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Pensionistas cabizbajos
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José Becerra | 02-10-2018 | 09:12| 0

 

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Pensionistas cabizbajos

JOSÉ BECERRA

Y es para estarlo; no solo cabizbajos sino alarmados en extremo. Son las sensaciones que experimentamos los que gozamos de una pensión mínima que apenas nos alcanza a cubrir las necesidades del mes. Lo de gozar no deja de ser una exageración ya que lo que nos permite con ella es malvivir durante ese periodo de tiempo. Sin embargo, y dado las circunstancias actuales que inciden directamente en la bolsa de las pensiones, el futuro se nos pinta más obscuro si cabe tirando a negro. Es lo que dan a entender los estudiosos del PwC, una red de firmas que tiende su influencia en más de 150 países merced a sus más de 200.000 profesionales que aspiran a brindar una información exhaustiva del momento económico por los que atraviesan aquellos a raíz de la petición de auditoría y asesoramiento fiscal . Es lo que ofrecen a quienes solicitan sus servicios discrecionales, y en el caso de España sus conclusiones no dejan de ser alarmantes. Juzgan quienes han sido consultados por esta firma en lo que toca a nuestro país – más de un 80%  de expertos en la cuestión – las pensiones, de seguir la trayectoria actual, difícilmente remontará la tercera década del siglo actual, cuando ya nos encontramos a un par de años del final de la segunda.

El llamado Pacto de Toledo, campo virtual de batalla  en el que se dirime el futuro de las pensiones en esta España nuestra, no parece que haya arribado a un final feliz. Se acordó días atrás revalorizarlas conformes al IPC de cada año. Algo es algo y menos es nada. Miren por donde para llegar a esta conclusión convinieron políticos de uno y otro signo. Con decir que se pusieron de acuerdo hasta Partido Popular y Podemos, por mencionar los dos polos emblemáticos que aglutinan al resto de partidos que concurren en la alianza en pro de un futuro más halagüeño para quienes llegaron al final de su etapa laboral, barruntamos que trabajando codo con codo para lograr un final satisfactorio. Claro que el Pacto solo puede incidir en recomendaciones para una posible legislación al respecto del gobierno de turno, que es el que trata con los llamados agentes sociales, paso necesario para que la cuestión salte al Congreso y desde allí se legisle al respecto.

Existen dígitos que asustan y, por ende, dan que pensar. Diez o doce años atrás el remanente necesario para satisfacer a los mayores que esperaban su estipendio mensual era de 90.000 millones de euros; en este año que transcurre asciende a más de 145.000, euro más, euro menos. Hoy por hoy esperamos los emolumentos  mensuales alrededor de 9,5 millones; diez años atrás éramos poco más de 8 millones los que nos  acercábamos cada primero de  mes a la oficina bancaria  más próxima y esperábamos turno ante la cola pertinente.

Se habla de resultados mínimos para señalar el acuerdo alcanzado en el Pacto de Toledo;  sin embargo admitamos que el Gobierno, conseguido el acuerdo entre las diferentes formaciones políticas que tienen voz y voto en el asunto, ha logrado un tanto a su favor. Bienvenido sea, porque el acuerdo, que no olvidemos se supedita a la decisión del gobierno de turno al respecto, mantiene que las pensiones asciendan al unísono del coste de la vida, ese IPC que nos solivianta y apoca. Porque esta esperanza se resquebraja y se desvanece, es de temer, si se considera que su sostenimiento tiene el hándicap insalvable de momento por parte de  quienes  debieran sustentarlo, los cuales  sufren la lacra de salarios bajos en el mejor de los casos y de un paro pertinaz en segundo lugar que vendrán a lastrar su permanencia.

Es lo que se vaticina en boca de autoridades de la Seguridad Social quienes teorizan sin temor a equivocarse que si no existen otras vías de financiación lograr este objetivo habría de ser poco menos que lograr la  “cuadratura del círculo” a saber, un problema irresoluble, por emplear términos matemáticos que aluden a una solución imposible.

El anhelado Pacto ha sido posible para calmar los ánimos de pensionistas que, sin embargo, oliéndose lo peor no han cesado de tomar la calle. El raquítico ascenso de las pensiones mínimas no ha supuesto precisamente el bálsamo de Fierabrás para calmar sus inquietudes. El compromiso de mantenerlas acordes con el IPC ha sido la solución de quienes ahora nos gobiernan, pero la armas siguen en alto por lo que el porvenir puede deparar. Por fuerza, hemos de permanecer cabizbajos.

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Ahorradores temerosos
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José Becerra | 26-09-2018 | 07:45| 0

Ahorradores temerosos

JOSÉ BECERRA

Ahorradores timoratos siempre han asistido en el ancho solas hispano. No digamos en los pueblos del interior peninsular y, en concreto, en los que configuran la provincia malagueña. Se idearon a través de los tiempos los más insólitos lugares para guardar las ganancias procedentes con frecuencia de modestos trabajos frutos de oficios modestos que apenas llegaban para satisfacer el condumio diario. El colchón fue el lugar pintiparado para ponerlas a buen recaudo.

El Banco de España y la CNMV, que vienen haciendo exhaustivos estudios al respecto, acaban de concluir que alrededor de un  40% de los españoles optan por guardar sus ahorros en un lugar que siempre fue considerado como el más seguro: el colchón. Debajo del jergón en el  que cada noche se acogen a los brazos de Morfeo para descansar del diario acontecer, desde tiempos ignotos porque se pierde en lo obscuro de los tiempos, son muchos los que  guardan los frutos pecuniarios que se obtienen a lo largo de la vida y de los que en contadas ocasiones se echa manos de ellos si no es  para solventar necesidades urgentes e inaplazables de la familia. Podría ser una afirmación exagerada si no fuera porque procede de encuestas realizadas y que ofrecen merced a su alcance y exhaustiva  comprobación todos los visos de realidad.

La costumbre de recurrir al colchón para poner  buen recaudo las ganancias debidas al trabajo personal viene de antiguo. En los pueblos pequeños perdidos en la ancha geografía hispana esta forma de preservar la riqueza monetaria, si se  puede denominar así los menguados beneficios obtenidos mediante el acceso a raquíticos sueldos o ventas de productos del campo que podían aportar pequeñas heredades a sus dueños, se viene practicado desde mucho tiempo atrás. Antes de que las Cajas de Ahorro hiciesen acto de presencia, allá por los años 50 del pasado siglo,  en las clases modestas resultaba  consustancial con ellas poner a buen recaudo los ahorros recurriendo al jergón.

Era esa la costumbre extendida antes de que hiciesen  aparición entidades financieras. La de Ronda extendió sus tentáculos primero por toda la Serranía; luego lo haría por el resto de la provincia. Don Juan de la Rosa, su fundador, figura preclara de la ciudad, inauguró lo que luego sería una costumbre que solo en parte vendría a sustituir el lecho como lugar  más apropiado para poner a buen recaudo los menguados estipendios familiares una vez detraído lo necesario para el sustento.  Hasta hace muy pocos años mencionar a Juan de la Rosa no se entendía sin traer a colación la ciudad de Ronda, o más específicamente la Caja de Ahorros por él fortalecida a partir del “Monte”, nombre que todavía persiste entre los rondeños, pero que inicialmente no era sino una casa de empeños. Merced a esta entidad financiera y la obra social y cultural que a la sombra de aquella creció y fructificó con los espléndidos resultados que hoy son evidentes,  el nombre de Ronda, con ser ya bastante conocido gracias  a sus monumentos naturales e históricos, sus mitos y sus leyendas, se catapultó sobre medio mundo. Se hizo valer con más fuerza si cabe la proclamación que de ella hizo Rilke y que hizo fortuna hasta nuestros días. La “ciudad soñada”, en efecto,  se había de acrecentar con la aportación del esfuerzo de este hombre ejemplar que creó escuela del buen hacer y el mejor obrar en la economía y el apoyo a la cultura andaluza, amén de su ingente obra social. 

    Pero eran otros tiempos, ya digo. La antigua Caja rondeña cambió su nombre (y con él extendió su presencia en otras regiones españolas) por la de Unicaja. Las oficinas de esta entidad desaparecieron de algunos pueblos del interior peninsular, lo que obligó a su gente a dar un nuevo rumbo a sus ahorros, o como había sido habitual volver a salvaguardarlo bajo el colchón. Coadyuvó asimismo la escasa rentabilidad que brinda la banca a los depósitos, descendidos hasta lo inverosímil por mor de la caída del euribor en ámbitos palmariamente negativos.

   Cunde el temor en los pequeños ahorradores y alcanza no solo a  los que ya cobran pensión por su edad sino también a los jóvenes que con notoria asiduidad  se muestran remisos a depositar su dinero en el banco de turno. No es que se desconfíe por norma de las instituciones financieras; es la costumbre lo que impera en este sector de la población que considera sus ahorros de escasa cuantía y recurren al colchón como saben y era notorio en el caso de sus antepasados más próximos.

   La costumbre impera en Andalucía con diferencia en otras regiones españolas. Es aquí, y sobre todos en sus pueblos más remotos, en los que el decir de los más viejos del lugar se toma como un precepto obligado a seguir al pie de la letra: “No ahorres lo que queda después de gastar; gasta lo que quede después de ahorrar”. Viene como anillo al dedo en la cuestión de saber poner a buen recaudo nuestras ganancias a recaudo: bajo el colchón, como lugar pintiparado para ese menester.  

 

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Genal y Guadiaro, dos ríos en desgracia
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José Becerra | 21-09-2018 | 08:08| 0
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Genal y Guadiaro, dos ríos en desgracia

JOSÉ BECERRA

Se han venido alzando voces para que se llegue más pronto que tarde a la regeneración de los ríos Genal y Guadiaro, pero las administraciones públicas provinciales  pasan olímpicamente de ellas. Ambas ramblas fueron abandonadas a su suerte, que no es otra sino recibir la ponzoña de vertidos sin que nadie mueva un dedo para restablecer  la limpieza de sus cauces, otrora no solo abundantes y fríos, y por ende saludables,  sino sin mácula de contaminación alguna. Fueron aptas  para el baño, y el que esto escribe puede dar fe de ello: aprendió en sus aguas cristalinas a nadar durante los años de la niñez, lo que no dejaba de ser un placer, al que se sumaba el de la captura de cangrejos o la pesca del barbo bien conocido como ibérico (luciobarbus), de una abundancia extrema, lo que proporcionaba  el gozo de atraparlo. Algo que ya es imposible, fruto de la contaminación reinante en ambos cursos fluviales, a lo que hay que sumar el consiguiente daño que se les inflige a causa  del degradado ecosistema circundante.

El Partido Popular ha formulado en un pleno celebrado en la sede de la Diputación de Málaga sendas reclamaciones a la Junta de Andalucía  y al Gobierno de Sánchez que se conceda al río Guadiaro la atención que merece de manera y forma que se frenen  los vertidos contaminantes y cesen las tropelías que  arruinan y aniquilan  su cauce.

Fueron ambos ríos limpios y caudalosos en los cuales era un puro placer desfrutar de baños en los veranos que suelen ser tórridos en la Serranía de Ronda. Pero eran otros tiempos. Dejaron de suscitar la atención cuando los torrentes que los alimentaban fenecieron y sus aguas bajaron pobres y no pocas veces contaminadas. En las últimas décadas pasadas las escenas que cada verano se ofrecían  a la vista eran dignas del mejor pintor costumbrista. Ignacio Zuloaga, el maestro indiscutible del costumbrismo español, de pasar por sus riberas, hubiera captado con su maestría el colorido, la agitación y el bullicio de quienes bajaban de los pueblos limítrofes a gozar de un día de asueto y comilona, junto a tan cristalinas aguas. Hoy por hoy, hubiese renunciado a ese menester porque ya no ofrecen el menor atractivo para tan digna paleta.

El saneamiento integral de la provincia estará inconcluso hasta que no se materialicen las depuradoras que en su día- ya ha llovido- se previeron para los ríos Genal y Guadiaro, pero que nunca se llevaron a cabo pese ser declaradas de interés tanto por el Estado como por el ente autonómico andaluz. Si te vi no me acuerdo parecen decir ambas administraciones que  hacen oídos sordos, cada una por su lado, ante legítimas exigencias para que un problema arduo que incide en los pueblos de la Serranía de Ronda, sometidos a la arbitrariedad de responsables políticos que vienen jugando con sus intereses, se solucione de una vez por todas (iba a decir “de una puñetera vez”, que es lo que argumenta la vecindad que viene sufriendo la postergación  desde mucho tiempo atrás.

Los agricultores de la provincia de Málaga han levantado la voz para que las instituciones andaluzas tomen en serio la necesidad de agua de sus pequeñas fincas de regadío que jalonan el curso del río, el cual nace en la Serranía de Ronda, recibe los aportes de su hermano menor, el Genal, hasta desembocar en el Campo de Gibraltar en su búsqueda ávida del mar. Arguyen con razón que se puede aprovechar el excedente de aguas “respetando siempre el caudal ecológico necesario para subsistencia de la biodiversidad  existente”

  Si este río tiene capacidad para colmar las aspiraciones de los regantes de tierras bajas, es algo que nos alegra a quienes vivimos cercanos a sus orillas, pero consideramos que ha sufrido una gran transformación sobre todo en las inmediaciones con pueblos como Benaoján, Montejaque Jimera de Líbar o Cortes de la Frontera, los cuales pueden considerarse lugares altos del curso. Otra cosa son los aportes que reciba en latitudes bajas, que sí alegran, al parecer, el derrotero de sus aguas, que son copiosas y son las que se exigen para su aprovechamiento en zonas de regadíos.

El Guadiaro, otrora de aguas impetuosas incluso en verano, por lo menos entró en franca decadencia años atrás. Escasez de lluvias en el entorno, aportes de arroyos contaminados y la consiguiente transmutación geomorfológica del suelo verificaron su mutación y acabaron con su apogeo de antaño.

   El río a su paso por el término municipal benaojano, lugar donde transcurrieron mis años de niñez y mocedad, ejerció siempre una gran atracción para la vecindad. En sus limpias aguas se deslizaban a placer barbos escurridizos y rubicundos cangrejos. Era apto para la pesca de una y otra especie y en él me cobré mis primeras capturas con el entusiasmo propio de la temprana edad. Se bajaba hasta el río, sobre todo en los meses del estío, para disfrutar de un relajante baño en los múltiples “charcos” que jalonaban su curso; allí se remansaban las aguas, se tornaban profundas y no podían ser más propicias para los chapuzones reconfortantes y el bucear placentero.

  Los “charcos” del Guadiaro a su paso por el término municipal de Benaoján eran numerosos y se adaptaban a la edad del bañista a tenor de su edad. Creo que desde que la mía era muy corta y hasta que pude presumir de mozalbete ascendí río abajo y río arriba empezando por el “charquito de Emilia”, con aguas hasta las rodillas o poco más hasta llegar hasta el Charco del Túnel, profundo y turbulento; detrás quedaban otros en los que la vecindad se solazaba por las arenas de su fondo, lo cristalino de sus aguas o el paraje impresionante de adelfas, junqueras y mimbreras que los envolvía: Azul, Redondo, La Molineta, o La Fresnadilla, nacimiento de agua éste último en la que se podía apagar la sed y en cuyas inmediaciones se organizaban almuerzos y merendolas.

 Por desgracia estos remansos de paz fueron desapareciendo con el tiempo. Ni rastro de ellos quedó. Solo guarda su esplendor de antaño el Charco Azul, a los pies de la efigie de piedra del Gato, que da nombre a una cueva que constituye el más conocido distintivo del pueblo, al que presta vida el cauce del afluente Gaduares o Campobuche, que tanto monta. Sur orillas y aledaños continúan siendo propicios para, además del baño relajante, inverosímilmente frío, lugar propicio para comilonas festivas. 

Los más viejos del lugar ya no tenemos reparos en afirmar que “éste no es mi Guadiaro, que me lo han cambiado”. Nos asiste la razón por la visión decadente que el río ofrece, otrora vistosa y atrayente.” Los ríos son la vida que van a dar al mar, que es el morir”, cantó el poeta Manrique con pesadumbre. Nuestro Guadiaro languidece antes de llegar al piélago que lo acoge.

 ¿Culpables de esta sinrazón? Es posible que las lluvias que no son tan intensas y frecuentes como en la pasada centuria estén detrás, pero no hay que echar en saco roto la desidia de las administraciones locales que se mostraron remisos a tomar el toro por los cuernos de su regeneración.

 No se puede decir, empero, que sea un río del todo contaminado. No lo es hasta el presente. Pero si echamos de menos su imagen de lustros atrás. Solo nos queda el consuelo del Charco Azul a los pies de la Cueva del Gato, en esencia el mismo de siempre. Aguas limpias y frías y un paraje de peñas y vegetación envolvente que le siguen prestando la apariencia de un rincón casi paradisíaco.

 

 

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Másteres inflados y tesis dudosas
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José Becerra | 16-09-2018 | 08:39| 0
De Pepe
JG
Jose Becerra Gomez
  • Másteres inflados  y tesis dudosas

JOSÉ BECERRA

Es una guerra desatada en toda regla. Los másteres y tesis de los políticos encumbrados en  tela de juicio. Por unos y otros se enarbolan la bandera de las discordias y exigen que los oponentes esclarezcan si los que obtuvieron en su día se ajustaban al rigor y las exigencias académicas requeridas en  su momento. Con la dimisión de la ministra de Sanidad Carmen Montón, conocida la cuestión de la ilegitimidad de su Máster por plagiar, al parecer, buena parte lo que en el documento se plasma, han hecho saltar todas las alarmas en lo que se refiere a la realización de estos estudios por diferentes políticos de altos vuelos.

Las dudas se alzan ahora como sombra siniestra y amenazante sobre el presidente Sánchez. O sea, que se pica en lo más alto. El diario ABC afirma que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pudo plagiar en su momento, si no la totalidad de su tesis doctoral, sí buena parte de ella. La acusación tiene su intríngulis, ya que parece poner en evidencia el celo y las exigencias que venía reclamando para sus oponentes políticos en casos parecidos. Los expertos en estas materias, se supone que tras incisivos  estudios y luengos exámenes, hablan sin pelos en la lengua de “falta de integridad académica”. Se apunta por quienes han entrado a saco en la tesis cuestionada que aparecen por doquier corta-pegas, entre otras ausencias de rigor académico, los cuales ponen en solfa el valor que con el documento en cuestión se pretende.

Se está viendo en estos días que se han abierto la caja de los truenos en lo que toca a estos trabajos de los aspirantes al doctorado. Uno que anda como perplejo entre dimes y diretes de unos y otros y no sabe bien a qué carta atenerse en un asunto peliagudo que amenaza con desestabilizar los cimientos de un gobierno que accedió al poder hace cien días o poco más.

Se espera con interés el desenlace de esta cuestión que ha llegado a concitar el máximo interés no solo en España sino que traspasando fronteras ha llegado hasta  países extranjeros.  Quienes no hemos tenido acceso a este documento no poseemos elementos para enjuiciarlo y por tanto a poner en duda su validez ni juzgar el trabajo de sus autores. Sí sería conveniente exigir a los responsables académicos que los analizan y juzgan que extremen su precaución a la hora de estudiarlo y concederle el beneplácito por cuanto que podrían infligir daños irreparables a los examinandos como ahora acaba de ocurrir al ponerse en duda la honradez de alguien que como Pedro Sánchez rige los destinos de España, el cual acaba de refutar los asertos vertidos en su contra. Un gesto de éste que le honra y que dice mucho a su favor.

Sin embargo, dicho eso, habría que contraponer el hecho de que existan concesiones selectivas y que atañen al común de los estudiantes universitarios. Aquellos que tienen la imperiosa necesidad de acudir cada día a  clase, o no poder convalidar asignaturas de las que otros pasan alegremente, por no mencionar la obligación de presentar documentos que acrediten conocimientos adquiridos sin apelación posible, ni excusa o pretexto. Algo está fallando en las estructuras académicas que no dejan de alarmar al ciudadano de a pie, mudo testigo de   acontecimientos que atañen a “rebajas selectivas” que obran en detrimento del alumnado normal y corriente, el cual forma la inmensa mayoría de quienes se aposentan cada día en las aulas de su jurisdicción. Másteres inflados y tesis dudosas son hoy por hoy frecuentes, e importa poner remedio en  beneficio de todos.

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Una llamada para ser acogida con presteza
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José Becerra | 12-09-2018 | 08:41| 0

Una llamada para ser acogida con presteza

 

JOSÉ BECERRA

Pasan inadvertidas, no se echan a ver, pero llevan a cabo una labor callada en defensa de quienes menos tienen para subsistir cada día que merece ser exaltada.

Donde ha decir más alto pero no más claro. Las Hermanitas de los Pobres de Ronda, que no suelen levantar la voz para casi nada, que se puede orar bisbiseando,  lo han hecho ahora porque la necesidad de ayuda les agobia, y esperan no clamar en el desierto.

Detrás de ellas un ingente número de ancianos – 80 nada menos-, cuyas aportaciones económicas procedentes de exiguas pensiones (los que disfrutan de ellas, que son los menos) no pueden ni de lejos sostener los cuantiosos gastos que soporta la Congregación. Y no sólo faltan las aportaciones dinerarias, cuya mengua está siendo ostensible en los últimos años, sino que se echa en falta voluntarios que vengan a suplir la falta de personal ocasional, algo que no deja de ser problemático, pese a que la plantilla de trabajadores pasa de la treintena.

El asilo de San José, regentado por las Hermanitas de la Caridad, posee ya una larga trayectoria de hacer el bien a nuestros desamparados mayores. Data menos que desde la última década del siglo XIX, a raíz de la fundación de la Congregación por la hoy Santa Juana Jugan, una referente obligada en el santoral cristiano de quienes lo dieron todo: sacrificio, entrega y caridad para aquellos que menos tienen.

De mis años de mi niñez, tan lejana ya, recuerdo cómo en mi pueblo de la Serranía de Ronda, estas monjas recorrían las calles mendigando limosnas no para ellas sino para los pobres que acogían en su cenobio. Las miraba con la curiosidad viva de la edad temprana. Y en mi mente se quedaros grabadas para siempre su imagen revestida con los ampulosos y negros hábitos y blancas tocas que no ocultaban los canastros con las viandas que conseguían, sobre todo de las fábricas de chacinas, que en Benaoján eran abundantes y sus sueños generosos.

En la súplica que exteriorizan en la confianza de ser escuchada advierten que si las ayudas económicas no llegan y el voluntariado se resiente se verán obligadas a cerrar las puertas del hospicio. Algo que Ronda no puede permitirse de ninguna manera. ¿Adónde irían quienes ahora no disfrutan de pensión o ésta es mínima y precaria?

Recuerdo las palabras de la madre Teresa de Calcuta:” Las cosas con amor traen felicidad y paz. La falta de amor es la mayor pobreza”. Conviene recordarlas para no desoír la llamada angustiosa de quienes consagran su vida al servicio de los más desheredados de la fortuna.

Las religiosas dispensan en todo momento   cuidados y atención a los desheredados de la fortuna y es notorio que  se desviven para que nada les falte. Hicieron la llamada urgente meses atrás, pero las necesidades del centro es presumible que no hayan decrecido, por lo que las ayudas siguen siendo tan urgentes como imprescindibles.

“Dad, y se os dará; medida buena, apretada y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. Es lo que dejó escrito el evangelista Lucas 6:38. Conviene no desoír su prédica.

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Elecciones andaluzas en el horizonte
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José Becerra | 09-09-2018 | 09:12| 0

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Elecciones andaluzas en el horizonte

JOSÉ BECERRA

A esta altura de la política resulta archisabido que los partidos no convocan elecciones si no están persuadidos de que las van a ganar. ¿Para qué correr el riesgo de que las pierdan si el horizonte que vislumbran en lontananza no se les muestra lo suficientemente nítido como para lograrlo? Así que las adelantan o aplazan según sus intereses haciendo caso omiso de lo que le importa al ciudadano de calle.

El otoño que está a la vuelta de la esquina y con él la batalla campal en el campo andaluz que acapara la atención e interesa y mucho tanto a Susana Díaz como a Albert Rivera, tras la escenificación de su desencuentro y ruptura que ya es un hecho evidente, de cara a ese lance.

   Es lo que se otea en el actual panorama político de Andalucía. La Presidenta andaluza le importa y mucho ahora que se adelanten lo comicios para esquivar el tormentoso cielo de la sentencia condenatoria del macro juicio de los ERE que vendrá a poner negro sobre blanco el caso de dos expresidentes andaluces y veinte altos cargos más de la Junta sentados en el banquillo tras siete años de investigación judicial. Así mismo, no es aventurado conjeturar que espera sacar el máximo partido del “efecto Sánchez” a tenor de las encuestas que vaticinan un considerable aumento de votos a favor del PSOE. A lo que cabría sumar  la bajada ostentosa que acusa Podemos tanto en ámbito nacional como el andaluz. No debe parecerle oportuno al partido esperar que recomponga sus fuerzas. Tampoco parece que desestimen los socialistas el resultado adverso  del Congreso del PP que acabó con la culminación de Casado como líder del partido, menguando la fuerza de los seguidores de Juanma Moreno, quien ostentosamente optó por encumbrar a Sáenz de Santamaría, la derrotada en la tesitura.

   Se comprueba así una vez más que en los políticos de hogaño priman sus intereses cuando de convocar elecciones se trata. Lo que ocurre es que a veces se equivocan de medio a medio y acaban pagando caro sus composturas y apremios. Ya veremos lo que nos deparan las que ahora se otean en el horizonte.

  

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Desbandada en la Serranía de Ronda
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José Becerra | 04-09-2018 | 08:30| 0

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Desbandada en la Serranía de Ronda

JOSÉ BECERRA

La huida de la comarca la protagonizan desde un tiempo a esta parte los jóvenes que buscan con ahínco nuevos y más halagüeños horizontes para sus vidas.

   Los índices demográficos de los pueblos de la Serranía de Ronda asustan. Las pirámides de edad de todos y cada uno de ellos mantienen constantes idénticas. La base, que recoge los nacimientos y el crecimiento de la población infantil pierde referentes todos los años, y en cambio, la cúspide que habla de la población anciana aumenta implacablemente. Los entrantes de la pirámide que hablan de la población joven, madura y activa acusan la despoblación incesante. Se abandonan los pueblos para residir en la costa que es donde se encuentra más fácilmente trabajo y la tendencia se hace más pronunciada cada vez. Los núcleos rurales se despueblan a ojos vista y de aquí a la postergación definitiva de la Serranía y al abandono de tradicionales de sistemas de vida seculares y recursos económicos tradicionales tienden a desaparecer.

   Alternativas a la panorámica incierta de la supervivencia de la Serranía amenazada por la sangría demográfica que asola sus pueblos, existen sin duda; una sería la mejora de las comunicaciones con la Costa del Sol. Las ventajas de una vía alternativa a la actual carretera de San Pedro, que en su día supusieron un significativo adelanto para la mejora entre la Ciudad del Tajo y el territorio costasoleño, necesita urgentemente de un nuevo impulso.    La obra no deja de ser compleja y exigiría la construcción de viaductos y túneles, alguno de particular longitud como el que podría atravesar a la Sierra Bermeja. Pero obstáculos más difíciles se han salvado. Y proyectos que parecían productos de la calenturienta imaginación de utopistas o de las ensoñaciones de una noche de verano se contemplaron que adquirían cuerpo y se hacía realidad.

    Vías de comunicación deficientes y despoblación de parte de su territorio son dos elementos que se dan la mano hoy por hoy  en el acontecer de buena parte del ancho solar de la Serranía de Ronda. Ciertamente abrupta, pero que propicia el  asentamiento de paisajes sublimes y costumbres ancestrales que no tienen por menos que causar admiración cuando no embeleso de los sentidos. Elementos estos últimos que significan una cara de la realidad que desde siempre cautivó  a cualesquiera que la anduviera;  el otro cariz, más negativo, es el la de la certidumbre  de las deficiencias en comunicaciones que hasta ella nos aproximan o que desde aquí  nos conduce a territorios limítrofes. Todas estas deficiencias suman como resultado ineludible una despoblación exacerbada por días de quienes la abandonan para recalar en territorios más bonancibles para el sustento de cada día.

  Alternativas a la panorámica incierta de la supervivencia de la Serranía amenazada por la sangría demográfica que asola sus pueblos, existen sin duda. Una sería la mejora de las comunicaciones con la Costa del Sol. Las ventajas de una vía alternativa a la actual carretera de San Pedro, que en su día supusieron un significativo impulso para la mejora entre la Ciudad del Tajo y el territorio costasoleño, necesita urgentemente de un nuevo estímulo.

   La obra no deja de ser compleja y exigiría la construcción de viaductos y túneles, alguno de particular longitud como el que podría atravesar a la Sierra Bermeja. Pero obstáculos más difíciles se han salvado. Y proyectos que parecían productos de la calenturienta imaginación de utopistas o de las ensoñaciones de una noche de verano se contemplaron que adquirían cuerpo y se hacía realidad.

   El hecho es innegable. Los jóvenes abandonan terruños rurales atraídos por el trabajo y los altos sueldos de la construcción o los servicios en la costa. Se instalan en los municipios costeros y aquí ansían echar raíces porque “cada uno es de donde le dan de comer”, que dice el sabio refranero serrano. Antes que ese hecho se haga definitivo e irreversible pongamos “pies en pared” – otro dicho rondeño para dejar sentado que contra algo hay que oponer férrea oposición – y procuremos que nuestros jóvenes trabajen en la costa pero vuelvan cada día a dormir en el interior. Los pueblos rondeños, ¿pueblos dormitorios? Y, ¿por qué no? Peor sería que fuesen pueblos muertos, como puede desdichadamente ocurrir.

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Una feria rondeña deslumbrante
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José Becerra | 01-09-2018 | 08:08| 0

Una feria rondeña deslumbrante

JOSÉ BECERRA

Presumiblemente  cuando aparezcan impresas estas líneas la septembrina feria de Ronda estará tocando su final. Pero aún así toca hablar de este evento porque enredados en las calles de la ciudad aún perdurarán sus ecos. No es tarea fácil que se borren como por ensalmo tanto esplendor mantenido durante la semana o se difumine un embrujo que cautivó en esos días festivos a propios y extraños.

El verano, caluroso y bullanguero, toca a su fin. Se despueblan los pueblos costeros malagueños y las playas vuelven a estar solitarias, hasta ahora atiborradas de gente ansiosa de pasarlo bien junto al mar. Se acabó  respirar su brisa cercana y benéfica al tiempo que el sol inclemente tostaba sus cuerpos indolentemente arrellanados en la arena. Cada mochuelo a su olivo parece significar las carreteras ocupadas por el gentío que se despiden de jornadas de diversiones y cuchipandas sin tasa. Se acaba el verano y su esplendor se trastoca para venir a lucir su apogeo en la Ronda sempiterna que acoge a quienes no acaban de despojarse del marchamo del estío y otean horizontes serranos en donde en estos días lucen su talla mujeres retrecheras, briosos corceles y enjaezados  carruajes que merodean la plaza de toros. Ronda toda, además de presenciar cómo maestros del toreo alardean de su gallardía ante el toro de turno,  es trasunto de un  vivo clamor en una feria septembrina que destila  brillo y color por los cuatro costados.

Viene a morir el verano en el coso taurino sobre el que gravita la magia de la feria  de Ronda. Es como si la costa cercana, que cada año venturosamente acoge  a gente de medio mundo, escogiera a la ciudad del Tajo para poner broche de oro a unas vacaciones, a unos días de  molicie, escarceos, ocio placentero y  se volcara hacia el interior para la apoteosis final.

¿Cómo dilucidar las causas que convierten a la de Pedro Romero como una de las ferias de mayor relieve en Andalucía? ¡Son tantas y tan variadas! Pero habrá que empezar por el principio. Por el mito que alimenta la propia ciudad desde que los viajeros románticos del XIX coincidieron que es una de las pocas ciudades que exacerba las imaginaciones en grado sumo. La Ronda, alta y señorial, con su embrujo al que casi nadie quedó indiferente, díganlo si no, para no remontarnos a épocas muy lejanas, los escritos de Rainer María Rilke, Emingway, o el mismo Orson Welles, levantisco cineasta de los años cuarenta, atrapan de tal forma que es muy difícil, cuando no imposible, apartarla del recuerdo una vez vista y vivida. Envuelve a la “ciudad soñada” un aura intangible pero tan real como la presencia implacable de su Tajo, que, a partes iguales, suscita admiración y temor.

Ronda romana – Acinipo, huellas de un pasado esplendoroso -, Ronda árabe, mudéjar y morisca, evocadora de correrías de moros y cristianos, de sucesos guerreros y amorosos de moros y cristianos, la media luna y la cruz, la espada y el alfanje, el reyezuelo y la hurí…” Viérades moros y moras / todos huir al castillo / las moras llevaban la ropa, los moros harina y trigo / y las moras de quince años /llevaban el oro fino / y los moriscos pequeños / llevaban la pasa y  el higo”. Y la Ronda señorial, la de los palacetes y frescos zaguanes y fachadas en las que lucen nobles blasones y ocultan su intimidad con el hierro artísticamente forjado.

Conventos recatados, iglesias que parecen fortaleza – la del Espíritu Santo – y capillitas urbanas que hablan de la religiosidad popular que, si no es ajena a la que se acoge a los templos, se impregnan de los sentimientos de la gente sencilla que ignora o  no entiende de ornatos y magnificencias. Murallas firmes al paso del tiempo y fuentes evocadoras, la plaza de toro y la Real Maestranza, cuna del fino toreo de raza, la Alameda, fresca y suntuosa…

Es difícil eludir el caudal de sensaciones que todas estas imágenes provocan al visitante – alguien dijo con razón que Ronda es tanto o más para el transeúnte que para el propio rondeño -, y que amalgamadas, subliminalmente, afloran en cualquier momento determinado. Como ahora con la feria de Pedro Romero.

¿Qué hace a esta feria del sur más al sur, única? A lo mejor son sus prolegómenos. La presentación de las damas goyescas, un bello guiño al sol como para atemperar  sus rigores en estas fechas y un cálido homenaje a la galanura de la mujer rondeña. La prestancia de las jóvenes, que lucen sus singulares atavíos como si del suntuoso vestido de presentación en sociedad se tratase. Tal vez sea ese su trasfondo más genuino.

¿O lo será el festival de cante grande, que agrupa a los cantaores más famosos en los días en el que el agosto implacable de la Serranía toca a su fin? El embrujo de la voz y la guitarra en el quejido doloroso que en su esencia es el principio del fandango.  El cante jondo en las voces templadas que hacen vibrar el alma con  la toná, el martinete, la rondeña o la carcelera, el tanguillo y las bulerías.

Y al final, en el septiembre que atempera calores, la goyesca, la corrida por antonomasia de Ronda. Día grande, a fe mía, que diría un clásico, es éste. Calesas y mujerío, caballos enjaezados que ensayan pasos inverosímiles, jinetes retrecheros, famosos jactanciosos que se asoman a las cámaras y a los tendidos, toreros, vino, gentío…

Si me permiten, hasta me atrevería a terminar con unos torpes versos: RONDA toda es un único hervor./ El sol casas notables hermosea;  / por  la calle una beldad se pasea,/ ¡ Sus ojos verdes van pidiendo amor¡ /Vino, toros, mujeres: esplendor. / Un mozo pinturero donjuanea / A lomos de un cuatralbo  al que espolea. /La feria septembrina, todo   color./ En la plaza que un  rey Borbón vio hecha, / Tres famosos diestros se han saludado, / (Ya la muerte en los toriles acecha). / Del tendido un   suspiro  se ha elevado,/  una oración, acongojada  endecha /por el gran maestro jamás olvidado.

 

 

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Pensiones en el alero
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José Becerra | 24-08-2018 | 08:42| 0
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Pensiones en el alero

JOSÉ BECERRA

Asusta la cantidad de millones que son necesarios para que cada mes llegue puntualmente la pensión a quienes las disfrutan, entre los que me cuento.  Disfrutar es un decir, que la exigua cantidad que se obtiene  no permite regocijarnos en demasía, más bien  vivir “a mal tira” que decimos los oriundos de la Serranía de Ronda, cuando llegar a fin de mes es toda una odisea en toda regla por la módica cantidad que el papá Estado tiene a bien  otorgarnos. Supera, empero, con creces la cantidad dedicada a este menester  los 9.000 millones de euros, lo que no es moco de pavo. Un pavoroso problema que posee el agravante de que indefectiblemente esa desorbitada cantidad se agrave con el paso del tiempo, algo que sesudos analistas del momento no dudan en señalar y dar por seguro.

La cuestión es que, si bien los jubilados hasta hora, después de dar por finalizada su vida laboral y disfrutar de una paga exigua vayan, como mandato de vida, desapareciendo, los que accedan a ese derecho, habrán de obtener, por mor de  cotizaciones más elevadas, de unos emolumentos sensiblemente más altos nada más pisar el escalón del sistema y durante la vida que siga a su situación laboral una vez acabada ésta. Algo que vendrá a agudizar el problema  haciendo que la cantidad que ahora nos horripila aumente considerablemente, hasta el punto de dar a pie a una situación poco menos que catastrófica para las arcas del Estado.

Se  tildará de catastrofistas a quienes aventuran este argumento; pero bien mirado no dejan de tener razón quienes barruntan esa situación. Aún sin soslayar la certeza del aumento de empleo y el crecimiento económico que hoy por hoy es presumible y que los panegiristas de el óptimo momento  que se atraviesa no dudan en evidenciar, por fuerza no es aventurado dar cabida a las certezas que pueden sobrevenir, merced a la sobrecarga que tendría que soportar la Seguridad Social de un futuro próximo.

¿Habrá que volver al casi  periclitado Pacto de Toledo, el cual en su día vino a solucionar el problema siempre candente de las pensiones en España? Todo apunta que sería conveniente y que redundaría en beneficio de todos; pero la estructura del panorama político de nuestros días y las intestinas luchas parlamentarias y/o senatoriales, hoy en palpable evidencia, lo impiden.

Una nube obscura y amenazante se cierne sobre nuestras cabezas, fruto de del deseo de quienes nos gobiernan de aumentar la presión fiscal sobre las entidades que mantienen el entramado de la actividad económica. Parece de una lógica apabullante que si esta presión  se ejerce sobre empresas que hasta ahora han permitido el despegue del enquistado desempleo en el país estremecerán sus estructuras financieras, algo que redundará indefectiblemente en la destrucción de puestos de trabajo, en la Seguridad Social tocada del ala y peligro inminente para los pensionistas.

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Festejos por doquiera en Málaga
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José Becerra | 21-08-2018 | 07:55| 0

Resultado de imagen de fotos de la verbena del tren en benaojan Foto: Benaoján.es(diario SUR)

Málaga, festejos por doquiera

JOSÉ BECERRA

 Las fiestas patronales de los pueblos de la  provincia se propagan como el fuego, que siempre es voraz, pero que es este caso no es devastador, aunque sí bullanguero y colorista.

  No todo en los meses tórridos que sumen a la provincia en la parsimonia de la quietud, la somnolencia por el canto monorrimo de la chicharra y la bruma caliginosa, habían de ser fuegos aniquiladores. Provocados o fortuitos los que queman el bosque son siempre temibles y maldecidos.

    Pero hay otros fuegos, a Dios gracias, con la apariencia menos hosca. Son los que prenden con voluptuosidad no en los montes “por el calor execrados”, sino en los pueblos que a los pies o inmersos en ellos se erigen.

    “Arden” en fiestas, como suelen decir cronistas y reporteros recurriendo a un símil fácil, los pueblos de la provincia de Málaga. Desde mediado julio, todo el mes de agosto y parte de septiembre, no hay población, villa, municipio, aldea, villorio o caserío que no honre a su patrón, siempre santo y milagroso, como tiene que ser, y de paso proporcionar a sus habitantes ocasión para darles gusto al cuerpo con calles limpias y enjalbegadas para el evento, bailoteos en las plazas, y degustaciones  de manjares que les son propios.

    ¿De dónde vienen estos festejos que cambian la faz de cada pueblo durante un periodo variable de días? No son necesarias elucubraciones eruditas o antropológicas para establecer la procedencia. La tradición y su transmisión popular los sitúa en el Medievo. Comparten  todos sus orígenes las celebraciones y acontecimientos lúdicos que seguían a la culminación de la cosecha. Con el  trigo en el granero y la paja en el almiar, venían los días de agradecimiento a los Manes que hicieron posible el milagro de asegurar la manutención tribal o familiar. ¡Gracias sean dados al Cielo, y “ comamos, cantemos y bailemos, que otros días ayunaremos!”

    En agosto,  rinde honores a San Agustín, Alcaucín. Verbenea Algarrobo, y Alhurín el Grande presenta pleitesía a la Virgen de Gracia, emparejándose para  ello con Archidona y el lujo de su plaza ochavada. Almogía, la tierra del palmito venera a San Roque y San Sebastián; lo mismo que Cortes de la Frontera, emporio del corcho y del venado en libertad; igual que Alpandeire, el del monje itinerante; y Archez, la de la vid y el olivo ceniciento. Àlora, “la bien cercada” brilla por su coso taurino. Antequera “piedra  e iglesias mil” sorprende este mes con sus fiestas de recolección. Pisan la uva en Cómpeta para el mejor vino del año; en Atajate, Benadalid, Benalahuría – color y sabor medieval con sus fiestas de moros y cristianos_ , y  Benaoján, el de los embutidos selectos que rinde tributo al tren, también escogieron estos días para sus fiestas estivales. Sin olvidar a Montejaque, Jimera de Líbar, Cartajima – la Serranía en pleno incendio festivo -, el Burgo, el Campillos ganadero y claustral, ni a Cañete la Real.

    Carratraca, Gaucín – la bulla del toro “ensogado”,- Moclinejo – en la brillante ruta de la pasa; Monda, Ojén, Parauta, Periana y Pizarra. ¿ Quién da más? Sí, la Sayalonga verdialera; el Tolox del esparto y la “cojetá”;  el Torrox  de las esbeltas torres-vigías;  y el Valle de Abdalajís, recogido a lo pies del Picacho.

    Toda la provincia, desde la sierra al mar, desde la montaña al llano alimentando fogatas que nada tienen de dañinas ni maléficas, sino mucho de jolgorio y júbilo.

    Y como colofón, la feria de Málaga y, enseguida, la de Pedro Romero de Ronda. Toros, toreros valientes, mujerío retrechero y luz y color. Lo dicho, el fuego más inextinguible y benévolo  campeando en toda la provincia malagueña.                              

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.