img
Aceitunas “aliñás”
img
José Becerra | 15-01-2012 | 11:25| 0

 

 
 
 

 

 Foto: RecetaS gR.
 
Semanas antes de que los modestos olivicultores de la zona noroccidental de la provincia de Málaga inicien el vareo de la aceituna arbequín, gordal o lechín, cuyo fruto irá directamente a la almazara más próxima para extraerle el “oro en suculento líquido” que diría Salvador Rueda, semanas antes, como digo,  se habrán impuesto otra labor inexcusable: la de escoger una a una, puñado a puñado, jamás propinando golpes de vara a las ramas (“Quien al olivo apalea, apaleado se vea”, dice el refrán), la aceituna manzanilla. Esta irá a parar, convenientemente aderezada a panzudas tinajas de cerámica en la que reposarán varias semanas antes de que constituyan, día a día, el acompañante más apetecido de los platos ya sean éstos de cuchara o tenedor, cocidos o fritos, calientes o fríos.

  Las aceitunas aliñadas son pintiparadas para entreverar con sopas, gazpachuelos, potajes, frituras de caza o pescado, y más que nada con el cocido de garbanzo –la olla sempiterna de arrieros, labriegos y segadores -, seguido de la “pringá”( tocino veteado), tan asidua a las mesas de la Serranía de Ronda cuando el frío arrecia – también en verano, que fue plato predilecto para reconfortar de los trabajos de la trilla y los ardores del día – y aumentan las necesidades del condumio energético.

   En la comarca de Antequera y Campillos y, sobre todo, en los pueblos que se asoman, más a oeste, ya al río Guadiaro ya al Genal, no tienen otro nombre que aceitunas “aliñás”.

   Aliño, que puede que no coincida en los diferentes pueblos, ya que  en cada uno posee una variedad que les es propia, aunque al final el resultado sea el mismo en cuanto al modo de administrarlo y el sabor que se obtiene, que dicen por aquí que en estas y otras cuestiones “cada maestro tiene su librito”.

    Tan es así que dentro de un mismo pueblo hay familias que se distinguen por su preparación, y  presumen de saber cuáles son las manos que en el proceso han intervenido tan sólo con el sabor final obtenido.

   De las aceituneras viejas, que todavía existen y se encargan de traspasar su sabiduría, tanto para este fruto como para muchos platos de tradición malagueña y serrana, obtuve las siguientes recomendaciones, las cueles refieren a los aditivos necesarios como a la manera de mezclarlos en dosis precisas, aunque ellas lo hicieran a puñados que no dejaban de ser magistrales: las aceitunas de “verdeo”, que aún no llegaron a plena sazón, limpias y escamondadas, han de permanecer al menos tres semanas en remojo, si es en agua de lluvia mejor que mejor.

    No es raro ver en las primeras semanas de cada año cómo las tinajas en los patios de las casas se colocan directamente bajo el bajante de los canalones para aprovechar el chorro limpio del agua que resbala por el tejado y que “las endulzan a las mil maravillas”.

 

Una vez arrojado el agraz, pártanse seguidamente con mazo liviano de madera y con sumo “tiento” para no “destrirparlas”, disponiéndose así para recibir la mixtura, que ha de ser triturada tamicen en mortero de madera, compuesta por ajos, guindillas, pimientos picantones, orégano y cominos a discreción. Generosamente regadas con el mejor vinagre de vino blanco del que se disponga en la casa, habrá  que dejarlas, bien tapadas y en reposo, para “que tomen el gusto”. Listas para alegrar la mesa del comensal más exigente.

   Si viene, ya sea en otoño tardío o en invierno por estos pagos serranos, y se detiene en algunas de las ventas que jalonan la carretera de Ronda a Benaoján, seguro que se la ofrecerán para el mejor acompañamiento de su plato preferido. Y si no se la ofrecen, pídalas, que a buen seguro disponen de ella en la tinaja de rigor, bien resguardad de los agentes ambientales externos para su mejor conservación.

  

 

Ver Post >
Precios hortofrutícolas desmedidos
img
José Becerra | 13-01-2012 | 10:34| 0

 

Causa estupor, cuando no rabia,  comprobar cómo los precios en 2011 de las frutas y hortalizas  o sea, los productos del campo mantienen una diferencia abismal entre lo que cuestan al pie del terruño y lo que nos hacen pagar por ellos en el momento de adquirirlos para   llenar con ellos  la cesta de la compra cotidiana. Lo pone de manifiesto el último Índice de Precios en Origen de Destino(IPOD, para los allegados).

Las organizaciones de agricultores y consumidores, incluidos los de la provincia de Málaga,  acaban de poner el grito en el cielo –  y no es metáfora ni hipérbole – al subrayar que la diferencia en el pasado años entre origen y destino fue  más allá del  500%. Una barbaridad se mire por donde mire. Pero vayamos al detalle. Los productos a los que hemos echar mano cada día para el refrito del guiso indispensable como las cebollas, los pimientos, las cebollas y las patatas o aquellos a los que recurrimos para disfrutar de un postre sano como el plátano y la naranja lo cargaron  las empresas revendedoras en sus medios de transporte  un 50%  más  barato que hace un año.

“La agricultura, para un hombre honorable y de alto espíritu, es la mejor de todas las ocupaciones y artes por medio de las cuales un hombre puede procurarse el sustento”. Lo dijo Jenofonte 350 años a. C. Están imbuido de ello los agricultores- sudor y lágrimas- de nuestros campos andaluces y malagueños. El comercio aumenta la riqueza, pero la fuerza de un pueblo creemos que hay que buscarla en el cultivo de la tierra.¿Haremos caso a eso? Más nos vale.

Ver Post >
Tipos malagueños: el vendedor de almendras
img
José Becerra | 11-01-2012 | 19:30| 0

 

 Los lugares más emblemáticos de Málaga, los más visitados, aquellos en los que la gente se para a tomar aliento y levantar la vista hacia lo que bien lo merece, no es raro que delante o en sus inmediaciones se mueva alguien que imprime calor humano a la frialdad del monumento, o a lo colosal de las formas arquitectónicas. Aunque por donde más pululan estos personajes, inequívocamente malagueños y ya más que familiares a los viandantes, es en la vía por excelencia de la capital, o sea, la celebérrima  Marqués de Larios, y en algunas de sus plazas principales, como la dela Mercedola Constitución.

    En la esquina de la última de las calles mencionadas se atrincheró tras su frágil puesto de almendras un personaje que me atrevería a afirmar es tan conocido ya como la escultura del Cenachero,  en las cercanías del puerto, o la estatua del Cánovas paseante en el final del Paseo de los Curas. Si estas, como un sinfín de otras efigies, desaparecieran de sus lugar habitual se tendría la dolorosa sensación de que algo se nos había arrebatado, y el rincón o el recodo o la esquina se sumiría en la languidez y tristeza de lo que fue y lo que permaneció – a veces sin que hubiésemos echado cuenta de ellas,  nos bastaba que estaban allí sin que le concediésemos el acogida de la mirada – durante una buena parte de nuestras vidas y luego se esfumó en el tiempo o el olvido.

     El vendedor de almendras tostadas y saladas de la plaza dela Constituciónse parapeta tras su sonrisa abierta y su gesto amable para todo aquel que se acerca a su humilde negocio. Se toca con un gorro blanco y viste el eterno chaleco rojo con ribetes negros y pantalón negro. Casi se podría tomar por un marinero en traje de paseo. Su horario de trabajo no  va más allá de media tarde, cuando el sol cae de lleno en la explanada  y los clientes del bullicioso café de la esquina – otra institución  malagueña cosmopolita y colorista – buscan el amparo de las sombras de las sombrillas estratégicamente situadas.

    El vendedor despacha  a su clientela poniendo un blanco cucurucho de papel blanco rebosante de apetitosas almendras en sus manos. Lleva haciéndolo qué se yo de años, mientras charla y bromea con los parroquianos del café o con cualquiera que se para junto a él. Veo cómo con pulcritud llena los cucuruchos que perfectamente alineados coloca sobre las almendras que aún espera su turno para ser envasadas. Mientras lo hace observo su mirada circunspecta como si aquel trabajo exigiese la máxima atención y cuidado. O a lo mejor, el hombre está embebido en sus pensamientos o intenta resolver, como cualquier mortal, los entresijos de un problema doméstico.

    Tendría que preguntarle su nombre, pero me ocurre que, a veces, a la vista de un tipo señero, prefiero quedarme con la duda: si se llamara Juan, o Antonio, o Juan José, qué añadiría eso al personaje que me merece ahora y en aquel momento toda la atención. Me basta con seguir sus movimientos, examinar su indumentaria, reparar en su gracejo. Sé que el vendedor de almendras – se lo oí decir un día que me paré a su lado en un instante de mi habitual paso en dirección a mi trabajo – presume de que se le conoce en muchas partes del mundo. “Hasta en el Japón Saben de mí “, decía con orgullo.

   Un día, a la hora de siempre, no encontré al vendedor de almendras tostadas en su lugar de siempre. Me embargó una desazón inusitada. ¿Estaría enfermo? ¿Le habría ocurrido algún accidente? ¿Que motivo habría ocasionado su ausencia? Es lo que pasa cuando fallan los esquemas visuales y emocionales y las ausencias y lo inesperado sustituye a lo previsto.

    Al día siguiente, el vendedor estaba en su lugar habitual. La esquina recobraba la animación que éste venía prestándole. Todo seguía igual. Entonces, aquel día sí, me alejé de él, ufano, con mi cucurucho de almendras en la mano.

Ver Post >
Calostros y tortas de chicharrones de la Serranía
img
José Becerra | 10-01-2012 | 19:33| 0

 Heredaron los pueblos de la Serranía de Ronda la inclinación de los árabes (“los moros”, en la comarca no tienen otra denominación) por los postres y los dulces. La harina, el azúcar, la miel, el ajonjolí, la matalahúva, la leche, los higos secos y el aceite de oliva son ingredientes culinarios a los que en la comarca se le rinde pleitesía porque con ellos se elaboran manjares y exquisiteces que en pocos sitios brillan a mayor altura y conquistaron desde siempre los paladares del lugar. También, justo es reconocerlo los de allende límites del territorio serrano.

    Un cabrero “de toda la vida”, como él mismo dice, mientras apacienta el dócil ganado al borde la carretera Benaoján- Ronda, me habla de los calostros y se deshace en elogios del plato. El cabrero se toca con gorra de visera y viste pantalones vaqueros y chamarra con pellejo y lana de oveja.  Más avejentado que viejo fuma, sin parar, encendiendo un cigarro con la colilla del otro. Entre golpes de tos seca, que logra atenuar enseguida con otra chupada profunda al cigarro, me describe de donde vienen los calostros y la mejor forma de prepararlo.

   ” El calostro, no sé si lo sabe – me dice – es la primera leche de la cabra, o de la oveja, o de la vaca, una vez paridas. Está destinada a servir de primer alimento al cabrito recién nacido y posee todas las excelencias de la leche materna de la mujer una vez que da a luz. Si esta leche que los animales segregan después de parir la hervimos y se añade, un poco de pan finamente rayado, y cuando está fría, se esparce sobre el plato canela molida, se obtiene un manjar que dudo mucho se pueda encontrar otra más exquisito”. Promete  el viajero al cabrero que se deshace en elogios por este postre autóctono que  comerá los calostros en la primera ocasión que se le presente.

    Del otro manjar que en la Serranía tiene firme raigambre es la torta de chicharrones, y es así porque tiene mucho que ver con el cerdo, un tótem para los pueblos rondeños porque ha sustentado económicamente a familias, ha servido para la creación de empresas y, por consiguiente, deparó infinidad de puestos de trabajo.

   Como del cerdo “hasta los andares” se aprovecha, como dice Juan Heras,   dueño de una antigua tahona de Montejaque, elabora tortas de chicharrones, amén de hogazas, molletes y teleras. Dándoles forma y consistencia se pasó la mayor parte de la vida.

    Se recurre al chicharrón, onomatopeya de su sonido al freírse, y que es el residuo muy frito de  pellas de manteca de cerdo, para elaborar unas tortas que adquirieron a lo largo del tiempo justa fama. “Los ingredientes – apunta – son: masa de pan, chicharrones, azúcar y ralladura de limón. Aunque  la elaboración varía según las comarcas, con esos ingredientes se obtiene una textura elástica y fina. Cuando la masa sube se forman tortas del tamaño que se desee, se espolvorean con azúcar y canela por encima y se meten en el horno”.

    En los pueblos de la comarca de Ronda, estas tortas  le hacen  competencia a los churros y a los propios molletes, otra especialidad de la tierra con muchos adeptos. Un desayuno sano donde los haya. Si viene por aquí, no importa en qué época del año, acérquese a cualquier panadería, tahona, horno u obrador y pregunte por las tortas de chicharrones. Un sabor serrano tan familiar en lo gustativo como en lo sensorial podría serlo el paisaje de montaña que los distingue.

 

   

   

Ver Post >
img
José Becerra | 10-01-2012 | 19:04| 0

Calostros y tortas de chicharrones de la Serranía

Heredaron los pueblos de la Serranía de Ronda la inclinación de los árabes (“los moros”, en la comarca no tienen otra denominación) por los postres y los dulces. La harina, el azúcar, la miel, el ajonjolí, la matalahúva, la leche, los higos secos y el aceite de oliva son ingredientes culinarios a los que en la comarca se le rinde pleitesía porque con ellos se elaboran manjares y exquisiteces que en pocos sitios brillan a mayor altura y conquistaron desde siempre los paladares del lugar. También, justo es reconocerlo los de allende límites del territorio serrano.

    Un cabrero “de toda la vida”, como él mismo dice, mientras apacienta el dócil ganado al borde la carretera Benaoján- Ronda, me habla de los calostros y se deshace en elogios del plato. El cabrero se toca con gorra de visera y viste pantalones vaqueros y chamarra con pellejo y lana de oveja.  Más avejentado que viejo fuma, sin parar, encendiendo un cigarro con la colilla del otro. Entre golpes de tos seca, que logra atenuar enseguida con otra chupada profunda al cigarro, me describe de donde vienen los calostros y la mejor forma de prepararlo.

   ” El calostro, no sé si lo sabe – me dice – es la primera leche de la cabra, o de la oveja, o de la vaca, una vez paridas. Está destinada a servir de primer alimento al cabrito recién nacido y posee todas las excelencias de la leche materna de la mujer una vez que da a luz. Si esta leche que los animales segregan después de parir la hervimos y se añade, un poco de pan finamente rayado, y cuando está fría, se esparce sobre el plato canela molida, se obtiene un manjar que dudo mucho se pueda encontrar otra más exquisito”. Promete  el viajero al cabrero que se deshace en elogios por este postre autóctono que  comerá los calostros en la primera ocasión que se le presente.

    Del otro manjar que en la Serranía tiene firme raigambre es la torta de chicharrones, y es así porque tiene mucho que ver con el cerdo, un tótem para los pueblos rondeños porque ha sustentado económicamente a familias, ha servido para la creación de empresas y, por consiguiente, deparó infinidad de puestos de trabajo.

   Como del cerdo “hasta los andares” se aprovecha, como dice Juan Heras,   dueño de una antigua tahona de Montejaque, elabora tortas de chicharrones, amén de hogazas, molletes y teleras. Dándoles forma y consistencia se pasó la mayor parte de la vida.

    Se recurre al chicharrón, onomatopeya de su sonido al freírse, y que es el residuo muy frito de  pellas de manteca de cerdo, para elaborar unas tortas que adquirieron a lo largo del tiempo justa fama. “Los ingredientes – apunta – son: masa de pan, chicharrones, azúcar y ralladura de limón. Aunque  la elaboración varía según las comarcas, con esos ingredientes se obtiene una textura elástica y fina. Cuando la masa sube se forman tortas del tamaño que se desee, se espolvorean con azúcar y canela por encima y se meten en el horno”.

    En los pueblos de la comarca de Ronda, estas tortas  le hacen  competencia a los churros y a los propios molletes, otra especialidad de la tierra con muchos adeptos. Un desayuno sano donde los haya. Si viene por aquí, no importa en qué época del año, acérquese a cualquier panadería, tahona, horno u obrador y pregunte por las tortas de chicharrones. Un sabor serrano tan familiar en lo gustativo como en lo sensorial podría serlo el paisaje de montaña que los distingue.

 

   

   

 

Ver Post >
Enseñar a los alcaldes
img
José Becerra | 09-01-2012 | 18:45| 0

 

            

La idea embrionaria partió  de la Diputación de Barcelona. En el año que ahora ya agotó las hojas de su calendario se organizaron clases periódicas y cuasi obligatorias para los alcaldes y concejales de pequeños municipios de la comarca. 

    Bien provistos de todo lo necesario para el buen  aprovechamiento del alumno acudieron a una escuela de negocios – Esade- encargada de impartir las clases pertinentes a los ediles. Se les instruyó sobre como   emplear los recursos con la máxima eficiencia; o sea,  a ser gerentes profesionales para administrar de manera optima la hacienda que los votos les confiaron.

   Abogamos porque estas enseñanzas también se imparten en el resto de España y, por supuesto, en la provincia de Málaga, en cuyos pueblos y ciudades serían bien recibidas por loa gente de la calle.

   Gestionar recursos asignados, pero también aprehender comportamientos éticos. Para que entiendan el auténtico valor del servicio colectivo. Y para que hagan suyo un lema que debería ser grabado con letras de fuego en el frontispicio de muchos ayuntamientos y que, en cierta ocasión le oí decir a un político honrado y avezado: “Todo aquello por lo que luchamos y creemos – la libertad, la igualdad, la justicia – encuentra su máxima expresión en el despacho de un  concejal, pues es aquí  en donde se concreta en una persona con nombre y rostro”.

   Aciertan los pueblos que eligen alcaldes que ven a los convencimos  como a  sus propios amos, y que como decía Tierno Galván. “tienen   los bolsillos de cristal” para que sus ganancias sean transparentes.

    Hoy claman los alcaldes de  ayuntamientos, en su mayoría asfixiados económicamente,  por  más   y mayores competencias; pero éstas sirven de muy poco si no existe la vocación de ejercer su menester   obedeciendo al compromiso con sus destinatarios últimos, que no son sino los ciudadanos, o sea, el pueblo llano.

Que aprendan.

 

 

Ver Post >
La lectura relegada
img
José Becerra | 08-01-2012 | 18:37| 0

 

 

Estudiosos del momento social y cultural de la provincia de Málaga hacen hincapié en que la comprensión lectora está en mínimos. No es el libro objeto del deseo. Sobre todos por parte de aquellos que en la primavera de la vida deberían mostrar sus apetencias por la palabra escrita y recogida en un volumen. Pasan olímpicamente de librerías y bibliotecas, cada vez menos visitadas. Se compra anualmente el best-seller que toca o quizás la novela laureada con un premio de prestigio y poco más.

 

Cada vez se lee menos. Es algo que estudiosos del comportamiento humano y los docentes de no importa que materia afirman con rotundidad. El hábito   de la lectura está  en mínimos.

  Hay un primer estadio en la población discente – la de los estudios primarios – en que la lectura posee gran relevancia, en parte porque es la edad en que se hacen los primeros descubrimientos del mundo que nos rodea y la curiosidad aguijonea. Pero luego, y esto es sintomático, con los años de la enseñanza secundaria la lectura se relega alarmantemente.

  Otros atractivos cobran inusitada importancia. Internet colmata cualquier atisbo de curiosidad y los amigos y las aficiones deportivas hacen el resto. Algo encomiable si no se cayera en el error de olvidar todo lo demás que puede redundar en equilibrar las parcelas  del mundo virtual y el real. Copy and paste. Copiar y pegar parece ser el desiderátum de adolescentes y jóvenes, que inclinan la cerviz ante el ordenador, el dios implacable de los nuevos tiempos.

“Por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública, puede medirse la cultura de un pueblo”. Una frase lapidaria de John Ernest Steinbeck, que no habría que echar en saco roto.

   Somos los padres  los que podemos enmendarles la plana a los mozalbetes. Sobre todo si nos ven leer en el hogar, si observan que compramos libros y alabamos o comentamos sus contenidos. “De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”. Este era el parecer de Jorge Luis Borges sobre los libros. Lastima que casi nadie le haga caso o que  echemos la apreciación el en el saco del olvido con harta frecuencia.

 

 

 

Ver Post >
Molino del Santo
img
José Becerra | 06-01-2012 | 18:38| 0

 

 
 

El turismo rural ha tomado cuerpo en los pueblos de la Serranía, sustituyendo a otros modos de vida que sufrían de marasmo o mostraban decaimiento pronunciado como la agricultura o la fabricación de embutidos, hasta hace muy poco tiempo puntal económico que soportaba el peso de centenares de familias.

   Cortijos abandonados, molinos de agua carcomidos por el tiempo y viejas almazaras se transformaron en atractivos lugares de aposento y recreo que atraen cada vez más a gente ansiosos de la paz de los campos y la belleza de los paisajes. Como el Molino del Santo.

   Contemplar cómo muere la tarde cuando el sol declina y apacigua su ardor tras las crestas de la sierra de Libar (en sus entrañas se perfiló con lentitud de siglos la cueva de la Pileta), es una delicia recomendada  para la estación.   Rodeado de lujuriante vegetación y  con el apagado sonido del Cascajal próximo como fondo en su lánguido discurrir hasta el río Guadiaro,  es lo que nos brinda  la terraza del Hotel Molino del Santo, en Benaoján. 

   Sus modernas instalaciones y piscina son ya un obligado referente  para quienes opten por unas vacaciones en la Serranía de Ronda y el disfrute de unos de sus rincones más apetecibles. Una relajante velada en contacto con la naturaleza y lejos del “mundanal ruido”todavía es posible.

    El Molino del Santo respetó en sus sucesivas ampliaciones la arquitectura popular y guardó con suma cuidado el sabor añoso de un antiguo molino molturador de aceitunas. Las enormes piedras (muelas), junto a las tinajas que en su día sirvieron de recipiente al aceite y las acequias por donde se deslizó el agua como fuerza motriz,   son motivos de decoración del hotel y envuelven el ambiente en un clima de añoranza de tiempos pasados y antiguos menesteres del pueblo.

    Es la percepción que se mantiene desde una terraza en la que disfrutar de buena mesa o del alivio que proporciona una bebida refrescante mientras se contempla un paisaje incomparable.

 

Ver Post >
Vandalismo en Málaga
img
José Becerra | 05-01-2012 | 12:25| 0

 

 

No es rara la vista de  un contendor de basura ardiendo en la esquina de una  calle o una papelera despanzurrada en un paseo público. La mano del vándalo en cuestión es alargada y no se para en ningún sitio ni respetada nada. Muros y fachadas que se ennegrecieron con los desmanes del grafitero de turno, el mismo que   quizás    vuelva  a atentar contra  el blanco impoluto merced a costosas pinceladas,  a dejar de nuevo  su impronta de garabatos infamantes. Medio millón de euros salieron de las arcas del   ayuntamiento de Málaga el pasado año para  reparar el desaguisado provocado por estos descerebrados enemigos del orden y quebrantadores de normas establecidas para la normal convivencia.

    Horror vacui es una expresión que en arte significa pavor a dejar un lienzo sin su completo relleno, y en psicología la necesidad de llenar la vida con ideas, pensamientos o cosas materiales o etéreas.

Los grafiteros trasladan ese horror a los muros impolutos para dejar con total impunidad su firma o su grafía soez. Y así a los desperfectos del mobiliario urbano se unen estos manchurrones  que afean y desprestigian una ciudad  a la vez que zahieren a los ciudadanos normales, que por fortuna son los  más. Urge poner coto a estos desmanes con medidas coercitivas e implacables. 

 

 

Ver Post >
Un nuevo año mejor
img
José Becerra | 02-01-2012 | 11:10| 0

 

 

Ha sido este un año aciago en el que culminaron los desastres que ya mantuvo su antecesor en el cómputo del tiempo. Para muchos, ese año que se nos escapó de las manos, será para no recordar o para recordarlo con pesadumbre. Que lo digan si no esos cinco millones de parados y las miles de familias en desamparo o las apreturas que durante su transcurso se vieron sometidos los hipotecados que tuvieron que volver al seno del hogar paternal después de ver cómo perdían la casa que les costó sudor y lágrimas conseguir.

      Digamos que el sentido del dolor y del sufrimiento humano siempre estuvo presente como un desafío de la fe cristiana. El dolor del mundo es cierto que nos acongoja y nos hace formularnos preguntas cuyas respuestas, por nuestras limitaciones humanas, jamás llegaremos a entender. Los justos padecen hambre y miseria y los que no lo son regurgitan  bienestar. Es algo que por mucho que nos devanemos la cabeza no llegaremos nunca a entender-

   Sin embargo, porque los humanos solemos envalentonarnos cuando las desgracias nos acosan y no  nos arredramos fácilmente hemos encarado las fiestas navideñas sólo un poco más  comedidas en los dispendios que ellas traen consigo. No hay que amilanarse, que este es tiempo de esperanza. Si unos sistemas de vida fracasaron,  empeñémonos en otros distintos y superiores. Saldremos de esta. Y hay que repetirlo con convicción cuando expresemos nuestros deseos de paz y prosperidad para el 2012.

Ver Post >
Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.