Parque Litoral, un refugio para el verano

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Parque Litoral, un refugio para el verano

José Becerra

La zona de Málaga conocida como Martín Carpena por el magnífico Palacio de Deportes que alberga,  en honor a quien fuera inhumanamente enclaustrado por la banda terrorista ETA años atrás, ofrece una visión pletórica de edificaciones modernas, reflejo fiel de un ensanche de la capital que dibuja un paisaje urbano moderno y dinámico, fruto de la preferencia de muchos para  vivir o instalar sus comercios allí donde barruntan un acogedor o brillante futuro. Sirve de preámbulo a la populosa Costa del Sol pero no participa aún de su bullanguera fisonomía y no tiene nada que envidiar a otros hábitats  de rutilantes ciudades españolas o europeas.

   Como todo conglomerado minuciosamente concebido de viviendas que se precie ofrece a la populosa vecindad un parque para su esparcimiento y recreo. Madrid tiene el Retiro, Barcelona Montjuic, París Los Campos Elíseos, Londres Hyde Park… En Málaga tenemos para regocijo y expansión ciudadana, además de los jardines rayanos a la Alameda en el centro capitalino, el Parque Litoral un pulmón verde y florido, meollo de la expansión constructiva en su contorno, que por su proximidad tiende la mano al Palacio de Deportes bautizado con los apellidos del concejal secuestrado.

    Prácticamente rodeado de edificios el amplio perímetro se encierra por una gran verja que el Ayuntamiento decidió colocar para frenar los ataques de vándalos urbanitas que en más de una ocasión atentaron con nocturnidad y alevosía contra el mobiliario y los elementos de distracción y juegos de los menores. Sus cuatros amplias puertas colocadas en dirección a los puntos cardinales se cierran de noche para disuadir a los desalmados que venían atentando contra la  integridad del conjunto.

    Visito cada día este remanso de paz y en diferentes horas. Su apariencia cambiante a tenor de la luminosidad que recibe del astro rey en el transcurso de las horas me cautiva. Me encandila así mismo cuando su aspecto resulta grisáceo por mor del atardecer o a causa de nubarrones que presagian lluvia. Sigo el camino que los parterres me señalan bien delineados por verdes setos que en las primeras horas de la mañana despiden un fragante aroma de verdolaga. Parecen despertar arrojando lejos de sí las brumas nocturnas de las que eran prisioneros. Respiro profundamente y me siento henchido de la paz que seducen mis sentidos al no sentir la presencia humana por mor de la temprana hora, lo que  me hace  imaginar que  estoy solo en la inmensidad de la creación y que los edificios circundantes no son sino meros y mudos  atrezos del gran espectáculo del mundo que me rodea.

    El parque, a cualquier hora, es un universo viviente por la diversidad de población volátil que la ocupa. Avecillas gráciles como los jilgueros, etéreos chamarines, ruidosas urracas que con el verdor suave de su plumaje reavivan el desvaído color de la arboleda cuando el invierno la desnuda de hojuelas, obscuros y taciturnos mirlos que   visten de luto las brozas…Y sobrevolando el recinto las evoluciones pausadas de las gaviotas que hablan a las claras de la proximidad del mar que más que verse se presiente en la lejanía haciéndonos llegar sus reconfortantes efluvios.

    Como todo vergel que se precie, a cualquiera  hora del día, pero sobre todo cuando éste declina y las sombras se muestran como fieles aliadas para prácticas más o menos libidinosas  no es raro que nos encontremos parejas de enamorados amartelados en  conversaciones apagadas y furtivas caricias ajenos a todo lo que pueda estar ocurriendo a su alrededor. Uno, que ya peina canas, hace como que nada ve y sigue impertérrito su deambular no sin recordar con nostalgia otros tiempos y otras circunstancias de su existencia más vital.

   Con frecuencia me recluyo en el parque para embeberme en la lectura. Siempre hay un rincón propicio para este menester lejos “del mundanal ruido” del que despotricaba el poeta. Siempre hay un banco propicio, a la sombra si es verano, en otra época para recibir la caricia del sol otoñal. Como acostumbran las aves al acercarse a la fontana más cercana –saciar la sed sin abandonar sus piruetas –  leo y levanto la cabeza, más absorto en la naturaleza viva que me rodea que en las páginas del libro en cuestión.

    El Parque Litoral es un remanso  de paz, sobre todo en las horas en las que la  grey infantil se encuentra ausente aposentada en los colegios. Solo se oye el apagado rumor de la fronda o el quejoso piar de las aves, ya buscando sustento, ya el lugar de descanso nocturno para su ajetreo diario.

   Hay un pero, sin embargo, en este panegírico de tan emblemático lugar, y no es otro que a invasión de mosquitos, procedentes de las marismas del próximo río Guadalhorce que se dejan caer según que época del año haciendo la estancia imposible a los tranquilos viandantes. El Ayuntamiento de la ciudad se las ve y desea para extirpar el azote, sin lograrlo definitivamente. Un hándicap que cada cual resuelve a manotazos y que disturba el paseo en tan emblemático lugar de recreo de la Málaga del extrarradio, que no por eso pierde su estampa de exuberante pulmón verde ciudadano, hoy por hoy un delicioso refugio para las atosigantes calores del verano.

 

Galopante cambio de clima

Grazalema

 

Galopante cambio de clima

JOSÉ BECERRA

Las imágenes que nos ofrecieron días atrás los medios de comunicación sobre el pavoroso incendio de Portugal, al que ha seguido el no menos voraz de Doñana, ya en nuestro suelo hispano, ha propiciado que suenen las alarmas sobre el peligro que en este verano se cierne  sobre el suelo patrio dado la penuria de lluvias que soportamos y las carencias que esta escasez, más acusada cada día, padecen  nuestros ríos, exangües y sin vida. Las deseadas lluvias cuando nos visitan obedecen a tormentas que nos traen el líquido elemento, sí, pero de manera borrascosa tal que se pierden sin apenas provecho.

    Se habla entre los entendidos de cambio de ciclos, es lo que dicen algunos; otros van más allá y apuntan a un calentamiento del Planeta con imprevisibles consecuencias. El deshielo de los Polos es,  por ejemplo, un hecho incontrovertible y claro aviso a navegantes, nunca mejor empleada la expresión.

   A nadie con dos dedos de frente se le escapa que España carece de pantanos suficientes y que los acuíferos existentes se cuiden como un don precioso y evitar que las aguas graciosamente recibidas cuando la atmósfera se muestra pródiga en lluvias vayan a parar al mar, que maldita la falta que le hace o se pierdan por caminos insondables en la profundidad de la tierra. ¿Por qué nuestros políticos, a ratos si mal no viene, no se ocupan de este problema candente en vez de enfrentarse   en peleas que nada nos reportan a la mayoría de los mortales? Urge un Plan Hidrológico Nacional en la que participen además de las Administraciones públicas, que también, la sociedad civil incidiendo en la necesidad urgente del desarrollo de Planes Hidrológicos de cuenca que hasta ahora brillan por su ausencia o son insuficientes.

    Las sierras de Grazalema, arriscadas  y multiformes a tenor de un historial geológico convulso, cabalgan sobre las provincias de Málaga y Cádiz y nos dejaron para asombro de la posteridad, además de sus desafiantes alturas que horadan el cielo,  simas, angusturas y grutas como la espectacular Cueva del Gato benaojana, que destaca por su extensión lóbrega, la de mayor de  Andalucía, por la inmensa  población de murciélagos que la escogieron desde la noche obscura de los tiempos para hibernar en ella.

    El cambio de clima que ha perece haber sentado sus reales en el ancho solar andaluz se retrasa en las sierras de Grazalema a tenor de las lluvias que recibe a lo largo del año. Desde aquí, contemplándolas en la lejanía, agradeciendo sus lluvias que nunca nos abandonaron del todo me vienen a la mente los versos de García Lorca sobre el líquido elemento que se nos muestra remiso por mor de un clima que parece cambiar de forma galopante:

Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!

 

 

La Diputación tiende la mano a la Cueva del Gato

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La Diputación tiende la mano a la Cueva del Gato

JOSÉ BECERRA

En contra de las opiniones vertidas por los políticos malagueños opositores al Partido Popular y en concreto hacia la persona del Presidente de la Diputación, Elías Bendodo, en las que le ponen a caldo, que decimos por estos lares de la Serranía de Ronda, y le acusan de atender más a su soterrada batalla de sustituir a Francisco de la Torre  en la Alcaldía de Málaga que a los problemas que atañen a la provincia, obligado es decir que en lo que toca a Ronda y su comarca en contadas ocasiones hizo oídos sordos a sus demandas urgentes.          

   Como muestra un botón: la entidad supramunicipal malagueña acaba de redactar el proyecto de la nueva pasarela que hará posible un acceso más seguro y vistoso a esa joya paisajística y natural que adorna uno de los parajes más característicos de Benaoján, el pueblo chacinero por excelencia de la provincia. Nada menos que 200.000 euros vendrán a parar al Consistorio benaojano para poner en pie el nuevo puente sobre el río Guadiaro que vendrá a sustituir al antiguo que ya se resentía por su antigüedad y que permitirá un más apropiado acercamiento a tan emblemático lugar. Desde la carretera de Ronda la nueva estructura de madera laminada sobre cuatro zapatas de hormigón armado y pilares correspondientes garantizarán la seguridad del obligado paso.

   El objetivo no es otro que tan peculiar rincón – un oasis en el sequeral que le rodea – recupere en su forma prístina los atributos que le hicieron merecer la admiración de propios y extraños. Para ello se limpiará a conciencia el fondo del cauce sin olvidar la remodelación del entorno paisajístico que lo envuelve. En suma, tratar como se merece un lugar idílico, regalo magnánimo de la Naturaleza que en sus inescrutables designios decidió volcarse en favor de este rincón, milagro de la piedra tallada Dios sabe porque manos ocultas a través de los siglos y las limpias aguas vomitadas por la espelunca a sus pies.

   Como no podía ser de otra forma, la alcaldesa de Benaoján, Soraya García, ha mostrado su contento por esta actuación inminente de la Diputación en la demarcación cuyo Consistorio comanda. Satisfacción que no es sino reflejo del sentir ciudadano al cuajar el proyecto, rubricado por la Delegación del Gobierno de la Junta de Andalucía en Málaga, lo que habla de su pronta realización.

    

La insólita Verbena del Tren en Benaoján

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La insólita Verbena del Tren en Benaoján

 

JOSÉ BECERRA

 

Que se sepa, en ningún lugar  de la Península ibérica, ancha y variopinta, se celebra un festejo de este cariz. Porque en este municipio, emporio del chorizo y la morcilla, amén de otros bocados deliciosos provenientes del cerdo, ese animal tozudo y hozador del que se dice que gustan hasta los andares, decidió va ya para una treintena de años atrás, homenajear al tren.

El pueblo está unido como si de un apéndice umbilical se tratase a la estación de Renfe, a la que se llega, ya por carretera, ya por una senda que serpentea entre rocas y olivares, y que recoge una antigua cancioncilla que habla de la idiosincrasia del pueblo (“Por el caminito del Río va la moza, con pasitos cortos, pero ligera…”) en un tiempo que no va más allá del cuarto de hora.

La línea férrea que une Algeciras con Bobadilla y Málaga que data de los inicios del pasado siglo va desde entonces hilvanando entre sí pequeños pueblos con escasa densidad de población que vivió como un milagro que el tren transcurriese entre sus términos municipales con lo que ello comportaba para la movilidad de sus habitantes y menguadas economías.

El municipio de Benaoján quiso agradecer su paso por el territorio que vino a solventar una necesidad de transportar la mercancía de sus incipientes fábricas de embutidos a lejanos destinos cuando los medios de transportes por carreteras comarcales no lo facilitaban por su ausencia o imposibles trazados. Y surgió la Verbena del Tren, siempre bien acogida por propios y extraños.

Son dos días de jolgorio y cuchipanda, bailes y atracciones verbeneras continuadas los que ocuparán el sábado 29 y domingo 30, junto a un lugar insólito: los raíles del tren en cuyo honor se monta cada año el festejo. Orquestas y atracciones a tutiplén amenizarán la verbena hasta que “el cuerpo aguante”, que dicen los del lugar.

Y si el calor le atosiga mediado el día  siempre tiene la oportunidad de arribar paso a paso (o en coche si lo prefiere) por un camino poblado de adelfas y vetustos  encinares hasta la Cueva del Gato, ese lugar idílico enclavado a muy poca distancia del lugar del festejo, prodigio de la piedra festoneada por la Naturaleza y el paso incesante de las aguas desatadas del río Gaudares o Campobuche que al hermano mayor, el Guadiaro,  vienen a morir en fraternal abrazo, sellando  amistad indeleble con el pueblo de Montejaque (Cueva del Hudidero), que desde este singular pueblo serrano proceden atravesando subterráneos y parajes de sombras reinantes en laberíntico recovecos y fosas que sobrecogen el ánimo.   Aquí, en la desembocadura de las frías aguas podrá mitigar el calor reinante con un baño prolongado en el llamado “Charco Azul”, cuyas losas  del fondo se observan a simple vista dado lo cristalino y turgente del fondo del líquido elemento allí remansado.

Los trenes, todos y cada uno de los que en estos dos días de bulla y agitación se vive junto a su paso,  no tienen por menos que saludar y agradecer con prolongados pitidos tan singular festejo en su honor.

……………

El reprobado Impuesto de sucesiones

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El reprobado Impuesto de sucesiones

El presidente del PP andaluz, Juanma Moreno, vino día atrás a otro menester a Ronda: a dar constancia de los retrasos que en lo que concierne a infraestructuras en  la comarca vienen padeciendo los andaluces, y en concreto de la empantanada situación de la variante de Arriate, a dos pasos de la Ciudad del Tajo. Lo que no fue óbice para que atacara por derecho a un impuesto que está soliviantando a  la población ya que no tiene parangón en el resto del solar hispano. De paso ha recordado el artículo 14, Título I de la Constitución que nos dimos par nuestra prez y honra en 1978, que viene a decir taxativamente que “los españoles son iguales ante la ley sin discriminación alguna”.

Y ante ese aserto indiscutible no podemos por menos que manifestar descontento y exasperación por su arraigado incumplimiento de promesas tales como la bajada o total supresión de un impuesto, el llamado de sucesiones,  que por el empecinamiento de la Junta de Andalucía se ha de hacer frente y en una cuantía que brilla por su ausencia en el resto del país, incluido en  Madrid “rompeolas de todas las Españas”, que dijo con acierto Antonio Machado.

Pero ocurre que nuestros políticos que ya nos producen hartazgos por sus promesas vacías y grandilocuentes frases que sin pudor alguno esgrimen unos y otros solo para contrarrestar lo dicho por el oponente y ponerlo a caldo si mal no viene y dejándonos, como digo,  a los españolitos de calle cada vez más exasperados y aturdidos.

Como las explicaciones que ha venido a exponer recientemente la presidenta de la Junta andaluza, Susana Díaz, como respuesta al parlamentario Juanma Moreno, quien le afeó con agrio tono que Díaz afirmara sin pelillos en la lengua que es éste un impuesto que “solo lo pagan los ricos” o, para rematar su invectiva, diciendo que quienes tributan por este concepto son los “millonarios”. No parece que esta afirmación tenga visos de realidad a juzgar por las quejas de quienes se ven obligados a satisfacerlo y que de millonarios solo tienen las ilusiones de serlo.

La contestación social está servida al respecto y veremos si cuaja la decisión de la Diputación de Málaga de declarar a  la provincia libre del discutido y maléfico impuesto que tanta ojeriza de  está levantando. En Ronda, por ejemplo, han aunado fuerzas los distintos partidos políticos para conseguir que la gabela en la ciudad sea desterrada definitivamente.

Abriendo el texto de la Constitución de 1978, que tantas cuestiones obsoletas venía a desterrar, completamos el susodicho Título constitucional  añadiendo  que “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. No podía ser más explícito y taxativo el susodicho Título. Sin embargo, hay quien se lo salta a la torera o haciendo de su capa un sayo lo manipula y distorsiona a su antojo.

Lo que no deja de ser un trato injusto a los andaluces, a los que nos queda otra que, haciendo de “tripas corazón” (frase por muy hecha que sea, pero que no deja de ser veraz) agachar la cerviz y acatar el abuso que nos viene desde arriba.

La titánica labor de los corcheros

 

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La titánica labor de los corcheros

JOSÉ BECERRA

Como saben, El río que nos lleva es una laureada novela del extinto escritor José Luis Sampedro. Rinde en ella homenaje a los gancheros del río Tajo en su ímproba labor de transportar maderos corriente abajo en un periplo que va desde la Serranía Ibérica, en Guadalajara, hasta Aranjuez. Sortean angosturas y peligrosas corrientes y ponen no pocas veces en duro trance la integridad física de quienes participan en lo que es, más que un trabajo, una aventura con un final que no siempre es venturoso.

Tuvieron su exégeta los corcheros en la persona del escritor y humanista catalán; nos falta alguien de su altura intelectual y descriptiva para que acometa la labor de sacar de las tinieblas para enaltecerla la labor de los corcheros que se dejan la piel bajo el implacable sol de los veranos de la Serranía de Ronda ejerciendo su rudo trabajo.

Suben cada mañana los corcheros de Ronda y Cortes de la Frontera arreando sus animales de carga por senderos imposibles de los montes del término municipal respectivo. Se aprovechan las horas tempranas del  día para la penosa ascensión; la reata serpentea por las trochas a paso lento y medido; dura labor les espera y los corcheros son conscientes de ellos, así como el esfuerzo sobrehumano que han de emplear y que mermarán  sus fuerzas a medida que las candentes horas del día avancen hasta el halagador declive del sol.

Pasan años y siglos y los corcheros de Ronda siguen subiendo al monte  en los primeros días de la canícula, antes que que las  calares se intensifiquen y, sobretodo, que pase el tiempo más propicio  para su labor. Ascienden las reatas de animales de carga por senderos casi imposibles arreados por quienes tienen como misión desnudar el alcornoque de su coraza de corcho, algo que  hacen  con el pundonor y ritual  de quien arrebata su vestimenta a una vestal que gana gracilidad y gentileza expuesta al amor de  airecillo de la sierra.
Oficio antiguo donde los haya, el corchero de Ronda o de los pueblos limítrofes en este quehacer atávico cuya enseñanza se transmite de padres a hijos y se aprende allí donde el monte – destellos  de sol atravesando la floresta creando irisaciones antes de acariciar el erial montuoso – se despuebla de presencia humana y el silencio reinante no se quiebra sino por el trino suave de un estornino atrevido o el graznar bronco de un aguilucho que atraviesa el aire con la rapidez de una flecha, espantado quizás por la intromisión de desconocidos en su predio montaraz y celeste.

Pero el corcho rondeño y el de Cortes de la Frontera, más allá de la sublimación de un oficio  ancestral con toda la carga romántica que conlleva lo antiguo e imperecedero posee una vertiente económica nada despreciable. Que se lo digan si no a los ayuntamientos rondeño y cortesano y el importante arrimo que significa para sus arcas no siempre boyantes. Más de medio millón de euros vendrán a engrosar el Consistorio de Ronda en concreto con la “saca del corcho” de los Montes de  Propio, que en la temporadas actual ha resultado ser de excelente calidad como puede verse en los “patios” donde se exhiben más que se amontonan para que se pueda apreciar lo especial de su textura.

Hachas al hombro, única herramienta empleada hasta hora por mucho que la mecanización trate de imponerse, los corcheros otean en las madrugadas el tajo que les ocupará durante buena parte del día. ¿Serán conscientes de que escriben cada año por estas fechas una de las páginas más sugerentes de la historia de Ronda, la pretérita y la actual, sin que nada haya podido romper ilación entre una y otra?

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No soy autor de la foto.

Piscinas por doquiera en la Serranía

Piscinas por doquiera en la Serranía

JOSÉ BECERRA

Ha sido una solución suscrita por los alcaldes y los miembros de las corporaciones municipales de buena parte de los pueblos que aglutinan el ancho y árido solar de la Serranía de Ronda. Una demanda que no se podía  desatender dada las caracteristicas de la comarca que propiciaba veranos largos y calurosos, circunstancia que forzaba  a  su gente  a soportar soles de justicia sin un remanso de paz y frescura que les aliviara. Los ríos Guadiaro y Genal, ya no son lo que eran: bajan sus aguas pobres y escasas corriente abajo y dejaron de ser factibles para baños  los “charcos” en los que era posible solazarce siquiera fuese por unas horas décadas atrás. ¿Quién no recuerda por estos lares los domingos transcurridos a orillas de esos ríos hoy menguados de caudal pero entonces limpios y caudalosos?  Y aquellas comilonas celebradas en sus orillas bajo la sombra de una chopalea, una higuera o de espesos juncos, ¿a quiénes se les olvidó?

Reliquias de  un pasado  que perdura aún son los baños en la famosa Cueva del Gato asomada al con justicia llamado Charco Frío, a tenor de la temperatura tan gratificante en veranos tórridos como el que atravesamos, y de la que disfrutan los vecinos de Benaoján y, por supuesto, de foráneos que hasta aquí llegan atraidos por el placentero  microclima que las maravillas de la piedra esculpida por la magia de la Naturaleza  y las gélidas aguas aunadas  les ofrecen.

Pero no todos los pueblos de la comarca en los que el bochorno reina en estos días pueden disfrutar de tan  gratificante y natural  paraje, así que se echó a mano a las piscinas que han proliferado como las margaritas en mayo. Montejaque, Pujerra,   Jimera de Líbar, Alpandeire, el propio Benaoján, entre otros municipios serranos encastillados en terrenos irredentos de secano peremne en los estíos agobiantes echaron mano a las piscinas como feliz remedio para alegrar la vida a pequeños y mayores y hoy por hoy forman ya parte del paisaje que circunda a cada uno de ellos. A falta de pan, buenas son tortas, parece que piensan los que que se vieron alejados de las dos vías fluviales que, por su curso sensiblemente aminorado y no todo lo limpio que fuera de desear y las  parquedad en alegres torrenteras que hicieron, como digo,  años atrás  las delicias de la vecindad, recurrieron a  las piscinas que ahora son lugar de encuentro familiar y amistoso para el relax y el buen yantar.

Están a su alcance visitando este territorio serrano paisajes de montaña insólitos, pueblos blancos cobijados, ya en las laderas de las sierras, ya en sus empinadas crestas y cumbres que desafían al cielo con ánsias de horadarlo, por no mencionar lugares que figuran por erecho propio en los anales de la prehistoria, tales las cuevas de la Pileta o del Gato en el término municipal de Benaoján. Ésta última un milagro de la piedra labrada por la naturaleza y la torrentera merced  las aguas impetuosos de río Campobuche o Guadares que a morir viene en las riberas de su hermano mayor el Guadiaro, que le espera aguas abajo. En medio, un charco de frías aguas, limpias como espejos, que propician el más placentero de los baños al lado del sequerral abrupto reinante a su alrededor.

Así que no obvien su excursión al interior de la provincia por su sequeral inmanente porque siempre es posible gozar de paisajes tan intrincados como fascinantes, caso de la Serranía de Ronda,  y al mismo tiempo darse un chapuzón en culquiera de las pìscinas que hoy por hoy abren sus puertas cada día para regocijo de propios y extraños en los pueblos desperdigados por tan emblemático  solar del sur peninsular.

Y para poner la guinda al disfrute de unos días placentero tierras adentros, lejos de playas atiborradas y ciudades tumultuosas, están esas piscinas que los consistorios respectivos han cuidado hasta el último detalle para el deleite de los visitantes.

 

 

Piscinas por doquiera en la Serranía

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Piscinas por doquiera en la Serranía

JOSÉ BECERRA

Ha sido una solución suscrita por los alcaldes y los miembros de las corporaciones municipales de buena parte de los pueblos que aglutinan el ancho y árido solar de la Serranía de Ronda. Una demanda que no se podía  desatender dada las caracteristicas de la comarca que propiciaba veranos largos y calurosos, circunstancia que forzaba  a  su gente  a soportar soles de justicia sin un remanso de paz y frescura que les aliviara. Los ríos Guadiaro y Genal, ya no son lo que eran: bajan sus aguas pobres y escasas corriente abajo y dejaron de ser factibles para baños  los “charcos” en los que era posible solazarce siquiera fuese por unas horas décadas atrás. ¿Quién no recuerda por estos lares los domingos transcurridos a orillas de esos ríos hoy menguados de caudal pero entonces limpios y caudalosos?  Y aquellas comilonas celebradas en sus orillas bajo la sombra de una chopalea, una higuera o de espesos juncos, ¿a quiénes se les olvidó?

Reliquias de  un pasado  que perdura aún son los baños en la famosa Cueva del Gato asomada al con justicia llamado Charco Frío, a tenor de la temperatura tan gratificante en veranos tórridos como el que atravesamos, y de la que disfrutan los vecinos de Benaoján y, por supuesto, de foráneos que hasta aquí llegan atraidos por el placentero  microclima que las maravillas de la piedra esculpida por la magia de la Naturaleza  y las gélidas aguas aunadas  les ofrecen.

 

Pero no todos los pueblos de la comarca en los que el bochorno reina en estos días pueden disfrutar de tan  gratificante y natural  paraje, así que se echó a mano a las piscinas que han proliferado como las margaritas en mayo. Montejaque, Pujerra,   Jimera de Líbar, Alpandeire, el propio Benaoján, entre otros municipios serranos encastillados en terrenos irredentos de secano peremne en los estíos agobiantes echaron mano a las piscinas como feliz remedio para alegrar la vida a pequeños y mayores y hoy por hoy forman ya parte del paisaje que circunda a cada uno de ellos. A falta de pan, buenas son tortas, parece que piensan los que que se vieron alejados de las dos vías fluviales que, por su curso sensiblemente aminorado y no todo lo limpio que fuera de desear y las  parquedad en alegres torrenteras que hicieron, como digo,  años atrás  las delicias de la vecindad, recurrieron a  las piscinas que ahora son lugar de encuentro familiar y amistoso para el relax y el buen yantar.

Están a su alcance visitando este territorio serrano paisajes de montaña insólitos, pueblos blancos cobijados, ya en las laderas de las sierras, ya en sus empinadas crestas y cumbres que desafían al cielo con ánsias de horadarlo, por no mencionar lugares que figuran por erecho propio en los anales de la prehistoria, tales las cuevas de la Pileta o del Gato en el término municipal de Benaoján. Ésta última un milagro de la piedra labrada por la naturaleza y la torrentera merced  las aguas impetuosos de río Campobuche o Guadares que a morir viene en las riberas de su hermano mayor el Guadiaro, que le espera aguas abajo. En medio, un charco de frías aguas, limpias como espejos, que propician el más placentero de los baños al lado del sequerral abrupto reinante a su alrededor.

Así que no obvien su excursión al interior de la provincia por su sequeral inmanente porque siempre es posible gozar de paisajes tan intrincados como fascinantes, caso de la Serranía de Ronda,  y al mismo tiempo darse un chapuzón en culquiera de las pìscinas que hoy por hoy abren sus puertas cada día para regocijo de propios y extraños en los pueblos desperdigados por tan emblemático  solar del sur peninsular.

Y para poner la guinda al disfrute de unos días placentero tierras adentros, lejos de playas atiborradas y ciudades tumultuosas, están esas piscinas que los consistorios respectivos han cuidado hasta el último detalle para el deleite de los visitantes.

 

 

 

Bernardo de Gálvez en el Congreso de los Diputados

Bernardo de Gálvez en el Congreso de los Diputados

JOSÉ BECERRA

 

Naturalmente, me refiero a su retrato. La efigie de este héroe de Macharaviaya es digna que esté presente allí donde se cuecen todos los asuntos de Estado y permanecen para no ser olvidados personajes que de una u otra forma trabajaron para el engrandecimiento de España. No parece descabellado, tal y como acaba de proponer el Presidente de la Diputación de Málaga, Elías Bendodo, que el héroe malagueño de la independencia de Estados Unidos figure en alguna de las dependencias del Congreso. Hizo la propuesta durante la presentación de los actos conmemorativos de la Independencia de los Estados Unidos que se celebran en el pueblo de la comarca de la  Axarquía en estos días.

   Sorprendió meses atrás la descarga en el puerto de Málaga de una veintena de toneladas de roble vivo de Virginia (EEUU) donadas por el pueblo americano para dar forma a una réplica exacta del bergantín “Galveztown”, que tan destacado papel jugó, bajo el mando de su aguerrido capitán Bernardo Gálvez en la guerra de independencia de los Estados Unidos. Una vez finalizada la construcción naval, el velero se hará a la mar y surcando las mismas aguas atlánticas realizará el periplo que le llevará a arribar a las aguas de la península de Pensacola, decisiva para la expulsión de los ingleses y la consecución de los objetivos militares de los americanos sublevados, comandados por Jorge Washington, el primer presidente estadounidense.

   El pueblo axárquico de Macharaviaya, a un tiro de piedra de Rincón de la Victoria y Benajarafe, lo forman calles escalonadas que no pueden renunciar a su origen árabe por trazado y hechuras. Tiene razón de ser desde el siglo XVI y hubiera transcurrido su historia casi desapercibida si no hubiese sido porque en el siglo XVIII gozara de una colosal eclosión económica en la que la menor participación fueron sus viñedos – riqueza que se perdió hacia 1870 con la epidemia de filoxera – y el mayor apogeo merced a los afanes de la aristocrática familia Gálvez, cuya finca era frecuentemente visitada por las más prominentes figuras de la Málaga dieciochesca. Fue en esta época cuando el pueblo mereció la denominación de “Madrid chico”, sobrenombre a todas luces ilustrativo por muy hiperbólico que parezca.

   En los anales históricos de Macharaviaya se escribe con letras de oro un apellido: Gálvez. La saga fecunda de políticos de buen hacer, gobernadores preclaros y aguerridos navegantes que inició José de Gálvez (1721-1701), de quien se dijo y con razón tal fue su influencia en el Nuevo Mundo, que tuvo en sus manos el destino de América, se venera en el acogedor pueblo de la feraz Axarquía malagueña. Lápidas conmemorativas en las calles, enterramientos señoriales (cripta en el subsuelo del templo (bajo la advocación de San Jacinto), que guarda los restos de la familia, y la todavía sobre algunos de sus muros la fábrica de naipes que surtió para este juego de azar a toda la América de su tiempo (finales del siglo XVIII) hablan por si solas de la raigambre de este linaje en el pueblo.

  La prosapia del apellido Gálvez en el siglo dieciochesco, sin hacer distinción de cada uno de los miembros de la familia, la atestigua sus relaciones con personajes de tanto relieve como Carlos III, (quien hizo a José ministro de Indias), Esquilache, Grimaldi o Fray Junípero de Serra. Hablan por sí solo, además, los cargos que unos u otros ocuparon y en cuya ejecución siguieron de cerca los postulados de las reformas borbónicas y que abarcaron los campos de la administración, la economía, la milicia y la hacienda.
Pero quizá sea la figura de Bernardo la que ejerza mayor poder de fascinación en cuanto que encarnó el espíritu de intrepidez, osadía y denuedo que caracterizaron a los conquistadores españoles que le precedieron en el nuevo mundo descubierto por Colón y sus seguidores. Hijo de Matías de Gálvez, virrey de Méjico, a punto de mediar el siglo XVIII, su vida, que no llegó a coronar este siglo (murió en 1786), fue corta pero heroica a más no poder(murió a los 40 años, siendo ya virrey de México.
Abandonó su pueblo natal, Macharaviaya, con edad temprana. Militar a los dieciséis años (Academia de Ávila), se alista como voluntario a la guerra contra Portugal en 1762. Tres años después viaja por primera vez a América, se distingue por sus enfrentamientos con los indios apaches, y vuelva a España diez años transcurridos diez años. Su valor y sus dotes de político son ya justamente reconocidos. Viaja a Francia y lucha en Argel, donde acrisola su temple de soldado al continuar la emisión encomendada, pese a un serio percance de guerra que puso en peligro su vida.

  Volvió a América, en concreto a Luisiana, de donde fue nombrado Gobernador y toma parte desde el primer momento a favor de los independentistas norteamericanos en guerra para sacudir el yugo de la opresión de los ingleses. El mito Gálvez empieza ya a ser realidad entre sus soldados. Golpea a los ingleses, ya en guerra contra España, arrebatándoles los bastiones más importantes a las orillas del Mississipi. Paso siguiente fue la toma de Mobile, la cual sirvió de trampolín para la conquista de Pensacola, acción que cubrió indefinidamente de gloria al navegante de Macharaviaya, al tomar la ciudad con escasos medios y dotación personal a bordo del cañonero bergantín Galveztown. “¡Se puede!”, fue su grito de guerra, cuando contra todo parecer por lo improbable de la victoria, trataron de disuadirle de iniciar el asalto a la bahía..

Y se pudo, efectivamente. Finalizada la guerra, que fue particularmente sangrienta, el ya Conde de Gálvez (título nobiliario que le concedió Carlos III), fue declarado Héroe Nacional por el Congreso de los Estados Unidos.

   Prodigiosa hazaña la de este hijo de Macharaviaya en el Nuevo Continente. El pueblo  malagueño sigue reverenciando la figura del insigne militar y hombre de Estado que lo catapultó a la gloria.  Una personalidad egregia cuya imagen no va a desentonar, ni mucho menos, en el Congreso de los Diputados, tal y como ha propuesto el presidente de la Diputación malagueña.

El Hospital de Ronda continúa ralentizado

 

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El Hospital de Ronda sigue continúa ralentizado

Ya sabemos que a expresión “velocidad de crucero” en el argot marítimo  significa que el navío opera y avanza con máxima eficiencia. Se aplica el término, como saben,  en cualquiera otra faceta de la vida social, económica y de cualquiera otra índole cuando las cosas van bien y como era de esperar en su transcurso después de iniciado el arranque. Algo que a juicio de la parlamentaria andaluza del PP  Esperanza Oña, en su día alcaldesa de Fuengirola, no reconoce en lo que toca al Hospital de Ronda, recién iniciada su andadura,  y así acaba de exponerlo, sin pelillos en la lengua, en un pleno del Parlamento Andaluz. Tildadas de ridículas las carencias del Hospital en cuestión, Oña ha recalcado que “no serán tan ridículas cuando muchos medios de comunicación así lo han reconocido y no han tenido reparos transmitirlos”.

    Es de suponer que  Oña habla con conocimiento de causa y que se habrá previamente cerciorado de que sus críticas responden a la realidad en cuanto acontece respecto al recién inaugurado Hospital que ha costado Dios y ayuda para que abriera sus puertas definitivamente, de otra manera hubiese estado callada y habría que considerar como una pataleta el meollo de sus cuestiones que no es otro que el de poner en evidencia el despropósito de la consejera de la Junta, Marina Álvarez, a quien increpa por tachar de impropias las quejas que afloran entre los usuarios del flamante centro.

   Todo apunta a que se hacen oídos sordos y que desde la Junta se vanaglorian de la salud pública andaluza pero justo es reconocer que en lo que toca al Hospital de Ronda todo apunta a una parálisis, creo que nunca mejor empleada la expresión, que le impide avanzar sin rémoras en el cumplimiento de sus fines. Alude Oña que no son” eslóganes presuntuosos” lo que los rondeños necesitan sino el reconocimiento de los errores y la “presentación de soluciones”. Habla de deficiencias tales como la imposibilidad de que se pueda reconfortar con una bebida tonificante a quienes ingresan después de las 9 de la noche, o que se siga suministrando las comidas a los pacientes cocinadas en el antiguo hospital, o que permanezca la iluminación durante el día y la noche, entre otras deficiencias que hospitalizados y profesionales del centro denuncian y que, por lo visto, se echan en saco roto por parte de la Junta.

     Muchas esperanzas mantuvieron  rondeños y  habitantes de los pueblos de la Serranía en el nuevo Hospital, y es de esperar que se ponga coto a tamañas deficiencias que obran en detrimento de quienes se ven obligados a solicitar atención, cuidos y curas de sus males. Su marcha ralentizada exaspera.

    El barco del Hospital en muchos aspectos sigue sorteando escollos sin llegar felizmente a buen puerto.