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Ataque al español en Cataluña
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José Becerra | 24-10-2018 | 10:22| 0

 

Ataque al español en Cataluña

JOSÉ BECERRA

 

La guerra declarada por el nacionalismo excluyente que hoy impera en Cataluña está amenazando seriamente al castellano en su zona de influencia. Recuerdo de los años ya remotos de  mi juventud en los que viví por motivos de trabajo en la Ciudad Condal cómo se miraba con desdén mis expresiones en el idioma patrio, sobre todo cuando algún catalán contumaz me escuchaba cómo me expresaba con el deje andaluz que me era propio. Si esto ocurría en los años 50 del pasado siglo, imaginen lo que ocurriría ahora si me dirigiese al alguien, sobre todo si mi interlocutor es un acérrimo partidario del independentismo hoy imperante en buen parte de la sociedad catalana. Ni me escucharía, si es que no lanza un escupitajo de desprecio.

Hoy en día, las cosas han ido a más, dado los acontecimientos políticos que vienen sucediéndose en el solar catalán. El castellano se está arrinconando de manera drástica en las escuelas. Y no solo eso sino que amenaza con extender su predominio en cualquiera de las funciones normales inherentes a la vida real fuera de las aulas. Se quiere implantar, si no lo ha hecho ya por completo, en todos los ámbitos una vez que ha cuajado la idea de que se trata de erradicar en cualquier ámbito la lengua oficial del Estado, para claramente dar a entender que Cataluña rompió sus lazos con el resto de España, al que se considera poco menos que un país extranjero. Corolario de algo de lo que tendrían que haber rendido cuenta los sucesivos gobiernos del país, que fueron dando de lado al idioma patrio, llegándose a su culmen ahora cuando el separatismo, si no está ya firmemente asentado, amenaza con hacerlo sin mucha tardanza.

Un par de meses atrás alrededor de 1.500 personas salieron a la calle a voz en grito en Barcelona para dejar constancia de su repulsa a la “imposición lingüística”, mostrando con voz en grito su apoyo a la libertad de la lengua en las aulas escolares. Obedecía la marcha a la convocatoria por la “Asociación Hablemos Español”. Se alzaba la voz contra los colectivos independentistas que propugnan erradicar el idioma patrio de los centros escolares como arma para el pretendido adoctrinamiento que desean cuaje como arma crucial en su tenaz pero trasnochado empeño.

Lamentablemente, el Estado en esta candente situación en la que tanto se juega nuestra identidad como personas al hacer valor nuestra querencia por un idioma común como vía de entendimiento dentro las propias fronteras, no actuó con la celeridad debida. Se impuso el parecer del movimiento secesionista como arma oportuna y precisa para el adoctrinamiento a ultranza que se pretende. Las consecuencias aparecerán en la lontananza si no se pone pronto remedio al acoso y derribo que para nuestra lengua española se propugna en  el suelo catalán.

Resulta de sobras conocido que nuestro progreso, ya sea de las ciencias, ya respondiendo al acicate de la modernización, se basa en las relaciones entre hispanos en una lucha común para vencer los obstáculos imperantes. Algo que se sustenta sobre “la unidad y la buena salud del idioma”, como prescriben quienes desde esferas científicas preconizan para conseguir la lealtad de todos los habitantes. Predicen además la muerte de una lengua y su sustitución por otra en un lugar determinado. Mantener la unidad de nuestro idioma es un deber de todos y, a la vez, una insoslayable responsabilidad.

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La “rebelión de las batas blancas¨
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José Becerra | 21-10-2018 | 10:40| 0

La “rebelión de  las batas blancas”

JOSÉ BECERRA

Y con más razón que un santo,que se dice. Les asiste en su postura, hasta ahora silenciosa y no pocas veces abnegada, quienes reciben la atención diaria para la cura de los males que les  abaten. Como no podía ser de otra forma, cuando se entiende que son ellos, los galenos, quienes, merced a sus diagnósticos y  prescripciones, caso siempre acertadas, conforman un alivio a quienes en situaciones mórbidas se acercan a su mesa de trabajo para que el bálsamo de Fierabrás quijotesco  en forma de pócima, píldora o recomendación venga a poner alivio a leves o enquistadas dolencias. Contrariados andan  los profesionales de la medicina, ya digo. Y mucho es de temer que el agravio al que se ven sometidos, en este caso por el Gobierno andaluz, revierta sobre quienes acudimos a su buen hacer y diagnosticar para ir tirando más mal que bien en situaciones achacosas, fruto de salud menguada.

Se quejan los médicos de la provincia del trato recibido por el Gobierno de Susana Díaz, traducido en hacer oídos sordos a reivindicaciones formuladas con insistencia desde años atrás. No piden el oro y el moro en el decir popular, no. Lo que exigen a voz en grito es rescatar derechos obtenidos antaño y ahora arrinconados y que, por ende, pueden obrar en detrimento de los servicios prestados a quienes a ellos acuden en petición de alivios para estados mórbidos de los que se resienten.

No dudan los médicos de la provincia en afirmar que el trato recibido por parte de las administraciones públicas no ha sido lo considerado que debiera. En el ejercicio de su profesión en la provincia se sienten injustamente ninguneados ya que reiteradamente no han recibido sino el silencio a sus insistentes demandas, lo que motivado que se pongan en pié de guerra, por lo menos hasta que se convoquen elecciones en Andalucía, que están al caer, según viene manifestando la presidenta Díaz.

La atención primaria en el ancho solar malagueño se resiente, y no precisamente porque quienes ejercen este ministerio no lo hagan merced a su leal saber y entender, sino porque adolecen de recursos sanitarios imprescindibles para ejercer con la debida eficacia su diaria labor. De ahí que sus protestas salgan a la calle en forma de huelga que trasciende más allá de los dispensarios en los que hasta ahora se ha venido larvando (por emplear un vocablo de la medicina) una protesta que ahora se había venido callando. Recortes de salarios, aumentos de horas de servicios, parquedad de plantilla, amén del desprestigio y un largo etcétera de demandas no han podido por menos que impulsarlas a voz en grito por la posibilidad de que redunden  a la larga, si se incumplen como ha venido sucediendo hasta ahora, en la salud de quienes se acercan a los centros de turno para recibir las prescripciones prontas y adecuadas de las que dependen estados, cuando menos, achacosos.

El grito y el reclamo unánime en la calle son presumibles que llegue a la Junta andaluza.” La rebelión de las batas blancas” está en marcha, y con la intención de que perdure hasta conseguirse los fines propuestos, que no son otros que los de conseguir que a nuestros centros de salud se acuda con la certeza de ser atendidos pronto y eficazmente, fruto de una labor digna y de calidad que ahora se reclama por quienes, hoy descontentos, ejercen tan encomiable como necesario ministerio. Honremos a nuestros médicos antes y después de necesitarlos. Mucho nos va en ello. A veces, hasta la propia vida.

 

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Y esto,¿quién lo paga?
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José Becerra | 17-10-2018 | 08:56| 0

Imagen de archivo de billetes de 50 euros./ReutersFoto Diario SUR(Reuter)

 

Y esto, ¿quién lo paga?

 

Vaya por delante que las propuestas del presidente Sánchez y del number-one  de Podemos, Pablo Iglesias, en principio suenan bien.  “A nadie le amarga un dulce”, que decimos por la España del sur, cuando se nos despliega una declaración de intenciones que no puede por menos que entusiasmarnos. Me refiero a la proclama del borrador de los Presupuestos que el Gobierno enviará a Bruselas y que ha originado toda suerte de comentarios, que van desde el ditirambo de la izquierda que los considera  justos, a la repulsa de la derecha que los reprueba tajantemente y sin tapujos. Como tiene que ser: para unos justos y equitativos; para otros emponzoñados de  fragrante populismo y demagogia barata. Nada nuevo bajo el sol.

En principio nadie podría hacer ascos al aumento del salario interprofesional o  destinar más fondos  a quienes sufren flagrantes deterioros de su capacidad de subsistencia como los que, entre otros, inciden en la atención a la discapacidad, las becas o en las pensiones equiparándolas con el IPC, una aspiración ésta última que pone en perenne y justo jaque a los que soportan con mayor o menor pesadumbre el inexorable paso de los años entre otras aspiraciones mantenidas por los más desheredados por la diosa Fortuna. La cuestión es de dónde van a salir los ingresos  que tales medras exigen para su fiel cumplimiento. Como no podía ser de otra forma las voces de quienes critican las cuentas hechas públicas no se han hecho esperar. La primera del novísimo líder del PP, Pablo Casado, quien ha tildado los presupuestos como “imposibles, irresponsables y suicidas”, en lo que toca al futuro de España. Y ha ido más allá, afirmando tajantemente que si la Comisión Europea no los revoca será el país el que lo sufra en sus carnes.

Los versados en estas cuestiones concuerdan en lo peliagudo de que estos presupuestos  cobren realidad, porque esa tesitura pondría en riesgo los parámetros en los que concuerdan el resto de partidas, entre las que no es menor la que se destina, como digo,  a las pensiones, hoy en el candelero por su nimiedad que encrespa por días a quienes la reciben.

La pregunta que enerva a quienes sopesan fríamente estos propósitos, tal vez laudables pero de imposible cumplimiento a juzgar por los versados en este menester,  es ¿y esto quién lo paga? La respuesta no es otra que la de que lo pagaremos todos indefectiblemente, provocando una recesión que ya se barrunta en la lontananza si no hay nada que tuerza los designios de quienes ahora nos rigen: un brindis al sol en toda regla, que de hacerse realidad hará al país más pobre. Situación que padecerán, ya digo, los que menos tienen, que las empresas poderosas  y la banca sortearán el brete y se mostrarán indemnes a las acechanzas, haciéndolo revertir en los que menos tienen.

 

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Susana Díaz aprieta el acelerador
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José Becerra | 12-10-2018 | 08:48| 0

 

Susana Díaz, en una foto reciente./EP

Susana Díaz aprieta el acelerador

JOSÉ BECERRA

No hay que ser un lince en la política actual en el suelo andaluz para calibrar algo que se muestra con toda nitidez. Aun siéndose cauto tras la observancia del acontecer político  se vislumbra que los últimos acontecimientos vividos en Cataluña han colocado a Susana Díaz en el punto de partida para emprender su particular batalla para seguir siendo entronizada en el suelo andaluz como presidenta. Le empujan a velar armas para emprender la batalla que se vaticina campal. No se había  pronunciado al respecto pero es de sobras conocido por los que siguen con imparcialidad el momento político dentro y fuera de la región que habría de tener en mente el momento que considere idóneo para dar el paso de convocatoria de elecciones antes de que venga a enturbiar su decisión la sentencia de los ERE que están al caer. Y ahora, sin tapujos, ha dado el primer paso en esa dirección convocando elecciones para el 2 de diciembre venidero.

Es consciente la  presidenta andaluza que su fuerza se debilitó considerablemente al sufrir la derrota en el seno del partido por Pedro Sánchez meses atrás del 2017. Quizás por esta razón y ante el temor de que este acontecer le reste votos si se simultánea con las generales no ha dudo en convocar el plebiscito en Andalucía poniendo terreno de por medio, invocando, eso sí, que tengas tintes propios, o sea andaluz, sin máculas del  general que ya se otea en un horizonte cercano, y en el que el Gobierno de la nación, podría acusar un desgaste que ya es claro y notorio tras los acontecimientos que diezmaron sus filas y que obligaron a Sánchez a nombrar nuevos ministros tras la defenestración de varios cuando apenas sus nombramientos no iban más allá de un par de meses.

Existen escasas dudas de que se produzca una derrota de Díaz en esos comicios que ya están a la vuelta de la esquina. Los casi 40 años de gobierno socialista en Andalucía todo hace pensar que se prolongarían en el tiempo; eso sí, puede que necesite apoyos para hacerlo, porque no sería descabellado del todo que Partido Popular  y Ciudadanos (éste último rompió amarras con los socialistas recientemente tras años de mutuo consenso ahora frustrados) unan sus fuerzas para desalojarla del poder. En efecto, las huestes de Rivera tienen en mente  descabalgar al PSOE de Andalucía y acarician hasta ahora la quimera de que la jerezana Inés Arrimada repita en el sur su hazaña en Cataluña, invocándose esta vez su ascendencia andaluza, e incluso la del líder  Albert Rivera, cuya raíces familiares de hunden en el andaluz pueblo de Cútar, en pleno corazón de la Axarquía malagueña. De ambos es de suponer que  plantarán batalla a Díaz con toda la fuerza que les presta ser oriundo de estas tierras del sur  y la fortaleza que asiste a un partido político plenamente consolidado en el resto del territorio español.

¿Sacudirán los andaluces la apatía que durante décadas les amilanó para sacudirse el marasmo monocolor político hasta ahora mantenido contra viento y marea? Es lo que ahora toca dilucidar mediante las urnas, una vez que Díaz apretó el acelerador para inminentes comicios.

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Decae el turismo
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José Becerra | 09-10-2018 | 10:35| 0

Decae el turismo

 

Turistas, en una imagen de archivo./Salvador Salas

 (Foto de Salas, diario SUR)

Se dice, con más razón que un santo, que “el que avisa no es traidor”. Por esta certeza manifiesta hemos de entender que cuando proliferan las apreciaciones sobre el retraimiento del turismo en España no cabe otra que, haciendo de tripas corazón, admitirla y darla por buena. Sus razones tendrán quienes dan por hecho que en el año presente, y sobre todo, en la temporada alta del sector, a saber, entre junio y septiembre, el turismo ha sufrido una merma considerable. Una certeza que debería preocupar y mucho a quienes viven de una industria puntera en cuanto incide en buen parte de la geografía hispana, y por lo que  nos toca de cerca, en la provincia malagueña y su rutilante Costa del  Sol, meollo, por su tirón, de quienes tienen a bien visitarnos para bien pasar sus días de asueto y cuchipanda.

     Han sido tiempos de esplendor para el turismo en España durante los cinco años que antecedieron a este 2018 en el que nos encontramos, en parte debido a las turbulencias políticas que acusaron  países como Egipto y Turquía, destinos que por su situación geográfica y hábitat tradicionalmente compitieron en este  menester en igualdad de condiciones con el que protagonizó nuestra península y sus ínsulas adyacentes.

   Hasta el año 2017 que ya es historia creció exponencialmente la llegada de turistas a la península ibérica. Se superaron con creces los 80 millones de habitantes que aquí arribaron, algo que catapultó a España a ocupar el segundo puesto (detrás de EE.UU) en la lista escala mundial  de países por el número de turistas que aquí sentaron sus reales para gozar de su sol, playas y monumentos naturales y debidos a la mano del hombre durante siglos. Es lo que acaba de apuntar con pelos y señales la Organización Mundial del Turismo( la OMT para los amigos) conjugando los países del mundo  que rivalizan entre sí  para recibir el mayor número de visitantes cada año, sabedores de la palanca que para estimular  e impeler  sus respectivas economías significan.

   Fue a partir del año 2011 cuando el boom del turismo español cobró inusitado auge. ¿Causas? Países del norte de África, que hasta entonces habían rivalizado con España por ofertar la misma atracción de sol y playas, se debatían en luchas intestinas: dejaron de ser codiciados por turistas de medio mundo que buscaban en ansiado relax y no querían verse inmersos en un clima hostil. Las costas españolas les ofrecían las mismas condiciones para su descanso en un clima de paz y tranquilidad manifiesto. Los visitantes crecieron como la espuma pasando de los 50 millones en el inicio de la década actual hasta los ms de 82 millones que se contabilizaron en 2017.

   Pero ese apogeo manifiesto parece haberse truncado. Se evidencia, y así se constata,  que los países beligerantes del Mediterráneo que antes, muy a su pesar, hicieron que se desviara el turismo hacia nuestras costas, vuelven a ofrecer las mismas ventajas que antaño, algo que puso de relieve recientemente Exeltur (Alianza para la excelencia turística). Nuestros principales clientes – británicos y alemanes-    optaron en buena medida por volver a Turquía, Túnez y Egipto en detrimento de las costas españolas, según apuntan desde el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), que no suele ser desacertado en sus metódicas apreciaciones. Lindando está el cómputo de  500.000 los turistas  que dentro de los seis primeros meses del año se decantaron por esos destinos, mientras se daba de lado al nuestro.

   El turismo, protagonista indiscutible de nuestra economía, sigue siendo floreciente, pero presenta vestigios de desaceleración que importaría mucho atajar más pronto que tarde. Nos jugamos no poco en el empeño.

 

 

Se dice, con más razón que un santo, que “el que avisa no es traidor”. Por esta certeza manifiesta hemos de entender que cuando proliferan las apreciaciones sobre el retraimiento del turismo en España no cabe otra que, haciendo de tripas corazón, admitirla y darla por buena. Sus razones tendrán quienes dan por hecho que en el año presente, y sobre todo, en la temporada alta del sector, a saber, entre junio y septiembre, el turismo ha sufrido una merma considerable. Una certeza que debería preocupar y mucho a quienes viven de una industria puntera en cuanto incide en buen parte de la geografía hispana, y por lo que  nos toca de cerca, en la provincia malagueña y su rutilante Costa del  Sol, meollo, por su tirón, de quienes tienen a bien visitarnos para bien pasar sus días de asueto y cuchipanda.

     Han sido tiempos de esplendor para el turismo en España durante los cinco años que antecedieron a este 2018 en el que nos encontramos, en parte debido a las turbulencias políticas que acusaron  países como Egipto y Turquía, destinos que por su situación geográfica y hábitat tradicionalmente compitieron en este  menester en igualdad de condiciones con el que protagonizó nuestra península y sus ínsulas adyacentes.

   Hasta el año 2017 que ya es historia creció exponencialmente la llegada de turistas a la península ibérica. Se superaron con creces los 80 millones de habitantes que aquí arribaron, algo que catapultó a España a ocupar el segundo puesto (detrás de EE.UU) en la lista escala mundial  de países por el número de turistas que aquí sentaron sus reales para gozar de su sol, playas y monumentos naturales y debidos a la mano del hombre durante siglos. Es lo que acaba de apuntar con pelos y señales la Organización Mundial del Turismo( la OMT para los amigos) conjugando los países del mundo  que rivalizan entre sí  para recibir el mayor número de visitantes cada año, sabedores de la palanca que para estimular  e impeler  sus respectivas economías significan.

   Fue a partir del año 2011 cuando el boom del turismo español cobró inusitado auge. ¿Causas? Países del norte de África, que hasta entonces habían rivalizado con España por ofertar la misma atracción de sol y playas, se debatían en luchas intestinas: dejaron de ser codiciados por turistas de medio mundo que buscaban en ansiado relax y no querían verse inmersos en un clima hostil. Las costas españolas les ofrecían las mismas condiciones para su descanso en un clima de paz y tranquilidad manifiesto. Los visitantes crecieron como la espuma pasando de los 50 millones en el inicio de la década actual hasta los ms de 82 millones que se contabilizaron en 2017.

   Pero ese apogeo manifiesto parece haberse truncado. Se evidencia, y así se constata,  que los países beligerantes del Mediterráneo que antes, muy a su pesar, hicieron que se desviara el turismo hacia nuestras costas, vuelven a ofrecer las mismas ventajas que antaño, algo que puso de relieve recientemente Exeltur (Alianza para la excelencia turística). Nuestros principales clientes – británicos y alemanes-    optaron en buena medida por volver a Turquía, Túnez y Egipto en detrimento de las costas españolas, según apuntan desde el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), que no suele ser desacertado en sus metódicas apreciaciones. Lindando está el cómputo de  500.000 los turistas  que dentro de los seis primeros meses del año se decantaron por esos destinos, mientras se daba de lado al nuestro.

   El turismo, protagonista indiscutible de nuestra economía, sigue siendo floreciente, pero presenta vestigios de desaceleración que importaría mucho atajar más pronto que tarde. Nos jugamos no poco en el empeño.

 

 

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Decae el turismo
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José Becerra | 09-10-2018 | 10:40| 0
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José Becerra | 09-10-2018 | 10:14| 0

 

Decae el turismo

 

Se dice, con más razón que un santo, que “el que avisa no es traidor”. Por esta certeza manifiesta hemos de entender que cuando proliferan las apreciaciones sobre el retraimiento del turismo en España no cabe otra que, haciendo de tripas corazón, admitirla y darla por buena. Sus razones tendrán quienes dan por hecho que en el año presente, y sobre todo, en la temporada alta del sector, a saber, entre junio y septiembre, el turismo ha sufrido una merma considerable. Una certeza que debería preocupar y mucho a quienes viven de una industria puntera en cuanto incide en buen parte de la geografía hispana, y por lo que  nos toca de cerca, en la provincia malagueña y su rutilante Costa del  Sol, meollo, por su tirón, de quienes tienen a bien visitarnos para bien pasar sus días de asueto y cuchipanda.

     Han sido tiempos de esplendor para el turismo en España durante los cinco años que antecedieron a este 2018 en el que nos encontramos, en parte debido a las turbulencias políticas que acusaron  países como Egipto y Turquía, destinos que por su situación geográfica y hábitat tradicionalmente compitieron en este  menester en igualdad de condiciones con el que protagonizó nuestra península y sus ínsulas adyacentes.

   Hasta el año 2017 que ya es historia creció exponencialmente la llegada de turistas a la península ibérica. Se superaron con creces los 80 millones de habitantes que aquí arribaron, algo que catapultó a España a ocupar el segundo puesto (detrás de EE.UU) en la lista escala mundial  de países por el número de turistas que aquí sentaron sus reales para gozar de su sol, playas y monumentos naturales y debidos a la mano del hombre durante siglos. Es lo que acaba de apuntar con pelos y señales la Organización Mundial del Turismo( la OMT para los amigos) conjugando los países del mundo  que rivalizan entre sí  para recibir el mayor número de visitantes cada año, sabedores de la palanca que para estimular  e impeler  sus respectivas economías significan.

   Fue a partir del año 2011 cuando el boom del turismo español cobró inusitado auge. ¿Causas? Países del norte de África, que hasta entonces habían rivalizado con España por ofertar la misma atracción de sol y playas, se debatían en luchas intestinas: dejaron de ser codiciados por turistas de medio mundo que buscaban en ansiado relax y no querían verse inmersos en un clima hostil. Las costas españolas les ofrecían las mismas condiciones para su descanso en un clima de paz y tranquilidad manifiesto. Los visitantes crecieron como la espuma pasando de los 50 millones en el inicio de la década actual hasta los ms de 82 millones que se contabilizaron en 2017.

   Pero ese apogeo manifiesto parece haberse truncado. Se evidencia, y así se constata,  que los países beligerantes del Mediterráneo que antes, muy a su pesar, hicieron que se desviara el turismo hacia nuestras costas, vuelven a ofrecer las mismas ventajas que antaño, algo que puso de relieve recientemente Exeltur (Alianza para la excelencia turística). Nuestros principales clientes – británicos y alemanes-    optaron en buena medida por volver a Turquía, Túnez y Egipto en detrimento de las costas españolas, según apuntan desde el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), que no suele ser desacertado en sus metódicas apreciaciones. Lindando está el cómputo de  500.000 los turistas  que dentro de los seis primeros meses del año se decantaron por esos destinos, mientras se daba de lado al nuestro.

   El turismo, protagonista indiscutible de nuestra economía, sigue siendo floreciente, pero presenta vestigios de desaceleración que importaría mucho atajar más pronto que tarde. Nos jugamos no poco en el empeño.

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José Becerra | 09-10-2018 | 10:51| 0

 

 

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Las seculares fiestas patronales de Benaoján y Montejaque
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José Becerra | 06-10-2018 | 09:28| 0

 Las seculares fiestas patronales de Benaoján y Montejaque

JOSÉ BECERRA

De de los cincos pueblos que conforman el territorio del valle del Guadiaro, dos – Benaoján y Montejaque – están condenados, por la escasa distancia que los separa, a entenderse. No siempre ha sido así, sin embargo, ya que existen referencias lejanas y próximas que hablan de los antagonismos entre ambos. Muchas veces tuvo uno la sensación de que se dan la mano, pero con la otra guardan la piedra para lanzársela sin contemplaciones. Recuerdo en los ya lejanos años de mi edad la rivalidad que existía entre los equipos de fútbol de uno y otro pueblo: los partidos las más de las veces terminaban en batalla campal. Y así, siempre se alimentaron discordias y celos entre el uno y el otro, por la forma de ser de sus habitantes, por su forma de hablar y de comportarse ante las situaciones cotidianas, y más que nada, por el aspecto de sus calles y rincones.

    Pero por encima de estas rencillas vecinales no se pueden negar los lazos que los unen, tejidos sobre todo en las tradiciones, historia y leyendas y  usos y oficios compartidos secularmente. Más cercanos a nuestros días habría que citar los numerosos matrimonios celebrados entre vecinos de uno y otro pueblo y la distribución de servidumbres entre ambos, lo que vino a limar asperezas y frenar enfrentamientos.

    Tiene Benaoján una fiesta en honor de la Virgen del Rosario – se celebra durante los días 6 al 8 de octubre – y Montejaque que las organiza en torno a la Virgen de la Asunción, mediado el mes de agosto. Dos advocaciones marianas que se mantienen en ambos pueblos desde el siglo XVI y que en lo que toca a su servicio y mantenimiento recaen sobre una figura compartida: la mayordoma. Para las fiestas abrileñas en honor a San Marcos son los mayordomos los que, con la misma tradición ininterrumpida desde tiempo inmemorial, se hacen cargo de los festejos que cada año refulgen con mayor intensidad si cabe.

Las mayordomas del alto Guadiaro, encargadas de la continuidad de los festejos, son cuatro: dos casadas y dos solteras. Se nombran unas  a otras, o sea, que se pasan el testigo anualmente para que en ningún momento se quiebre el hilo conductor de unas fiestas que por sí solas hablan del apego de las respectivas poblaciones al mantenimiento de un evento entre religioso y profano que las distingue entre otras de provincia. La diferencia radica en que recae en las mayordomas todo el peso de la organización de las fiestas y los respectivos ayuntamientos, aunque presten su colaboración, se inhiben de ellas. Las mayordomas, muchas veces mediante un trabajo ímprobo y no pocas veces descuidando sus ocupaciones domésticas e, incluso laborales, tienen la obligación de recolectar los medios económicos suficientes para el sostenimiento de los tres días de fiestas. Hacen sorteos, piden de puerta en puerta, contratan los puestos de feriantes y las bandas de música; una labor que se ejercita durante todo el año, pero que intensifica a medida que las fechas de las celebraciones se aproximan.

    Llegado el día señalado cobran su recompensa. Esta no es otra que ocupar un lugar de honor en la iglesia el día de la misa mayor en honor de la Patrona y presidir asimismo la procesión posterior con la imagen por las principales calles del pueblo. El atuendo: traje de fiesta, mantilla española y peineta. Durante el recorrido lloverán los piropos, cosa que obtendrá las más amplias sonrisas como reflejo de su satisfacción.

    Bailes en la plaza del Ayuntamiento, actuaciones artísticas para niños y mayores, degustaciones gratuitas de los productos típicos de la zona (el nunca bien ponderado chorizo rondeño), concursos y zarabandas propias de un pueblo en fiesta: Benaoján a rebosar de gente durante todo el fin de semana, ya que el poder de convocatoria de estas fechas siempre ha sido manifiesto en buena parte de la comarca rondeña. Como el tiempo se muestra propicio hasta se podrá dar un paseo por la cueva del Gato, cuyos alrededores son espléndidos en cualquier época del año.

    Las mayordomas nombradas para el próximo año, un día después de que las fiestas toquen a su fin ponen manos a la obra para que las próximas sean las mejores. Un sueño mantenido y un orgullo que garantiza la persistencia del acontecimiento festivo. Es sobre lo que se reafirma la alcaldesa benaojana, Soraya García, que no pocas veces se ha pronunciado sobre este evento, siempre para recalcar el ímprobo trabajo de las mayordomas y su tesón para mantener incólume  la continuidad de los festejos con la ayuda – a veces escasa y efímera – de la corporación que preside. Motivo que siempre aprovecha para resaltar las excelencias de la industria chacinera del pueblo, sin olvidar hacer hincapié en lo genuino del entono del municipio y lo atractivo de su paisaje natural con los broches de oro que le otorgan dos cuevas famosas – Gato y Pileta – que concitan la admiración de cuantos se dejan caer por  estos parajes únicos.

 

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Pensionistas cabizbajos
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José Becerra | 02-10-2018 | 09:12| 0

 

Resultado de imagen de fotos de pensionistas, diariosurFoto: Diario SUR

 

Pensionistas cabizbajos

JOSÉ BECERRA

Y es para estarlo; no solo cabizbajos sino alarmados en extremo. Son las sensaciones que experimentamos los que gozamos de una pensión mínima que apenas nos alcanza a cubrir las necesidades del mes. Lo de gozar no deja de ser una exageración ya que lo que nos permite con ella es malvivir durante ese periodo de tiempo. Sin embargo, y dado las circunstancias actuales que inciden directamente en la bolsa de las pensiones, el futuro se nos pinta más obscuro si cabe tirando a negro. Es lo que dan a entender los estudiosos del PwC, una red de firmas que tiende su influencia en más de 150 países merced a sus más de 200.000 profesionales que aspiran a brindar una información exhaustiva del momento económico por los que atraviesan aquellos a raíz de la petición de auditoría y asesoramiento fiscal . Es lo que ofrecen a quienes solicitan sus servicios discrecionales, y en el caso de España sus conclusiones no dejan de ser alarmantes. Juzgan quienes han sido consultados por esta firma en lo que toca a nuestro país – más de un 80%  de expertos en la cuestión – las pensiones, de seguir la trayectoria actual, difícilmente remontará la tercera década del siglo actual, cuando ya nos encontramos a un par de años del final de la segunda.

El llamado Pacto de Toledo, campo virtual de batalla  en el que se dirime el futuro de las pensiones en esta España nuestra, no parece que haya arribado a un final feliz. Se acordó días atrás revalorizarlas conformes al IPC de cada año. Algo es algo y menos es nada. Miren por donde para llegar a esta conclusión convinieron políticos de uno y otro signo. Con decir que se pusieron de acuerdo hasta Partido Popular y Podemos, por mencionar los dos polos emblemáticos que aglutinan al resto de partidos que concurren en la alianza en pro de un futuro más halagüeño para quienes llegaron al final de su etapa laboral, barruntamos que trabajando codo con codo para lograr un final satisfactorio. Claro que el Pacto solo puede incidir en recomendaciones para una posible legislación al respecto del gobierno de turno, que es el que trata con los llamados agentes sociales, paso necesario para que la cuestión salte al Congreso y desde allí se legisle al respecto.

Existen dígitos que asustan y, por ende, dan que pensar. Diez o doce años atrás el remanente necesario para satisfacer a los mayores que esperaban su estipendio mensual era de 90.000 millones de euros; en este año que transcurre asciende a más de 145.000, euro más, euro menos. Hoy por hoy esperamos los emolumentos  mensuales alrededor de 9,5 millones; diez años atrás éramos poco más de 8 millones los que nos  acercábamos cada primero de  mes a la oficina bancaria  más próxima y esperábamos turno ante la cola pertinente.

Se habla de resultados mínimos para señalar el acuerdo alcanzado en el Pacto de Toledo;  sin embargo admitamos que el Gobierno, conseguido el acuerdo entre las diferentes formaciones políticas que tienen voz y voto en el asunto, ha logrado un tanto a su favor. Bienvenido sea, porque el acuerdo, que no olvidemos se supedita a la decisión del gobierno de turno al respecto, mantiene que las pensiones asciendan al unísono del coste de la vida, ese IPC que nos solivianta y apoca. Porque esta esperanza se resquebraja y se desvanece, es de temer, si se considera que su sostenimiento tiene el hándicap insalvable de momento por parte de  quienes  debieran sustentarlo, los cuales  sufren la lacra de salarios bajos en el mejor de los casos y de un paro pertinaz en segundo lugar que vendrán a lastrar su permanencia.

Es lo que se vaticina en boca de autoridades de la Seguridad Social quienes teorizan sin temor a equivocarse que si no existen otras vías de financiación lograr este objetivo habría de ser poco menos que lograr la  “cuadratura del círculo” a saber, un problema irresoluble, por emplear términos matemáticos que aluden a una solución imposible.

El anhelado Pacto ha sido posible para calmar los ánimos de pensionistas que, sin embargo, oliéndose lo peor no han cesado de tomar la calle. El raquítico ascenso de las pensiones mínimas no ha supuesto precisamente el bálsamo de Fierabrás para calmar sus inquietudes. El compromiso de mantenerlas acordes con el IPC ha sido la solución de quienes ahora nos gobiernan, pero la armas siguen en alto por lo que el porvenir puede deparar. Por fuerza, hemos de permanecer cabizbajos.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.