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Un tendero de pueblo
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José Becerra | 11-09-2012 | 16:44| 0

 

 

Un tendero de pueblo

In memoriam 

Cada vez que el recuerdo de mi padre me viene a la mente dos cualidades personales de su trayectoria vital lo acompañan. Una es la de la honradez, otra,  la del trato amigable que siempre prodigaba a quienes se le acercaban  en busca de alguno de los mil artículos que en su tienda de pueblo podía ofrecer.

   Ejerció otros oficios, como el de contable en la primera gran fábrica de embutidos que se levantó en Benaoján. Era  la  de Manuel Carrasco, mitad hacendado, mitad cacique que labró la impronta de  una industria que años después,  continuada por otros empresarios con visión de futuro, se abrió paso con ímpetu en los mercados de Andalucía y hasta en los del extranjero,  concediéndole una nombradía al pueblo que aún perdura. Mi padre estuvo al lado de este pionero industrial durante los a.ños del despegue.

   Tengo para mí que mi padre, Francisco Becerra, fue uno de los primeros mecanógrafos del pueblo (¡aquella vieja Underworld  suya que yo aprendí a teclear con poquísimos años!),  algo que no le impedía poseer una extraña habilidad: La de escribir a mano con una caligrafía envidiable. Tanto de una forma o de otra lograba hilvanar correctos escritos, ya propios de un oficinista, ya    de índole descriptiva. Con  mis pocos años me entusiasmaban,  y que de alguna manera sembraron en mí la afición por escribir (aparte de imbuirme la costumbre de leer el periódico,  primero el ABC de Madrid, que llegaba con un día de retraso, luego el SUR, que siempre vi en el hogar), cosa que siempre tendré que agradecerle.

   En los anaqueles de  la tienda de Becerra se exhibía todo lo que en un pueblo podía ser necesario: alpargatas, hilos, hoces, palustres y azadas, mosto de los viñedos del lugar y vinos de los campos de Moriles o Criptana, aceite de los molinos del municipio, avíos para la matanza casera de cerdos, parches sor Virginia para los dolores musculares, pastillas Valda para la tos, enciclopedias Álvarez  y libretas para los alumnos del Grupo Escolar, postales, agujas para tricotar, naipes, boinas y sombreros de palma Todo eso y hasta adornos policromados para los ataúdes o juguetería y golosinas  para los más pequeños. Un abigarrado muestrario de objetos precisos para una vecindad sencilla y sin grandes aspiraciones personales o laborales, ineludibles  para el vivir de cada día.

   No tenía horario de trabajo. Desde la más temprana hora hasta bien avanzada la noche, lloviera o venteara, hiciese frío o calor, siempre detrás del mostrador, sin un mal gesto ni un comportamiento desabrido. Tengo que decir que jamás le vi en la barra de un bar o con un cigarrillo en la boca. Esto no ni tiene por qué tener importancia necesariamente, pero para mí era un corolario o   una prueba irrebatible más del conjunto de cualidades y   sanas costumbres que adornaban a su persona.

   Se cumplen ahora años de su muerte. Un fatídico  tumor se enroscó en el  páncreas y acabó con su vida. Pero aún en el lecho del dolor dio pruebas de su resignación cristiana y bonhomía, más atento a los desvelos que ocasionaba a quienes le cuidábamos que a su propia enfermedad. Aceptó su situación con la tranquilidad de una verdad que muchas veces le escuché de sus labios: “Aquí, en esta vida estamos de paso, una corta parada en la estación de la eternidad a la que nos debemos. Importa que en  esta breve  estancia nos comportemos bien para que el final no nos infunda en el menor miedo”.  Hasta me recitaba los versos manriqueños: “La vida es un río que da al mar, que es el morir…”.

   Porque mi padre,  a su manera era un poco filósofo, y estaba  imbuido de la sabiduría popular que es connatural a los hombres humildes y sencillos de  los pueblos serranos apegados al terruño y conservadores de oficios antiguos y manifestaciones sociológicas ancestrales. Un ejemplo fiel a seguir.

   Foto: Callejón de la tienda de Becerra /infoserranía

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Il dolce far niente en la Cala del Moral
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José Becerra | 09-09-2012 | 10:19| 0

 

 

 

 
 

 

La expresión nos viene de la Italia renacentista pero se acuñó en el resto del mundo para reflejar un estado de ánimo sereno, lejos de preocupaciones cotidianas y amarguras de las que la vida se encarga de proporcionarnos sin tasa, ahora más que otras veces a causa de esta malhadada crisis que a todos nos oprime y subleva.

 Es el verano la estación ideal para practicar, olvidándonos de sinsabores, de “el dulce no hacer nada”, o también menos solapadamente  de la “refinada holgazanería”, que no otra cosa quiere decir el encabezamiento de estas torpes líneas.

Cada uno disfruta a su manera de estos momentos de bienestar que nos pide el cuerpo después de las fatigas de ganarse el pan de cada día, porque desde luego no puede ser dulce el no hacer nada de esos ya va para 6 millones de parados que ansían un trabajo.

  Por esta última circunstancia pergeño estas líneas con cierto  remordimiento; puede parecer un escarnio para los que se ven obligados y no por placer a permaneces inactivos. Sin embargo, permítanme que pondere estos ratos que como jubilado me son permitidos.

Atardecer enla Caladel Moral. Se repliega el verano y el otoño se vislumbra cercano. El sol se pone en lontananza y viste de tintos cárdenos el cielo que hasta ahora ha lucido un espléndido color añil. Ni calor ni frío.

Los espeteros preparan las últimas sardinas, “plata uy fuego”, en el último mes del estío. Gente variopinta se asoma al paseo Blas Infante para aprovechar las últimas claridades del día. Mi “ dolce far niente” consiste en disfrutar en un banco del paseo y mirar. Otros prefieren para este momento un daykyri frío o paladear un “gin tonic” entre amigos.

Yo me conformo con escuchar las notas de alguna música tenue y sensitiva en mi transistor. Ahora mismo suena el ´Claro de Luna´ de Debussy, una suave suite que casi me adormece. No se puede pedir más.

Foto/ Agenda diario SUR

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Rajoy, en la cuerda floja
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José Becerra | 07-09-2012 | 10:24| 0

 

 
 

 

 

Admitiendo que el presidente del Gobierno está haciendo lo que buenamente puede para sacarnos del atolladero se tiene la sensación, más generalizada cada día, que no acierta  con  medidas ni lo hace con sus declaraciones.

¿Cómo puede decir el jefe del Ejecutivo, a la pregunta de un periodista sobre las condiciones que se nos impondrán en el caso de pedir el rescate total, que todavía no las sabe porque tiene que leer la letra pequeña del  documento? Bueno está que eso lo diga uno, despistado, cuando sopesa los condicionamientos de un seguro del coche. No, no es creíble.

Tampoco lo es cuando dice que a las pensiones no la tocará “de momento”. Visto lo visto tengan por seguro que acabará tocándolas. Es sabido que nuestro presidente está perdiendo crédito a raudales, o sea que se mueve en la cuerda floja.

Los que le votaron mayoritariamente empiezan a poner en duda la eficacia de su sufragio. Desde sus propias filas, además,  se ve cómo destila este malestar. ¿Por qué si no se apresuran ahora a dejar sentado que Rajoy será un activo y no un lastre en las campañas gallega y vasca? Parece lógico pensar que hayan pensado en esta probabilidad para afirmar a renglón seguido que no lo “esconderán”.

   No se ve ni firmeza ni contundencia en la acción de nuestro máximo dirigente. Porque está obviando una necesidad inaplazable, quid de la cuestión: la reestructuración del Estado. Menos comunidades derrochadoras, diputaciones y ayuntamientos inútiles. Menos coches oficiales,  direcciones provinciales y funcionarios elegidos a dedo por el clientelismo político. Menos televisiones regionales y embajadas en el extranjero… Es un clamor, señor Rajoy, óigalo. Y volveremos a creer en usted.

Foto/Diario SUR

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Merma de las pensiones
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José Becerra | 05-09-2012 | 10:36| 0

 

 

Para atender la paga extra del verano a los pensionistas el Gobierno tuvo que recurrir al Fondo de Prevención y Rehabilitación.

De momento este es un paso previsto y no hay que huir del  alarmismo entre los que nos acercamos cada final de mes al banco a  recibir los estipendios que nos permite seguir subsistiendo, en muchos casos ayudando a familiares que padecen el azote del desempleo.

Pero no hay quien nos quite la mosca detrás de la oreja. Dicen en mi pueblo, al sur del sur, que cuando en un hogar se echa mano a la hucha de los ahorros para solventar necesidades perentorias el panorama se presenta sombrío para la familia. A gran escala, es lo que vemos  está ocurriendo con las pensiones, las cuales, hay que decirlo en el Pacto de Toledo se sacralizaron (entre otras medidas mantener el poder adquisitivo de las pensiones) como era de rigor. Se están levantado voces de pseudos economistas preconizando algo así como que si todo el mundo tiene que apretarse el cinturón por qué no los pensionistas.

Olvidan que es lo que llevábamos haciendo desde siempre con unas pensiones raquíticas, mermadas ahora por el copago sanitario.

Apuntan además que el Gobierno tendría que reconsiderar el abono de la paga extra de Navidad y lo que  nos corresponde anualmente por el aumento del IPC, para no tener que recurrir al Fondo de Reserva, mermado sustancialmente por la caída de la filiación ala Seguridad Social.

Haría bien el Ejecutivo de hacer oídos sordos a estas sugerencias que de realizarse vendrían a anticiparnos la cuchillada final.

JOSÉ BECERRA

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Verano, sol y avispas
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José Becerra | 04-09-2012 | 10:12| 0

 

 

 

 
 Cuando el sol calienta inmisericorde las tierras dela Serraníade Ronda, sus pueblos,  aletargados, ya en el hondo  valle ya en las laderas de su más alto y arisco relieve no parecen que muestren el menor indicio de vida. Después de la comida del medio día se suceden soporíferas horas que caen sobre las casas – encaladas fachadas refulgentes, oscuras techumbres moriscas – como si lo hiciera el plomo sobre el vaciado de una figura geométrica.

   Pocos son los que desafían el caliginoso momento y se atreven a pisar el asfalto de las calles o los resbaladizos cantos que las empiedran. Puertas y ventanas permanecen abiertas, en su hueco el balanceo de la leve cortinilla o la oscura celosía tras las que más que ver se adivinan cuerpos cansinos que inútilmente buscan fresco sosiego, porque no hay rincón que en estas pesadas horas caniculares lo proporcionen.

Se ansía la brisilla de la sierra, pero ésta se hace rogar y no hará acto de presencia sino bien entrada la noche, alta ya la madrugada, próximo el claroscuro del alba. Silencio, un silencio pesado que difumina pisadas y que nadie osa romper, como si el mismo conversar exigiera un esfuerzo que en las horas planas, pesan cual  martillo sobre un yunque.

   He vivido muchos veranos en la Serranía, casi tantos como los años que soportan mi  ya un tanto deteriorada  energía física. Últimamente intento volver sólo  cuando septiembre imprime la suavidad de sus noches a las imposibles madrugadas de agosto.

Sin embargo, añoro los días de calor extrema, quizá porque me retrotraen a los días lejanos de mi infancia. Entonces, lejos las obligaciones de la escuela, solía madrugar, entre otras cosas agradables porque mi madre me mandaba a comprar churros que un tenderete de la plaza regía Josefa, la Tejeriguenra, una mujer en puertas ya de la ancianidad que, en Benaoján,  se daba las  mejores artes para freír la masa en redonda y pomposas formas que para mí eran pura delicia. En verano, los tejeringos se hacían a pleno aire, y daba gusto solo inhalar el olorcillo que desde lejos, desde cualquier calle delataban su presencia haciendo atractiva una mañana que todavía, a poco de clarear el día, no hacía presagiar aún la calima del día en cuanto  el sol estuviese en su cenit.

    Las tardes veraniegas, no importa sin el sol caía a raudales, la chiquillería bajábamos al Guadiaro para los chapuzones de rigor. Antes, el río descendía de las sierras limpio y con un caudal tan abundante que propiciaba la creación de charcos que permitían baños a ratos alborotados y a ratos placenteros. Hasta se podía pescar a solapa o con cañas, que la población de barbos y parcas siempre fue siempre abundante. Estas interminables tardes chapoteando en el agua o tendido entre juncos y mimbreras se me quedaron grabados en la memoria y me sirvieron de lenitivo cuando me  vi obligado a pasar los veranos en otros parajes y en mitad de otros paisajes.

    Ahora sé que el río de mi niñez está imposible, que languidece nauseabundo, que sus aguas mermaron considerablemente y acabaron por desaparecer frescas corrientes y cristalinas charcas. Y que hay que remontarse hasta sus afluentes, como el  Campobuche para disfrutar de un baño frío y relajante y sin peligro de contaminarse con repugnantes efluvios. 

Abandonado el Guadiaro,  a lo largo de su sinuoso cauce nadie se atreve a acercarse. Puede que sólo lo hagan los insectos insufribles para hacer verdad el dicho de los hortelanos con heredades en sus orillas, retratando una realidad que, bien mirado, también es propia de estas tierras cuando se muestran sedientas y ardientes: “Verano, sol y avispas”. Un testimonio que sigue intacto.

Foto/ Turismo de Ronda. El “Campobuche”, afluente limpio y refrescante del Guadiaro 

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Ronda asombrosa:la Goyesca
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José Becerra | 01-09-2012 | 12:16| 0

 

 
 En el atardecer mortecino del último día de la feria de mayo de 1785 la calle dela Bolapresenta un ajetreo inusitado. Revuelo de público expectante y bullanguero: beldades rondeñas vistiendo sus mejores galas, ágiles jinetes sobre inquietos alazanes y carrozas enjaezadas. Agitar de banderolas y fulgor de farolillos. Volteo de las campanas de Santa Maríala Mayor. Remolinode gente vociferante ante la regia portada de trazas  barrocas y neoclásicas. Ç

Se inaugura definitivamente la Plazade Toros dela Real Maestranzade Caballería – tras un desgraciado derrumbe que ocasionó diez muertos, el año anterior – y en albero  abren el paseíllo Pepe Hillo y Pedro Romero. Cartel de lujo y nadie quiere perderse el espectáculo del matador de moda y, al lado, al paisano célebre, primero en bajarse del caballo y torear a pie, sentando las bases del toreo  moderno.

    “Más cornás da el hambre…”, se lee en el pedestal que sostiene la escultura de Pedro Romero en el Parque del Tajo, premisa que habla de las penalidades de los maestros de lidia antes de ser consagrados por la fama. Se erigió la estatua en 1954 – Pedro Romero, erguido, cita al morlaco, en un envite a la muerte para la eternidad – rememorándose el segundo centenario del nacimiento del torero. Desde esa fecha datan las corridas goyescas, en la Ronda septembrina que ahuyenta calores y tiende la mano al otoño, barruntado ya en la floresta alicaída dela Alameda.

    Como no podía ser de otra forma, dado que la forja rondeña raya a gran altura en la ornamentación arquitectónica antigua de la ciudad, resalta en la Plazade Toros su entrada en la que luce un  balconcillo y balaustrada de hierro con motivos taurinos que divide en dos entablamento y arquitrabe, coronados ambos con el frontón partido del más puro estilo neoclásico.

   Pero la plaza más antigua de España – abrió sus puertas por primera vez en tiempos del desordenado Borbón, Fernando VII – y una de las más grandes –60 metrosde diámetro – guarda los motivos para el asombro en su interior. La piedra es el material constructivo y ornamental predominante. De piedra son las dobles arquerías que sostienen los dos cuerpos del tendido y que descansan sobre elegante columnata toscana también de piedra, como el arco con pináculos, escudo y frontón que corona la entrada del picadero.

    Es una plaza que respira señorío, no en balde en el palco real no es raro que se siente algún miembro dela Casa Realdesde que en 1985 se abrió por primera vez para don Juan de Borbón.  Y no se puede encontrar otro marco más apropiado para la corrida goyesca, el acontecimiento que convierte a Ronda centro del  buen toreo, del toreo que creó escuela – el rondeño -, que fue el que consagraron familias taurómacas célebres como la de los Romero o la de los Ordóñez.

    La goyesca, con repercusión internacional, aparte del festejo taurino en sí, convierte a las calles adyacentes a la plaza en pasarela por las que desfilan – glamour desbordado- políticos, folklóricas y famosos de la tele. Todos quieren estar en donde ese día y a esa hora hay que estar.

   Este año un atractivo cartel: Francisco Rivera, El Fandi y Alejandro Talavante María Manzanares hijo. En los chiqueros, toros de la ganadería de Núñez de Cuvillo.

    Antonio Ordóñez, valedor en vida del festejo, se parapeta, verde y oro, tras una imposible barrera de cielo y estrellas.  Muerde el capote, en espera de que salte a la arena el primer toro de la tarde.

Foto/ Diario SUR

 

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Arden nuestros montes
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José Becerra | 31-08-2012 | 16:57| 0

 

 

 

 

 
 Incendio desolador en los términos municipales de Coín, Marbella, Ojén y Monda, entre otros. Escenas de terror y víctimas mortales. El fuego descontrolado protagonista de desbandadas de vecinos con el miedo metido en el cuerpo por la posible pérdida de vidas y haciendas.

Todos los veranos los fuegos originados fortuitamente, por imprudencia o con intencionalidad  delictiva asolan España. Ningún entorno donde la vegetación sea abundante puede estar libre de ellos. Para solucionar el problema en este caso como en todos los que requieren actuación continuada y eficaz piensa uno había que empezar por la previsión.

 Los campos y  montes de media España y los de la Serranía de Ronda que son los que conozco más de cerca sufren de un abandono prolongado: no son rentables las siembras y apenas vagabundean por ellos animales domésticos que los mantenían  libres de maleza y hojarasca.

Ya lo he dicho  en otra ocasión: los rebaños de cabras son prácticamente inexistentes en nuestros montes. Resultan anacrónicos pero nunca dejarán de ser útiles para la salvaguarda de la vegetación. Desde la antigüedad se tenía como cosa segura que donde estos mamíferos rumiantes campaban no había peligro de fuego.

Por otra parte, la gente joven le dio las espaldas al campo ganada por el atractivo de las ciudades. ¿No se podría desde las más altas instancias gubernativas costear patrullas de gente desocupada para esa limpieza forestal tan necesaria en el momento oportuno? Aliviaríamos el paro y evitaríamos  incendios destructores.

Foto/ Diario SUR 

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Huelga de sexo
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José Becerra | 30-08-2012 | 17:39| 0

 

Las mujeres de Togo, república asentada en la parte occidental de África, han ideado una acción conjunta para derrocar al presidente del país, el heredero de la estirpe Gnassingbé, la cual  lleva gobernando el país después de 45 años.

Nada de algaradas ni protestas callejeras sonoras, al uso occidental. Han optado por el silencio, pero eso sí recurriendo a un procedimiento que se nos antoja infalible para conseguir sus objetivos: echar al marido de la cama marital  o impedir – medios físicos tienen para ello – el tributo que como casadas deben a su cónyuge.

Quieren estas féminas, renunciado al débito conyugal, que sus parejas muestren más decisión para derrocar al régimen en vigor. Esta guerra de sexo, que no es nueva, suele culminar con un éxito político, como  se ha comprobado en otros puntos del Globo. Ni “ sábado, sabadete…”, que decimos por estos  pagos malagueños, ni ninguna otra incitación carnal: las mujeres africanas  parece que se muestran impertérritas.

 Lástima que no sigan el ejemplo las consortes de  nuestro país. A buen seguro que, sin derrocar a nadie, pero sí para cambiar nuestra situación, con la abstinencia prolongada, los políticos y  la política que tanta desconfianza nos inspiran cambiarían de derroteros obligados por la terca obstinación de sus mujeres a no ceder a sus requerimientos amorosos.

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Mi tío Cristóbal
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José Becerra | 29-08-2012 | 10:08| 0

 

 

En mi artículo titulado ´El cartero de Benaoján´, publicado días atrás,   incurrí en  un error garrafal que reconozco y por el que pido perdón públicamente a las personas interesadas que me lo han hecho ver, por cierto,  algunos  de  manera desabrida que creo no merezco. Y creo que es así ya que en este caso considero que se debería haber impuesto el criterio de que lo que se trataba era de realzar la figura de este familiar mío – mi tío Cristóbal – y su abnegado sacrificio para sacar adelante la familia a la vez que su trayectoria como persona cabal e intachable.

Mencionar los hijos era totalmente secundario, aunque algunos lo han esgrimido como arma arrojadiza contra mí. Cierto, Olivia era la hija mayor de mi tío, que erróneamente omití en mi escrito. Cierto que su dedicación en el cuidado de sus padres – mi tía María Hiraldo, aquejada de una enfermedad irreversible, a la que ella asistió pacientemente, lo mismo que hizo con su padre hasta el  momento del fallecimiento – fue un hecho real. Lo fue también la atención prestada a la familia, lo cual hizo posible en parte que sus hermanos  culminaran con éxito sus estudios.

 Cierto que fue una hija ejemplar. De ahí que  me duela este error mío del que me percaté cuando ya no había medio de rectificar porque el escrito se estaba imprimiendo.

Si estas líneas pueden conseguir que mi prima Olivia acepte mis disculpas me daré por satisfecho.

  Cierto que el hijo mayor José María es doctor de la Universidadde Granada,  si lo sabré yo que he seguido sus pasos como docente e investigador excepcional, aparte de que pertenecí a la de Málaga como bibliotecario más de 12 años y por tanto sabedor de cuantos profesores integraban el Claustro. Decir que perteneció a la universidad malacitana no es más que un  lapsus de memoria que lamento, pero no entiendo que sea éste un detalle trascendental.

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Error impensable
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José Becerra | 28-08-2012 | 10:19| 0

 

Vaya por delante el respeto y la admiración  que nos merecen las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Policía y Guardia Civil han dado muestras de su buen hacer y brillante actuación tanto dentro del país como fuera de él. Nuestros investigadores policiales siempre han sido solicitados por la eficacia de sus actuaciones en defensa de la ciudadanía. Eso es algo indiscutible y admitido universalmente. Y así seguirá ocurriendo.

Pero “errore humanum es¨, que dijo el clásico. Y en el caso de los niños Ruth y José supuestamente asesinados por ese ser abyecto cuyo nombre me resisto a escribir porque con él ensuciaría esta carta ha defendido su inocencia merced al error de la Policía Científica que dio por concluyente unas pruebas que ahora  han sido desmontadas por una nueva investigación instada por la familia de las víctimas a un forense independiente de prestigio.

El resultado tardío nos lleva a pensar en una situación al revés que nada tiene que ver con este caso. Supongamos que unas pruebas periciales  concluyen erróneamente con la culpabilidad de alguien que en realidad es inocente. Éste sería condenado de por vida, a no ser que una investigación externa probase lo contrario. De ahí la importancia de esa apelación  a una vía independiente que contraste, afirme o niegue lo aseverado  inicialmente.

 

 

 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.