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El Gato, una cueva maltratada
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José Becerra | 30-01-2012 | 10:33| 1

 

 Foto: Benaoján.es

 
 

 

  

El Gato, una cueva maltratada

 

El agravio no se refiere a su interior, siempre espectacular, ni a la  imponente cabeza pétrea de felino colérico con las fauces eternamente abiertas, no. El agravio se centra en su entorno, descuidado en extremo, y que resulta un contrasentido para un monumento natural, como acaba de ser declarado por la Junta de Andalucía días atrás.

El interior se mantiene incólume, que la huella del hombre, no pocas veces devastadora, es allí poco frecuente  y transitoria, aparte del peligro que entraña en época de lluvias copiosas, y aún así es recomendable  buenas aptitudes físicas y ser conocedor del medio en que se mueve quien se adentra cueva adentro.

   Resulta inconcebible que una gruta que ha suscitado a lo largo del tiempo una admiración sin cuenta muestre unos accesos impracticables. Hubo, sí, una aproximación al problema – puente sobre el Guadiaro y vallas limítrofes destrozadas – por parte del delegado provincial de Medio Ambiente, Francisco Fernández y el alcalde de Benaoján, el independiente Paco Gómez, pero el acuerdo desembocó en agua de borrajas. Si te vi no me acuerdo. Las cosas siguen igual pese a que los visitantes siguen llegando a tan particular espacio natural, pero no dejan de constatar la deplorable situación en que se encuentra.

 La cueva del Gato,  a un tiro de piedra de Benaoján y a poco más de Ronda, gana enteros por días en la nómina de las maravillas de Málaga.    Que la famosa caverna siga produciendo asombro para unos e inquietante fascinación para otros, merezca la atención de buena parte de quienes se deciden acercarse hasta ella  no puede por menos de llenar de orgullo a quienes tuvimos la suerte de nacer en sus inmediaciones y crecer teniéndola de telón de fondo de excursiones y comilonas campestres.

  Porque si existe un monumento natural, no digo en la provincia sino en buena  parte dela Península al que se le pueda sacar mayor provecho, es esta cueva  donde, aparte de su contemplación, se puede permanecer durante todo un día disfrutando de un microclima excelente. Propiciado éste por lo abrigado de su situación entre rocas y dehesilla,  sobre todo en tiempos de farragosa canícula, es un alivio para el cuerpo por la sensación de frescura que dispensa, y para ánimo disponiéndolo para el sosiego y la relajación.

   ¿De qué potentes cinceles se sirvió la naturaleza para esculpir en la roca viva la colosal efigie desdentada y horripilante de un felino dispuesto a saltar sobre su presa? ¿Qué fenómenos telúricos y qué coincidencias en geomorfología  tuvieron que coincidir para que por las fauces del gato escupiera un torrente de forma tal que asemejara el vómito eterno de lo más profundo de sus entrañas? ¿Quién modelaría la inmensidad de una oquedad que hoy maravilla y en la que suceden salas y lagos, fantasmagóricas unas y fascinantes los otros cuando no peligrosos y mortales para los osados que, sin destreza ni experiencia, se aventuren en su interior? No existe otro adjetivo que el de pasmo, por ser esta la sensación que experimenta  quien por primera vez se enfrenta a la espelunca.

   Y a sus pies, sin solución de continuidad, el charco Azul. Limpias y frías aguas del río Gaudares o Campobuche, que en cualquier época del año se precipita en vistosa cascada, dando lugar a un escenario idílico con un verde proscenio de adelfas y mimbreras,  que desde siempre hicieron las delicias de quienes sabían de  las excelencias  del remanso.

    Aquí cuentan los cronicones medievales que acamparon las tropas de Pompeyo  para invernar,  antes de su enfrentamiento con la de César en Munda, el  Monda de hoy. Pero antes anduvieron por sus intrincadas galerías nómadas del Paleolítico y del Calcolítico posterior.

    Monumento natural sin reservas, substrato histórico, sugerente lugar para quienes todavía sueñan con paraísos perdidos, ameno rincón para contrarrestar los calores, no es casual que el Gato figure con derecho propio en el índice de maravillas naturales malagueñas. Harían bien las administraciones públicas en conceder la atención que merece tan particular espacio con tanto significado para la oferta turística no solo de Benaoján sino de la Serranía de Ronda.

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El Ayuntamiento de Cortes en apuros
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José Becerra | 27-01-2012 | 18:32| 0

 

 

 

 

 Espléndida fachada neoclasicista  del Ayuntamiento de Cortes .Foto Andalucía Rústica
 
 Es de sobra conocido que para  los ayuntamientos de la provincia – y sálvese el que pueda- corren malos tiempos. El maná que significó los años del apogeo inmobiliario con lo que eso llevaba consigo merced a las gabelas que recaían sobre permisos y licencias de obras, aparte de otros arrimos que como institución municipal le llegaba desde instancias superiores como las  de la Junta y el Gobierno central, tocó a su fin.
   Se acabaron los años bonancibles cuando ha tocado apretarse el cinturón por mor de la crisis devastadora que se enseñoreó tanto de empresas públicas como privadas.   El alcalde andalucista  de Cortes dela Frontera, Antonio Ruiz, que ha tenido que sortear momentos difíciles en el seno dela CorporaciónMunicipal, apenas obtuvo la vara de mando, como el de las destituciones y el consiguiente barullo político, se enfrenta ahora a  una peliaguda cuestión. Es la de la polémica sobre las cuentas municipales. Asunto que ha llevado al primer edil a solicitar dela Cámarade Cuentas de Andalucía que intervenga en el Consistorio afín de que se determine su estado económico.

   La oposición socialista no parece estar de acuerdo con el resultado de una primera consultoría llevada a cabo también por petición de Granero. Los datos que se infieren y que arrojan una deuda de alrededor de 14 millones de euros no convencieron, sobre todo por que el balance de 2008 arrojaba un resultado positivo.

     A esta discordia se une la de que los trabajadores del Ayuntamiento llevan tres meses sin cobrar. La salvación que vendría de la mano de la venta del corcho – un sostén evidente del pueblo – se retrasa más de la cuenta así como la de otros ingresos que no acaban de entrar en las arcas municipales para remozarlas.

   El término municipal de Cortes es uno de los mayores de la zona. Se extiende en más de17.000 hectáreas, adentrándose por el suroeste en la provincia de Cádiz. La mayor parte de este territorio está ocupado por montes en los que abundan los alcornoques y donde ramonea una importante población de venados y corzos que abarca una extensión de unas11.000 hectáreascasi por entero de propiedad municipal.

 

 

 

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Investigación necesaria
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José Becerra | 26-01-2012 | 18:54| 1

  Desde la provincia y su interior reflexiona uno sobre el momento político y económico-social que vivimos. Y a veces se sobrecoge.

Miguel Delibes, del que  ahora  se cumplen  años de su definitivo adiós, dejó esta cita para la posteridad: “Para el que no tienen nada, la política es una tentación  comprensible, porque es una manera de vivir con bastante facilidad”.

   En la barahúnda de acusaciones, interlocuciones y controversias sobre los delitos que se hayan podido cometer en Andalucía – y fuera de ella –  por parte de quienes prometieron gobernar en justicia para el bien de los que le otorgaron la confianza con sus votos – ahora es tiempo propicio para hablar de ello, ya que en el horizonte cercano se vislumbra una nueva consulta electoral -, lo que sería de agradecer es que se investigase a quienes por la política llegaron subrepticiamente a una situación más que holgada.

Que se saquen todos los trapos sucios a relucir, y lo que mas importa que se sepa sin tapujos quiénes  los ensuciaron impunemente. Que se respete la presunción de inocencia, eso sí, pero al unísono que se formalice una investigación  exhaustiva   sin que queden los menores resquicios para que los que incurrieron en delito puedan escapar de la acción dela Justicia.

   Si no hay sobre los acusados mácula que empañe su proceder dentro de las instituciones públicas, bien, y si hay actuaciones fraudulentas que la empañen, que salgan de la ultratumba en la que algunos quisieron enterrarlas,  y que se pague por ellas como se merece. Es este un clamor soterrado en la sociedad que uno no tiene por menos que suscribir, caiga quien caiga.

   Que cese la espiral de corrupción para que la casta política recobre la confianza del pueblo, que pese a todo sigue creyendo que existe gente honrada en los partidos con vocación de servicio público y de limpia trayectoria. Lástima que los transgresores la ensombrezcan. 

 

 

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Ahorradores atribulados
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José Becerra | 25-01-2012 | 18:45| 0

No sabemos si lo ocurrido tiene que ver con el `corralito´ que en su día soliviantó a millones de ahorradores de argentinos. Lo cierto es que se lo parece. Nada menos que ocho mil malagueños no pueden disponer de sus ahorros a causa de un producto financiero suscrito  por un alto interés pero que al final ha resultado ser un fiasco.

    Participaciones preferentes les dijeron que eran  en bancos y cajas,   cuando le animaron alegremente  a que estamparan su firma al pie del documento contractual, lo cual hicieron no con menos  júbilo. Pero su gozo en un pozo: las participaciones tenían el carácter perpetuo y se ligaba a los beneficios de la entidad que los emitía. Ni siquiera estaban cubiertos por el Fondo de Garantía de Depósitos, una cláusula estatal que, por lo menos, da cierta confianza a los imponentes. Ahora no pueden disponer de su dinero.

   Tengo para mí que se ha jugado con la buena fe de los impositores, en su mayoría ahorradores pensionistas que tuvieron a bien confiar a las entidades financieras “el ahorro de toda una vida”, como advierten desdela Asociación Usuariosde Bancos y Cajas (ADICAE). Los depósitos bloqueados entrañan  dificultades sin cuento para ser recuperados, y si al final  se consigue mucho es de temer que hayan sufrido sustanciosa merma.

   A todas luces nos encontramos con una práctica abusiva, en este caso  contra los mayores  que con muchas penalidades consiguieron reunir un patrimonio que ahora se encuentra bloqueado y sin posibilidad de disponer de él a su voluntad. Una mala pasada.

JOSÉ BECERRA

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Los nuevos pobres, esa tragedia
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José Becerra | 24-01-2012 | 12:42| 0

 

 

“No puede haber una sociedad floreciente y feliz  cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados”. No es mía la cita, sino de Anneo Séneca mucho antes de que Cristo viniera al mundo, pero es válida para los tiempos que corren.

Siempre nos entristecieron  el hambre y los estados misérrimos que contemplábamos en los medios de información y que asolaban los países mal llamados del tercer mundo condenados a soportar la infamante lacra.

    Ahora comprobamos para el aumento de nuestra consternación  que   la miseria y el hambre se instaló en  nuestras ciudades, en nuestros pueblos, y, en muchos casos solo  nos separa de esas situaciones calamitosas lo que ocupa el ancho de un tabique.  La angustia y  la exasperación  habitan al otro lado. No hay que irse lejos para percibirlas, están aquí, en Málaga y su provincia , y es de agradecer que los medios de comunicación se hagan eco de esas situaciones extremas.

   Los nuevos pobres forman ya legión. Lo componen una muchedumbre silente, doblegada, sin trabajo, que de noche a la mañana, se han visto desahuciados de sus viviendas y malviven en casa de familiares o como pueden. Son asiduos de los contenedores colocados a las puertas de las grandes superficies comerciales. Se disputan los desechos, a veces espantado a los perros que también acuden al manjar, y, vergonzantes, forman colas a las puertas de la delegación  de Cáritas   más próxima, esa institución que nunca se le podrá agradecer bastante el bien que prodiga.

   Transitan por nuestra ciudad  y pueblos como fantasmas sin meta ni objetivo. Llevan dentro de sí  el sentimiento de la injusticia, la amargura del desamparo. ¿Hasta cuando? Puede que, para nuestro pesar,  vaya para largo. Ya lo sentenció  Gracián: “Las necedades del rico son aplaudidas, cuando las exigencias  del pobre no son escuchadas”.

 

 

 

 

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El “oro verde”, a la baja
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José Becerra | 23-01-2012 | 11:24| 0

 

 

 

El “oro verde”. a la baja

“A último de noviembre, coge tu aceituna siempre”. Es lo que dicen los olivareros viejos de Antequera, la Axarquía yla Serranía de Ronda. Aprendieron el refrán de sus mayores y lo hicieron suyo hasta hoy, teniéndolo por bueno a la hora de recolectar el fruto. Como estos otros: “Agua y luna, tiempo de aceitunas” o “El vareo de San Andrés, mucha aceituna deja caer”. Aunque hay otro aforismo que desdice los anteriores: “Quien recoge la aceituna antes de enero, se deja el aceite en el madero”.

Lo cierto es que la gente del olivar, que todavía se muestran altivos, como certifica la copla andaluza, este año se ha visto obligado a recoger la cosecha antes de tiempo merced a la ausencia de lluvias, algo que se ha mostrado como un arma arrojadiza sobre ellos mismos. Eso, y que, como apunta el técnico de Asaja Baldomero Bellido, han venido las prisas, además, por el miedo a los robos – los `luneros´, o sea, los que aprovechan las sombras de la noche para asaltar los olivos y saquear los predios impunemente -, y para conseguir un aceite de mejor calidad.

Pero lo que ocurre ahora es que cabe más aceite en las almazaras, lo que ha redundado en que el valor del preciado ‘oro verde’ retroceda alarmantemente, debido a la presión ejercida para vender. Las almazaras dela Serranía, por ejemplo, son pequeñas y su capacidad de almacenamiento mínimas y, por otra parte, no hay liquidez para costear nuevos almacenes y pagar a los agricultores.

Es el dilema de siempre que azotó a la gente dedicada al agro desde tiempo inmemorial: la urgencia de dar salida a las cosechas por uno u otro motivo hace que los precios en origen apunte siempre hacia la baja, con la consiguiente consternación e impotencia de las almazaras de poco calado o de quienes se dejan la piel en los campos haga calor abrasador o frío polar.

 

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Refranero del campo malagueño
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José Becerra | 20-01-2012 | 19:50| 1

  

Abundan en nuestra geografía  hispana los buceadores del refranero. Todavía hay quien se lanza al campo del habla local con el bolígrafo en ristre y el oído avizor en pos del refrán que le salta al camino como la pieza codiciada al cazador. No es raro, como es mi caso, de que se baje a la angostura de la arqueología de lo rural para palpar con la misma delectación que se palpa un fósil antediluviano, la tersura de un refrán inédito quizás, pero antiguo en el uso.

   Desde Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, (primera mitad del siglo XV), el primer autor castellano que supo apreciar y admirar ese rasgo del habla popular ( que existía desde la antigüedad, en el inicio de las lenguas romances hispanas, cuando el latín era le lengua de los ibéricos), hasta nuestros días el refrán ha subsistido “ corriendo como el agua de fresca fuente, entre las duras rocas del lenguaje popular”, como apunta el ilustre paremiólogo Joaquín Calvo Sotelo ( “Del variado, extenso y divertido mundo del refranero”). Y, de por medio, Berceo, el Rey Sabio, el Arcipreste de Hita, Don Juan Manuel y la pléyade  de escritores del Siglo de Oro, encabezados por Cervantes, quienes usaron de los refranes como recurso para adornar sus argumentaciones literarias.

   Quinta esencia de la sabiduría popular el refrán encierra pureza y corrección  y los escritores de cualquier época lo emplearon como ejemplo de expresiones sabias que tenían mucho que ver con las enseñanzas que nos brindaba el pueblo para entender la  vida, o del saber y el conocer.

   Una gran parte, en efecto, de los refranes  la componen los creados desde y por el hombre del medio rural. El hombre y la mujer del campo malagueño de forma anónima, como es lo proverbial (nunca mejor dicho) de estos asertos  que encierran enjundia y conocimiento, fueron los autores de infinidad de ellos. Alguien los puso en un uso, y la tradición oral se encargó de propalarlos.

  Ahí van algunos recapitulados por  Ramón Lloréns (Refranero de los frutos del campo. Taurus, 1986))  y  que he podido constatar que  se emplean o que alguna vez se emplearon en territorio dela Axarquía, del Guadalhorce o dela Serranía de Ronda, refiriéndose a las cualidades de un fruto, del tiempo de su siembra o cosecha, o de sus virtudes terapéuticas.

 

  ACEITUNA Y OLIVO: A par de un río, ni compres viña, ni olivar, ni caserío. / Aceite de oliva y romero frito, bálsamo bendito. Aceituna comida, huesecito fuera / Al olivo y a la encina, labor abajo y el hacha encima./ Al pan caliente, abrirle un hoyito y echarle aceite.

ACELGA:   Quien huelga come acelgas; quien trabaja  de contino buena olla de carne y tocino y con buenos tragos de vino.

AJO: Ajo, sal y pimiento, y lo demás es cuento./  Antes de enero mediar, siembra tu ajar. /  El dinero debía de ser como los ajos: al año, vano./ Vino puro y ajo crudo hacen al hombre agudo.

ALMENDRA: Amor de monja y flor de almendral, presto viene y presto se va.

ALUBIA: Buenas judías y buenas mujeres, enla Serraníalas tienes. /Garbanzos y judías hacen buena compañía  / No comas judías cuando hayas de andar con gente de cortesía.

ARROZ: Aunque se pegue,  el arroz no se menee. / ¡Que si quieres arroz, Catalina! (expresión frecuente en el valle del Guadiaro cuando de algo en abundancia se hace referencia).

BATATA: De Málaga, vino, pasas, boquerones y batatas.

BERENJENA: Dios me dé en mi casa tomates y berenjenas y no perdices y salmones en la ajena.

BELLOTA: La mejor bellota fue encina chiquitina. / Para el buen jamón, la mejor bellota.

CASTAÑA: Gente de montaña paga con castañas. (En los pueblos del Genal pagaban en castañas las escobas que desde el Guadiaro les llevaban). Del Genal, la castaña en esportal  (esportilla o cesto grande).

CEBADA: Mucha agua en la otoñada, poco trigo y menos cebada. / Al burro que no come cebada, media carga. /  Burra vieja quiere su cebada, dijo al marido la vieja casada.

CEBOLLA: Para comer la olla, lo mejor la cebolla. / Viudas, cebolla y morcilla, milagro que no repitan.

CEREZA: Cerezas y mentiras, unas de otras tiran.

COL: Coles  con tocino añejo hacen mozo al viejo. / Entre col y col, lechuga, y más allá un pradito de matalahúga. / Olla grande, muchas berzas y poca carne.

FLORES: Moza sin amor, flor sin olor. Flor y fruto, rara vez los verás juntos.

GARBANZO: Del garbanzo te sé contar, que por abril ni ha de estar nacido ni por sembrar.

HABA:  El habar en flor, ¡qué grato olor! En todas partes cuecen habas y en mi casa a calderadas.

HIERBA:  Más vale lo que la oveja caga, que la hierba que traga. Mala hierba nunca muere.

HIGO: A higuera sin higos  no acuden los mirlos. Año de brevas, año de eras. De higo a brevas, largas la llevas. Para agosto uvas e higos, para noviembre, membrillos.

LENTEJA: Lentejas, comida de vieja. Lentejas, si  las quieres las comes, y si no, las dejas.

MANZANA: La manzana podrida pudre a su vecina. Pero de Ronda y camueso de Antequera, no caben en una faltriquera. Una manzana  cada día, de médicos te ahorraría.

MORA: La mancha de la mora con otra verde se quita.

NARANJA: La naranja, por la mañana es oro, al medio día, plata, y por la noche mata.

MELÓN: Al melón bueno y maduro, todos le huelen el culo. El buen melón se conoce por el olor. El melón y el matrimonio: acertamiento son. Al melón y a la mujer, por la  cata la has de conocer.

NUEZ: Al nogal y al olivo, trátalos con cariño. Pan y nueces saben a amores.

ORÉGANO: No todo el  monte es orégano.

ORTIGA: Desde chica la ortiga pica.

PATATA: Cuando empieza a marcear, siembra la patata y el garbanzal.

PEPINO: Desde pequeñito le amarga el culo  al pepino.

PIMIENTO: El pimiento ha de ser verde; el tomate colorado; el pepino gordo y liso, y el higo, negro y rayado.

PERA: La buena moza es como la pera zumosa, que comiéndola da gana de otra.-

RÁBANO: Más frío que lavando rábanos. Rábanos huecos, para los cerdos.

RUDA:  A la casa en que hay ruda, Dios la ayuda.

SETA: En abril, setas a mil; en mayo, setas a carros

TOMILLO: Ganado que no come tomillo, déjalo, illo (chiquillo)

TOMATE: No hay mala cocinera con tomates a la vera. Pimientos y tomates, compadres.

TRIGO: Año de nieves, año de  mieses. Cuando el trigo está en la era, anda el pan por la artesa. Lana, puercos y trigo hacen al pobre rico.

SETA: En abril, setas a mil; en mayo, setas a carros

UVA: En agosto, uvas y mosto. Uvas con queso, saben a besos.

 

 

 

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Trabajo allende fronteras
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José Becerra | 19-01-2012 | 18:55| 0

Trabajo allende fronteras

Trabajar en el extranjero es una opción que gana adeptos por días. En décadas pasados se  resolvieron angustiosas situaciones económicas de un número inmenso de familias, sobre todo andaluzas, desertizando campos y vaciando pueblos, es verdad. Pero ahora  vuelve a adquirir  actualidad por mor de los tiempos difíciles que corren. 

   Randstad, una empresa de recursos humanos, en un estudio exhaustivo sobre movilidad laboral, anunciaba días atrás que mas de la mitad de los parados españoles – calculen, 2 millones y medios de los que están brazo sobre brazo –  aceptarían con jubilo un puesto de trabajo en el extranjero, sobre todo los jóvenes y desocupados de mediana edad.

Y como ocurrió antes son los andaluces quienes con el más alto porcentaje estarían dispuestos a marcharse, precisamente los mas golpeados por los zarpazos de la crisis actual, sin poner reparos al lugar de destino, siempre que en este se le redima de la angustiosa situación en que se debaten. Y nos consta que en la provincia de Málaga contemplan con agrado esta posibilidad.

  Corren nuevos tiempos, eso es innegable. Y a la conciencia que se deriva de la globalización en la que nos encontramos inmersos, se une la certidumbre de que se han eliminados barreras y el desarraigo concomitante a la emigración muestra un cariz menos sombrío. Existe una mentalidad distinta a la de los años 60.

   Vivir y trabajar en lugares distintos al del nacimiento, que hoy no asusta a casi nadie, podría ser una solución para equilibrar nuestras cifras de paro tan alarmantemente elevadas.

 

 

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El placer de la ´sexalescencia´
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José Becerra | 18-01-2012 | 13:06| 0

 

 

Un familiar muy allegado  a  mí me envía un correo con la copia de un escrito con un título singular. Un título que no aparece en el diccionario dela RAE por lo que será en vano que lo busque en sus páginas. Se trata del vocablo ´sexalescencia´. Se refiere a los que se encuentran inmersos en los 60 años de edad o ya navegan por los 70, y  trata de reflejar un segmento social con unas particularidades de vivencias propias que ya nada tienen que ver con la adolescencia, término en el cual bebe esta nueva acepción que está tomando cuerpo en nuestros días.

   Tengo la impresión de que el remitente, Juan Marín, afincado en Málaga y con ramificaciones familiares en la provincia  (se ocupó durante su vida laboral en la  instalación de equipos de computadores, cuando estas herramientas de progreso se asomaban tímidamente al mercado nacional), hace suya esta nueva palabreja que ha hecho irrupción en el panorama lingüístico sin que haya sido aceptada del todo.

   Lo digo porque se cuenta, no me cabe duda, en  ese tramo de la edad de personas  que trabajaron en un largo periodo de su existencia  pero que ahora, una vez jubiladas, disfrutan plenamente de la vida y han colocado un valladar ante sí para que repele el miedo al ocio y a la soledad.

   Como lo hace Juan, estas personas, entre las que también y tan bien me encuentro,  manejan los ordenadores como si toda la vida hubiesen estado ejerciendo este menester. En contacto continuo con sus hijos y amistades merced al milagro del e-mail y la videoconferencia, es natural que mire al teléfono de toda la vida como un objeto antediluviano y obsoleto.

   La `sexalescencia¨ que abomina del concepto un tanto sombrío  de sexagenario disfruta de su situación, se encuentran a gusto con ella porque consideran razonadamente los azares a los que la vida les somete: calibran el riesgo y no se lamentan ante el infortunio: lo aceptan, reflexionan serenamente sobre él y se disponen a superarlo sin vanas lamentaciones.

   Lo interesante de los que viven su `sexascelencia´  con gusto es  no añoran ni tienen aspiraciones que  escapan de sus posibilidades. No envidian a quienes relumbran en los deportes o sienten envidia del buen ver de un astro de la pantalla.

   Tienen otro afanes: pasear cada día ya sea bordeando la montaña, ya culebreando al borde del mar, disputándole el terreno a las gaviotas. Y disfrutar del amor de los suyos y de la empatía que le merecen sus amistades, o sea ponerse en la piel de los demás y compartir sus sentimientos. Ser espectador mudo de un amanecer glorioso o de un anochecer con cárdenos tintes en el cielo colma las esperanzas de cada día.

 

 

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Manuel Alcántara, 84 años
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José Becerra | 16-01-2012 | 18:24| 0

 

 

Foto: Diario SUR

 

 

Manuel Alcántara, 84 años

Si tratamos de bucear en la historia de la literatura contemporánea de Málaga y su provincia, indefectiblemente nos toparemos con la figura eximia de Manuel Alcántara, vate y articulista singular.

Cumplió años Manuel Alcántara, un altísimo POETA, con mayúscula, como quiso que apareciera en el elogio certero que le dedicara años atrás Alonso Canales, otro adalid malagueño de las sílabas contadas, esas que son de “gran maestría”. Llegó al altozano (que no a la cumbre de la vida, que todavía le quedan subidas de calendarios por transitar para nuestro gozo), de los ochenta y cuatro. Una cifra redonda, contundente, pero sólo si se echa la vista atrás de su biografía y se hacen cuentas de sus versos y de su “necesaria y fraterna palabra”.

Retoma cada día la palabra el maestro del buen decir, de las ocurrencias felices, de los conceptos precisos y de la ironía y la crítica que abjuraron de la acritud y el encono.”Bastante amargura hay en el mundo para que se incida sobre ella en los escritos”, me dijo un día, la primera vez que mantuve una conversación con él, en un paseo inesperado que me deparó y dispensó en un encuentro fortuito, camino de su casa. (Luego, en otra ocasión, me abrió las puertas de su hogar – un santuario para mí dado mi admiración por el maestro, que no vacilo en confesar -, había ido yo a llevarle tres o cuatro cintas para su Olivetti, resto de una antigua papelería de mi propiedad, sabedor de su necesidad imperiosa de ellas).

Ese es su estilo: lo más grave, lo que puede causar dolor, iracundia o incitar a un acerbo ataque se diluye en su lenguaje, y el tono escogido en pirueta que la desposee de acritud. Sin merma en su entendimiento y en la consecución de su último objetivo hace que con sus palabras cambiemos el desabrimiento por una sonrisa. Milagro del buen hacer de un articulista “amanuense de sí mismo”, como alguien dijo de él con justicia.

Más de cincuenta años dando la esencia de su ser a golpe de Olivetti, tras la leve neblina de su sempiterno cigarrillo, y las más de las veces tras las cristaleras de su despacho que da al mar (“Bajamar de la desgana: las olas cerca de mí, yo lejos del agua clara”), y la presencia impávida de sus búhos, mudos, ojiabiertos, enigmáticos.

En mis paseos por las cercanías de los túneles de Rincón de la Victoria, cerca de los cuales tiene su morada el articulista y poeta, cuando veo iluminado su despacho me lo imagino así en su quehacer diario (“a las siete sale cada tarde mi artículo a su destino “, me confesó el día de mi feliz tropiezo con él); y, en ocasiones, me paro para contemplar la difusa luz de su lugar de trabajo. “¿Habrá puesto ya el maestro el punto final en su artículo de cada día? ¿De qué tratará? ¿Con qué ocurrencia nos sorprenderá mañana? ¿Con qué chispa o agudeza nos hará pensar?”, me pregunto.

Mi felicitación, don Manuel, y mi deseo que ver durante muchos años más la luz de su despacho iluminada. Hoy, esta tarde, mientras paseo, me vienen a la memoria otros versos suyos. Los voy musitando mientras me alejo: “ NO pensar nunca en la muerte / y dejar irse las tardes / mirando como atardece. / Ver toda la mar enfrente / y no estar triste por nada / mientras el sol se arrepiente. / Y morirme de repente / el día menos pensado. / Ése en el que pienso siempre”.

No sin sonrojo por mi parte, en mi insignificancia ante tamaña excelsitud de los versos del maestro indiscutible me atrevo con estos pobres versos de mi cosecha, sin otro propósito que expresarle mi admiración y respeto.

 

MANUEL ALCÁNTARA Y LOS BÚHOS

No deja de sorprender el conjunto.

Nos miran con ojos abovedados,

inmóviles, fríos y acerados.

Rara expresión del rapaz cejijunto.

 

El ilustre escritor de cualquier asunto

y gran poeta que nos deja admirados,

tiene retén de esos seres alados,

con una devoción que no barrunto.

 

No son búhos de plumas, carne y hueso,

sino de policromada cerámica,

y la misma noctámbula apariencia.

 

Al maestro le conceden embeleso

y compañía agradable y balsámica.

Las aves y el escritor en connivencia.

 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.