaluces con menos posibilidades económicas de una manera despiadada. Es el llamado impuesto de sucesiones que se viene satisfaciendo en Andalucía cargando sobre las espaldas de los herederos de un inmueble una cantidad que por desorbitada se prefiere renunciar a él. Se puede eludir su pago si se ha tenido la precaución de declarar la propiedad en cuestión en otra provincia. Ejemplo al canto: Una vivienda vendida en Madrid por un montante de 200.000 euros paga al fisco 280 euros mal contados; si la venta se realiza en Andalucía el tributo llega a los 28.000 euros de vellón. Una carga a todas luces onerosa a los andaluces, los cuales, no pocas veces, participan en un “éxodo fiscal” hacia la capital de España para eludirla en parte, asistidos por su derecho.

Como no podía ser de otra forma el PP rondeño ha hecho suya la campaña originada en Sevilla y que pretende recoger 200.000 firmas que por lo menos hagan meditar al Gobierno andaluz sobre tan arbitraria medida que significa en boca de militantes de este partido “un agravio comparativo”, y que hasta ahora se ha venido soportando con las orejas gachas y sin posibilidad de recursos.

El arte de los impuestos consiste en desplumar el ganso en orden de obtener el máximo de plumas con el mínimo de los alaridos”. Es la frase lapidaria que nos dejó el político y economista francés Jean-Bapt. Colbert, que no tenemos por menos que aplaudir. Sobre todo cuando se trata de exacciones que por su sinrazón claman al Cielo.

No estaría de más que el resto de formaciones políticas, también, obviamente, la que actualmente lleva las riendas del Consistorio, bajo el mandato de Teresa Valdenebro(PSOE), se sumen a esta reivindicación a todas luces necesaria y justa, detrás de la cual se presume que está la ciudad en pleno.

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Menos niños en los pueblos malagueños del interior
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José Becerra | 19-04-2016 | 08:24| 0

Los pueblos de la Serranía de Ronda se despueblan a marchas forzadas. Un fenómeno demográfico que no deja de ser preocupante, sobre todo para las familias que aún se resisten a abandonarlos porque en ellos vivieron sus mayores y la vecindad actual le tienen apego al lugar en que nacieron y que les vio crecer con mayor o menor índice de privaciones. Pero no siempre fue así. La situación se hizo angustiosa coronado la primera mitad del siglo pasado y el éxodo hacia otras latitudes se hizo irremediable.

   Con la emigración generalizada de los años 60, sobre todo a Alemania y Suizas,ciudades centro europeas éstas que ejercieron con primacía el punto de destino a la depauperada población de la comarca rondeña; la merma de habitantes se hizo intensiva. Luego siguieron las salidas masivas a diferentes ciudades españolas, sobre todo a Tarragona y Barcelona; Andalucía ofrecía sin tasa mano de obra barata bien acogida en ciudades en pleno auge industrial y esplendor económico. Sin embargo, el recelo de los nativos fue evidente; éstos jamás ahorraron ocasión para tratar aquéllos con tono despectivo como `charnegos´, epíteto que hoy, en pleno auge del celo independentista, que se ha cambiado, con la misma inflexión peyorativa y malquerencia, por el de `españoles´.

   Primero iniciaron la ruta hacia el noroeste peninsular, ávido de mano de obra barata, los hombres sin calificación laboral alguna. A este primer peregrinaje masculino siguió el resto de la familia con el propósito de formar un hogar allí donde se les garantizaba un sueldo diario. Por consiguiente, los pequeños pueblos acusaron una despoblación ostensible, por lo que un llegó un momento en el que se regeneraron y la pobreza generalizada dio paso a una prosperidad evidente merced al regreso y a los envíos de efectivos: se restauraron viviendas y creció el número de las de nueva construcción. Pero fue un espejismo fugaz.

  Fueron muchas las viviendas que se afincaron en otras latitudes allende fronteras o dentro del suelo patrio, algo que acabó por acarrear un fenómeno demográfico desolador. Quienes conocieron unas condiciones de vida más placenteras renunciaron a permanecer en pequeñas poblaciones donde sus descendientes verían ostensiblemente mermadas sus posibilidades de encontrar un trabajo digno y estable. Resultado de este comportamiento generalizado fueron escasos nacimientos y substancial cambio de la pirámide de edad: se estrecha en la base por la escasez de menores de edad y se ensancha en la cúspide merced al aumento de la población longeva.

   Cartajima, un pequeño pueblo blanco de la Serranía de Ronda cuyo caserío se avecina con el alto Genal con una población que apenas roza los 200 moradores acusa de manera evidente un muy deficiente registro de menores de edad. Angustiosa situación de la que han tomado buena nota las autoridades educativas de la población y avisan de un inminente cierre del colegio local al que solo acuden dos niños. El alcalde, Francisco Benítez, con muy buen criterio, ha intentado remediar el problema ofreciendo casa y trabajo a familias obreras con niños de otros lugares de la provincia y de Andalucía para que se afinquen en Cartajima y así evitar que la escuela cierre sus puertas y obligue a los nativos a acudir a otros municipios. La llamada ocasionó una avalancha de demandas que ha obligado al primer edil a recular de sus buenas intenciones: solo es posible albergue y ocupación para un par de familias. El gozo en un pozo para muchas de ellas.

El desmantelamiento de la población infantil no es solo de Cartajima. Otros pueblos de su entorno acusan idéntico problema en mayor o menor intensidad y se aferran a persistir. J.M. Aguilar, jefe de edición del diario SUR, hablaba días atrás en un acertado artículo del silencio que envolvía el atardecer de su pueblo natal. Una calma grata para el espíritu que quizá tenga mucho que ver con esa ausencia acusada de rapaces alborotadores en las calles y plazuelas.

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Norman Bethune, un héroe para el recuerdo
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José Becerra | 16-04-2016 | 07:53| 0


Norman Bethune, un héroe para el recuerdo

Málaga y su provincia contrajeron décadas atrás una deuda impagable con Norman Bethune, médico canadiense que sumido en el fragor de la Guerra Civil Española (año 1937) dejó constancia de su sapiencia y humanitarismo practicando transfusiones de sangre en circunstancias aciagas pero que no obstante salvaron innumerables vidas. Alrededor de su destartalada camioneta transformada en improvisado hospital de campaña zumbaban las ametralladoras -moscardones de muerte- o las explosiones de bombas diezmaban a una población indefensa que, fustigada, corría despavorida como animales acosados que inútilmente buscaban refugio a la desesperada. Lo hacían camino que por estos sucesos mereció para la posteridad el sobrenombre de la “Carretera de la Muerte”.
Ocurrió este suceso tristemente histórico cuando los días de la República en Málaga tocaban su fin. Columnas franquistas asediaban la ciudad. Desmontada la resistencia republicana y sin posibilidad del Gobierno local de hacer frente al enemigo, los malagueños no adictos al Movimiento Nacional huyeron despavoridos por la carretera que bordeaba el mar y que transcurría hasta la provincia de Almería.
Una familia de Benaoján, un pequeño municipio perdido entonces en las sinuosidades de la Serranía de Ronda, vivió aquéllos estremecedores sucesos unas veces por carreteras inviables y otras a campo través. La componían los padres – él maestro de escuela – y sus dos hijos de muy pocos años.
Partieron del pueblo que bordea el Guadiaro, vía fluvial que imprime vivacidad y color a la abrupta Serranía de Ronda y a sus picos inaccesibles, hasta desembocar por caminos imposibles, junto a otras familias del pueblo que se vieron amenazadas en su integridad física por el imparable avance del enemigo, en la carretera de San Pedro Alcántara, que culebreaba entre barrancos insondables, recogiendo una ingente muchedumbre procedente de localidades limítrofes. Dieron pie al proceso calamitoso que en la zona se conoció como “la huida”, un término con connotaciones tétricas que perduró en la mente de los lugareños casi hasta nuestros días. El éxodo se organizó en Málaga con toda la precipitación que requería el sentir que los llamados nacionales pisaban los talones a los que huían con tan solo los pobres bártulos que podían sostener sus espaldas cuando éstas no eran ocupadas por los niños de corta edad incapaces de caminar por sí solos.
La familia serrana que aludo vivió en sus carnes una despiadada persecución por mar y aire- las fragatas Canarias, Baleares y Almirante Cervera y los aviones de caza de la Legión Cóndor alemana y sus lenguas de fuego – que diezmó a la muchedumbre despavorida en todo su tránsito por la carretera de Almería desde el Peñón del Cuervo, en las proximidades de la Cala del Moral hasta llegar a su destino final. Es lo que nos relata Juan – que hoy cuenta más de 80 años- , el hijo menor de la familia que entre otras muchas sufrió la ominosa persecución. No pudo evitar que una lágrima furtiva, que trató de disimular con un manotazo, resbalase por sus curtidas y apergaminadas mejillas.
Ensalzó la figura de Norman Bethune, que llegó a conocer personalmente y sus esfuerzos infrahumanos para salvar vidas. “Dispuso en un desvencijado vehículo todos los instrumentos necesarios para practicar transfusiones de sangre, operación ésta en la que él fue precursor en su Toronto natal, amén de otros utensilios de cirugía apropiados para atender a los soldados heridos en campaña a los que recurrió en la fatídica carretera de Almería.
Juan se desplazó hasta Málaga, venciendo sus achaques de la edad, cuando el Ayuntamiento de la capital dispuso años atrás un homenaje a la figura del médico filántropo y abnegado. No quiso perderse el acto que conmemoró la filantrópica hazaña. Junto a un lozano olivo y un pizpireto arce, cara al Peñón del Cuervo, una placa con una lacónica inscripción: ”Paseo de los Canadienses”. El anciano, la mirada errabunda, susurró unas palabras entrecortadas pero nítidas: “El recuerdo de Norman ha sido para mí imperecedero”.

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Bernardo de Gálvez, heroe legendario de Macharaviaya
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José Becerra | 12-04-2016 | 09:45| 0

 

 

Sorprendió meses atrás la descarga en el puerto de Málaga de una veintena de toneladas de roble vivo de Virginia (EEUU) donadas por el pueblo americano para dar forma a una réplica exacta del bergantín “Galveztown”, que tan destacado papel jugó, bajo el mando de su aguerrido capitán Bernardo Gálvez en la guerra de independencia de los Estados Unidos. Una vez finalizada la construcción naval, el velero se hará a la mar y surcando las mismas aguas atlánticas realizará el periplo que le llevará a arribar a las aguas de la península de Pensacola, decisiva para la expulsión de los ingleses y la consecución de los objetivos militares de los americanos sublevados, comandados por Jorge Washington, el primer presidente estadounidense.

   El pueblo axárquico de Macharaviaya, a un tiro de piedra de Rincón de la Victoria y Benajarafe, lo forman calles escalonadas que no pueden renunciar a su origen árabe por trazado y hechuras. Tiene razón de ser desde el siglo XVI y hubiera transcurrido su historia casi desapercibida si no hubiese sido porque en el siglo XVIII gozara de una colosal eclosión económica en la que la menor participación fueron sus viñedos – riqueza que se perdió hacia 1870 con la epidemia de filoxera – y el mayor apogeo merced a los afanes de la aristocrática familia Gálvez, cuya finca era frecuentemente visitada por las más prominentes figuras de la Málaga dieciochesca. Fue en esta época cuando el pueblo mereció la denominación de “Madrid chico”, sobrenombre a todas luces ilustrativo por muy hiperbólico que parezca.

   En los anales históricos de Macharaviaya se escribe con letras de oro un apellido: Gálvez. La saga fecunda de políticos de buen hacer, gobernadores preclaros y aguerridos navegantes que inició José de Gálvez (1721-1701), de quien se dijo y con razón tal fue su influencia en el Nuevo Mundo, que tuvo en sus manos el destino de América, se venera en el, acogedor pueblo de la feraz Anarquía malagueña. Lápidas conmemorativas en las calles, enterramientos señoriales (cripta en el subsuelo del templo (bajo la advocación de San Jacinto), que guarda los restos de la familia, y la todavía sobre algunos de sus muros la fábrica de naipes que surtió para este juego de azar a toda la América de su tiempo (finales del siglo XVIII) hablan por si solas de la raigambre de este linaje en el pueblo.

   La prosapia del apellido Gálvez en el siglo dieciochesco, sin hacer distinción de cada uno de los miembros de la familia, la atestigua sus relaciones con personajes de tanto relieve como Carlos III, (quien hizo a José ministro de Indias), Esquilache, Grimaldi o Fray Junípero de Serra. Hablan por sí solo, además, los cargos que unos u otros ocuparon y en cuya ejecución siguieron de cerca los postulados de las reformas borbónicas y que abarcaron los campos de la administración, la economía, la milicia y la hacienda.
Pero quizá sea la figura de Bernardo la que ejerza mayor poder de fascinación en cuanto que encarnó el espíritu de intrepidez, osadía y denuedo que caracterizaron a los conquistadores españoles que le precedieron en el nuevo mundo descubierto por Colón y sus seguidores. Hijo de Matías de Gálvez, virrey de Méjico, a punto de mediar el siglo XVIII, su vida, que no llegó a coronar este siglo (murió en 1786), fue corta pero heroica a más no poder(murió a los 40 años, siendo ya virrey de México.
Abandonó su pueblo natal, Macharaviaya, con edad temprana Militar a los dieciséis años (Academia de Ávila), sed alista como voluntario a la guerra contra Portugal en 1762. Tres años después viaja por primera vez a América, se distingue por sus enfrentamientos con los indios apaches, y vuelva a España diez años después. Su valor y sus dotes de político son ya justamente reconocidos. Viaja a Francia y lucha en Argel , donde acrisola su temple de soldado al continuar la emisión encomendada ,pese a un serio percance de guerra que puso en peligro su vida.

Volvió a América, en concreto a Luisiana, de donde fue nombrado Gobernador y toma parte desde el primer momento a favor de los independentistas norteamericanos en guerra para sacudir el yugo de la opresión de los ingleses. El mito Gálvez empieza ya a ser realidad entre sus soldados. Golpea a los ingleses, ya en guerra contra España, arrebatándoles los bastiones más importantes a las orillas del Mississipi. Paso siguiente fue la toma de Mobile, la cual sirvió de trampolín para la conquista de Pensacola, acción que cubrió indefinidamente de gloria al navegante de Macharaviaya, al tomar la ciudad con escasos medios y dotación personal a bordo del cañonero bergantín Galveztown. “¡Se puede!”, fue su grito de guerra, cuando contra todo parecer por lo improbable de la victoria, trataron de disuadirle de iniciar el asalto a la bahía.

Y se pudo, efectivamente.Finalizada la guerra, que fue particularmente sangrienta, el ya Conde de Gálvez (título nobiliario que le concedió Carlos III), fue declarado Héroe Nacional por el Congreso de los Estados Unidos.

Prodigiosa hazaña la de este hijo de Macharaviaya en el Nuevo Continente. El pueblo  malagueño sigue reverenciando la figura del insigne militar y hombre de Estado que lo catapultó a la gloria.

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Acinipo, las huellas de un imperio
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José Becerra | 08-04-2016 | 08:12| 0

 

Acinipo, las huellas de un imperio

JOSÉ BECERRA GÓMEZ

Políticos de uno y otro signo se culpan entre sí por la dejadez en que se encuentran las ruinas de Acinipo y la lamentable situación en que se encuentran sus accesos. Unos por otros y la casa por barrer ,que decimos los rondeños y los que habitan los pueblos limítrofes entre las escarpadas alturas de la Serranía de Ronda.

El más claro exponente del asentamiento de Roma en el territorio que hoy responde al nombre de Ronda, fue la ciudad de Arunda, y a muy escasa distancia la de Acinipo, cuyo teatro nos retrotrae a la época de máxima expansión del imperio nacido en las orillas del Tiber. 
   Antes, en el mismo lugar o en las cercanías donde la ciudad se abre a la curiosidad de propios y extraños sentaron sus reales los celtíberos, una conjunción de pueblos celtas e íberos. También Tartessos tuvo sus ramificaciones en el lugar, un pueblo a caballo entre la historia y la leyenda que basó su economía en la agricultura del olivo y la vid, por lo que los historiadores que discrepan en cuanto si hollaron o no las tierras rondeñas – su asentimiento principal fueron las actuales provincias de Huelva y Cádiz, pero que extendieron hasta el sur peninsular, llegando hasta en norte de África, por lo que no hay que desdeñar su paso por las que sería el ámbito geográfico rondeño – sí están de acuerdo en que fueron los que impulsaron el desarrollo de este tipo de plantaciones, a las que Roma sacó tanto provecho. El vino y el aceite hispano que las familias nobiliarias se disputaban en la metrópolis.
    Roma aprovechó calzadas que cruzaban la península de norte a sur, y que han servido para el trazado de las carreteras actuales, y lo mismo hizo con los poblados que encontró a su paso. Es el caso de Acinipo, al que le cupo el honor de recibir el espaldarazo de Vespasiano, el cual le otorgó el derecho latino, emparejándola así con poblaciones como Córdoba y Sevilla. Una floreciente población de cuya importancia habla elocuentemente la construcción del teatro, cuyos restos han llegado hasta nuestros días.
   Pero Roma no se contentó con levantar de la nada y para la posteridad a Acinipo, que fue destruida por los vándalos en el siglo V, sino que a escasa distancia, sobre los cimientos de la que luego sería Ronda, se erigieron los muros de otra ciudad de no menor abolengo romano: Arunda. Surgió de los restos arqueológicos de antiguos poblados y tuvo vida propia independiente de Acinipo,coexistiendo ambas ciudades en el tiempo. Es la conclusión a la que llegan autores de la historiografía del lugar: No se fundó Acinipo por los colonos romanos cuando el Imperio daba muestras de su quebranto dando pie a la leyenda de Ronda la Vieja como refugio de los que huían los hacendados de Arunda.Una y otra gozaron del esplendor propio del aura romana y sucumbieron ante los invasores del norte, probablemente al mismo tiempo. Le cupo la suerte a Acinipo,de que se se respetara su teatro, y no fuese arrasado como el resto del poblado por las hordas germánicas.

    Hay historiadores que afirman que Acinipo fue fundado tras la batalla de Munda, hecho bélico que ocurrió en el año 45 a.C. Entre los ejércitos de Julio César y el de los dos hijos de Pompeyo, Gnaus y Sextus…
   Así mismo dan por sentado que Munda es el nombre dado a Ronda, cuando fue fundada tras la batalla bautizada con este nombre. Sin embargo, según Plinio, esta batalla tuvo lugar en el pueblo con el mismo nombre hoy cerca de Osuna, a unos 50 kilómetros al norte de Ronda, en la provincia de Sevilla. Acinipo por su parte, según acuerdo generalizado de los estudiosos de la historia local, fue levantado por los veteranos de la legión de César, mientras que Arunda se fundaría como población anexa, probablemente como resultado de conflictos creados por las legiones veteranas de Pompeyo. Para César Munda supuso una acción guerrera definitiva, después de la derrota de las fuerzas de Pompeyo en Grecia. Pero no se trató de un ejercicio de limpieza del enemigo: Diez mil romanos de ambos ejércitos perecieron. No hubo ni vencedores ni vencidos.
    Ambas ciudades se planearon respondiendo al pie de la letra de las que fundara Roma al paso de los territorios conquistados a los antiguos pueblos íberos, luego arrollados por el ímpetu de Cartago. El esplendor del imperio romano se reflejaba en sus estructuras y respondían ambas a una composición octogonal, forma que adquirían por el delineado de sus calles y el lugar en el que se levantaban las murallas y puertas de entradas, arquitecturas de colosales dimensiones, las cuales respondían a la importancia de los elementos constructivos que encerraban; así el teatro,símbolo cultural y lúdico que hablaba de la presencia de núcleos de poder como el cuerpo senatorial y los magistrados locales.
    Junto a las puertas de entrada se levantaban las necrópolis, ya que en las leyes de las XII Tablas se prohibía las inhumaciones e incineraciones dentro de la ciudad: “Ningún cadáver puede ser enterrado dentro de la ciudad” (Tabla número X)Pero había excepciones, como la de los niños que podían enterrados en la misma casa. Los potentados enterraban a sus muertos en sus fincas, pero eso sí, las sepulturas no podían construirse en terreno fértil. ABASCAL, J.M.”La muerte en Roma, fuente, legislación y evidencia arqueológica” pp 205-245.
    La necróplis de Acinipo, hallada en las cercanías del yacimiento arqueológico en el abundan vestigios de la ciudad, según explicaciones del director del Museo Municipal de Ronda, Bartolomé Nieto, que se encargó en su día de dirigir la excavación, data del siglo IV a.C. al I de la era cristiana. Consta de 42 enterramientos y se catalogó como íbero-romana. Se trataría de un crematorio de índole familiar, singular en Andalucía,región en la que no resultan abundantes este tipo de sepulturas, al menos por la parquedad de los hallazgos verificados hasta la fecha.
   Del total de sepulturas sólo una respondía al rito de inhumación, el resto correspondía al de incineración. Las conjeturas hablan de que al difunto lo entregaban al fuego purificador sin desprenderle de su vestiduras, después de introducirlo en una caja de madera; a renglón seguido cribaban los restos y la osamenta se introducía en urnas funerarias ya de cerámica, ya de piedra, que acaban en la necrópolis para su descanso eterno.
   Es de notar que las tapaderas de las urnas funerarias,en las que no encontró restos de ajuar, a excepción de objetos personales como hebillas metálicas de cinturón o joyas de adornos o sujeción de la toga, se asemejaban a techumbres de viviendas a dos aguas, indicativo de la última morada en que habrían de evitar tras la visita de la Parca. El enterramiento que denotaba una inhumación, por contra, si ofreció abundante muestra de elementos de adornos femeninos, ya que se trataba de los restos de una mujer. Así aparecieron objetos utilizados en vida de la difunta como un espejo de bronce, platos de cerámicas que sirvieron como mezclador de pigmentos de maquillaje y pequeñas perlas de cerámica coloreada que, al parecer, se empleaban como talismán para repeler el mal de ojo.

Fotos: Turismo de Ronda

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La mistela de antaño en los pueblos de Málaga
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José Becerra | 04-04-2016 | 10:31| 0

La mistela de antaño en los pueblos de Málaga

 

Hoy se encuentra del todo desterrada y nadie recurre a ella en celebraciones o fiestas hogareñas, aparte de algún que otro pueblo que la mantiene con todos los honores y que forma parte su arte culinario y ancestral, y que luego veremos. Antes, muchas décadas atrás, subía a las mesas emperifolladas con blancos manteles de los convites con ocasión de bodas, y sobre todo en las fechas precedentes al casorio en las fechas en las que el sacerdote de turno leía solemnemente las admoniciones, vulgo amonestaciones, que anticipaban los enlaces matrimoniales. Era para estas ocasiones la bebida preferida, barata, pastosa y melosa en grado sumo, siempre acompañada de la dulcería casera,en la que no podía faltar el mantecado de harina y grasa de cerdo, azúcar y ajonjolí por encima para darle color y sabor inconfundibles; y los pestiños con miel, de cumplida tradición, por ejemplo, en la zona de la alta y enriscada Serranía de Ronda.

Para los acontecimientos en el seno de los hogares hoy se recurre a vinos de calidad acrisolada y otros licores con etiquetas de solera para no ser menos que el vecino de enfrente en parecidas circunstancias festivas. Se soslaya incluso el espacio familiar y el festejo tiene lugar en locales públicos con lo que el agasajo adquiere tintes más rimbombante, aún en familias que no se pueden considerar de alto copete social.¡ Un día es un día, qué demonios!, puede que se digan y en ello se congratulan.

Pero volviendo a épocas periclitadas, ¿cómo preparaban las amas de casa la mistela que era insustituible en los días en la que la joven casadera se preparaba para el desposorio? Para recibir las prebendas por considerarse “pedida “ a partir de los “dichos” que preceden al rito del matrimonio y que se repiten en la parroquia durante la misa de tres domingos consecutivos,en la casa de la novia se recurría siempre a elaborar esta bebida para la que eran elementos insustituibles el aguardiente, el agua, la canela, cáscaras de naranja y limón y el azúcar tostado a partes sabiamente proporcionadas, que de esta tarea sabían mucho las viejas dueñas del hogar.

Como muestra un botón. En Pujerra, pueblo asentado en el alto Genal, con caserío blanco de cal y calles empinadas y pintorescas, presume con sobrada razón de la elaboración de una mistela que viene suscitando particular predilección. Sabemos que para poner a punto esta bebida serrana cien por cien se da excelentes mañas Catalina Sibajas, una mujer del pueblo que ya dejó sus años de moza décadas atrás, y que heredó esta disposición de sus mayores, con lo que se puede afirmar que se transmitió de generación en generación. Viene de lejos esta tradicional elaboración que a ciencia cierta completa como aliciente indudable la gastronomía local. Así explicaba ella cómo se llega al logro del procedimiento: “ Hay que dejar los ingredientes que se maceren con el aguardiente durante tres días, transcurridos los cuales se pasan por un tamiz para obtener al fin el preciado licor”.

La antigua mistela, obtenida por métodos seculares, tuvo especial arraigo en los pueblos malagueños y su paladeo nos hace rememorar desposorios y bautizos de un cariz bien distinto a los ritos actuales. Lástima que sea una costumbre en franco declive.

Foto: Cccina andaluzas.es

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Icarben, una empresa coronada por el éxito
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José Becerra | 31-03-2016 | 11:43| 0

 

Icarben, una empresa coronada por el éxito

Una empresa modélica en Benaoján

Acaba de ponerlo de relieve el secretario general del PSOE de Málaga y secretario general del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso de los Diputados, Miguel Ángel Heredia, en una visita realizada días atrás a la fabrica de embutidos puntera en el pueblo, acompañada de la alcaldesa del municipio, Soraya García; “Una empresa innovadora y generadora de empleo”, afirmó sin ambages.

Resultado de imagen de IMÁGENES DE ICARBEN

Benoján, uno de los pueblos blancos que jalonan la siempre mítica Serranía de Ronda, reductos de hombres indomables y aguerridos que protagonizaron en la llamada época romántica hazañas que hoy recogen los libros de historia con pelos y señales, también es una referencia obligada cuando lo que se trata es de hablar de la tradición de su industria chacinera. Brilló ésta siempre brilló a gran altura y hoy constituye un hito tecnológico al servicio de la calidad de sus productos tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

Los chorizos y las morcillas de Benaoján, además del lomo y el morcón -un embutido éste último que alcanza su grado óptimo de calidad si es fabricado con cerdos ibéricos criados en montanera y alimentados con bellotas- se elaboran con presas escogidas respondiendo a recetas tradicionales en las que entran en juego el ajo, la sal y el pimentón. Procedimientos artesanales todos que de forma artesanal y no pocas veces manual proceden de formulas de antaño. Procedimientos que datan de los tiempos heroicos de la industria chacinera del pueblo, que nació siglos atrás y cuyos pioneros – Manuel Carrasco, Curro Sánchez, Manuel Melgar…- marcaron el camino a seguir a los que luego habrían de recoger sus antorchas para que los productos benaojanos alcanzaran la fama de la que gozan hoy día.

De la nueva hornada de fabricantes locales de los productos del cerdo,ese animal hozador del que se dice que gustan hasta los andares, destaca la figura de José Castaño, alma mater de Icarben, una empresa de alto rango y que se inició décadas atrás y del que habría que decir aquello de que “ de raza le viene al galgo”( aunque sería más apropiado hablar de un león,no en vano este mamífero carnívoro figura en el logotipo de la empresa respondiendo a una antigua denominación familiar) y que respondería fielmente a su catalogación entre hombres audaces y valientes.

La vinculación de Castaño con los productos cárnicos datan de muchos años atrás. Apenas rebasado sus años impúberes ayudaba a su madre en las tareas de venta de carnes en un modesto puesto de venta local. Desde entonces su trayectoria personal siguió esta ruta,primero en calidad de empleado a sueldo en la por entonces ya acrisolada industria benaojana hasta su culminación en Alemania, inmerso en la oleada emigratoria originada en años críticos de la España decadente de los años setenta del pasado siglo. Se podría decir que fue en el país germano donde consolidó sus conocimientos en la fabricación de elaborados cárnicos y en destacado papel que en ellos representaba la charcutería.

Con este bagaje de conocimientos y poniendo en juego su calidad de emprendedor nato se erigió como fundador de la Icarben actual, una empresa modélica que hoy es una referencia obligada en el panorama industrial andaluz y,si me apuran,en el nacional por la calidad genuina de sus productos trabajados a conciencia. Los fabricados de la empresa mantienen , bajo la batuta de Castaño,ese toque artesanal que habla a las claras del pasado glorioso de una industria que fue santo y seña de este pueblo serrano surcado por el Guadiaro y singular por las abruptas sierras que le sirven como inconfundible telón de fondo y que posibilitan la curación en óptimas condiciones de los fabricados por la singular atmósfera envolvente.

El fundador supo recoger el testigo de calidad y buen hacer que fuera propio de los antepasados chacineros creando una empresa que hoy por hoy da trabajo a una cincuentena de personas sin que por ello se distorsione el carácter familiar que le fuera propio en los años primeros de su fundación.

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Manuel Alcántara, busto y estación
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José Becerra | 27-03-2016 | 15:40| 0

 

Manuel Alcántara, busto y estación

Se acaba de inmortalizar, si no lo estuviera ya en el Parnaso de la poesía castellana de todos los tiempos, la efigie de Manuel Alcántara. Esculpida en bronce con base de mármol por el artista Martín Merino, el busto del eximio poeta y articulista malagueño figurará con todos los honores de los que  es acreedor en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento de la ciudad. Allí lucirá en años venideros recordando a la posteridad el lúcido escritor que supo cautivarnos con la magia de la palabra exacta, el sutil verso y  la exquisita prosa periodística, fecunda ésta en artículos henchidos de fina ironía que no empañan ni muchos menos lo contundente de  acerados asertos vertidos con suma maestría.

   Pero este recuerdo perenne que el bronce troquelado nos deja entre otros preclaros malagueños en un lugar preeminente del Consistorio de la ciudad tiene su réplica en la calle, esa que pateamos los ciudadanos cada día en el constante ir y a venir de cada uno con los más diversos objetivos. Con muy bien criterio por parte de la Corporación Municipal se ha decidido además que en el  lugar exacto en el cual el metropolitano aflora al exterior en la Glorieta que ya lleva el nombre del eximio poeta  ostente además el de la estación, a saber, el de Manuel Alcántara. Se suma así a la estación principal de RENFE que responde a la denominación de María Zambrano como homenaje a la ilustre pensadora también oriunda de Málaga. Tal para cual.

   Desde los más remotos tiempos el hombre quiso inmortalizar a sus congéneres que en vida destacaron en las más variadas empresas ya fueses éstas las conquistas de tierras ignotas, las guerras en defensas del territorio propio; en  los inventos que hicieron la vida más grata y amable y acarrearon el progreso de la humanidad; o bien su destacado lustre en los ámbitos del arte: música, literatura, pintura…, no menos importantes para el gozo de la sociedad de su tiempo y la venidera.

   Confluyen en Alcántara las dotes del escritor nato en el que  la poesía y el artículo van cogidos de la mano. Para la composición encuentra siempre la palabra exacta y la expresión certera e incisiva revestidas de fina ironía, idóneas para transmitir su pensamiento mostrándonos un compendio  de sutilezas que el lector no tiene por menos que celebrar. La belleza de las palabras y el perfecto dominio de la morfosintaxis les son propios, como así mismo hace gala de perfecta armonía en la composición poética y en la creación y el justo empleo de imágenes literarias y la transmisión de su pensamiento y posición ante el acontecer cotidiano de la vida, a veces de la suya propia, como estos decidores versos suyos:

“Manuel, junto a la mar, desentendido;

 hubo una vez un niño en la bahía.

Y hay un hombre de pie sobre

mis huellas indefenso y sonoro,

 a ras de Manuel, junto a la mar, desentendido;

hubo una vez un niño en la bahía.

Y hay un hombre de pie sobre mis huellas

indefenso y sonoro, a ras del suelo,

que se irá mientras hacen las estrellas

propaganda de Dios allá en el cielo”.

   Y es que Alcántara,  en la mayor parte de sus poemas,  deja entrever al propio  tiempo  que es un profundo filósofo. No podemos sino celebrar que en Málaga existan invocaciones que marquen y perpetúen un escritor que raya en tan alta altura.

 

 

 

 

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El Niño del Huerto de Benaoján
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José Becerra | 23-03-2016 | 09:49| 0

Esta jornada festiva, que en Benaoján de celebraba por todo lo alto, habrá seguido otros derroteros: ahora  en un encinar en las proximidades del pueblo-pero el espíritu y la significación se mantienen inalterables a través de siglos, cuando la fiesta no salía del conjunto del caserío, siempre blanc, siempre blanco e  impoluto. En una plazuela revestida con todos los  atributos  de un jardín florido  se acogía la imagen del Dios Niño y en su torno sonaba la música y todo era color y  alborozo.

Si  en el transcurso de la Semana Santa son mínimas las referencias que cabrían destacar, es en su epílogo cuando un acontecimiento de índole entre religioso y profano  concede a este pueblo notable protagonismo haciendo que destaque de los del resto de la Serranía de Ronda. Es la celebración del Niño del Huerto, en el domingo de Resurrección.

Entra, en efecto, en ese tipo de acontecimiento de carácter local que trasciende de la propia comarca y suscita interés y curiosidad fuera de ella por la singularidad de sus raíces y la insólita “puesta en escena”, a juzgar de sus organizadores, casi siempre espontáneos que no se perdonarían la pérdida de la tradición remontada a finales del siglo  XIX.

Las fuentes documentales hablan de los inicios de la fiesta como del intento de plasmar en la mentalidad campesina y escasamente instruida de la época el misterio  de la muerte y resurrección del Mesías echando mano de la alegoría y lo anecdótico.

Tras el martirio y muerte de Jesús en la cruz se anuncia a la Virgen su vuelta a la vida terrena, hecho que en los primeros asentamientos cristianos del antiguo Ben-Oxan de origen árabe(el Benaoján de hoy), interpretan a su modo y lo sitúan en un huerto en donde Cristo reaparece pero encarnado en un tierno Infante.

Hasta allí llega su Madre después de  buscar inútilmente por las calles del pueblo (suceso que se plasma en la procesión de la imagen por las principales calles al atardecer), acto que se desarrolla entre el regocijo de todos, y con Hijo regresa hasta el templo bien entrada la noche.

¿Se imaginan un huerto espléndido en mitad de una población? Palmeras, agua, frutos… Un lugar idílico para pasar una feliz jornada entre bailes y actuaciones de orquestas, desde las primeras horas del día, momento en que el Santo Niño hasta allí se traslada en medio del bullicio de la gente joven que lo transporta en adornada andas y el alegre repicar de las campanas de la iglesia del Rosario.

En la jornada festiva, alargada sin solución de continuidad hasta que la extenuación comienza a hacer mella en los participantes, tiene como protagonista indiscutible, además de la imagen del Niño del Huerto presidiendo todo el acontecer, el roscón que se alza como símbolo de la festividad y que pende como vistoso y exquisito fruto de la arboleda del improvisado vergel.

Docenas y docenas del delicioso dulce de harina, huevo, anís y azúcar especialmente elaborado para la festividad serán degustados a lo largo del día, amén de los que se adquieren para consumir posteriormente o para regalarlos a familiares y amistades de dentro y  fuera del pueblo.

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El Cautivo que cautiva
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José Becerra | 20-03-2016 | 09:11| 0

 

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El Cautivo que cautiva

JOSÉ BECERRA

 

No fue tan concurrida la mañanera procesión del Cautivo de este año que marca  el inicio de la Semana Santa de Málaga, ni por desgracia cubrió todo el itinerario habitual. Pero eso no restó ni un ápice de la intensa emoción que este acto litúrgico produce a los fieles que siguieron sus pasos.No faltaron como siempre las lágrimas difícilmente contenidas ni la oración contrita y callada.

Hace  un par de lustros,  poco más o menos , el otrora alcalde de Málaga Pedro Aparicio hablaba en las páginas de este mismo periódico sobre la necesidad de la relajación  de  nuestro espíritu en los días bullangueros dela Semana Santa.Exaltaba la “soledad sonora”, lejos del tumulto cofrade callejero, que él encontraba en la música de Mozart, Haydn o Palestrina. El dulce retiro hogareño impregnado el rincón preferido con motetes, misas y réquiem.  

 Compartía su predisposición en la búsqueda del gozo tranquilo y personal que pueden proporcionarnos los acordes de una sinfonía. Bach fue quien declaró que los objetivos principales de la música son los sentimientos. Si el músico interpreta con el corazón y se compromete emocionalmente con la obra, el éxito estaba asegurado. Sonatas y fantasías me parecieron como al exalcalde malagueño un buen refugio para estos días.

Hasta que contemplé al Cautivo.

En la recién estrenada madrugada, en el silencio del día incipiente, (tal era que podía oír junto a mi propio resuello, el de los que se apelotonaban a  mi alrededor para  no pederse el prodigio), sobresaliendo de un mar de cabezas y hombros, caminante silencioso hacia el martirio.

Me habían hablado de este momento mágico de la semana malagueña por antonomasia. Y la realidad de vivirlo, la embriaguez de los sentidos, la embargante emoción que experimenté superó  los comentarios encomiásticos. No fue ciertamente una soledad sonora, sino callada.

 Para mí el prodigio de lo que una imagen serena y mayestática puede producir, sin magnificencias y alardes ornamentales, tempero, consuelo,  para el alma. La mejor música era la sublime exaltación de lo sencillo, la elevación hasta el culmen de la conformidad del sufrimiento. La aceptación del eccehomo  que se  entrega por la universal causa de la salvación. La muchedumbre, como si sintiera la culpa sobre sus espaldas, implora, reza, llora y calla.

  ¡Que se calle el clarinete, que enmudezca el oboe, que se apague el redoble del timbal!; ¡el clavicordio que enmudezca, el violoncello y el fagot y las violas que cesen en  sus armonías!…

 En la tímida claridad matutina, en las calles de Málaga, ante el Hospital Civil y el puente hay otra orquesta poderosa, sumamente acompasada, infinitamente imperceptible y sonora, se presta para dejar oír sus sones. Es la orquesta del Universo, la del Gran Hacedor, que rompe la mañana de Málaga para saludar al Cautivo, cuyos acordes suenan para acompañar la desolada figura del Reo por excelencia, el de la blanca túnica…

 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.