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La carretera de la discordia
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José Becerra | 18-02-2012 | 19:14| 0

 

 

 

 
 

 

 

Los pueblos del interior de la provincia de Málaga cifran en buena medida las esperanzas de su futuro en que los caminos que hasta ellos conducen no sean un impedimento para el desarrollo.

   Periclitaron los  vestigios ancestrales de la industria artesanal, la dedicación a la agricultura  vino a menos,  pero subsiste un tejido industrial importante que no hay que  minimizar. Se mira con ilusión al turismo, empero, como ayuda inestimable para espantar el marasmo en que más de una veintena de pueblos dela Serraníade Ronda se ven sumidos.

   Pero la llegada de visitantes exige una vía en condiciones y no una arteria que desanimo al más pintado. Es lo que ocurre con la carretera A-377 que viene siendo un hándicap para el despegue de pueblos como Cortes dela Frontera, Gaucín, Benarrabá, JImera de Líbar y Benalauría, entre otros, cuyos alcaldes si no en pie de guerra sin han afilado las lanzas contrala Juntade Andalucía por el estado casi intransitable en que se encuentra el citado vial.

   Las últimas obras de reparación del trazado datan de tiempo inmemorial. En esto hacen hincapié los regidores que proclaman su descontento por la dejadez dela Juntademorando unas obras y dando largas a una penosa situación de la carretera, que además de obrar en detrimento de la economía de los pueblos limítrofes puede significar un riesgo serio para los que se ven obligados a transitarla.

Cortes de la Frontera, uno de los pueblos afectados por el estado de la A-377. Foto de Ayuntamiento.es

 

 

 

 

 

 

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Duro castigo al campo andaluz
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José Becerra | 17-02-2012 | 11:33| 0

 

 

 

 
 

 

Pierde Andalucía, pierden sus provincias, Málaga incluida, pero sobre todo Almería, con la aprobación del nuevo acuerdo agrícola con Marruecos que permite la entrada de productos hortofrutícolas en Europa.

Lo acaban de dictaminar el Consejo y el  Parlamento europeos, pese al voto en contra de los países ribereños del Mediterráneo a los que van a afectar la medida en mayor o menor medida. Han podido más las grandes áreas consumidoras del resto de Europa ante el aliciente de adquirir tomates, pepinos, fresas, clementinas y calabacines, entre otros frutos, a mucho menos precio.

   Lo que quizá no sepan en estas regiones del norte de África es que las exigencias sobre medidas fitosanitarias son mínimas por no decir nulas, al contrario de lo que sucede con las producciones españolas que sufren un control severísimo. Como tiene que ser.

Si a esto añadimos que un hortelano marroquí gana 5 euros al día sin gozar de derechos y el español 40 con todos los derechos, entenderemos esas diferencias de precios. Está bien el mercado de libre competencia, pero que ésta no sea desleal, como va  a ocurrir, en detrimento del campo andaluz.

Foto: Agricultor malagueño recogiendo tomates (SUR)

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Puerta Única para la esperanza
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José Becerra | 16-02-2012 | 19:22| 0

Cuanto más estrellado esté el cielo en las noches de invierno más penetrante será el relente, y en la madrugada el frío se convertirá en puñales que buscaran ávido los cuerpos de los sin techos, indefensos  a sus hostigamientos, porque poco pueden  proteger unos cartones recogidos junto al contenedor de basura más cercano.

Lo saben las más de 250 personas que solo en Málaga  cada noche no poseen otro hogar en donde resguardarse que el pequeño habitáculo de una entidad financiera,  la cornisa alargada de un edificio en ruinas o el follaje  de una conífera urbana.

El verano resulta más clemente para muchas familias que la crisis acabó por desahuciarle de sus hogares y se vieron en la necesidad de  buscarse el techo en la calle, siempre fría e inmisericorde para con los que nadie tienen. Pero el invierno es ingrato, cruel y no conoce la compasión para quienes lo viven al sereno.

Antes de buscar un rincón en el que cobijarse se habrán disputados con los que como ellos viven la deplorable situación a la que se han visto arrojados los desechos de un supermercado, no pocas veces teniéndose que habérselas con perros vagabundos igualmente afanados en la búsqueda de un mendrugo de pan o una bandeja de salchichas caducadas.

La pobreza se ha acomodado, fría y tenaz, en la provincia malagueña. Cáritas alza la voz (esperemos que no en el desierto) para denunciar que 50.000 familias carecen de lo más elemental para subsistir. La indigencia se enseñorea de calles y plazas y las escenas que contemplamos cada deberían ser un aldabonazo  para las conciencias.

Por suerte,  esta marea de gente silenciosa que arrastra su miseria y permanece sin posible acceso a derechos fundamentales (derechos que no clemencias) como la asistencia social y la protección de jueces y  tribunales, sí tiene quien les eche un capote, nuca mejor empleado el  término cuando la intemperie y el frío son enemigos mortales para muchos indigentes.

La Agrupación de Desarrollo para Personas sin Hogar, gestionada por Puerta Única y  que aglutina hasta una decena de entidades colaboradoras (Arrabal, Cáritas, Málaga Acoge, Cruz Roja…) no ceja en su propósito  de  persistir en la necesidad de que se reconozca esta realidad la más de las veces sumida en la invisibilidad cuando no en la indiferencia.

Se trata de gente sin asideros al devenir de una realidad que los relega y arrincona, hombres sin trabajo y mujeres y niños sin hogar que reciben de la asociación benéfica, además de alimentos, ropas y recurso para el aseo personal, asesoramiento legal, laboral y social para ayudarles en la medida de lo posible a que encuentren algún calor de sus congéneres cuando perdieron el que proporciona la tranquilidad de un hogar propio.

Hay quien no hace  oídos sordos al clamor silencioso de los sin techo. Hay quien  de  una manera altruista dedica tiempo y esfuerzo personal sin cuentos a la ayuda a esa sociedad menesterosa que sufre en sus carnes y de la manera más virulenta los estragos de los tiempos difíciles que nos han tocado vivir. Son los que conforman la puerta para la  esperanza

 

 

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Aceitunas “luneras”
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José Becerra | 15-02-2012 | 19:21| 0

 

 

 

Los olivos objetos de  deseo de saqueadores 

 

Robos masivos de aceituna se vienen denunciando en la provincia. Los ha sufrido últimamente Archidona (10.000 kilos del fruto que pasaron   subrepticiamente del olivar  a los furgones de los amigos de  lo ajeno que aprovecharon la noche para la fechoría) y los sufren olivareros de los distintos pueblos de la provincia.

   Enla Serraníade Ronda, con no poco gracejo, llaman “luneros” a los que aprovechan las sombras de la noche y el liviano fulgor dela Lunapara hacerse furtivamente con unos pocos kilos de aceitunas de verdeo, suficientes para el agasajo de la casa; a saber, disponer del fruto del olivo para partirlas, aderezarlas con tomillo, sal, ajos y vinagre y, depositada en tinaja, recurrir a ellas para complementar las comidas durante algunos meses.

    Son las aceitunas “luneras”. Se recogen, pues, a media noche, sin  testigos de vista; se llenan las bolsas en la finca del vecino con toda la celeridad que permite el  oficio – son los serranos duchos en este quehacer-, regresando con sigilo al pueblo una vez consumado el hurto. 

    Casi nadie, no obstante, lo considera como tal y casi ningún propietario de olivar echa cuenta con estos robos, que ya son tradicionales, pero que por insignificantes no causan el mayor quebranto económico y todo lo más que se llega es proferir alguna que otra maldición, y las más de las veces, un comentario jocoso.

   Ahora, por lo visto, gente de allende fronteras, se dedica a gran escala al robo de aceitunas pero a gran escala en la zona de Antequera y Achidona y Campillo. Estála Guardia Civiltras las huellas de grupos organizados que arramblan no con unos pocos puñados  de aceitunas para el condumio hogareño, sino de miles de kilos para venderlo bajo precio y con pingüe ganancia  en el mercado negro.

    No se conforman estos con saquear los olivos “cenicientos y eternos” sino que aprovechan los montones del fruto, ya sea en el campo o en la almazara para cargar con ellos sus furgonetas.

   Nada que ver con los “luneros” serranos. Los  que saltaban una valla de pitas para llenar una talega y tener con qué comerse el gazpacho caliente algunos días. Con estos se ha hecho siempre la vista gorda. Contra los que roban y mercadean como ahora habrá que estar bien atentos.

    Las aceitunas “luneras” perdieron el carácter chocarrero de antaño; de su condición, incluso, se hacía pública proclama. De las de ahora hay que hablar con la severidad que alude a lo delictivo sin reservas.

 Foto: Infojardín.com

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Despido barato
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José Becerra | 14-02-2012 | 19:22| 0

Me refiero, claro, a la revolucionaria reforma laboral llevada a cabo por el Gobierno y que ha sorprendido a propios y extraños y que naturalmente ha caído como un jarro frío en la provincia de Málaga, en cuyos pueblos el paro crece de modo alarmante y desolador.

  Las drásticas  medidas las anunció veladamente el presidente Rajoy cuando dijo días atrás que el paro iba a seguir su curso en este año y con mayor intensidad si cabe. Y las remachó el ministro de Economía, Luis de Guindos, al admitir que la reforma sería agresiva. A ambos les asistía la razón: el mundo laboral acaba de dar un giro copernicano.

   Pero vayamos a algo que ha resultado particularmente alarmante, sobre todo para quienes ven su empleo pendiente de un hilo que en cualquier momento puede ser seccionado. Soy un jubilado pero tengo hijos a los que esta draconiana medida puede afectar directamente.

   El despido barato que acaba de ser decretado va a suponer un arma poderosa de la empresa ante la que el empleado se encuentra inerme. Me refiero a que se podrá poner a un trabajador de patitas en la calle la calle con solo una indemnización de 20 días si la empresa en cuestión disminuye sus ventas en un trimestre o ve mermada sus ganancias.

Dicho de otra forma: no es necesario que se produzcan pérdidas sino que bastará con que los beneficios disminuyan.

   Un horizonte negro para quienes todavía tienen la suerte de permanecer en el tajo. Y más sombrío si cabe para los treintañeros que se han quedado descolgados de la reforma y que presumiblemente van a padecer serias dificultades para que las empresas los contrates, sabedoras como son éstas de que a partir de esta edad no hay subvención que valga. Beneficio que llega a los a los 3.000 euros para la contratación de quienes no rebasen los 30 años. Una discriminación que no se entiende y que está suscitando controversias cuando no indignación.

 

 

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Ronda potencia sus vinos
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José Becerra | 13-02-2012 | 11:17| 0

 

 

 

 Viñedos de Ronda en plena floración
 

 

“Si bien la penicilina cura a los hombres, el vino los hace felices”. Lo dijo nada menos que el  Alexander Fleming, al que le debemos el descubrimiento de ese antibiótico que revolucionó la medicina moderna, rescatando a millones de personas de enfermedades que hasta la mitad del pasado siglo eran incurables. El bacteriólogo de Gran Bretaña debía de saber lo que decía. Pero casi al mismo tiempo el pensador español José Ortega y Gasset nos dejaba su opinión sobre este caldo de  dioses: “El vino da brillantez a las campiñas, exalta los corazones, enciende las pupilas y enseña a los pies la danza”.

   Por estas razones una  infinidad de ellas vertidas por gente ilustre es natural que dispensemos al vino el valor que se merece y que en todas las regiones  se afanen por conseguir el mejor y que sea escanciado por el mayor número de catadores. Es lo que viene haciendo los cosechadores de uva y bodegueros de Ronda. Las empresas vitivinícolas han aparecido como hongos, tratando de revivir una tradición cosechadora que hunde sus raíces en siglos atrás.

  Pero importaba reunir en un lugar para hablar,  desentrañar y difundir  la cultura del vino. Ese espacio es el  que se va a construir de manera inmediata si hacemos casos al Ayuntamiento y  a la Consejería de Agricultura y Pesca que se han puesto mano a la obra para levantar el Centro de Interpretación del Vino en la que participan a medias ambas entidades.

   El futuro visitante de este centro que nace con los plácemes de bodegueros y rondeños en general que saben de la exquisitez de los vinos que se crían en la tierra, se encontrará con tres  grandes salas en las que no será raro que el aroma de los vinos les acaricie el olfato antes de que las papilas gustativas disfruten de su sabor.

  En el primer espacio, para el que se ha buscado la diafanidad adrede acogerá exhaustiva información sobre el camino que recorren los caldos desde la viña hasta las barricas en donde reposarán hasta que alcancen el punto álgido de su fermentación. Otra sala colindante dividida en tres aulas se destinará a

 fines didácticos y de investigación: curiosos, amantes del vino y enólogos se pondrán al día sobre las técnicas de elaboración y conservación, algo que exige saber y maestría. Por último, y quizás la que puede que origine mayor atención será la destinada a la cata.

 Foto:bodegaslasangrederonda

 

 

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Estampas de posguerra
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José Becerra | 12-02-2012 | 13:02| 0

En los años de la posguerra española – décadas de los 40 e incluso de los 50- cuando era aún un  niño recuerdo las filas de menesterosos que se agolpaban ante la puerta de una familia acomodada del pueblo que con la ayuda de otras y de un grupo de voluntarios repartían a discreción platos de lentejas.

    Acudían con escudillas  que trataban de ocultar entre la ropa hasta el momento de acercarse al gran perol en donde habían hervido las legumbres a las  que si acaso se les habían  añadido algunos trozos de morcilla que eran celebrados por quienes habían tenido la suerte de encontrarlos en su vasija.

   Mis padres me contaron que aquellas personan que pordioseaban el sustento habían sido labriegos y hortelanos que trabajando de sol a sol para que no faltase un plato caliente en sus casas se veían en una situación desesperada por la situación de predios yermos y ninguna asistencia social por parte del Estado. Aquellas escenas terribles del hambre me asaltaron en sueños durante muchos años.

   En la provincia de Málaga cien mil familias necesitan ayuda para poder comer, siquiera una vea al día. Bancosol, Cruz Roja, Cáritas y otras instituciones se las ven y desean para atender a la muchedumbre que se agolpa a sus puertas. Inmigrantes, pensionistas y mujeres solas con hijos, pero también desempleados y desahuciados sin esperanzas en el porvenir acuden a diario por la ración: son estos últimos los nuevos pobres vergonzantes que gozaron de una situación pasable y que ahora se ven la necesidad de mendingar.

    Drama que es más acuciante en los pueblos de la provincia: a la necesidad de recurrir a la ayuda hay que añadir la vergüenza que embarga a quienes habiendo gozado de posición holgada tienen que sufrir la mirada de quienes les conocen o que pertenecen a su círculo amistoso, lo que les obliga a acudir a pueblos limítrofes en donde mendigar el sustento sin que nadie les reconozca.

   Me pregunto qué diferencia hay con aquellas décadas de infortunio y pobreza que parecían ya desterradas del todo. Temo que retornen los fantasmas que atormentaron mis sueños de la niñez.

  

 

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Málaga ruidosa
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José Becerra | 10-02-2012 | 12:20| 0

 

 Se dice con mucha razón que somos los españoles ruidosos en grado sumo. Es un comportamiento atávico que nos lastra desde tiempo inmemorial. Nos gusta armar jaleo, para qué ocultarlo, nos encontramos en nuestra propia salsa cuando a nuestro alrededor todo es batahola.

   Algarabía en los partidos de fútbol, quintaesencia del furor del español sentado; algazara en las calles; estrépito en los bares o en cualquier otro lugar de encuentro o reunión públicas; escándalos nocturnos, acrecentados por las motos a toda pastilla sin

tino ni miramientos. Y el charloteo de los fumadores obligados abandonar el bar o el restaurante para preservar de los humos al resto de los consumidores.

    Música a todo volumen en fiestas, saraos y establecimientos de diversión en los que  importa un ardite torturar el cerebro de la vecindad atentando con el derecho a su privacidad y a la salud que síquica y físicamente se resquebraja por lo reiterado de estos actos incívicos y vandálicos.

   Llegó una inesperada  crisis que se extiende propiciando un revés considerable a las  economías domésticas, ahogadas por hipotecas y sin muchas posibilidades para llenar el carrito de la compra cada semana; pero aquí, en Málaga,  no parece que ocurra nada.

   Haciendo honor quizá a la proverbial   pachorra de los andaluces que tantas veces palpa  la inconsecuencia, alentada por quienes debería prevenirnos por la proximidad de los negros  nubarrones que presagian la tormenta,  gastamos como siempre, viajamos y llenamos los bares sin el menor comedimiento. Y, para no desmentir a los que nos juzgan allende fronteras desde el siglo XVIII – viajeros británicos en Málaga – hasta nuestros días los hacemos vociferamos como pocos pueblos en el ancho mundo. El ruido imperante, para los que amamos el” silente murmullo que embelesa” nos agobia y aniquila.

   El Defensor del Ciudadano, otrora sindicalista de pro, Francisco Gutiérrez, apunta que el ruido, que, y esto lo decimos nosotros, siempre es destemplado y procaz, es una de las principales quejas que llegan a su mesa. “ En mi casa no tenemos pan, pero nos reímos fuerte y mucho”, afirma un dicho dela Serraníade Ronda.  O sea, que estamos acostumbrados a cerebrar con buena cara y de manera estentórea los malos tiempos. ¿Mejor así?

 

 

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Málaga y la promoción del turismo de antaño
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José Becerra | 09-02-2012 | 11:23| 0

 

 

 La espléndida Costa del sol. Foto: Travelinginspain
 

 

¿Cuándo empezó Málaga a darse cuenta de las posibilidades que poseía para atraer un turismo de allende fronteras merced a la benignidad de su clima? No ocurrió, ni mucho menos, al hilo de los avispados empresarios  que  comenzaron a vender su imagen allá por el primer cuarto del pasado siglo haciendo posible el desembarco en nuestras playas de las exuberantes suecas y nórdicas de redondos y explosivos volúmenes anatómicos tan apabullantes como desconocidos por estas latitudes (desconocidos en cuanto al hecho de hacerlos visibles a pleno sol y sin falsos pudores, que las malagueñas ebúrneas no le iban a la zaga, si bien el velo del pudor todavía ejercía su tiranía como para impedirles exhibirlos sin vergüenza).

Mucho ante de eso, en el último decenio del siglo XIX, hubo quienes se preocuparon de hacer llegar a buena parte del mundo las excelencias del clima malagueño, si bien lo que se pretendía entonces era canalizar hacia la ciudad un turismo no de sol y playa como el que hoy impera, sino de invierno; un turismo que propiciaba la suavidad de la estación en relación con otras ciudades sino gélidas sí sumidas en los fríos horripilantes propios de la estación.

   Por los historiadores de la Universidadde Málaga, Fernando Arcas y Antonio García, que dieron a la luz sugestivos estudios sobre sus esfuerzos más que ansiosos de lucro encaminados a dar a conocer los encantos de su ciudad sabemos de la existencia  de la Sociedad Propagandística  del Clima y Embellecimiento de Málaga.

   Noticias eruditas que, a su vez, recogen Mateo Gallego y Francisco Lancha, en su libro Málaga en la leyenda (Arguval), dando cuenta de otros autores malagueños empeñados en hacer ver la conveniencia de que dirigieran hacia Málaga sus pasos aquellos que para gozar de inviernos templados hasta entonces preferían otros destinos.

     El snobismo de las clases pudientes europeas, cuando la popularización del turismo no existía ni por asomo, les exigía, en efecto, invernar en Pisa, Nápoles, Roma, Niza  o Argel. Eran a estos turistas, cada vez más pudientes y numerosos a los que la sociedad trataba de captar para que se dirigieran hasta Málaga.

   Pero porque aquellas fechas no existían las fiestas de turismos, ni la masiva proliferación de la figura del tour operator, ni las agencias de viajes ofrecían los abundantes servicios de hoy en día; así que lo que se hacía era enviar los datos meteorológicos invernales de la capital a las distintas estaciones de las ciudades europeas; éstas se encargaban de difundirlos, y fueron los contrastes observados – Londres, Berlín o Bonn sumidos en la tiritera, no digamos las ciudades de la  gélida Noruega de los fiordos – los que hacían ver  ala Europa del frío que valía  la pena pasar los meses de invierno  en un lugar  en donde las temperaturas no eran en absoluto extremas.

   Y, además, por si fuera poco, aquellas benignas condiciones climáticas, y en estos parece ser que se hacía  hincapié, obraban milagros en las afecciones pulmonares, que por aquellos tiempos, todavía sin abandonar los tintes románticos decimonónicos  hacían estragos en Europa.

   Ocurría, sin embargo, que la corriente turística, a pesar del halagüeño clima, que ya no ofrecía dudas para los habitantes de buena parte de las ciudades europeas, no llegaba a cimentarse porque los servicios que se les ofrecía en Málaga no eran lo suficientemente satisfactorio para el ciudadano  bon vivant de la época; era éste que era el que constituía la clase social que podía permitirse el lujo de hacer los bártulos y emprender viaje a España y veía quela Administración local no estaba a la altura de las circunstancias ni ejercía la tutela requerida para convertir el flujo de visitantes en negocio boyante.

    Por fuerza, aquella legendaria sociedad y sus esfuerzos por atraer hacía Málaga un turismo que se preveía alentador, topaba con la indiferencia o inoperancia de quienes tenían en sus manos la facultad de transformar la ciudad y hacerla atractiva a aquella selecta y selectiva clientela.

   Puede que las cosas hayan mejorado mucho desde entonces, pero todavía es audible el sonsonete de quienes piensan que se podría hacer mucho más. De hacerles caso a los políticos en su frenética y titánica lucha en la que ahora con motivos de las elecciones municipales se ensalzan, Málaga acabará con la rémora del descuido que en este aspecto piensa que  aún mantiene para su desdoro.

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Igualdad
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José Becerra | 08-02-2012 | 11:23| 0

 

La atención sanitaria no resulta igual para todos los españoles. Se esté viviendo en  una u otra  de las distintas comunidades autónomas obliga a aceptar las condiciones impuestas por   cada una de ellas. Y la prueba palpable de que estas diferencias existen es la ausencia hasta ahora de una tarjeta única sanitaria que sirva para todo el territorio patrio.

 Si desde la provincia de Málaga nos trasladamos a Valencia o Barcelona tendremos problemas burocráticos para que nos atiendan en dispensarios médicos.  Quienes no  lo tendrán serán el resto de europeos que nos visitan;  ellos lo tienen más fácil a la hora de solicitar atención sanitaria en cualquiera de las 17 autonomías. Algo que no deja de sorprendernos.

 Pero puede dejar de hacerlo si cuaja la puesta en marcha de un sistema igualitario para todo el país. Esgrimir una tarjeta sanitaria expedida en cualquier lugar por alguien que ha viajado hasta otra región española puede ser suficiente para una atención rápida según acaba de anunciar la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Matos. Igualdad,  como se preconiza en el enunciado  del Ministerio,  puede que ponga las cosas en su sitio. Ya  era hora.

 

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.