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Ahorradores atribulados
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José Becerra | 25-01-2012 | 18:45| 0

No sabemos si lo ocurrido tiene que ver con el `corralito´ que en su día soliviantó a millones de ahorradores de argentinos. Lo cierto es que se lo parece. Nada menos que ocho mil malagueños no pueden disponer de sus ahorros a causa de un producto financiero suscrito  por un alto interés pero que al final ha resultado ser un fiasco.

    Participaciones preferentes les dijeron que eran  en bancos y cajas,   cuando le animaron alegremente  a que estamparan su firma al pie del documento contractual, lo cual hicieron no con menos  júbilo. Pero su gozo en un pozo: las participaciones tenían el carácter perpetuo y se ligaba a los beneficios de la entidad que los emitía. Ni siquiera estaban cubiertos por el Fondo de Garantía de Depósitos, una cláusula estatal que, por lo menos, da cierta confianza a los imponentes. Ahora no pueden disponer de su dinero.

   Tengo para mí que se ha jugado con la buena fe de los impositores, en su mayoría ahorradores pensionistas que tuvieron a bien confiar a las entidades financieras “el ahorro de toda una vida”, como advierten desdela Asociación Usuariosde Bancos y Cajas (ADICAE). Los depósitos bloqueados entrañan  dificultades sin cuento para ser recuperados, y si al final  se consigue mucho es de temer que hayan sufrido sustanciosa merma.

   A todas luces nos encontramos con una práctica abusiva, en este caso  contra los mayores  que con muchas penalidades consiguieron reunir un patrimonio que ahora se encuentra bloqueado y sin posibilidad de disponer de él a su voluntad. Una mala pasada.

JOSÉ BECERRA

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Los nuevos pobres, esa tragedia
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José Becerra | 24-01-2012 | 12:42| 0

 

 

“No puede haber una sociedad floreciente y feliz  cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados”. No es mía la cita, sino de Anneo Séneca mucho antes de que Cristo viniera al mundo, pero es válida para los tiempos que corren.

Siempre nos entristecieron  el hambre y los estados misérrimos que contemplábamos en los medios de información y que asolaban los países mal llamados del tercer mundo condenados a soportar la infamante lacra.

    Ahora comprobamos para el aumento de nuestra consternación  que   la miseria y el hambre se instaló en  nuestras ciudades, en nuestros pueblos, y, en muchos casos solo  nos separa de esas situaciones calamitosas lo que ocupa el ancho de un tabique.  La angustia y  la exasperación  habitan al otro lado. No hay que irse lejos para percibirlas, están aquí, en Málaga y su provincia , y es de agradecer que los medios de comunicación se hagan eco de esas situaciones extremas.

   Los nuevos pobres forman ya legión. Lo componen una muchedumbre silente, doblegada, sin trabajo, que de noche a la mañana, se han visto desahuciados de sus viviendas y malviven en casa de familiares o como pueden. Son asiduos de los contenedores colocados a las puertas de las grandes superficies comerciales. Se disputan los desechos, a veces espantado a los perros que también acuden al manjar, y, vergonzantes, forman colas a las puertas de la delegación  de Cáritas   más próxima, esa institución que nunca se le podrá agradecer bastante el bien que prodiga.

   Transitan por nuestra ciudad  y pueblos como fantasmas sin meta ni objetivo. Llevan dentro de sí  el sentimiento de la injusticia, la amargura del desamparo. ¿Hasta cuando? Puede que, para nuestro pesar,  vaya para largo. Ya lo sentenció  Gracián: “Las necedades del rico son aplaudidas, cuando las exigencias  del pobre no son escuchadas”.

 

 

 

 

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El “oro verde”, a la baja
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José Becerra | 23-01-2012 | 11:24| 0

 

 

 

El “oro verde”. a la baja

“A último de noviembre, coge tu aceituna siempre”. Es lo que dicen los olivareros viejos de Antequera, la Axarquía yla Serranía de Ronda. Aprendieron el refrán de sus mayores y lo hicieron suyo hasta hoy, teniéndolo por bueno a la hora de recolectar el fruto. Como estos otros: “Agua y luna, tiempo de aceitunas” o “El vareo de San Andrés, mucha aceituna deja caer”. Aunque hay otro aforismo que desdice los anteriores: “Quien recoge la aceituna antes de enero, se deja el aceite en el madero”.

Lo cierto es que la gente del olivar, que todavía se muestran altivos, como certifica la copla andaluza, este año se ha visto obligado a recoger la cosecha antes de tiempo merced a la ausencia de lluvias, algo que se ha mostrado como un arma arrojadiza sobre ellos mismos. Eso, y que, como apunta el técnico de Asaja Baldomero Bellido, han venido las prisas, además, por el miedo a los robos – los `luneros´, o sea, los que aprovechan las sombras de la noche para asaltar los olivos y saquear los predios impunemente -, y para conseguir un aceite de mejor calidad.

Pero lo que ocurre ahora es que cabe más aceite en las almazaras, lo que ha redundado en que el valor del preciado ‘oro verde’ retroceda alarmantemente, debido a la presión ejercida para vender. Las almazaras dela Serranía, por ejemplo, son pequeñas y su capacidad de almacenamiento mínimas y, por otra parte, no hay liquidez para costear nuevos almacenes y pagar a los agricultores.

Es el dilema de siempre que azotó a la gente dedicada al agro desde tiempo inmemorial: la urgencia de dar salida a las cosechas por uno u otro motivo hace que los precios en origen apunte siempre hacia la baja, con la consiguiente consternación e impotencia de las almazaras de poco calado o de quienes se dejan la piel en los campos haga calor abrasador o frío polar.

 

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Refranero del campo malagueño
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José Becerra | 20-01-2012 | 19:50| 1

  

Abundan en nuestra geografía  hispana los buceadores del refranero. Todavía hay quien se lanza al campo del habla local con el bolígrafo en ristre y el oído avizor en pos del refrán que le salta al camino como la pieza codiciada al cazador. No es raro, como es mi caso, de que se baje a la angostura de la arqueología de lo rural para palpar con la misma delectación que se palpa un fósil antediluviano, la tersura de un refrán inédito quizás, pero antiguo en el uso.

   Desde Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, (primera mitad del siglo XV), el primer autor castellano que supo apreciar y admirar ese rasgo del habla popular ( que existía desde la antigüedad, en el inicio de las lenguas romances hispanas, cuando el latín era le lengua de los ibéricos), hasta nuestros días el refrán ha subsistido “ corriendo como el agua de fresca fuente, entre las duras rocas del lenguaje popular”, como apunta el ilustre paremiólogo Joaquín Calvo Sotelo ( “Del variado, extenso y divertido mundo del refranero”). Y, de por medio, Berceo, el Rey Sabio, el Arcipreste de Hita, Don Juan Manuel y la pléyade  de escritores del Siglo de Oro, encabezados por Cervantes, quienes usaron de los refranes como recurso para adornar sus argumentaciones literarias.

   Quinta esencia de la sabiduría popular el refrán encierra pureza y corrección  y los escritores de cualquier época lo emplearon como ejemplo de expresiones sabias que tenían mucho que ver con las enseñanzas que nos brindaba el pueblo para entender la  vida, o del saber y el conocer.

   Una gran parte, en efecto, de los refranes  la componen los creados desde y por el hombre del medio rural. El hombre y la mujer del campo malagueño de forma anónima, como es lo proverbial (nunca mejor dicho) de estos asertos  que encierran enjundia y conocimiento, fueron los autores de infinidad de ellos. Alguien los puso en un uso, y la tradición oral se encargó de propalarlos.

  Ahí van algunos recapitulados por  Ramón Lloréns (Refranero de los frutos del campo. Taurus, 1986))  y  que he podido constatar que  se emplean o que alguna vez se emplearon en territorio dela Axarquía, del Guadalhorce o dela Serranía de Ronda, refiriéndose a las cualidades de un fruto, del tiempo de su siembra o cosecha, o de sus virtudes terapéuticas.

 

  ACEITUNA Y OLIVO: A par de un río, ni compres viña, ni olivar, ni caserío. / Aceite de oliva y romero frito, bálsamo bendito. Aceituna comida, huesecito fuera / Al olivo y a la encina, labor abajo y el hacha encima./ Al pan caliente, abrirle un hoyito y echarle aceite.

ACELGA:   Quien huelga come acelgas; quien trabaja  de contino buena olla de carne y tocino y con buenos tragos de vino.

AJO: Ajo, sal y pimiento, y lo demás es cuento./  Antes de enero mediar, siembra tu ajar. /  El dinero debía de ser como los ajos: al año, vano./ Vino puro y ajo crudo hacen al hombre agudo.

ALMENDRA: Amor de monja y flor de almendral, presto viene y presto se va.

ALUBIA: Buenas judías y buenas mujeres, enla Serraníalas tienes. /Garbanzos y judías hacen buena compañía  / No comas judías cuando hayas de andar con gente de cortesía.

ARROZ: Aunque se pegue,  el arroz no se menee. / ¡Que si quieres arroz, Catalina! (expresión frecuente en el valle del Guadiaro cuando de algo en abundancia se hace referencia).

BATATA: De Málaga, vino, pasas, boquerones y batatas.

BERENJENA: Dios me dé en mi casa tomates y berenjenas y no perdices y salmones en la ajena.

BELLOTA: La mejor bellota fue encina chiquitina. / Para el buen jamón, la mejor bellota.

CASTAÑA: Gente de montaña paga con castañas. (En los pueblos del Genal pagaban en castañas las escobas que desde el Guadiaro les llevaban). Del Genal, la castaña en esportal  (esportilla o cesto grande).

CEBADA: Mucha agua en la otoñada, poco trigo y menos cebada. / Al burro que no come cebada, media carga. /  Burra vieja quiere su cebada, dijo al marido la vieja casada.

CEBOLLA: Para comer la olla, lo mejor la cebolla. / Viudas, cebolla y morcilla, milagro que no repitan.

CEREZA: Cerezas y mentiras, unas de otras tiran.

COL: Coles  con tocino añejo hacen mozo al viejo. / Entre col y col, lechuga, y más allá un pradito de matalahúga. / Olla grande, muchas berzas y poca carne.

FLORES: Moza sin amor, flor sin olor. Flor y fruto, rara vez los verás juntos.

GARBANZO: Del garbanzo te sé contar, que por abril ni ha de estar nacido ni por sembrar.

HABA:  El habar en flor, ¡qué grato olor! En todas partes cuecen habas y en mi casa a calderadas.

HIERBA:  Más vale lo que la oveja caga, que la hierba que traga. Mala hierba nunca muere.

HIGO: A higuera sin higos  no acuden los mirlos. Año de brevas, año de eras. De higo a brevas, largas la llevas. Para agosto uvas e higos, para noviembre, membrillos.

LENTEJA: Lentejas, comida de vieja. Lentejas, si  las quieres las comes, y si no, las dejas.

MANZANA: La manzana podrida pudre a su vecina. Pero de Ronda y camueso de Antequera, no caben en una faltriquera. Una manzana  cada día, de médicos te ahorraría.

MORA: La mancha de la mora con otra verde se quita.

NARANJA: La naranja, por la mañana es oro, al medio día, plata, y por la noche mata.

MELÓN: Al melón bueno y maduro, todos le huelen el culo. El buen melón se conoce por el olor. El melón y el matrimonio: acertamiento son. Al melón y a la mujer, por la  cata la has de conocer.

NUEZ: Al nogal y al olivo, trátalos con cariño. Pan y nueces saben a amores.

ORÉGANO: No todo el  monte es orégano.

ORTIGA: Desde chica la ortiga pica.

PATATA: Cuando empieza a marcear, siembra la patata y el garbanzal.

PEPINO: Desde pequeñito le amarga el culo  al pepino.

PIMIENTO: El pimiento ha de ser verde; el tomate colorado; el pepino gordo y liso, y el higo, negro y rayado.

PERA: La buena moza es como la pera zumosa, que comiéndola da gana de otra.-

RÁBANO: Más frío que lavando rábanos. Rábanos huecos, para los cerdos.

RUDA:  A la casa en que hay ruda, Dios la ayuda.

SETA: En abril, setas a mil; en mayo, setas a carros

TOMILLO: Ganado que no come tomillo, déjalo, illo (chiquillo)

TOMATE: No hay mala cocinera con tomates a la vera. Pimientos y tomates, compadres.

TRIGO: Año de nieves, año de  mieses. Cuando el trigo está en la era, anda el pan por la artesa. Lana, puercos y trigo hacen al pobre rico.

SETA: En abril, setas a mil; en mayo, setas a carros

UVA: En agosto, uvas y mosto. Uvas con queso, saben a besos.

 

 

 

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Trabajo allende fronteras
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José Becerra | 19-01-2012 | 18:55| 0

Trabajo allende fronteras

Trabajar en el extranjero es una opción que gana adeptos por días. En décadas pasados se  resolvieron angustiosas situaciones económicas de un número inmenso de familias, sobre todo andaluzas, desertizando campos y vaciando pueblos, es verdad. Pero ahora  vuelve a adquirir  actualidad por mor de los tiempos difíciles que corren. 

   Randstad, una empresa de recursos humanos, en un estudio exhaustivo sobre movilidad laboral, anunciaba días atrás que mas de la mitad de los parados españoles – calculen, 2 millones y medios de los que están brazo sobre brazo –  aceptarían con jubilo un puesto de trabajo en el extranjero, sobre todo los jóvenes y desocupados de mediana edad.

Y como ocurrió antes son los andaluces quienes con el más alto porcentaje estarían dispuestos a marcharse, precisamente los mas golpeados por los zarpazos de la crisis actual, sin poner reparos al lugar de destino, siempre que en este se le redima de la angustiosa situación en que se debaten. Y nos consta que en la provincia de Málaga contemplan con agrado esta posibilidad.

  Corren nuevos tiempos, eso es innegable. Y a la conciencia que se deriva de la globalización en la que nos encontramos inmersos, se une la certidumbre de que se han eliminados barreras y el desarraigo concomitante a la emigración muestra un cariz menos sombrío. Existe una mentalidad distinta a la de los años 60.

   Vivir y trabajar en lugares distintos al del nacimiento, que hoy no asusta a casi nadie, podría ser una solución para equilibrar nuestras cifras de paro tan alarmantemente elevadas.

 

 

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El placer de la ´sexalescencia´
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José Becerra | 18-01-2012 | 13:06| 0

 

 

Un familiar muy allegado  a  mí me envía un correo con la copia de un escrito con un título singular. Un título que no aparece en el diccionario dela RAE por lo que será en vano que lo busque en sus páginas. Se trata del vocablo ´sexalescencia´. Se refiere a los que se encuentran inmersos en los 60 años de edad o ya navegan por los 70, y  trata de reflejar un segmento social con unas particularidades de vivencias propias que ya nada tienen que ver con la adolescencia, término en el cual bebe esta nueva acepción que está tomando cuerpo en nuestros días.

   Tengo la impresión de que el remitente, Juan Marín, afincado en Málaga y con ramificaciones familiares en la provincia  (se ocupó durante su vida laboral en la  instalación de equipos de computadores, cuando estas herramientas de progreso se asomaban tímidamente al mercado nacional), hace suya esta nueva palabreja que ha hecho irrupción en el panorama lingüístico sin que haya sido aceptada del todo.

   Lo digo porque se cuenta, no me cabe duda, en  ese tramo de la edad de personas  que trabajaron en un largo periodo de su existencia  pero que ahora, una vez jubiladas, disfrutan plenamente de la vida y han colocado un valladar ante sí para que repele el miedo al ocio y a la soledad.

   Como lo hace Juan, estas personas, entre las que también y tan bien me encuentro,  manejan los ordenadores como si toda la vida hubiesen estado ejerciendo este menester. En contacto continuo con sus hijos y amistades merced al milagro del e-mail y la videoconferencia, es natural que mire al teléfono de toda la vida como un objeto antediluviano y obsoleto.

   La `sexalescencia¨ que abomina del concepto un tanto sombrío  de sexagenario disfruta de su situación, se encuentran a gusto con ella porque consideran razonadamente los azares a los que la vida les somete: calibran el riesgo y no se lamentan ante el infortunio: lo aceptan, reflexionan serenamente sobre él y se disponen a superarlo sin vanas lamentaciones.

   Lo interesante de los que viven su `sexascelencia´  con gusto es  no añoran ni tienen aspiraciones que  escapan de sus posibilidades. No envidian a quienes relumbran en los deportes o sienten envidia del buen ver de un astro de la pantalla.

   Tienen otro afanes: pasear cada día ya sea bordeando la montaña, ya culebreando al borde del mar, disputándole el terreno a las gaviotas. Y disfrutar del amor de los suyos y de la empatía que le merecen sus amistades, o sea ponerse en la piel de los demás y compartir sus sentimientos. Ser espectador mudo de un amanecer glorioso o de un anochecer con cárdenos tintes en el cielo colma las esperanzas de cada día.

 

 

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Manuel Alcántara, 84 años
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José Becerra | 16-01-2012 | 18:24| 0

 

 

Foto: Diario SUR

 

 

Manuel Alcántara, 84 años

Si tratamos de bucear en la historia de la literatura contemporánea de Málaga y su provincia, indefectiblemente nos toparemos con la figura eximia de Manuel Alcántara, vate y articulista singular.

Cumplió años Manuel Alcántara, un altísimo POETA, con mayúscula, como quiso que apareciera en el elogio certero que le dedicara años atrás Alonso Canales, otro adalid malagueño de las sílabas contadas, esas que son de “gran maestría”. Llegó al altozano (que no a la cumbre de la vida, que todavía le quedan subidas de calendarios por transitar para nuestro gozo), de los ochenta y cuatro. Una cifra redonda, contundente, pero sólo si se echa la vista atrás de su biografía y se hacen cuentas de sus versos y de su “necesaria y fraterna palabra”.

Retoma cada día la palabra el maestro del buen decir, de las ocurrencias felices, de los conceptos precisos y de la ironía y la crítica que abjuraron de la acritud y el encono.”Bastante amargura hay en el mundo para que se incida sobre ella en los escritos”, me dijo un día, la primera vez que mantuve una conversación con él, en un paseo inesperado que me deparó y dispensó en un encuentro fortuito, camino de su casa. (Luego, en otra ocasión, me abrió las puertas de su hogar – un santuario para mí dado mi admiración por el maestro, que no vacilo en confesar -, había ido yo a llevarle tres o cuatro cintas para su Olivetti, resto de una antigua papelería de mi propiedad, sabedor de su necesidad imperiosa de ellas).

Ese es su estilo: lo más grave, lo que puede causar dolor, iracundia o incitar a un acerbo ataque se diluye en su lenguaje, y el tono escogido en pirueta que la desposee de acritud. Sin merma en su entendimiento y en la consecución de su último objetivo hace que con sus palabras cambiemos el desabrimiento por una sonrisa. Milagro del buen hacer de un articulista “amanuense de sí mismo”, como alguien dijo de él con justicia.

Más de cincuenta años dando la esencia de su ser a golpe de Olivetti, tras la leve neblina de su sempiterno cigarrillo, y las más de las veces tras las cristaleras de su despacho que da al mar (“Bajamar de la desgana: las olas cerca de mí, yo lejos del agua clara”), y la presencia impávida de sus búhos, mudos, ojiabiertos, enigmáticos.

En mis paseos por las cercanías de los túneles de Rincón de la Victoria, cerca de los cuales tiene su morada el articulista y poeta, cuando veo iluminado su despacho me lo imagino así en su quehacer diario (“a las siete sale cada tarde mi artículo a su destino “, me confesó el día de mi feliz tropiezo con él); y, en ocasiones, me paro para contemplar la difusa luz de su lugar de trabajo. “¿Habrá puesto ya el maestro el punto final en su artículo de cada día? ¿De qué tratará? ¿Con qué ocurrencia nos sorprenderá mañana? ¿Con qué chispa o agudeza nos hará pensar?”, me pregunto.

Mi felicitación, don Manuel, y mi deseo que ver durante muchos años más la luz de su despacho iluminada. Hoy, esta tarde, mientras paseo, me vienen a la memoria otros versos suyos. Los voy musitando mientras me alejo: “ NO pensar nunca en la muerte / y dejar irse las tardes / mirando como atardece. / Ver toda la mar enfrente / y no estar triste por nada / mientras el sol se arrepiente. / Y morirme de repente / el día menos pensado. / Ése en el que pienso siempre”.

No sin sonrojo por mi parte, en mi insignificancia ante tamaña excelsitud de los versos del maestro indiscutible me atrevo con estos pobres versos de mi cosecha, sin otro propósito que expresarle mi admiración y respeto.

 

MANUEL ALCÁNTARA Y LOS BÚHOS

No deja de sorprender el conjunto.

Nos miran con ojos abovedados,

inmóviles, fríos y acerados.

Rara expresión del rapaz cejijunto.

 

El ilustre escritor de cualquier asunto

y gran poeta que nos deja admirados,

tiene retén de esos seres alados,

con una devoción que no barrunto.

 

No son búhos de plumas, carne y hueso,

sino de policromada cerámica,

y la misma noctámbula apariencia.

 

Al maestro le conceden embeleso

y compañía agradable y balsámica.

Las aves y el escritor en connivencia.

 

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Aceitunas “aliñás”
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José Becerra | 15-01-2012 | 11:25| 0

 

 
 
 

 

 Foto: RecetaS gR.
 
Semanas antes de que los modestos olivicultores de la zona noroccidental de la provincia de Málaga inicien el vareo de la aceituna arbequín, gordal o lechín, cuyo fruto irá directamente a la almazara más próxima para extraerle el “oro en suculento líquido” que diría Salvador Rueda, semanas antes, como digo,  se habrán impuesto otra labor inexcusable: la de escoger una a una, puñado a puñado, jamás propinando golpes de vara a las ramas (“Quien al olivo apalea, apaleado se vea”, dice el refrán), la aceituna manzanilla. Esta irá a parar, convenientemente aderezada a panzudas tinajas de cerámica en la que reposarán varias semanas antes de que constituyan, día a día, el acompañante más apetecido de los platos ya sean éstos de cuchara o tenedor, cocidos o fritos, calientes o fríos.

  Las aceitunas aliñadas son pintiparadas para entreverar con sopas, gazpachuelos, potajes, frituras de caza o pescado, y más que nada con el cocido de garbanzo –la olla sempiterna de arrieros, labriegos y segadores -, seguido de la “pringá”( tocino veteado), tan asidua a las mesas de la Serranía de Ronda cuando el frío arrecia – también en verano, que fue plato predilecto para reconfortar de los trabajos de la trilla y los ardores del día – y aumentan las necesidades del condumio energético.

   En la comarca de Antequera y Campillos y, sobre todo, en los pueblos que se asoman, más a oeste, ya al río Guadiaro ya al Genal, no tienen otro nombre que aceitunas “aliñás”.

   Aliño, que puede que no coincida en los diferentes pueblos, ya que  en cada uno posee una variedad que les es propia, aunque al final el resultado sea el mismo en cuanto al modo de administrarlo y el sabor que se obtiene, que dicen por aquí que en estas y otras cuestiones “cada maestro tiene su librito”.

    Tan es así que dentro de un mismo pueblo hay familias que se distinguen por su preparación, y  presumen de saber cuáles son las manos que en el proceso han intervenido tan sólo con el sabor final obtenido.

   De las aceituneras viejas, que todavía existen y se encargan de traspasar su sabiduría, tanto para este fruto como para muchos platos de tradición malagueña y serrana, obtuve las siguientes recomendaciones, las cueles refieren a los aditivos necesarios como a la manera de mezclarlos en dosis precisas, aunque ellas lo hicieran a puñados que no dejaban de ser magistrales: las aceitunas de “verdeo”, que aún no llegaron a plena sazón, limpias y escamondadas, han de permanecer al menos tres semanas en remojo, si es en agua de lluvia mejor que mejor.

    No es raro ver en las primeras semanas de cada año cómo las tinajas en los patios de las casas se colocan directamente bajo el bajante de los canalones para aprovechar el chorro limpio del agua que resbala por el tejado y que “las endulzan a las mil maravillas”.

 

Una vez arrojado el agraz, pártanse seguidamente con mazo liviano de madera y con sumo “tiento” para no “destrirparlas”, disponiéndose así para recibir la mixtura, que ha de ser triturada tamicen en mortero de madera, compuesta por ajos, guindillas, pimientos picantones, orégano y cominos a discreción. Generosamente regadas con el mejor vinagre de vino blanco del que se disponga en la casa, habrá  que dejarlas, bien tapadas y en reposo, para “que tomen el gusto”. Listas para alegrar la mesa del comensal más exigente.

   Si viene, ya sea en otoño tardío o en invierno por estos pagos serranos, y se detiene en algunas de las ventas que jalonan la carretera de Ronda a Benaoján, seguro que se la ofrecerán para el mejor acompañamiento de su plato preferido. Y si no se la ofrecen, pídalas, que a buen seguro disponen de ella en la tinaja de rigor, bien resguardad de los agentes ambientales externos para su mejor conservación.

  

 

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Precios hortofrutícolas desmedidos
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José Becerra | 13-01-2012 | 10:34| 0

 

Causa estupor, cuando no rabia,  comprobar cómo los precios en 2011 de las frutas y hortalizas  o sea, los productos del campo mantienen una diferencia abismal entre lo que cuestan al pie del terruño y lo que nos hacen pagar por ellos en el momento de adquirirlos para   llenar con ellos  la cesta de la compra cotidiana. Lo pone de manifiesto el último Índice de Precios en Origen de Destino(IPOD, para los allegados).

Las organizaciones de agricultores y consumidores, incluidos los de la provincia de Málaga,  acaban de poner el grito en el cielo –  y no es metáfora ni hipérbole – al subrayar que la diferencia en el pasado años entre origen y destino fue  más allá del  500%. Una barbaridad se mire por donde mire. Pero vayamos al detalle. Los productos a los que hemos echar mano cada día para el refrito del guiso indispensable como las cebollas, los pimientos, las cebollas y las patatas o aquellos a los que recurrimos para disfrutar de un postre sano como el plátano y la naranja lo cargaron  las empresas revendedoras en sus medios de transporte  un 50%  más  barato que hace un año.

“La agricultura, para un hombre honorable y de alto espíritu, es la mejor de todas las ocupaciones y artes por medio de las cuales un hombre puede procurarse el sustento”. Lo dijo Jenofonte 350 años a. C. Están imbuido de ello los agricultores- sudor y lágrimas- de nuestros campos andaluces y malagueños. El comercio aumenta la riqueza, pero la fuerza de un pueblo creemos que hay que buscarla en el cultivo de la tierra.¿Haremos caso a eso? Más nos vale.

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Tipos malagueños: el vendedor de almendras
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José Becerra | 11-01-2012 | 19:30| 0

 

 Los lugares más emblemáticos de Málaga, los más visitados, aquellos en los que la gente se para a tomar aliento y levantar la vista hacia lo que bien lo merece, no es raro que delante o en sus inmediaciones se mueva alguien que imprime calor humano a la frialdad del monumento, o a lo colosal de las formas arquitectónicas. Aunque por donde más pululan estos personajes, inequívocamente malagueños y ya más que familiares a los viandantes, es en la vía por excelencia de la capital, o sea, la celebérrima  Marqués de Larios, y en algunas de sus plazas principales, como la dela Mercedola Constitución.

    En la esquina de la última de las calles mencionadas se atrincheró tras su frágil puesto de almendras un personaje que me atrevería a afirmar es tan conocido ya como la escultura del Cenachero,  en las cercanías del puerto, o la estatua del Cánovas paseante en el final del Paseo de los Curas. Si estas, como un sinfín de otras efigies, desaparecieran de sus lugar habitual se tendría la dolorosa sensación de que algo se nos había arrebatado, y el rincón o el recodo o la esquina se sumiría en la languidez y tristeza de lo que fue y lo que permaneció – a veces sin que hubiésemos echado cuenta de ellas,  nos bastaba que estaban allí sin que le concediésemos el acogida de la mirada – durante una buena parte de nuestras vidas y luego se esfumó en el tiempo o el olvido.

     El vendedor de almendras tostadas y saladas de la plaza dela Constituciónse parapeta tras su sonrisa abierta y su gesto amable para todo aquel que se acerca a su humilde negocio. Se toca con un gorro blanco y viste el eterno chaleco rojo con ribetes negros y pantalón negro. Casi se podría tomar por un marinero en traje de paseo. Su horario de trabajo no  va más allá de media tarde, cuando el sol cae de lleno en la explanada  y los clientes del bullicioso café de la esquina – otra institución  malagueña cosmopolita y colorista – buscan el amparo de las sombras de las sombrillas estratégicamente situadas.

    El vendedor despacha  a su clientela poniendo un blanco cucurucho de papel blanco rebosante de apetitosas almendras en sus manos. Lleva haciéndolo qué se yo de años, mientras charla y bromea con los parroquianos del café o con cualquiera que se para junto a él. Veo cómo con pulcritud llena los cucuruchos que perfectamente alineados coloca sobre las almendras que aún espera su turno para ser envasadas. Mientras lo hace observo su mirada circunspecta como si aquel trabajo exigiese la máxima atención y cuidado. O a lo mejor, el hombre está embebido en sus pensamientos o intenta resolver, como cualquier mortal, los entresijos de un problema doméstico.

    Tendría que preguntarle su nombre, pero me ocurre que, a veces, a la vista de un tipo señero, prefiero quedarme con la duda: si se llamara Juan, o Antonio, o Juan José, qué añadiría eso al personaje que me merece ahora y en aquel momento toda la atención. Me basta con seguir sus movimientos, examinar su indumentaria, reparar en su gracejo. Sé que el vendedor de almendras – se lo oí decir un día que me paré a su lado en un instante de mi habitual paso en dirección a mi trabajo – presume de que se le conoce en muchas partes del mundo. “Hasta en el Japón Saben de mí “, decía con orgullo.

   Un día, a la hora de siempre, no encontré al vendedor de almendras tostadas en su lugar de siempre. Me embargó una desazón inusitada. ¿Estaría enfermo? ¿Le habría ocurrido algún accidente? ¿Que motivo habría ocasionado su ausencia? Es lo que pasa cuando fallan los esquemas visuales y emocionales y las ausencias y lo inesperado sustituye a lo previsto.

    Al día siguiente, el vendedor estaba en su lugar habitual. La esquina recobraba la animación que éste venía prestándole. Todo seguía igual. Entonces, aquel día sí, me alejé de él, ufano, con mi cucurucho de almendras en la mano.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.