Emoción sin auforia

Suponemos que no existe ningún biennacido que no se haya alegrado de la decisión de ETA de no matar definitivamente. Es algo que se esperaba con la ilusión de quienes pedíamos su final y con él de las tropelías y crímenes cometidos durante cerca de 50 años. La muerte violenta de 829 personas y de muchos miles de heridos clamaba al cielo. Sin embargo, y con el comunicado de la banda asesina en las manos, habría que hacer algunas consideraciones, que no son sino el fruto de que el anuncio esperado con vehemencia añadiese algunos aspectos que ilusionadamente se aguardaban y que brillan por su ausencia. El júbilo de la derrota de los primeros momentos lo vemos, pues, empañado. En el escueto comunicado, en las actitudes y gestos de los miembros que lo anunciaron (puños cerrados y brazos en alto), se observan algunos flecos que quedaron por perfilar. Amén de los vítores finales y la invocación a la independencia de Euskadi. No creemos que, como han dicho los máximos líderes políticos, incluidos Rajoy – no nos explicamos su categórica afirmación – no haya ningún condicionamiento. Por que lo es la exigencia del reconocimiento de Euskal Herria y el respeto a la voluntad popular. De qué voluntad se habla, de la de los españoles o las del pueblo vasco, en donde Bildu ahora ejerce su hegemonía en las instuticiones.

Tampoco resulta alentador que se hable de “conflicto armado” y de que “se ha llevado a muchas compañeras y compañeros para siempre”. Así como que “otros están sufriendo la cárcel o el exilio. Para ellos y ellas nuestro reconocimiento y más sentido homenaje”, sin incluirse la más mínima mención de las víctimas que cobardemente ellos se llevaron por delante. Hablan del fututo “como del esfuerzo y la lucha de la ciudadanía vasca”. Obligan al Gobierno a negociar. Y sobre todo, la ausencia a total a la petición de entrega de las armas, la disolución de la organización y el perdón a las victimas. Lo dicho, emoción, no euforia, por el comunicado. JOSÉ BECERRA

iPads para sus señorías

 

 Dos noticias que ahora se han pisado una a otra en la vorágine de las que nos asaltan cada día a la hora de desplegar el periódico: El paro  roza los 5 millones según la EPA, sin contar el maquillado pertinente – desempleados que realizan cursillos y que no se contabilizan, como ya saben ustedes -; y, segunda: la Mesa Permanente del Congreso da luz verde a la adquisición de 400 iPads y 250 iPhones, de Apple, de los que podrán disfrutar congresistas y senadores apenas vuelvan a abrirse las puertas del Palacio de las Cortes. Medio millón de euros en tecnología punta para el momento en el que los ilustres parlamentarios sienten sus posaderas en el hemiciclo en donde se va a inaugurar  la legislatura que propongan las urnas tras la consulta electoral del 20-N.

   Se nos ocurre, así a bote pronto,  que con lo que cuesta cada tableta – 800 euros de vellón – que facilita  la comunicación de última generación,

cada una de las más de un millón y medio de familias con todos sus miembros en paro que existen en nuestro país con todos los miembros en paro podrías subsistir un mes sin excesivos agobios. Pero no, sus señorías tienen que “regalarse”el aparatito para estar al día, ¡faltaría más! ¿Qué pensarán de estos dispendios en la asociación benéfica Padre Huelin  en Carretera de Cádiz, que está tocando fondo sin poder atender en su totalidad a las 1.800 personas que buscan alimento y poder pagar hipotecas y facturas que no pueden atender? No debe extrañarles que los políticos merezcan tan baja consideración y estima entre la ciudadanía.

Halloween versus Día de Difuntos

                  Halloween versus Día de Difuntos

 

                    JOSÉ BECERRA

 

Para bien o para mal somos los españoles gente que con frecuencia nos dejamos influir pronto por lo que nos viene de fuera. Las modas, las costumbres, los comportamientos si aparecen con el marchamo de allende fronteras se nos cuelan sin apenas dificultad, e imponiendo su tiranía acaban por convertirnos en propagadores de algo que  muchas veces chocan frontalmente con lo que nos fue durante siglos genuino y bien definidor de nuestro esencia. Ocurre, por ejemplo, con algunas celebraciones. De un tiempo a esta parte, las que nos son propias sufren el acoso de otras que nos traen aires ajenos que nunca soplaron por nuestras latitudes.

    Primero se impuso Santa Claus o Papá Noel, el piloso y regocijado anciano vestido de rojo que se introdujo en Estados Unidos procedente de Holanda. El eterno cabalgador por espacios siderales derramando a manos llenos refulgentes regalos se impuso en geografías bien ajenas a las tradiciones anglosajonas. El viejo bonachón de risa estentórea. Lo aceptamos en España, no sin resistencia de los que añoramos pasadas costumbres autóctonas, y antes que por el jovial trotamundo, apostamos por el entrañable Belén de todas la vida y los Reyes que tantas ilusiones despertaron y siguen despertando en tantos hogares en tantos hogares carpetanos.

   Viene pasando lo mismo con el Halloween importado. En Escocia y Gales, las hogueras que tratan de frenar los espíritus malignos en la noche de Halloween, procedían de los antiquísimos celtas, sobrevivieron en Estados Unidos  y Gran Bretaña. Con sus máscaras mortuorias – calabazas huecas que hacen las delicias de los niños norteamericanos y británicos – y sus leyendas terroríficas de brujas y aparecidos hacen ahora la competencia a la festividad cristiana de Todos los Santos.

    Pero si existe un núcleo de población duro de roer en cuanto a la implantación de esta novedad del Halloween  de allende  fronteras, es la dela Serraníade Ronda. En ésta, solo muy tímidamente la festividad de calabazas vacías y luminarias llamadas a asustar a los más blandengues ha asomado su cariz. Aquí imperan en el día de los Santos, que enlaza sin solución de continuidad con el de los Fieles Difuntos, los tostones de castañas y las reuniones amistosas y familiares. Son un preludio de los festejos navideños e incluso algunos de los dulces que son típicos en las semanas  de Adviento se entremezclan con el particular fruto serrano que regala a los transeúntes, cuando se tuesta en desportilladas ollas en la vía pública, su aroma y su entrañable ambientación urbana.

    Cuando era niño recuerdo que en este día santo que ahora conmemoramos me reunía con otros de mi misma edad y recorríamos las calles del pueblo con una gran cesta que, dádiva a dádiva de los vecinos, llenábamos de chorizos, castañas y membrillos que luego degustábamos en la torre de la iglesia en donde permanecíamos toda la noche doblando las campanas con el toque inconfundible del doble son que anunciaba los difuntos. Era una larga noche no exenta de temores y sueños interrumpidos que siempre se contrarrestaba  con el calorcillo de las mantas y la proximidad de unos y otros.

    Aquel era nuestro Halloween particular, inventado siglos antes de que nos llegase el recién importado. Todos los pueblos de la comarca rondeña lo celebraban de idéntica forma. Los mayores nos alimentaban y los niños les proporcionábamos la satisfacción de oír las campanas que durante veinticuatro horas les recordaban a sus muertos. Pero esta costumbre, como tantas otras que formaban parte del acervo cultural de los pueblos del interior de la provincia malagueña,  fueron desapareciendo con el tiempo. Lamentablemente otras vienen ocupando su lugar y sin que nada tenga que ver con lo autóctono, las desplazan y tienden a validar lo que nos es extraño y desconocido. Como el Halloween, que se nos impone desde afuera, cuando en nuestras raíces andaluzas contamos con costumbres capaces de eclipsarlo. Beben en las mismas fuentes, que no son otras que el respeto, cuando no el miedo al más allá y a las almas en pena.

    Si es así, que lo es sin menor duda, ¿por qué acudir a lo foráneo si lo nuestro es más auténtico y veraz? Tiene que serlo porque nos pertenece como pasado y está en las raíces profundas de nuestra manera de ser y sentir.

La “chacha” del PSOE

El video electoral de los socialistas en que han echado mano a una típica chacha de familia señorial que acompaña a un niño encorbatado y repelente peca, en primer lugar, de algo que los partidos políticos deberían tener en cuenta: recurrir a los niños para utilizarlos como señuelo para propagar un ideario. No resulta demasiado ético que digamos, ni siquiera correcto.  Luego, no se ve el menor atisbo de reseñar la desigualdad entre la enseñanza pública y privada que es lo que intentan usar como arma arrojadiza contra el partido popular. Sí queda claro el sustrato de la lucha de clases que como partido de izquierda subyace siempre en su discurso.

Y de refilón expande un tufillo notorio  a demagogia barata. Sabemos muy bien que empingorotados líderes del PSOE – también del PP, todo hay que decirlo – llevan sus criaturas a colegio privados y de alto standing para que tengan acceso a una educación elitista. Y es que, como dicen, en mi tierra al sur del sur, una cosa es predicar y otra dar trigo. O del dicho al hecho, un gran trecho.

La castaña del Genal: objeto de deseo

Apoteosis de la castaña en el Genal

 Se asentó definitivamente el otoño y con él,  soplando por las esquinas los primeros fríos un olorcillo inconfundible asalta las glándulas pituitarias. Es el que exhalan las castañas tostadas provenientes de los improvisados puestos estratégicamente situados en la ciudad y que, a su vez, activan  las gustativas que por este tiempo añora el sabor de un fruto que  nunca falta y que imprime al entorno urbano la más clara señal del cambio del tiempo meteorológico. Es por lo que junto a las primeras castañas degustadas mientras esperamos el autobús o enfilamos presurosos hacia el coche concurren otras cotidianidades parejas, como echar mano de las prendas de abrigo,

   De pronto nos vemos con un cucurucho de bienolientes castañas cuyo calorcillo -recién salidas de la casi siempre desconchada olla con la base sabiamente agujereada puesta al fuego- las manos agradecen. Las castañas no admiten espera: hay que comerlas en el mismo momento, si es que queremos refocilarnos con el sabor de la reciente tostadura. Las castañas, a diferencia de las pipas, los cacahuetes o las palomitas de maíz que nos sirven para seguir las secuencias de la película de torno bien arrellanados en el sofá del hogar, no admiten dilación, como digo: hay que pelarlas y comerlas en la misma calle, ya digo, entre ajetreo ciudadano, voces de transeúntes y frenéticos cláxones de automóviles. Pero este condumio urbano del carnoso fruto, que de ninguna manera debe entrar por su naturaleza en la acepción de “chuches” para los menores expendidas por cualquier quiosco, no vale para los pueblos del interior.

   En la región del Genal y en menor medida, aunque también, en la del Guadiaro en donde el castaño tiene menor asentamiento, el aprecio y casi veneración que se siente por este fagáceo perennifolio llega hasta elevar su fruto al rango de manjar, asociado siempre a fiestas y solemnidades, para deleitarse con él de puertas adentro.

    Recolectores de castañas de toda la vida coinciden en afirmar el buen momento que vive este singular fruto perfectamente aclimatado al paraje serrano. Hablan de la demanda de castaña, no solo por parte de los mercados nacionales, sino de los de Europa,  incluso allende los mares. Un futuro risueño se abre para este sabroso  fruto que es apetecido desde labriegos – el potaje de castañas rondeño-, hasta las clases empingorotadas – el refinado marrón glacé -, seduciendo a los más famosos chefs de la cocina internacional que no dudan en darle cabida en menús elaborados para los paladares más exigentes.

    Me coincide la noticia del auge de los castañares en el Valle del Genal con la lectura de un libro – El buen comer regional -, que se ocupa de la cocina internacional de todos los tiempos. Se debe a la autorizada pluma de Nestor Luján, cuyo fallecimiento años atrás, dejó un gran vacío entre los eruditos que se afanan por desentrañar la magia del buen comer en el solar hispano.

   De las recomendaciones para felices ágapes entresaco una que, miren ustedes por donde, aúna la tradición chacinera del otro valle hermano de la Serranía, el del Guadiaro, con la castañera del Genal. El plato tiene un nombre que evoca a los dos parajes rondeños en donde uno y otro, respectivamente, reflejan sus señas de identidad más perfecta en el arte de la manducatoria, además de ponernos en contacto con otra región histórica como lo es por tantos motivos Asturias ( “en la cocina nacional hay platos que no tienen menos interés que un grabado, una medalla o un sepulcro”, apuntó el antropólogo Caro Baroja). El plato en cuestión es lomo con castañas.

    No me resisto a facilitarles la receta. Ingredientes: l kg. de lomo de cerdo, 100 grs. de mantequilla, l kg,  de castañas, l vaso generoso de cidra, nuez moscada, sal, pimienta negra. Espolvoree el lomo con sal, nuez moscada y pimienta y póngalo en una fuente de horno, rociándolo con la mitad de la mantequilla derretida. Introdúzcalo en el horno  y dórelo a alta temperatura, regándolo de vez en cuando con la sidra. Escalde las castañas y cuécela, añadiendo una pizca de sal con la mantequilla restante. Póngalas en el plato  alrededor del lomo, rociando el plato final con la salsa de cocción del lomo filtrada. Un lujo para la mesa.

    Si nos asomamos a la cocina francesa, culta ella, de prosapia aristocrática y burguesa, nos encontramos con la sopa de castaña Saint Josephine o las tortas de castañas de La Rôchelle. Si a la italiana, sobrada de imaginación, nos sorprende el puré de castañas napolitano, que hace honor a la raigambre popular de sus fogones, no faltos, empero, del toque lírico y refinado.

     Pincelada sabrosa que es la que da la organización de mujeres emprendedoras Al-Jaque, a sus mermeladas de castañas, en Montejaque, a un tiro de honda de Ronda, sin ir más lejos. Pura exaltación del orondo y gustoso fruto serrano.

 

 

 

Larga y onerosa

Larga y onerosa

Si echamos la vista atrás en la historia próxima y lejana veremos que jamás una campaña electoral había durado tanto tiempo, ni siquiera en los tiempos más convulsos  que precedieron a la España de ambas Repúblicas. Desde que Zapatero anunció las elecciones y la disolución del Congreso y el Senado van a transcurrir cerca de cinco meses, en los que si bien no se procedió a la pega de carteles en esquinas y plazas,  nuestros políticos viven en pleno delirio electoral, atendiendo tan solo a arrimar el ascua a su sardina. No se alza una voz para apuntar el deterioro imparable del tejido laboral y social y arbitrar soluciones para poner remedio desde  ya y no aplazarlo hasta cuando las urnas le premien.

   Oído al dato que dijo el clásico: El proceso electoral para el 20-N nos va a costar a los españoles 125 millones de euros. Un dispendio absurdo en una situación económica límite que no va a servir para casi nada, sino para reafirmar una intención de voto que ya está tomada.

   Ninguno de los dos grandes  partidos en liza, pero sobre todo, el que todavía tiene la obligación de gobernar, arbitra medidas creíbles para sacarnos del impasse en el que nos encontramos. No oímos sino promesas del uno y otro lado, pero cuando las urnas muestren su veredicto. Entre medias,  el paro crece irremediablemente, el empleo juvenil continúa por los suelos, la Seguridad Social pierde cotizantes, los jubilados temen por sus prestaciones, la Sanidad flaquea y los bancos – emporios todopoderosos- niegan los créditos para que las empresas se reconstituyan y el sector inmobiliario se reactive para que así se puedan crear puestos de trabajo.

 

Un benaojano cabal

Un benaojano cabal

Cuando la banda terrorista ETA parece que se encuentra exangüe y pronta a  desaparecer aplastada  por el Estado de Derecho y el tesón y valentía  de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado,  parece obligado que los benaojanos recordemos la figura del guardia civil y luego Jefe de Policía de Pasajes (Guipúzcoa), Juan Jiménez Gómez. Este paisano ejemplar  vio la primera luz  en Benaoján, pueblo del valle del alto Guadiaro. Abrió entre otros habitantes de la Serranía de Ronda, la crónica negra de serranos asesinados  por la banda criminal, en una alevosa y cobarde acción perpetrada en 1978.

Los hechos se sucedieron a partir del atentado mortal que sufrió un subordinado suyo, policía local en ejercicio.  Se le acusaba de una mezquina maniobra que Juan Jiménez no estuvo dispuesto a tolerar y no dudo en enfrentarse abiertamente a la banda mediante una carta que sin tapujos  dirigió  al Diario Vasco, defendiendo la bonhomía del policía a sus órdenes asesinado.  Pocos días después dos esbirros les descerrajaron sendos disparos  a quemarropa en su despacho de las dependencias  policiales. Acabaron con su vida de manera vil y artera como ya se había caracterizado el  modus operandi de la sádica organización.  

Desmentir a ETA y enfrentarse a sus miembros, cuando éstos ya habían venido dando muestra de sus felonías, era algo que muy pocos osaban hacer. Lo hizo este benaojano  cabal, aun a sabiendas que ponía en riesgo su vida.

   Nuestra admiración y respeto hacia su persona. Y nuestro recuerdo. Ahora que, merced a la abnegación de tantos como él, lograron, pasó a paso, escribir nuevas paginas de libertad y paz en el país vasco y en España.

Pobreza

“La alimentación es una condición que toca el fundamental derecho a la vida”. Es la percepción que Benedicto XVI tiene sobre la cuestión. Los ricos comen, los pobres se alimentan, decimos nosotros. ¿A quién no le ocurrido en los últimos tiempos? En la parada del autobús alguien, en un susurro, que casi es un sollozo en el que se ahoga la dignidad reprimida, nos pide algo de dinero. Son quienes se estrenan en el menester de pedir cuando nunca lo habían ejercido antes. Se les nota. La diferencia con los que piden habitualmente son abismales.

Ensayan pretextos inverosímiles: “He perdido el monedero” o “Pensaba que no tenia la cartera vacía” o “¿Podría dejarme 50 céntimos que me faltan para el ticket ¿Quienes tienen valor – cabeza gacha, mirada huidiza – hablan directamente al hambre que padecen. No hay duda de que la necesidad mas perentoria que es la de llevarse algo a la boca para subsistir está golpeando al primer mundo, ahora como novedad. El hambre se esta mostrando como un azote en pueblos y ciudades españolas. La crisis viene golpeando con más virulencia que nunca a un mayor numero de gente.

Cáritas ha recibido en 2010 más de 6,5 millones de peticiones. ¿Cuántas se formalizaron en Ronda y sus pueblos de influencia? Es de suponer que algunas miles porque la crisis castigó la zona con desigual virulencia. La cifra de solicitudes de atención básica de contingencia de materia de alimentos, sanidad o vivienda ha superado los dos millones. El secretario general de la organización, Sebastián Mora, habla ante este desolador incremento del hambre que cada vez adquiere tintes de crónica “contribuyendo a un nuevo mundo en el que los pobres son cada vez más pobres”. Pobreza y vulnerabilidad se acrecientan alarmantemente, mientras las ayudas publicas disminuyen; no así las donaciones de particulares que toman conciencia del mal que nos aqueja y extiende. Quizás hayan entendido que como, sentenció Orwell “lo característico de la vida actual no son la inseguridad y la crueldad, sino el desasosiego y la pobreza”.