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Ayuntamientos cumplidores
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José Becerra | 27-09-2014 | 10:19| 0

 

http://www.ayuntamientoronda.es/images/medios_comunicacion/imagenes/ayuntamiento_cuidadora.jpg

 

Ayuntamientos cumplidores

En estos tiempos en los que el pan nuestro de cada día son los despilfarros de las entidades supramunicipales  y las menguas escandalosas en sus arcas por mor de negociados y organismos inherentes de toda índole,  causa satisfacción que los ayuntamientos de España y Málaga y por los que nos toca, los de la Serranía de Ronda, cumplen taxativamente el objetivo de estabilidad presupuestaria como el Gobierno central  especifica y demanda.

    Gastan lo que tienen y se muestran renuentes a ir más allá de sus posibilidades económicas, o sea que hacen equilibrios para mantener sin altibajos las entradas y salidas de peculios y parece que lo logran. Se acabaron las alegrías y se aprietan el cinturón y eluden los créditos bancarios que a la larga esquilman el remanente y empobrecen los presupuestos. Como dicen con facundia los más viejos del lugar serrano: “Uno a ganar y cinco a gastar, milagrito será ahorrar”…

   Los ayuntamientos serranos se aprietan, pues, el cinturón, que  a la fuerza ahorcan. Se apuntaron en el 2013 a la estabilidad presupuestaria ya que desde altas instancias administrativas no iba a venir a sacarles las castañas del fuego. El  Ministerio de Cristóbal Montoro esta satisfecho con ellos, preconizó el  equilibrio en los presupuestos locales, y sin contar los ingresos y gastos no financieros – deudas con las entidades financieras y el consiguiente pago de intereses por la deuda – se puede decir que cumplieron a rajatabla las disposiciones emanadas desde arriba. Con todo, hay algunos consistorios, como es el caso de Algatocín, que sacó los pies del tiesto, aunque con cantidades escasamente relevantes que sobrepasaron, no obstante el montante de las entradas,

   De los fielmente cumplidores con Hacienda, cabe destacar  que  todas las poblaciones de la comarca rondeña, incluida Ronda,  cuyo balance en positivo ronda casi los 6 millones, que no moco de pavo, abrazaron las directivas estatales y del erario público y se mantuvieron sin desbocar sus finanzas.

   Parece que los alcaldes y mandatarios municipales van entrando en la senda que prescribió el Viejo Profesor y alcalde de Madrid Tierno Galván (seguramente haciéndose eco de un dicho antiquísimo) y que intentó hacer suyo:” Cuando administréis el dinero de vuestro pueblo, hacedlo como si fuera el vuestro, y así evitaremos tantos dislates y excesos”.

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Los tejeringos de María Elvira
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José Becerra | 24-09-2014 | 09:43| 0

 

 

Los tejeringos de María Elvira

JOSÉ BECERRA

Ahora son noticias los pueblos de la provincia porque son refugios de un turismo de carácter rural que ha venido a suplir en parte  sobre todo en los de los valles del Guadiaro y del Genal unos antiguos medios de vida basados en pequeñas industrias alimenticias- embutidos y quesos-, por lo general y una incipiente agricultura que tiene en el olivo, el castaño o el almendro, amén de los inmensos alcornocales cortesanos su mejor exponente. Aún persiste y se muestra próspera, a raíz de la vuelta al terruño de quienes se ven arrojados de las ciudades a causa del paro que les aflige.

La contrapartida es que en los pueblos de hoy se quebró para siempre el silencio de antaño; a la tranquilidad le siguió el desasosiego, y ya no son sino sombra de lo que antaño fueron. Es el caso de Benaoján orillado en el Guadiaro que también perdió su poderío de río de tumultuosas y cristalibas aguas.

Las magdalenas con  que su tía  premiaba amorosamente cada tarde a Marcel Proust en sus años de niñez sirvieron para que en edad madura el escritor polaco recordara con fruición y delicada nostalgia los años más candorosos de su vida y el marco en el que estos se desarrollaron: las calles, avenidas y plazuelas de su Paris natal.´”En busca del tiempo perdido” es una gran novela que sirvió al autor reverdecer sus primeros años de existencia, proyectándolos en el presente y anticipando vivencias del futuro.

No son las magdalenas, con ser unos dulces que me deleitan, las que me retrotraen al Benaoján de mis años impúberes, sino los tejeringos de María Elvira. La tejeringuera  María Elvira – pelo canoso e hirsuto, tez morena, surcada de arrugas incipientes; delantal de percalina sobre el vestido oscuro-, tenía su puesto de la fritanga en la misma casa en la que habitaba junto con su familia, pero sólo en los meses de invierno: las lluvias, que antes eran más abundantes y persistentes que las de ahora le hacía buscar el resguardo de la vivienda para su negocio y el acomodo de su clientela.

En los veranos, no. En los veranos ponía el tinglado – hornilla con leña de olivo para el fuego y perol, que más que recipiente a mí se me antojaba tina o caldero que por su tamaño bien podía servir como bañera – en medio de la calle, buscando siempre al socaire del viento que hacía prender vivamente los tarugos de olivo.

Esa era la razón que sólo en los meses de estío el olorcillo de los tejeringos fritos (entonces muy pocos en la Serranía de Ronda utilizaban el sinónimo de churro) se expandiera e invadiera calles y rincones llegando a buena parte del pueblo, en los años 40 y 50 del pasado siglo muchísimo más reducido su extensión que  en los tiempos de hoy.

A los efluvios inconfundibles de los tejeringos se unía el del pan recién hecho de la tahona de Máximo, a la sazón vecino de la churrera. Con lo que las amanecidas del pueblo eran un acorde de gratos aromas prestos para despertar  el apetito nada más poner uno los pies fuera de la cama.

Los tejeringos los hacía María Elvira invariablemente en forma de rueda. Una espiral, primero blanquecina y pegajosa, que la churrera haciendo presión sobre la mesa que introducía en un armatoste de hojalata reluciente, iba dibujando sus gruesas líneas sobre al aceite puro de oliva caliente, que entonces no había otro y que, seguramente procedía de las tinajas del Molino del Santo, el hoy hotel de lustre y prestigio con el mismo nombre.

Me fascinaba el chirriar de la mesa en contacto con la grasa vegetal y cómo engordaban las ruedas al toque maestro de las varas calcinadas con que María Elvira las hacía danzar y evitar que se pegasen entre sí, para luego levantarlas, lustrosas y orondas, y depositarlas sobre la hoja de papel de estraza Luego, lo pone en las manos del cliente de turno, que sale pitando en busca del cafetito caliente o el chocolate espeso, que también acompaña a los tejeringos: Una rueda, una peseta.

La rueda sustenta con suficiencia la media jornada, no sólo de los que como yo, en aquella edad no tenían otra obligación  que acudir a la escuela cada día – la escuela de los Escambrones siempre sometida a la vigilancia del cerro del  cerro del Zuque, enfrente y a unos escasos trescientos metros -, sino que mantenía en pie lo mismo a quien tenía que pasar la mañana subido en un andamio,  a las que enristraban chorizos en algunas de las fábricas chacineras, o el había de permanecer pegado al terruño labrando en la heredad de las afueras del pueblo, así era de grande y suculenta.

En mis cada vez más esporádicos retornos al Benaoján que me vio crecer y llegar casi a la senectud hecho en falta muchas cosas, las cuales, como los churros con los que mi madre me obsequiaba cada día, sigo añorando. Atrás quedaron los amaneceres restallantes apenas despuntados el día, resbalando sobre la sierra de Juan Diego. O la nebulosa imagen del Conio, vigía eterno del pueblo, o las Canchas enriscadas  tan cercanas con los calveros de hinojos y palmeras – ¿volveré a comer alguna vez las uvas palmeras, buscadas con ahínco para disfrutar de su pulpa tan gratuita como gustosa?- , las calles silenciosas en horas nocturnas, el batir de la lluvia sobre los cristales de mi ventana, el regocijante grupo de los vecinos sentados en el escalón de sus viviendas esperando que durante las noches de estío la brisilla de la sierra se levantase para poder respirar a placer.

Extendió sus tentáculos de ladrillo y cemento el pueblo y las zonas con visos de residenciales usurparon el lugar a las casitas achaparradas, de un blanco de cal lujuriante, en vivo contraste con  las pardas tejas moriscas, resabio de una arquitectura tan rústica como popular que perduró durante siglos. Y el pueblo que añoro fue poco a poco perdiendo los flecos de su antigua imagen. Casi se me antoja un pueblo nuevo y diferente. Ni conozco a la mayor parte de su gente, ni ésta me conoce a mí. Se rompieron los lazos, se deshizo el hechizo, se quebró la antigua atracción. Nada es como antes. Puede que los benaojanos se desayunen con churros, pero será imposible que sus efluvios lleguen a todos los rincones del pueblo. Como ocurría antes con los tejeringos de María Elvira.

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Benaoján otra vez en la controversia
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José Becerra | 20-09-2014 | 10:44| 1


 soralla

En honor a la verdad hay que admitir que si se habla en estos días de Benaoján no es porque los convecinos sean objeto de controversias. Los dardos de la crítica se dirigen directamente hacia su alcalde, Paco Gómez, que no es la primera vez que suscita la animadversión de buena parte de la población, convenientemente orquestada por la oposición socialista encabezada por quien ostenta la portavocía  de esta formación política, a saber, Soraya García, la cual no acostumbra a tener pelillos en la lengua cuando de lo que se trata es de airear el comportamiento del edil en el desarrollo de sus funciones consistoriales.

    Los rifirrafes entre el regidor y la opositora no cesan y ya se habló hasta la saciedad,  por citar uno de los episodios más recientes en el pugilato que viene muy de atrás, de la contumacia de Gómez en fumar en los plenos contra el parecer de la socialista, quien puso el grito en el cielo por este preceder, que bien mirado, no deja de ser arbitrario y nada plausible.

   Lo que Soraya García recrimina ahora al primer edil es que se haya saltado a la torera en un pleno del pasado agosto un par de asuntos, entre otros, que se consideraban de suma importancia para el pueblo, a saber, la bajada del IBI, que la vecindad considera excesivo – como vecino y propietario de inmuebles puedo far fe de ello –  y un supuesto reparto del Banco de Alimentos que se cree arbitrario. Ambas cuestiones fueron, al parecer, “vetados a votación”, una decisión que encrespó los ánimos de la portavoz socialista y que la llevó a interponer una demanda  que judicialmente acabó con darle la razón,  pero que no fue óbice para que Gómez la recurriese con celeridad.

   El contencioso administrativo terminó por dar la razón a la parte querellante y obliga al alcalde a rectificar. Otra cosa que es que se muestre o no renuente a aceptar la decisión,  que  no es persona que se amilane fácilmente, de ahí su recurso elevado a las instancias correspondientes (con el gasto notorio que eso conlleva).

   Los socialistas, los locales y los provinciales, se han mostrado duros contra la actitud del regidor y no han dudado en esgrimir ásperas argumentaciones sobre su proceder y manera de conducir los destinos del pueblo.

  Dura lex sed lex, que decían los latinos, y que traducimos libremente  por Dura ley pero ley. Toca acatarla más allá de los encontronazos de los políticos de turno. Lástima que se hable de Benaoján por estas cuestiones y se obvien otras que sí nos gustaría que saliesen a la palestra y que nos encrespen el sentir ciudadano.

Foto: Soraya García en una de sus intervenciones ene el pleno

 

 

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El PP tras los votos emigrados
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José Becerra | 18-09-2014 | 09:35| 0

Las citas electorales de 2015 que están a la vuelta de la esquina obligan. El partido que hoy rige nuestros destinos y cuyos postulados germinan y florecen en  la sede de la madrileña calle de Génova, 13, decidió propugnar reformas  vigentes en el ordenamiento legislativo y postergar leyes que ya obtuvieron el beneplácito en sede parlamentaria.

   Proclama que en los pueblos y ciudades del país serán alcaldes los que encabecen las listas más votadas, exige la reducción de los aforados (de más de 17.000 pasarán a solo 22(los Reyes, los presidentes del Congreso y el Senado y los de las Comunidades Autónomas, el ministro Alberto Ruiz Gallardon, dixit), y se aplaza `sine die´ la ley del aborto,  cuyo proyecto  el responsable de Justicia sacó adelante en la Cámara Baja, apuntándonse un notable tanto a su favor.Ahora anda el hombre cariacontecido porque el imperturbable Rajoy, que jamás echa en saco roto las proposiciones de su mentor Pedro Arriola, teme que esta última propuesta mine aún más la de por si ya erosionada cantera de votos.

Esta cuestión última sin embargo no es de fácil resolución. De salir adelante la multitud de quienes  abogaron  a voz en grito por el aborto,  que se confundía con la libertad de la mujer para decidir sobre su vida según la doctrina que pergeñó la exministra  socialista Bibiana Aído años atrás de infausta memoria,  no cabe la menor duda de que le sumará algunos votos tal vez de una izquierda que no comulga con una  decisión contraria.

   Pero lo que  parece incuestionable es que los perderá a raudales los provenientes de los sectores tradicionalmente conservadores que esgrimen el derecho a la vida de los nasciturus. ¿Cómo contentar a unos y otros? That´s de question, que dijo el personaje shaquesperiano sumido en un mar de dudas existenciales. O sea, en romance paladino ¿Qué se ha de hacer? Difícil lo tienen.

   La lucha por la recuperación del voto emigrado, algo que se hizo palmario en los comicios europeos últimos, es una ingente labor en la que los peperos se hayan sumidos. Tendrán que hilar muy fino para hacer  a los que huyeron en desbanda que vuelvan al redil. De ahí que no extraña que desentierren antiguas  propuestas y anuncien o aparquen otras a conveniencia. “Da el sartenazo, quien tiene la sartén por el mango”, que dicen en la Serranía de Ronda los viejos del lugar.

 

 

 

 

 

 

 

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Alcaldes elegidos por el pueblo
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José Becerra | 15-09-2014 | 10:05| 0

Presumo que en el titular que escojo para estas líneas encierra el meollo de la cuestión. De lo que se trata es de que a la hora de elegir un alcalde de una población de mayor o menor envergadura, sean los ciudadanos de a pie quienes decidan. En otras palabras, que los políticos queden en segundo plano y sea la vecindad quien ocupen el primer lugar llegada la hora de a cercarse a las urnas para decidir a los que  han de regir su destino en un periodo de cuatro años.

   O sea, elección directa, que es lo que propugna el presidente del Gobierno y sus incondicionales del partido. Naturalmente, como no podía ser de otro modo,  le han saltado a la yugular tanto el PSOE (curiosamente defendió la misma propuesta a capa y espada en su programa electoral en años cuando acariciaba el poder, año 2004) como alguno de los partidos emergentes, caso de Podemos (que no oculta sus proclamas de que los políticos se acerquen al pueblo y no echen en saco roto sus anhelos, con lo que no se puede dejar de ver una flagrante discordancia).

   De aprobarse esta ley, que vendría a reformar lo que prescribe la Constitución al respecto (artículo 140: la elección de los alcaldes la harán los concejales o los vecinos) se sabría el nombre del alcalde (o de los dos alcaldes aspirantes, si se exige una segunda vuelta) en el mismo momento en culmine el recuento de votos sobre la consulta.

  Se acabará así con los conciliábulos y camarillas  en los despachos en los que unos pocos eligen a aquél que ha de ostentar la vara de mando durante los próximos cuatro años dándoles las espaldas al electorado, ajeno a los pactos hasta que no se hacen públicos, y que no pocas veces proclaman el  descontento y el rechinar de dientes.

   No es que se proscriban los pactos, pero a condición de que se establezcan antes y no después de consumados los comicios, o sea a toro pasado. Para que el desencanto no aflore en el rostro de quienes decidieron ejercer su sacrosanto derecho al voto y se vean burlados en sus intenciones.

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¿Quién teme a Podemos?
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José Becerra | 13-09-2014 | 10:03| 0

¿Quién teme a Podemos?

 

Podemos irrumpió en el panorama político con una fuerza indubitable en los últimos comicios europeos. Los resultados sorprendieron a muchos, los componentes del grupo emergente incluidos. Seguramente no esperaban que se alzaran con la victoria, que bien mirada lo es, en cuanto que consiguieron mucho más de un millón de votos, lo que nadie pensaba como posible. Y no parece que vaya a quedar ahí la cosa.

   Hay sociólogos de altura que prevén un proceso  vertiginoso en las consultas electorales que están al caer: municipales, autonómicas y generales. En estas últimas vaticinan nada menos que tres millones de votos. ¿Llegó Podemos al escenario político español para quedarse? Todo apunta a que sí. Culebrea el movimiento por pueblos y ciudades y formaciones que hasta hace nada iban por libre no dudan en abrasar su bandera. Muy de cerca le sigue los pasos Ganemos: ambicionan candidaturas aglutinando movimientos ciudadanos y partidos de  la izquierda para  creer un frente beligerante común.

   Hay que decir, no obstante, que no solo de la izquierda, bien aferrada en la provincia por cierto, parece que vayan a surgir los votos: la deriva a Podemos de  gente que siempre optaron por candidatos de derecha parece incontestable. Como fruto del hartazgo que produce la permanencia y alternancia de los dos grandes partidos en el poder y el desafecto y cabreo que vienen provocando en los últimos tiempos,   sobre todo en las clases de la sociedad menos favorecida,  es posible que haya quien se decante hacia este movimiento novísimo, el cual,  sin bien hay quien califica de populista,  no deja de ser  cierto que muestra  reivindicaciones que no pueden dejar de  sonar bien en los oídos de quienes la están pasando canutas para subsistir.

   Es muy posible que Podemos se hace como tercera fuerza en los comicios generales que están en puerta – las consultas demoscópica así lo aprecian – , desde luego le viene comiendo el terreno y ¡de qué manera! al PSOE. ¿Quién les teme, pues? Sin duda la partitocracia instalada que mira receloso su ascenso. Y no parece que sea un temor infundado.

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Madre de leche
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José Becerra | 11-09-2014 | 09:38| 0

Nos cruzamos, mi madre y yo, con una mujer en la calle. No era la primera vez que, siendo niño, la había visto atravesando una plazuela o doblando una esquina del pueblo. Era una mujer robusta, aunque el paso de los años había entrado a saco en su cuerpo. Su cabeza, otras veces erguida, buscaba el suelo y su tez, clara siempre, se había ennegrecido. La mujer, en los años en las que la conocí, siempre iba vestida de negro.

Pero eso era una costumbre generalizada en los pueblos de la Serranía de Ronda: a partir de cierta edad, la cincuentena o así, las mujeres abandonaban los colores en la vestimenta, y vestían rigurosamente de negro, aunque no tuviesen que lamentar desgracia de muerte próxima.

“ Esa mujer te amamantó cuando naciste”, me dijo mi madre, señalándola. Me explicó que cuando  yo acababa de nacer padeció unas calenturas que le impidieron darme su leche y hubo que recurrir a la de ella, que por las mismas fechas había traído otra criatura al mundo. Me dijo mi madre a reglón seguido: “Esa es tu madre de leche”. Eso me dijo. Y desde entonces excuso decir con el respeto que miraba a aquella mujer cuando me lo tropezaba en la calle.

¡Cuánto debe saber ella sobre mí que yo ignoro! Mi avidez que supongo en vaciar los senos  prolíficos, mi afán por succionar sus pezones, mi expresión de beatitud que imagino después de  satisfechos mis anhelos primarios… Mi madre me dio la vida, eso era innegable, pero ¿qué no deberé a aquella mujer que me dio el primer sustento, mientras me acunaba en sus brazos? Después, cuando me topaba con ella ocasionalmente en alguna de mis esporádicos regresos al pueblo, me quedaba mirándola ensimismado, sin decir nada, y seguía sus pasos lentos y su figura leve y ya incipientemente encorvada. Ella me miraba en silencio, sonreía y seguía su camino.

Me contaba mi madre, cuando salía a relucir aquella etapa de  mi vida, envuelta todavía en el limbo de la inconsciencia (pero no lo suficiente como para que en aquella nebulosa en la que se abrían pasos los sentidos no se aprendiera para no olvidarlo jamás los rostros que se asomaban con amor y curiosidad a nuestra insignificante humanidad);  me contaba que a cambio de la leche que desde sus pechos yo bebía con avidez (“con rabia muchas veces”, me decía) ella le entregaba cierta cantidad de dinero cada vez que me hacía disfrutar del maná espléndido de su cuerpo.

Junto con las monedas le entregaba algunas dádivas en especie: Harina candeal para que amasara buen pan, legumbres y avíos para el cocido de cada día (ahora me consta que la “olla” de garbanzos, con carne de chivo y tocino entreverado, era el plato diario que sustentaba a las familias trabajadoras de la comarca rondeña); y, si se terciaba (“convenía que la leche, tu leche, fuese abundante y que no te faltase”, me recalcaba), la torta de aceite, azúcar y chicharrones que religiosamente mi madre se hacía hornear en la tahona del pueblo.

Cuando me enteré de la muerte de  mi madre de leche me acerqué a su pobre tumba. Sus restos descansaban no muy lejos de donde lo hacen los de mis padres. De un ramo de crisantemos que destinaba para ellos separé unos tallos y los deposité sobre la tierra, junto a una cruz de piedra encalada. He venido ofreciéndole esta muda ofrenda siempre que me acerco al campo santo.

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El habla popular de la Serranía de Ronda (I)
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José Becerra | 08-09-2014 | 10:33| 0

 

 

He ido atrapando in situ y al vuelo el modo de expresarse de gente con escasa o nula formación escolar, lo que no quiere decir que los del lugar aún con lustre universitario no lo hagan de este modo llegada la ocasión, que lo popular que viene de pueblo no se puede considerar como privativo de nadie. Pero, en fin, es cierto que mis fuentes de información han sido la gente con oficios que se encasillan, no sé si con acierto, como bajos y escasamente remunerados

 

Pródiga es la A encabezando la lista de los dichos serranos. A ella se acude más que a cualquier otra grafía con la que testimoniar la peculiar forma de establecerse la comunicación y dejar constancia mediante el habla de las infinitas formas a las que se recurre para mostrar una intención, un estado de ánimo o un sentimiento; las más de las veces una situación, un comportamiento, o una circunstancia precisa.

El serrano echa mano de ella con mucha frecuencia para dejar constancia expresa de lo que ve, escucha o siente en su torno; las más de las veces enjaretando vocablos cuyos significados habrán de escapárseles a quienes lo escuchan por primera vez. O, sabedor de su significado, ignora el sentido que aquí se le da, casi nunca coincidente con el comúnmente aceptado y admitido por la norma.

Le dio un aberrunte al andova y se lió a palos con el vecino. De aberrunte calificó, en efecto, quien presenció la escena, la repentina reacción de alguien que sin mediar palabras, pero seguramente porque en su interior regurgitaba alguna ofensa anterior, zurreó la badana sin previo aviso a su prójimo.

Hubo que huir de él a espetaperros ( de estampida o con pies en polvorosa) El sueño o el hambre se manifiesta con abrieros de boca, lo que en romance paladino son bostezos. Está abombao el que no hace o dice lo que debe. Acelerao no es quien lleva mucha prisa, puede permanecer sentado y estarlo. En cambio, lo que quiere decir que se encuentra nervioso, que algo en su interior le mantiene inquieto y febril.

Está abrigao no el que luce prendas contra el frío, que también, sino el que dispone de un capital que sobresale del de los demás. Resultas de esta excelente condición social tiene el rostro achinao, o sea, lustroso y de buen ver; pero todavía hay quien le recuerda cuando de niño iba con alpargates y estaba acumuao en un cortijo: guardar ganado y lo comido por lo servido.

Ajumado, que según el diccionario de la RAE, se refiere a alguno que empinó el codo más de la cuenta (alpistao, apipao) se emplea en el territorio con la misma acepción; no, en cambio, ajumársele el pescao que indica a quien utiliza la expresión que está a punto la armar la de Dios es Cristo. A ese alguien hay que temer porque está amontunao ( se comporta como los alimañas de vivir siempre en el campo), y si alguno le hace frente .¡Allá película!.

Abrígate bien, no cojas la gripe, que hay andancias, exhorta la madre a su vástago, temerosa de la epidemia catarral,y ponte allaílla que hay corriente. Luego, la matrona, irá ancá el carnicero por los avíos para el puchero. Tiene en la cabeza que aquél le eche alguna añiura porque antier el peso estaba rabón. La toca con que cubre la cabeza está apercoía, pero la carnicería está a dos pasos.

Los arrieros conducen las recuas de mulos hasta allí arribota, donde la bodega. Aramplan cada uno cinco arrobas de mosto y bajan luego por la misma escalareta mal empedrada. ¡Arrojaos que son!, se dirá de ellos.

A un niño travieso se le aspa el culo y es mano de santo, así obedecerá atometé (de prisa y corriendo). Recordará la zurra aventistate (para siempre jamás) Para la feria hay que hay atacado (con un atuendo decente). Claro, que si a alguno no se le permite ir puede que se ataque (le entre un berrinche de tomo y lomo).

 ABANCALAR: Preparar un terreno pendiente en bancales para su aprovechamiento: Si no abancalo las tierras no podré sembrar las lechugas.

 

ABANDONAO. Abandonado. Persona dejada, poca limpia o escrupulosa: Ahí lo tienes, un abandanao, desde que se le murió la mujer.

 

ABARRUNTAR. Predecir con tiempo cualquier cosas: Abarrunta la lluvia como nadie.

 

A BASE DE BIEN. Expresa lo que una acción posea de bueno o abundante: Bebimos a base de bien, corrimos a base de bien, comimos a base de bien.

 

ABAYALDE. Polvos blancos para pintar pecunias superficies: Y al quicio de la puerta le di con un poco de abayalde y se queó mu bien.

 

ABEJARRUCO: Abejorro. Escarabajo: Los abejarrucos negros traen mala suerte.

 

ABERRUNTO. Capricho, manía: Le ha dao un aberrunto y ha dejao a la novia.

 

ABENATE. Arrebato. Locura:Le dio un abenate y salió detrás de nosotros con un garrote.

 

ABOGAO DE SECANO. Alguien que intenta aparentar que sabe mucho pero que no sabe de nada. También se dice de cualquiera otra profesión u oficio practicado por alguno que no los domina: Ya lo dijo el maestro de secano, se dice burlonamente.

 

ABOMBAO. Desorientado, confundido: Si no entiendes lo que digo es que estás abombao.

 

ABORREGAO. Cielo cubierto a trechos de nubes blancuzcas: El cielo está aborregao, seguro que mañana llueve.

 

ABRIERO DE BOCA. Bostezo repetido: Se nota que tienes hambre o sueño porque ¡vaya abrieros de boca que tienes!.

 

ABRIGAO. Económicamente desahogado: No hay más que ver el coche que tiene para saber que está bien abrigao.

 

ABUERO. Agujero: Por este abuero se escapó el conejo.

 

ABUJA. Aguja: Como no veo bien necesito la abuja con el ojo grande.

 

ABULAGA. Aulaga. Planta que no tiene otra utilidad que quemarla, por ejemplo, para desollar los cerdos en tiempos de matanzas caseras.

 

ABURRICIÓN. Situación exasperante. Este baile es una aburrición.

 

ACÁ. A casa de… Pa el tapeo lo mejó es ir acá Miguelito, el Café.

 

ACAÍLLA: Aquí. Lugar de donde se habla . Vente acaílla y arrímate a la candela (brasero).

 

ACANSINAR. Cansar: A este lo alcanzo enseguía, lo tengo ya acansinao.

 

ACARTONAO. Tieso, lento en los movimientos: Con esta camisa parece que estoy acartonao.

 

ACABAR. Con !Acaba ya de una puñetera vez!, se expresa el fastidio de lo que un interlocutor cargante expone.

 

ACEBUCHAL. Lugar en donde abundan los acebuches. Hay un acebuchal en casi todos los pueblos. Por la verea del acebuchal me saltó ayer una liebre así de grande.

 

ACEBUCHINA. Aceituna menuda del acebuche, que no se aprovecha. Las acebuchinas para los mirlos.

 

ACECHAERO. Lugar propicio para acechar a las aves de caza, como las perdices, para cazarlas al vuelo. Acurrucao estaba en acechaero cundo me saltó una perdiz. Apuntar y echarla al suelo fue todo uno.

 ACELERAO. Acelerado, nervioso. Yo en cuanto escucho voces me pongo acelerao.

 ACERCARSE. Llegarse. Ir. Me voy acercar a la plaza a ver si lo veo.

 ACHANCARSE. Ante una discusión o pelea, eludirla. Viendo las de perder acabó por achancarse y se marchó.

 ACHANCÓN. Se dice de la persona que ha envejecido a ojos vista. ¡Hay que ver el achancón que ha dao la Antonia en poco tiempo!

(Continuará)

 

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Vacuna esfumada
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José Becerra | 06-09-2014 | 10:40| 0

Vacuna esfumada

 

Las vacunas  de bebés y de los que ya no lo son tanto traen a padres y abuelos – entre los que me cuento – desorientados y a mal traer. Si ya resulta problemático el que sus retoños de poca edad puedan acceder a inoculaciones contra enfermedades que suelen distorsionar sus vidas y ven cómo se esquilman sus bolsillos a la hora de adquirirlas – caso del Rotarix y el Prevenar-, cuyos precios conjuntados pueden ascender a una cantidad que puede rondar los mil euros, que no es moco de pavo dado la situación económica que padecemos

   Pero por lo menos, y ahogando nuestro gozo en un pozo, se puede disponer de ellas en farmacias u hospitales. Algo que no ocurre en el caso de la vacuna de la varicela: es imposible conseguirla en España, no solo por su carestía sino porque ha desaparecido de los anaqueles de las  boticas como por ensalmo.

   La Asociación Española de Pediatría, amén de otras entidades científicas,  ha puesto el grito en el cielo. No comporten el dislate de que el Ministerio de Sanidad haya prohibido la venta de esta vacuna en las farmacias cuando dan por seguro que es necesaria y así  recomiendan a los padres que inoculen a su prole  a partir de los doce meses de vida.

  Hasta ahora podían hacerlo, pero no  a partir de esta drástica disposición ministerial que acaba de tomar cuerpo  por la cual  tendrán que esperar a que el impúber cumpla los doce años. Eso, o trasladarse el extranjero para su adquisición, que Andorra y Gibraltar ya conoce este deambular de padres por sus territorios cuando, por casos parecidos las autoridades sanitarias les ponen  en un brete.

   La varicela, como apuntan expertos en enfermedades infantiles, puede provocar complicaciones infecciosas que, en el peor de los casos pueden culminar   en un desenlace grave, aunque se recalca que en la mayoría de ellos  se desarrolla sin problemas serios. Pero a ver cómo se convencen a los padres de que sus chavales pueden salir indemnes de este estado mórbido.

  Cuesta trabajo convencer a quienes disponen en Salud  que el dinero invertido en vacunas al final resulta es rentable: beneficia a la población y produce menor esquilmo en las arcas públicas. Pero a ver, quién le pone puertas al campo en el ordeno y mando de  nuestros dirigentes políticos, aún cuando los progenitores están dispuestos a escarbar en sus bolsillos ante situaciones parecidas. La marca España, que no deja de asombrarnos más para mal que para bien.

 

 

 

  

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La siesta andaluza le gana la partida al yoga
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José Becerra | 03-09-2014 | 10:14| 0

 

Benaoján sumido en la calina del estío

JOSÉ BECERRA GÓMEZ

Una de las fotos que de mi familia guardo como oro en paño es la de mi padre dormitando pacíficamente en una mecedora en el patio de  mi casa de Benaoján. El periódico del día desmadejado en sus rodillas, la sombra de una airosa palmera que  mi madre cuidaba como se pudiera hacer a un animal doméstico, entre otras flores en las que los patios andaluces se prodigan- geranios, rosales, petunias  – brindándole una grata sombra y barrunto que un agradable aroma, si es que acababan de de recibir el agasajo del riego diario del atardecer. Recovecos de flores, cal blanca y macetas rebosantes.

    La calle sola y silenciosa, el ladrido lejano de un perro vagabundo, el chirriar de los goznes de una puerta que se cierra negándole al sol su paso desabrido al rincón apacible de un hogar… Presentía más que veía cansancio y sopor de cuerpos derrengados en un pueblecillo que hacía un alto en las faenas imposibles de la canícula del campo o de la fábrica.

 Recuerdo el momento en el que atiné con la instantánea: la conservo porque me retrotrae a un momento feliz de mi adolescencia en el seno de un hogar que luego habría de evocar sumergido en los sinsabores que el transcurso de los años nos deparan. No pocas veces me ha acompañado esta imagen de mi progenitor, tranquilamente reposando en el patio de mi hogar de siempre en esos momentos cruciales del mediodía,  he ido a buscar como él el letargo en el rincón y la butaca preferida después de la jornada laboral, no digamos ahora que disfruto del asueto que la senectud exige.

    Puestos a comparar la siesta andaluza nada tiene que envidiar al yoga que se nos importó desde tierras extrañas y que también busca la relajación del espíritu y el cuerpo. La ataraxia  que nos proporciona la siesta –basta con 20 minutos de dormivela – puede alcanzar el éxtasis, si me apuran con mayor aceleración y resultados benefactores para la salud, sin necesidad de adoptar extrañas posturas ajenas a nuestras maneras y costumbres inveteradas.

   El yoga posee connotaciones disciplinarias y mentales y procede de la India y se asocia con prácticas de meditación para alcanzar el nirvana o felicidad. La siesta andaluza no necesita en esa introspección personal  para alcanzar igual o mejor resultado. Basta cerrar los ojos, negar todo indicio de preocupación y dejarse llevar por la laxitud que normalmente invade el cuerpo después de la principal comida del día. En la Serranía de Ronda sabemos mucho sobre eso y la practicamos sin mayores componendas. Y nos va tan ricamente.

Foto: Serranía de Ronda

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.